* * ¿L*uT «*? •^- S * r\| « \ • fl ."*\ 5* ' pf> >^ t v . ;v m ^V*> * 4 M ' ^5 M rWjt 1 jnT "Vj^í * ;W */? ,//33 ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL DE BUENOS AIRES FUNDADOS POR EL DR. GERMÁN BURMEISTER EL AÑO 18G4 TOMO XXII (Serie III, Tomo XV.) (Con 1 retrato, 11 láminas y 54 figuras en el texto. ) BUENOS A1ÍLES IMPRENTA Y CASA EDITORA «JUAN A. ALSlíÍA * 259 — Calle Alberti — 259 1912 DIRECTOR DEL MUSEO NACIONAL DOCTOR ÁNGEL GALLARDO SECRETARIO Y BIBLIOTECARIO AGUSTÍN J. PÉNDOLA ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR DEL MUSEO NACIONAL DOCTOR ÁNGEL GALLARDO SECRETARIO Y BIBLIOTECARIO AGUSTÍN J. PÉNDOLA ^J^xJl^^í^^ ¿^^Z^^^ 1854 - 1911 ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL DE BUENOS AIRES FUNDADOS POR EL DR. GERMÁN BFRMEISTER EL AÑO 1864 TOMO XXII (Serie III, Tomo XV.) (Con 1 retrato, 14 láminas y 54 figuras en el texto. ) BUENOS AIRES IMPRENTA Y CASA EDITORA «JUAN A. ALSINA » 259 — Calle Alhkhti — 259 1912 A n /?■ ÍNDICE Págs. Prólogo vii Ambrosetti, Juan B., Doctor Florentino Ameghino, 1854-1911. Con retra- to.— (20 de Mayo de 1912) XI Monumento á Ameghino. — Mensaje del Poder Ejecutivo lxvh Las colecciones del Doctor Florentino Ameghino lxix Ameghino, Florentino, La Calotte du Diprothomo d'aprés l'orientation frontoglabellaire. Con las láminas 1 á 4. — (19 de Enero de 1911) . 1 Romero, Antonio A., Las escorias y tierras cocidas délas Formaciones Sedimentarias Neogenas de la República Argentina. Con las láminas 5 á 10.— (26 de Enero 1911) 11 Ameghino, Florentino, l'Age des Formations Sédimentaires Tertiaires de l'Argentine en relation avec l'Antiquité de l'Homme.— (3 de Fe- brero de 1911) 45 Carles, Enrique de, Ensayo geológico descriptivo de las Guayquerías del Sur de Mendoza (Departamento de San Carlos). Con las láminas 11 y 12.-(16 de Febrero de 1911) 77 Dertoni, A. de Winkelried, Contribución á la Biología de las Avispas y Abejas del Paraguay (Hymenoptera).— (17 de Febrero de 1911).. 97 Scala, Augusto O, Contribución al estudio de las dobles coloraciones diferenciales obtenidas con un solo colorante.— (22 de Febrero de 1911) 117 Sehet, Rodolfo, Classification des Stigmates Somatiques de Dógénéres- cence d'aprés la Philogénie.— (4 de Marzo de 1911) 159 Ameghino, Florentino, l'Age des Formations Sédimentaires Tertiaires de l'Argentine en relation avec l'Antiquité de l'Homme. Note su- plémen taire. — (31 de Marzo de 1911) 16U Ameghino, Florentino, Observations au sujet des notes du Dr. Mochi sur la Paléoanthropologie Argentine.— (1.° de Marzo de 1911) 181 Obarrio, Francisco D., Un nuevo concepto de la célula. Con las láminas 13 y 14.— (19 de Octubre de 1911) 231 Senet, Rodolfo, Les Conclusions Anthropogénétiques d'Ameghino et les sciences af fines. — (24 de Octubre de 1911) 2)3 Carles, Enrique de, Sobre algunos Yacimientos Petrolíferos en el Agua- ray y Tartagal (Departamento de Oran), Provincia de Salta. — (17 de Noviembre de 1911) 257 Jorgensen, P., Los Crisídidos y los Himenópteros Aculeatos de la Pro- vincia de Mendoza.— (10 de Febrero de 1912) 267 Rovereto, Cayetano, Los Cocodrilos fósiles en las capas del Paraná. Con las láminas 15 á 17.— (25 de Abril de 1912). 339 Cardoso, Aníbal, Antigüedad del Caballo en el Plata.— (12 de Marzo de 1912) 371 La figure XV manque, du a ce que la publication du travail auquel elle correspondí a-été suspendue. — VI — Págs. Brethes, Juan, Sobre la Brachycoina Acridiorum (Weyenb.) (Nemoraea acridioram Weyenb.).— (18 de Marzo de 1912) 4 U Raffray, A, Psélaphides de la République Argentine.— (18 de Marzo de de 1912) -147 Brethes, Juan, Descripción de un nuevo género y especie nueva de Chi- ronomidae (Dipt.).— (23 de Marzo de 1912) 451 Pie, M., Coléoptéres nouveaux de diverses familles originaires de la Ré- blique Argentine.— (3 de Marzo de 1912) 455 Aníbal, Cardoso, Ancienneté du Cheval au Río de la Plata. Resume sup- plémentaire. — (3 de Marzo 1912) 459 Nota. — Las fechas indican el día en que fueron puestas en circulación las publicaciones correspondientes, impresas aparte. PROLOGO. UBKARY WBW VORK BOTA Nrc AL El lamentado fallecimiento del Dr. Florentino Ameghino dejó '-*■ vacante desde el mes de Agosto de 1911 la dirección del Museo Nacional de Historia Natural, que tanto honrara el extinto con sus importantísimos trabajos científicos. Mi primera preocupación al recibir en Europa el ofrecimiento, en nombre del Excmo. Sr. Presidente de la Nación, de este elevado puesto, ilustrado por Burmeister, Berg y Ameghino, fué honrarla memoria de mi ilustre antecesor inmediato en las páginas de estos «Anales», donde queda consignada la mayor parte de su labor científica de los últimos años. Admirador sincero, desde hace mucho tiempo, de la personali- dad de Ameghino, no me encontraba sin embargo en condiciones de emitir un juicio autorizado sobre su obra (á pesar de haberla seguido siempre con grande y patriótico interés) por no haber cultivarlo especialmente las ramas científicas en que Ameghino ha desplegado su maravillosa y fecunda actividad. Por otra parte, mi alejamiento de la patria me hacía más difícil consultar las fuentes necesarias para compilar siquiera una bio- grafía y bibliografía más ó menos completas que no es posible redactar de memoria, por más atentamente que se haya seguido la obra de un investigador. Felizmente el Dr. Juan B. Ambrosetti, Profesor de la Universi- dad de Buenos Aires, quizo encargarse á mi pedido, de preparar el artículo necrológico y la completa bibliografía del Dr. Ameghino que encabezan el presente tomo de los «Anales». Nadie se encuentra en mejores condiciones que el Dr. Ambro- setti para exponer en una vista sintética la obra colosal de Ameghino, de quien fué durante largos años amigo y confidente VIII PRÓLOGO. y con quien ha colaborado en muchas cuestiones comunes á los campos de actividad de ambos sabios argentinos. El artículo que va á leerse resume con toda imparcialidad y exactitud la obra de mi -ilustre predecesor, sencilla y brevemente presentada con la ciencia y conciencia que caracterizan las pro- ducciones todas del Dr. Ambrosetti. Podemos, así, apreciar una vez más la evolución intelectual de Ameghino, de este prodigioso trabajador, aislado en nuestro ralo ambiente científico, en medio del cual se destaca como un ombú en esa pampa argentina, á cuyo estudio dedicó gran parte de su vida laboriosa para descifrar sus misterios geológicos y paleonto- lógicos. No sin emoción se siguen los progresos de este sabio solitario, formado casi sin maestros por el estudio directo de la naturaleza, desde que comenzó sus colecciones infantiles de fósiles en las barrancas de los ríos pampeanos hasta alcanzar las más altas situaciones científicas en nuestro país , conquistando al mismo tiempo la reputación universal que ha adquirido hoy su nombre. Al artículo necrológico y bibliográfico se agrega el Mensaje y Proyecto de Ley del Poder Ejecutivo Nacional, autorizando la erección de un monumento que deberá colocarse en el futuro Museo de Historia Natural para perpetuar la memoria de su gran director Florentino Ameghino y el proyecto presentado por el diputado nacional Dr. Francisco P. Moreno á la Cámara de la cual es miembro, autorizando la adquisición con destino al Museo de las colecciones, biblioteca y manuscritos del sabio. No puede dudarse que ambos proyectos merecerán una favora- ble acogida del Honorable Congreso y que serán dentro de poco convertidos en Leyes de la Nación. El complemento necesario ele estas Leyes será la construcción de un edificio adecuado para la nueva instalación del Museo Na- cional, requerido desde hace largos años por el creciente desarrollo de la institución, que hace peligrar hoy día su existencia por la acumulación de riquezas en su antiguo y estrecho local, donde ya no es posible estudiarlas ni siquiera almacenarlas en forma con- veniente. PKOLOGO. 1\- En el futuro edificio, cuya construcción espero podrá comen- zarse en breve según el plan iniciado por el Exorno. Sr. Ministro de Justicia é Instrucción Pública Dr. Juan M. Garro, podrán exhi- birse dignamente los tesoros de nuestro Museo, que hicieron de él en época no muy lejana, uno de los más interesantes del mundo, y habrá sitio para alojar las*colecciones particulares de Ameghino á la sombra de la estatua que perpetúe materialmente su memoria. La instalación del Museo en un local adecuado ha sido la cons- tante preocupación de los Directores Berg y Ameghino. Por mi parte, aun descuidando toda obra científica personal, he de con- centrar especialmente mi esfuerzo en obtener la traslación del Museo á un edificio digno de su importancia, de manera que sea posible continuar la investigación metódica de nuestras riquezas naturales y realizar por fin los propósitos sociales de instrucción general que corresponden á un Museo moderno, el cual constituirá en su conjunto el mejor monumento que el país puede elevar á las ciencias naturales y á quienes en su cultivo se han inmortalizado. Ángel Gallardo. Buenos Aire?. Abril de 1912. DOCTOR FLORENTINO AMEGHTXO 1854-1911. Defiriendo al pedido que me hiciera el nuevo Director del Museo Nacional, mi distinguido colega y amigo Dr. Ángel Gallardo, no he podido menos que aceptar el encargo de escribir esta reseña bio- gráfica del ilustre argentino cuyo nombre encabeza estas líneas creyendo no sólo corresponder á este honor sino también rendir un homenaje de justicia al que en vida fué no sólo un maestro sino también un afectuoso compañero y amigo. La unánime manifestación de duelo que provocó su desaparición exteriorizada en la prensa, en las escuelas, en la cátedra y en las publicaciones diversas, ha dado á conocer los rasgos principales de su personalidad, así como también un gran número de datos sobre su vida y su carácter. A nosotros, con más tiempo y después de haber pagado también nuestro tributo á la primera impresión dolorosa de este luto nacio- nal, nos toca hacer resaltar las conquistas científicas que consiguió gracias á su gran actividad intelectual y á su labor prodigiosa. Muy raros serán los ejemplos de que un solo hombre, en 35 años de lucha incesante, haya podido transformar completamente la paleontología, la geología y la paleoantropología de una región, y más aún, coronar su obra con síntesis filosóficas de tal geniali- dad, que harán colocar su nombre al lado de los más grandes naturalistas modernos (167) (142) 1 . Hijo de sus obras, autodidacto puro, tuvo la suerte incompara- ble de poder leer en el gran libro de la Naturaleza, desde, casi, 1 Los números colocados entre paréntesis corresponden á los que llevan los diversos trabajos publicados por el Dr. Anieghino y que se hallan más adelante, en su bibliografía, que sigue á este artículo. XII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. puede decirse, sus primeros años, con un talento extraordinario y sin prejuicios ele ninguna especie. A esto sobre todo, y á su preparación posterior sólida, que le proporcionó una vastísima erudición cuidadosamente seleccio- nada, es que debió Amegliino el éxito legítimo de sus trabajos. Puede decirse, sin exagerar, que toda su cerebración se había aclapttado íntimamente con sus estudios predilectos, y esto le pro- porcionó un golpe de vista tan certero que pocas veces lo engañó, facilitándole el encadenamiento ele los hechos y filosofando sobre ellos con tal lógica, que tuvo forzosamente que llevarlo á las con- clusiones á que arribó, como dijo el Dr. E. L. Holmberg en la bellísima página que su muerte le inspirara 1 : «Construyó un cas- tillo del cual nadie podrá desalojarlo, aunque le derrumben algunas torres y almenas en el ataque». Su obra es vasta y de varias faces, las que aun cuando todas ellas tengan íntima conexión, para poder darse cuenta de su importan- cia y magnitud conviene estudiarlas por separado, y esto es lo que trataremos de hacer, aunque sea ligeramente, en las páginas que siguen. Su OBRA PALEONTOLÓGICA Desde 1871 2 hasta 1875. aprovechando su estadía en Mercedes, Ameghino ya tenía reunido un buen material de fósiles pampea- nos y su estudio le permitió llamar la atención desde aquella localidad sobre algunas especies nuevas (3 ). 1 Ameghino Página editada por la Escuela Normal Mixta de Gualeguaychú en el 57° aniversario del nacimiento de Ameghino. - En 1871 era nombrado Subpreceptor de la Escuela de Lujan, habiendo dejado de ser alumno de la Escuela Normal de Buenos Aires, dirigida por Luis J. de la Peña, y se hizo cargo de su puesto, profundamente minado por una gran anemia que casi le impedía cumplir con su deber. El mismo Dr. Ameghino me ha referido que no podía caminar dos cuadras sin tener que sentarse en el umbral de alguna puerta, vencido por la fatiga. Como alguien le aconsejara el ejercicio, con su voluntad de acero se propuso poner en práctica el consejo y así, poco á poco, pudo llegar al rio donde al prin- cipio trataba de pescar para entretenerse, hasta que un día, viendo sobresalir de la barranca un hueso fósil, lo estrajo quedando intrigado por el hallazgo, y llegó á interesarse tanto por esto, que buscando fósiles en las horas libres, hizo la vida del gran aire y sin apercibirse se halló sano, lo que le permitió hacer largas excursiones á pie sin molestia alguna. Una mezcla de interés científico y de gratitud por los fósiles decidieron la suerte de su vida FLORENTINO AMEGHINO. XIII Su falta de bibliografía, la necesidad de buscar un ambiente pro- picio para tomar definitivamente la mano á estos trabajos y el deseo de conocer todo el material de fósiles sudamericanos exis- tentes en los museos del viejo mundo, le hicieron redoblar sus esfuerzos de coleccionista, y hombre de rápidas resoluciones trató de formar una colección lo suficientemente numerosa para expo- nerla en París y venderla, á fin de que con su producto pudiera no sólo visitar los museos y estudiar las diversas series de los tipos ya publicados sino también costear la publicación de sus dos primeras obras ( lo) y (22) que le darían desde ese momento notoriedad científica l . Producido el viaje en 1878 y expuesta su colección en la sección argentina de la Exposición Universal de París, Ameghino pudo realizar sus deseos, y no sólo ensanchó sus conocimientos generales con todo lo que pudo ver y observar en aquel gran certamen y en aquella gran ciudad, sino que también viajó á Londres, á Copenhague, etc., vinculándose con los naturalistas como Owen, Flovrer, Cope, Eeinhardt, Pouchet, Gaudry, Paul y Henri Gervais y otros, estudiando las colecciones del Museo y Escuela Normal de París, del Colegio de Cirujanos y el British Museum, de Londres y del Museo de Copenhague, etc., sin contar el pleno conocimiento que tenía de todos los ejemplares existentes en el Museo y en poder de particulares en Buenos Aires. De modo que á los 24 años Ameghino poseía bien estudiado todo el material existente hasta la fecha de fósiles sudamericanos, y estudiado sobre todo de visu, y con este capital se comprende cómo, dada su actividad, concibió y llevó á cabo con Henri Gervais la publicación de su valioso libro sobre los mamíferos fósiles de la América del Sur (15), en el cual se describen muchas especies desconocidas hasta entonces, unas 70 sobre un total de 300. . Ante este resultado, Ameghino se expresa prof éticamente en el prólogo que: «si bien este primer número parece algo exagerado tenemos la certeza de que es aun inferior á la realidad», y ajjlicando su lógica razonadora continúa: «bastaría para convencerse de ello enumerar el corto número de localidades de ese vasto territorio hasta ahora explotadas bajo ese punto de vista y recordar que, el mayor número de restos que en él se han encontrado y que están 1 Poseemos un ejemplar del Catálogo de la colección llevada á París (11), muy raro ya, escrito á mano sobre pi3dra litográfica y reproducido por ese procedi- miento en una corta tirada de ejemplares. XIV MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. actualmente depositados en las colecciones, se hallan en mal estado y que los naturalistas á menudo han titubeado en establecer sobre ellos especies nuevas, aunque hasta cierto punto estuvieran auto- rizados á eso por la inspección de los caracteres distintivos muy pronunciados que presentan». Vuelto de Europa, Ameghino vuelve á sus* exploraciones y rehace su colección de fósiles que presenta el año 1882 l junto con la del Sr. Larroque en nuestra primera Exposición Continental publicando sus catálogos (24 y 25). Los resultados de su viaje á Europa y su previsión de haber constituido el corpus délos fósiles sudamericanos conocidos hasta entonces, unido al conocimiento de visu que de ellos tenía, empezó á dar resultados, y el año 1883 la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba recibía en las páginas de su Boletín un primer trabajo destinado á poner orden en la embarullada clasificación del grupo de los Gliptodontes (29), debida al conocimiento imperfectode las piezas típicas por parte de los autores que se habían ocupado, ó por curiosos errores cometidos en la reconstrucción de los esqueletos 2 - En este trabajo, escrito con mesura, se puede notar el espíritu de orden y verdad que lo animaba así como el deseo de ser útil y encaminar el estudio de la paleontología por un sendero seguro y práctico despojándolo de las brozas que lo tenían interceptado. Aun cuando por su fecha de aparición, 1884, su gran trabajo Filogenia (34) sea posterior á otros, me consta así como también lo dice la fecha del prólogo, que estaba terminada en 1882 3 . 1 En esa Exposición tuve oportunidad de conocer al Dr. Ameghino, y sin presen- tación previa alguna notando el interés que manifestaba por las piezas expuestas, desde el primer momento y olvidando nuestra diferencia de once años de edad que en aquella época representaba mucho, pues yo tenía apenas 17 años, fué tan deferente conmigo que no sólo me obsequió con todos sus trabajos, sino que me trató desde entonces como colega, brindándome su franca amistad sin excusarse de perder muchos momentos conmigo, hablando de fósiles, ya en mi casa visitando mi colección particular, ó en su famosa librería del Gliptodonte, donde nunca olvidaré la prueba de estimación que le merecí al hacerme conocerlas primicias de Filogenia, cuyas páginas aun inéditas me explicaba con ese calor sincero de maestro desinteresado que todos le hemos conocido. 2 Notable entre otras cosas son la cuestión del plastrón ventral de estos anima- les* ideada por Burmeister, y la cola de un Hoplophorvs aplicada por Owen al esqueleto de un Gliptodonte del Museo del Colegio de Cirujanos de Londres. 3 En su conferencia: Visión y Realidad (52), dada en la Velada Científica que en homenaje á su fundador, Dr. Estanislao S. Zeballos, organizó el Instituto Geográfico Argentino en 1889, el Dr. Ameghino recordó que le debía la publica- ción de Filogenia, y relatando el hecho terminó diciendo «cuando más tarde se trace la historia del desenvolvimiento de las Ciencias Naturales en nuestra querida FLORENTINO AMEGHINO. XV Esta obra, cuyo conocimiento es tan útil para darse cuenta del criterio que tuvo Ameghino para sus trabajos paleontológicos, era el complemento indispensable del corpus de los mamíferos sudamericanos para poder trabajar sobre una base y un método seguros. Completamente posesionado de- la teoría de la evolución, creó su sistema de clasificación transformista basado sobre las leyes natu- rales y proporciones matemáticas, como él mismo tituló su libro, dando una síntesis de su modo de ver en su conferencia á la memoria de Darwin en el Instituto Geográfico Argentino el 19 de Junio ele 1882 (27). Las grandes leyes filogenéticas establecidas por Ameghino en su obra son las siguientes : «Los órganos análogos y homólogos que forman el esqueleto se han constituido desde un principio en número completo, sin que después en el transcurso del tiempo hayan aparecido nuevas partes análogas ú homologas de las primeras» (pág. 162). «Dos ó más huesos que en el transcurso de su evolución se atrofian y unen íntimamente entre sí, no vuelven á adquirir individualidad propia como carácter normal, pero pueden en algunos 'individuos aparecer aislados transitoriamente como casos de atavismo confirmativos de esta ley». «Todo órgano que por una atrofia continuada desaparece com- pletamente, no vuelve á reaparecer sino como anomalía transitoria y atávica» (pág. 166). «Todo órgano que en alguno de los mamíferos actuales ó extin- guidos se presente de un tamaño anormal ya por su excesiva pequenez, ya por su excesivo desarrollo, posee un carácter de adaptación producido por modificación, por diminución en el pri- mer caso, por modificación, por aumentación en el segundo, y tuvo tamaño normal en los mamíferos que directamente precedieron á aquellos que lo poseen anormal» (pág. 253). Como puede verse por este pequeño extracto en Filogenia, Ameghino desenvolvía todo un sistema de clasificación sobre leyes que resultaban producto de una lógica de hierro, las que trató de demostrar y desarrollar en las cuatrocientas páginas de patria, los que tal hagan, averiguarán muchas cosas que hoj r conviene callar: pero se acordarán también de esto: ese amigo á quien se debe la publicación de Filogenia era el hoy Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Estanislao S. Zeballos, á quien en los tres últimos lustros transcurridos, el progreso intelectual de la República le es deudor de señaladísimos servicios». XVI MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. su libro, páginas llenas de copiosos datos ilustrativos que no pueden dejar duda alguna en cuanto á lo esencial de su cons- trucción. Al terminar su obra, Ameghino dejaba de ser el simple natura- lista especialista, para presentarse ante el mundo científico como un filósofo de alto pensamiento, que aportaba á la teoría de la evolución una de las más fuertes columnas que debían de soste- nerla. Todo este conjunto, al parecer ficticio y teórico, necesitaba ser aplicado en la práctica para demostrar su utilidad. La sola fauna fósil pampeana era por demás insuficiente para poder llegar á algún resultado, pero como si la clarovidencia ex- cepcional de Ameghino le hubiera hecho presentir lo que iba á suceder, de acuerdo con lo expresado en la introducción de sus mamíferos fósiles (lo), la ocasión no tardó en empezar á presen- tarse . El mismo año 1883, en seguida de sus trabajos sobre los Grlip- todontes (29), un acontecimiento destinado á revolucionar los conocimientos paleontológicos de la República se produjo: me refiero al descubrimiento de la fauna fósil del Paraná. Si bien es cierto que yaBravard había hecho mención de ella, su muerte desgraciada y el poco interés que despertaron sus colecciones, conservadas en cajones en el Museo Ncional, habían hecho pasar desapercibido este horizonte paleontológico, cuya im- portancia comprendió Ameghino, gracias á los pacientes traba- jos del Profesor Pedro Scalabrini, su colaborador sincero y desin- teresado. A la primera monografía (30 ) publicada por la misma Academia Nacional de Ciencias de Córdoba 1 en marzo, en la que consig- naba la presencia de tres géneros nuevos: Toxodontherium, Scala- brinitJierium y Ribodon y nueve especies también nuevas, siguió otra en junio basada sobre una nueva colección enviada por el mismo Profesor Scalabrini, por intermedio del Dr. Estanislao S. Zeballos (31). En su breve introducción Ameghino así se expresaba respecto de los nuevos materiales: i La Academia Nacional de Ciencias de Córdoba puede ostentar entre sus mu- chas buenas obras, la protección decidida que desde el primer momento ofreció al Dr. Ameghino, comprendiendo la importancia de sus trabajos y la sinceridad de sus convicciones. FLORENTINO AMEGHINO. XVII «Esta nueva colección no le cede en importancia á la primera. Varias piezas vienen á aumentar el conocimiento de algunos de los géneros anteriormente establecidos y otras á revelar la existencia de nuevas formas desconocidas, sin rivales ni análogas en ningu- na otra región del globo, que colocarán á los 3'acimientos del Pa- raná á la cabeza de los más importantes para el conocimiento de la antigua fauna mamalógica sudamericana.» En este trabajo, lo primero que hace Ameghino es rendir un justo homenaje á Laurillard, identificando su famoso Megamys patagonensis, fundado sobre una tibia y una rótula, halladas por D'Orbigny en el Río Negro y que aquel paleontólogo no trepidó en atribuir á un roedor de la talla comparable á la de un buey, con un gran trozo de mandíbula recogido por Scalabrini \ En esta monografía de 104 páginas da á conocer ocho géneros y once especies nuevas. Llamado Ameghino á dictar un curso en la Universidad de Cór- doba y premiado por la Academia Nacional de Ciencias con el muy merecido título de Doctor Jionoris causa, se consagró de lleno al trabajo, hasta que reunida otra colección por el Profesor Scala- brini. se trasladó al Paraná, donde pudo estudiar rápidamente las formaciones de sus barrancas, y á su vuelta preparó una tercera memoria sobre aquellos fósiles (3o) que apareció en 1885. En este trabajo describió dieciseis géneros y treinta y cinco especies nuevas, dando ya la fauna del Paraná, gracias á los es- fuerzos de Scalabrini y estudios de Ameghino, la suma de 62 espe- cies de mamíferos, en su mayor parte desconocidos hasta enton- ces !! Esto era toda una revelación para el mundo científico, y lo que es más interesante aún, es que en esa memoria ya estudia las rela- ciones de los diversos grupos, -comparándolos con sus similares del pampeano y esboza los movimientos de las faunas á través de los antiguos continentes. Un movimiento especial de interés por los fósiles del Paraná se 1 He aquí cómo se expresa Ameghino respecto de este hallazgo (pág. 59 de su memoria): «Unos cuantos golpes de pico dados en las barrancas del Paraná, poniendo á la luz del día una página inédita de la historia de nuestro globo que nos da á conocer toda una fauna perdida, han arrancado á la vez de las entrañas de la tierra varias partes características del enigmático roedor, que se nos aparece respondiendo al llamado que de él hizo el ilustre sabio, cuarenta años há, cuan- do el nombre de Laurillard es de ultratumba y sus sucesores se elevan incrédu- los ante las inducciones del genio y de la ciencia!» XVIII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. estableció á raíz de las publicaciones de Amegbino, y basta el Dr. Burnieister se interesó por ellos, enviando á aquella localidad, al naturalista viajero del Museo, adquiriendo además la colección formada por uno de los vecinos de allí, el Sr. LeónLelong, y basta publicó una entrega de los Anales del Museo con descripciones de los restos de la colección Bravard y otros adquiridos posterior- mente. Intertanto se babía fundado el Museo Provincial de Entre Ríos en la ciudad del Paraná, á cuyo personal tuve el bonor de perte- necer y reunidas nuevas colecciones, como siempre, se pusieron á disposición del Dr. Amegbino, quien no tardó en publicar en 188fi su cuarta memoria sobre los mamíferos fósiles de aquella vieja fauna (40). Este trabajo valioso, de más de doscientas páginas, en las que revé, critica y completa todo lo becbo basta la fecba, con diagno- sis de todos los géneros y con novedades, termina con una sinop- sis de todas las especies conocidas, las que alcanzaron la suma de ocbentay dos!! Llamado para ocupar la Subdirección del Museo de La Plata en 1886, queda sorprendido de los ballazgos efectuados en Monte Hermoso por el joven Carlos Burmeister y resuelve visitar el ya- cimiento, lo que efectúa al año siguiente, recogiendo durante su estadía tal cúmulo de datos interesantes que no pudo menos que exteriorizar sintetizándolos en un admirable artículo publicado en «La Nación» el 10 de marzo de 1887 ( 42 ). Uno de los párrafos nos bastará para conocer la importancia paleontológica de ese célebre yacimiento: «Parece que la casi to- talidad de los mamíferos fósiles de Monte Hermoso son especies y aun á menudo géneros basta boy desconocidos, muy distintos de los que boy conocemos jDrocedentes de la Formación Pampeana (período Plioceno de los geólogos), constituyen una verdadera fau- na de transición, cuyos tipos, aunque diferentes, se parecen por un lado á los del Pampeano inferior de Buenos Aires y La Plata, y por otro, á los del yacimiento mucbo más antiguo (período oli- goceno) del Paraná, predominando más la analogía con los prime- ros que con los segundos». Además de la importancia de lo que esto representa, Monte Her- moso, como veremos en otro lugar, reveló á Amegbino también la presencia del bombre fósil. Más tarde, en julio del mismo año, daba una interesante confe- rencia sobre las relaciones de este yacimiento con las formaciones cenozoicas que lo babían precedido y sucedido ( 45). FLORENTINO AMEGHINO. XIX Al año siguiente, 1S88, publicaba la lista completa de las espe- cies hasta entonces conocidas, alcanzando á 39 géneros con 58 es- pecies, éstas últimas en su mayor parte nuevas. Este trabajo (48 ) termina con un cuadro comparativo de los gé- neros por yacimientos, á partir del eoceno de Santa Cruz basta la época actual; al final concluye con este párrafo: «Este cuadro no necesita comentarios, pues demuestra evidentemente la razón con que procedí al colocar el yacimiento de Monte Hermoso entre el oli- góceno del Paraná y el plioceno ó formación pampeana. Querer todavía pretender que Monte Hermoso es pampeano, es sencilla- mente cerrarlos ojos ante la luz para no ver más que tinieblas». Durante su permanencia en el Museo de La Plata é interesándose vivamente por los fósiles que el Dr. Francisco P. Moreno había recogido en 1876-77 en un yacimiento remontando el río Santa Cruz, consiguió que se comisionara á su hermano Carlos Ameghino para hacer una exploración en aquel .territorio. Después de un viaje de nueve meses regresaba este naturalista viajero con una espléndida colección de fósiles eocenos, inicián- dose así en forma tan brillante el más fiel y más constante de to- dos sus colaboradores, á la vez que surgía un insuperado explora- dor paleontológico á quien la ciencia debía agradecer más tarde una serie de otros descubrimientos de capital importancia en los largos diez y ocho años en que le prestó su contingente desinte- resado, en medio de las mayores estrecheces y luchando con las más ingratas dificultades. La nueva colección, representante también de una nueva fau- na, excusado es decir que fué devorada, si es permitida la frase, por el Dr. Florentino Ameghino, trabajando como él lo declara en el breve prólogo de su primer estudio (46), de día y de noche, llegó á determinar gran parte de ese espléndido material, que se apresuró á publicar en Diciembre de 1887. Ciento veintidós especies de mamíferos, casi todas nuevas se manifestaban por primera vez reunidas, procedentes de un yaci- miento casi virgen del territorio patagónico, y este solo hecho puede dar una idea del inmenso interés que despertó esa revelación ante el mundo científico. Otro hecho importante debe de notarse, y es que, ya no sólo se trataba de fósiles grandes ó por lo menos de tallas comunes los que aparecían allí, sino que los muy pequeños, pero de un valor extraordinario, como los Plagiaulacoideos, se presentaban á su vez acusando su altísima antigüedad y planteando á la ciencia nuevos XX MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. problemas filogenóticos, cuya resolución debía traer no poca luz sobre la filiación ele los mamíferos, sus orígenes y también sobre la geología continental de las edades pasadas. Ya fuera del Museo de La Plata y con todo este material pa- leontológico de los diversos yacimientos de la república de que hemos hecho mención, el Dr. Ameghino se encontró en condicio- nes excepcionales para emprender una gran obra de aliento que reuniera en un corpus todos los datos recogidos sobre paleontología argentina. La obra publicada en colaboración con Gervais (15) se repetía casi á los diez años, pero en vez de las modestas 225 páginas en 8 o , se transformaba en 1.060 páginas in folio, más un atlas de 98 láminas conteniendo más dedos mil figuras (54). Las ciento once especies de mamíferos fósiles de la República Argentina, enumeradas en el catálogo publicado en 1880 (15) de- bido al impulso dado por Ameghmo al estudio de la paleontolo- gía, se habían casi multiplicado por seis: 570 especies habían to- mado carta de ciudadanía por derecho propio, de las cuales 450 debían su bautismo á nuestro sabio. Más aún, la única fauna conocida, la Pampeana, supuesta hasta entonces (1880) procedente de un solo horizonte, se repartía en cuatro, dispuesta á su vez en cuatro pisos ú horizontes (Enseña- dense ó inferior, Belgranense, un poco más reciente, Bonaerense ó superior y Lujanense ó lacustre). Y además se presentaba pre- cedida de cuatro faunas correspondientes á las formaciones Pe- huenche, Santacruceña, Patagónica y Araucana, y seguida por otras dos. la Post Pampeana y la actual. Este gran esfuerzo de Ameghino, fruto de catorce meses de ar- dua é incesante labor, pudo, como bien lo dijo él mismo en su introducción, proporcionarle la satisfacción de dejar concluida la primera obra de conjunto que hasta ahora se haya publicado, sobre los mamíferos fósiles de la República . Efectivamente, en tan corto tiempo, hizo lo que humanamente le fué posible, pero sobre todo hizo bien y á pesar de las correccio- nes forzosas que había que hacerle, ó que posteriormente hiciera á algunas especies, esta obra será siempre un monumento que Ame- ghino erigió á la ciencia argentina, y ante el cual debemos descu- brirnos con el mayor respeto. Los años subsiguientes correspondientes á la década que siguió á la publicación de su gran obra, fueron de un rudo batallar para Ameghino sobre todo en la primera mitad, éste hombre incansable FLORENTINO AMEGHINO. XXL tuvo que defenderse de los ataques de los colegas que estaban muy lejos de tener su preparación en la materia, y que no po- seían el material de que él pudo disponer. Pasaré por alto todo lo que se refiere á los pormenores de esta lucha, porque creo que ella debe ser juzgada no por su lado in- grato y desagradable sino por los resultados benéficos que trajo. Soy un convencido que debido á ella y á su encarnizamiento la Patagonia fué explorada paleontológicamente á costa de grandes sacrificios por parte de todos, y gracias á esto el mundo científico ha podido ver desfilar ante sus ojos por medio de un gran número de publicaciones, el material más copioso y más extraor- dinario que imaginarse pueda y en un tiempo relativamente breve. Bien venida haya sido pues esta apasionada lucha en la que todos hemos ganado y Ameghino más que ninguno ! Entre los trabajos de Ameghino de aquella época debemos citar el que se refiere á los mamíferos fósiles de Tucumán y Catamarca (08) } que le permitieron fijar un horizonte nuevo intermediario entre los de Monte Hermoso y Paraná; los monos fósiles del eoceno de Patagonia (71) donde se hallan descriptos el Honmnculus patagónicas, el Anthropops perfectus, el Homocentras argentinas, y el Eudiastaltus lingulatus, hallazgos tan extraordinarios que por la fauna que los acompañaba y las condiciones de su yacimiento procedían de la base del eoceno, siendo por consiguiente los vestigios de verdaderos monos, los más antiguos que se conocían. El año 1894 aparece su enumeración sinóptica de los mamíferos de las formaciones eocenas de Patagonia (84), en la cual se regis- tran la enorme suma de 440 especies! lo que prueba el gran trabajo hecho por los exploradores en aquel territorio durante los últimos siete años (1887-1894). Al año siguiente publica en el Boletín del Instituto Geográfico sus trabajos detallados sobre las aves fósiles de Patagonia (87), cuyas noticias había ya adelantado en la Revista de Historia Natural, dando á conocer entre otras cosas, el cráneo del Phoro- rhacos, género de aves cuyas especies llegaron á tener dimen- siones que podrían rivalizar y aun sobrepasar las aves extinguidas de Madagascar y Nueva Zelandia. En la misma publicación apareció otra memoria destinada á llamar la atención de los estudiosos, me refiero á su: Primera no- ticia de la fauna de las capas del Pyrotlierium de Patagonia (88 ) Cuando diez años antes el Dr. E. L. Holmberg le entregó los jjrirneros restos del Pyrotlierium que le enviaba por su intermedio XXII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. el entonces Capitán del ejército nacional D. Antonio A. Romero desde el Río Negro, el Dr. Ameghino, en uno de esos sinceros raptos de entusiasmo que tenía, le dijo más ó menos estas palabras: ¡Ede animal lo había soñado y él va á decimos muchas cosas! Las sucesivas exploraciones del Sr. Carlos Ameghino descu- brieron varios yacimientos con restos de éste y otros animales mamíferos junto á restos de reptiles y aves gigantescas, entre los cuales se hallan los antecesores de los Phororhacos y otros que no dejaron descendencia. Los Mamíferos que le sirvieron para redactar su memoria dieron unas treinta y nueve especies, de las cuales treinta y seis nuevas, repartidas en veintisiete géneros y entre ellos veinticinco nuevos. Esta fauna con una gran área de dispersión geográfica en Pata- gonia, precedía á la de la Formación Santacruceña, presentándose hasta ese momento como la más antigua de la América del Sur. La importancia de esta fauna es la de presentar un gran número de mamíferos de gran talla que se extinguen en la misma época y el gran desarrollo que tuvieron los Ancylopoda, que ya en la Época Santacruceña estaban en decadencia y próximos á extinguirse. Pero lo más curioso fueron las conclusiones á que Ameghino pudo llegar respecto del Pyrotherinm, gracias á los nuevos restos de este animal y al estudio de su astrágalo l . Esta fauna del Pyrotherio dos años después en una segunda memoria ( 96 ) se elevaba á sesenta y ocho géneros (treinta y siete nuevos) y ciento quince especies (setenta y cuatro nuevas). La fauna cretácea continuaba surgiendo y presentando cada vez más sorprendentes revelaciones, nuevos monos, como los No- topitheciix, Eupithecops, Arehaeopithecus y Pachypühecits aparecían en nsa época tan lejana, así como también una nueva familia de 1 Si la mandibule du Pyrotherium dont je donne le dessia eut été trouvée dans un gisement de l'aneien continent, personne n'aurait hesité á la rapporter a un Proboscidien; c'est aussi la premiére impression qu'elle m'a produit. Pour- tant Pastragale est d'un type complétement différent de celui d?s animaux de cet ordre. Qu'il s'aglt d'un vrai ongulé, cela me parait indubitable; néanmoins, l'as- tragale présente des caracteres de rnarsupial ce qui d'ailleurs est d'accord avec la grandeantiquité de ce mainrnifére. Je considere done les Pyro/lieria comme un groupe d'ongulés primitifs, qui aurait des rapports avec les rnarsupiaux et spé- cialement avec les anciens Plagian] acoidea. Ce groupe serait la souche des Proboscidiens. Les Dinothéres representeraient une branche modifié des Pyro- theria qui s'est éteinte pendant le pliocéne. Les mastodontes et les éléphanta representeraient une deuxiéme branche latérale qui s'est perpetuée jusqu'au- jourd'hui». FLORENTINO AMEGHINO. XXIII los'Tillodontes, los Xotostylopidos, llamada atener más tarde una gran importancia para la fijación de nuevos horizontes. El año 1896, creyó oportuno antes de seguir adelante con sus determinaciones, dar á conocer sus ideas respecto de la evolución de los dientes de los mamíferos (91). Este notable trabajo, seguido de una copiosa bibliografía, que denota que Ameghino estaba muy al corriente de los trabajos de sus colegas, puede considerarse como un nuevo capítulo de Filo- genia, en el que demuestra que los molares complicados deben ser considerados como el resultado de la fusión de varios dientes simples, en vez de considerarlos como el resultado de la compli- cación gradual del cliente primitivo simplemente cónico. Las exploraciones del señor Carlos Ameghino en los tres años que corrieron desde 1896 á 1899, entregaron al estudio del Dr. Ameghino un material tan vasto, variado, grande y valioso, que le permitieron reconstruir nuevas faunas cretáceas y aun tres otras faunas terciarias, anteriores á la Santacruceña. En un trabajo so- bre nuevos ungulados de Patagonia ( 117 ) da el resultado obtenido sobre la sucesión de estas faunas en la forma siguiente: i Fauna Santacruceña á (horizonte del ^ Porn^ación Eoceno superior Nesodon imbricaras). Santacruceña | Horizonte del INotohippus. / Eoceno inferior j Horizonte del Astrapothericulus ¡Formación ( » » Colpodon [Patagónica i Horizonte del Pyrotheriuní . j » » Astraponotus \ Cretáceo superior. » Notostylops ! Formación Guaranitica [ » » Caroloameghinia ' iHorizunte del Proteodidelphys i Cretáceo inferior (Horizonte del rio Tarde con pequeños/Formación de los gres f mamíferos indeterminados. | abigarrados. A este cuadro agregaba estas palabras muy significativas: . «Comme on peut le voir par ce tablean, la Faune Santacru- zienne, qui appela tant l'attention du monde savant, en relation des plus anciennes faunes de la méme contrée, resulte étre une faune tres récente.» «Dans un de mes travaux je dis que les ongulés de ees formatious anciennes se relient les uns aux autres et semblent converger vers un type unique avec la seule exception du Pyrotherium qui parait complétement isolé. Aujourd'hui, le Pyrotherium non plus ne fait pas d'exception, car on a trouvé une quantité de formes intermédiaires qui le relient aux autres ongulés, et l'ou peut suivre sa phylogónie, pas a pas, jusqu'au Proteodidelphijs.» XXIV MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Y más adelante agrega: « L'origine des ongulés reste des maintenant cornplétement dévoilée; ees animaux dérivent directement des marsupiaux pri- mitifs de la famille des microbiotherides. En Patagonie on les surprend au monient méme de leur origine et aussi au moment de leur diversification.» En esta memoria funda el orden de los Protungulata, cuyo género principal (Caroloameghinia) dedica á su hermano Carlos, descubridor de las faunas mamalógicas de Patagonia. Y al mismo tiempo una serie de otros géneros en honor de naturalistas y paleontólogos como Osborn, Marsh, Scott, Thomas, Woodward, Koken, Haeckel, Lernoine, Leidy, Rütimeyer. Milne - Ed wards, Zittel, Gervais, Owen, Cope, Flower, Lydekker, Gaudry, Ihering Trouessart, Filkol, Darwin, Huxley, Schlosser, en su mayor parte muertos ya, pero cuya memoria hacía revivir, resucitando las más antiguas formas de mamíferos extinguidos. Una nueva memoria ( Í21 ) aparecía un año después dedicada á estas faunas con un gran número de especies, y simultáneamente otra ( 120 ) estudiando la fauna mamalógica del horizonte del Colpodon, que representa la de la base de la Formación Patagónica ó base del terciario. En las tres memorias mencionadas, el número de animales nuevos dado á conocer; es enorme, suman en total trescientas cincuenta y tres especies pertenecientes á ciento treinta y tres géneros 1 . 1 En una memoria posterior (132) Amegbino describía aún los resultados del liltimo viaje de Carlos, y con esos materiales y otros de otras formaciones daba á conocer 74 géneros 3 r 144 especies nuevas. Uno de los cargos que se le hicieron, por los que lo combatían y que al mismo tiempo no lo conocían, fué el de que multiplicara los géneros y especies, sin razón y valido de que trabajaba principalmente sobre material propio y que suponían lo ocultaba con miras egoístas. ¡Cómo se equivocaban los que así pensaban, y más de uno de ellos, cuando conocieron después sus procederes, hubo de arrepentirse de no haber acudido en tiempo oportuuo á su afortunado rival y sin haber perdido el tiempo en trabajar inútilmente á ciegas haberle exigido ó simplemente pedido que les mostrase sus piezas típicas, a lu que él, como me lo declaró muchas veces y lo comprobó con los hechos, jamás se habría negado! Entre otros el Dr. Olfield Thomas, del British Museum, y el Profesor William B. Scott, de la Universidad de Princeton, pueden dar fe de lo expuesto; este últi- mo trae la siguiente declaración al iniciar su estudio sobre los edentados fósiles de Santa Cruz: «It has been my privilege to study all of the principal collections of Santa Cruz fossils, including almost all of the types. These collections are, in addition to the one at Princeton, those of the Ame- FLORENTINO AMEGHINO. XXV Estas cifras asombraron á los especialistas y no pocos se resis- tían á aceptarlas y otros las tomaban con beneficio de inventario. En los anales ele la Paleontología creo qne nunca se vio cosa pare- cida y sin embargo los hechos estaban patentes y hablaban por fortuna demasiado claro; así es qne, especie ó género á corregir más tarde ó sinónimo más ó menos por imperfección de alguna |3Íeza típica, eso no modificaría mayormente la inmensa riqueza paleontológica de Patagonia, ni podría oscurecer jamás el enorme esfuerzo de estos dos hermanos, que trabajando por un ideal tan alto y desinteresado, se habían complementado tan admirable- mente. Después de esta suma de labor, que representa la descripción y estudio de más de mil especies nuevas, puede decirse que la obra del paleontólogo ha terminado. Posesionado de ese rico material, sin desdeñar el estudio de otras novedades que puedan llegarle ó que vayan surgiendo de la revi- sión de su rica colección particular, Ameghino se propone apro- vecharlo como filósofo naturalista, persiguiendo la solución de los rioan Museum of Natural History, New York, the Munich Museum, the British Museum, the La Plata Museum, and, most important of all, the prívate collec- tion of Dr. F. Ameghino. Abundant use has been made of the free permission accorded me to figure and describe suo.h material as suited iny purpose. As this volume may fall into the hands of some who will have no oportunity or occasion to consult Volume I of these Reports, it will not be superfluous to repeat here a number of statements from the general editorial preface. In the spring of 1901 the writer found it neccessary «to visit the Museums of La Plata and Buenos Aires and study the collections there gathered. He is glad of this opportunity to express his feelings of profound gratitude to those who did everything in their power to render these investigations helpful and satis- factory. «Dr. Florentino Ameghino, now director of the National Museum at Buenos Aires, but then living in La Plata, permitted the freest possible use of his great private colleotion of Patagonian fossils, a collection which is especially valuable because it contains by far the largest number of the type specimens of the genera and species named from Patagonian horizons.» (Mammalia of the Santa Cruz Beds. Part. i, Edentata. Introduction by William B. Scott, Princeton University.) Más tarde, al tratar los Litopterna, vuelve á hacer mención de las facilidades presentadas para su estudio por el doctor Ameghino. «The memoir on the Litopterna was originally to have been written by the late Mr. Hatcher, but through his lamented death, the work has devolved upon myself. Unfortunately, during my visit to La Plata, my limited time was so fully taken up with other groups of Santa Cruz fossils, that it was impossible XXVI MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. múltiples problemas filogeiiófcicos que rigen la ley de la evolución, y así publica una serie de monografías llenas de interés y repletas de datos comprobatorios sobre la línea filogenética de los Probos- cídeos (119); el origen de los roedores y de los Polimastoclontes (122); sobre la morfología filogenética de los molares suj:)erioresde los ungulados (128); sobre el tipo primitivo de los molares plexo- dontes de los mamíferos (129); sobre la perforación astragaliana, demostrando que es un carácter adquirido y no primitivo ( 132 á 136); sobre el ningún valor como carácter primitivo de la faceta articular inferior única delastrágalo (138); sobre el arco escapular de los edentados y moñotremos y el origen rej)tiloide de estos dos grupos de mamíferos (161 ), etc.; revelando en todas ellas una segu- ridad en el manejo de los materiales y un conocimiento tan com- pleto del asunto tratado, que asombrarían si no se estuviera al tanto de los antecedentes expuestos y no se conociera el sólido criterio con que trabajaba. for me to make any satisfactory studies of the Litopterna in the collections of Dr. Ameghino and the La Plata Museum. This lack has, to some extent been repaired by the kindness of Dr. Anleghiao, "who has with his usual courtesy sent nie excellent photographs and plaster-casts of nearly all of his types of the Santa Cruz Proterotheriidae and these have proved very helpful in the determination of the genera and species.» En las monografías de esta Universidad de Princeton, aparecidas hasta hoy. donde se reven las determinaciones del Dr. Ameghino y se ilustran las colec- ciones recogidas por los naturalistas Hatcher y Peterson, en Santa Cruz, enviados por dicha Universidad, podemos ver lo siguiente: Monografía sobre los Marsupiales por William H. Sinclair además de los fósi- les determinados por Ameghino. se describe una especie nueva (vol. iv Paleon- tología). Monografía sobre Edentados, por el Profesor William B. Scott. Además de los fósiles determinados por Ameghino se corrige un género haciendo otro nuevo se funda otro y se fundan además siete especies nuevas (vol. v). En la monografía de los insectívoros del mismo autor no se halla modificación alguna. En la monografía sobre los Glires ó Roedores, se fundan seis especies nuevas, dedicando una de ellas al Dr. Ameghino (Perimys Ameghinoi Scott) (vol. v). En la monografía sobre los Typotherios del Sr. W. C. J. Sinclair no hay no- vedad alguna (vol. vi). Y por fin en la de los Litopterna el profesor Scott funda, además de las cono- cidas, cuatro nuevas especies (vol. vn). Y todavía puede dudarse de la gran riqueza paleontológica de Patagonia y de las determinaciones de Ameghino cuando á pesar de haber espigado en campo virgen y con tanta hartura aun pueden hallarse novedades, y cuando colecciones más copiosa y cómodamente reunidas, como las americanas, no hacen más que comprobar la seriedad de su modo de trabajar. FLORENTINO AMEGHINO. XXVII Sü OBRA GEOLÓGICA Y PALEOGEOGRÁFICA La gran contribución aportada por xAnieghino al esclarecimiento de los problemas geológicos y paleogeográficos de esta parte del continente, fué naturalmente el resaltado de sus estudios paleonto- lógicos, y los diversos descubrimientos y las diversas teorías emi- tidas por nuestro sabio fueron todos sincrónicos con las diversas faunas estudiadas por él. Y esto se comprende perfectamente. En las formaciones sedi- mentarias los vínicos que pueden con seguridad establecer sus eda- des respectivas son los fósiles y en las de origen terrestre ó sub- aéreo, los reptiles ó mamíferos que son los mejor conservados, siendo éstos últimos los que á su vez pueden presentar nmyores y mas variados caracteres que permitan reconstruir sns diversos estadios de evolución. Si en alguna parte los fósiles han podido representar mejor su papel de medallas de la creación ha sido en la Argentina, y tilas han tenido un numismático eximio en Ameghmo. De acuerdo con lo que expresé en el capítulo anterior, este hom- bre extraordinario tuvo la ojíortunidad única no sólo de prepararse como ninguno con su corpus de los mamíferos conocidos en su tiempo y su sistema filogenético de clasificación sino que fué á él á quien tocó estudiar por vez primera y paulatinamente grupos de animales de faunas diversas que por el conjunto de sus caracteres hablaban demasiado claro á su mente preparada y sin prejuicios de su estadio de evolución y por consiguiente de su edad respec- tiva. Y si á esto se agrega el conocimiento personal de los yacimien- tos ó los preciosos datos que le remitía su hermano Carlos, que formado por él desde sus primeros años, resultó después un obser- vador de la naturaleza insuperable, no será difícil darse cuenta del inmenso servicio que prestó al estudio de la geología con sus nu- merosas publicaciones, que se vio obligado á hacer ya sea para dar cuenta de sus nuevos tipos y faunas ó ya para discutir juicios crí- ticos que sus émulos le prodigaron: aquí, en Europa y aun en Es- tados Unidos y á quienes pudo fácilmente vencer en este terreno porque ninguno poseía las mismas armas con que él combatía. El profundo conocimiento de toda la bibliografía sobre la ma- XXVIII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. teria que leía y anotaba cuidadosamente aun en sus momentos de trabajo mas intenso, unido á una memoria prodigiosa, hacían de Ameghino un enemigo formidable que bajaba fácilmente á la pa- lestra, con mayores datos y nuevos argumentos. Y no se crea que fuera reacio á modificar sus opiniones toda vez que hallase elementos de convicción; por el contrario, fué uno de los raros ejemplos de hombres altamente liberales en su modo de pensar, y gracias á esto no trepidaba en corregirse en trabajos posteriores, sin violencia alguna y siempre en obsequio á la verdad, que era lo único que sinceramente perseguía. Oía á sus contrarios, á sus amigos y á sus colaboradores, entre los cuales tuvo algunos de mucho valer y que le prestaron con sus estudios grandes servicios, y entre éstos no debemos olvidar al sabio director del Museo de Sao Paulo, su gran amigo el Dr. Her- mann H. Ihering 1 . De acuerdo con su sistema y desde el principio de sus estudios paleontológicos trató de documentarse bien sobre la Formación Pampeana: un ensayo primero ( 2 ), un libro después fío") y cas 1 otro en seguida (22) un segundo tomo fueron los resultados de sus primeros estudios. 1 Corroborando lo anterior y aun cuando la cita sea un poco larga, no resisto al deseo de transcribir los interesantes párrafos del Dr. Ihering defendiendo al Dr. Ameghino sobre su facilidad de modificar sus opiniones de acuerdo con los nuevos hechos observados en beneficio de la verdad en vez de empecinarse en la primera opinión demostrando así una vez más su probidad científica: «Comme déjá dans mon livre cité je me suis référé aux diverses publica^ons de M. Wilkens, je n'y reviendrai pas a présent, mais il me faut diré quelques mots sur les remarques finales de Mrs. Steinmann et Wilkens. lis font remarquer que quant a la stratigraphie des couches sédimentaires de l'Argentine, les opinions des auteurs sont unánimes et qu'il n'y a qu'Ameghino qui persiste dans une opinión divergente et toujours changeante. Pour cette raison ees auteurs déclarent qu'en attendant ils considérent conclue la discussion á ce sujet et approuvent le procede de Schlosser contre Ameghino en ce qui regarde la paléontologie des vertebres. Schlosser ! ne voulant plus entrer dans la discussion des opinions d' Ameghino imite l'exemple de Tautruche qui pour ne pas voir ses persecuteurs met la tete dans le sable. La science qui, pour les mammiféres éteints de TAmérique méridionale doit peu a Schlosser et tout a Ameghino, saura supporter la perte que Schlosser lui fait, mais nous ne pouvons nous empécher de pro- 1 Schlosser, Neues Jahrbuch für Mineralogie und Geologie. Tom. n pág. 282, a. 1907. FLORENTINO AMEGHINO. XXIX Contra la opinión casi general reconoce que Bravard es el que más se ha acercado á la verdad respecto de la edad de la forma- ción Pampeana terciaria superior ó plioceno; haciéndose paladín de la opinión de que ella corresponde al terreno terciario superior de Europa ('22 n pág. 344). Interesante é instructivo en grado sumo es seguir la discusión sostenida en las páginas siguientes por Ameghino, probando este aserto y en ellas se puede notar la enorme suma de conocimientos personales que tenía de esta formación y de su fauna, y aplicando el criterio del porcentaje de especies extinguidas (90 °/ ) demuestra que sólo puede compararse con el plioceno de Europa y nunca con el cuaternario. Al terminar el Capítulo xni (22 n) se expresa de este modo: «Una formación que presenta una fauna semejante, es una aberra- ción considerarla como cuaternaria; en la escala geológica, ella no puede encontrar colocación fuera de los terrenos terciarios». «Para juzgar de la éj:)Oca geológica de las formaciones Sud-Ame- ricanas, deben adoptarse los mismos procedimientos empleados tester contre l'affront de ce boycot scientifique prononcé contre Ameghino et approuvé et continué par Steinmann et Wilckens. II y a des procedes qui se con- damnent eux-mémes. Examinons cependant quel est le fondement des opinions géologiques de Steinmann et Wilckens, qu'ils croient deja acceptées et hors de discussion! Ni Steinmann ni Wilckens n'ont étudié les différentes f aunes tertiaires de l'Argeñtine ni leurs relations avec les Mollusques vivants de l'Amérique Méridionale. Ces auteurs n'ont pas á leur disposition les riches collections Malacologiques du Tertiaire argentin, comme Ameghino et moi méme les possédons. üelativement á la formation patagonienne ils n'ont pas par conséquent d'expe- rience propre et ils ne font que répéter d'un ton autoritaire les conclusions aux quelles arrivérent. Hatcher et Ortmann. Or en réalité aucun auteur comme Hatcher n'a contribué á un plus haut degré a troubler la discussion si difficile de la géologie tertiaire de l'Argeñtine. Pour lui les couches á Pyrotherium, qui sont plus anciennes que le patagonien seraient plus modernes que ce dernier; le Pata- gonien serait miocéne, tandis que en réalité il est éocene; le Superpatagonien ne serait qu'une facies du Patagonien et le Magellanien serait plus ancien que le Patagonien. En ajoutant que Hatcher a pris les lacs patagoniens du pied des Andes comme d'origine tectonique au lieu de glaciers, et qui il a commis encoré d'autres erreurs déjá réfatéea depuis longtemps par les naturalistes de l'Argeñtine, on voit que Mrs. Steinmann et Wilkens ont usé de peu de précaution en prenant Hatcher pour guide. II n'y a que peu de points dans lesquels Steinmann et ses coll'aborateurs ont eu l'occasion de faire des études propres a l'égard de la géologie tertiaire de l'Argeñ- tine. L'un des ces points est l'étude des collections d'O. Nordenskjold, et nous avons vu que Mrs. Steinmann et Wilckens se trouvent en erreur quant á leurs comparaison ou méme identification du Magellanien avec le Patagonien. Un second point est le travail de Borchert, sur l'Entrerien. Celui-ci, selon Bor- XXX MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. por los geólogos para determinar la edad de los terrenos europeos, y entonces la Formación Pampeana es terciaria ó pruébese con sofismas que esos procedimientos no son aplicables á las formaciones Sud-Americanas, y entonces, quedando lo arbitrario, hágase de la Formación Pampeana lo que se quiera.» Cuan poco han tenido en cuenta este criterio razonable los adversarios de esta idea y en cambio cuánto han torturado la lógica y cuánto han hecho sudar las prensas para tratar de reju- venecer sin esperanzas la venerable vetustez de esta formación. Un año después, en 1882, el Dr. Adolfo Dóering, en la entrega ni correspondiente á la geología, del Informe Oficial de la Comi- sión Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedición al Rio Negro, al hablar de las formaciones neogeas de la República clasifica al Pampeano inferior como Plioc3no inferior, al superior ó Eolítico, como lo llama, de Plioceno superior. Al Pampeano la- custre, de Preglacial (pág. 499). No está demás el decir que Ameghino acogió con júbilo este mo- do de encarar la cuestión, reconociendo en el Dr. Doeriag á uno chert serait plincéne, grave erreur causee par des determinations en grande partie inexactes. Le troisiéme point est l'opinion de Steinmann sur la formation pam- péenne qu'il considere comme equivalente du Diluviura, ce qui n'est vrai proba- blement qu'en partie. Sur ce point la plupart des géologues de l'Argentine ne se trouvent pas d'accord avec lui. Oü" est dont l'unanimité des opinions sur la question de la géologie tertiaire de l'Argentine? Sans doute Florentino Ameghino, comme nous tous, avons dú plu- sieurs fois changer d'o23Ínion et ce n'est qu'une conséquence de l'acroissement ininterrompu des faits géologiques et paléontologiques d'oü resultent les conclu- sions genérales. Mais en tout cas mes études sur les Mollusques tertiaires de l'Argentine m'ont conduit á des résultats qui différent de ceux obtenus par Mrs. Steinmann et Wilckens et qui confirment en general les conclusions d'Ameghino. Personne n'a réuni avec plus de succés des collections plus importantes pour la connaissance de la géologie argentine que Carlos Ameghino, et personne n'a jugé d'une maniere plus corréete de l'évolution des faunes successives tertiaires de l'Argentine que Florentino Ameghino. C'est l'opinion que j'ai acquise par mes études sur les Mollusques tertiaires de l'Argentine, continuées pendant de longues années et basées sur les matériaux les plus riches relatifs aux Mollusques fossiles et vivants de l'Amérique du Sud. Ce n'est que l'avenir qui pourra juger de la valeur des mes travaux sur ce sujet mais en tout cas ils contredisent les généra- lisations des savants allemands que j'ai critiques, et ils prouvent que le nombre des résultats positifs concernant la géologie et paléontologie de l'Argentine augmente successivement et que ce ne sont pas les opinions plus ou moins auto- ritaires, sinon le plus grand nombre de faits et leurs discussiou sérieuse qui nous promettent un progrés véritable. Sao Paulo. 18 Juillet 1908. (H. v. Ihering. Nouvelles recherches sur la Formation Magellaniense). «Anales del Museo Nacional de Historia Natural», tomo xn, serin ni. 1909, pag. 41.) FLORENTINO AMEGHINO. XXXI de los trabajadores que con más conciencia habían estudiado las formaciones cenozoicas y por eso transcribió su cuadro de clasifi- cación en su obra monumental (54) seguido de estas palabras: «¡Catorce horizontes geológicos, en vez de dos ó tres que se admi- tía según el viejo sistema!». Ahora más que nunca podía aplaudir este modo de pensar: ha- bían pasado casi siete años de la aparición del trabajo del Dr. Doering, y en este lapso de tiempo las faunas del Paraná, Monte Hermoso y parte de las de Santa Cruz, habían desfilado ante su mesa de trabajo, haciéndole grandes revelaciones. Con todos estos datos presenta á su vez un cuadro propio de las mismas formaciones, modificando el del Dr. Doering en el nú- mero de pisos ú horizontes, cuyo número eleva á veinte; dividien- do en dos pisos la formación guaranítica: introduciendo la forma- ción Santacruceña con dos pisos entre la (xuaranítica y Patagónica y aumentando un piso á la Araucana, otro á la Pampeana y otro al Reciente ó Aluvial. Cada uno de estos pisos es objeto de una descripción sintética. .Las sucesivas expediciones del señor Carlos Ameghino no sólo recogían los grandes materiales correspondientes á las faunas de mamíferos, sino que éstas venían también acompañadas de otras colecciones de fósiles invertebrados, procedentes de las diversas formaciones. Todo este conjunto de documentos fué enviado, á medida que llegaba, por el Dr. Ameghino á su amigo y colega el Dr. Ihering, quien se reservó el estudio de los moluscos, como que eran de su especialidad, y repartió los demás grupos entre varios especialis- tas europeos. Estas colecciones fueron tan importantes, que el Dr. Ihering, en la introducción de su importante obra que resultó de sus es- tudios *, no tuvo inconveniente en declarar: «Malgré les excellents rósultats de l'expedition de Princeton, les collections de M. Carlos Ameghino, riches et bien conservées, contenaient un granel nombre d'espéces qui sont nouvelles pour la science et qui sont dócritesici.» «Pour juger du succés qui a couronnó les nouvelles recherches de C. Ameghino, il suffit cl'enregistrer le nombre d'espéces nou- 1 Les mollusques fossiles du tertiaire et du crétacé supérieur de L'Argentine en los «Anales del Museo Nacional de Buenos Aires» Tomo XIV, pá». 1611, 1900 con láminas. XXXII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. velles qui, seulement pour la saperformation pan-patagonienne (Conjunto de los depósitos Patagónico, y Superpatagónico), s'eléve a 110, y comprises di verses sons espéces.» «Tandis que les colletions de Hatcher x n'ont fourni que trois espéces du genre Pectén, les collections de C. Ameghino nous en fournissent 12 ». Habiendo llegado á resultados idénticos cada uno en su especia- lidad, en muchos puntos de la paleogeografía y principalmente en lo que se refiere al Archi-Continente Antartico que se extendió desde Chile y Patagonia hasta Nueva Zelandia y Australia, desde mucho antes de la aparición de la obra de Ameghino (54), estos dos hombres puede decirse que trabajaron de concierto durante largos años tratando de resolver el sin número de problemas geoló- gicos y jDaleogeográficos que se presentaron paulatinamente con los nuevos aportes de datos, colecciones y descubrimientos que la ciencia hacía aquí, en Europa, en Norte América y en los demás Continentes. La correspondencia cambiada entre Ameghino y Ihering es enorme y sumamente interesante, algunos especímenes de esas cartas pueden leerse en la Revista Argentina de Historia Natural (61), (65), (66), ( 67 ), (68), (76). Si algún día se publicara ésta y la que sostuvo con tantos otros sabios, así como también la de su hermano Carlos, podrían agregarse á la ciencia una infinidad de datos útiles que necesariamente no han podido ser incluidos en los trabajos publicados y que arrojarían nueva luz sobre los hechos establecidos. El trabajo incesante de Ameghino tendía siempre á sintetizar sus conclusiones. Esta característica de su mentalidad, tan contra- ria al parecer con sus tareas de especialista á las que se veía obli- gado por la fuerza de las cosas y que se creía en él una verdadera pasión algo exagerada, era sin embargo el fin que se proponía; y sin dar mayor importancia á esta última, sino como medio de llegar á un fin sintético, aprovechaba de cualquier oportunidad para adelantar conclusiones. De acuerdo con esto, publica sus notas de Geología y Paleon- tología en Inglaterra en 1897 (93 ) y allá también lanzó su teoría sobre que Sud América fué cuna de los mamíferos terciarios (95); aprovechando también del pedido que le hicieran) para publicar en 1 El Naturalista viajero de la Expedición de la Universidad de Princeton. FLORENTINO AMEGHINO. XXXIII el Segundo Censo Nacional su gran Sinopsis geológico paleontoló- gica de la Argentina, con la que culminaba el primer centenar de sus publicaciones 1898 (100). Los resultados de la expedición de Princeton, en cuanto se re- fieren á los estudios geológicos basados sobre los numerosos y graves errores de observación, cometidos por Hatcher, según las propias palabras del Dr. Ihering x , originaron una serie de publicaciones y controversias que Aineghino se vio en el caso de contestar, y de esta discusión cada vez más interesante 3^ llena de datos, surgió su importante trabajo sobre la edad de las forma- ciones sedimentarias de Patagonia (118) en 1903 que debía servirle de base, tres años más tarde, para su gran obra: Las Formaciones sedimentarias del cretáceo superior y del terciario de Patagonia con un paralelo entre sus faunas mamalógicas y los del antiguo contiguo continente (141) -. Hacer una síntesis de esta valiosa obra es tarea bien difícil; ca- da página contiene datos tan importantes y conijDrobaciones de tanto valor, que sólo repitiendo lo que dice ó transcribiendo lar- gos y numerosos párrafos, podría presentarse una idea completa de ella. Amegliino protesta una vez más del modo poco equitativo con que los europeos tratan las cuestiones americanas, no aplicando los mismos principios que aplican en el viejo continente para juz- gar de la edad de los terrenos y de las faunas; y por consiguiente de esa tendencia injustificada de querer rejuvenecerlas junto con las formaciones respectivas, valiéndose de hipótesis que están en pugna con los hechos. La falta ó mala observación directa sobre el terreno y lo defec- 1 Introducción loe. cit. pág. XII «Ce qui a surtout difficulté le progrés, c'étaient les nombreuses et graves erreurs commises par Hatcher». 2 El Dr. Amegliino no pensaba escribir esta obra que quizá más tarde la muer- te se lo hubiera impedido, si felizmente una memoria del Dr. Otto Wikkens no lo hubiera hecho reaccionar, estimulándolo al trabajo. Para demostrar de entra- da que se hallaba mejor informado que su contrincante; á su lista bibliográfica de 87 números, opone otra mucho más numerosa, pues alcanza á 226 obras. Además Ameghino en Enero de 1903, se resolvió á hacer personalmente un viaje á Patagonia para constatar de visu muchos de los datos que su hermano Carlos le había remitido. En Cabo Blanco se encontró por una feliz casualidad con el señor Tournóuer, el feliz descubridor, debido á las indicaciones de C. Ameghino, de fósiles antiguos cretáceos y entre éstos de un esqueleto casi completo de Pyrotherio, que actual- mente se halla en el Museo de París, y juntos pudieron hacer interesantes estu- dios del lugar de los hallazgos. XXXIV MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tuoso de las colecciones reunidas, lian producido errores como el de las relaciones de las capas terrestres y marinas, cuyo estudio hace Ameghino en pocas páginas de un modo magistral. Todas las formaciones y sus relaciones entre sí, son estudiadas á grandes rasgos con sus listas de fósiles marinos ó terrestres co- rrespondientes en sus diferentes pisos, con croquis y cortes geoló- gicos de su distribución en el territorio, y especialmente en los di- ferentes lugares donde pueden estudiarse mejor. Con este libro en la mano, el naturalista explorador podrá en adelante, sobre el terreno, como una guía segura no sólo recono- cer formaciones sino también explorar los yacimientos f osilíferos. En este libro Ameghino tiene capítulos de paleogeografía en ios que trata de las conexiones continentales antiguas y de la distri- bución geológica y geográfica de los mamíferos y de los de Pata- gonia en particular estudiados grupo por grupo, comparándolos con los de otros continentes presentando también sus correspon- dientes cuadros filogenéticos. Termina con una sinopsis rápida de los diversos pisos ú hori- zontes de origen subaéreo ó de agua dulce, que constituyen las formaciones de la Argentina, cuyo número desde 1889, en que publicó su primera serie (54) de veinte, se fué ampliando paulati- namente gracias á los nuevos descubrimientos hasta llegar á treinta y ocho, casi el doble (contando algunos hiatus) y cada uno de éstos con sus correspondientes formaciones marinas. Las faunas de cada piso se hallan detalladas sólo por los géne- ros y un recuento de ellas es muy sugerente; algunas, como la de Santa Cruz presentan 146, tocios extinguidos, y entre ellos los roedores solos dan 20, mientras que los actuales de toda la Amé- rica del Sur llegan á 29 (Según datos del Profesor Scott, en su monografía sobre los roedores en las Publicaciones de la Univer- sidad de Princeton). Y todavía se empeñan en considerar esta fauna como miocena, cuando en el mioceno de Europa, los roedo- res presentan un 33 °/ de géneros aun existentes!! ¡Y qué diremos de las faunas anteriores, todas ellas también con un número relativamente grande de géneros, teniendo en cuenta el área reducida donde fueron descubiertos. La Notostylopense con 129 géneros; la Astraponotense con 47; la del Pjn-otherio con 76; la del Colpodon con 56; la Astrapothericulen.se con 21, y la del Notohippus con 52! ¡Qué sorpresas nos reservarán aún los horizontes más antiguos como el Tardeense y el Protodidelphense, lo mismo que el inter- mediario Tequeense! FLORENTINO AMEGHINO. XXXV Una serie de cuadros gráficos nos muestran también la aparición y desaparición ó supervivencia á través de las épocas geológicas por horizontes de los diversos subórdenes y familias de mamíferos de la Argentina desde el Cretáceo inferior hasta la época actual. Todo esto no puede ser ni producto del empirismo ni del capri- cho, ni de la improvisación, los que hemos seguido la obra de Ameghino sabemos bien que han sido los descubrimientos los que poco á poco han venido como los ladrillos de una casa á cons- truir este gran edificio científico pero cuya grandiosa concepción se debe á la mente genial de su arquitecto que ha ido estudiándo- los durante una larga vida de trabajo desinteresado y sincero. Si bien es cierto que por lo expuesto pudiera suponerse en mí, á pesar de mis protestas de serio convencimiento, un exagerado entusiasmo por la obra de mi sabio amigo dejo la palabra al Dr. Ihering que con más autoridad ya la ha juzgado con las siguientes frases que tomo del final de la introducción de su obra sobre los Moluscos ya citada : «Le nouveau et important travail de Florentino Ameghiu o, publió en 1906, peut étre consideré comme un Manuel de la Géolo- gie et de la Paléontologie de l'Argentine a partir du crótacé jus- qu'á nos jours, et la maniere comme je suis d'accord avec cet auteur m'a permis de laisser de cote beaucoup de questions géolo- giques que l'on trouve bien exposées dans le libre indiqué.» El último trabajo geológico importante del Dr. Ameghino fué su prolijo y minucioso estudio sobre las formaciones sedimenta- rias de las región litoral de Mar del Plata y Cha|)alinalal ( 149 ), que dio por resultado el descubrimiento de un nuevo horizonte de la Formación Araucana interpuesto entre el piso Hermosense y la Formación Pampeana, que llamó horizonte Chcqjalmahnse. Este nuevo horizonte caracterizado por su fauna propia, fué tomado por los Dres. Steinmann, Eoth y Lehmann-Nitsche como igual al Hermosense y atribuido por ellos como formando parte de la Formación Pampeana (Pampeano inferior). Lo curioso del caso es que sólo les bastó un día de observaciones contado con el viaje ida y vuelta á Mar del Plata hasta ese punto (Barranca de los Lobos) y con una rápida ojeada, puede decirse, teniendo en cuenta sólo el cambio de color de las capas y algunas ligeras observaciones decidieron la cuestión. En cambio el Dr. Ameghino efectuó, á raíz de las publicaciones de sus colegas tres viajes que reunidos suman cuarenta días de trabajo útil recorriendo á pie toda la costa Atlántica desde la XXXVI MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. boca de la Mar Chiquita al Norte hasta la boca del Arroyo Chocorí; al Sur, revisando todo prolijamente, haciendo cortes y perfiles y recogiendo abundantes colecciones de toda especie. El resultado, como puede suponerse, debía ser muy distinto y esa publicación así lo comprueba. Con razón el profesor Cossmann 1 , al dar cuenta del trabajo del Dr. Ihering, el año pasado 1910, se expresa del siguiente modo: «Nous devons ajouter qu'il est toujours téméraire de juger á distance cette difficile question de stratigraphie Patagonienne, d'aprés des materiaux plus au moins súrs, rapportés en Europe, alors que les f reres Ameghino, — qui sont la bas sur place et qui ont recueilli d'immenses series de vertebres et d'invertébrés avec une authenticité complete des localités — sont beaucoup mieux qualifiés que nous pour affirmer la successión des conches. La Stratigraphie ne peut pas se faire en chambre ! » Su OBRA ANTROPOLÓGICA. Desde su iniciación en los estudios paleontológicos, Ameghiuo se vio abocado al problema del hombre fósil en nuestras Pampas. Y no podía ser de otro modo; sus trabajos de exjDloración poco á poco le iban suministrando materiales cuyos caracteres no podían pasar desapercibidos á su vista de observador minucioso y sagaz. La gran cantidad de huesos fósiles rayados, estriados, con señales de golpes, partidos longitudinalmente, quemados, junto á fragmentos de carbón vegetal y tierra cocida é instrumentos de piedra primitivos que iba recogiendo, tenían que traerlo paulati- namente á la evidencia de que sólo la intervención del hombre podía haberlos producido. Más tarde el descubrimiento del esqueleto humano del arroyo de Frías, confirmó definitivamente sus deducciones anteriores. En esos primeros años, Ameghino luchó contra la incredulidad y los prejuicios, y tanto es así que su primer trabajo (1) tuvo que ser publicado en el extranjero, pidiendo hospitalidad á una revista de geología en 1875. La historia de estos primeros tiempos hasta su viaje á Europa 1 Cossmann M., Revue Critique de Paléozoologie. Quatorziéme Année 1910, pp. 106 á 107. FLORENTINO AMEGHINO. XXXVII es por demás conocida y se halla publicada en diversos trabajos, encontrándose su síntesis en la obra del Dr. Lehmann-Nitsche 1 , y para nosotros sería tarea por demás inútil ocuparnos de ella. Cuando Ameghino emprendió su viaje á Europa, llevó todo su material comprobatorio que hizo examinar por hombres como de Quatrefages, Grervais, Cope, Mortillet, Villanova, Capellini, Car- tailhac, Rivero y muchos otros, y al mismo tiempo siguiendo igual procedimiento que con los fósiles, había preparado su cor- pus literario de todo lo que se refería al hombre americano cuyo resultado fué la publicación de su gran obra «La Antigüedad del Hombre en el Plata» ( 22), que como bien lo dice el Dr. Lehmann- Nitsche, representa una columna miliaria en la historia de la paleoantropología sudamericana \ A su vuelta no sólo traía Ameghino su obra impresa y el cono- cimiento de visu de todo el material paleoantropológico de los museos principales de Europa, sino también el estudio personal de algunos de esos famosos yacimientos en los cuales exploró con éxito, publicando sus resultados en la conocida revista de Broca (17 á 21) y en el Boletín de la Sociedad Geológica de Francia. Solicitado desde entonces por sus trabajos paleontológicos, aunque sin descuidar aquéllos (32 y 36) poco se ocupó de los que se referían al hombre; hasta que le tocó visitar y estudiar el inte- resante yacimiento de Monte Hermoso. Los vestigios que allí encontró, le revelaron la presencia de un ser inteligente en una época muy anterior á la de todos los descubrimientos efectuados hasta entonces, que más tarde aprovechó la oportunidad para pasarlos en revista estudiándolos uno por uno, en la primera parte de su gran obra sobre los mamíferos fósiles (54). El descubrimiento de los restos de prosimios y monos en el cre- táceo de Patagonia y en la formación Santa Cruceña (eoceno) indujo á Ameghino á estudiar filogenóticamente la cuestión del hombre y su ulterior distribución publicando los resultados en su trabajo sóbrelas formaciones sedimentarias de Patagonia (141). Bien vale la pena de recordarse las palabras con que inicia ese capítulo, que representa todo un programa ( 141 pág. 439 ): «Malgró les innombrables travaux des anthropologistes, la question de l'origine de l'homme et de ses relations avec les diffé- 1 Nouvelles recherches sur la Forrnation Pampeenne et l'homme fossile. Revis- ta del Museo de La Plata, tomo, xiv pág. 191 y sig. a Op. cit. pág. 193. XXXVIII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. rents groupes des Primates, scmt des problein.es qui n'ont pas encoré de solutions. Les materiaux paléontologiques rencontrés dans l'Argentine, quoiqu'ils ne resolvent pas encoré ees questions, nous font entrevoir les solutions définitives, qui semblent bien différentes de celles qu'on attendait. Mais pour en arriver la, il faut débarrasser le chemin de beaucoup de préjugés.» Uno de estos prejuicios es el de considerar como primitivo el habitat arborícola tn los primatos, confundiendo el carácter de la oponibilidad del dedo pulgar, que es realmente primitivo, con la facultad de trepar, que es una adaptación secundaria. Otro prejuicio es el de tomar como caracteres primitivos los lla- mados pitecoides ó simianos que se hallan principalmente en los monos del antiguo continente y que representan un estadio de evolución mucho más avanzado que en el hombre, y en este sen- tido plantea Ameghino el problema de las dos líneas de evolución divergentes que han seguido los primatos, una que conduce á la humanización y otra á la bestialización. De acuerdo con esto, la línea del hombre, lógicamente debe buscarse en seres con cráneo liso sin crestas salientes ni otros caracteres pitecoides, desde el momento que su característica es el tener un cráneo redondeado que ha permitido el constante desarrollo del cerebro y por consiguiente como resultado final la primacía del cráneo cerebral sobre el cráneo facial. La línea de los monos debe buscarse, pues, en una época muy remota, en momentos en que la tendencia hacia la osificación del cráneo se hizo muy intensa á causa del exagerado desarrollo de la parte facial. Así, pues, dentro de este orden de ideas Ameghino llegó á la conclusión de que el hombre no debía ser considerado como un mono perfeccionado, sino que los monos, al contrario, aparecían como hombres bestializados. Esta conclusión es sobre todo evi- dente en los Antropomorfos; en el Pithecanthropus de Java y aun en el hombre del Neanderthal, representantes estos últimos de lí- neas divergentes extinguidas que se han separado del tronco co- mún en una época muy reciente 1 . En consecuencia, la evolución del tipo humano debe buscarse 1 El señor Profesor Rodolfo Senet, en su trabajo Questions d'Anthropogenie en Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines de la Universidad de la Plata, núm. 3, 190U, ó en Los ascendientes del hombre según Ameghino, Bol. de Instrucción Pública, T. II, núm. 6, 1909, llega á iguales conclusiones. FLORENTINO AMEGHINO. XXXIX por aumento de talla y por desarrollo gradual del cráneo cerebral, no debiendo por consiguiente extrañarse de que los restos huma- nos fósiles que á través de las capas geológicas van apareciendo y que pertenecen á la verdadera línea del hombre, presenten ca- racteres poco diferentes á los del hombre actual. Los hechos han confirmado á mi modo de ver estas conclusiones de Ameghino. La parte correspondiente á los precursores del hombre en esta obra (141) es sumamente interesante no sólo del punto de vista f ilogenético sino también de la distribución geográfica de los pri- matos, cuyo origen fué la América del Sur. No está demás transcribir dos párrafos de Ameghino que con- densan la cuestión y que prueban que lógicamente nunca se opuso á los que puedan pretender para la humanidad un origen polige- nista (pág. 450). «Or, comme tout concourt pour démontrer que les relations entre F Afinque et l'Amérique du Sud son anterieures au miocéne superieur, nous en concluons que c'est le précurseur de l'homme c'est á-dire VHomosimius qui, pendant le miocéne inférieur ou l'oligocéne superieur, passa de l'Amérique du Sud á l'Ancien Continent en compagnie des Cercopithécidés. Les anthropomor- phes n'ont apparu que plus tard; ils se sont separes des Hominiens prenant le chemin de la bestialisation; cette séparation a eu lieu sur l'Ancien Continent.» «Dts précurseurs de l'homme ayant vécu sur les deux continents des le commencement du miocéne, il est également j>ossible que Thomme ait pris origine indépendamment sur les deux continents, par l'évolution et la transformaron de deux ou plusieurs précur- seurs.» Parece que se hubiera esperado que Ameghino lanzara sus nuevas teorías, para que se tuvieran que aplicar sobre nuevos materiales que ; ó habían pasado desapercibidos antes ó aparecían en las nuevas colecciones que se efectuaban; tal fué el caso del Tetraprothomo y más tarde del Homo pampeus y del Diprotho- mo (146 y 157 ). Analizar estas dos interesantísimas monografías no sólo sería sumamente largo, sino también fuera de lugar. El Prof . Senet entre otros han abundado en detalles y han exteriorizado lo esencial que ellas contienen. El mundo antropológico, en el sentido de los especialistas, ha recibido ambos trabajos con muchas desconfianzas, con críticas abundantes en las que entre otras cosas no han escaseado las fra- ses guarangas é impropias de la serena discusión científica. XL MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Sin embargo, los hechos no se pueden destruir, y en lo que se refiere á su interpretación, las publicaciones del Dr. Ameghino deberán estudiarse mejor, sin prejuicios, con el material original por delante y entonces se le podrá por lo menos reconocer qué caudal admirable de golpe de vista, sagacidad, riqueza de recursos y de fina observación poseía este gran sabio argentino, este sabio universal, según la feliz expresión del Dr. Lehmann-Nitsche cuando honró su memoria en la cátedra que con tanto acierto dicta en la Facultad ele Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires l . El Tetraprotliomo está fundado sobre un fémur incompleto y un atlas; si bien le han discutido el primero, no han podido menos que aceptar el segundo hueso, tanto más que el Dr. Lehmann- Nitsche, que también lo estudió, no ha trepidado en atribuirlo á un primato terciario que por lo menos se remonta al plioceno (mioceno para Ameghino). El Diprothomo fué fundado sobre un gran fragmento de calota craneana; y aun cuando el profesor Mochi, que lo estudió personal- mente, no le dé la orientación del Dr. Ameghino, le reconoce sin embargo importancia, como puede verse por las siguientes pala- bras con que terminó su nota preventiva sobre este cráneo 2 . «Nonostante ció questa calotta presenta sempre dei caratteri, come l'estrema bassezza della volta, la forma delle árcate orbitali e della glabella, forse la diregione della sutura corónale, la poca sporgenza verso él basso dell'apofisi nasale del frontale, ecc; che possono farla considerare come rappresentante un tipo umano assai particolare, e tanto piú interessante in quanto (fino á prova contraria) é da considerarsi proveniente da un orizzonte geológico ben piú antico di quelli a cui appartengono tutti gli altri resti umani oggi conosciuti.» El profesor Sergi, en su último libro L'Uomo 3 ; reúne el Tetra- protliomo y el Díprothomo y con ambos funda su género Proan- 1 Ameghino como Antropólogo: Extracto de la Conferencia pronunciada por el Dr. Roberto Lehmann-Nitsche, en homenaje del malogrado sabio, en la Fac. de Fil. y Letras, en Renacimiento, año ni, núm. 1, 31 de agosto, 1911. a Revista del Museo de La Plata. Tomo xvn, pág. 70, 1910-1911. A esta nota del Prof. Mochi el Dr. Ameghino respondió con dos publicaciones (166 y 114) 1910 y 1911. 3 L'Uomo secondo le origini, l'Antichitá, le variazioni e la dedribuzione Geográfica. Sistema N atúrale di Classificazione. Fratelli Bocea editori Milano, Tormo, Roma, 1911. FLORENTINO AMEGHINO. XLI thropus como antecesor del tipo ele formas añtrópicas, admitiendo que puedan ser dos especies l . En cuanto al Homo pampaeus, fundado sobre los cráneos de Miramar y Xecochea, el Profesor Mochi produjo una crítica á su vuelta á Europa en el conocido Archivio per lAntropologia e la Etnología, de Firenze -, crítica que he reputado providencial, pues ha permitido al Dr. Ameghino, puede decirse en vísperas de su muerte, producir sus tres últimas memorias (175, 170 y 177) en las cuales corrige errores de su contrincante y una vez por todas deja sentada la edad de las formaciones sedimentarias terciarias de la Argentina. Para el Prof. Mochi los cráneos de Necochea números 1 y 2 pueden invocarse como los solos documentos para probar la exis- tencia de la forma peculiar del Homo pampaeus. «Che essi abbiano caratteri tali da non rientrare in nessuno dei tipi craniensi noti in Hominidae senza pero sconfinare da questa familia é cosa su cui non puó cader clubbio. Ma costituiscono essi un genere, una specie una semplice varietá ó variazione uma- na?» se pregunta (op. cit. pág. 246). Sin embargo, emite la opinión de que «si possa vedere in pam- paeus un' unitá tassinomica di grado (quale ?) appena inferiore, se non equipollente, á neanderthalensis» (página 247) cuyos rasgos principales que lo individualizarían serían: «l'associazione della sua architettura cranie'nse alia sua picolezza, alia lunghezza della faccia, all'altezza dell orbite, alia leptorinia, al grado del pro- gnatismo totale, ai caratteri della mandibola, alia bassissima sta- tura, ecc. che ce lo dimostra forma ben isolata» (pág. 248). El Prof. Mochi hace notar que algunos de estos caracteres ha- cen pensar de cierta manera en los Esquimales y: «Ad ogni modo volendo daré un qualque significato de parentela alie innegabili somiglianze, tenendo contó dell antichitá geológica dei reperfci di Xecochea, dei caratteri di primitivitá che essi hanno e del fatto che gli Eschimesi sembrano quasi esagerare certi tratti morfolo- gici di pampaeus, si potrebbe concludere solo che esso é un prees- chimoide, cioé l'ascendente pin o meno diretto, o il rappresentante collaterale di un ascendente, del moderno tipo schimese al cuale, si verrebbe cosi a attribuire un origine americano indipendente 1 Op. cit. pág. fi4. -' Appuuti sulle Paleoantropología Argentina vol. xl pp. 203 á 254 a. 1910. XLII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. - da quella clei mongoli. Ma non bisogna dimenticare che una certa convergenza in alcuni caratteri e interpretabile anche in ben altro modo» (pág. 240). Como se puede ver, el Profesor Mochi, aunque difiriendo en muchos puntos con el doctor Ameghino ha encontrado en el Homo pampaeus un tipo interesante de un gran carácter arcaico, con caracteres propios que pueden hasta hacerlo admitir como un antecesor directo ó indirecto de los esquimales por sus «innegabili somiglianze.» A pesar de todas sus reservas causadas en gran parte por su deficiente documentación respecto de la antigüedad del yaci- miento, para las ideas sostenidas por el doctor Ameghino, esto ya es mucho; por lo pronto es un probable antecesor de algo y en cuanto á su edad creemos que después de las últimas memorias ( 175, 176, 177 y 179 ) pocos serán los que lleguen á dudarla 3ra. Por nuestra cuenta agregaremos que de acuerdo con las ideas expresadas por el Dr. Ameghino sobre la evolución del tipo hu- mano, es muy natural que el Prof. Mochi encuentre que ningún carácter tomado aisladamente en sí mismo sea suficiente para di- ferenciar netamente el Homo pampaeus del Homo sapiens (pá- gina 247); puesto que no hay que olvidar que el hombre es uno de los seres más conservadores respecto de sus caracteres y que gra- cias á esto ha podido conservar entre otras cosas la arquitectura de la mano y su arsenal dentario, á pesar ele todas las vicisitudes por que ha tenido que pasar á través de las edades geológicas desde que se inició su forma típica. De acuerdo con esto, es que no debe extrañarnos que en este tipo primitivo pampaeus plioceno, se encuentren ya los mismos caracteres que se hallarán después en sus descendientes del tipo sapiens los que se encargaron de acuerdo con la línea de evolu- ción que cada uno tomó, de modificarlos y aun ele exagerarlos, pudiéndose ver esto en los cráneos cuaternarios que se han halla- do aquí, y mejor aún en los del cuaternario de Europa. Por lo demás, creo que los caracteres aislados en los tipos hu- manos nunca nos dirán nada y sólo el conjunto de todos ellos es el que puede darnos una idea general de los tipos sucesivos por que ha pasado la humanidad hasta la gran diversificación que ha llegado en nuestros días l . 1 Conozco un cráneo fósil argentino cuya circunferencia horizontal tiene la mis- ma cifra de la que le dieron á Ten Kate doce hombres célebres; cuyo índice FLORENTINO AMEGHINO. XLI1I Si bien el tipo pampaeus de Necochea puede presentar á su vez una especificación determinada, no es menos cierto que nos muestra una de esas etapas importantísimas que han permitido al Dr. Ameghino establecer su proceso evolutivo del cráneo humano. Por esto es que el Profesor Sergi en vez reputa de gran importan- cia el Homo pampaeus de Ameghino y se sirve de él para fundar su género ArcJiaeanthropus que considera el género de hominidios más antiguo que se conozca *. Además, sostiene que el hombre, como los demás primatos y muchos grandes mamíferos, deben haber sido un producto de la época terciaria y no de la cuaternaria (pág. 49) y admite la posibilidad de que también en América pudo haber tenido origen el tipo hombre, Homínidae (pág. 50) y después de es- tudiar, muy bien informado respecto de la literatura, los trabajos del Dr. Ameghino se declara partidario de sus ideas, salvo peque- ños detalles (pág. -61). La conversión del ilustre innovador de la Antropología, y te- niendo además en cuenta las conclusiones diametralmente opues- tas á que había llegado en su libro anterior «Europa», respecto de la posibilidad de que en la América Meridional hubiera podido tener lugar el origen del hombre, demuestran en el Profesor Sergi una mentalidad elevada y juvenil á pesar de sus años, que no sólo asombra sino que lo hacen acreedor mayor respeto y aplauso. Al fin el Dr. Ameghino, después de una tremenda lucha en busca de la verdad y en momentos que muchos antropólogos mi- raban con desdén y criticaban con harta crueldad sus trabajos, hallándose en vísperas de cerrar los ojos para siempre, pudo sentir la inmensa satisfacción de ver que desde la Europa misma, de la cual tanto se le combatía, se levantaba otro cerebro poderoso recogiendo el guante y haciéndole justicia 2 . Por fin, en un último trabajo de este sabio á propósito del Dipro- fronto parietal lo coloca al lado de los seminólas,- cuyo índice de la posición bregmática lo acerca á los alsacianos tf- t el índice facial superior lo aproxima más álos europeos que á un fidjiano; etc., etc., mientras tanto en su conjunto parece pertenecer a la raza de Lagoa Santa. 1 Op. citada, pág. 25 y 82. 2 Además, son en ese libro de gran interés las ideas expresadas por este ilustre antropólogo en las páginas 49 á 70 y 211 á 284, la nota de la página 367, lo que se refiere al cráneo de Fontezuelas pág. 373 y el sabroso epílogo pág. 416 á 421 en el que contesta en cuatro rasgos á los críticos de Ameghino á propósito de estos trabajos antropológicos. XLIV MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tomo platensis l estudia la cuestión de la posible orientación de ese fragmento craneano, y después de refutar á los que habían criticado las deducciones de Ameghino, le hace justicia con estas palabras: « . . credo che Ameghino si avvicini piu al vero che non Schwalbe, Fredemann, V. Luschan e Mochi, senza la possibilitá di tentare una riconstruzione del fragmento, che sarebbe fantás- tica». La cuestión del hombre fósil no está terminada; aun quedan una serie de problemas interesantes que en los últimos tiempos de su vida el Dr. Ameghino, enunció ó llamó la atención sobre ellos y sobre los cuales se proponía y preparaba para escribir más ade- lante con más tiempo y más calma. Algunos de ellos como la cuestión de las tierras cocidas y esco- rias consideradas como productos antrópicos tienen ya su biblio- grafía especial perteneciendo á Ameghino varios trabajos 153, 154, 155, 156, 160 y 161. Con ocasión de los Congresos de Americanistas y Científico In- ternacional Americano, aprovechó el Dr. Ameghino para presentar una serie de Memorias (162, 163, 164, 165, 169, 170, 171, 172, 173) describiendo nuevos hallazgos de fósiles humanos y productos de sus obras y una vez más pudo comprobarse su gran poder de obser- vación y de sagacidad como en el caso de la industria de la pie- dra hendida, sobre la cual el Dr. Lehmann-Nitsche, tan avezado á esta clase de observaciones, ha llamado la atención -. Deja su último trabajo inconcluso (1 79) sobre el origen polige- nético del lenguaje, que debía ser voluminoso y ya había reunido muchos é interesantes materiales cuando las últimas tres memo- rias provocadas por la crítica del Profesor Mochi le hicieron abandonar esa tarea, que quién sabe cuándo hubiese reanudado, pues ya se preparaba á contestar á Schwalbe y á otros que se habían ensañado con sus producciones, cuando la cruel enfermedad que lo había postrado le impidió ocuparse de más. Y fueron meses tan crueles y angustiosos para sus amigos, que resolvimos evitarle todo trabajo que pudiera excitar su actividad; 1 Revista de Antropología. Atti della Societá Romana di Antropología, vol. XVI. n.° 1 pág. 122- 1911. -' El problema de los eolitos tratado en Europa con tanto empeño, se reflejó también en la mente de Ameghino. Son admirables sus hallazgos de una anti- gua industria litica á orilla de Necochea 3 _ Miramar; y quienes hemos tenido la suerte de examinar personalmente aquel campo de exploración, hemos quedado admirados de la perspicacia con que ha sabido arrancar á la piedra tallada sus secretos. Op. cit. en Renacimiento, pág. 5. FLORENTINO AMEGHINO. XLV las últimas críticas producidas no le fueron comunicadas, y entre otras cosas tampoco pude reclamarle el estudio ó por lo menos sus ideas generales sobre los cráneos fósiles de Guerrero, que en parte exhumamos juntos, en una laguna desecada que presentaba el pampeano inferior, y de los que hace una breve mención y da su curva sagital en uno de sus trabajos ( 177 ) prometiendo una monografía que íbamos á escribir en colaboración. Como puede verse por lo expuesto, las cosas lian cambiado ya mucho desde la iniciación de la cuestión del hombre fósil argen- tino: la larga lucha sostenida por Ameghino ha ido dando sus frutos paulatinamente. Primero fué el reconocimiento del hecho de la existencia de fósiles humanos en la Argentina, el que durante un largo período de tiempo no se aceptaba: segundo, el reconocimiento de los tipos fósiles más antiguos como formas importantes y dignas de estudio apesar de todas las críticas algunas de ellas violentas, como las de von Luschan. Esto solo bastaría para dar celebridad á cualquier hombre de ciencia, pero si á ello se agrega su obra en el campo paleontoló- gico, geológico y paleogeográfico, cuya síntesis puede verse en su trabajo ( 167 ) publicado en ocasión de nuestro Centenario y se mide la enorme suma de labor realizada por Ameghino ó por su influencia y estímulo en los últimos treinta años, habrá que reco- nocerle condiciones de cerebración superior que lo colocan aliado de los sabios más eminentes. Su obea como Director del Museo En Abril de 1902 el Superior Gobierno de la Nación, procedía á hacer un gran acto de justicia honrando al Dr. Florentino Ame- ghino, con aplauso de todos los hombres de ciencia del país y del extranjero, con el cargo de Director del Museo Nacional, en reem- plazo del malogrado Dr. Carlos Berg. Con su actividad característica se puso desde el primer momen- to en campaña para conseguir un nuevo edificio para el Museo teniendo en cuenta no sólo el mal estado del local actual, sino también su insuficiencia. La laboriosa y desesperante gestión del Dr. Ameghino sobre este desgraciado asunto se halla reseñada en una publicación ( 168 ) XLVI ML' SEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. escrita con valentía, en la que se refleja toda la amargura que re- bosaba en su alma en esa lucha de diez años, contra una serie de causas imprevistas que se fueron oponiendo á la realización de su ideal. Conociendo el carácter de Arneghino, no es difícil darse cuenta á través de sus páginas que esta gestión malhadada, tuvo no poca culpa en la enfermedad insidiosa que lo llevó á la tumba. Los que hemos acompañado al Dr. Ameghino, durante ese largo período fuimos testigos de los sinsabores, y mortificaciones que sufría continuamente, ya sea á causa de cada una de las nuevas contrariedades que se presentaban para la realización de la obra, ya con motivo de las numerosas visitas de hombres de ciencia extranjeros que se asombraban del estado de ruina en que se ha- llaba el local del Museo Xacional y á quienes había que dar una serie de explicaciones para salvaguardar, aunque fuera mintiendo, nuestro amor propio nacional tan deprimido ante el verdadero estado de cosas. Sin embargo, hasta el último momento Ameghino no desmayó en su propósito, y pocos meses antes de morir tuve el sentimiento de verlo ir á continuar sus gestiones, en medio de atroces dolores, caminando con una úlcera diabética abierta en un pie. Desgraciadamente la profecía que estampara en su informe (1t. Geog. Arg., t. xx, pág. 501-602. 1895. 88. Premiére contribution á la connaisance de la faune mammalo¿ i- que des conches á Pyrotlierium, In 8 o de 60 páginas y 4 gra- bados intercalados. Buenos Aires, 1895, y en Bol. Inst. Geog. Arg., t. xv, pág. 603-660. 1895. LVI MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 89. Sur les édentés fossiles de V Arg entine (examen critique, revisión et correction de l'ouvrage de M. R. Lydekker: The Extinct Edentates of Argentina, etc.), en Bol. del Jard. Zool. de Bue- nos Aires, t. ni, ent. 4 a , pág. 97-198, con numerosos graba- dos. 90. Notas sobre cuestiones de Geología y Paleontología Argentina. In 8 o de 35 páginas, y en Bol. Inst. Geog. Arg., t. xvn, pág. 87-119, 1896. 91. Sur l'évolution des dents des mammiféres. In 8 o de 139 páginas con 4 grabados, en Bol. Ac. N. C, t. xiv, pág. 381-517, 1896. 92. Bibliografía. Manual de Paleontología, por Carlos A. Zittel, en Bol. Inst. Geog. Arg., t. xvn, pág. 231-239. 1896. 93. Notes on tlte Geology and Palaeontology of Argentina (trans- lated with Suplementary Observations, by Arthur Smith Woodward), en Geológica! Magazine, decade iv, vol. iv, ii° 391, página 4-118, Enero, 1897. 94. La Argentina al través de las últimas épocas geológicas. In 8.° de 35 páginas y 24 grabados intercalados. Buenos Aires, 1897. 95. South América as the source of the Tertiary Mammalia (trans- lated by Mrs. Smith Woodward), en Natural Science, vol. xi, ii° 68, páginas 256-264. Octubre, 1897. 96. Les Mammiféres crétacés de V Arg entine. En Bol. Inst. Geogr. Arg., t. xviii, 1897, con 86 grabados intercalados. Aparte, in 8 o de 112 páginas. 97. Sur les anciens Mammiféres de Patagonie, en Revue Scientifique del 10 de Julio de 1898, París. 98. L' Age des conches fossiliféres de Patagonie; nouvelles découvertes des Mammiféres fossiles, en Revue Scientifique, 4 a ser., t. 10, página 72 y sig. 1898. 99. Premiére notice sur le Neomylodon Listai, un représentant vivant des anciens édentés gravigrades fossiles de V Arg entine y 8 páginas. La Plata, 1888, y versión inglesa, An Extint, Ground Sloth in Patagonia, en Natural Science, vol. xni, página 324-326. London, 1898. 100. Sinopsis geológico-paleontológica (de la Argentina). En Segundo Censo de la República Argentina, 1. 1, in 4 o , página 112-255 con numerosos grabados. Buenos Aires, 1898. 101. Sur l' Arrhinolemur, mammiíere aberrant du tertiaire de Pa- raná, en Comptes-rendus des séances de V Académie des Scien- ces. París, 1898. FL0EEKT1K0 AMEGHINO. LV1I 102. De la cause qui a produit l'avancement ou le retan? du déve- loppement des deferentes catégories de molaires dans la classe des mammiféres, en Bulletin de la Société Géoloqique de France. 1898. 103. Sota preliminar sobre el Loncosaurus argentinus, en Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo xlvii, páginas 61-62 1898. 104. Un Sobreviviente actual de los Megaterios de la antigua Pampa, en La Pirámide, capítulo n, página 51-54, Junio 15 de 1899 y capítulo ni, páginas 82-84, Julio l.°de 1899. La Plata. 105. Sinopsis geológico-paleontológica. Suplemento. In-folio de 13 páginas. La Plata, Julio de 1899. 106. El Mamífero misterioso de la Patagonia (Neomylodon Listai). In 8 o de 16 páginas. La Plata, 1899. 107. Los Infinitos, en La Pirámide, tomo i, capítulo v, páginas 141-142. La Plata, Agosto 1.° de 1899. 108. El Infinito Materia, en La Pirámide, t. u, páginas 244 y siguientes. 1899. 109. La Constitución de la materia y el infinito movimiento, en La Pirámide, t. n página 311 y siguientes. 1899. 110. Nota prelimininar sobre el Loncosaurus argentinus, en Anales de la Sociedad Científica Argentina, t. xlvii, páginas 61. 1899. 111. Los Arrhinolemuroiclea, un nuevo orden de mamíferos extin- guidos, en Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. i, n° 5, página 146-51. 1899. 112. On the Primitive Type of the Plexodont Molars of Mammals, en Proceed. Zool. Soc. of London, 1899, páginas 555-575 ; con 16 grabados intercalados. 113. Presencia de mamíferos diprotodontes en los depósitos terciarios del Paraná, en Anales de la Sociedad Científica Argentina tomo xlxlx, página 245 y siguientes (con grabados). 1900 y aparte, inciso 8 o , de 8 páginas. 114. Das Neomylodon Listai. Ein unlangst aufgefundenes Megathe- riam, en Mutter Erde, iv, Bd. n° 27, página 2, Marzo. 1900, Berlín. 115. Mamíferos del cretáceo inferior de Patagonia (Formación de las areniscas abigarradas), en Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. i, n° 6, páginas 197-206, Mayo de 1900, con 5 figs. y aparte. 116. Grypntheriuin, nom de genre a éf facer, en Comunicaciones del Museo Nacional de Buenos Aires, t. i, n° 7, páginas 257-260. 1900. LYIII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 117. Notices préliminaires sur des ongulés nouveaux des terrains crétacés de Patagonie, en Bol. Acad. Nac. de Cieñe, t. xvi, páginas 349 y sig., y aparte de 80 páginas. 1901. 118. L 'Age des formations sédimentaires de Patagonie, en Anales Sociedad Científica Argentina, t. l, páginas 109-130, 145-165 209-229; t. lí, páginas 20-39, 65-110; t. li, páginas 189-197, 244-250; t. liv, páginas 161-180, 220-249, 283-342, 1900 á 1903, y en Rev. de Paléozologie, pág. 148. 1903. 119. Línea filogenética de los proboscídeos, en Anales del 31a seo, Nacional, ser. 3 a . pág. 19, t. i. 1902. 120. Premiére contribución d la connaissance de la Faune mamma- lugique des coliches á Colpodon, págs. 71-140, t. xvn, Boletín Ac. de Cieñe. Córdoba, 1902. 121. Notices préliminaires sur des mamiféres nouveaux des terrains crétacés de Patagonie, en Bol. Acd. N. de C, tomo xvn, pág. 5-73, Córdoba, 1902.' 122. Los Diprotodontes del orden de los Plagiaulacoideos y el origen de los roedores y de los Polimastodontes, en An. Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3 a . t. 11, págs. 81-192, 121 figuras. 1903. 123. Avertissement au su jet du Carolibergia azulensis, en An. del Museo Nacional. 2. a serie, t. ir, ]3ág. 395, año 1902. 124. Com mu ni catión ¿pistoleare sur la géologie de Patagonie, en Revista Crit. de Paléozool., págs. 148-151, Paris, 1903. 125. Notan sobre algunos fósiles nuevos del valle de Tarija, en Anahs del Museo, pág. 225. 1902. 126. Le Pyrotherium n'est pas parent du Diprotodonte, en An. del Mus. Nac, p. 223, 3 a , Serie t. 1. 1902. 127. Sur la Géologie de la Patagonie. Anales, etc.,p. 322, t. 1, 1902. 128. Recherches de Morphologie philogén etique sur les molaires supérieures des ongulés, pág. 541. 1904. 129. Surletypeprimitive des molaires plexod. des mammif. p. 419, Anales. 1903. 130. Paleontología Argentina. Relaciones filogenéticas y geográ- ficas. Conferencia dada en Febrero de 1904, en Buenos Aires al curso especial de profesorado; pág. 79. 1904. 131. Nuevas especies de mamíferos cretáceos y terciarios de la R. Argentina, en An. de la Soc. Cient. Arg., ts. lvi, Lvny lyiii. 1904. 132. La Perforación astragaliana en los mamíferos no es un carácter originariamente primitivo, en An. Mus. Nac. B. A., ser 3 a , t. iv. pp. 349-460, con 98 fig. 1904. FLORENTINO AMEGHINO. LIX 133. La Perforación astragaliana en Priodontes, Canis y Typothe- rium, en An. Mus. Nac, ser 3 a , t. vi, pp. 1-19. 1905. 134. La Perforación astragaliana en el Orycteropus y el origen de los Orycteropidea, en An. Mus. Nac, pp. 59-95. 1905. 135. Presencia de la perforación astragaliana en el Tejón, en An. Mus. Nac, id p. p. 1193-201. 1905. 136. La Perforation astragalienne sur quelques mammiféres du mio- céne moyen de Frunce, en An. Mus. Nac, pp. 41 58, ser. 3 a , t. vi. 1905. 137. Reemplaza miento de un nombre genérico, en An. Soc. Cient., T. 59, p. 75. 138. La Faceta articular inferior única del astrdgalo de algunos ma- míferos, no es un carácter primitivo, en An. Mus. Nac, Ser. 3 a , t. v, pág. 1-64, 1905. 139. Les Edenfés fossiles de France et cV Allemagne, en An. Mus. Xac, ser. 3a, t. vi, pp. 175-250. 1906. 140. Enumeración de los impennes fósiles de Patagonia y de la isla Seymour, en An. Mus. Nac, pp. 97 á 167, Ser. 3 a , t. vi, 1906- 141. LesFormations sédimentaires du crétacé supérieur et du tertiaire de Patagonie, con un paralelo de sus faunas con las del Viejo Continente, pág. 568, 1906. Tiraje aparte de los An. del Mus. Nac. 142. Mi credo. 33 págs. in 8.° Buenos Aires, 1906. 143. El Origen del Hombre, in 8°, de 41 pág., La Plata, 1907. 144. Les Toxodontes á comes, en An. del Mus. Nac, pp. 49-91 ser. 3 a , t. ix. 1907. 145. Notas sobre una pequeña colección de mamíferos, procedentes ele las grutas calcáreas de Ipiranga (Brasil), en Rev. Museo Pa alista, vol. vii, pp. 59-124. 1907. 146. Notas preliminares sobre el Tetraprothomo argentinus, en An. Mus. Nac, pp. 107-242 (Ser. 3 a , t. íx). 1907. 147. Sobre dos esqueletos de mamíferos fósiles, 35-43 t xvi, An. Mus. Nac. 1907. 148. Notes sur les poissonsdu Patagonien, en An.Mus. Nac,t. xvi, ser. 3 a , t. íx pp. 447-497). 1908. 149. Las Formaciones sedimentarias de la región litoral de Mar del Plata y Chapalmalán, en An. Mus. Nac, pp. 343-428, Ser. 3 a , t. x. 1908. 150. Tatous fossiles de France et cV Allemagne, pp. 93-110, ser. 3 a , t. x. 1908. 151. El Arco escapular de los edentados y monotremos y el origen LX MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. reptil oide de estos dos grupos de mamíferos, en An. Mus. Nac, ser. 3 a , t. x, pp. 1-91. 1903. 152. Encoré quelq. mots sur les tatous foss. de Frunce et d 1 Allemagne, en An. del Museo Nac, serie 3 a , t. x, pp. 93 á 110. 1908. 153. Productos píricos de origen antrópico en las formaciones neo- genas de la E. Argentina, An. Mus. Nac. B. A., ser. 3. a , t. xn, pp. 1-25. 1909. 154r Le Lifige des scories et des ierres cuites anthropiques des forma- tions néogénes de la E. Argentine, pp. 12. 1909. 155. Dos documentos testimoniales á propósito de las escorias pro- ducidas por la combustión de los cortaderales, An. Mus. Nac, ser. 3 a , t. xii, pp. 71-80. 1909. 156. Escorias y tierras cocidas no volcánicas, en La Argentina, Buenos Aires, 1909. 157. Le Diprothomo platensis, un précurseur de Vhomme du pliocéne inférieur de B. Aires (ser. 3 a , t. xn). An. Mus. Nac, págs. 107- 209. 1909. 158. Una nueva especie de tapir (Tapirus Spegazzinii),etc., An. Mus. Nac, pp. 31-38, serie 3 a , t. xm. 1909. 159. L 1 Avant-premiére dentition dans le Tapir, An. Mus. Nac, pp. 1-30 (ser. 3 a , t. xm). 1909. 160. Examen critique du mémoire de M. Outes sur les scories et les terres cuites, en An. Mus. Nac, pp. 459-512 (ser. 3 a , t. xiv), t. xix. 1909. 161. Enumération clironologique et critique des notices sur les terres cuites et les scories anthropiques des terr. sédim. néogénes de V Argentine, An. Mus. Nac, pp. 39-80, ser. 3 a , t. xm. 1910. 162. La Antigüedad geológica del yacimiento antropolítico de Monte Hermoso, en Gong. Cient. Lntern. Amer., Buenos Aires, 1910. p. 6. 163. Vestigios industriales en la formación entrerriana (olig. sup. ó mioc. más inf., en Congr. Cient. Lnter. Amer., Buenos Aires, 1910. p. 7. 164. Une nouvelle industrie lithique. Vindustrie de la pierre fendue dans le tertiaire de la región Uttorale au sud de Mar del Elata, pp. 189-204, ser. 3 a , t. xn), t. xx. 1910. 165. Sur V orientation de la calotte du Diprothomo, en An. Mus. Nac, pp. 319-327 (ser. 3. a t. xm). 1910. 166. Montaneia anthropomorpha (monos extinguidos de Cuba). Nota. Un género preliminar, en An. Mus. Nac, pp. 317-318, ser. 3. a , t. xm, 1910. FLORENTINO AMEGHINO. LXI 167. Geología, paleogeografía, paleontología y antropología, pp. 174-180, en La Nación, publicación del Centenario. Buenos Aires, 1910. 168. Informe elevado al señor Ministro de Justicia é I. P. por el di- rector del Museo Nacional de Historia Natural, sobre el de- sastroso estado actual de este Establecimiento, pp. 81. Buenos Aires, 1910. 169. Vestigios indust. en el eoceno sup. de Patagonia, en Congr. Cient. Intem. Amer. Beños Aires, 1910. p. 7. 170. Descubrimiento de un esqueleto humano fósil en el pampeano superior del Arrogo Siasgo, en Congr. Cient. Intem. Amer. Plata á Buenos Aires, 1910. p. 6. 171. La Industria lítica del Homo pampaeus, del lit. del Mar del Necochea. 1910. 172. Descubrimiento de dos esqueletos humanos fósiles en el pampea- no inferior del Moro, en Congr. Cient. Intem. Amer. Buenos Aires, 1910. p. 6. 173. Otra nueva especie extinguida del género Homo, en Congr. Cient. Intem. Amer. Buenos Aires, 1910. p. 6. 174. La Calotte du Diprothomo d'aprés V orientation fronto-glabel- laire, pp. 1-9 ser. 3. a t. xv. t. xxir, An. Mus. Nac. 1911. 175. L Age des formations sédimentaires tertiaires de V Argentine en relation anee l'antiquité de l'homme, pp. 45-75 t. xxn ser. 3. a t. xv An. Mus. Nac, 1911. 176. Id id id., mismo vol. ps. 169-179, 1911 (Marzo 31). 177. Observations au sujet des notes du Dr. Mochi sur la paleoan- thropologie argentine. pp. 181-230, t. xxn, ser. 3. a , t. xv, 1.° Ma- yo de 1911. 178. La Antigüedad del hombre en la República Argentina, en la revista Atlántida, t. ni, p. 52. 1911. 179. Origen poligénico del Lenguaje. Obra postuma; en Arch. de Pedagogía y Ciencias Afines, de la Universidad de La Plata, t. ix. N.o 26, 1911. LXIT MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. CARGOS ACADÉMICOS Y VARIOS Profesor substituto de Zoología en la Universidad de Córdoba. — Agosto 27, 1884. Miembro de la Comisión Directiva de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. — Abril, 14, 1885. Fundador y Conservador del Museo de Antropología y Paleonto- logía de la Universidad de Córdoba. — Junio 25, 1885. Profesor titular de Zoología en la Universidad de Córdoba. — Junio 25, 1885. Tesorero de la sección «Córdoba» del Instituto Geográfico Argen- tino.- Septiembre 29, 1885. Miembro Académico Titular del Consejo Superior de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba. — Diciem- bre 2, 1885. Secretario Subdirector del Museo de La Plata. — Julio 8, 1886. Presidente Honorario de la Sociedad «Amigos de la Historia Na- tural» del Paraná. — Junio 15, 1891. Miembro académico de la Facultad de Ciencias Físico Matemá- ticas de la Universidad de La Plata. — Febrero 22, 1897. Designado por el Gobierno Nacional j)ara redactar la Sinopsis geológico paleontológica del 2.° Censo Nacional. — Buenos Aires, Marzo 24, 1897. Miembro del Consejo de la Facultad de Agronomía y Veterina- ria de La Plata y Vicedecano de la misma.— Junio 26, 1897. Profesor titular de Mineralogía y Geología de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas déla Universidad de La Plata. — Marzo 31, 1902. Director del Museo Nacional de Historia Natural. — Buenos Aires, Abril 19, 1902. Vocal del Primer Consejo Directivo del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria.— Buenos Aires, Agosto 19, 1904- Catedrático de Antropología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires. — Mayo 9, 1905. Miembro del Consejo Consultivo del Instituto Superior de Agro- nomía y Veterinaria. — Buenos Aires, Noviembre 20, 1905. Jefe de Sección y Profesor de Geología en la Facultad de Ciencias FLORENTINO AMEGHINO LXIII Naturales de la Universidad Nacional de La Plata. — Febrero 7, 1906. Miembro Académico del Museo de la Universidad Nacional de La Plata.— Febrero 7, 1906. Vocal de la Comisión Asesora de Enseñanza Agrícola de la Supe- rintendencia de las Escuelas dependientes del Ministerio de Agricultura.— Abril 16, 1907. Miembro de la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires. — Noviembre 30, 1909. Miembro de la Comisión Científica nombrada por la Liga Agraria para el estudio de las conveniencias ó inconveniencias de las obras de desagüe de la Provincia de Buenos Aires.— Febrero 5, 1911. CONGRESOS Y SOCIEDADES Miembro del Congrés International des scienees anthropologi- ques. — París, 1878. Miembro del Congrés Géologique International. — París, 1878. Miembro de la Société Géologique de France. — París 1880. Miembro de la Société d' Anthropologie de París. — Mayo 6, 1880. Miembro corresponsal del Instituto Geográfico Argentino en Mer- cedes. — Junio 21, 1881. Miembro del Congrés Géologique International. — Bologne, Junio 27, 1881. Socio activo de la Sociedad Científica Argentina. — Buenos Aires, Julio 22, 1882. Miembro de la Société de Géographie de París. --1884. Miembro activo de la Academia Nacional de Ciencias. — Córdoba Noviembre 3, 1884. Miembro de la Comisión Científica exploradora de los territorios nacionales del Chaco y comarcas inmediatas. — Buenos Aires, Febrero 12, 1885. Socio titular de la Sociedad «Amigos de la Educación». — La Plata, Marzo 1.°, 1887. Miembro corresponsal del Instituto Geográfico Argentino en La Plata. — Buenos Aires, Septiembre 1.°, 1887. LXIV MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Socio correspondiente de la Sociedad Geográfica Argentina en La Plata.— Buenos Aires, Julio 20, 1888. Miembro de la Sociedad de Antropología Jurídica. — Buenos Aires, 1888. Socio honorario del «Centro de Estudiantes». —Buenos Aires, Septiembre 27, 1889. Miembro del Congrés International de Zoologie. — París, Noviem- bre 6, 1889. Miembro corresponsal de «Academy of Natural Sciences of Phi- ladelphia». — Noviembre 25, 1890. Miembro corresponsal de FAcadémie D'Hippone. — Bóne (Algé- rie).— Mayo 1.°, 1891. Miembro corresponsal de la Société Nationale des Sciences Natu- relles et mathérnatiques de Cherbourg.- — -Octubre 9, 1891. Miembro Honorario ele la Sociedad Científica «Antonio Álzate». — México, Febrero, 1892. Miembro corresponsal de la Société Scientifique du Cbili. — San- tiago, Diciembre 17, 1894. Miembro honorario de la Société Scientifique du Chili. — Santiago, Noviembre 18, 1895. Miembro del Commitee of Patronage del 4.° Congreso Internacio- nal de Zoología á reunirse en Cambridge en Agosto de 1898. — Cambridge, Diciembre, 1897. Miembro correspondiente de «The Zoological Society of London». —Abril 21, 1898. Aclherente á la primera reunión del Congreso Científico Latino Americano. — Buenos Aires, 1898. Miembro del Congreso Pedagógico, Buenos Aires, 1899. Delegado Argentino en el 2.° Congreso Científico Latino Ameri- cano de Montevideo. — Marzo 16, 1901. Socio correspondiente de la Sociedad Científica Argentina. — Agos- to 5, 1901. Socio correspondiente del Instituto Histórico e Geographico de Sao Paulo.— Octubre 6, 1903. Miembro activo de la Junta de Historia y Numismática Ameri- cana. — Buenos Aires, Noviembre 19, 1903. Socio honorario del Centro «Estudiantes del Museo». — La Plata, Junio 27, 1906. Miembro honorario de la Sociedad Científica Argentina. — Buenos Aires, Julio 6, 1906. Socio honorario del Centro Nacional de Ingenieros Agrónomos. —La Plata. Junio 13, 1907. FLORENTINO AMEGHINO LXV Miembro de la Comisión núm. 12 de la Sociedad de Higiene Pú- blica é Ingeniería Sanitaria. — Buenos Aires, Octubre 23, 1907. Socio honorario correspondiente de la Sociedad Geográfica de La Paz (Bolivia).— Febrero 20, 1908. Miembro correspondiente de la Sociétó de Géographie Commer- ciale de Bordeaux (Section d'Anthropologie). — Julio 6, 1908. Delegado de la Sociedad Científica Argentina ante el 4.° Congre- so Científico Americano, en Chile.— Noviembre 20, 1908. Socio correspondiente de la Societá Romana di Antropología — Marzo 6, 1910. Miembro del Congreso Científico Internacional Americano. — Bue- nos Aires, 1910. Presidente honorario y miembro de la Comisión del Congreso Internacional Americano de 1910. Presidente de la Sección «Ciencias Antropológicas» del mismo Congreso. — Buenos Aires, 1910. Vicepresidente de la Sub sección Paleontológica del Congreso Científico Internacional Americano. — Buenos Aires, 1910. Miembro de la Comisión para representar al Instituto Histórico e Geographico de Sao Paulo en el Congreso Internacional de Americanistas- de Buenos Aires. 1910. Miembro del Consejo Consultivo del Instituto Popular de Exten- sión Universitaria. — Buenos Aires, Junio 8, 1910. Vocal de la Comisión Nacional del Monumento á Rivadavia. — Buenos Aires, Julio 8, 1910. Miembro del cuerpo de redactores de los Anales de la Sociedad Científica Argentina. — Noviembre 30, 1910. Socio honorario de la Societa Italiana D' Antropología e Psicolo- gía comparata. — Firenze, Noviembre, 1910. Socio correspondiente de la Sociedade de Geographia de Rio Ja- neiro—Marzo 27, 1911. MONUMENTO Á AMEGHINO MENSAJE DEL P. E. Por el Ministerio de Justicia é Instrucción Pública se dictó el H de Agosto de 1911 el siguiente mensaje y proyecto de ley, pidiendo autorización para erigir un monumento á la memoria del doctor Florentino Ameghino: «Con la muerte del Dr. Ameghino, acaecida en la ciudad de La Plata el día 6 del corriente, pierde el país un esclarecido servidor y la ciencia uno de sus eminentes cultores. Hallábase al frente de nuestro reputado Museo de Historia Natural desde hacía varios años, ocupando con honra el puesto que ilustraron Burmeister y Berg, y su nombre había salvado las fronteras de la República y difunclídose con gran prestigio en los centros científicos de ambos mundos. Hijo de sus obras, debía al estudio tenaz y á la investigación perseverante la posición de sabio que conquistara, y en la que supo mantenerse con altura y dignidad. Llegó de la nada á la cumbre por sus propios esfuerzos, haciendo una por una las jornadas que mediaban entre el punto inicial y la meta gloriosa. Su vida fué así de incesante labor y copiosa producción, derra- mando con. ello raudales de luz sobre las edades prehistóricas de nuestro continente, ó induciendo á los sabios á fijar su atención en él y á escudriñar sus senos misteriosos. Es un tesoro inapreciable la colección de fósiles reunida en nuestro suelo por el Dr. Florentino Ameghino, como es abundan- te y valioso el caudal de conocimiento que encierran los numero- sos libros, monografías y artículos en que ha consignado el fruto de sus desvelos ó investigaciones. Debemos honrar en este verdadero sabio argentino á los que entre nosotros se dedican al cultivo de la ciencia por la ciencia misma, de los cuales es altísimo exponente, y ningún sitio más propio para el homenaje que el Museo de Historia Natural, que fué la preocupación de sus últimos años y al que consagró sus fecundas energías. LXVIII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. A ello responde el proyecto de ley que el Poder Ejecutivo tiene la honra de someter al H. Congreso. Dios guarde á V. H.— BOQUE SAENZ PEÑA.— Juan M. Garro. PROYECTO DE LEY El Senado y Cámara de Diputados, etc. Artículo 1.° — Autorizase al P. E. para invertir hasta la suma de 25.000 pesos en la erección de un monumento que deberá colocar- se en el Museo de Historia Natural, destinado á perpetuar la memoria de su director, Dr. Florentino Ameghino. Art. 2.° — Comuniqúese, etc. LAS COLECCIONES DOCTOR FLORENTINO AMEGHINO En la sesión que la Cámara de Diputados de la Nación celebró el día 23 de Agosto de 1911, fué presentado por el señor doctor Francisco P. Moreno, el siguiente proyecto de Ley: El Senado y Cámara de Diputados, etc. Artículo 1.° — Autorízase al Poder Ejecutivo para adquirir de los herederos del Dr. Florentino Ameghino, con destino al Museo Nacional, sus colecciones paleontológicas y antropológicas, biblio- teca y manuscritos. Art. 2.° — Los gastos que sean necesarios á este objeto serán abonados de rentas generales, imputándose á la presente Ley. Art. 3.° Comuniqúese al Poder Ejecutivo, Los fundamentos de este proyecto fueron elocuentemente ex- puestos por el doctor Moreno en la forma siguiente: Señor Presidente: La Cámara tiene á despacho un proyecto de Ley enviado por el Poder Ejecutivo, en el que se propone la erec- ción de un monumento en el Museo Nacional á la memoria de su último ilustre Director, el sabio Dr. Florentino Ameghino. El Dr. Ameghino, con constancia ejemplar, reunió durante cuarenta años enorme caudal de conocimientos y de objetos sobre el pasado de este extremo de América. Sus observaciones de la evolución biológica, á través de los tiempos geológicos, de las modificaciones de los suelos en que tuvo lugar, de la presencia del hombre en éstos, y de las manifestaciones de su vida precolom- biana, las expuso en centenares de publicaciones, algunas de gran volumen, sobre las que se han emitido muchos juicios y opiniones, habiéndose aceptado unas, discutido otras y rechazándose algunas de las ideas sustentadas en ellas. Tanta labor, para ser juzgada con seguridad de criterio, reque- LXX MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. rirá el estudio detenido de esos trabajos científicos y será indis- pensable el conocimiento de los datos y objetos que le sirvieron para fundarlos, y para fijar el justo mérito del sabio, cuya muerte se ha producido cuando iba á dar forma definitiva á tanto como produjo su cerebro privilegiado. Ese estudio será el que determi- nará, á la vez que el valor de su obra colosal, todo su merecimiento de la gratitud nacional, materializada en el mármol ó en el bronce proyectado. Pero, lo que no debe demorarse un momento, es la adquisición por el Estado de todo cuanto sirvió á esa noble actividad, para aumentar los conocimientos humanos en las ramas que cultivara con tanto amor y talento: las colecciones privadas, su biblioteca y sus manuscritos. Contentarnos con su monumento y consentir que se extraigan del país esas colecciones sería causar serios per- juicios á la Nación. Deseamos los argentinos que esta Capital sea la gran Capital del hemisferio sur, en todo cuanto abarque la actividad humana; y uno de los factores necesarios para conseguirlo será el Museo Nacional. Ningún país al sur del Ecuador está en mejores condiciones para poseer un centro de estudios americanos que abarque el completo conocimiento de esta América. Situación geográfica, clima, elementos étnicos y sociales; facilidades de comunicación y de penetración, todo le favorece; y estas condiciones son ya tan apreciadas, que los hombres de todo el mundo que estudian la naturaleza con mayor éxito, algunos de los cuales han visitado esta capital, extrañan que la República Argentina no haya dado ya principio á crear una gran institución científica, que adaptan- do á sus caracteres físicos, económicos y políticos de la región, el plan seguido en los Estados Unidos por su servicio geológico, su Institución Smithsoniana y su Museo Nacional de Washington, facilite el conocimiento del dominio nacional á propios y extraños y haga converger en Buenos Aires los elementos que faciliten el de las otras naciones sudamericanas y su intercambio científico. Y es propicio el momento para iniciar un movimiento activo en este sentido. Dentro de cinco años celebraremos el centenario de la Independencia Nacional; y si en 1910 nuestras Exposiciones Internacionales y Nacionales han mostrado cuánto ha aumentado la Nación en un siglo, y cuánto de la industria nacional y extran- jera puede aprovechar la Nación para su desarrollo, podríamos presentar en 1916, á la observación de nativos y extranjeros, lo LAS COLECCIONES DEL DR. FLORENTINO AMEGHINO. LXXT que casi no se tuvo presente en 1910. el retrospecto ele nuestro suelo y de nuestra historia á través de los tiempos, el relieve de la tierra y las condiciones de las aguas, las riquezas naturales en sus propios ambientes y en sus variadas aplicaciones, tocios los ele- mentos de fuerza nacional, todo cuanto revele la seguridad del porvenir argentino, el derecho de esta Nación á ser considerada como una de las priviligiadas del globo, con los deberes que este privilegio comporta. Los americanos del Norte dicen que la nación más próspera de hoy, es los Estados Unidos; nosotros podemos agregar, sin temor, que la nación más próspera del hemisferio sur es la Argentina, y la demostración de esta verdad en 1916 sería el mejor homenaje á la gran fecha histórica. Para ese centro ele inves- tigaciones, que tanto puede influir en nuestros destinos, son indis- pensables las colecciones del Dr. Ameghino, que reúnen cientos de miles de piezas geológicas, paleontológicas y antropológicas, las que tendrán que ser examinadas por todo estudioso del pasado en esta América. En esas colecciones están representadas casi la totalidad de todos los mamíferos fósiles argentinos y tocias las piezas sobre las que el Dr. Ameghino fundó su vasta nomenclatura paleontológica. Nadie que deba estudiar la organización de los seres desapareci- dos, desde la más remota antigüedad, del suelo austral americano, podrá hacerlo sin consultar esas colecciones. Su biblioteca, en cuanto se refiere á obras geográficas, geológicas y paleontológicas relacionadas con esta parte de América, no tiene igual: y los ma- nuscritos del Dr. Ameghino contienen toda la obra de su espíritu, el embrión y el desarrollo de sus ideas y teorías, con sus modifi- caciones últimas, hasta la víspera de su muerte, y entre ellos, me consta, hay algunos inéditos que son producciones de aliento, cuya publicación agregará más renombre al que ya corresponde á nuestro eminente compatriota. Muchos años, mucha suerte y mucho dinero se. necesitaría para rehacer esas colecciones y biblioteca; pero si se consiguiera reha- cerlas, los estudiosos argentinos lamentarían siempre que las pie- zas tipos del Dr. Ameghino no se encontraran al lado de las piezas tipos del Dr. Burmeister. en el Museo Nacional de Buenos Aires y se hubiera cedido al extranjero ó incorporado á las colecciones del Museo Nacional de Washington, al Museo de Historia Natural de Nueva York, al Museo Británico, al Museo de Pavis, al Museo Real de Berlín, ó á otros de análoga importancia. A que tal cosa no suceda, á que las colecciones, libros y manus- XXXII MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIKES. critos, la obra toda del Dr. Ameghino queden en esta capital, en el Museo Nacional, y sirvan en este á todos los estudiosos del mundo, con lo que la gran Capital del Sud llenaría uno de sus fines y deberes, tiende al proyecto de Ley que dejo fundado. — Pasó el proyecto á la Comisión de Instrucción Pública que «es de esperar lo despachará favorablemente para ser luego con- vertido en ley de la Nación. ti CitOTTB 1)0 DIPROTHOMO D'APRES L'ORIENTATION FHONTOGLABELLAIRE FLORENTINO AMEGHINO. Dans leurs recherches de comprobations sur l'orientation qu'on doit donner á la calotte du Diprothomo, les anthropologistes con- tinuent á employer la méthode de la comparaison directe avec l'homme, cbercbant á lili donner une position semblable a celle de ce dernier. La conformation particuliére de cette calotte n'apparait a leurs yeux que sous la forme lmmaine, et naturellement, procé- dant de cette maniere ils obtiennent des résultats assez difterents de ceux auxquels je suis arrivé. Ils étendent leurs comparaisons tout au plus aux Antbropomor- phes pour en conclure que lapiéce en question ne présente pas de caracteres pithéco'ides!, c'est-á-dire des caracteres propres aux anthropomorpbes, car en parlant de Tliomme ce mot «pithéco'ide» n'a pour eux que cette unique signification. Mais cela est bien naturel puisque les Anthropomorphes, au lieu d'étre des ancétres des bominiens, n'en sont que des descen- dants. Or, le Diprothomo étant un hominien primitif , ce n'est pas précisément avec les Anthropomorpkes qu'il doit présenter le plus grand nombre de caracteres en commun, sinon avec les ancétres directs des bominiens (Homunculidós), et aussi avec les ancétres indirects, parmi lesquels comptent les singes américains. Dans mes recbercbes, j'ai examinó la question a un point de vue beaucoup plus ampie, tenant compte de la morpbologie cranienne de toute la serie des Primates. A ce point de vue morpbologi- que je trouve que la calotte du Diprothomo s'éloigne de celle de l'bomme plus que celle des Antbropomorpbes, mais qu'elle s'éloigne de celle des Anthropomopbes plus que de celle de Anal. Mus. Nac. Bs. As , Ser. 3. a , t. xv. Enero 14, 1911. 1 2 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. l'liomme. Je suris arrivé aussi á la conclusión que les carac- teres par lesquels la calotte du Diprothomo difiere de celle de l'homme et des Anthropomorphes, la rapprocheut au contraire des types des singes américains, surtout des Cébiens, des Arctopithé- ques et des anciens Homunculidós. Ma conception morphologiqíie est indépendante des mesures et de tout procede mécanique ou de precisión. Dans ce cas, ayant toujours présente a l'esprit une idee parfaite de la morpliologie simienne en general, mes yeux jugent d'aprés cette conception, et j'ai plus de confiance a ce que voient mes yeux d'accord avec mes connaissances qu'á tous les procedes meca ñiques et mesures qu'on puisse imaginer. Je peux retourner la calotte du Diprothomo dans toutes les positions possibles, la tourner sens dessus dessous, et mes yeux la verront toujours de la méme forme. J'accepte les procedes mécaniques ou de precisión tout simplement comme un moyen de comprobation de ce que me dit la morphologie. Dans un article prócódent, j'ai demontre par des procedes de ce genre, que les caracteres si étranges que j 'a vais attribuós á la par- tie antérieure de cette calotte étaient réels et incompatibles avec une orientation distincte de celle que je lui avais donnée 1 . Malheureusement, les procedes en usage pour orienter les crá- nes plus ou moins complets ne sont pas applicables aux calvariums ou calottes crániennes isolées. Voulant arriver a une conclusión encoré plus precise et absolu- ment indépendante des autres caracteres que présente cette piéce, je me suis livré a des investigations pour trouver un procede d'orientation qui soit absolument exact et applicable aussi bien aux cránes complets, qu'á ceux plus ou moins incomplets ou representes seulement par leurs calottes. Les plans d'orientation les plus usités reposent sur deux points de repére, dont le postérieur est placó dans le cráne cerebral, et l'antérieur dans le cráne facial, unis par une ligne horizontale. Pour avoir un plan d'orientation applicable aux calottes, il faut que les points de repére soient places dans le cráne cerebral. Ceci est d'autant plus logique, que ce qu'on cherche en definitivo avec tous les procedes d'orientation c'est d'obtenir la véritable position du front, la partie la plus noble du cráne et du visage humain. 1 Amkuhuno Fl. Sur V orientation déla calotte. du Diprothomo, in Anal. Mus. Nac. de tíuenos Aires. Ser. 3.% t. xin, pp. 319-327, a. 1910. AMEGHINO: LA CALOTTE DU DIPROTHOMO. 3 Les points de repére necessaires a cette opération je les ai trouvés facilement, tant en examinant l'individu vivant place en position verticale absolue, que sur le squelette, le cráne reposant sur la colonne vertébrale dans sa position d'équilibre naturel. Aussi bien dans un cas que dsns l'autre, on remarquera de suite que la partie antérieure du cráne cerebral regarde en avant, tandis que la supérieure regarde en haut. C'est une observation enfantine, me dira-t-on, mais elle va nous donner le moyen précis d'orienter une calotte ou un cráne dans la position naturelle qu'il avait sur le vivant. Pour cela il suffit de déterminer le point antérieur le plus proé- minent en avant, et le supérieur le plus elevé. Pour le premier il y a un point de repére fixe invariable par sa position, le point glabellaire central place entre les orbites. Je m'en suis occupé dans une autre publication oú je donne le moyen d'en déterminer l'emplacement. «Le point glabellaire central se deter- mine en placant le fil de fer devant (non au-dessus) des deux points surorbitaires supérieurs. Le point d'intersection de la ligne tracée par le fil de fer avec la verticale ou longitudinale médiane est le point cherché. Ce point est tres important parce qu'il est topographiquement et virtuellement invariable, et en outre, parce que dans l'orientation naturelle du cráne il regarde toujours en avant, son prolongement antéro-postérieur constituant une ligne sensible ment paralléle a celle du plan alvéolo-condylien» *. Pour le deuxiéme je prends le point le plus elevé du cráne,. c'est-á-dire le point central du vértex. Ces deux points unis par deux ligues a angle droit donnent l'orientation naturelle et exacte du cráne. En effet, place le cráne dans sa position naturelle, une ligne a plomb ou verticale devant la glabelle doit passer sur le point glabellaire central en le touchant tangentiellement. Une autre ligne horizontale au-dessus du cráne doit passer en tangente sur le point le plus haut et doit rencontrer la ligne verticale a angle droit. II s'ensuit que pour orienter una calotte cránienne il suffit d'une simple équerre a deux branches, entre lesquelles on place la calotte de sorte qu'une branche touche en tangente le point central du vértex, et l'autre également en tangente le point glabellaire central; on place la branche de l'équerre qui passe par ce clernier point 1 Amkghino Fl. Sur Vorientation déla calotte du Diprothomo, déjá citée, p. 323. 4 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. verticalement et 011 a l'orientation de la piéce. C'est ce que j'appellerai «orientation frontoglabellaire». Si l'on ne tient pas á obtenir la détermination du point le plus elevé du cráne on peut abréger l'opération en se servant d'une simple équerre pleine de dessinateur, tenue debout sur la table avec la main droite, et tenant avec la gauche la calotte, on l'abaisse ou on la releve jusqu'á faire comcider le point giabellaire central en tangente sur un point de contact avec la verticale de l'équerre. On ne peut pas proceder de la méme maniere avec les cránes entiers, la face ne permettant pas de faire glisser la branche ver- ticale de l'équerre sur le point giabellaire central. Pour obvier cet inconvénient et pouvoir appliquer le procede aussi bien aux calot- tes crániennes qu'aux cránes entiers j'ai fait construiré l'instrument représente sur les figures 1 a 4 avec les piéces crániennes en position, que j'appellerai «crániorienteur». II est excessivement simple : c'est une base ou planche en bois sur laquelle est fixée une colonne quaclrangulaire en acier portant une barre horizontale á angle droit, qu'on monte ou descend a volonté. Au bout de cette branche horizontale il y a une lame perpendiculaire formant avec elle un angle droit, qu'on monte tt on descend également a volonté et dont le bout inférieur termine en pointe. Pour s'en servir on place le cráne, calotte ou frontal, sur la base en bois de maniere que la glabelle vienne se mettre en contact avec la lame perpendiculaire descendante. Ensuite, á l'aide de deux coins en bois superposés on releve ou on descend la piéce de sorte que la lame perpendiculaire touche en tangente le point gia- bellaire central. Ceci obtenu on a l'orientation frontoglabellaire de la piéce. et en faisant descendre la barre horizontale celle-ci viendra s'appuyer sur le point le plus culminant du cráne, c'est- á-dire sur le centre du vértex. Qaand le point giabellaire central se trouve enfoncé de sorte que la lame ne puisse le toucher, on prend comme point de repére par oü doit passer la tangente le point giabellaire culminant. Le résul- tat est absolument le méme. Le point glabell aire culminant corres- pond a la plus grande saillie vers l'avant de la protubérance gia- bellaire sur la ligne médiane, entre la partie supérieure des orbites; tres souvent il peut co'incider avec le point giabellaire central. Comme on le voit, il ne s'agit pas d'un plan réel sur lequel reposerait le cráne, sinon d'un plan virtuel constitué par une ligne horizontale qui traverse le cráne d'avant en arriére enpassantpar AMEGH1N0: LA CALGTTE DU DIPROTHOMO. 5 le point glabellaire central. Gette ligue est paralléle a la surface ele la base en bois de l'instrument et á la barre trensversale supé- rieure. Un coup d'oeil sur les figures fera comprendre de surte la disposi- tion de l'appareil et la maniere de s'en servir. Je ne prétends pas qu'on abandonne les plans d'orientation maintenant en usage. Je ne fais qu'ajoutir un nouveau procede qúi a l'avantage de s'appliquer aussi bien aux cránes tntiers qu'á ceux en fragments ou réduits á un simple frontal, et que par conséquent on trouvera utile d'employer en beaucoup de cir- constances, d'autant plus que je le considere comme donnant des résultats plus exaets et moins variables que ceux que donnent les plans d'orientation aujourd'hui employés. Le plus de fixité d'un plan d'orientation cránienne dépend du moindre clegré de variabilité des points de repér¿. L'orientation frontoglabellaire dépend en réalité d'un seul point de repére, le glabellaire central. Ce point placó au milieu d'une petite región entre les orbites et a la limite inférieure du plancher quisupporte les lobes frontaux ne se déplace pas avec l'áge et on peut le con- sidérer comme absolument invariable. II n'est affecté que par une projection osseuse plus ou moins grande vers l'avant, mais qui ne modifie absolument en rien sa position topographique et n'altére pas la ligne virtuelle horizontale qui le traverse, de sorte que les résultats de l'orientation frontoglabellaire sont toujours iden- tiques. II n'en est pas de méme pour les autres plans d'orientation, et pour le démontrer il me suffit de peu de mots. Le plan des axes orbitaires- qvi est peut-étre celui qu'on croit le moins variable, quoique peu pratique, repose plutót sur une con- ception théorique et physiologique que snr des points anatomi- ques invariables par rapport á l'ensemble de la boite cránienne. Le trou optique qui est le point de repére principal, n'est pas un point de position invariable. II se trouve, tantót plus en dedans, tantót plus en dehors; parfois ilest place plus haut que d'ordinaire et souvent beaucoup plus bas. Ces écarts de position sont parfois considerables; ils augmentent en passant d'une race a l'autre et deviennent enormes en passant de l'homme aux anthropo'ides et aux singes. Les variations dans le sens lateral n'affectent pas la valeur du plan d'orientation, mais il n'en est pas de méme pour les variations en hauteur. Le trou optique étant place plus bas, la ligne qui doit 6 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. passer par le point central de l'orbite se releve vers le haut, et pour la rendre horizontale, ou paralléle á l'horizon, il faut relever le cráne vers l'avant d'autant plus que le trou est place plus bas. Ce plan d'orientation ne donne done pas la position invariable de la boite cránienne. Le plan alvéolo-condylien qui est le plus usité sans doute en raison d'étre le plus commode donne des résultats encoré plus variables. Cela est tres facile á comprendre. Le point de repére postérieur constitué par les condyles occipitaux peut étre con- sideró comme a peu prés invariable, mais le point alvéolaire est certainement un de plus variables; il varié non seulement selon les races, les espéces et les genres, mais aussi selon l'áge. Dans le jeune age, les maxillaires et les intermaxillaires sont tres faibles et tres bas; dans ees conditions le point alvéolaire se trouve tres haut et le cráne placó sur le plan alvéolo-condylien penche en avant et montre le frontal tres relevé. Avec l'áge, les maxillai- res et les intermaxillaires deviennent plus forts et plus bauts; la conséquence en est que le point alvéolaire descend et le cráne place sur le plan alvéolo-condylien, les maxillaires et intermaxi- llaires étant plus bauts, font que la boite cránienne soit un peu plus couebée en arriére et le front apparemment plus fuyant. Cbez les Anthropomorph.es ees changements en relation avec l'áge, atteignent une intensité inouie, passant depuis une phase d'aspect bumain propre du premier age, jusqu'au rostre bestial caractéristique de l'áge adulte. Toutes ees difíerences dans le degré de développement des maxillaires et des intermaxillaires produisent une grande altéra- tiondans la direction du plan alvéolo-condylien, mais absolument aucune dans l'orientation frontoglabellaire qui reste toujours invariable. L'orientation allemande d'aprés le plan qui va du bord supé- rieur du trou auditif au bord inférieur de l'orbite est plus fixe, c'est-á-dire moins infruencée parle développement du rostre. Mais ce plan ne correspond pas a la position naturelle du cráne en equi- libre sur la colomie vertébrale. Dans cette position le bord supé- rieur du trou auditif reste notablement plus bas que le bord infé- rieur de l'orbite. II en resulte que d'aprés ce systéme d'orientation le front apparait constamment plus relevé en avant qu'il ne l'est sur le vivant dans la position parfaiteruent verticale. D'ailleurs, ce plan n'est pas non plus applicable a l'orientation des calottes. AMEGHINO: LA CALOTTE DU DIPROTHOMO. 7 Maintenant je passe á l'application pratique de la métliode de l'orientation frontoglabellaire pour dóterminer la position de la calotte du Diprothomo. Je commencerai par placer dans le crániorienteur un cráne de f uégien de la tribu des Onas (Lám. i, fig. 1), cráne pourvu de sa mandibule fixée á la cavité gléno'ide et au maxillaire. On voit tres bien comnient la mandibule, accompagnant le cráne, remonte en arriére jusqu'á prendre la position naturelle qu'elle a sur le vivant. Dans cet exemplaire on voit que le point d'appui de la barre trans- versale tombe sur le bregma, celui-ci constituant le vértex du cráne. On y voit aussi tres bien la direction de la suture corónale qui a partir du bregma descend preso ue transversalenient, í'ait bon a reteñir parce que bientót nous verrons dans le Diprothomo une conformation profondénient distincte. Oette figure sufnt pour voir la disposition du crániorienteur, la maniere de s'en servir et ses résultats. Perniérement, la discussion est tombée de próférence sur les rapports de la calotte du Diprothomo avec celle de la célebre calotte de Neanderthal, et plusieurs anthropologistes sont arrivés a la con- clusión que la courbe frontale de ce dernier corre spond a un type plus primitif ou moins développé que le premier. Ces différences dans la maniere d'apprócier la valeur de la courbe frontale dépend de l'absence d'un procede exact pour l'orientation des calottes. La plupart des anthropologistes ont une tendance á coucher trop en arriére celle de Neanderthal, et a relever au contraire trop vers l'avant celle du Diprothomo a fin de faire disparaitre ou d'amoindrir les différences qui la séparent de THom- me. C'est l'erreur personnelle inevitable puisque les yeux ne voient la disposition morphologique que d'aprés la conception que s'en forme le cerveau selon les hypothéses ou les théories sur lesquel- les il s'est arrété de préférence. Le crániorienteur n'obóissant pas aux idees préconcues des opé- rateurs il va nous diré ce qui en est de cette question. J'ai place dans le crániorienteur la célebre calotte de Neanderthal (fig. 2), celle du Diprothomo (fig. 3) et celle d'un chimpanzé encoré jeune (fig. 4), correspondan^ á un age pendant lequel sont encoré en fonction toute la denture de lait et la premiére molaire per- sistante. Pour le cráne de'Nóanderthal je me suis servi d'un moulage en plátre provenant de l'ancienne maison de M. Vasseur, Naturaliste, Paris, 9, Rué de 1' Ecole de Médecine. 8 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Ainsi qu'on peut voir par ]a figure correspondante (Lám. n, fig. 2), il apparait avec le front un peu plus relevé qu'on ne le voit clans la plupart des figures qu'on en a publiées. Le vértex vient tomber assez en arriére du bregma et la suture corónale placee en avant court presque transversalement incliquaut un frontal court et large. J'ai soumis ala méme épreuve les moulages des deux cránes de Spy. Le numero 2 apparait a peu prés avec la méme orientation que celui de Neanderthal et avec le vértex dans la méme position. Le numero 1 qu'á simple vue on voit immédiatement avec le front beaucoup plus relevé, le vértex tombe a peu prés sur le bregma. La calotte du Dijirotliomo (Lám. ni, fig. 3) prend une orientation absolument différente. Les deuxtiers antérieurs du frontal, quoique avec une courbe antéro-postérieure beaucoup plus réguliére, appa- raissent comme étant moins releves, et le vértex tombe en plein frontal vers ses deux tiers postérieurs. Le bregma reste beaucoup plus en arriére. Immédiatement aprés le vértex qui comme on le voit est place extraordinairement en avant, la courbe du cráne en arriére desceñe! rapidement vers le bas, indiquant un cráne excessi- vement bas, caractére propre des singes inférieurs. Enfin on voit la longueur enorme du frontal et la direction de la suture corónale quiau lieu d'étre transversale, desceñe! obliquement vers l'avant sous une forme qu'on ne voit que dans les singes et surtout parmi les singes américains comme Eriodes, Áteles et plusieurs autres. La calotte de Cliimpanzé ele la figure 4 (Lám. iv), placee telle quelle sur une table apparait avec un front si relevé qu'elle prend un aspect humain parfait. Placee dans le crániorienteur on voit les orbites se hausser et le front se coueber vers l'arriére. Le vértex tombe exactement sur le bregma, et la suture corónale de scend en direction presque transversale. Si l'on compare cet aspect de la calotte du Cliimpanzé avec celui de l'Homme (fig. 1) et du Diprothomo (fig. 3), on voit que par le relévement du frontal, par le raccourcissement de cet os, et parla direction transversale de la suture corónale, le Chimpanzé se rapprocbe davantage de l'Homme que du I)ij)rothomo. II con- firme elonc ce que j'avais dit: que par beaucoup de caracteres le Diprothomo s'éloigne ele l'Homme plus que les Anthropomor- phes. Mais le point capital sur lequel j'attire l'attention, est que AMEGHINO: LA CALOTTE DU DJPROTHOMO. 9 l'orientation que, dans le crániorienteur, prend la calotte du Dipro- thomo est absolument la méme que celle que je luí avais donnóe d'aprés les caracteres morp I lologiques. Cette orientation confirme done tous les caracteres distinctifs que dans mes publications pre- cedentes j'attribue au Diprothomo '. 1 Au moment de corriger les derniéres épreuves de cet article, je prends con- naissance d'une publication toute récente de M. le professeur Schwalbe (Stu- dien zar Morphologie der nüdamerikanitschen Pr imaten formen, in Zeilschriff für Mor- ■pholoffie und Anthropologie, Band xm, Heft. 2, pp. 209-258, a. 1910.) oü, au moyen de comparaisons simplement empiriques et avec une arrogance presque agressive il affirme que ma description du Diprothomo repose sur une fausse orientation de la calotte; ce travail est en outre une critique genérale de mes recherch.es et de mes théories. Mon memoire antérieur (Sur l'orientation de la calotte du Dipro- thomo, in An. Mus. Nac. B. Aires, ser. 3. a , t xm, pp. 319-327, a. 1910) et le pré- sent suffisent pour démontrer qu'en ce qui concerne l'orientation de la piéce en question il est dans l'erreur. Nonobstant je compte taire la contre-critique des critiques infondées ou mal fondees de Mr. le prof. Schwalbe dans un pro- chain mémoire. LAS ESCORIAS Y TIERRAS COCIDAS ])E LAS FORMACIONES SEDIMENTARIAS NEOGENAS DE LA REPÚBLICA AltOKNTINA POK EL Ttb. Coronel ANTONIO A. ROMERO Estudio ampliatorio del informe presentado al Congreso Científico Internacional Americano, Sección «Ciencias Antropológicas», en su carácter de relator oficial del tema titulado: El problema de las escorias y tierras cocidas de las formaciones sedimentarias neogenas de la República Argentina. CUESTIONES DE ESTRATIGRAFÍA Y PALEONTOLOGÍA HUMANA SEGÚN LAS HIPÓTESIS DEL DR. GUSTAVO STEINMANN Y LO QUE DEMUESTRAN LOS HECHOS El sabio profesor de geología y paleontología de la Universidad de Bonn, doctor Gustavo Steinmann, en diversas publicaciones relativas al estudio geológico de la costa atlántica y á los hallaz- gos de huellas del Homo americanus, ha emitido una hipótesis que no es posible silenciar porque además de ser contraria á lo que demuestran los hechos, introduce un cisma cuyas consecuencias perjudicarían la labor de investigación realizada durante muchos años por ilustres geólogos y paleontólogos en la determinación de una de las formaciones conceptuada como la mejor estudiada y conocida de la República. Opina el ilustre geólogo, que «el pampeano inferior lo constituye, dice, un limo obscuro color hígado, que por su aspecto se parece á la arcilla basáltica; que contiene en algunos puntos escorias ar- tificiales y arcillas quemadas que pueden alcanzar el tamaño de nue- ces, lavas negras, obscuras y coloradas: no dudosas»; y, en seguida 12 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIliES. agrega: «que se las considere como productos de erupción que hu- bieren sido arrojados á través de la atmósfera desde la cordillera distante más de 1.000 kilómetros ó que, lo que parece más posible, se consideren como un producto del transporte de lavas porosas por las corrientes de agua; en todo caso, su presencia prueba que en la época de la formación del pampeano, reinaba una actividad volcánica muy intensa; á causa de eso, es muy posible que las ce- nizas volcánicas hayan tomado una gran participación en la acu- mulación de las capas inferiores, y la naturaleza particular de és- tas se vuelve así comprensible» . . . «Las trazas seguras más anti- guas de la existencia del hombre que me ha mostrado Roth en el limo de la Pampa, no remontan más allá de las capas más re- cientes del loes viejo, quizás lleguen solamente al loes moderno y por consiguiente hasta la última época interglacial». «Todos los ya- cimientos antigaos son por lo menos dudosos, como las trazas de la acción del fuego de Cabo Corrientes, que no son vestigios de la presencia del Homo americanas, sino productos naturales que sólo la, fantasía del inmigrado Homo europaeus ha podido tomar por un producto artificial». Los párrafos transcriptos demuestran que el distinguido geólogo no ha dedicado la debida atención al estudio de esos terrenos, pues si así fuera, no incurriría en errores que pueden explicarse única- mente por la precipitación con que observó algunas de las locali- dades que han motivado esa opinión y que le ha impedido esta- blecer una relación coordinada de los sedimentos cuya disposición en serie ha escapado á su observación, como ha escapado también, la importancia y naturaleza ele las escorias y tierras cocidas, lo mismo que Lis huellas bien marcadas y características del Homo amcricanus y aun de su precursor, en el horizonte geológico de- terminado con rigurosa precisión por el sabio paleontólogo doctor Florentino Ameghino, cuyos hallazgos están llamados á dar un gran vuelco á las cronologías clásicas, respecto á los orígenes de la especie humana y á los mitos y quimeras forjados por el Homo sapiens europaeus, que contrastan con el progreso de la ciencia en nuestros días. Señalar períodos interglaciales para esos terrenos tan descono- cidos para el sabio profesor de Bonn, es sugestionar lamentable- mente á nuestros estudiosos con teorías que chocan en completo desacuerdo desde hace bastantes años, pues mientras unos admi- ten que las tales épocas glaciales ó períodos glaciarios han tenido por causa la variabilidad de la excentricidad de la órbita terres- romero: las escorias y tierras cocidas. 13 tre, según James Croll y Carriek Moore, que han encon trado por el cálculo que en el último millón de años ha habido cuatro épocas ó momentos geológicos de máxima excentricidad y por consecuencia de climas extremos; otros, — como Lecoq, expli- can los glaciares por una variación en las dimensiones del sol. Charpentier atribuye al relevamiento de los Alpes la modi- ficación del clima que había permitido á los glaciares invadir los valles. Fage, relaciona la aparición de los glaciares á las mismas causas, es decir, al levantamiento de las montañas; otros geólogos, invocan las grandes transgresiones marinas, con in- mensas mareas de largos períodos lunarios para justificar su extensión. Por otra parte, Saporta no considera aceptable la tabla de Oswald Heer, y, James Geikie señala en Inglaterra seis períodos glaciarios separados por otros más templados que no guardan rela- ción alguna de sincronismo con los de otros puntos de Europa. Faisán cree, por ejemplo, en la imposibilidad de su producción antes del plioceno, y actualmente sostienen otros que, para cada época geológica se encuentran fenómenos glaciarios desde el eoceno de Turena hasta el pre-cambriano del país de Gales. Es también por demás incierto el criterio que prevalece para des- cubrir los fenómenos glaciarios ya tan difíciles de distinguir local- mente unos de otros por la alteración de sus materiales, como la de encontrar faunas muy semejantes y en igual número en regio- nes diversas y distantes. Por otra parte, Karl von Zittel afirma que en los cantos de rocas cristalinas, no se encuentran sino muy rara- mente estrías, mientras que se observan muy numerosas y marca- das en rocas ó cantos calcáreos; de este hecho se deduce que, por lo general, tales estrías no tienen por origen fenómenos glaciarios, sino causas de erosión y encombramiento debidas á la acción de las aguas de lluvia, á las corrientes en forma de avalanchas de agua producidas por los grandes deshielos ó debidas á movimientos bruscos oscilatorios del suelo que afecten las corrientes de ríos ó arroyos, ó á causas de movimientos orogénicos de más ó menos importancia. Se puede, pues, admitir que los períodos glaciarios de nuestro continente, se fundan en teorías, muchas de ellas ingeniosas pero inverosímiles en su generalidad, sobre todo, cuando se pretende y cuando se quiere relacionarlos á un sincronismo general compa- rable al diluvium bíblico. Si en Europa se impugnan las distintas teorías glaciarias sin llegar á un acuerdo, á pesar de la minuciosa prolijidad que se ha 14 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. puesto por cada parte en su estudio, entre nosotros, tales hechos de carácter general, no han sido estudiados, y, los locales, no se constatan por hechos comprobados irrevocables, salvo algunas excepciones muy limitadas; por lo que no es de dudar que cuando se trate de su estudio ó de una investigación seria, posiblemente los fenómenos glaciarios quedarán limitados á nuestra cordillera, y cuando más, se observarán sus huellas en los valles ó laderas de su falda, pero no será posible demostrar que ellos hayan afec- tado á nuestras pampas y regiones llanas, de gran extensión. La clasificación de un terreno no es cosa fácil, ya que toda clasificación supone discontinuidades que no contraríen á la natu- raleza que es toda sucedan. No es posible, pues, clasificar bien con un simple golpe de vista, y no lo es menos, que una clasificación limitada á un propósito responda á las múltiples necesidades de su estudio. El Dr. Steinmann, haciendo suya aquella frase tan célebre de César, emitió una opinión que no manifiesta ser muy halagadora para la reputación del ilustre geólogo, pues no resulta demostrado lo que sostiene, y en cambio, motiva ciertas prevenciones. La opinión emitida, en investigaciones de menos importancia, podría haber pasado desapercibida ó relegada al olvido como tantas otras, pero no resulta así dado el interés con que hoy se discute y con que la acogió y tomó su defensa el distinguido profesor señor Félix F. Outes, haciéndola suya y sosteniendo á su respecto una campaña apoyada en argumentos que giran siempre alrededor de las opiniones del distinguido sabio sin producir ningún hecho nuevo ni agregar una sola prueba que le pertenezca. Por otra parte, los hechos que desconoce el Dr. Steinmann, han sido presentados y ampliamente discutidos en el 4.° Congreso Científico Latino-Americano, 1.° Pan-Americano celebrado en Santiago de Chile y en el Congreso Científico Internacional Ame- ricano celebrado en el curso del corriente año en Buenos Aires, mereciendo los trabajos presentados por el Dr. Ameghino. los plá- cemes más entusiastas y elogiosos de todos los congresistas. Este honor no ha reflejado únicamente sobre la personalidad del sabio paleontólogo y genial pensador, sino sobre la República, sobre la Nación, que puede contar con hijos tan esclarecidos. romero: las escorias y tierras cocidas. 15 La polémica que el señor profesor Outes ha sostenido en los folletos de su laboriosa crítica, titulados: «Estudio de las supuestas escolias y tierras cocidas en la serie pampeana de la República Argen- tina», «Les scories volcaniques et les tufs éruptifs de la serie pituf- péenne de la République Argentine» y «Sur la structure des xcories et «Terres cuites» trouvés dans la serie pampéenne et quelques ele- ments de comparaison-» , sería aceptable, si ella se limitara á sostener puntos de crítica estratigráfica ó controvertir la existencia del hombre fósil, pero ella implica una serie de prejuicios sobre la capacidad científica de nuestros intelectuales, un agravio á nues- tra cultura y una ofensa gratuita á la elevada autoridad de la per- sona á quien se dirige. El Homo rarissimi ingenii, es una excepción, y el universita- rio enciclopedista con amplio conocimiento y dominio de las distintas ramas del saber, tal como lo desea y manifiesta el señor profesor Outes en sus folletos, es otra. Tan es así, que el mismo señor Outes confirma esta o]3Ínión al solicitar en ayuda de su propaganda y de las teorías del Dr. Steinmann, el concurso de personas más ó menos aventajadas en conocimientos que no posee, declarando en su último folleto que ha tenido aún que recurrir para conseguir las pruebas de su controversia, á especia- listas europeos que han debido practicar el tallado de las escorias en láminas delgadas, su estudio micrográfico y la reproducción gráfica de las microfotografías obtenidas, porque según dice: «Sachant qu'il n'existe a Buenos Aires ni les éléments nécessaires, ni le personnel comj)étent pour leur exécution nette et satisfai- sante» y, por lo tanto, «je me décidai a confier, etc.». El Museo de Historia Xatural de Buenos Aires, como bien le consta al distinguido profesor y á los que concurrimos allí á per- feccionar nuestros conocimientos, carece de muchos elementos auxiliares de que están ampliamente dotados estos grandes esta- blecimientos de alta cultura en las naciones más civilizadas, y su mayor atención está dedicada hoy, á la restauración de la más grande y valiosa colección de paleontología sudamericana que existe en museo alguno del mundo, tan apreciada, que no titubea- ría el gobierno inglés en pagar millones por su adquisición, am- bicioso siempre de acumular elementos de investigación á sus universitarios y distinguidos hombres de ciencia y de enriquecer su famoso «British Museum», justo y envidiable orgullo de Ingla- terra, lo mismo que tantos otros institutos y universidades extran- jeras que aprecian y admiran su importancia por la labor de sus sabios directores y las publicasiones de sus anales. 16 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Los hombres eminentes en distintas ramas científicas, no son enciclopédicos; tal pretensión sería ridicula por más que hayan merecido y merezcan el adjetivo de sabios; han recurrido y tienen siempre que recurrir al concurso de prácticos especialistas, no especulativos, ó de aquellos profesores que demuestran positivo interés por la ciencia, para la solución más segura de todos los problemas de difícil investigación sin que ello haya merecido la menor crítica ni se haya puesto en duda su saber, ni sufrido menos- cabo el concepto de su autoridad. Sólo los espíritus de mediano saber, dice La Rochefoucauld, condenan ordinariamente todo lo que está arriba de su alcance. De manera, que el Museo da lo que puede dar, y tanto su director como todo el personal que de él depende, jamás se sustrae á la investigación científica ni dificulta la labor de los estudiosos con pretextos de ninguna naturaleza, ni les niega su concurso cuando es requerido por cualquier motivo, aun cuando les distraiga de sus tareas obligadas. La ciencia, como lo manifiesta una de nuestras sólidas autoridades pedagógicas, significa enseñar á pensar con- forme al espíritu de cada cosa y de cada materia, que es su clave. La investigación y posesión de ese espíritu, — dice, — es un foco de irradiación que ilumina toda la esfera de las ideas técnicas y cien- tíficas, simples radios del foco y principio generador, en contra- posición al principio servil y mecanizador del espíritu y la con- ciencia fundido en masa plástica de la memoria. No concurre al Museo, el que no quiere, y no sabe el que no estudia. Su director sabe que desempeña una misión de alta cultura y la desempeña á conciencia, poniendo todo su interés en el cumpli- miento de su apostolado y en que ella se difunda. El egoísmo insuficiente y la mezquindad científica es planta exótica que no ha tenido arraigo en ese templo de la ciencia. Mi concurso de colaborador semianónimo del Museo, data de 30 años, y ello me da derecho á opinar que hace bien el Dr. Ame- ghino en no recurrir á auxiliares ágenos al Museo ó á la índole de sus trabajos, para justificar con análisis y otras demostraciones la exactitud de lo que afirma, porque los hechos que demuestra, no son únicamente de su completo dominio, sino que ellos surgen tan claros, tan convincentes y tan sencillos, que no es necesario recurrir á otros medios que no sean los que la evidencia demuestra. Ha sido para mí en este caso un grande honor haber emitido una opinión respecto á las escorias antrópicas y tierras cocidas de las romero: las escorias y tierras cocidas. 17 formaciones sedimentarias neogenas de la costa atlántica al ini- ciarse la controversia de sa origen, y más tarde, al designárseme relator oficial de este tema por la ilustrada Comisión Directiva del Congreso Científico Internacional Americano, porque me ha pro- porcionado la oportunidad de colaborar en esta obra de investi- gación aportando el concurso de mi experiencia y conocimientos en el límite que ellos alcanzan, á la solución de uno de los más grandes problemas que tanto preocupan en la actualidad á antropólogos y paleontólogos y aun podría agregar á la humanidad entera. II EL PROBLEMA DE LAS ESCORIAS Llama por de pronto la atención, el hecho de haber pasado de- sapercibido para profesores, naturalistas, geólogos y exploradores, la existencia de las escorias y tierras cocidas agrupadas ó dispersas que se encuentran al descubierto á lo largo de la costa atlántica desde San Borombón á Monta Hermoso durante más de 35 años, puesto que su hallazgo fué anunciado al mundo científico por los señores Heuser y Claraz en 1805 l . Las escorias hubieran permanecido ignoradas quién sabe por cuanto tiempo más, á no mediar la acción investigadora, constante y tenaz del sabio director del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires Dr. Florentino Ameghino. A su empeño, á su labor activa y fecunda, se debe el conocimiento del área de disper- sión que ocupan, y del horizonte geológico más antiguo en que hasta hoy ha sido dado descubrirlas, constatando también que tales escorias y tierras cocidas no tienen ninguna relación con fenómenos volcánicos, sino que proceden unas, de incendios oca- sionales ó provocados, y otras, de los restos de fogones utilizados por el hombre ó su precursor, existente ya en aquellas remotas edades. 1 Heuskr ,T. C, & G. Claraz, Beitráge zur geognostischen and physikalischen Kenntniss der Prov. Buenos Aires. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Enero 19, 1911. 2 18 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. El descubrimiento de huellas de la aparición del hombre ó de su precursor en los sedimentos del mioceno, y aun más, confirmarlo con la demostración de hechos positivos constituidos por los hallazgos de piezas talladas, de huesos rotos con cortes ó incisiones y otros elementos demostrativos de la industria rudimentaria que sus torpes manos podían crear, fué la consecuencia más transcen- dental que la investigación de esos elementos píricos ha propor- cionado á la ciencia sobre el origen de la humanidad. Este feliz y grandioso descubrimiento, fué el golpe de gracia asestado á la leyenda ideológica y anticientífica que fijaba un período á la aparición del hombre y señalaba un punto de partida á su dispersión sobre la tierra; este hecho de importancia tan trascendental, tenía forzosamente que provocar una campaña indirecta y de resultados pobres en hechos, elegidos asimismo con tan poco tino, que son bien fáciles de destruir. No creo necesario emplear para su discusión elementos de comparación que no respondan al tema, por más que traten del estudio ó análisis de rocas, que harían interminables las citas y ejemplos, pues es mi propósito alejar todo lo que pueda compli- carlo y volverlo inútilmente más confuso ó inconveniente en esta circunstancia en que se dilucidan problemas de clara y simple solución. III QUÉ SE ENTIENDE POR ESCORIAS Y CENIZAS VOLCÁNICAS En una excursión que he practicado por la Cordillera durante los meses de Abril y Mayo, hasta mediados de Junio último, he recogido un número considerable de rocas volcánicas, principal- mente escorias, formando una colección de estas últimas, muy variada y notable, comprendiendo en su mayoría ejemplares de los productos eruptivos, tanto de volcanes muy antiguos como de los modernos y recientes. Las escorias volcánicas que quiero distinguir de otros productos de igual génesis, se presentan en general con un aspecto ampolloso ROMERO: LAS ESCORIAS Y TIERRAS COCIDAS. 19 y agrietado debido á las burbujas de gas que estaban aprisionadas en la pasta en el momento de su solidificación y á su rápida contrac- ción; constituyen la espuma, diremos así, del magma volcánico que se acumula al enfriarse en masas superficiales que. por efecto de la contracción y del empuje que le imprime la lava finida que corre por debajo de ellas, se agrietan y dislocan en trozos de formas angulosas irregulares, que toman, según su composición, una colo- ración que varía en tonos desde un negro intenso á un pardo obs- curo, rojo, amarillento, grisáceo, verdoso, etc., con alguna seme- janza ó parecido en cuanto á su forma celular, á las que proceden de los altos hornos de fundición y otros productos de la industria. Estas escorias, que constituyen la cubierta de la masa conden- sada y compacta de las grandes erupciones de andesita y basalto de nuestra Cordillera, forman depósitos inmensos y están com- puestas de un producto magmario y un conjunto de cristales en que los más grandes pueden fácilmente distinguirse á ojo desnudo, pues contienen algunos de varios milímetros de tamaño 1 , mientras que para observar los más pequeños, necesitamos valemos de una lente, siendo indispensable el recurso del microscopio para verlos microlitos. Los grandes cristales macrolitos, se han formado en la masa en fusión cuando ella permanecía aún en el conducto subterrá- neo del cráter sometida á alta temperatura, y los pequeños, los mi- crolitos, durante la erupción cuando ha sido restada del magma una gran cantidad de calórico, iniciándose su formación en el momento que empieza la solidificación de la lava, es decir, al descender éstaá loslOOO ú 800° de temperatura — según Fouquet. La orientación fluidal de los cristales, puede tener lugar cuando el magma líquido corre ó se mueve con cierta velocidad; en este caso los cristales formados en reposo á alta temperatura son arras- trados y orientados en forma más ó menos regular en dirección al movimiento del magma, cuya posición conservarán una vez que la masa fluida entre en reposo, ya sea por motivo de haber cesado el movimiento, ó por su solidificación. i\ o hay orientación de crista- les en un magma que se produce en un relativo estado de inmovilidad. Las escorias cuyo hábitus acabo de describir, están constituidas por los mismos elementos minerales de las lavas de que proceden y se clasifican también de acuerdo con las denominaciones de estructura que las caracterizan; son fácilmente reconocibles y Los macrolitos, alcanzan en algunas, dimensiones hasta de 8 milímetros. 20 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. pueden clasificarse a priori siu posible confusión con aquellas que no tengan la misma naturaleza genética. Las cenizas volcánicas, son las partículas de pulverización de la lava en finas gotas. Las corrientes de vapor que á gran tensión atraviesan la masa de lava fundida y escapan por los cráteres de los volcanes, arrastran á cientos de metros de altura partículas de esas rocas en fusión que se transforman en espuma y sometidas en el aire á un enfriamiento rápido, se solidifican y pulverizan, produciendo un polvo gris. Estas cenizas pueden ser transpor- tadas muy lejos según la influencia del viento que las empuja y el grado de división que hayan adquirido. Las cenizas de los volca- nes de Islandia han caído en las calles de Stockholmo después de un recorrido aéreo de 1.900 kilómetros. l La exploración submarina del Challenger ha constatado el hecho interesante de que el fondo de los mares profundos está tapizado de detritos volcánicos microscópicos. Las cenizas volcánicas pueden mezclarse con la lluvia que pro- cede de la condensación del vapor de agua y convertirse en un lodo que al solidificarse producirá una roca desigualmente estrati- ficada, que puede ser muy delgada en los lomajes y prominencias del terreno por efecto del escurrimiento ó lavaje de las aguas, como puede muy bien no sedimentarse allí y formar acumulacio- nes únicamente en los huecos y partes bajas, como puede formar estractos de grueso espesor que se elevan á las desigualdades del terreno constituyendo los depósitos de tuf tan comunes en ciertas zonas volcánicas. Constituyen también las cenizas volcánicas, los productos de la fina disgregación de las rocas eruptivas, que se han consolidado en la chimenea del cráter, y son arrastradas por las corrientes de vapor. Las cenizas vidriosas, proceden de las lavas líquidas que no han tenido tiempo de cristalizar en el aire. 1 Durante la famosa erupción del Krakatoa, en 1883, sus cenizas han recorrido el mundo producido fulgores crepusculares. SOMERO : LAS ESCORIAS Y TIERRAS COCIDAS. 21 IV ESCORIAS DEL VOLCAN OSORNO Y VOLCANES DEL PICUN LEUFÚ La riqueza artística y científica — dice uno de nuestros más bri- llantes y desilusionados pedagogos, incorporada con su tecnolo- gía en los tiempos modernos, no puede brillar con el esplendor de su origen, si aquella es una masa muerta y confusa . . . Faltan- do la relación entre la imagen de la idea y la imagen de la palabra, pierde aquélla el tipo de su individualidad . . . que no suplen la raíz de la idea, encarnada en la raíz de la palabra. El ilustre petrólogo Zirkel, fué el primero que hizo un estudio micrográfico del basalto, y de acuerdo con su estructura, distinguió los de plagioclasa, los de nefelina y los de leucitara la caza, ora fuera quemando grandes superficies de monte bajo en las lomadas para descubrirla, ora prendiendo fuego á los grandes pajonales y embalsados que cubrían las partes más bajas y anegadizas. Darwin, había observado ya que nuestras pampas en ciertos pe- ríodos han estado sometidas á la alternativa de grandes lluvias y grandes secas; durante el período de las grandes secas, las prime- ras en sufrir las consecuencias de la seca, habrán sido las lomadas, desapareciendo en ellas la vegetación de aquellas plantas menos resistentes á soportarla; en cambio, las secas, rotos sus tallos, serían transportadas por la acción de los vientos á los bajos y acumuladas al rededor de las macollas de Gynerium y otras gra- míneas igualmente resistentes. 1 No hay que olvidar, que existen aún tribus salvajes que no han pasado todavía de la edad de la piedra, y, que el hacha, el cuchillo y la punta de flecha de diorita silex y obsidiana, es en la actualidad de uso común en varias tribus indígenas de la República. 42 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Por otra parte; en las tierras bajas bañadas por el mar, se lian de haber formado depósitos de algas, fticus y otras plantas cuyos detritos se acumularían al rededor de las matas de gramíneas más grandes y resistentes, formando graneles embalsados. Los bañados al fin, habrán sufrido también los efectos de la seca, y cuando las raíces más profundas de las macollas carecieron de la humedad suficiente para nutrir la vida de la planta, ésta también se habrá secado. Pero, si como hemos dicho, no es posible negar la cualidad de cazador del hombre primitivo, tampoco será aventurado afirmar de que la fauna de aquellos tiempos, buscara el último recurso ele vida en los restos que en los bañados conservaran aún algún ver- dor y, es allí, donde ese ser primitivo, perseguía y acorralaba á la bestia, prendía fuego á la maleza para hacerla sucumbir y utilizar después sus restos en singular festín 1 . No es posible desconocer cierto grado de inteligencia en el ser que ya sabía romperlos huesos para extraerles el tuétano y man- tener el fuego quizá en hoyas de cierta profundidad, para con- servarlo en condiciones más ventajosas. Estos hogares, así cons- tituidos, permanecerían alimentados constantemente con nuevo combustible, quizá durante años y, es á esa acción, constante y reconcentrada, á que se deben muchos de los fragmentos de peque- ñas y grandes escorias y las arcillas cocidas que formaban sin duda alguna el suelo y las paredes de esos hogares. No cabe lógi- camente otra explicación, ni es conocida, á menos que no se pre- tenda atribuirlo á la acción volcánica, á gases en combustión surgiendo por grietas ó galerías, lo que es de todo punto invero- símil, pues jamás se han reconocido vestigios locales de semejantes manifestaciones que por otra parte serían absolutamente imposi- bles. Tampoco se puede admitir para todos los casos la intervención de los agentes naturales, como causa ocasional de los incendios de los campos de aquella época, pues de admitirse, sería preciso conve- nir que tal circunstancia no se había modificado en la actualidad, y en este caso, las campiñas, los sembrados y los bosques, estarían sujetos constantemente al peligro de tales incendios; y esto es bien sabido, que no sucede, ni aun como casos raros, pues los incendios que con frecuencia observamos de bosques ó praderas son provo- cados por descuido ó intencionalmente. 1 Los períodos de las grandes lluvias ó diluviales nos llevarían á hipótesis opuestas, que no son del caso. ROMERO: LAS ESCORIAS Y TIERRAS COCIDAS. 43 Además, las escorias se encuentran dispersas en una área muy extensa, ocupando diferentes niveles del pampeano, hecho que hasta hoy no se ha comprobado en las tierras muy elevadas ó dis- tantes de la costa del mar, y de las antiguas cañadas, riachos, ó lagunas de aquel entonces, y en la actualidad, rellenadas ó modifi- cadas por los sedimentos modernos; lo que presume que los fenó- menos se han continuado durante un largo período de tiempo en cuyo transcurso han evolucionado y aun se han renovado algunos de los tipos de aquella fauna. De manera, pues, que la única hipótesis admisible, es la plan- teada por el Dr. Ameghino, es decir, la que supone de origen antró- pico á las escorias y tierras cocidas. No cabe en el concepto lógico de los hechos ninguna otra, como creo haberlo demostrado. Es posible que la crítica pretenda aún buscar argumentos no dándose por satisfecha, j)ues como ya he dicho, la diferencia de criterio parece obedecer á distintas orientaciones; empero, el pro- greso científico no consiste en acumular innecesariamente dificul- tades, sino en cooperar á la labor de investigación con lealtad cien- tífica, dentro de la facultad perceptiva y de los recursos dispuestos á nuestro alcance. Las divagaciones, las controversias que no sean motivadas por causas fundamentales, es necesario que desaparezcan. « Los con- tradictores—como dice Thomas — están obligados á multiplicar sus argumentos hasta tener razón dos veces, por decirlo así, para tener razón». El campo es muy extenso, caben en él numerosos obreros, cada uno puede tranquilamente abrir su surco sin necesidad de destruir el surco del vecino, la obra en común será por otra parte más fruc- tífera porque redundará en beneficio de una mayor cosecha de hechos que favorecerán á la investigación proporcionándonos el medio de alcanzar más pronto la meta tan deseada. Geólogos paleontólogos, Arqueólogos antropólogos, caben en el vasto escenario de la Naturaleza sin necesidad de chocar. El geó- logo paleontólogo no busca en las mesetas del Asia central, el hombre ante-histórico: explora é investiga las capas de la envol- tura terrestre para descubrir las huellas más borrosas de su origen. El arqueólogo antropólogo, busca al hombre primitivo fijando su punto de partida del momento en que libre ya de la envoltura opresora de la animalidad, disputaba á la bestia y al monstruo el dominio de la tierra, siguiéndolo en la sucesiva evolución de los tiempos hasta nuestros días. 44 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Existen numerosos interrogantes respecto á la especie humana que la ciencia no puede contestar y es necesario que ellos desapa- rezcan si deseamos caracterizar el progreso de este nuevo siglo. Aun ignoramos si el ser humano es el último término en la escala de los seres organizados de la Creación; como ignoramos también el lugar preciso que ocupamos en la escala zoológica y por consiguiente el punto de jjartida de nuestra génesis, y, si ésta se ha manifestado en un solo punto ó en distintos, si ha ocurri- do tal hecho en un momento dado ó si ha tenido lugar en períodos diferentes. Nuestro progreso científico tan ponderado, sólo nos conduce á reconocer que la existencia del hombre es muy remota. En cuanto á su evolución, á las distintas etapas recorridas, los conocimientos más importantes, los que señalan un jalón más avanzado en las investigaciones recientes geológicas y paleontológicas, correspon- den á nuestro sabio Ameghino. Los descubrimientos, los hechos numerosos acumulados con paciente labor por nuestro eminente paleontólogo lo han llevado á deducir una teoría que satisface indudablemente á las condiciones exigibles más sobresalientes, pero que ella es susceptible aún de soportar la depuración de la crítica sin que por ello no sea dable adelantar que en difinitiva, recibirá la sanción de su confirmación más completa. L'ÁGE DBS FORSUTION'S SBDIMBNTAIBiS TERTIAIRES DE L'ARGENTINE RELATION AYEC L'ANTIttUITÉ DE L'HOMME PAR FLORENTINO AMEGHINO Le Dr. Mocliiaprés sa breve note préventive sur le Diprothomo l que j'ai deja exaniinée dans un article précédent -, vient de publier un mémoire assez étendu, dans lequel il rend compte des étucles paléoanthropologiques qu'il a pu réaliser pendant sa visite á Bue- nos Aires au mois de Mai de cette annóe 8 . C'est une contribution tres importante, et qui je n'en doute pas aidera á éclaircir les différents problénies qui se rattachent a la question de l'antiquité de l'liomme dans l'Amérique du Sud. Pour- tant, en la parcourant, on s'apercoit de suite qu'elle a été rédigée d'aprés des observations faites trop á la bate. Cela est bien regret- table, parce que Fauteur voulant faire de la critique est tombé assez souvent dans des erreurs encoré plus considerables que celles qu'il prótend corriger. En outre, il a abordé des questions exces- sivement compliquées, p. ex. celle de l'antiquité des formations sédimentaires cénozoi'ques de l'Argentine, dans laquelle il arrive a des conclusions bien différentes des miennes, mais en la traitant á la légére et sans une pas méme mediocre connaissance ni des faits, ni de la littérature correspondante. Du reste, a propos de VHomo pampaeus il releve plusieurs erreurs que j'ai commises, et je lui en reste infiniment obligé, car de cette maniere il contribue á élargir mes connaissances; et je suppose qu'il ne prendra pas á mal que je corrige a mon tour les i Nota preventiva sul Diprothomo platensis Ameghino, del Dottore Aldobraxdino Mochi, del Museo Nazionale d' Antropología di Firenze, in Revista del Museo de La Plata, t. xvii, pp. 69-70, Juillet, 1910. 2 Ameghino Fl. Sur V orientation de la calotte du Diprothomo, in Anal. Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3. 1 t. xin, p. 319 á. 327, Septembre 1910. 3 Mochi Aldobrandino. Appunti sidla Paleoavtropologia arf/entina, in Archivio per V Antropología et la Etnología, Vol. xl, pp. 203-254, a. 1910. 46 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. siennes et que je fasse la défense de mes idees basées sur des faits positifs qu"il mécormait. Son travail est divisó en deux parties, une anthropologique, et i'autre géologique. Je comniencerai par examiner cette derniére qui dans son travail est la premiére et porte le titre de LAXTIQUITÉ DE DHOMME DAXS L'AEGEXTIXE. Cette partie de son mémoire est traitée dans une forme insuffi- sante et qui apparemment parait repondré a des idees préconcues. Si son but n'eut été d'autre que de manifester son opinión per- sonnelle, d'aprés laquelle la formation pampéenne et l'hermoséen sont quaternaires, il n'avait pas besoin de s'étendre sur certains détails ni de s'occuper de la littérature correspondante car chacun est absolument libre de penser comme il le croit bien et d'accord avec les connaissances qu'il posséde. Mais, du moment qurl a cru nécessaire d'appuyer sa maniere de penser avec des raisonnements et de nombreuses citations, son examen aurait du étre plus étendu etsessources d'informations plus ampies, et surtoutplus recentes, Xon seulement il s'appuie sur des références que Ton peut presque considérer comme fossiles, sinon que des auteurs récents qu'il y a longtemps qu'ils s'occupent de ees questions il ne fait mention que de leurs travaux plus anciens, de dix ou vingt ans en arriére, tandis qu'il passe sous silence les opinions plus recentes des mémes auteurs qui sont favorables a mes idees. C'est bien loin de ma pensée de croire qu'il y ait eu de part de l'auteur une selection intentiouelle. II suffit ele causer seulement quelques minutes avec le Dr. Mochi pour reconnaitre en lui une personne tres f ranche, douée d'une excessive bonne foi, et abso- lument incapable de cacher ou passer en silence ce qui pourrait étre défavorable a ses opinions. Cette bonne foi est absolument hors de tout soupron. Mais le fait que je viens de signaler n'en est -p&s moins vrai, et jusqu'á de plus ampies éclaircissements reste pour moi absolument inexplicable. Je trouve aussi, que puisque l'auteur est arrivé jusqu'á Buenos- Aires, il aurait pu faire quelques excursions pour connaitre de visu AMEGHINO: L'AGE DES FOBMATIONS SÉDIMENTAIRES. 47 les différents liorizons de la formation pampéenne; cela peut-étre luí aurait suggóré des idees distinctes de celles qu'il expose. En outre, puisque lui-niéme reconnaifc que, n'étant ni géologue ni paléontologue il lui est bien difticile de montrer qu'elle est la chronologie plus acceptable, je crois qu'il aurait été sage de sa part de s'abstenir d'examiner la question, du moins dans la forme légére qu'il Ta fait. Que les lois de l'évolution paléontologique et de la succession des faunes ne soient pas applicables a rhémisphére austral c'est une aftirrnation simplement paradoxale. D'ailleurs, la citation de Zittel sur laquelle il s'appuie date de dix-huit ans, quand les grandes découvertes paléontologiques de l'Argentine n'étaient qu'á leur commencenient. Ce n'est pas j)Ossible de faire le moindre rapprochement entre les terrains pampéens et post-pampéens de l'Argentine, qni em- brassent une succession de plusieurs faunes de marnmiféres tres difterentes les unes des autres, et les terrains sédimentaires de l'Australie qui ne renferment qu'une faune unique enfouie dans une couche également unique. II y a une quarantaine d'années, tous considéraient le pampeen comme quaternaire, ne renfermant qu'une faune unique, et comme on y rencontrait des debris de Mastodon, genre qui en Europe s ? est éteint dans le pliocéne, on supposa que dans l'Amérique du Sud les marnmiféres éteints de l'ancien continent y avaient vécu jusqu'á une époque plus récente. lis ne s'apercevaient pas qu*on pouvait soutenir la tbése contraire, puisque les chevaux et les proboscidiens qui dans l'Amérique du Sud ont disparu depuis l'époque de la formation panipéenne, ont prolongé leur existence sur Tancien continent jusqu'á l'époque actuelle. Les découvertes paléontologiques dans la Patagonie, qui ont montré l'existence á l'époque crétacique de nombreux ongulés mélés á des ossements de Dinosauriens, fait absolument inconnu dans riiémispbére nord, on a voulu l'expliquer de la méme ma- niere: ce ne seraient pas les marnmiféres qui seraient crétaciques, sinon qu'en Patagonie les Dinosauriens auraient vécu jusqu'au commencement de l'époque tertiaire. Malbeureusement pour ceux qui soutiennent encoré cette thése, elle tombe de suite méme devant un seul fait. II y a en Patagonie une formation marine qui a motivé de nombreux travaux et cons- titue ce qu'on a nominé l'horizon ou étage sala manqueen. Cette formation par sa position stratigraphique et par la ricbe faune 48 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. de mollusques et de poissons qu'elle renferme, tous les géologues et paléontologues qui s'en s'ont occupés la référent unanimement au sénonien, et il y en a qui la font méme encoré pías ancienne. Dans son facies littoral, cette formation contient dans la méme roche les mammiféres de la faune du Notostylops mélés aux mollus- ques et aux poissons sénoniens. Par conséquent ce ne serait pas seulement les Dinosauriens qui auraient vécu jusqu'aux temps tertiaires, sinon qu'il faudrait transporter aussi la mer sénonienne avec ses mollusques et ses poissons crétaciques á l'éocéne! Yoilá á quels absurdes conduit l'entétement á vouloir raje unir les for- mations sédimentaires de l'Argentine et les faunes mammalogi- ques qu'elles renferment. En outre, les faunes mammalogiques óteintes de l'Argentine ne sont pas si absolument différentes de celles d'Europe et de l'Amé- rique du Nord comme l'auteur le suppose. Cet isolement n'est vrai que pour une partie de l'époque tertiaire. Dans les terrains du crétacé supérieur et de la base du tertiaire de Patagonie nous trouvons une quantité de types, quelques-uns presque identiques, et d'autres tres semblables á ceux qu'on trouve dans l'éocéne d'Eu- rope, d'Egypte et de l'Amérique du Nord. Dans les formations entrerrienne et araucanienne, nous trouvons des types qu'en Europe on ne rencontre que dans l'oligocéne et le miocéne et qui nous permettent des corrélations assez precises. Dans la formation pampéenne nous trouvons une quantité de genres appartenant á des familles propres au miocéne et au pliocéne de l'Amérique du Nord qui nous fourriissent des points de repére également précis. Le désaccord auquel il fait allusion: que les paléontologues ne sont pas cl'accord pour fixer la liste precise des espéces de chaqué horizon, est purement imaginaire. Ces listes je les ai données avec un excés de détails l . Dans le pays personne les a contestées, 1 Ameghino Fl. (Jontribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la Re- pública Argentina, in-folio de xxxn et 1027 pages et 98 planches. Buenos Aires, a. 188y. — Id. L : Age des formations sédimentaires de Patagonie, 8.°,23L pages, a. 1903. — Id. Les Formations sédimentaires du crétacé supérieur et du tertiaire de Patagonie, 1 vol. 8.° de 568 pages, a. 1907. — Id. Enumerativa synoptique des espéces de mam- miféres fossiles des formations éocénes de Patagonie, l vol. 8.° de 196 pages, a. 1891. — Id. Nuevos restos de mamíferos fósiles oligocenos recogidos por el Profesor Pedro Scalabrini y pertenecientes al Museo del Paraná, 1 vol. 8.° de 205 p. a. 1885. — Id. Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de los terrenos terciarios antiguos del Paraná, 1 vol. 8.° de 226 p., a. 1886. — Id. Lista de las especies de mamíferos fósiles del mioceno superior de Monte Hermoso, 17 p., a. 1888. —Id. Premiére contribution á la connaissance de la faune mammalo gique des couches á C'olpodon, 8.° de 70 pages, a. 1902, et une vingtaine de mémoires en plus contenant des listes de fossiles. AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES. 49 et les paléontologues ótrangers qui ne connaissent pas le terrain n'ont Y>as le droit de douter de ees renseignements. Elles sont aussi exactes que celles qu'on posséde sur les faunes fossiles cl'Eu- rope et de l'Arnérique du Xord. D'ailleurs, il est évident que per- sonne ne peut mieux dresser ees listes que ceux qui en ont recueilli et décrit les materiaux, et c'est le cas en question. A la page 205, quand il traite de la nomenclature géologique des formations sódimentaires en general il fait une affirmation qui est bien loin d'étre exacte. II dit que la form&tion pampéenne est constituée par des dépots de loess ou limón semblable á celui des autres continents, ce qui n'est vrai que pour la partie la plus superficielle; la partie moyenne et inférieure est d'un aspect bien différent du loess classique de l'Euro|}e céntrale que je comíais tres bien et cette différence a été reconnue par tous les géolognes qui dans ees derniers temps ont visité le pays et examiné ees dépots. II est vrai que Wilckens a réuni la formation araucanienne a l'entrerrienne, mais il est également vrai, que cet auteur qui a traite de la géologie du pays sans le connaitre et avec des idees préconcues est tombé dans les plus grandes erreurs possibles. Dans ce cas j'ai demontre avec une surabondance de preuves que les deux formations sont absolument distinctes aussi bien au point de vue stratigraphique qu'au point de vue paléontologique en ce qui regarde les mammiféres 1 . M. H. v. Ihering qui a étudié tres soigneusement la f aune des mollusques fossiles de ees deux forma- tions est arrivé a la méme conclusión 2 . Ces faits n'ont pas été contestes et par conséquent ils font foi, tandis que les arguments de AYilckens ne sont qu'absolument fantastiques, voyant le pays et les faits de son burean á plusieurs milliers de kilométres de distance. Que ce méme Dr. Wilckens, comme le rappelle M. Moclii, en- tende le santacruzien d'une maniere différente ele comme je Tai établi, delimité et décrit dans des nombreux travaux cela n'a ab- solument aucune importance. car lá-dessus, les idees de l'auteur ' Ameghino Fl. L'Age des formations sédimentaires de Patagonie, pp. 178-200, a. 1903.— id. Les Formations sédimentaires du crétacé nupérieur et du tertiairede Pata- gonie, pp. 261 á 271, a. 1906. 2 Ihekixg H. von. Les Mollusques fossiles du tertiaire et dn erétacé supérieur de VArgentine, 8 ° d« xm, et Gil pages, avec 18 planches. Anal, del Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3. a , t. vn, a. 1907. Les Formations entrerriennes et araucaniennes sont traitées aux pages 352 á 418. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Enero 30, 1911. 4 50 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. en question sont encoré plus fantastiques: il a róuni dans le santacruzien des dépóts de touts ages et de tonte nature, placant a la cúspide de la serie marine patagonienne-superpatagonienne, (ou pampatagonieime de Ihering) des couches qui se trouvent á la base, et une foule d'erreurs du méme genre. Ayant deja prouvó toutes ees erreurs avec un excés de matériaux positifs 1 sans qu'il y ait eu de contre-correction, la citation en question vient mal á-propos. Le Dr. Mochi entre aussi dans quelques considérations sur les différentes formations tertiaires pré-pampéennes, oú perce d'une maniere evidente la tendance á les rajeunir de sorte qu'á la fin la pampéenne ne puisse trouver d'autre place que le quaternaire. Je n'ai pas Tintention de m'étendre ici longuement sur cette question de chronologie des terrains sódimentaires de l'Argentine. Je m'en suis oceupé á maintes reprises avec un excés de détails et de preuves, qui n'ont pas été contestes, du moiñs avec des preu- ves contraires. Je ne ferai done róférence qu'aux points traites par M. Mochi. Aux plus anciens de ees terrains qui constituent ce qu'on appelle la formation guaranienne il ne lui dódie que trois lignes qu'on trouve á la page 207. «La formazione guaranitica é riconosciuta per cretácea in parte, nella base, dai migliori trattatisti, ma le sue argille rosse son considérate eoceniche. (Burckhardt, La Forma- tion pampéenne de Buenos Aires et Santa Fe, Rev. Mus. La Plata. xiv, 1907, p. 157)». Je consulte la page indiquée et je ne trouve rien sur cette affir- mation, que les argües rouges du guaranien soient óocénes, mais seulement une simple référence a une couche de loess du pampeen inférieur (ensénadéen, sensus latus) mentionnóe par Roth comme se trouvant au-dessous de l'entrerrien. On sait que cette erreur de Roth a eu pour cause l'existence a San Pedro d'un banc d'huitres fossiles qu'il prit á tort pour correspondre a l'entrerrien, tandis qu'en réalité il est d'époque beaucoup plus récente, a peu prés du milieu de la formation pampéenne. Les argües et sables rouges du guaranien constituent précisé- ment la base et non le sommet de cette formation et aujourd'liui tous sont d'accord pour référer cet ensemble de couches á l'époque crétacique. Ce que quelques auteurs référent a l'éocéne. quoique á 1 Ameguimo Fl. Les Formations ¡sédimentaires, etc., déjá mentionnée. AMEGHINO : L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTALRES 51 tort, ce sont les conches d'argiles grises et blan cha tres qui viennent au-dessus et qui contierment la faune mammalogique du Notosty- lops, que plus haut (p. 48) j'ai deja dit est au moins d'áge séno- uien. Au patagonien il lui dédie cinq lignes. «Wilckens (Die Meeres- ábh, etc.. p. 17*2), fondandosi specialmente su un apprezzamento di Cossmann (Revtie critique de Paleozoologie, vn,p. 149, 1903), crede dimostrabile l'etá oligocenica superiore o miocenica inferiore della formazione patagónica ; gli antozoari (De Angelis d'Ossat, Zoantari del terziario della Patagonia. Paleont. itálica, ix, 1903, p. 7), i briozoari e i pesci (Ameghino, Les Formations, etc. Cap. vm) patagonici stanno pero per l'eocene o l'oligocene inferiore.» Postérieurement a la date de 1903 citée par M. Mochi, M. Coss- mann est revenu sur ses impressions du premier moment. Dans cette méme année de 1910, en rendant compte d'un mémoire de M. von Ihering, oñ ce dernier auteur insista sur les nombreuses erreurs commises par MM. Steinmann et Wilckens au su jet de la géologie et la paléontologie de l'Argentine, il termine son compte rendu avec ce paragraphe bien expressif. «Nous devons ajouter qu'il est toujours téméraire de juger a distance cet^e difficile question de stratigraphie patagonienne, d'aprés des matériaux plus au moins súrs, rapportés en Euro pe, alors que les f reres Ameghino,— qui sont lá-bas sur place et qui ont recueilli d'im- menses series de vertebres et d'invertébrés avec une authenticité complete des localités — sont beaucoup mieux qualifiés que nous pour afnrmer la succession des couches. La stratigraphie ne peut pas se faire en chambre!» 1 . Tous les fossiles qu'on tro uve dans le patagonien, aussi bien les vertebres que les invertébrós prouvent l'áge éocéne (non oligo- céne) de la formation. Quant aux preuves stratigraphiques elles sont irrefutables. M. "Wilckens, dans le travail cité par Mochi a commis un nombre si considerable d'erreurs que ses opinions sur ce sujet ont perdu toute autorité. D*ailleurs, j'ai demontre avec une quantitó de preuves accablantes que le patagonien est éocéne, et ees preuves non pas été contestées ni par "Wilckens ni par per- sonne. Sur le santacruzien il porte un paragraphe un peu plus long D'aprés lui, cette formation on ne peut la synchroniser tout au 1 Cossmann M. Reate critique de Paleozoologie. Quatorziéme année, 1910, pp. 106-107. 52 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. plus quavec l'oligocéne d'Europe et non avec l'éocéne comnie je le prétends. Les preuves de cette affirmation si catógorique, sont que «La sua fauna rnammalogica sembró eocenica o oligocenica al Gaudry (Sur la marche de Yevolution en Patagonie. BuJJ. Soc. Géol. de France. Ser. 4. e Vol. ni, 1903, p. 473) per la facies gene- rale, ma lo Zittel (Op. cit. p. 764) la giudica oligocenica. Lo studio dei niolluschi ha convinto anche von Thering (Os Mol luscos dos terrenos terciarios da Patagonia, 1895) dell'etá oligocenica del san- tacruziano, che é provata puré dal fatto della presenza nella for- mazione imniediatamente superiore di Ostrea patagónica, Pectén paranensis e altri fossili rniocenici (D'Orbigny, Voy. etc., 1842). Fra tanti disparen non manca qui la ritiene niiocenica, (Scott Mammalia of the Santa Cruz Beds. Reports, etc., vol. x , 1903) opi- nione que l'Ameghino (Les Formations, etc. Gap. x) combate vitto- riosamente». Je ne vois dans tout ce qui precede absolument rien qui puisse démontrer l'áge oligocéne du santacruzien. La citation de D'Or- bigny ne vient pas á-propos puisqu'il s'agit cl'une question qui n'était pas de son temps. Celle de Scott se refere á une simple opinión qui n'a pas étó suivie d'une démonstration quelconque. II me parait que l'opinion de Gaudiy de 1903 doit avoir plus de poids que celle de Zittel de 1892, émise au commencement des découvertes paléontologiques du santacruzien. II en est de méme de la citation qu'ilfait de M. v. Ihering d'aprés un travail de 1895, quand cet auteur ne faisait que commencer l'ótude des coquilles fossiles de Patagonie. S'il eut consulté les travaux plus rócents du méme auteur, et spécialement son grand ouvrage de 1907, sur les mollusques fossiles de Patagonie 1 , il aurait vu que cet auteur, qui est celui qui connait le niieux les mollusques de l'Amérique du Sud. refere le santacruzien (superpatagonéen) á l'éocéne supérieur. L'unique argument de M. Mochi, la présence de Ostre i patagónica, etc., dans la formation qui vient immédiatement au -dessus. est inexact. Ostrea patagónica et Pectén paranensis sont de la forma- tion entrerrienne, c ui quand on la trouve au-dessus du santacru- zien repose sur cette derniére en discordance. Entre le santacru- zip-n et l'entrerrien il y a, aussi bien au point de vue géologique que paléontologique un hiatus enorme. Les faunes, aussi bien marines que terrestres, sont coniplétement différentes, et cette grande 1 Ihering, H. v. Les Mollusques fossiles du tertiaire et du crétacé supérieur de VArfj entine. Chap. v, pp. 62-331, et Chap. xn p. I AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SEDIMENTA IRES. 53 séparation góologique «t paléontologique est encoré un autre ar- gument en faveur ele la grande antiquité du santacruzien. En fin, je dois ajouter que comme dans le cas du patagonien je me suis étendu longnement sur la question de l'áge de cette formatión dans plusieurs fcravaux et spócialement dans: L'Áge des formations sédi- mentaires de Patagonie et dans Les Formations sédimenf aires du ere- tacé supérieur et du tertiaire de Patagonie. Or, jusqu'á présent les preuves que j'ai fournies n'onfc pas été contestées. Par conséquent, avant d'afíirmer que le santacruzien est oligocéne ou miocéne il faut détruire les preuves que j'ai apportées en faveur de l'áge éocéne. A l'entrerrien, qui est deja plus prés de nous, et que l'auteur croit a tort, en relation avec le pampeen, il lui dédie une page (p. 208) dans laquelle on s'apercoit de suite des efforts qu'il fait pour le rajeunir autant que possible. Ici aussi il commence par une affirmation un peu trop hardie et bien difíicile a soutenir en présence de la logique des faits. L'áge de l'entrerrien, dit-il, on peut l'estimer, au máximum comme du pliocéne inférieur. L'exposition de M. Moclii étant sous une forme résumée il serait difíicile d'en faire un resume. Je préfére done la transcrire. «L'etá clella entrerriana puó stimarsi, al massimo, pliocenica inferiore. Con essa fanno la loro comparsa nell' America del Sud i carnivori Procyonidm. Se, osserva giustamente lo Scott (La Corre- lation des formations tertiaires et quaternaires dans V Amengüe du Sud, in: L. X. Nouvelles rech., p. 466) queste forme sonó immigrate dall' America settentrionale come é opinione comune,bisogna asseg- nare all'orizzonte un'eta posteriore a quella in cui la vía terrestre di comunicazione tra nord et sud per l'itsmo di Panamá si era giá formata: e la data sicuramente pliocenica dei Blanco beds del Texas (il piü antico deposito nord-americano a mammiferi súd- ame ricani) prova che questa comunicazione non puó risalire al di la dell'ultimo periodo del terziario. Che l'istmo siasi constituito in tale época é del resto ammesso da tutti, anche da A., e provato da molti altri fatti». «A. naturalmente spiega in ben altro modo la presenza di Pro- ct/onida? e d'altre forme estranee al continente meridionale d' Ame- rica in questo strato che suppone oligocenico. Rgli ritiene che nel terziario antico e nel medio esistesse tra 1' America del Sud e i continenti boreali una comunicazione. a traverso F Atlántico, molto pin estesa e persistente di quella ammessa da altri paleo- 54 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. geografi: al principio del terziario un vero continente, l'Archhele- nis di Von Ihering, originatosi nel cretáceo; poiun ponte terrestre sempre piü ristre tto, che nel miocene doveva costituire ancora un'ininterrotta catena d'isole. (Anche il Suess [Das Antlitz der Erde, Wien-Leipzig, 1883-1809, Vol. m, P. 2. a , p. 78G], e Neumayr [Storict della Terra, Torino, 1897, Vol. n, p. 272] ammissero l'esis- tenza di un continente atlántico, ma solo nel secondario). E con ció non ha bisogno di posporre al formarsi del istmo centro-ame- ricano l'epoca degli scambi tra il nord e il sucl. Ma come si vede siamo qui in presenza d'un ipotesi che dovrebbe dimostrarne un'altra. E che contrasta alie recenti idee morfologiche e geole- giche sulPantichitá e stabilitá dei fondi oceanici e aull'origine dellegrandi aree continentali attuali. (Queste idee sonó riassunte dal Geikie, The Evolution of climate. «Scott. Geograph. Magaz.», vi, 1890.— Cfr. anche: G-regory [«Nature», lvi, 1897, p. 301] e Le Conté [«Bull. Greol. Soc. of America»; vm, 1897, 113]).» «L'etá pliocenica clell'entrerriano é invece provata aDche dai suoi molluschi (Borchert. Die Mollusken fauna und das áltér der Paraná. — Sttife. Herausgeg. von Gr. Steinhaiyn. «N. Juhr. f Afine - ral. Geol. itnd Paleont.» , xi, 1901), dai suoi pesci (Smith Wood- ward, On some Fish-remains from the Paraná Formation. «The Ann. Magaz. of Nat. Hist., Sez. vn, Vol. vi, 1900) e dallo studio stratigrafico del Wilckens (op. cit.)». Voyons maintenant la valeur des arguments qu'il apporte en faveur de sa thése. Avant tout on doit placer le probléme de l'époque á laquelle remontent les premieres Communications entre les deux Améri- ques pendant les temps tertiaires néogenes. Dans le tertiaire éogéne les deux A m ériques ótaient absolument séparées; c'est un fait reconnu sur lequel il y a un accord parfait d'opinions. Pen- dant ce long espace de temps les faunes mammalogiques de l'Amé- rique du Nord et de lAmérique du Sud ont évolué d'une maniere absolument indópendante, et ont acquis des caracteres si diver- gente qui les rendent inconfondables. Quand les deux Amériques se communiquérent, il y eut un mélange de faunes; des reprósentants de la faune nordamóricaine pónétrérent dans l'Amérique du Sud, et des reprósentants des faunes sudamericaines pónétrérent dans l'Amérique du Nord. Pouvant dóterminer l'époque de la premiére aparition des mammiféres sudaméricains dans l'Amérique du Nord, et la premiére apparition des mammiféres nordaméricains dans l'Amérique du Sud, il est clair qu'on peut déterminer d'une maniere AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES. 55 tres approxiinative l'époque á laquelle se produisit l'union des deux Amóriques. II y a une trentaine d'armées les plus anciens mamrniféres. d'ori- gine sudaméricaine trouvés dans l'Amérique du Nord étaient ceux des cavernes de Kentucky, Indiana, Pensylvanie, etc., et ceux du loess du Mississipi. D'aprés ees documents on admit done que l'union des deux Amóriques avait eu lieu au commencement du quaternaire. Plus tard, la découverte de maniniiféres d'origine sudaméricain- ne dans le plioeéne de Texas, Florida, etc., prouva que l'union devait remonter au plioeéne moyen, ou peut-étre méme au plio- eéne inférieur. Des recherckes encoré plus recentes obligent á reculer cette unión encoré davantage. La découverte d'un édenté de la famille des Megalonychidai dans les Mascall beds de l'Orégon x sur lesquels il y a un accord parfait a les considérer comme d'époque miocéne, oblige a considérer comme un fait positif que les deux Amóriques, du sud et du nord, étaient deja unies pendant le dernier tiers de Fépoque miocéne 2 . L'apparition de cette liaison concorderait doncavec la disparition de celle guayano-sénégalóenne qui eut lieu a peu prés vers la méme ópoque 3 . La jonction des deux Amóriques pendant le miocéne supérieur qu'on peut confirmer par beaucoup d'autres donnóes modifie na- turellement toutes les déductions fondees sur l'époque plus récente de la íiaison. Que cette unión plus ancienne ait eu lieu par l'isthme actuel, ou par un pont placó un j>eu plus á l'ouest, ou par des terres qui plus a l'Est unissaient á un moment donné les Antilles aux deux Amóriques, cela ne modifie pas les déductions genérales. Le fait principal á reteñir est que le commencement de l'inter- change de mamrniféres entre les deux Amóriques date du miocéne supérieur. i Sinclair William J. Some Edeiitate-like remains from the mascall beds of Oregon, in University of California Publications, Bulletin of the Department of Geology. Vol. 5, n.° 2, pp. 65-66, a. 1906. 2 J'ai déjá eu l'occasion de m'occuper plusieurs fois de cette découverte et de constater Pinconvénient que M. Sinclair n'ait pas designé cet animal avec un nom quand il ne serait que provisoire. Cela est nécessaire et je vais remplir cette lacune en lui donnant celui de SincJairia oregoniana. Type: la phalange on- guéale décrite et figurée par M. Sinclair dans la note sus-mentionnée. 3 Ameghino Fl. Geología, Paleogeografía, Paleontología, Antropología, pp. 16. a. 1910. 56 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Naturellenient, cela établi, si dans la formation entrerrienne il y avait des mammiféres originaires de l'Amérique du Nord, il est clair qu'elle ne pourrait pas étre plus ancienne que le mioeéne supérieur, mais comine au contraire elle ne contient pas de ves- tiges de mammiféres de cette derniére provenance, il devient évi- dent qu'elle est d'éjjoque antérieure au mioeéne supérieur. II est vrai que pour affirmer l'áge pliocéne de la formation, l'auteur s'appuie sur la présence de Procyonidés, mais ceux-ci ne sont pas d'origine nordaméricaine, et par conséquent prouvent complétement le contraire de ce qu'il prétend. Dans mes travaux, j'ai beaucoup insiste sur la présence dans le tertiaire neogéne de l'Argeñtine d'un considerable nombre de mammiféres qui ont aussi des représentants dans le tertiaire moyen et supérieur de l'ancien continent, mais qui sont compléte- ment étrangers á l'Amérique du Nord, oü si Ton en trouve quelques débris ce n'est que dans les terrains quaternaires ou a l'époque actuelle. Pour expliquer cette distribution il faut admettre l'exis- tence d'un pont clirect plus ou moins continu entre la partie sep- tentrionale ele l'Amérique du Sud et l'Afrique, par lequel penclant le tertiaire néogéne, des animaux de l'ancien continent ont passó á l'Amérique du Sud et d'autres de l'Amérique du Sud ont passé á rancien continent sans que ni les uns ni les autres aient penetré dans l'Amérique du Nord. Les Procyonidés comptent clans ce nom- bre l . Cette communication intercontinentale a travers l'Atlantique central, et qui n'a áucune relation avec l'Archelenis, derniérement je l'ai designée avec le nom de liaison guayano-sénégaléenne (Geo- logía, Paleogeografía, etc., p. 16). M. Moclii dit qu'il ne s'agit que d'une hypothése en contradic- tion avec les idees recentes sur la stabilitó des fonds ocóaniques et sur l'origine des masses continentales actuelles. C'est précisément l'inverse: ees anciennes idees exposées par Wallace perdent tous les jours du terrain. Toutes les autorités' citées par Mochi sont du siécle dernier. II ne cite pas un seul des nombreux auteurs recenta qui oontredisent ees exagérations de AVallace. On n'y voit pas cité 1 Amkghino F. Sinopsis geológico-paleontológica, in Segundo Censo de la República Argentina, t. i, pp. 112 á 255, a. 1898.— Id. Paleontología Argentina. Conferencias dadas en Buenos Aires en el curso especial para profesores de ciencias naturales de los institutos de enseñanza normal y secundaria de la República Argentina, 8.° de 80 pages, a . 1904.— Id. Les Formations sédimentaires, etc , pp. 385 á 452, a. 19U<;.— Id. Geología, Paleogeografía, etc. pp. 16 et 20, a. L91U. AMEGHINO: L'AGE DES POKMATIONS SÉDIMENTAIRES 57 un seul des nombreux travaux de Iliering 1 . Pas un seul des nom- breux travaux clu Dr. Arldt sur le méme sujet 2 ; pas un mot des travaux rócents de MM. Matthews 3 , Ortmann 4 , Scharff 5 , Maas 6 , Tate Eegan 7 , Andrews 8 , Boulanger 9 , et une quinzaine d'auteurs en plus qui dans ees derniéres années se sont oceupós de cette question. M. Mochi fait mention ele M. Suess comme admettant un conti- nent atlantique raais seulement clans le seconclaire. Dans le méme ouvrage de Suess, je trouve a la page 368 et passim du vol. i de l'ódition alie mande, et dans la page 362 et passim du vol. i de l'édition francaise, que cet auteur en s'appuyant sur les travaux d'un nombre considerable de savants admet précisément une communication terrestre entre les Antilles et la Méditerranée • Iiiering, H. v. Archhelenis und Archinotis, 8 o de 350 pages, a. 1907.— Id. Les MoUusques fossiles du tertiaire et du crétacé supérieur de V Arg entine, 8 o de 611 pages, a. 1906, et une vingtaine de mémoires en plus oú il traite de la méme question. - Arldt Theodor. Die Saugetierwelt Südamerikas, in Zoologi&chen Jahrb., 1907, pp. 445-460.— Id. Die, Áltente Süugetier fauna Südamerikas, in Archiv filr Natvrges- chichte, 73.Jahrg. 1907, pp. 234-244. — Id. Zur Atlantisfrage, in Naturwissenschaftliche Wochenschrift, a. 1907, pp. 673-679. — Id. Die Entwicklung der Kontinente und ihrer Lebewelt. Ein Beitrctge zur vergleichenden erdgeschichte, 1 vol. 8 o de 730 pages, a. 1907. — Id. Noehmals die Atlantisfrage, in Naturwissenschtliche Wochenschrift,, a. 1908, pp. 699-701. — Id. Uber die jüngeren Formationen Argentiniens und Sildame- rika ais Entwitíkelungs zentrum der Sctugetiere, in Naturwissenschaftliche Rundschau, a. xxiii, n° 36, p. 453, a. 1908. — Id. Die Erdgeschichtliehe Entwicklung der Tierregio- nen, ibid, a. 1910, pp. 164-168, et une dizaine d'autres mémoires oü il traite les niémes questions. s Matthews W. D. Hypothetical Ontline* offlte Confinen/* in Tertiary Times, in Bulletin of the American Museum of Natural History. Vol. xxn, pp. 353-383, a. 1906. 4 Ortmann A. E. The Theories of the origin of the Antarctic faunas and floras, in The American Naturalist. Vol. xxxv, a. 1901, pp. 139-142. — Id. The Geographical distri- bu/ion of freshivater Decapods and its beariug upon ancient geography, in Procee- dings American Philosophical Society, vol. xli, pp. 267-400, a. 1902. 5 Scharf R. F. On (he evolufion of continents as illustrated by the geográfica! distri- bution of existing animáis. Communication au septiéme Oongrés International de Zoologie, tenu a Boston en 1909, 8 o , de 14 p. — Id. On an caria tertiary land-con- nection betwen North and South America, in The. American Naturalist, vol. xlih, a. 1909, pp. 513-531. — Id. On the evidences of a former land-bridge betwen Northern Europe and North America, in Proceedings of the Roy al Irish Academy. Vol. xxviii, Section B. N.° 1, 8 o de 28 pages. Novembre 1909. 6 Maas Cl. Streitfragen der Tieryeographie, in Oeograph. Zeitschr. a. 1902, pp. 121-140. 7 Tate Regan C. The Fresh-water fishes of Central América, in Biología Centrali- Americana, Pisces. pp. xxxm, et 203, a. 190(i-1908. 8 Andrews Ch. W. A descriptive Catalogue of the tertiary vertébrala of the Fayum, Egypt. in 4 o de 324 pages, a. 1906. 9 Presidential Adress to the Zoológica! Section. British Assottiation. (South Áfri- ca. 1905). 58 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. pendant le tertiaire néogéne: c'est ce méme pont guayano-séné- galéen. S'ils'agit d'une hypothése elle a autant ele valeur que celle de la séparation des deux Amériques pendant le tertiaire éogéne. L'exis- tence du pont guayano-sénégaléen est prouvée non seulement par les nombreux mammiféres terrestres auxquels je fais allusion plus haut, mais aussi par les mamniiféres acquatiques comme les lamantins qui habitent les cotes de l'Afriqne et de l'Amérique du Sud. II est enfin confirmé par lafaune fossile cotiére qu'ontrouve dans les conches de l'oligocéne supórieur ( 'aquitanien) jusqu'au miocéne supérieur (tortonien), d'aprés les recnerclies d'un bon nombre de savants, dont les conclusions sont rósumées par A. de Lapparent dans son grand Traite de Géologie. Quatriérne édition^ 1900, vol. ni. A ]a page 1511, il montre que dans les Antilles et á Panamá il y a des gisements avec des fossiles identiques á ceux qn'on trouve dans l'aquitanien de l'Italie móridionale (p. 1508) d'oú il en conclut «On doit done admettre qu'á cette époque une cote continué on une chaine d'iles reliait la Méditerranée a l'Amó- que». A la page 1538 il parle des mémes relations entre les fossiles du tortonien {fin du miocéne) des Antilles, Acores, Madére, et ceux du miocéne supórieur de l'Italie méridionale, en affirmant que cela demontre la persistance de la cote ou liaison jusqu'au tortonien. L'existence de cette liaison a été reconnue par M. Gregory 1 qui a fait lá-dessus des recherches spéciales, et elle est défendue dans un travail tout récent sur la distributiongeógrapki- que des Brackiopodes par M. Blockmann 2 , et pendant que j'écris ees lignes je parcours le dernier numero paru de la Pemie Scienti- fiqae oü je trouve un mémoire du Dr. A. Thevenin dans lequel on lit «Qu'il s'agisse des Mollusques, des Grustacés décapodes, des Poissons (Oicklidés et Dipneustes du groupe des Lepidosiren et du Protopterus), des Amphibiens (Oecilies), des Reptiles (Geckos et Crotales), de Siréniens (Lamantins), Texistence d'une communica- tion entre le Brésil et l'Afriqne parait certaine» 3 . Comme on peut en juger par ce qui precede, on est en présence non d'une simple hypothése sinon d'une théorie basée sur un i In Quart. Journ. Geol. Soc, a. 1895, p. 306. 2 Blockmann F. Zur Systematik und Gfeographischen Verbreitung der Brachiopo- den, in Zeitschrift fttr Wissenchaftliche Zooloyie, Neutizigster Band. pp. 590-644, a. 1908. 3 Thevenin Abmand, Les Mammiféres fossiles de Patagonie, in Revue ScierUifique, 48» année. Numero du 'ó Décembre 1910, pp. 711-718. AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES 50 nombre considerable de faits de tout ordre qui autrement restent absolument inexplicables, théorie qui est acceptée par toas ceux qui ont eu Toccasion de s'en occuper. J'arrive maintenant au seul fait paléontologique que M. Mochi invoque en faveur de ses idees (qu'enfin il faut bien l'avouer, elles sont, non seulement erronóes niais aussi absolument infondées), l'origine des Procyonidae. Ces animaux ne sont pas originaires de l'Amérique du Nord comme il Faffirme, sinon de l'Amérique da Sucl. lis n'ont pas penetré dans l'Amérique Méridionale envenant du Nord, sinon qu'ils ont envahi l'Amérique clu Nord en y allant du Sud. On en a la preuve irrevocable dans le fait qu'on n'en tro uve pas de vestiges dans le tertiaire de l'Amérique du Nord, tandis qu'ils sont excessivement abondants dans le tertiaire de 1' Argentino. La prétendue existence de Procyonidés dans le tertiaire de l'Amérique du Nord repose sur des erreurs de détermination. Le prétendu Procyonidé oligocéne du Colorado designé sous le nom de Phlaocyon j'ai reconnu que c'est un vrai Cánido ' et cete déter- mination vient d'étre confirmée par M. le Dr. Ihering '\ Quant au genre Leptarctus du pliocéne, fondé sur une seule dent isolée j'ai aussi exprimó des doutes au sujet de sa nature 3 Derniérement j'ai fait une étude soignée de la figure de la dent luí question et j'ai acquis la certitude qu'elle n'est pas d'un animal de ce groupe. M. Ihering, de son cóté, vient de la référer a un Mustelidé 4 . II reste done acquis qu'il n'y a pas de Procyonidés dans le ter- tiaire de l'Amérique du Nord. Dans 1' Argentino les faits sont tout autres. Les Procyonidés apparaissent deja constitués dans la formation entrerrienne, ils sont tres abondants dans la formation araucanienne inférieure de Catamarca, on les rencontre a Monte Hermoso et on les trou- vent encoré dans le pampeen inférieur (ensena déen) de Buenos Aires. Ces Procyonidés tertiaires de l'Argentine appartiennent a des types tres variés. II y en a de tres petits et de tres grands; á molaires triangulaires et á molaires quadrangulaires: á dentition 1 Ameghino P. Lev Formations sédimentaires, etc., p. 396, a. 1906. - Ihkking H. v. Systematik Verbreitung und Geschichte der Sildanierikanischen Raubtiere,in Archín für Naturgeschichte, Sechsundsiebzigster Jahrgang, 1910, pp. 113-179. Reférences au Phlaocyon aux pp. 159, 160, 104 et 165. ■'■ Ameghino, 1. c p. 396. 4 Ihering H. v. 1. c. p. 161. 60 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. complete ou presque complete et á dentition tres recluite: á cráne long et pointu comme celui des renards, et á cráne tres court et tres large comme celui des grands f elides. Eu outre ils présentent des relations avec d'autres groupes propres de ce contiuent l . Tout cela demontre que les Procyonidés sont d'origine sudamé- ricaine et qu'ils ont emigré á l'ancien continent ou ils apparaissent des le pliocéne par le pont guayano-sénégaléen. Ils ont penetré dans l'Amérique du Nord par l'isthme de Panamá avec les autres représentants de la faune sud-américaine (Mylodon, Gh/ptodon, Megatherium, Arctotherium, etc.) qu'on trouve dans le quaternaire des Etats Unis. Pour afíirmer que les mollusques de l'entrerrien indiquent un age pliocéne l'auteur s'appuie sur l'autorité de Borchert (1901) qui au sujet de la détermination des espéces a commis les plus grandes erreurs possibles et imaginables. J'ai demontre que non seulement il s'était trompé dans la détermination des coquilles, mais aussi dans les déductions genérales qu'il en a tiré 2 . M. Ihering a mis en évidence un bon nombre de ees erreurs immédiatement aprés la publication de Borchert 3 . Plus tard j'ai placó dans ses mains la méme collection étudiée par Borchert et il en a fait une revisión complete et detaillée. dé- montrant: qu'un nombre considerable d'espéces sont mal détermi- nées; que des 19 espéces encoré vivantes reconnues par Borchert il n'y en a que 5 qui soient bien déterminées. Les aninités sont aussi différentes que celles données par cet auteur. Enfin, une faune de mollusques qui ne contient qu'un 20 °/ d'espéces encoré vi- 1 II est de mon devoir de diré que la presque totalité de ce matériel paléontologi- que de TArgentine n'est pas encoré décrit, et je ne sais pas s'il me sera possible de le décrire. J'espére qu'on ne m'en fera pas un reproche, car je ne puis pas travai- 11er davantage; le ternps que je dédie á l'examen d'un groupe c'est au détriment de l'étude d'un autre, et cela sans teñir compte du temps précieux qu'on me fait perdre dans cea discussions continuelles qui me détournent de mes recherches origi- nales. Mais ceux qui persisteraient á m'en taire un reproche, je n'ai qu'á les in- viter á faire le travail eux-mémes, imitant l'exemple du Professeur W. B. Scott. Ils n'ont qu'á venir quelques mois á Buenos Aires oú je placerai volontiers á leur disposition tous les matériaux qu'ils désireront étudier. C'est ce que fait aussi en ce moment M. le Dr. Sefve d'Uppsala, qui est venu á Buenos Aires expressément pour étudier Pévolution et la phylogénie des chevaux. '- Amkghixo F. VAge des formcUions, etc., pp. 161-167, a. 1902. :; Iheiunc; H. v. On lite molluscan furnia of Üie patagonian tertiary, in Proceed. Amer. Phüosopk. Sociely, a. 1902, pp. 132 et suivantes. AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SEDIMEXTAIRES. 61 vantes ne peut remonter á une apoque plus récente que le miocéne inferí eur l . Ces résultats de 1 educle clu Dr. Ihering, ont été recomías exacts par toas oeux qui s'ocoupent de l'étade des Mollusques actuéis et fossiles. Personne est vena detendré les idees de Borcliert recon- nues comrne absolument erronóes. Par conséquent on n'a plus le droit d'invoquer l'autorité de cet auteur en ce qui se refere al'áge de la formation entrerrienne. Les poissons fossiles se trouvent dans le méme cas que les mollusques: ils prouvent précisément le contraire de ce que M. Mochi prétend. II est vrai que le travail de mon éminent collégue et ami M. A. Smith AVoodward sur les poissons fossiles de Paraná l'a conduit a considérer le gisement comme probablement pliocéne, tandis que Alessandri se basant égalemeiit sur les poissons le consi- dérait comme eocéne a , et que M. ¡Sangiorgi se place dans un terme moyen entre lesdeux 3 . En 1902 jefis une étude critique detaillée des poissons fossiles de Paraná sur un matériel beaucoup plus con- siderable que celui examiné par mes prédécesseurs, démontrant qu'ils conduisaient á considérer le gisement comme oligocéne 4 . L'absence absolue cTespéces exclusives du tertiaire néogéne rend absolument impossible de référer la formation au j)liocéiie. Plus récemment, en 1900, j'ai insiste sur le caractere ou aspect archaique de la faune ictlryologique de Paraná et rabsence d'une seule espéce qui soit exclusive du néogéne et pouvant indiquer un age pliocéne 5 . Ces conclusions n'ont pas été contestées par personne. Par con- séquent, jusqu'a ce qu'on ne prouve que je me suis trompé, on n'a pas le droit d'invoquer les poissons de Paraná comme indiquant un age pliocéne en prennant comme autorités des auteurs qui ont traite la question avant mes études sur le méme sujet. Eeste l'autorité des travaux stratigrapkiques ele M. AVilkens invoques par l'auteur en faveur ele sa thése. Est ce que M. Mochi n'a pas pris connaissance ele mon ouvrage sur Les Formations sédi- mentaires, etc., qu'il mentionne á plusieurs reprises? II faudrait croire que non. Les travaux stratigraphiques de Wilckens! C'est, 1 t hkking, H. v. Les Mollusques fossiles, etc. pp. 352-389, a. 1907. - Alessandri, Giut.io de: Sicerche su i pesci fossili de Paraná, in Atti della Reale Accademia delle Scienze di Torino, Yol. xxxi, a. 1896. 3 Saxgiorgt, Domexico, Nuove forme di pesci fossili del Paraná, in Rivista italiana di paleontología. Yol. vn, pp. fil-(i8, a. 1901. 4 Ameghino F. WAcje des form. etc., pp. lfi8-178. 5 Ameghino !•'. Les Formations sédimentaires, etc., p. 259, a., 190(3. 62 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. comme dit Cossmann, de la stratigraphie faite en chambre pendant un aceés d'ameghinophobie aigüe, — de la stratigraphie dans la- quelle les couches qui se trouvent en bas ont été bouleversées et placees en haut de toute une serie de plusieurs centaine de métres d'ópaisseur, et des formations géologiques ainsi que des riviéres qui se trouvent sur la cote de l'Atlantique ont été transportées 400 kilométres a l'Ouest presque an pied des Cordilléres, et ainsi de snite. Assez, par faveur; cela n'est pas sérieux, et le plus grand service que Ton pourrait rendre a M. Wilckens serait de ne pas se rappeler de son nom dans ees questions. Passons maintenant a la partie du travail de M. Mochi corres- pondant aux formations plus recentes, qui est un vrai péle-méle d'idées, de faits, et de citations presque inextricable, oú les faits sont tortures sous toutes les formes possibles á fin de les faire concorder avec ses préjugés qui ici percent de tous les cotes. Aprés l'entrerrien, vient la formation araucanienne de Doering, mais M. Mochi n'en parle pas, ou il en dit si pea et sous une forme si vague, qu'elle reste comme diluée dans la formation pampóenne. Pourtant, c'est une formation non seulement indépendante au point de vue stratigraphique et palóontologique, mais elle est aussi peut-étre la plus puissante et la plus étendue des formations sédimentaires tertiaires de l'Argentine. Des ótages puelchéen, chapalmaléen et araucaneen il n'en dit pas un mot, si ce n'est leur simple inclusión dans le tablean de la dis- position des terrains. II ne s'arréte qu'á l'hermoséen, auquel il dédie deux paragraphes, un a la page 6, et l'autre a la page 9. A la page 6 il dit: «In questo senso la formazione pampeana di E. coincide con quella di A. aggiuntovi lo strato hermoseano deH'araucana di questo ultimo autore; la quale aggiunta e abbas- tanza giustificata dal fatto dell'essere anche questo uno strato di loss, diíferente dai sovrapposti solo per il colore (Lehmann-Nits- che ; Kouv. rech., etc., p, 204). La fauna non ha maggiori diversitá dal hermoseano al pampeano inferiore d'A. di quelle che non ne abbia tra questo ultimo e il superiore.» Tout au contraire de ce que dit l'auteur, l'inclusion de Thermo- séen dans le pampeen n'est justifiée a aucun point de vue. Comme age, le loess ne signifie absolument rien, car il y en a dans les terrains d'origine sous-aérienne de tous les étages du tertiaire et on en trouve méme dans les formations crétaciques. Dailleurs, ce prétendu loess de Monte Hermoso est complétement difFérent du loess quaternaire de l'hemisphére septentrional. Je crois que celui AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES. 63 qui cloit connaitre niieux le loess d'Europe c'est celui qui s'en est le plus occupé, le prof. Steiiimann que Mochi mentionne souvent. En parlant du terrain de Monte Hermoso, Steinmanii dit: «C'est un lehm brun couleur de foie ; ressemblant par son aspect a l'ar- gile basaltique; ses fentes et crevasses sont remplies de tosca bizarro. Je ne connais ríen qui lui r essemble dans nos formations de íoess.» 1 L'auteur tombe aussi dans une grande erreur quand il affirme, je ne sais pas sur quelles données ou réfórences, que la faure de Monte Hermoso ne différe pas d'avantage de celle du pampeen inférieur (ensenadéen) que cette derniére ne difiere de celle du pampeen supérieur (bonaeréen). J : excuse M. Mochi de cette hérésie parce qu'il n'est pas ni góologue ni j)aléontologue. Les faunes de l'ensenadéen et du bonaeréen sont assez ressemblantes, étant cons- tituées par des espéces diíférentes mais pour la plus grande partie appartenant aux mémes genres. La faune de Monte Hermoso difiere profondément de celle du pampeen inférieur. nayacrt pas une seule espéce en commun, la plus grande partie des genres étant aussi différents, et possédant des familles et méme des ordres qui n'existent pas dans le pampeen inférieur. Entre la faune du pampeen inférieur (ensenadéen) et celle de l'heraioséen, il y a au moins trois faunes mammalogiques disti notes. Passons á ce qu'il dit a la page 9. «L'hermoseano (= pampeano inferiores di R.) alio Zittel, che lo considerava riunito alia forrnazione araucana di A., sembrava sin- crono al pliocene d'Europa. Ma certe specie tuttora viventi che esso contiene, la presenza del Typotherittm e i caratteri fisici dei suoi depositi di lóss, testimoniano in favore de la sua riunione ai successivi strati quaternari. Nello stesso senso parla il fatto che Monte Hermoso ha dato un certo numero di mammiferi di immi- grazione nord-americana che fanno supporre un'etá poco diversa da quella dei pleistocenici Equus beds degli Stati Uniti. Forse si tratta d*un etá al limite fra terziario e quaternario, qualche cosa come i nostri Forest beds. La ipotesi di A. d'un ponte terrestre mio-pliocenico da N. a S. per il Mar Caraibo, non sposta la ques- tione.» C'est une serie d'inexactitudes condensées dans le plus bref i Stkinmann G. Le Düuvium dans VAmérique du Sud, in Becue Genérale des Sciences purés et ajjpliquées, 18" année, 1907. p. (¡31.— Voir aussi.— Uber Düuvium in tSttd-Amerika, p. 12, a. 190b. 64 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. espace possible. Ce n'est pas exact que dans l'kermoséen il y ait des espéees encoré vivantes. La prósence du Typothevium dans le méme étage, rapproche ce dernier des horizons pías anciens de la méme formation araucanenne; dans le pampeen on ne tronve ce genre que dans la partie inférieure ce qui contribue á donner á l'en- senadéen un cacliet d'antiquité tres remarquable. Enfin, il n'est pas exact qu'á Monte Hermoso il y ait un ctrtain nombre de mammi- féres immigrés de l'Amérique du Nord et qui pourraient taire croire á un age á peu prés ógal a celui des Eqtius beds. L'inter- change de mammiféres entre les deux Amériques ayant commencé a la fin de l'ópoque miocéne (voir plus haut, p. 55) l'absence com- plete de types ^ordarn erica ins dans l'étage de Monte Hermoso est une preuve evidente ct irrefutable que celui-ci est d'époque mio- céne. Arrivé a ce point il se pose devant moi un probléme. Ponrquoi tous ees efforts pour refuser a Monte Hermoso un age tertiaire? Dansisette question, M. Mochi est-il comme jusqu'á maintenant je l'ai cru, vraiment impartial, ou est-il au contraire enchairió a des idees préconcues? Je m'incline á cette derniére supposition: autre- ment on ne pourrait pas comprendre jDOurquoi aprés avoir citó l'autorité de Zittel qui il y a dix-huit ans placait l'liermoséen dans le pliocéne, la désautorise avec les arguments infondés sus-men- tionnés, et pourquoi il passe sous silence les auteurs récents qui tous, sans exception placent l'liermoséen dans le tertiaire. Le Dr. Steinmann qui est un des auteurs qui eberchent a rajeunir le plus possible l'áge des formations tertiaires de l'Argentine, et qui comj^te au nombre de ceux qui placaient l'hermoséen dans le quaternaire, dans ses derniers travaux le place dans le tertiaire et comme ótant d'áge pliocéne 1 . Le Dr. Lehmann-Nitschb est un auteur bien connu du Dr. Moclii qui le mentionne a cliaque instant, ainsi que son ouvrage sur rhomme fossile de 1' Argentino. Pourquoi done cacke-t-il, que cet auteur, dans ce méme ouvrage, termine en disant: «Actuellement les couebes de Monte Hermoso peuvent étre considórées comme appartenant pour le moins au pliocéne». 2 Le Dr. E,oth est un autre des auteurs bien connus du Dr. Moclii 1 Sthinmann, our se constituer, evoluer. se diversi- fiant en nombreux genres et espéces, et enfin s'éteignant com- plétement sans laisser de descendants. Ces faunes éteintes du pampeen n'ont pas avec la faune actuelle de i'Argentine une relation semblable avec celle que présente la faune éteinte d'Australie avec l'actuelle de ce méme continent. Les faunes néogénes de l'Argentine contiennent une quantité considerable de mammiféres d'une origine étrangére á l'Amérique du Sud, et qui sont venus, les uns de l'Amérique du Nord, oü les mémes types se trouvent dans le pliocéne et dans le miocéne supérieur. et les autres de l'ancien continent oñ on les trouve depuis l'oligocéne jusqu'á la fin du miocéne. En rappelant en outre que la faune du pampeen supérieur (bonaéréen) de 1'Argentine a penetré dans l'Amérique duNord oíi AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES. 71 on la trouve, en Florida par exemple, couverte par des couches marines que toas les paléontologues de rAmórique du Nord référent au pliocéne supérieur, on comprendra de suite l'impossi- bilité absolue de réfórer le pampeen á une époque plus récente. Un autre argument bien enfantin est celui que, en référant le pampeen au tertiaire il ne resterait pour le quaternaire que des dépóts tres limites en espace et en profondeur, ce qui serait un contraste singulier aveo la distribution géograpliique et l'épais- seur qu'il présente dans les autres régions. Que diré alors des ré- gions constituées par des formations encoré plus anciennes, ter- tiaires ou méme crótacóes, qui se présentent á la snrface sans le moindre vestige de quaternaire? Faudra-t-il á cause de cela les rapporter á l'époque quaternaire? Le quaternaire n'a pu se former que dans les régions basses qui recevaient les matériaux apportés par les eaux des régions plus liautes. L'argument de M. Moclii se tourne contre sa thése, parce quel'absence sur la plaine argentine, d'un grand umiteau continu de terrain quaternaire, prouve que cette plaine continentale est élevée au dessus du niveau nécessaire pour le procés de la sédi- mentation depuis une époque antérieure au quaternaire, et a partir de cette époque, au lieu d'étre soumise á un procés de sedimen- taron, elle est en plein procés d'érosion. Mais si dans la plaine les dépóts quaternaires sont insignifiants, á l'intérieur prés des Oordi- lléres ils atteignent des centaines de métres d'épaisseur, et il en est de méme sur certains points.prés de la cote de FAtlantique, á Ajó par exemple, oü d'aprés les informations verbales que m'a données le Dr. Roth, les dépóts quaternaires et postpampéens des- cendent jusqu'á plusieurs centaines de métres au-dessous du niveau de l'océan. Un autre argument qui se tourne aussi contre sa thése, est celui de l'a|Dparition dans le pampeen ele nombreux débris d' Hominidae, fait qui d'aprés lui indiquerait une époque quater- naire parce que dans les autres régions de la terre l'liomme est essentiellement quaternaire; avant d'admettre, dit-il, une si grande abondance de débris humains p lio cenes, quelques uns d'un type evidemment récent, on doit exiger des preuves Valides, et comme celles-ci manquent et les contraires abonclent on doit en conclure que l'ancienneté des gisements humains argentins est a peu de cliose prés égale á celle des européens. En fermant les yeux devant les preuves on se fait l'illusion 72 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES qu'elles n'existent pas; c'est ce qui arrive á M. Mochi. On a vu le manque absolu de fondement et méme de logique de ses attaques á l'antiquité des formations sédimentaires de l'Argentine. L'áge pliocéne du pampeen et resté inébranlable et par conséquent les débris humains qu"il renferme sont bien d'áge pliocéne. II est évident que l'liomme ne doit pas étre apparu sur toute la surface ele la terre a la fois; il doit avoir eu un commencement et un point de départ. Or, comme dans les autres régions de la terre on n'a pas trouvé d'ossements humains d'áge tertiaire, nous en concluons que l'origine et le centre de dispersión de rhomme est la moitié méridionale de l'Amérique du Sud, oú ses débris fossiles de l'époque tertiaire se trouvent en abondance. Cette conclusión est- én parfaite concordance avec tous les autres faits qui se rappor- tent a l'homme, et en premier terme avec ses caracteres pkysiques. Ce n'est que clans les couclies les plus supérieures du pampeen qu'on trouve des formes humaines qui par leur évolution sont d'aspect relativement recentes: ce fait est en concordance avec la présence de formes semblables dans le quaternaire inférieur d'Europe, comme celles de l'Olmo et de Galley Hill. Dans le pampeen moyen et inférieur onne trouve que des fcypes tres inférieurs, beaucoup plus primitifs que l'homme ele Neander- thal, plusieurs avec un front beaucoup plus bas que la plupart des singes américains, ce qui est aussi en parfaite concordance et en corrélation avec leur extreme antiquité. L'abondance méme de ees débris, indique qu'on est sur leur point d'origine et dans la región de leur plus grand développe- ment. C'est une regle genérale bien comme en paléontologie et en zoo- logie et paléozoogéograpliie, que la región d'origine d'un type de mammifére est celle oú il a acquis le plus de développement et le plus haut degré de clivcrsification. Dans les formations sédimen- taires néogénes de la plaine de la province de Buenos Aires, c'¡.st- á-dire dans une región de la terre relativement recluite, sans compter VHomo sapiens des conches les plus supérieures on y a deja rencontré six types el 'bominiens profondément distinets les uns des autres, — si difíerents quils présentent entre eux beaucoup plus de différences que celles que nous observons entre les races humaines actuelles les plus éloignées les unes des autres. Ces types sont: TetraprotJiomo argentinus, Diprothomo platensis, Homo ¡ am- paeus, Homo caputincHnatvs, Homo sinemento, et un autre type intermédiaire entre Diprothomo et Homo qu'on vient de trouver pendant que j'écris ces lignes. AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIRES. 73 Ces six espéces d'hominiens (sept en y ajoutant Homo sapiens) cantonnées dans une méme contrée, prouvent avec toute l'élo- quence des f aits sans appel, que c'est bien ici le centre d'apparition, diversification et dispersión du genre humain. Le Dr. Mochi termine ses considérations sur l'antiquité de riiomme dans l'Argentine avec ces paragraplies : «Indipendentemente dai reperti osteologici si sonó invocati altri fatti per provare l'antichitá dell nomo in Argentina: e cioé si é creduto di dimostrare le tracce de la sua industria (focolai. detriti di combustione, oggetti d'osso, legno e pietra) in terreni geológi- camente anticlii secondo la cronología di A. Ma la origine inten- zionale e umana di queste tracce é ancora molto discussa ed é prudente, per ora, astenersi da ogni giudizio (In L. M. h'ouv. rech., é esaminato ampíame nte anche questo problema. Per le trace di focolai e combnstioni cf r. specialmente : Ameghino, Enumération critique et chronologiquedes notices sur les terres cuites et les scories anthropiqu.es des terrains sédimeniaires néogénes de VArgentine, partís jusqiiá Jo fin de Vannee 1907. «Anal. Mus. Nac. Buenos Aires», xx, 1910, p. 39. In appendice contiene puré la bibliografía 1903-1909).» «Ad ogni modo nessuno dei supposti documenti industriali sembra risalga oltre 1'liermoseano; cosi che, data la cronología stratigrafica pin probabile, neppure se la questione venisse risolta in senso favorevole a chi sostiene l'origine antropica dei documenti medesimi, si giungerebbe a invechiare molto l'uomo americano in confronte all'europeo.» On reste profondément étonné d'entendre affirmer á M. Mochi? que toutes les traces d 'industrie, comme pierres et ossements taillés, foyers, etc.; — touts les objets de ce genre que j'ai décrits et figures dans mes clifférents ouvrages; tous ceux qu'a décrits et fi- gures M. le Dr. Lehmann-Nitsche dans ses Nouv. rech., etc., ainsi que cenx figures et décrits par d'autres auteurs . . . tous cela est douteux! et ce qni cst plus grave il fait cette affirmation sans avoir examiné les documents. En ajoutant que méme M. F. Outes admet que la presque totalité de cet ensemble est bien dú á la main de Thomme c'est tont diré, et sur ce point M. Mochi reste absolument seul 1 . l Outes Fei.ix F. et Bruch Carlos. Los Aborígenes de la República Argentina, 8 o de 150 pages. Buenos Aires, a. 1910. Voir aux pages 41 áJ4. Quoique ce petit manuel porte la date de 1910, les premiers exemplaires n'ont été distribués qu'au commencement de Janvier 1911. 74 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Le matóriel de ce genre qu'on a accuinulé au Musée Natio- nal de Buenos Aires est si considerable et contient des piéces si caractéristiques que seulement les aveugles peuvent ne pas y re- connaitre la main de riiomme,— et les aveugles sont a plaindre, rien de plus .... En afnrrnant que de toute maniere aucun de ees documents in- dustriéis ne remonte au déla de l'hermoséen, il tombe également dans l'erreur, car dans le méme ouvrage de M. le Dr. Lehmann- Xitsche (Nouv. rech., etc.) qu'il cite á chaqué instant, aux pages 441 a 443 il est question de documents semblables provenant de la formation entrerrienne. Derniérement j'ai publié provenant de la méme formation en- trerrienne de nouveaux matériaux plus probatoires l , et j'en ai fait eonnaitre d'une époquegéologique encoré beaucoup plus ancienne» de l'éocéne supérieur de Santa Cruz 2 . En outre, je peux annoncer que je posséde de ees deux formations de nouveaux matériaux encoré plus dómonstratifs que ceux que j'ai publiés. De ce matériel nouveau je ne prends pas en considération les ¿olithes que clans nos formations nous trouvons a partir de l'éocéne, mais qu'á différence de ceux de Boncelles en Belgique, ils sont d'une grandeur excessivement réduite. Je m'appuie sur des os incisés, coupés, ráeles et fendus; sur les vestiges laissés par le feu, ainsi que sur les débris osseux provenant des mémes couches et appartenant aux plus anciens prócurseurs des hominiens (An- thopops, etc.) auxquels ont peut aussi attribuer ees premiers ves- tiges industriéis. On le voit: a n'irnporte quel point de vue qu'on se place; soit par 1 ;,ntiquité et l'abondance d'ossements liumains fossiles; soit par la variété et la grande différentiation des hominiens fossiles; soit j la r la présence de vestiges osseux des précurseurs de l'homme et des précurseurs des hominiens qui en Europe manquent totalement; soit enfin par les vestiges industriéis, l'Amérique du Sud posséde des documents r>lus anciens, plus nombreux et plus probatoires que ceux que jusqu'á maintenant ait fourni l'ancien continent. 1 Amkghino F. Vestigios industriales en la formation entrerriana (oligoceno supé- rieur ó mioceno el más inferior. 8.° de 7 pages. Juillet 1910. Communication au «Congreso Científico Internacional Americano». - Amkghino F. Vestigios industriales en el eoceno superior de Patagonia. 8.° de 7 pages. Juillet 1910. Communication au «Congreso Científico Internacional Ame- ricano». AMEGHINO: L'AGE DES FORMATIONS SÉDIMENTAIKES. 75 II ne s'agit pas ele fantaisies, ni d'lrypothéses, méme pas de théories. sinon de faits positifs interpretes a la lumiére d'un crité- rium logique, et d'aprés un matériel qui sera si insuffisant qu'on voudra, mais qui reste toujours infiniment supórieur a celui que jusquaujourd'hui on ait trouvé dans les autres régions de la terre. J'arrive á la fin de l'examen de la partie géologique que M. Moclii a exposée en 8 pages et que j'ai du en employer 2?lus de 30 pour relever les erreurs de tout genre que son resume cemtient. Je n'en felicite pas l'auteur, et je me permets de l'inviter á traiter la question de nouveau, avec des arguments plus valides, s'appuyant sur des autorités plus recentes, et avec un critérium plus large, plus logique et libre d'entraves mentales. De la partie purement anthropologique je m'en oceuperai dans un autre mémoire. ENSAYO GEOLÓGICO DESCRIPTIVO DE LAS GUAYQÜERÍAS DEL SUR DE MENDOZA (DEPARTAMENTO DE SAN CARLOS) POR ENRIQUE de CARLES Naturalista Viajero del Museo Nacional de Historia Natural. Al Sur de Mendoza se extiende la región comprendida entre los ríos Tunuyán, Diamante y Desaguadero, de la que dice Latzina en La Argentina, año 1902, pág. 322: «no puede haber nada más árido». Dentro de esta zona al E. NE. y al SE. de San Carlos (9 de Julio) y Tunuyán; del O. al SO. del ferrocarril de Mendoza á San Rafael, hasta los cerros de las Guayquerías, se extienden casi pa- ralelamente á la cordillera de los Andes en dirección de NO. á SE. los restos de una antigua y vasta meseta en parte nivelada en época más cercana, conocida con el nombre del Guadal, especie de pampa alta, de unas 5 leguas más ó menos de ancho, por cerca de 20 de lar- go, en la que, mirando al O. y al E., se extiende un sistema de barrancas que constituyen esta región nueva y profundamente denudada conocida en el país con el nombre de Guayquerías, las que toman gran incremento en el llamado Campo de las Aguadas. Este conjunto de sedimentos, en gran parte denudados, repre- senta actualmente un resto de la meseta araucana que antes se ex- tendía adosada al pie de la cordillera. Ella suministró y continúa aún proveyendo los materiales detríticos originados por la des- composición de los estratos de aquella antigua formación, los que rellenaron el valle longitudinal que bordea esta línea de cerros y al pie de los cuales está situada la villa de San Carlos, punto de partida de mi exploración á las Guayquerías. Estos abruptos sitios son de pobre vegetación y escasísimos de agua, á pesar de llevar la parte principalmente explorada el pomposo nombre de Campo de las Aguadas, llegando hasta tal punto esta escasez , que los pequeños 78 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. manantiales que la proveen escondidos en aquellos intrincados sitios son á menudo intermitentes, hasta no bastar para calmar la sed de algunos animales: satisfaciendo en parte esta necesidad los que más numerosos y casi en estado salvaje pastan en aquellas escabrosidades, alimentándose de una especie de opuntia llamada vulgarmente penca, abundante allí. Estas laberínticas soledades son á mi juicio el ejemplo más nota- ble de erosión que existe en la República, la que se ha producido principalmente en los sedimentos araucanos. De ella sólo quedan cerros formados por la denudación de los materiales que los rodearon, médanos de arena originados por la descomposición de los mismos, mesetas denudadas, en el sentido horizontal de sus estratos, profundos cauces barrancosos excava- dos en la formación, produciendo los llamados ríos secos, torrentes impetuosos cuando llueve y en los que en tiempo normal se halla sólo algún charco de agua ó algún pequeño manantial á lo que se da el nombre de Aguada. Estos torrentes socavando las barrancas arrastran voluminosas piedras, arenas, guijarros y arcillas que van á sedimentarse al NE., al SE. y al O. de esta región. Ejemplos notables de esta continua erosión de los sedimentos, se ven allí por todas partes; ya simulando castillos feudales ó edi- ficios en ruinas, tuberías de órganos de viejas catedrales, estatuas en diversas posiciones, penitentes en doliente actitud, altas gari- tas en que el puesto de centinela ha sido á menudo ocupado por el cóndor que allí habita, columnas cónicas cuyos capiteles superio- res de arenisca, más dura que la del terreno subyacente, resistiendo la erosión, han quedado coronando la columna y aveces en equili- brio sobre ella. Tal es la idea del conjunto de este intrincado laberinto, exca- vado por la denudación secular de esta antigua meseta de la for- mación araucana cuya erosión perdura. Estos sedimentos buzan al O. en las Guayquerías del agua sala- da (Fig. 1, Lám. xi) frente á San Carlos y en la última aguada al X.E. Las pendientes de los ríos secos y cañadas más lejanas siguen la misma dirección y parecido declive. Esta inclinación de la meseta fué originada por levantamientos en dirección de NO. á SE. próximamente paralelos á los Andes por efecto délos cuales se produjo la denudación postpanipeana y du- rante la cual se rellenaron los valles longitudinales y excavaron des- pués, en tiempos que aun continúan, el cauce del río Tunuyán y los cerros de denudación del mismo nombre á la par que se formó el garles: las guayquerías DEL SUR DE MENDOZA. 79 sistema hidrográfico actual y los sedimentos laterales de los lla- mados ríos secos de las Guayquerías. Pero otra topografía bien distinta debió ofrecer este terreno espuesto á erosión por un levantamiento más antiguo, anterior á la deposición de los últimos sedimentos pampeanos que precedie- ron á la accidentación postpampeana y actual, de la que se ven aún ejemplos en muchos puntos, pero especialmente á los dos lados de la Bajada Grande (fig. 4, Lám. xn). Al levantamiento á que acabo de referirme deba atribuirse la causa de la falla principal de poco desnivel que se observa reco- rriendo las alturas de NO. á SE. en la Bajada de los Gauchos, Bajada Grande, Agua Escondida, Rincón de los Potrillos, La Torre (fig. 5, Lám. xn), Aguada Grande, Rincón del Choique y Agua Nueva, puntos donde por efecto de la erosión se han j>roducido alturas de unos 400 ó más metros. A esta falla principal se agregan las más modernas que se produjeron de O. á E. y que se ven claras también en Bajada Grande (fig. 4, Lám. xn),así como las de Río Seco de la última aguada y otras de las que no se puede asegurar sean de la misma época porque no interesan sino á los más antiguos estratos, por faltar los superpuestos. A estas fallas principalmente debe referirse la causa de esta gran erosión que ha producido las Guayquerías del O. y E. al pie de las barrancas. Pero en los cortes que presentan los sedimentos de las Guay- querías así como los cerros de denudación ele aquellos lugares, se ven en algunos sitios los sedimentos de antiguos cauces, que cor- taron el terreno en opuesto sentido á las cuencas hidrográficas actuales y cuya disposición y clase de materiales de rellenamiento difieren ostensiblemente de los más modernos fluviales, así como de los de las mismas facies fluviales araucanas subhermoseanas y de las del tehuelche antiguo bien características (ver fig. 2, Lám. xi), Punta del Agua, estratos 13 y 14, etc.). En cuanto al sedimento, lo constituyen capas básales de grueso aluvión, alternando con masas blanquecinas de cenizas feldespá- ticas de naturaleza pumícea, sueltas ó endurecidas, procedentes ya de las lluvias directas de cenizas ó transportadas por las aguas de aquellos antiguos ríos, ó bien, menos probablemente arrancadas de antiguos estratos y sedimentadas nuevamente. Superpuestos aellas, existen arenas estratificadas, las que, á poco de disgregarse por la erosión actual presentan un aspecto medanoso; en tanto el terreno sobre el que yacen en discordancia los referidos sedimentos lo 80 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. constituyen alternaciones coherentes de arenisca gris blanquecina ó algo rojiza alternando con arcillas rojas ó areniscas arcillosas del mismo color; materiales todos de la formación araucana (Fig. 2. Punta del Agua, estrato n° 4, etc.). Sobre estas rocas básales discor- dantes se depositaron los sedimentos que llenan las cuencas y debe faltar aún una serie de estratos considerable que la denudación ha hecho desaparecer; en muchas partes puede verse la ninguna rela- ción estratigráfica de ambas sedimentaciones, pero como ejemplo puede citarse el que se observa al examen de las capas del puesto abandonado de Punta del Agua ya referido poco ha. Las facies subaéreas de la misma época descansan encima de los mismos aluviones y cenizas, alcanzando considerable espesor y siendo en gran parte denudadas nuevamente hasta llegar á la arenisca araucana: existe otra sucesión de estratos también discor- dantes con las rocas araucanas; me refiero á los sedimentos que después de pasar la travesía de 5 leguas del Guadal y al llegar al límite del Campo de las Aguadas se encuentran á uno y otro lado de un complexo de areniscas altas de 400 metros ya citado, situa- das en el emplazamiento de la senda que desciende al citado Campo de las Aguadas; es la llamada Bajada Grande ( Fig. 4, Lám. xn). Estos sedimentos laterales son de aspecto pampeano superior, pero con alternaciones de rodados pumíticos; en ellos he recogido una muela mal conservada de Scelidotherium del tamaño y fosili- zación frecuentes en dicho horizonte (Fig. 4, Lám. xn, sedimentos n»s 1 y 2). Estos sedimentos de uno y otro lado de Bajada Grande después de su deposición fueron hendidos por fallas; igual causa produjo el desnivel que se observa en La Torre (Fig. 5, Lám. xn), cuya cum- bre es arenisca araucana, presentando asimismo adosados estratos de aspecto pampeano parecidos á los ya citados, y á su pie las for- maciones medanosas formadas tal vez en parte por el detritus de las mismas areniscas. Prueba también manifiesta de este desnivel producido por fallas, puede verse al pie de dicha torre donde existe un pedazo de cerro cuyos sedimentos manifiestan claramente pertenecer á distinta al- tura de aquellos de la barranca de enfrente de La Torre, presentando asimismo diferente inclinación, siendo el lado O. el levantado. No obstante lo dicho enlos párrafos anteriores, no ofrecen mucho interés estas formaciones que rellenaron en discordancia las cuen- cas araucanas tanto por su escasez de fósiles como por pertenecer á una época más moderna, probablemente pampeana superior, MAPA DE LA REGIÓN QUE COMPRENDE LAS GUAYQUERÍAS DEL SUR DE MENDOZA OBJETO DE ESTE TRABAJO. GARLES: LAS GUAYQUERÍAS DEL SUR DE MENDOZA. 81 debiendo haberse producido tal sedimentación después que las aguas denudaron buena parte de la gran meseta, haciendo desa- parecer, como dije, gran parte de los últimos estratos que creo deben alcanzar al piso hernioseano, y aun sospecho que al menos al puelcheano por haber hallado placas de un anillo caudal al parecer perteneciente al género Úderocalyptits, probablemente de especie parecida á otras que recogí en la típica región del cauce del río de la Plata (ensenadense). Con la deposición de dichos aluviones y cenizas se abrieron aquellas vías de denudación sobre las areniscas araucanas y con- tinuaron depositándose sucesivamente sedimentos arenosos hasta que se cegaron aquellos cauces; estas son las capas que, al produ- cirse la erosión postpampeana y actual, han dado lugar á las con- figuraciones medanosas que se observan en los cerros de denuda- ción y en los cortes de las barrancas de los ríos secos (torrentes); pero, sobre todo, los estrato* araucanos son los que mayor contri- bución proporcionan á la geología de la región objeto de este tra- bajo, por encerrar los restos de una variada fauna que está al estudio del Director del Museo Nacional, Dr. Florentino Ameghino. Se hallan los fósiles de estos estratos generalmente en no muy buen estado de conservación, unas veces este deterioro alcanza sólo á la zona de descomposición de las rocas, presentándose el terreno alterado, y atravesado por numerosas raíces que lo seccio- nan: en otros casos, es la estructura fragmentaria de las arcillas ó margas friables que al desintegrarse fragmentan á la vez los huesos. En otras ocasiones, éstos, más débiles en su fosilización que la roca envolvente, arrastran al desprenderse sus estructuras; sólo en pocos casos se hallan perfectamente conservados, aunque siempre envueltos en rocas de mayor dureza. Concretándonos á la sucesión estratigráfica, de acuerdo con los numerosos cortes observados y de los que presento algunos como comprobación (véase: Figs. 1-5), así como del nivel á que han sido hallados los fósiles y la composición petrográfica de los distin- tos pisos, deduzco que debemos reconocer la existencia de dos horizontes, uno más inferior que se descubre al pie y hasta consi- derable altura de los más profundos barrancos, al parecer más moderno que los sedimentos araucanos del valle de Santa María de Catamarca, y otro muy cercano al clásico horizonte de Monte Hermoso, á cuya base probablemente deberá atribuirse por el con- junto de sus fósiles al cual se aproxima ; aunque por su diferencia Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Febrero 14, 1911. 6 82 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. de sedimentación nada tiene de común con los primeros estratos del gran proceso pampeano, que encierra los últimos restos de la formación araucana de Monte Hermoso, la que á pesar de su aspecto petrográficamente pampeano, por su fauna revela dicha antigua formación. La parte aquí más inferior está representada por tres distintas clases de sedimentos en estas G-uayquerías del Sur de Mendoza. El sedimento más antiguo (núm. 1 del corte esquemático) de fa- cies cenagosa, está constituido por margas rojas compactas, á veces apelmazadas, al punto de tomar un aspecto craso y untuoso, cuyo color varía desde un rojo ladrillo hasta un color chocolate, friable, unas veces de fragmentación pequeña y en otras seccionándose en grandes trozos. Entre estos dos estados de agregación hay todas las transicio- nes. Los barros de estos antiguos pantanos afloran en la base de la formación y los restos fósiles hasta ahora hallados, envueltos total- mente en estos sedimentos, pertenecen á dos individuos de pequeña talla del género Scelidodon, en el lugar llamado Agua de la Concha cerca de la zona frente á La Torre (fig. 5). Aquí existe una grieta que ha sido rellenada por cristalizaciones de caliza á causa de una surgente termal antigua. Asimismo, si no envuelto totalmente por el mismo terreno, pero descansando parte en él y parte en la arenisca que cubre la marga roja de esta formación, por consi- guiente al mismo nivel, he recogido el cráneo, mandíbula inferior y otros huesos de un Megatherium de pequeña talla y un lado de maxilar de Plóhophorus; á este antiguo horizonte pertenece una porción de mandíbula de género afin á Viseada hallado en el mismo sitio de que procedía el cráneo afin al género Hegetothe- rium, del Rincón de los Potrillos, recogido por Evaristo Poblete á instancia de don Fidel Santander y regalado por aquel señor al Teniente Coronel Antonio A. Romero, quien lo obsequió á su vez al Museo Nacional, motivando este descubrimiento mi exploración á las Guayquerías. Forma otra facies de este antiguo horizonte el complexo de arenisca gris blanquecina ó rojiza que hasta bastante altura repre- senta el estado inferior. Esta roca, que vista de lejos podría aparentar sedimentos pam- peanos, al acercársele deja ver la forma típica, parecida, á las refe- ridas, de producirse la erosión, hasta tal punto que en una de las Guayquerías, la de Biluco, hay un lugar que llaman El Almacén, por los estantes aparentes, hoy en gran parte destruidos; asimismo Carles: las guayquerías DEL SUR DE MENDOZA. 83 en este terreno se distinguen bien las líneas de estratificación que dividen los bancos, así como las más delgadas capas de margas y arcillas rojas que á grandes trechos los limitan. Vense, también allí, finos sedimentos de estratificación encontrada, de origen flu- vial. Los cambios de facies de pantanos á medanosas, á parte de estar señaladas por sus líneas rojas de estratificación, muestran un cambio petrográfico, señalándose á un mismo tiempo las fluviales por un grano fino igual á las medanosas, pero estratiforme. Forma este conplexo de sedimentos un conjunto inconfundible con los de la formación pampeana. Como minerales accidentales á estas areniscas araucanas se hallan frecuentemente concreciones silíceas cuyo núcleo es calcedonia y su exterior sílice hidratada pulverulenta; asimismo se hallan geodas calcáreas cristalizadas de la especie aragonito, pero nunca esas masas concrecionadas son amorfas, como las toscas de la formación pampeana: sólo en la parte más superior de la formación araucana existen delgados mantos calizos parecidos á los que se hallan en la parte inferior de las barrancas de Monte Hermoso. De este complexo de areniscas sumamente duras, arcillocalizas y de grano fino proceden también, aunque de un nivel algo más superior, el cráneo y mandíbula del Xotodon y de la Macrauchenia. Subordinadas á las areniscas de esta misma altura se hallan los referidos depósitos de origen pantanoso, friables á grandes trozos, de un color rojizo claro, consistentes en una marga en la cual se han hallado restos de Proterotherium. A partir de estos depósitos y sin cambiar notablemente la naturaleza de la arenisca, á no ser su menor coherencia, en partes empiezan á presentarse más del- gados los bancos de aquella roca alternando respectivamente con otros de arcilla menos apelmazada que la de los pisos inferiores y que contiene cristales de yeso nunca hallados en los anteriores sedimentos; en otras partes también se observan delgados estratos de caliza. Todos estos sedimentos superiores deben ser próximos al her- moseano típico, pues están caracterizados por el predominio de una fauna, si no idéntica, muy parecida. La caracterizan los géneros Eutatus, Typotherium, Entelomorphus, Dasypus, Viseada, Proeuphractus, Tremacyllus, género aff. a. Spanyomys, género pare- cido á EucelopJiorus de Chapalmalal, recientemente publicado, Testudo, varios géneros de Caviinos, Plolwphorns, Sclerocalyptus, Habrocoma , Proagouti, DoUchotis, Neuryurus, etc., Chlamydothe- rium, Pachyrucos, Pithanothomys. 84 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Reposando sobre dichos estratos preséntanse gruesos bancos de aluviones de cemento calizo formados por rocas en gran parte porfíricas y otras eruptivas antiguas asociadas á algunos cantos de areniscas y calizas fosilíferas con ammonites probablemente jurásicas ó cretáceas. A menudo estos rodados están como pinta- dos de blanco, tal como sucede en algunas playas marinas ó costas mediterráneas del Sur de Europa y de África. Estos aluviones creo son idénticos á los tehuelches antiguos de Patagonia y se presentan aquí alternando con las últimas areniscas v arcillas araucanas hasta hacerlo con verdadero limo pampeano; se debieron acumular estos rodados en una época de gran denudación de la cordillera, y á juzgar por la gran extensión de ellos debió obedecer á una causa general que se manifestó dentro de los tiem- pos en que se empezaron á depositar los primeros materiales de la parte superior, piso hermoseano, á que se pueden referir los cor- tes de Punta del Agua (Fig. 2, Lám. xi, sedimentos 2 y 3). El hermoseano típico es ya bien conocido ]3or los estudios y exploraciones hechos en la clásica región de Monte Hermoso, estu- diada j3or Augusto Bravard l , y por Florentino y Carlos Ame- ghino 2 , cuya composición y geología, según aquellos estudios, es como sigue: 1 Observaciones geológicas sobre diferentes terrenos de transporte de la hoya del Plata, 1857, pág. 29. '-' Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argen- tina, pág. 25. C ARLES: LAS GUAYQUERÍAS DEL SUR DE MENDOZA. 85 O s PH > < 33 O CQ O O C3 W r -3 H 23 c - x O - w x ce ¡>j H >> Q ü pq «4 86 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Sedimento A (basal). «1. Arena arcillosa desmenuzable de un color paiduzco atrave- sada horizontalmente por unas capas de calcáreo rugoso pero poco sólido. Darvrin halló en ésta, capas fósiles y entre ellos una cabeza de Cthenomys. 2. Arena arcillosa rojiza que contiene en su parte inferior pequeñas masas de calcáreo silíceo (tosca dura) dispuestas en capas horizontales y allí se han recogido fragmentos de huesos fósiles. 3. La masa en todas partes presenta una dureza considerable pero particularmente en donde contiene su mezcla carbonato de cal; especialmente en su parte inferior se ven lechos horizontales de estratos, arcilla roja muy compacta y aparentemente muy dura, pero que contiene siempre una pequeña j)roporción de carbonate de cal, y á veces lechos intermediarios de tosca.» En suma, la sección de los tres cortes es el sedimento observado como envolvente de los numerosos fósiles de esta procedencia que se conservan en el Museo Nacional y que creo referibles á la parte basal A (á juzgar por los moluscos adheridos á las toscas;. Reconócese en su aspecto una gran semejanza con el limo pam- j3eano del piso ensenadense de un color pardo rojizo obscuro, no obstante ser el hermoseano algo más arenoso y más duro, empero no modifica mucho su aspecto, tiene señales de estratificación más definida que el panrpeano de cualquier horizonte y las arcillas calizas i'ó margas rojas) y las toscas calizas estratificadas, muy abundantes en la parte inferior, no se confunden con las toscas pampeanas superiores originadas ])or un proceso químico mecá- nico, que aun continúa y que es muy posterior á la formación del sedimento. Sedimento B. «1. Arena arcillosa compacta de un color parduzco menos obs- curo. 2. Arena arcillosa ó limo rojizo duro. 3. La masa en todas partes presenta una dureza considerable, etc. (Léase descripción N.° 3, sección A).» Nota. — En este sedimento hay conformidad en los tres cortes y el aspecto recuerda igualmente al limo pampeano. GARLES: LAS GUAYQUERIAS DEL SUR DE MENDOZA. 87 Sedimento C. «1. Conglomerado compuesto de pequeños guijarros primordia- les reunidos por un cemento calcáreo. 2. Guijarros reunidos j)or cementos calcáreos. 3. La parte superior de esta formación está coronada por una capa de 0,60 centímetros á 1 metro formado por un polvo muy obs- curo probablemente de naturaleza volcánica y aglomerado, for- mando una masa compacta y dura.» Nota. — Es posible que esta capa en los tres cortes de poco espe- sor y señalada como cementada y dura y cuya composición quí- mica no determina el Dr. Ameghino ni cía su color Bravard sea un solo sedimento de materiales más ó menos divididos. Sedimento D y E. «1. Arenas finas con estratificaciones encontradas, en su parte inferior un número asaz grande de guijarros de cuarzo y rocas primordiales. 2. Formación actual, arena terrosa pulverulenta y movediza. » Nota. — Este sedimento moderno en el corte N.° 3 del doctor Amegbino, debió ya haber desaparecido cuando él hizo sus obser- vaciones. Accesoriamente cita el Dr. Ameghino: «En ciertas partes se ven especies de hoyos secundarios excavados en la misma época y rellenados con materiales más sueltos á menudo pulverulen- tos en los que se distingue fácilmente una mezcla de partículas trituradas de pómez con materiales arcillo-arenosos muy divi- didos». A este piso araucano superior ó hermoseano dado á conocer por los cortes de Bravard y Ameghino, habría que reconocerle, de acuerdo con las observaciones que he hecho en los estratos de las Guayquerías del Sur de Mendoza, dos divisiones; la superior cons- tituida por el detrito de las areniscas y arcillas araucanas infe- riores y asimismo e) de las jurásicas y cretáceas de la cor- 88 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 'Hilera en íntima mezcla, constituyendo bancos delgados de estas areniscas, en parte muy friables y arcillosas, menos apelmazadas y yesíferas en donde ya aparecen los primeros aluviones concor- dantes y los restos de la fauna ya citada caracterizada por Ty- pnthf-rium. Dolichotis, etc. Sigue después encima de ese sedimento otro de aspecto igual al que en Monte Hermoso produjera el fenómeno pampeano, que duró, salvo la excepción puelcheana, durante todo el plioceno y que sólo terminó al iniciarse los depósitos cuaternarios del postpampeano. Al nivel más superior ósea al hernioseano típico podrían refe- - los sedimentos 10 y 11 de mi corte esquemático escaso en fósiles). A la parte basal de este horizonte hermoseano debieran referirse los sedimentos superiores de las Guayquerías. verdaderas areniscas de cemento calizo ó arcilloso, muy análogas á otras miocenas europeas. Corresponden los sedimentos más inferiores muy probablemente á los inmediatamente superiores al piso araucano típico de Cata- marca. Como liemos visto anteriormente en todo el enorme espesor de los sedimentos concordantes de las G-uayquerías, no se llalla ant.s de los rodados tehuelches de cemento calizo ningún estrato de origen fluvial que pueda confundirse con ello*: pues los antiguos de esta facies son los citados arenosos de fina estratificación, subordinados al gran complexo de las areniscas araucanas de grano fino, de cuyo carácter arenoso participan. Una estructura tal en todos los estratos repr._sen.ta un largo período de sedimentación acaecido de una manera lenta y tran- quila sobre un suelo muy poco accidentado sin que impetuosas avenidas turbaran aquella calma relativa. Tal estado de cosas representa la alternación de las formación- s medanosas subaéreas con las fluviales de finos estratos ó las margas apelmazadas de aquellos antiguos pantanos (con toda ausencia de gruesos aluvio- - . dejaría deducir con fundamento una época de tranquilidad tectónica representada cuando más por un lento movimiento ascencional, sin otra influencia en la formación de los sedimentos que la de los deshielos propios de la estación, la de las lluvias y acción atmosférica actuando en la descomposición de las areniscas en su mayor parte jurásicas y cretáceas de la cordillera y la acción de bis vientos produciendo su dispersión. Este período de relativa calma en los tiemjjos miocenos debió cables: las guay querías DEL SUR DE MENDOZA. 89 perdurar hasta la mitad más ó menos del piso hermosearlo (mioceno superior) en el que entre sedimentos caracterizados por la abun- dancia de los géneros Typotherium, Pachyrucos, Dolichotis, etc., se presentan por primera vez en la formación los rodados porfíricos, etc., cementados ó no, los que á mi ver no difieren de los rodados tehuelches de las mesetas patagónicas, al respecto de los cuales dijo Doering (Expedición Rio Negro, pág. 51fi), hablando de los de Choele-Choel: «Su límite horizontal superior abajo de la tierra * vegetal arenosa vestida de tupidos jarillares está formada por « un banco de uno ó dos metros de espesor de los conglomerados « calcáreos de la formación tehuelche. con los rodados porfíricos « cementados por la masa calcárea. Debajo de esta capa se hallan « hasta cerca de la base de la barranca, los gruesos bancos de la « formación araucana compuesta principalmente de arena arci- « llosa fina y bastante desmenuzable, gredosa, de color bastante « rojizo pero también amarillento y matizado en otros». Idénticas caj>as de rodados de cemento calizo he recogido en la Puna de Jujuy á unos 3,500 metros de altura más ó menos á inme- diaciones de la estación Neo-ra Muerta (Quebrada Seca), encima de depósitos parecidos á los del piso hermoseano inferior de Mendo- za; en los de la Puna hallé restos del género Proeuphractus, fósil que llega hasta el piso hermoseano en Monte Hermoso. Con- cretándonos á los rodados tehuelches de Patagonia con fósiles marinos descubiertos por Carlos Ameghino en 1895 y por Hatcher en cabo Fair "Weather según los estudios de Ihering (Anal. Mus. Nacional, T. vn. págs. 391 á 398, § ni. 1907), opina este sabio que pueden atribuirse al mioceno más superior ó al plio- ceno más inferior; en tanto que para los sedimentos más su|3eriores del Sur de Mendoza y los de la Puna entre los que están los bancos de rodados tehuelches, la edad miocena superior es indiscutible. Vista la analogía petrográfica y posición estratigráfica tan pare- cida en las varias regiones observadas, donde estos aluviones por- fíricos de tanta extensión al Norte y Sur de la República des- cansan sobre sedimentos con fósiles terrestres del mioceno superior ó marinos, probablemente del mismo horizonte; creo estará justifi- cado establecer el sincronismo de todos los rodados tehuelches concordantes con otros miocenos superiores que se hallan sobre ó entre los sedimentos subaéreos fluviales ó marinos que forman parte de los estratos de la cumbre de la formación araucana. Sin que influya para ello la altura actual sobre el nivel del mar en los distintos sitios, pues es evidente que gran parte de esta ele- 90 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. vación data de los tiempos pampeanos y la mayor, de los post- panrpeanos y aun más modernos. Y concretándonos en apoyo de una comunidad de facies á las G-uayquerías del Sur de Mendoza diré, que estos rodados tehuelches no representan en los sitios que yacen los materiales de antiguos cauces de ríos originarios de la cordillera, que alejados ele ella casi veinte leguas habrían dejado necesariamente las huellas de sus cuencas: que tampoco la acción glacial pudo haber transportado estos rodados sin dejar su traza, su vasta difusión visible en todas partes donde la erosión no los ha hecho desaparecer; su perfecta concordancia con los últimos sedi- mentos araucanos y horizontalidad consiguiente con ellos; la cementación caliza muy frecuente entre aquellos rodados y cuyo cemento á mi ver fué producido por el detrito de los organismos marinos y el aporte calizo de los ríos, no como en las concreciones que se hallan en el loess pampeano, siempre amorfas de carbo- nato de cal arcilloso, como un producto secundario á la sedimen- tación del terreno (lo que puede observarse en cualquier barranco donde abunden aquéllas). ~No puede pues reconocerse igual origen á la cementación de los aluviones tehuelches que en virtud de estar formados por rodados y arenas antes de cementarse han dado uni- formemente paso á las materias calizas disueltas en el agua para producir tal cementación. De ahí el carácter sedimentario de las precipitaciones calcáreas araucanas. De otro modo, si se debiera la formación de este cemento á la acción hidrotermal, se limitaría á pequeñas zonas próximas á las surgentes y además tendría un carácter tobáceo ó cristalino; y si la producción de esta caliza se hubiese originado de la descompo- sición de los elementos constitutivos de los pórfidos, traquitas ó basaltos, se habrían producido más bienbrechas, y no los conglome- rados de los rodados tehuelches cementados de aspecto de pudín - gas y se encontrarían sólo al pie ó en las proximidades donde estarían levantadas aquellas rocas eruptivas. Contrariamente á esto en las G-uayquerías del Sur de Mendoza la acción tectónica que pudo haberlas traído para producir á sus expensas estos rodad os y su cementación sólo se manifestó levantando ó dislocando estra- tos en época muy posterior á la formación de estos rodados tehuel- ches concordantes muy alejados de la cordillera. Tampoco en época más reciente, surgieron nuevamente estas rocas, pues entonces sólo se produjeron los sedimentos formadosá expensas de la denudación de los antiguos, y que mezclados con cenizas forman la base del pampeano superior excavando y rellenando las cuencas fluviales CABLES: LAS GUATQUERIAS DEL SLR DE MENDOZA. í»l en el terreno araucano. Así que, por todas estas razones que añado á lo ya expuesto, creo más aceptable atribuirle un origen marino hasta llegar á los aluviones de la última meseta, del pie de la cordillera, siendo esta la causa principal de su cementación caliza á la vez que la del aporte calcáreo de los ríos. Si los productos erráticos y aluviones fluviales de la última me- seta ó los detríticos, han podido ser cementados por otras causas, no hallo conveniente extender este criterio á los tehuelches del Sur de Mendoza, orientales de Patagonia y Puna de Jujuy y para que esta acción marina se haya manifestado tan tierra adentro y hasta en regiones entonces bajas, hoy tan elevadas como la Puna hay que suponer un abajamiento de la Cordillera de los Andes al finalizar la época araucana y con él el délas tierras subordinadas á este sistema montañoso, provocando este descenso el deshielo y el transporte de las rocas porfíricas y traquíticas, etc., nivelándose probablemente las tierras al pie de la cordillera por la acción gla- cial que empero no fué más lejos de allí probablemente en los tiem- pos del mioceno superior. Así, pues, estos rodados fueron llevados á la llanura por las grandes masas de agua que bajaban de la Cor- dillera, debiéndose á la acción marina su nivelación. No difiero mu- cho en el modo ele aj)reciar estos hechos ele la magistral teoría sobre la formación de los rodados tehuelches explicada por el Di- rector del Museo Nacional Dr. Florentino Ameghino (L'Áge des formations sédimentaires de Patagonie, pág. 183). «Pendant que la « mer avancait, les plateaux de l'Ouest qui restaient encoré émer- « gés se couvraient d'une conche de galets et de sable provenant « des matériaux que les glaciers des Andes transportaient au piecl « des montagnes, sans aucune intervention des eaux de l'océan. « Avec le clernier stade d'aflaissement toutes les terrasses, la « clerniére seule exceptée se trouvaient sumergées et l'océan con- « tinuait a en régulariser la surface. « A cette époque d'afíaissement par stades successifs succéda un « nouvel exhaussement general qui procluisit le relief actuel; le « soulevement fut beaucoup plus rapude que l'affaissement et « les eaux de l'océan dans leur rapide rétrograclation termine- « rent ele régulariser la distribution des matériaux de la forma- « tion tehuelche sur les terrasses et leurs flanes sans avoir le « temps de produire de noveaux dépóts de coquilles. Ce ne fut « qu'apres la derniére phase de cette rétrograclation qu'ont pu se « dóposer, sur la terrasse la plus infórieure, des dépots de cocjuilles «marines crépoc[iie beaucoup plus recente.» Mientras se depositaron los rodados del tehuelche antiguo á este 92 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. lado de la cordillera, es entonces que las tierras aun emergidas de la expansión continental del Este permitieron la formación de los sedimentos más superiores del piso herrnoseano en el que por pri- mera vez se presenta unloess muy parecido alsedimento pampeano del piso ensenadense aunque algo más arenoso. D'Orbigny antes que ninguno, con su intuición y dominio de los lincamientos generales de los grandes hechos geológicos, adivinó la conexión de las sierras de la provincia de Buenos Aires con las del viejo sistema brasi- leño, expresándose en estos términos en su Voy age dans V Amérique méridionále, tom. 3 o , 3. e partie Geologie, pág. 223, Systéme Brési- lien): « Peut étre devrait-on considérer comme un systéme appar- « tenant a peu prés a la méme époque l'ensemble des colimes de « gneiss des Panijms situó entre le cap Corrientes et la sierra « Tapalquen et les colimes de Montevideo. Ce systéme suivant la « direction ouest 25 a 30 u Nord ou Est 25 á 30° Sud on pourrait « provisoirement le designer sur le nom de Systéme Pampeen». Es decir, que D'Orbigny sospechaba la desvinculación del gran sistema de los Andes de este sistema montañoso más antiguo cuyas últimas estribaciones se pierden bajo el mar en cabo Co- rrientes, parte de cordillera, cuyo eje tectónico soportaba una expansión continental que debió persistir al menos hasta los pri- meros tiempos puelcheanos. Admitida la independencia tectónica de este sistema de sierras de Buenos Aires y Montevideo ele las de los Andes y sus estriba- ciones, se comprende fácilmente cómo, mientras los rociados tehuelches se depositaron sobre la meseta araucana sumergida entonces, hoy continente, más al Este de Monte Hermoso pudie- ron producirse los sedimentos hermoséanos continentales, porque aquellos terrenos hoy hundidos en el océano eran entonces eleva- dos y soportados por un eje montañoso distinto, no sufriendo aquéllos la influencia del descenso andino y la consecuente inva- sión marina. Los sedimentos araucanos del Sur de Mendoza, deben ser consi- derados como pertenecientes á la base del piso herrnoseano típico, y otros, los más inferiores, á un horizonte intermedio entre el piso araucano de Catamarca y el herrnoseano. Para los rodados del tehuelche antiguo del Sur de Mendoza intercalados ó sobrepuestos en concordancia á los estratos supe- riores araucanos, queda evidenciada la edad miocena superior. Igualmente deben referirse á ella los de la Puna de Jujuy; en cua nto á los dePatagonia. que descansan en algunas partes sobre garles: las guayquerías del SUR DE MENDOZA. 93 las areniscas araucanas y contienen fósiles marinos atribuidos por Ihering, al plioceno inferior ó al mioceno superior: en vista de la identidad de relaciones estratigráficas y petrográficas en las dos primeras localidades y en algunas de la última, de su igualdad de cementación en varias partes de las tres regiones y que su disper- sión debe responder á una causa general que ha debido obrar si- multáneameiite sobre las tierras adosadas á lo largo de la cordi- llera: creo es lógico admitir su sincronismo con las anteriores y por lo tanto la edad miocena superior de todos los rodados del tehuelche antiguo en Patagonia, Sur de Mendoza, Puna de Jujuy, etcétera. Y como mientras se depositaban estos aluviones, lab tierras de más al Este, hoy sumergidas, debían estar emergidas y producir los sedimentos subaéreos hermoséanos, es también razonable admitir estos sedimentos del Este como sincrónicos de los aluviones del tehuelche antiguo del Sur, del Oeste y Noroeste. Los otros rodados tehuelches del Sur de Mendoza discordantes con blancas cenizas volcánicas que rellenaron las cuencas arauca- nas es muy probable se refieran á la base del pampeano superior, y los que en Patagonia contienen iguales cenizas, según Doering. en la base de los rociados tehuelches del Eío Negro, pertenezcan á una misma época. No debo ciar por terminado este trabajo, sin una palabra de gratitud al Sr. D. Fidel Santander, quien interesándose como en cosa propia, facilitó con su conocimiento del país y buena volun- tad, los prejDarativos de organización ele la expedición. Ni debo dejar de encomiar la rara habilidad de vaqueano único de aquella región, al conocido Evaristo Poblete, ni silenciar la buena acogida del hacendado señor Ricardo Bustos ydelSr. Jefe Político de San Carlos, Joaquín Gómez, durante la gobernación Civit. EXPLICACIÓN ESTRATIGRAFICA DEL CORTE ESQUEMÁTICO. f 1 Marga roja compacta, r = - 2 Arenisca rojiza de cemento calizo . z~$ \ 3 Arenisca gris blanquecina de cemento calizo. i " | 1 Arenisca rojiza muy arcillosa, fragmentándose en trozos polié- L dricos, como las margas. ij í o Arenisca gris blanquecina, más ó menos coherente en finas es- í Z ¡ tratificaciones, ya perfectamente paralelas ó bien encontrada-;. \ £•- i t> Arcillas rojizas, poco coherentes. — § [ 7 Aluviones concordantes, más ó menos cementados en caliza. o í 8 Arcilla roja yesífera. c . ' ~- z \ 9 Caliza arcillosa i tosca i estratificada. z r 'i 10 Aluviones perfectamente concordantes, más ó menos cohereiitHs. r $ I restos de Sclerocalyptus de una especie grande. ""' L 11 Loess de aspecto pampeano inferior. C 12 Ceniza volcánica blanca. | 5 z j IB Arcilla roja. i 2 " -j 14 Loess con detritos pumíticos, }' con restos de S'^lidotherium. S * I « S 15 Aluviones discordantes con la formación araucana. I L 16 Extratos arenosos fluviales. NOTA. La capa número 2, es parecida en el araucano medio y en el hermo- seaix» inferior. EXPLICACIÓN DE LOS SEDIMENTOS EN LAS FIGURAS DE LAS LÁMINAS NI y XII. Pampeano superior n.° Pampeano superior n.° Pampeano superior n.° Araucano medio n.° Araucano superior (Hermoseano inferior).. n.° Araucano medio n.° Actual n.° Araucano superior (Hermoseano inferior). . . n." Araucano superior (Hermoseano inferior). Araucano superior (Hermoseano inferior). Araucano superior (Hermoseano superior), n. Pampeano superior Pampeano superior 1. — Loess con detritos pumí ticos y restos de scelidotherium. 2. — Arcilla roja. 3. — Cenizas volcánicas (blancas\ 4. — Arenisca rojiza. 5. —Arenisca rojiza intercalada con estratos arcillosos. i>. — Arenisca gris blanquecina. 7. — Médanos de arena. 8. — Aluviones en parte cemen- tados. Arcilla yesífera. — Arenisca con pequeñas es- tratificaciones fluviales. 11. — Aluviones alternando con loess y detritos volcánicos. 12. — Aluviones alternando con loess, detritos volcánicos. 13. — Cenizas volcánicas y alu- viones. 14.— Arena estratificada. n.° 9.— n.° 10, CONTRIBUCIÓN A LA BIOLOGÍA DK LAS AVISPAS Y ABEJAS DEL I'AIIAGÜAY (IIYMENOPTEItA) POK A. DE WINKELRIED BERTONI. (Puerto Bertoni, Paraguay). Durante mi larga carrera de investigaciones zoológicas por el Paraguay y Misiones, he prestado especial atención á la biología de los himenópteros llegando con los años á reunir un material no despreciable. No disponiendo del tiempo necesario para ocuparme detalladamente, y creyéndolo oportuno por otra parte, resuelvo dar á grandes rasgos una lista selecta con tales ó cuales observa- ciones comparativas y suplementarias á los trabajos biológicos de los señores von Ihering, A. Duche y Dr. Silvestri. Bien conocida es ya la biología de las especies sociales; pero las solitarias dejan runcho que desear y se han señalado errores inevi- tables, debido á la fastidiosa costumbre del inquilinaje que tie- nen ciertos grupos, y de cuyos errores no me considero libre. Por estos motivos paso por alto muchas especies y me limito á mis observaciones personales arrancadas directamente de la natu- raleza, siguiendo los consejos de Azara,quien dedicó una gran parte de su obra á criticar á los que acopiaban noticias dudosas, sin pre- via advertencia. Si la biología de los himenópteros del Paraguay es mal conocida, no pasa lo mismo con la sistemática, debido especialmente al pro- ducto de las colecciones Schrottky, Bertoni, Anisits y Fiebrig; pero un lamentable vacío ofrecen aún los parásitos, tan numerosos como interesantes: lo que se conoce no da una idea de la real riqueza del Paraguay y Misiones, por elevado que sea. Las especies que conozco no son siempre raras ni siempre comu- nes. Se nota un ciclo evidente, que atribuyo en parte á la acción de los parásitos, pero puede haber otras causas. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Fkbrero 15, 1911. 7 98 xMÜSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Como mi padre, el Dr. M. S. Bertoni, lleva 26 años de observa- ciones meteorológicas, con rigurosa anotación de la época en que florecen las plantas, etc., doy mucha importancia á las fechas para que más tarde sea posible averiguar la influencia que puede tener el clima ó la inflorescencia. En Puerto Bertoni be introducido varias plantas entomófilas de otras partes para atraer sus visitantes; pero dieron los más varia- dos resultados, muchas de ellas fueron visitadas por cualesquiera otros insectos menos por sus predilectos del lugar nativo. Es, pues,. muy conveniente estudiar cada caso por separado para descubrir el verdadero insecto encargado de la fecundación de las flores,, cuando por este medio se efectúa. De igual manera pienso que deben estudiarse por separado los casos de mimicría, sobre los que reinan opiniones contradictorias que todas tienen sus inconvenientes. Las causas deben ser varia- das, según los casos, y tal vez un profundo conocimiento de la evo- lución y vida explicará los casos en que no se comprende por qué se imitan. Un caso expresivo en favor de la opinión de Saussure es el de la Montezumia ferruginea y del Polides cavapyta cuya varia- bilidad es paralela y en mis ejemplares concuerda con la loca- lidad, y fecha si no es coincidencia casual. En La Rioja la M. ferruginea viste la librea del P. cavapyta var. buyssoni Bréthes y lo mismo el Eumenes canalicuJatus (Oliv.) Sss. que en Mendoza es re- presentado por la var. mendozana Schr., más ferruginea como la Montezumia de las mismas localidades. Las determinaciones botánicas son debidas á mi padre, el doctor M. S. Bertoni, quien en otra parte dará la etimología de los nom- bres guaraníes que uso. En cuanto á los insectos trato de completar ó rectificar mi «Vocabulario zoológico guaraní» que presentó en 1905 al tercer Congreso Científico Latino-Americano en Río de Janeiro. Cumplo en agradecer sinceramente á los señores colegas que me han asistido en la verificación de las determinaciones, especial- mente C. Schrottky, presente, H. Friese, de Berlín (Meliponidae),. J. Bréthes, del Museo Nacional de Buenos Aires, y A. Ducke, del Musen Góldi (Vespidae). Igualmente agradezco á los señores E. Griacomelli, P. Joergensen y H. Rolle por el valioso material comparativo que me han proporcionado. La colección Giacomelli contiene gran número de novedades geográficas. Ejemplares auténticos de las especies de que trato se hallarán en el Museo Nacional de Buenos Aires, Museo Paulista, Museo Goeldi BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 99 y los principales de Europa, al alcance de los interesados. A los amigos Carlos Bruch (de La Plata) y M. Bezzi (de Torino), debo la determinación de los coleójDteros y dípteros respectivamente. En cuanto á la nomenclatura guaraní, es lo más embrollada en la bibliografía, debido en gran parte á los viajeros que preguntan al primero que encuentran y generalmente álos peones, quienes se divierten en engañar á los extranjeros. Uso aquí sólo los arranca- dos directamente á los indios silvestres, aplicándolos á las especies que les corresponden en sentido estricto, sólo según los indios, sobreentendido que á veces se extienden á especies parecidas. Gran ventaja be bailado en aprender á hablar sus dialectos y llegar á pensar como ellos; pero aún así, necesito muclio tiempo para sacar datos. El indio guaraní no miente ni engaña, pero es reservado y se niega á dar explicaciones cuando nota que se le pregunta con un interés que no comprende. Tan es así, que no- sotros, que bemos alcanzado una popularidad entre los indios del Monday y Caray, con 16 años ele contacto directo, aún no podemos abusar en las preguntas relativas á ellos. La etimología es otro tema que se presta fácilmente á interpretaciones erróneas que á veces tienen un sentido aceptable sin ser el verdadero. El primer paso que se debe dar es clasificar el nombre ó sea averiguar si es onomatopéico, mitológico, si se refiere á caracteres biológicos, etc. Las consonantes que tienen pronunciación diversa según los dialectos es otro inconveniente para los que no conocen á fondo el guaraní. Así, en el Este del Paraguay pronuncian chi la voz ti (= blanco) siendo fácil confundirla con clit ( = pequeño ) de algunos dialectos. En este caso se halla Eirati ó Eirachi (Trígona limao), nombre biológico que no permite ser aplicado en sentido lato como lo nace el pueblo brasilero. El Dr. von Ihering, que es el mejor conocedor de la biología de los Melipónidos, se ba apercibido muy bien de la importancia que tiene la etimología guaraní. IOHNEUMONOIDEA. Mesostenus. Este género está bien representado en Puerto Bertoni: pero de los innumerables nidos de avispas sociales que crié, solo obtuve tres especies, una de ellas hy per parásita. Escasean unos años y en 100 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. otros abundan extraordinariamente, hasta el punto de no dejar nacer avispas en los primeros meses de la estación de cría. En los años que siguen á los abundantes en parásitos escasean las avispas y viceversa, en un espacio de nueve años que los obser- vó en sus costumbres, formando de esta manera un ciclo que no permite la superabundancia de los unos ni los otros. Ciertamente que se opone á esto el hecho de que algunos son hiperparásitos, viviendo á expensas de las Seminota que son pará- sitas de Polistes, pero lo mismo pueden ser encargados de estable- cer el equilibrio limitando el número de los enemigos. Además, ¿son hiperparásitos ó es que atacan indistintamente á las larvas del Polistes y de la Seminota? Por lo pronto el Al. cassununga Brauns, que muchísimo he criado, no parece hiperparásito, ni tampoco las Seminota podrían caber en las celdas de su huésped que es el Meg acantilo pus indeterminabilis Sss., en el Paraguay. Una cuarta especie la crió de los nidos de Sceliphron figulus T)a.hlhm. (Sphegidae), la cual tampoco parece ser hiperparásita. Las princi- pales especies observadas son las siguientes: 1. Al. vespicola Schr. (Coll. Bertoni, N.° 573). Crié el tipo de un nido de Polistes melanosoma Sss. Nacieron varios ejemplares en los días 10 y 13 de Enero y á las 20 horas de revolotear ágilmente en la jaula murieron todos. Nacen varias de una misma celda del huésped agujereándola lateralmente para salir. Aún no estoy seguro de que esta especie sea huésped de otros Polistes. 2. Al. cassununga Brauns. Es muy común y lo crié siempre durante todos los meses del verano, pero sólo de nidos de Alega- canthopus indeterminabilis Sss.: para salir agujerea la tapa de la celda y como es grande y la avispa que vive en esa celda es chica, es frecuente encontrar uno solo en cada celda; á veces son más, pero salen de menor tamaño. Ningún otro parásito crié de los mismos nidos, ni las Seminota podrían caber en las celdas. 3. AJ. iheringi Brauns. Esta especie común la crió de los nidos de Polistes versicolor (01.) y P. cinerascens Sss. Salen de 3 á G ejempla- res de cada celda, de manera que la tapan completamente con sus nuevas celdillas. Al principio de la estación destruyen á veces completamente los primeros nidos de la primavera, de manera que en algunos años sólo los empezados en pleno verano llegan á pro- pagarse. El año 1908, v. gr., fué excepcional en este sentido, casi al fin del verano pudieron propagarse los nidos, al paso que en 1907 había abundancia excepcional de nidos desde temprano y pocos parásitos, salvo las Seminota que siempre las hay con esca- BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 101 sez y no influyen gran cosa. Nacen juntos con las Seminotaj en el caso de ser hiperparásitos de ésta, necesario es admitir que aquéllos perdonan á muchas de éstas; pero, contra la opinión del señor Schulz, pienso que no se preocupan mucho por la especie de lar- va que debe servirles de alimento. En un caso los restos que hallé dentro de la celda me parecieron de Polistes. Esto no es seguro, pero lo es un caso que observé en un nido de P. versicolor: una celda tenía la entrada ocupada por varias celdillas de Mesostenus y en el fondo una Seminota. Todos estaban transformados en imago, pero estaban muertos, lo que no me permitió averiguar si acaso no se trataba de que los supuestos hiperparásitos hayan atacado á un parásito casi adulto (V. Trigoiialyidae). VESPOIDEA. AVISPAS PARÁSITAS (TRIGONALYIDAE). Seminóla margínala Westw. (Sinón. : Bertonia niyra Schr.) Esta especie está mal representada (como todas las de la familia) en los Museos y probablemente mi colección es la más rica del mundo por el momento. La mayor parte de mis ejemplares los obtuve de nidos de Polistes versicolor, entre ellos el tipo de Berto- nia Schr. El resto de mis ejemplares, los cuales en presencia de una buena serie, parecen inseparables, son parásitos de P. cineras- cens, P. melanosoma, P. canademis (?) y Apoica pallida; todos de Puerto Bertoni. Cuando recién nacen tienen el borde anterior del ala negro intenso con reflejos azules; á los pocos días pierden el brillo y se asemejan á Polybia nigra en el color, y por fin, después de estar más ó menos tiempo en colección, las alas pierden tanto el color que llegan á ser testáceas, casi hialinas. Probablemente conserva- rán mejor el color los ejemplares viejos cazados en libertad. El tamaño varía mucho según la larva que les sirve de alimento. En vista de ésto, creo difícil separar los ejemplares grandes de P. canadensis, que apenas son mayores que algunos de P. versicolor, y 102 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. no pueden ser confundidos con la S. depressa (Guér.) por el pecíolo del abdomen todo negro, según nos da á entender Scliulz (v. Gen. Insectorum). Si se admiten varias especies, preciso es también admitir que cada uno de mis ejemplares de un mismo nido debe formar á lo menos una variedad, porque no hay dos bien iguales. Nacen durante todo el verano. En Septiembre sorprendí una 9 que intentaba poner sus huevos en un nido de P. versicolor, pero fué rechazada por éste. Un pequeño Calcídido negro, que se obtiene de todos los Polistes, quizá sea hiperparásito. Seminota depressa (Guer.) Esta especie, fácil de conocer por las manchas amarillas del pri- mer segmento abdominal, es indicada como parásita del Polistes canadensis (L.). Yo crié varios ejemplares de un nido de P. limai B.. von Ih., por lo que supongo que vivirá á expensas de varias espe- cies de Polistes. Nacieron en Febrero. Aprovecho la oportunidad para señalar el hecho que, siendo el P. limai una especie de que he criado muchos nidos para buscar los eslabones que la ligan con el P. cinerascens Sss., solo uno era parasitado; no obstante es el que aquí en el Paraguay se asemeja más á la Seminota. Trifjonalys melaiioleuca (AVestw. ) Esta interesante especie, nueva para el país, la obtuve en liber- tad, el 13 de Octubre, en Puerto Bertoni. Vi un ejemplar auténtico del Brasil, que mi amigo Schrottky tuvo la amabilidad de mos- trarme. Xanthogonalos fasciatus n. sp. Differt a X. Roberti-Buyssoni: cellnla cubitali secunda haud separata, segmento medio macula centrali nigra, mesonoto longiUidinaliter flavo -bilineato, abdominis stemitis flavo- nigrogue ftsciatis. 9 Amarillo citrino y negro. Cabeza amarilla, con negro: una mancha en la mandíbula, dos en la frente detrás de cada antena y BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 103 cinco en la parte posterior de la cabeza; estas últimas pueden reducirse hasta casi desaparecer; en los casos en que predomina lo negro, todas estas manchas se tocan en el vértice. Antenas negras con el tercio medio amarillo. Tórax y patas amarillos, con tres manchas longitudinales más ó menos anchas sobre el mesotó- rax, una mancha sobre el escudete, el borde posterior del mismo y el del postescudete, y una mancha central en el segmento mediario, negros. Alas subhialinas con la costa ferrugínea. Abdomen negro con todos los segmentos anchamente bordados de amarillo; infe- riormente es lo mismo con los bordes amarillos más anchos. Cuerpo densamente puntuado, visible sin lente en la cabeza y tórax, todo fina y densamente pubescente. Antenas de 25-20 arte- jos, el basal ovalado, excepcionalmente grueso, pubescencia densa. Las alas difieren de X. Roberti- Buyssoni Schulz por la 2. a cubital no peciolada en su unión con la 1. a discoidal. Long. 11-13 mm., ala 11-12 mm., antenas 8 mm.; tórax ancho como la cabeza! cf Colores y variaciones de la 9 • Long. 9-10 mm., ala 9, antena 7. Mucho tiempo estuve dudando si no sería variedad de A". Roberti- Buyssoni, en vista de tratarse de un tipo de mimicría común en todos los grupos y en el que el amarillo fácilmente cede paso al negro; pero después ele examinar 13 individuos de ambos sexos, noté que las diferencias son constantes tanto en color como en morfología. Imita notablemente en el modo de volar y colores á la Polybia meridionalis R. von Ih., Megaloma melanoxanthum Schr. y á la abeja Osiris pallidus Sm., como también á una mariposa de la familia Syntomidae (Pseudosphex sp.). Para el cotejo he tenido presente las publicaciones de Schulz, cuya clasificación en cuanto á Trigonályidae es tal vez un tanto artificial. Los especialistas hallarán cotipos en el Museo Nacional de Buenos Aires, British Museum y otros. Hab . Puerto Bertoni (Paraguay). Obs. Vaga por las florestas frescas, cerca del suelo, donde fre- cuenta las Polybia angulata (F.), P. pallidipes 01. y P. meridionalis R. von Ih. A esta última imita en todos sus modales de una manera admirable, y es dado suponer que será parásito de alguna ó de todas ellas, máxime cuando que de todas las demás especies de Puerto Bertoni nunca obtuve este parásito, á pesar de haber criado sus nidos por centenares durante muchos años. Es bastante frecuente durante los meses de Noviembre á Enero. El diseño de esta especie es común: se observa en la Neotheronia altemans Brulló, Pompilvs flavopictus Smith y otros, pero sus modales no engañan al observador práctico. 104 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. AVISPAS SOLITARIAS MASARIDAE. Trimeria howardi n. sp. Differt a T. Buyssoni et T. Joergenseni: statura minore, alis antice haud nigro-marginatis, thorace minus picturato, seg- mento abdominal i primo toto nigro, quarto ápice flavo-fasciato. 9 — Negra; el borde anterior del protórax, dos puntos en las tegulas, el borde posterior del escudete y el ápice de los segmentos 2-4 del abdomen, son de un amarillo pálido; tarsos ferruginosos claros; alas fusco-hialino uniforme, con la costa á veces ferrugínea. Lengua sumamente alargada. La escultura y formas son las de la T. Buyssoni Bréthes, con el tórax más finamente puntuado y menos densamente en el abdomen. Long. 9 mm., ala 6. Por el escudete se acerca más á la T. americana. (f — Difiere de la 9 en tener la base de las antenas, una man- e-hita en la frente, el clipeo y la parte exterior ele las tibias, blanco pajizo, el 5.° segmento abdominal con tres manchas amarillas. Hah. — Puerto Bertoni. Coll. Bertoni, Museo Nacional de Buenos Aires, British Musen m (xn. 8. 08), coll. Schrottky (7 ex xn. 03). Obs. — Esta interesante especie, fácil de distinguir de sus con- géneres, ha hecho su aparición en abundancia en Puerto Bertoni en Diciembre de 1908 en las flores de Talinum patens. En 1909 sólo cacó un ejemplar. En presencia de unas dos docenas de ejem- plares, todos del mismo lugar y mes, no noté más variación que la de tener algunas 9 las tegulas y el escudete negros, y un tf con una mancha ferrugínea cuadrada en el vórtice. Tengo presente para el cotejo todas las especies platenses, menos la Ju garfia neotropica Mocz., que según Buysson es una Trimeria,y creo que tendrá razón. EUMENIDAE. Zelluis caeruleipennis F.? l En el verano de 1908, ya bastante tarde, encontré un nido de Xylocopa idéntico á los de X. frontalis con tres ramales, en un 1 Uso este nombre para los ejemplares cuyo nido tiene el pecíolo con surco y que tienen los palpos 3-articulados, bien que los demás ejemplares son más bien Z. mexicanas (L). BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 105 tronco seco;pero la galería era tan estrecha (7 mm.)que no podía ser sino de A', pulchra Sm. El nido era viejo, pero en la entrada se había hecho recientemente una boquilla corta, de mm. de diámetro, con una masade maderaobscuraqueáprimera vista creí seríade Trígona emerina Friese; á algunos centímetros de distancia había otro perfec- tamente igual. Me detuve un momento á observar el nido y al poco rato vi posarse en la entrada una 9 de Z. caeruleipennisF., la que cogí fácilmente; luego después vino otra 9 Y l ft cogí con pinza cuando se disponía á entrar en el agujero. Corté el tronco y noté que el interior dul nido era negro de moho, p 3ro en el fondo de las gale- rías se trabajaba de nuevo como para ensancharlo, pero nada más contenía. Traje conmigo el nido y cerca ya de casa, me apercibí que un tf de Discoelius punctaüis (Fox) me seguía con singular in- sistencia. Conservo aún el nido y los ejemplares, uno de éstos tenía de un lado el número normal de artejos en los palpos labiales, que es siempre de tres, y del otro lado le faltaba uno y la herida estaba perfectamente curada; al otro se le había roto un calcar de cada lado. Esto no es extraño, pero implica que se deb._ tener cui- dado al examinar estos órganos que representan los caracteres ge- néricos, casi únicos, en que se apoyan las divisiones. Puede pensarse que el nido en cuestión podría ser únicamente un abrigo para pasar el invierno, pero no es extraño que críe en él y en cualquiera otra cavidad como los Pachodynertis. Obs. — Por Marzo es bastante frecuente en Puerto Bertoni, es- pecialmente en las flores de compuestas: Vernoniu sp., Bacharis oxyodonta D. C. y B. draaiv culi folia D. C. Es el único Zethus que encontré en esta localidad. Igualmente mal representado es el género Discoelius: por el momento conozco sólo 5 especies: I). punctaüis (Fox), D. peculiaris (Fox), D. Sicheliavii* Sss.? y otro semejante al D. rvfceps (Fox). Debe haber más especies, en Puerto Bertoni, pero no muchas, debido á la ausencia completa de campos. Se cazan generalmente en las hojas y flores; al paso que hay que buscar á los Eumenes en el suelo. Eumenos. Es este género uno de los que proporcionan albergue á muchos insectos, especialmente á los Tryjioocylon y á los ( klynerinae que aprovechan por muchos años los nidos abandonados. En un nido de E. canaliculatus encontré un ejemplar muerto del arquitecto, y de 106 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. las otras cantarillas, que eran 12 juntas, nacieron 2 Monohia api- calipennis, varios Pachodynerus brevithorax y 2 Trypoxylon orna- tum Sm. Estos hábitos de usar nidos ajenos han motivado muchos errores biológicos, v. gr., Cressou 1 describe el nido de Eumenes abdominális Drury (?) y lo atribuye á su inquilino el Pachodynerus simplicicornis Sss. Lo que más trabajo me dio, fué seguramente descubrir los verdaderos arquitectos de los nidos de fosores, pues la bibliografía registra pocos datos y machos errores en cuanto á algunos grupos de los solitarios. El tipo de nielo de Eumenes es la cantarilla de barro, tal como lo describe muy bien Azara en su descripción del Paraguay (i, n.° 18) que es de E. canaliculatus (01.). De una especie á otra es parecido; pero varía dentro ele la misma especie en la forma, según el lugar donde está colocado, y en el material que es de arcilla blanquizca ó de tierra roja. También es muy variable el número de celdas ó cantarillas. Estos nidos aparecen á veces en la biblio- grafía como pertenecientes á sus inquilinos los Trypoxylon, Pacho- dynerus y otros. Generalmente se conoce si están ocupados por inquilinos observando la tapa si es de tierra diferente, pero no siempre es posible. El Eumeneslos ocupa una vez sola, y los inqui- linos se sirven de él por muchos años y aún hacen á veces refac- ciones, pero no reconstruyen las celdas muy destruidas, de esta forma quedan algunos nidos con varios colores. Advierto aquí que no encontró Od/jnerus s. str. en estos nidos. Los Eumenes, como los Odinerinos, son Avispas útiles que se e-rían á expensas de las larvas de lepidópteros. Todos se encuen- tran fácilmente en el suelo, pues todos usan el barro para el nido ó tapa. Obs. — Las especies que cacó en Puerto Bertoni son: Eumenes superficiales Fox, E. laeviventris Fox, E. picturatus Fox, E. flavescens Bréthes, E. paragnayensis Bréthes, E. novarae Sss.!, E. Bertonii Bréthes, E. tuberculatus Fox, E. opifex Bréthes, E. canaliculatus (01.), E. fütformis Sss.!, E. criticus Schulz, y E. chalicodomae Sss.! En las especies miméticas con las avispas sociales, observó que las variedades son á veces singularmente paralelas. La imitación entre las avispas sociales y solitarias en vida es admirable, tanto es así que á veces en los problemas más difíciles en la determina- ción de una especie, se puede salir de la duda conociendo los 1 V.: Philad. Ent. Proceed., n, 1865, 165. (Puede también ser un fosor el arqui- tecto de este nido, quizás Sphecoidea). BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 107 mimicristas verdaderos. Esto se refiere muy especialmente á los casos en que se trata de especies cuya variabilidad es paralela con la de sus miméticos, con exclusión, naturalmente de los pseudo- miméticos de una semejanza relativa ó imaginaria. Me ocuparé en especial solo de algunas especies de más interés, siendo este artículo sólo un extracto selecto de mis apuntes. Los que desean informarse de la fe que puedan merecer mis deter- minaciones de Euménidos, encontrarán ejemplares auténticos coleccionados por mí en los princijíales Museos de América y Europa. Enmones novarae Sss. De esta interesante especie, nueva para la región, encontré tres nidos en Puerto Bertoni. Todos construidos de tierra, roja ó gris, y pegados en una hoja. El uno lo espió durante la construcción y tal vez no terminó; era una sola cantarilla esférica con la boquilla en la parte superior, en todo parecido con los análogos de E. cana- liculatus, pero con solo 12 mm. de diámetro. El segundo (Col. Bertoni, n.° 919) se componía de dos celdas, pero confundidas en una sola bola elíptica de 15 x 25 mm.: lo saqué en Diciembre y al mes después nacieron sus habitantes. Y el tercero se componía de tres cantarillas dispuestas en triángulo, aunque muy unidas; era en Mayo y contenía los insectos ya alados. Naturalmente estos nidos son achatados del lado donde están pegados, y, como en otras esjjecies, son más elegantes y lisos cuando son construidos con arcilla. Obs. — De uno de los nidos nació un ejemplar anormal: el primer segmento era tan corto y grueso que parecía una Montezumia mimótica; el hermano era normal. Si bien en la especie, como en otras, he notado que la hinchazón del primer segmento abdominal varía algo, el ejemplar en cuestión es exagerado y no puede pensarse que sea un inquilino, pues se ve claramente que es una monstruo- sidad, tal vez causada por algún Strepsiptera, aunque nunca crió tales parásitos de los Eumenes. Conozco otros nidos de las especies afines, pero no ofrecen nada particular sobre lo dicho, sino el ser uno de ellos parasitado con Mesostenus sp.? Visitan especialmente compuestas. 108 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Eumenos filifonnis S>s. y E. chalicodomae Sss. Estas dos especies, muy parecidas en color al E. canaliculatus, pero fáciles de distinguir por la morfología, las cacé en Febrero porlashojas de "Hibiscus, planta muy recomendable á los coleccionis- tas de insectos, porque junta un verdadero enjambre de himenóp- teros y dípteros, por la secreción de sus hojas según creo. Recibí también ejemplares amazónicos de H. Eolle (Berlín). Describí como perteneciente á E. flliformis un nido sacado de una pared de piedra que no difiere délos de E. canaliculatus, mas como entonces no tenía práctica y además me faltaba material comparativo, dejo en duda mi determinación. Estas dos especies son nuevas parala región. Saussure obtuvo la segunda especie de un nido ele Chalicodoma. Enmones oanaliculalus. El nido de esta especie es ya bien conocido, como ya dije; lo describió muy bien Azara y otros, y últimamente el Sr. C. Bruch describe y figura muy bien las formas más frecuentes (V. Rev. del Mus. de La Plata). Réstame anotar que, cuando las circuns- tancias le obligan á prenderlo por algún objeto colgante, no se aleja mucho del aspecto del nido de Pachymenes ater Sss. y que entre los nidos pegados á las paredes encontré uno de 12 ctldas dispuestas en cuadro. Emplea indistintamente barro rojo ó arcilla blanquizca; pero cada nido es de un solo color, y cuando tiene los dos ó más es debido á las refacciones hechas por los inquilinos, que son á veces varias especies juntas. De uno de los mayores nidos que observé, el último ejemplar que nació era una 9 anormal con el pecíolo tan dilatado como en el E. Wagnerianiis Sss. Es este un caso parecido al que hemos visto del E. novarae, pero el ejemplar murió sin poder volar. En la división Zeta noté alguna variabilidad en las especies de que tengo grandes series de ejemplares, como el E. gracilis Sss. (de la India), el E. versicolor Sss. y el E. canaliculatus (01.), pero en ninguno el pecíolo se modifica tanto: debe tratarse, pues, de un fenómeno. BEETONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 109 Pachymenes ater Sss. Encontré un nido en xn. 09. Estaba pegado lateralmente á una ramilla vertical de 1 mm. de diámetro. Componíase de 12 discos colocados uno sobre otro, de unos 10 mm. de diámetro máximo por 7 de espesor, esto es, cantarillas tan comprimidas, que el todo por afuera era un cilindro compuesto de anillos como un trozo de lombriz de tierra (OJigochaeta). Un trozo era en efecto, pues le faltaban ambas extremidades, y, á juzgar por la continuación sucia de la ramilla, debió tener una 20 celdas. El nido es algo comprimido lateralmente, por uno de los lados está pegado á la ramilla, en el lado opuesto es- tán las tapas de los orificios por donde puso los huevos, dispuestas en hilera. De esta forma la cavidad de la celda permite al insecto estar cómodamente acostado pero sin darse vuelta; por este motivo agujerearon para salir los primeros 6 de un lado y los otros en el lado opuesto, pero no del lado comprimido. La superficie exterior tiene surcos oblicuos como los de los nidos en forma de tubos de Trypoxylon, pero el barniz interior indica que es de Euménido, como el aspecto general que no se aparta mucho de ciertos nidos de E. canaliculatuSf además, cada tapa es exactamente del mismo material que su respectiva celda, lo que prueba que estaba ocupado ¡>or el arquitecto. Traje este nido á casa y el 15 de Enero acabaron de nacer los habitantes, que eran todos Pachymenes ater de la variedad típica. En dos celdas en que nada nació, encontré dos larvas de Mariposas en cada una. En tal estado se hallaban mis conocimientos cuando en el invierno de 1910 llevé de la costa del río un nido de Sceliphron fstulare Dahlbm. Y lo aprisioné en una campana de vidrio. ¡Cuál no sería mi sorpresa al ver nacer, poco después, dos Pachymenes ater típicos y un mes más tarde dos Crísidos! El nido era en forma de bola, con dos puntas en las extremidades de los polos y una ramilla que lo atraviesa oblicuamente, esto es, el tipo común de una forma de Sceliphron fstulare. Lo abrí y aún contenía un Pachymenes atrofiada por haberle tocado una celda demasiado pequeña. La conformación irregular del interior no permite creer que fuera construido por un Euménido, luego hay que creer que nuestro Pachymenes, lo mismo que los Pachodynerus, aprovecha nidos ajenos cuando le convienen. Este nido era construido con tierra arenosa y poco sólido. En cuanto á los parásitos son proba- blemente Chrysi* missionera Bréthes, y no es extraño que sean de 110 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Pachymenes, pues el Chrysis ígnita de Europa es parásito del E amenes coarctatusli. Del nido de Sceliphron sólo obtuve Mesoste- nus y coleópteros. Obs. —El P. ater Sss. es la especie más común de Puerto Ber- toni. La flor predilecta de los machos es lacle Bydrccotyle umbel- lata ó sea el Akarisó de los guaraníes. Vaga por las picadas frescas imitando en todos sus modales á la Polybia angulata (F.) y al Po- listes melanosoma Sss. Como todas estas especies miméticas son comunes y viven en los mismos lugares, es frecuente verlas revo- loteando mezcladas como si fuese una sola especie, y el parecido es tan perfecto, que sólo los distingue al vuelo un ojo perspicaz que pueda apreciar la forma del pecíolo del abdomen. La variabi- lidad es también paralela. En las mismas picadas, pero más rara, se encuentra la mariposa Pseudosphex ichneumonea H. S., comple- tamente parecida; pero aquí la semejanza debe venir más porque viven juntos que por otra causa, como algunos mirmecófilos imi- tan á sus huéspedes sin necesidad aparente. Advierto, no obstante, que donde vive dicha mariposa vive también el Corythopis calcarata Wied, ave insectívora que no repara en el olor que pueda tener la mariposa que desea comer, sin que por esto me parezca que deba influir en el actual caso de mimicría. El Pachymenes pallidipes Sss. es tal vez una variedad de esta espe- cie, pues hay ejemplares que le vienen bien en color; pero el mis- mo Saussure no sabe si el insecto es sedoso en vicia. En todo caso nuestra especie tiene las mismas variedades que la Polybia angu- lata F. con todas las transiciones, sin que sea por causa de la loca- lidad ó estación. También es variable lo del pecíolo campanulado ó piriforme. De Puerto Bertoni son también: Polybia pallidipes Sss v P. chry- solhorax Sss. y P. sericea Sss. Las tres especies son raras; la última no se interna en los bosques, y, por casualidad quizás, en los mis- mos lugares donde cacé la mimética Montezumia brunea (Sss.) Montezuinia. Siendo éste un género aliado á Monobia, aunque expuesto á su- frir cambios, es dado creer que la biología no debe distar mucho. Saussure describe un nido de M. ferrtiginea que declara semejante al de Sceliphron y de arquitectura de Sphé ides. El caso es curioso y no imposible, pues de los fosores se pueden esperar sorpresas: BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 111 pero sería interesante comprobar que no se trate de un inquilino y que el verdadero arquitecto no fuese otro que el Sceliphron fig"- his Dahlbru (V. Polistes cavapyta). En Puerto Bertoni, la que frecuenta más los bosques es la M. rufidentata Sss., que tiene de común con los miméticos Synoeca y Zethus sólo el preferir las mismas flores cuando buscan polen en otoño. Son estas flores las compuestas, especialmente Bacharis y Vernonia, que atraen, con pocas excepciones, á todas las avispas. La M. brunea (Sss.), como ya dije, sólo la encontró en los lugares abier- tos y costa del río en compañía de las especies á las que imita de una manera tan perfecta, que el mismo Saussure en su primera mo- nografía equivocó la posición sistemática. Monobia apicalipennis Sss. De un viejo nido de Eamenes canaliculatus crié varios ejempla- res de esta Monobia en compañía de otros inquilinos (Pachody ñeras) lo que motivó mi sospecha de que la Montezumiaferruginea pueda también habitar nidos abandonados. Saussure no describe el <$ ; yo crió uno que difería de las 9 9 en tener sobre el clipeo, antenas, patas, protórax y borde del pri- mer segmento abdominal, diseños ferrugíneos. Estos diseños pue- den perderse en parte en los ejemplares viejos ó bien desarro- llados. Las celdas ocupadas por el Pachodynerus contenían larvas de ma- riposa; las de la Monobia, no pude averiguarlo; pero unas celdas en que todavía había los huevos contenían arañas ¿serán de otro? Un viejo ejemplar muerto en una celda demostró que el arquitecto era el Eumenes canaliculatus. Monob a angulosa Sss. Dos variedades hay en el Alto Paraná; lamas común en Puerto Bertoni es la variedad A de Saussure. Comunícame el Sr. Schro- ttky que la biología de la M. a. var. cingulata Bréthes que dio á conocer en «Smithsonian Miscell. Coll.» (1907) pertenece en reali- dad á una 9 muy grande de Odynerus Glarazianus Sss. Yo tampoco conozco el nido de esta Monobia; pero en Octubre observé una 9 que parecía ocuparse en perseguir á una araña dentro de su tela 112 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. en forma de embucio. Ciertamente esto es contra la regla, pero se- ñalo el hecho, sin saber lo que buscaría dentro del nido de araña, donde sólo estaba el arácnido. Como la avispa trataba de entrar y la araña la miraba inmóvil, puede ser que se trate del magnetismo animal y que la presa fuera la avispa. Otlynerus flavomarginatus Bréthes. Todos los nidos que hallé de esta especie estaban en agujeros de la madera y paredes, tapados con barro como los de Trypoxylon. Esta es la nidificación que atribuyo á varios. Mis ejemplares fue- ron comparados con el tipo por el mismo Sr. Bréthes. Cacé esta especie en flores de Talinum patens, en compañía del O. apicalipennis Fox y O. subeyaneus Bréthes, en Puerto Bertoni. Debe llegar también hasta el Estado de Paraná (Brasil) que dista poco más de una legua de la citada localidad. Pachodynerus. Tres maneras de nidificar conozco para este género: en agujeros, en nido ajeno y en nidos propios parecidos á los de Odynerus (s. str.) } lo que demuestra que el desmembramiento del género viejo está en completo desacuerdo con la biología ó costumbres. El P. brevithorax Sss. es el que más he criado: siempre lo obtuve de nidos ele Eumenes canalicidatus, hasta 8 ó 10, sólo ó con otras especies y nace en diversos meses. Los últimos que nacen son ejemplares tan pequeños, que podría pensarse en otra es- pecie; pero enanos los hay en todos, aún en el P. simpUcicornis que tengo de Cuba. Generalmente las celdas que ocupa, demasiado grandes, las divide en tres por medio de delgados tabiques de barro dejando el uno para depositar los restos que dejara el primer habi- tante. Creo que es esta especie, ó quizás también la siguiente, que aprovecha los agujeros de la madera, tapándolos sencillamente con barro. El P. nasidens (Latr.) parece que hace nido propio como el P. simpUcicornis Sss. de Cuba, difícil de separar como buena especie también por los caracteres físicos; pero también de esta especie temo <|iie use nidos ajenos, en algunos casos al menos. Lo que sé de seguro es que, de cuatro nidos de ésta y muchísimos de BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 113 la anterior, no sucedió el caso de usar la misma clase de nidos. Lo más común en el alto Paraná y en Asunción es un nido de barro rojo, oblongo, colocado sobre una hoja cóncava de árbol ó brome- lia, de manera que despegándolo tiene el aspecto de un molusco del género Limax. Los mayores tienen 60 mm. por 16 de ancho, y en ambos lados agujerean para salir. Las celdas no son visibles en la superficie. Uno de ellos contenía en cada celda la lengua y la cas- cara de la cabeza de mariposa, devorada evidentemente al estado de ninfa. Otro nido mostraba en la superficie las tres cantarillas ovales de que se componía, algo parecido al que describe Cresson para la especie de Cuba. Este nido, por su aspecto parecido á los de algunos Odynerus europeos, temo que sea de otro. De todos estos nidos no crié otro que el P. nasidens. En cuanto al P. praecox Sss., igualmente común, no lo obtuve de nidos ajenos. Es sumamente parecido á los ejemplares de P. zonatus Sss. que tengo de la G-uayana inglesa y quizás represente solo una subespecie meridional. Observo aquí que los Odynerus (Stenancistrocertis) strimpicalis Fox y 0. (S.) griseus Fox deben construir nido propio, pues siendo comunes en Puerto Bertoni, relativamente, se les baila siempre acopiando tierra roja. AVISPAS SOCIALES. Seguramente el mayor material biológico que tengo cabe á las avispas y abejas sociales, á las que he prestado especial atención siempre, por afección y por haber frecuentado durante largos años las tribus Guaraníes que pueden llamarse dueños de los Melipónidos. Más, no siendo el objeto de estas líneas extenderme en detalles ya más ó menos bien conocidos, me limito por hoy á hacer tal ó cual observación. La variabilidad asombrosa de las avispas, que tantos sinónimos y embrollos ha motivado, queda ya bastante aclarada debido á los últimos estudios del Sr. Ducke. Hay casos de variabilidad indivi- dual que parecen inadmisibles, especialmente entre los Megacan- thopus; sin embargo, yo y cualquiera que se ocupe de criar nidos en jaula, tenemos que convencernos que se trata de una sola especie. En ocasiones diríase que algunos ejemplares muy aberrantes son Anal. Mus. Nac. Bs. As., Skk. 3. a , t. xv. Febueko 16, 1911. 8 114 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. híbridos, pero ¿es esto admisible? Más de una vez lo he sospechado» pero solo pude llegar á la conclusión de que los machos persiguen á las hembras de otras especies y que éstas se defienden. El cruza- miento entre los insectos, no obstante, existe, el coleóptero Chmt- liognaihus fallax Germ. se cruza en Puerto Bertoni con todas las «especies-» vecinas de la localidad, salvo que se desprecien los diver- sos diseños y el ensanchamiento de los élitros y se considere una sola especie. Respecto á la variabilidad de las avispas se ha dado buena explicación (Saussure 1857, Polistes americains). En las Polybia, observé que muy temprano y muy tarde en la estación de cría hacen pequeños nidos que habitan pocos días, quizás para aprovechar una temporada de calor. Estos nidos son esféricos y con 2-3 panales. En estos nidos se encuentran á veces variedades y aún especies admitidas en hospedaje en caso de que no se trate de cruzamiento (Véase Protopolybia). Las avispas del Paraguay, salvo raros casos, no elijen las espe- cies de plantas que visitan, sino la calidad de las flores, según si buscan polen ó néctar. Así en algunas compuestas como Bacharis dracunculi folia y B. oxyodonta cacé todas las especies (excepto Protopolybia ) en compañía de centenares de otros insectos hime- nópteros, coleópteros, dípteros y lepidópteros, y, la mayor parte, con igual ó mayor compañía, visitan las flores de Vemonia ó Yagua- pety (tabaco del yaguar). Cuando buscan néctar se las encuentra en las plantas que lo producen: las que son visitadas por mayor número de especies en Puerto Bertoni son las Musa y Manihot. En las frutas de Banano y Viña se hallan todos los Polistes, Sy?ioeca, Polybia pallidipes, P. meridionales, P. occidentalis y variedades, P. nigra, P. fastidiosuscula, P. minarum y P. angulata. Acuden también en su mayor parte á la miel artificial. Como principales carnívoras, que acucien á la carne expuesta al sol, siendo á veces muy molestas, señalo: Synoeca cyanea, Nec- tarina augusti, Polybia angulata, P. nigra, P. pallidipes, P. occidenta- lis y variedades, P. minarum y P. Sylveirae. Algunas hacen bolas esféricas de hasta 2 mm. para llevar. Las avispas sociales en el Paraguay y regiones fronterizas son todas regularmente distribuidas, y sólo influye en la variedad el lugar según sea monte ó campo. De suerte que todas las especies de Puerto Bertoni. ó de bosque, las cacé también en Bella Vista é Yguazú (Estado de Paraná, Brasil) y en Misiones (Argentina) has- ta Santa Ana, exceptuando únicamente un Megacanthopus, una Metapolybia y un Polistes debido quizás á su escasez. Señalo como BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 115 útil sólo la Polybia scuteUaris ó Kamuctti. Algunas, como la P. ni- gra, que persiguen larvas de lepidópteros, pasan á ser nocivas donde se cría el gusano de la seda. Los que están al corriente del laberinto en que ha estado la sis- temática de los Véspidos, se preguntarán, y con razón, si son exactas mis determinaciones. A este respecto advierto que, ade- más de haberlos estudiado concienzudamente, siguiendo paso á paso los ¡Drogresos del señor Duche del «Museu Goeldi», he con- sultado á los mejores especialistas en todos los casos embrollados, y no he perdido oportunidad para adquirir en Europa y América material comparativo. Finalmente, he depositado colecciones au- ténticas en los Museos de Buenos Aires, Sao Paulo, Washington, Berlin y Londres, lo que debieran hacer todos los que se ocupan de biología en interés de la posteridad, para evitar inconvenien- tes cuando sufren cambios de nombre. Los guaraníes les llaman en general Ká ó Káva, cuya etimología ignoro, pero no creo exacto que se pueda traducir de ninguna manera en la que hiere como piensa A. Nogueira. Nectarina lecheguana (Latr.) Es la Lechigucnttí de los indios. El Sr. Bréthes afirma, y con razón, que Azara describe el nido trocando el nombre con el Ka- muati (P. scutellaris). El nido es bien conocido. Uno sólo he visto expuesto en una rama al aire libre en el interior de Misiones Altas, esférico, con 30 cm. de diámetro. En los bosques del Alto Paraná, lo oculta mucho en la maleza ó en ramas frondosas; es general- mente de forma alargada, alcanzando pro]:)orciones relativamente grandes. En los campos ele Misiones y Paraguay es muy frecuente hallarlo en las cepas de paja, donde lo suelen deshacer enlazán- dolo para aprovechar su exquisita miel, pues es la especie que pro- duce mayor cantidad. Nectarina augusti Sss. La llaman los guaraníes Lechiguand-í / /=pequeño). No es menos común que la anterior á la altura del Iguazú, pero parece que no se interna en los campos del S. L T n nido coleccionado en Puerto Bertoni (Col. Bertoni, n.° 1T9<">. ix), si bien no se aleja de algunos 116 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. nidos de P. occidentalis por las sinuosidades de la capa, no puede ser confundido con ellos por la entrada. En todo caso el que yo halló es semejante al que posee el Museu Goeldi. Con 10 cm. de diámetro, la forma se parece al nido de la Polybia emaciata Lucas y la entrada vertical y linear es idéntica á la del nido de P. bifa¿- ciata Sss., tal como lo figura el Sr. Ducke (Vesp. soc. do Para, Bol. Mus. Goeldi, vol. iv). Observo, no obstante, que la entrada es más ancha relativamente. La capa externa es frágil y abollada, y la parte inferior con celdas empezadas demuestra que debía ser más largo. Parachartergus a pica lis (F.) Como la Synoeca, le llaman los guaraníes Ktiva-tatú l , porque se parece á la caparazón de un tatú (Dasypua) colgado. Es muy común en el Alto Paraná dentro de los bosques, donde hay sólo la varie- dad de ápice del ala bien lácteo. Empieza los nidos tarde, general- mente en Enero, y los abandona en Abril y Mayo; pero uno co- menzó en lo crudo del invierno y llegó á procrear! La forma nor- mal es la fusiforme, de tamaño mediano; más algunos llegan hasta más de 60 cm. de largo sin ser gruesos. Otros he visto qu e llevan un compartimiento anexo en la extremidad inferior como hace la Synoeca. Por fin uno estaba pegado á la parte inferior de una hoja de Banano, parecido por afuera al de dicha Synoeca. pero el interior no se apartaba de la especie. De este último nido no obtuve ejemplares, y, cuando lo saqué, estaba lleno de Polistas versicolor que se disponían á pasar los fríos; podría, pues, ser de otra especie. Los ejemplares de uno de los nidos en vida olían fuertemente á carne descompuesta. Esta especie es completamen- te parecida al Odynertts (S.) subapicalis Fox, y tiene de común con éste lo de encontrarse frecuentemente en el suelo limpio y húmedo de las picadas, siendo difícil distinguirlo. Naturalmente el objeto es diverso, el uno acopia barro y el otro se limita evi- dentemente á chupar la humedad del suelo. El P. apicalis es una de las especies más malas en el nido y su picadura es muy dolorosa. Observo aquí que el Chartergus glóbiventris Sss. llega hasta el N. del Paraguay por el río de este nombre. El nido, coleccionado 1 Algunos le agregan la sílaba í ó mí (pequeño) como distintivo. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 117 por mi amigo J. D. Anisits, no difiere del ejemplar del Museo Na- cional de Buenos Aires descripto y figurado por el Sr. Bréthes, ni tampoco del nido de Ch. chartarius 01. que he visto en el Museo Paulista. M etapolybia pe diculata (Sss.) Nunca cacé esta especie en libertad, pero en Octubre de 1909, hallé un nido en Puerto Bertoni, parecido en un todo al de Synoeca como lo describe R von Ihering (véspidos do Brasil). Tenía 11 cm. de alto por 6 de ancho, del color del grueso tronco en que estaba pegado, de suerte que era muy difícil distinguirlo de la corteza sin llegar muy cerca. Con todo no engañó á un Calcídido parásito que crié del mismo nido. Debe existir, pues, en el Estado de Paraná y Misiones. Synoeca surinama var. cyanea (F). Guaraní: Kdva-tatú (Avispa=fa¿ú). En el Alto Paraná son muy comunes los nidos compuestos ó con compartimientos anexos, como los observados por R. von Ihering y A. Ducke; agregan siempre á la parte superior, quedando la antigua entrada como comunica- ción. A uno de estos nidos que observó desde el principio le agre- garon el anexo en el segundo verano. El mayor que he observado se componía de 5 compartimientos, el primero y el último eran los mayores y los intermediarios de tamaño variado, pero cortos; el largo total tra de 1 m. y 30 cm. Están siempre colocados en el lado inferior de un grueso gajo ó tronco más ó menos oblicuo. Es muy común en todo el Alto Paraná en las flores de compues- tas y otras, en las frutas azucaradas, como naranjas, uvas, banana, higos, Ivá-imbó (PMlodendron), Ambaíh (Cecropia peltata) y en la carne expuesta al sol, pues todo esto devora, siendo dañina. Ofrece una semejanza admirable en sus modales y aspecto con la Monte- zumia rufidentata Sss., el Zethus caeruleipennis F. y el díptero Cerioides fascialis Kertész. Kdva-tatú es comparativo, el nombre de Tatú-Jcdva que le dan en el Para equivale á avispa del Tatú. 118 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Protopolybia sedula Sss. Guaraní: Káva-miri {miri, pequeño), Eichü-i. Encontré varios nidos en el Alto Paraná. Todos del tipo común á los de Polybia, figurado por Moebius (Est. n, fig. 6), más ó menos globular; pero siempre se distingue de éstos por la estructura del cartón fino y resistente que le sirve de involucro. Unos estaban libres en una rama; otros estaban entre las hojas, las que incluye en la capa externa, soldándolas. En Agosto saqué muy temprano un nido con todos sus habitan- tantes. Contenía una variedad de tamaños; los mayores y más amarillos eran de 7-8 mm. y los menores de 5 mm. Xo se podía pensar en el inquilinaje porque entre unos 400 ejemplares que contenía había todas las transiciones. Unos pocos ejemplares eran de Polybia occidentalis de la forma pygmaea F. ! Como el nido era nuevo deben haber admitido que se introdujera un huésped á pasar la fría noche, y tal vez los toleran mientras no crían. Un caso parecido ya hemos visto del P. apicalis. Esta pequeña avispa acopia perfumada miel. Pocas flores la he visto visitar en Puerto Bertoni, y la predilecta al parecer es la de Aralia papyrifera. Prefiere ocultar su nido entre las hojas de Na- ranjo y Eucaliptus y lo amolda á las condiciones en que se halla. Polybia occidental is Ol. Guaraní: KavicTmí, Ei-clrú, nombre que dan también á las espe- cies vecinas de nido parecido que producen miel (véase mi «Voca- bulario Zoológico Guaraní»). Los nidos en el Paraguay corresponden exactamente á los de San Paulo. La forma troica la tengo de Asunción: en cuanto á la forma pygmaea F. predomina en el Alto Paraná, y á juzgar por esto, puede ser variación de bosque. En esta última forma los nidos son variables, lo que á veces depende de la edad. Algunos tienen la superficie sencillamente abollada, la forma no es menos variable en la misma localidad, hasta el extremo de que uno de los que poseo imita notablemente al de Chartergus chartarius con todas las transiciones intermediarias. Produce más ó menos miel, pero solo todo el nido con larvas puede pesar varios kilos, como dice du Buysson. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 119 Polybia o. var. scutellaris White. Los guaraníes le llaman Kavichuí si es de nido liso y Kamuatí (avispa espinosa) si el nido tiene apófisis. En Puerto Bertoni existe únicamente la forma paulista H. v. Ih. y lo mismo en toda la región exclusivamente de bosque del Alto Paraná hasta Yaguarasapá, esto es, los nidos lisos y nunca tan grandes como algunos de la forma típica. En la entrada del invierno se encuentran nidos esféricos, basta de 4 cm. de diámetro! Estos nidos diminutos (cuyos ejemplares fueron determinados por el señor Ducke) son luego abandonados sin procrear. Desde 6 leguas al interior de Puerto Bertoni empiezan los nidos espinosos típicos que predominan en toda la región inmediata á los campos! Si no es posible separar esta variedad biológica es dado pensar en la defensa. A este respecto he hecho en el Para- guay una observación que convendría se repitiese en otras partes de América. Me refiero al Leuconerpes candidus (Otto), ave de la familia Picidae, que es el principal enemigo de estas avispas de nido frágil el que agujerea sin piedad. Esta ave de hábitos cam- pestres no existe naturalmente en toda la región de bosque citada, sino de paso rara vez en los rosados; pero abunda en toda la región de campo, empezando precisamente en el Alto Momday! Será esto una coincidencia si se quiere; pero es un hecho que el Leuconerpes candidus vive á expensas de las larvas y quizá también de la miel de estas avispas y yo, que lo señalé en mis ornitologías como útil al hombre, suspendo el mérito que le di porque hoy señalo como útil á su víctima la Polybia scutellaris. Esta avispa produce miel, como todas las del grupo, aunque de ninguna puede calcularse por kilogramos como du Buysson dice para las de México; pero su utilidad no consiste en esto. El Jején ó Mbarigui, conocido en Amazona con el nombre de Mberú-í (mosca chica), Simulium Latr., es la conocida plaga que reemplaza al mosquito en el Alto Paraná. En los años húmedos es abundante: uno de ellos era el 1907. Un día, mi hermano AVerner Bertoni me comunicó que los Ka- vichuí acudían á cazar los Mbarigui que picaban á las vacas. Acudí al corral de éstas y observé que el hecho era exacto: los ojos de las vacas estaban llenos de Simulium y la Polybia scutellaris en cantidad se posaba sobre ellos y apretándolos entre sus mandíbu- las los llevaba. Tanto más útil es esta avispa cuanto que pesa 120 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. sobre el Simuliwm la sospecha de que puede ser uno de los trans- misores del Chucho ó Malaria. Polybia fastidiosuscula Sss. Guaraní: Kavichui-saihyíi ( = K. amarillo). De un gran nido, muy alargado quizá por la estación, obtuve en Abril de 1901 ejemplares muy amarillos que tuve como de la forma típica (Puerto Bertoni). Me ocuparé aquí solo de la var. sampaioi Ducke, comparados por el mismo autor de la variedad. En Septiembre de 1906 aprisioné un rudo de noche con todos sus habitantes. Tenía unos 8 cm. de diámetro y en todo pare- cido al nido de la var. Buyssoni R. von Ih. (pl. vn, fig. 14). Los habitantes, en número de 200, eran los fundadores porque la prole aún no había nacido. Uno de ellos era todo negro con las patas fui- vas, ó sea más ó menos la Buyssoni, pero más chico. Siete ejem- plares con más ó menos diseños, pero el tórax todo negro; 25 con el abdomen negro abajo; 16 eran intermediarios, y el resto del color normal, algunos muy amarillos. Todas las transiciones existían en este nido, pero el color normal es el muy diseñado de amarillo vivo pero no con el fondo de la cabeza anaranjada. Es también el único nido que hallé con tal mezcla que no permite pensar en el hospedaje, queda pues difícil separar la P. Buyssoni si no ofrece algún carácter morfológico. Un nido de la forma amarilla de 20 cm. era esférico y sólido. Estaba en los sitios preferidos por la P. occidentalis y noté que con marcada tendencia imitaba á ésta en la arquitectura externa, la parte superior tenía tubos superficiales. Obs. Esta avispa es muy común en todo el Alto Paraná. Suele acopiar cierta cantidad de perfumada miel. Entre otras flores, visita las de Manihot, div. sp. También acude á la miel ajena y azúcar. Algunos nidos viejos encontré muy parasitados de un Chalcididae y de un díptero del género Myióbia. Polybia minarum Ducke. Guaraní: Káva-agurrí (a.visp&= aguaré); le llaman así porque el nido recuerda á un Aguará (Canis jubatus) en el color castaño y en hallarse en la maleza ó cueva como el de P. nigra Sss. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 121 Coloca el nido entre la maleza, huecos de los barrancos, árboles, y uno halló bajo un techo, pegado á una viga, esto es, todo como la P. nigra. Los nidos, de 15 á 30 centímetros de alto, son cilindri- cos ó esféricos, se desmenuzan fácilmente y son más ó menos de un color castaño, debido á que son fabricados con la madera des- compuesta del árbol llamado Cancharana ó Cedro-rá (Cábralea sp.), que he visto roer por esta especie y otras. La semejanza de estos nidos en la estructura con el descrito y figurado por R. von Ihe- ring para P. dimidiata (01.) es completa 1 . Lo único fuerte y liso es la capa interna, de la que se desprenden fácilmente los panales, quedando la'cáscara como una campana. Por afuera está revestido por una capa porosa, á la manera de los nidos de Termítidos ó Kupiú, la que llega hasta 4 cm. de espesor. Los panales cóncavos los más altos llegan á veces casi á ser esféricos y el diámetro de las celdas es igual al que se observa en la P. nigra cuyo nido imita. Obs. Esta avispa, común en el alto Paraná (Puerto Bertoni, Bella Vista, E. de Paraná y Mbocay: Misiones) es un tanto varia- ble, con tendencia á acercarse á la P. nigra Sss. que imita en sus costumbres, alimento, nido y parentezco evidente. El tamaño es también variable; el diseño de los segmentos desaparece fácil- mente, pero es constante el color ferrugíneo de las patas y alas. La determinación fué hecha por el mismo Sr. Ducke. autor de la es- pecie. Un nido nuevo, de Misiones, carecía de capa porosa aún. Mimicría: Pseudospliex sericeus Schr. (Lepidoptera: Syntomidae). Polybia nigra Sss. Guaraní: Kríva-hil ( = avispa negra). Es la más conocida con este nombre, y le conviene todo lo que dice Azara bajo el n.° 12. Respecto al nido (que los hay en el Paraguay semejantes á los del Brasil), en Puerto Bertoni, en iguales condiciones, es insepa- rable del de P. minarum en estructura y color. Aquí se confirma la opinión del Sr. Ducke de que las avispas se imitan sus nidos cuando viven juntas. En nuestros bosques, donde puede decirse, ésta y la anterior viven en armonía, llegan también á confun- dirse en la fisonomía, salvo las alas y patas, como si se tratase de un principio de mimicría debido al medio. Esta avispa acude 1 V. Véspidos do Brasil, in Rev. do Museu Paulista. 122 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. mucho á la carne. Caza insectos tiernos, especialmente pequeñas larvas que, sin llevarlas, agujerea y les chupa el contenido y á veces las lleva. Podría considerarse como útil, pero no siempre lo es. Comprobé la comunicación verbal del Dr. M. S. Bertoni de que esta avispa hace daño á la cría del gusano de la seda, devorando las larvas grandes y llevándose las chicas en compañía de otras carnívoras. Los nidos completamente encerrados en huecos no difieren en nada de aquéllos. Obs. El color es constantemente negro en el Paraguay, como todos los ejemplares que tengo del Brasil y Colombia; pero entre los ejemplares que recibí del Sr. E. G-iacomelli, de La Rioja. había uno con el ápice del pecíolo algo bordado de blanco como la P. tinctipennis Fox. — Mimicría: Cerioides barbipes Laew. (Díptera), Pseudosphex noverca Schaus (Lepidoptera), Odynerus paraguayen- sis Bréthes (Eumen.). Polybia sericea Ol El nido se halla descripto y figurado en estos Anales por el Sr. Bréthes. De un parecido admirable son el Pachymenes sericeusSss. y la Montezumia brunea Sss. Los tres son raros en el Alto Paraná, pero en lo que he podido averiguar, convienen en los modales, en limitarse á las inmediaciones del río, y, en parte, en la comunidad de las flores que visitan. En este caso la mimicría no parece ofre- cer ventajas ni protección tampoco, queda á pensarse en el medio. Es también imitada por un coleóptero del género Sphecomorplia. La P. sericea es de vasta distribución, extendiéndose hasta el sur de Buenos Aires (Bréthes). Polybia Sylveirae Sss. Guaraní: Eichú: por extensión le llaman también Kaviehui.y al nido Lechiguaná-í por analogía (í = pequeño). El primero es el nombre puro que usan los indios silvestres. La composición es la misma, con la diferencia de que en el segundo nombre la primera sílaba se refiere á avispa. Los nidos son bien descriptos por von Ihering; pero observo que el mayor que halló era elíptico y que los más frecuentes en Pto. Ber- toni son los chicos y esféricos. El color es de cartón muy blan- BEETONI: AVISPAS Y AB£JAS DEL PARAGUAY. 123 quizco y la cascara consistente. Contiene poca, pero perfumada miel. El nido más grande que halló era el doble en volumen de los mayores descriptos. Esta avispa es sumamente común en todo el país. Sin especializar mucho las flores, acopia néctar, busca polen y aún carne. Polybia meridionalis E. von Ih. Esta avispa y las siguientes son las que se crían en hueco de ár- bol. En nuestra región la forma del clipeo acompaña á este carác- ter biológico; pero se opone á aceptar los géneros de Lepeletier el hecho de aparecer en el norte especies de igual clipeo con nidos de otro tipo, y la P. nigra que cría en huecos también, aun- que los nidos no se parecen. En fin hemos visto como influyen las circunstancias. Si han de ser separados se hallarán otros carac- teres. La presente no es común en el Alto Paraná. Frecuenta la costa del río, come miel artificial y frutas como bananas y otras. Pertenece al tipo de mimicría más inexplicable que se repite en los más variados géneros, familias y órdenes de insectos. Es poco conocida por ser rara, pero debe de ser de distribución vasta, pues recibí de la Guayana inglesa un ejemplar confundido con los de P. fulvofasciata. Los demás de mi colección son del Paraguay y Misiones. Polybia pallidipes (Ol.) Guaraní: Káva-saihyú (= avispa amarilla), nombre que se ex- tiende á todas especies parecidas en color y fisonomía. Cría en agujeros de árboles, piedras, hormigueros abandonados y cualquiera cavidad cerrada ó en parte abierta; pero nunca hace tapa como la P. vicina. El nido es variable según las condiciones en que se halla. Los panales, cuando la cavidad no es regular, se hallan en desorden y de todas las formas posibles, algunos son discos como los de la P. nigra y si el espacio no lo permite toman la forma de diferentes nidos de Megacanthopus desordenados. Uno de los del extremo de un hueco se parecía á una espiga de maíz hueca por una extremidad. Con frecuencia están bajo las raíces de un árbol y en los nidos viejos de Afta. En nuestra región el color de esta avispa es constante. 124 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Es una de las más carnívoras y tan mala y de picadura dolorosa como la P. angidata. Sumamente común en las selvas, vuela con calma, posándose á menudo sobre las hojas. Es imitada con la mayor perfección por muchos insectos y tanto, á veces, que diría- se que viven en armonía. El medio y el constante puede ser tenido en cuenta es este caso, como los inquilines de las hormigas llegan á parecerse á ellas; pero las causas deben ser variadas. Los más perfectos son: una forma de Megacanthopus, Eumenes flavescens Bréthes (Euménido) y la mariposa Pseudosphex métamela Hamps (Syntomidae). Para esta última, como para sus congéneres acabo de observar que la mimicria le es muy útil contra las aves. Acabo de observar que numerosos Tanágridos salían al encuentro de las Termítidas aladas y que cuando encontraban algo parecido á avis- pa volvían atrás. En las demás no ofrece ninguna protección, sien- do todas defendidas por su aguijón. Polybia angulata (F.) Guaraní : Káva-hú ( = avispa negra ). El motivo por el cual nadie descubrió el nido de esta avispa tan común es por que son raros, pero enormes, y solo están en los gruesos troncos del interior de las selvas. Examiné bien uno que creí suyo por ser las avispas negras, en 1902, pero no cogí ningún ejemplar para estudiar y cuando lo saqué no estaba más habitado. Consistía en un tronco con un hueco que bajaba hasta el suelo, de 40 cm. de diámetro y 1 m. y 20 cm. de alto. Este hueco vertical estaba completamente lleno de discos uniformes sobre- puestos, apartándose en esto del grupo. La pequeña entrada era una raja en la parte superior. El otro nido está aún habitado, consiste en un grueso tronco, con un metro y medio de diámetro, de hueco enorme. La comunicación con el exterior se efectúa por los huecos de las raíces del árbol por varios lados. Salen en canti- dad y son tan malas que no dejan acercarse á nadie. Esta avispa y la anterior difieren de todas las demás en no permitir que se observe de cerca el nido. Es la más carnívora. Donde hay carne se juntan en gran cantidad. Muchas veces, habiendo dejado en elmonte alguna avecilla, á las pocas horas estaba vaciada por las avispas que habían entrado por los agujeros de la munición. Se encuentra en todas las picadas en compañía frecuente de las espe- cies miméticas de avispas y mariposas, Polistes niel anosoma Sss., Pachymenes ater Sss., y Pseudosphex ichneumonea (Syntomidae). BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 125 Polybia vicina Sss. Guaraní: Kasununga (Ka = avispa, suníi = trueno, por el ruido que hace). El nido (que personalmente he visto) en el Museo de Río de Janei- ro, debe haber estado en una gran cavidad. Observó uno en Puerto Bertoni bajo un techo, inconcluso, que ocupaba una gran ex- tensión, empezando á la manera de la P. pallidipes. Otro salía de la regla por tener cubierta. Se hallaba éste en una grieta de una pared de piedra, de suerte que los panales tenían 60 cm. de ancho y 110 cm. de largo y la gran abertura estaba en sumayor parte cerrada por cubierta. Destácase de esto que hacen la cubierta cuando lo nece- sitan. Parece que no es estacionaria y llega en enjambres enormes; lo cierto es que en muchos años no se encuentra. Aún de noche es mala: en una ocación había luz y música en un rancho inmediato á un nido y hacia la media noche se alborotaron las avispas y fueron á disolver la reunión. A poica paluda (Ol.) Guaraní : Ta - ñehé. Observo sobre esta avispa nocturna, común en toda la región, que normalmente nidifica en arbustos; pero uno lo hallé en la copa de un árbol muy alto y varios bajo los techos pegados á una viga. Bien conocida es la biología. De día no descansan en el nido posa- das, como ello es general en las avispas, sino están colgadas de cada celda y apretadísimas por no caber el número enorme de habitantes, tomando el nido el aspecto de una flor de gira- sol. Enjambres numerosos empiezan los nidos y lo acaban rápi- damente. Cuando es aun chico forman dos carnadas de avispas, pegadas las unas con las otras y se apiñan también encima, formando una sola bola amarilla. No vé de día, pero si se alborotan y uno corre lo siguen por el ruido y lo pican causando mucho dolor. Como están colgadas y apretadas, para volar se dejan caer; por esto (y así lo explican íbs mismos indios) le llaman ta ñehé, lo que equivale á me derramo. Los ejemplares de S. Bernardino son de la forma pallens F., según R. du Buysson. Yo tengo ejemplares de las dos formas, de la Guayana, y los ejemplares del Paraguay caen más ó menos en el medio. No creo pues que sea sostenible tal variedad. 126 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. Mischocyttarus labiatus F. Son muy comunes los nidos en pleno verano y lo más comunes prender su largo y filiforme pedúnculo de la extremidad de una espina de naranjo. El color es pardo y el pedúnculo y objeto en que está prendido tienen un brillante barniz negro. Crió muchos nidos en jaula, pero no querían comer alimentos vegetales y morían después de comer sus propias larvas. Es mansa ó inofensiva, con hábitos de Megacanthopus. Los ejemplares del Paraguay son comúnmente más chicos que los amazónicos; pero al fin de la estación de cría nacen muchos de sólo 12-13 milímetros. Estos enanos se parecen á primera vista á Megacanthopus y es fácil que hayan engañado á los autores anti- guos. El M. Drewseni Sss. («Desc. de Quelques Vespides Nouveaux» 1857), sólo lo obtuve en dos ejemplares en Diciembre 1907 (Pto.Ber- toni). Concuerdan perfectamente con la descripción típica y poco difieren de los que recibí del Estado de Paraná (parte E). A ninguno de ellos pertenece, seguramente, la figura que nos da Smith en el «Catalogue of Hymenoptera». Megacanthopus ater (Oliv.) Muchos nidos he hallado en Puerto Bertoni; la forma es siempre redondeada como un panal de Poh/bia; el pedúnculo, robusto y distante una celda de la orilla, es siempre único; el color del nido es obscuro con barniz negro encima á veces. Todos esta- ban prendidos de una viga ó pared lateralmente. Deja de imitar á los de Polistes canadensis en estar el nido vertical y el pedúnculo horizontal. Es, en una palabra, una rueda cóncava y lo comienza ya redondeado. La avispa es mansejona y no intenta picar ni cuando se le quita el nido, siendo éste el carácter de todo el grupo. Imita en su color y aspecto al Parachartergus apicales. Puede ser que mis nidos sean imitación del de Polistes cana- densis L. Megacanthopus rufldens Sss. Uso provisoriamente, siguiendo á otros autores, este nombre para nuestra forma meridional; pero temo que pueda ser exacta la BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 127 duda que manifiesta el Sr. Ducke al respecto. El nido es frecuente en el alto Paraná, siempre pegado en la parte inferior de una hoja. No pasan mis nidos de 9 cm. de largo y son un tanto variables; pero la forma es sienqjre más ó menos la del Polistes versicolor, con los bordes á veces muy irregulares. Es de los más mansos. Megacanlhopus Indeterminabilis Sss. Esta especie es, seguramente, la que más be cultivado y de la cual tengo más nidos en vista de la variabilidad extraordinaria en color y nidos. El Sr. R. du Buysson tiene á los ejemplares del Paraguay como pertenecientes á la variedad alfkeni Ducke; pero el Sr. Ducke, que recibió ejemplares de un nido alargado de Pto. Bertoni (Col. Bertoni, n° 900), piensa que forman una variedad meridional. Efectivamente el diseño es siempre amarillo citrino, cuando es bien marcado. Las formas extremas de nidos son muy alejadas; pero, en pre- sencia de docenas de nidos con miles de sus habitantes, no be conseguido separarlos ni yo ni los especialistas más conocedores, salvo que ofrezcan caracteres aun ocultos á la ciencia. El tipo común del nido es el de Polistes versicolor, pero variable, y se alarga gradualmente basta el extremo que uno de los que tengo es de 2G centímetros de largo por 2 de ancho. El otro extremo son 2 nidos que halló pegados bajo un techo. Estos dos nidos estaban ambos al lado de los de nidos de 21. ater ó imitaban á su vecino en la forma redonda y en el pedúnculo no bien lateral. Por el nielo estos corres- ponden á la var. alfkeni, más no en el diseño citrino de los insec- tos. Otro caso de imitación notó en un árbol donde había nidos del M. rufidens, que eran lo mismo, ó sea parecidos á los nidos del M. injucundus. Aquí vuelve á presentarse el caso de la imitación de los nidos. Además entre estas formas hay muchos nidos transi- torios. El diseño normal de la especie en el Paraguay es para los viejos el de la Pohjbia fastidiosuscula y sus variedades, entre las cuales tal vez caiga el Polistes bistriatvs de Fabricius. La variabilidad viene después, según la estación en que nacen; los últimos de otoño son los más aberrantes y lo más curioso es que van en sentido á la Pohjbia pallidipes, hasta imitarla perfectamente. En todas las for- mas ele nidos encontré en otoño toda la serie de colores, pero no en todos los nidos. 128 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Ninguna variedad ferrugínea encontré en el Paraguay. El M. surinamensis Sss. lo cacé en Santos y Río de Janeiro, tiene un ab- domen muy parecido á los Mischocyttarus nacidos en otoño. El M. ind. basimacula Cameron, que tengo de la isla de Trinidad, se parece al nuestro en el color del diseño, pero no puede ser confun- dido con ninguna de las formas. Polistes carnifex F. Guaraní: Káva-saihyí'i, Káva-álazdn. Este último es nombre hí- brido que le dan en la campaña del Paraguay. Es común en el Alto Paraná. Oculta el nido en las ramas de na- ranjo con preferencia. El mayor que he visto es de 12 cm. de diá- metro, 8 1 j.¿ de alto, la celda completa 36 mm. de largo. Es curioso que las celdas se compongan á veces de anillos blanquizcos y aca- nelados alternativamente. El único parásito que crié de estos ni- dos es un Calcídido que parece atacarlos á todos. Polistes canadensis L. Guaraní: Kdva-pihtá (= avispa roja). Es esta avispa la más conocida y común del Paraguay, y la que más entra en las ciudades, llenando de nidos los tejados. En un gran galpón abandonado cerca de Asunción hemos calculado en muchos miles los nidos que había colgados del techo y vigas. El nido comienza como el común de los Polistes y después de viejos toman la forma redonda y el pedúnculo sale de la orilla. Esta es una de las formas que hemos visto ya en los Megacanthopus en iguales condiciones y puede ser qus imitarían á esta especie. Un nido chico de la var. unicolor Lep. estaba dentro ele un hueco de árbol. La diferencia que, en el Paraguay, notó en las dos formas es que la unicolor no se interna tanto en los bosques y no llega hasta Puerto Bertoni. Ambas hacen estragos en las frutas azucaradas. Polistes cavapyta Sss. Esta especie tampoco se interna en los bosques del Alto Paraná. El punto más al Norte en que lo cacé por este lado es Yaguarazapá BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 129 (1893). Le llaman también á esta especie Kdva-pihtá. La variabili- dad es paralela con la Montezuntia ferruginea y Ea menea abdomi- nalis. Polistes versicolor Ol. Guaraní: Kava-pihtá-mí (= avispa-colorada-pecjueña). Es tan común en el Alto Paraná como en otras partes. Entre los infinitos nidos que he visto, el uno era excesivamente largo y estrecho; pertenecía á la forma más amarilla. En los mismos luga- res hay la forma binotatus Sss. y el T. consobrinus Sss. que parece que no es más que aberración del fin de la estación. Si el nido no está abrigado, se coloca con el dorso hacia el lado de donde vienen más las lluvias. Uno hallé, con unas celdas co- menzadas de un laclo y después seguidas en el otro sentido para cambiar la exposición. En los años ele muchos parási- tos empiezan tarde á poder propagarse. Pero en los normales llegan á ser muy grandes y además observé que vuelven á poner huevos en las celdas que se desocupan. Así algunos nidos llegan á tener tantos habitantes que no caben en el nido y en los últimos días se destaca una parte y esperan amontonados en una rama in- mediata, en espera de que nazcan las últimas celdas para abando- nar juntos el nido. Uno de estos nidos lo observó durante 7 meses casi diariamente y llegaron á conocerme, sin hacerme nunca daño, al paso que picaban á los otros que pasaban cerca. Cuando se acer- caban los Mesostenus no parecían notarlo, pero un día que vieron á una Seminota la hicieron huir. Es uno de los más malos y de picadura dolorosa. Hace daño sensible á las frutas. Grupo Polistes cinerascens Sss. Es esta especie muy común en Puerto Bertoni. Empieza su nido como el anterior, pero se extiende mucho por los lados á medida que crece y es siempre más ó menos horizontal. El color es siem- jire claro con el pedúnculo barnizado de negro. Volvemos aquí á ver el estilo del P. canandensis excepto el pedúnculo. La var. C. de Saussure (Bréthes, cleterm.) tiene el mismo nido que la forma típica. De uno crié 13 ejemplares, todos con el escudete ferrugíneo y el 2.° segmento abdominal con manchas del mismo Axai, Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Febrero 10, 1911. 9 130 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. color que en algunos las hay en tocios En otros nidos había ejem- plares sin estos caracteres. La transición completa entre el color ferrugíneo é intenso del abdomen la obtuve en Puerto Bertoni por Febrero y Marzo en las mismas plantas de Bacharii oxyodonta. El más negro difería del P. actaeon sólo en tener el protórax rojizo. El 10 de Febrero (1909) encontré un nido mediano que estaba colgado de una espina á 30 cm. de un gran nido del P. cinerascens. Aquí sospechó en el primer momento que se tratase de cruza- miento; pero como ya he dicho, no llegué á ningún resultado en este sentido y desisto de pensar en ello. A los ejemplares nacidos, que eran muchos y constantes, les conviene perfectamente la des- cripción del Polistes obscurns Sss. La fisonomía ofrece algo, com- prensible sólo para los que los conocen en vida, que los separa del grupo. Recibí del Brasil un ejemplar mezclado con los de /'. ac- taeon Hal., que es parecido á esta forma en el color. Polistes limaí R. von Ih. — Es igualmente común como el P. cine- rascens (s. str.) en Puerto Bertoni y nidifica también con preferen- cia en los naranjos, siendo común encontrarlos juntos. El nido (he visto muchas docenas), sigue el estilo de los anteriores, redon- deado ó más ancho que largo y horizontal: pero nunca me ha suce- dido de confundirlos aún sin conocer los habitantes. Las celdas son más chicas, es menos cóncavo y el color general es constante- mente negro, siempre más que los excepcionalmente obscuros ele P. cinerascens. Los prende con preferencia de la extremidad de una espina de naranjo. El único parásito que obtuve es la Semi- nota depressa, parecida en vida al huésped. En los nidos tardíos se puede ver juntos los colores del clípeo que en unos es todo amarillo y en otros completamente negro; comienza lo amarillo en el ápice y se extiende hasta ocuparlo todo. Lo constante en el Paraguay es el color de la costa que es siempre negra. Nunca llega á ser ro- busto como el tipo del P. niger Bréthes, ni me parece que pueda ser la misma especie. Es curiosa la predilección que tienen todos estos Polistes por los naranjos. Aún donde no los hay se instalan luego que se cultiven. Las especies que aún no hallé en el Paraguay son el P. subsericens Sm. y el Megacantliopus punctatns Ducke, citados por otros autores. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 131 Polisles mclanusoma Sss. Esta especie es muy común en Puerto Bertoni y en sus modales y sitios elegidos para sus excursiones se parece notablemente á las miméticas: Polybia angulata, Pachymenes ater y la mariposa Pseu- dosphex ichneiimonea; todas estas especies se encuentran en las picadas, como si la maravillosa semejanza fuera debida al medio. El nido sigue en todo el estilo del de P. cinerascens. El color es bruno uniforme, con el pedúnculo y parte de la rama ó espina en que está prendido barnizados de negro. Las celdas tienen 6 mm. de diámetro y el opérculo ó tapa á alguna distancia de la borda como en el P. camifex. El mayor que he visto tenía 11 cm. de largo por 15 de ancho, muy cóncavo y, salvo el delgado pedúnculo, se pare- cía á un gran nido obscuro de P. canadensis. En un mismo nido la variabilidad se extiende hasta vestir exac- tamente todos los diseños del P. limai, pero lo amarillo es repre_ sentado por el ferrugíneo y además es muy disimulado por la pubescencia densa. Este diseño aparece en el otoño. Es avispa muy mala en el nido. En jaula la mantuve mucho tiempo con frutas de Iváimbé ó Ph'ilodendron bipinatifidum 1 . POMPILIDAE. Me ocuparé solo de una especie de Pseudagenia (Col. Bertoni, 465). El nido es muy frecuente en Puerto Bertoni y Asunción. Con- siste en una inedia elipse de barro rojo, groseramente amasado, que pega en las paredes y troncos secos. Es muy espeso y pesado, y las celdas no se notan por afuera; pero despegándolo, aparecen en dos hileras oblicuas á la manera de una hoja compuesta, y son ovales. Otros nidos colgados bajo un tronco eran redondeados. Por la arquitectura y haberlo visto trabajar, no dudo que los ejempla- res de Pseudagenia que crié son los arquitectos. Pero, estos nidos son sólidos y de mucha duración: sirven también para los inquili- 1 La mejor etimología de loáimbé es la dada por el Dr. SI. S. Bertoni en «Plantes Usuelles du Paragua}-». Este nombre se traduce literalmente en fruta aguda ó filosa en todos los dialectos guaraníes y, como siempre, demuestra el carác- ter observador del indígena. 132 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. nos. De uno crié otros fosores, y además, la mayor parte de las celdas estaban parasitadas con dípteros del género Lttcilia y lo más curioso es que los parásitos eran de tres especies! Otro nido tenía en cada celda boquilla y revestimiento interno de cera, lo que permite pensar que el inquilino debía ser una abeja del género Anthidium. Por estos motivos no pude averiguar si este género obedece á la regla general de cazar arañas; esta advertencia viene de que no creo imposible que en esta familia baya excepciones como las ob- servadas en las Sphecoiclea que puedan oponerse á la tendencia de generalizar demasiado la biología. La manera de nidificar en los Pompílidos es bastante variable. Su utilidad es también discuti- ble; las especies chicas viven generalmente á expensas de arañas insectívoras útiles á las plantas. Uno de los acusables en este sen- tido es el Pompilus flavopicüís Sm. SPHECOIDEA. Sceliphron íistulare Dahlb. Dos formas de nidos diferentes se observan en el Paraguay, pero la estructura es la misma y la diferencia viene de las condiciones. Las dos formas las he visto construir por el Scelljjhron. La primera consiste en pegar las celdas grandes á una pared como hacen los exóticos y como observó Bates en Amazonia. Las celdas, ovales, son visibles por afuera, pero se nota la tendencia de imitar á la forma siguiente. Uno de estos nidos estaba rodeado por tres tubos de Trypoxylon, tomando la figura de un cometa. El alimento es siempre de arañas como lo es para todo el género. El tamaño y número de celdas es variable (Col. Bertoni, n° 880). La segunda es una bola con ambas extremidades cónicas, más ó menos prolongadas en pico ; suspendida por una rama que la atraviesa oblicuamente. El tamaño es variable, el mayor que conozco es de 8 cm. por 4, 5. El mencr es uno que tengo de Venezuela. El color de estos, como del anterior, es también variable, pero siempre de arcilla fina; á veces las refacciones sonde color diferente. Son igualmente comunes en todo el Paraguay (Col. Bertoni, n° 486). La única diferencia constante que encontré en los habitantes es la de tener los del primer tipo de nido el borde amarillo del pecíolo bertont: avispas y abejas del paraguay. 133 interrumpido y una tendencia á ser más robustos; bajo esta regla se hallan también los ejemplares de Venezuela. Las manchas amarillas del metatórax son en los dos constantemente 6 bien separadas. Se ve ; pues, que se trata de variedades en formación. Entre los inquilinos de estos nidos crié el Pachymenes ater Sss. y el Trypoocylon omatitm Sm. Y parásitos, un Mesostenusj un coleóp- tero Bhipiphoridae! Azara (n.° 15) describe el Sceliphron como proveniente de nido de Trypoocylon. Aunque ha hecho este autor confusiones, debido á que redactó su obra postuma en España, confiado en parte en su memoria y tal vez mal coordinada por su sobrino, el hecho no es imposible. Estos fosores hacen nido duradero que usan hasta que se le quitan otros; entonces hacen uno nuevo ó utilizan los ajenos si les acomodan. Yo anoté al Sceliphron como criado accidentalmente de los nidos de Psevdageniu (Pompílidos), pero hace tantos años que no recuerdo si puedo haberme equivocado. Del S. figulus Dahlb. tengo una buena serie enviádame por mi amigo E. Griacomelli, de La Rioja; son allí también constantes, todos con el metatórax negro con ápice amarillo. La pubescencia varía en todos en el mismo nido del fulvo al obscuro. Sphex. En notable contraste con los anteriores, vive este género á expensas de los ortópteros. El hecho es conocido ya de Fabre (1856) para Europa y no hago sino comprobarlo una vez más. La especie que observó cazando un grillo en Puerto Bertoni debe ser el S. neotropicns Kohl. Lo he visto llevar la presa al pie de un árbol y luego subirla hasta sus ramas, en cuyos huecos me parece debe criar. Después encontré un nido dentro de una rama podrida cuyo dueño se escapó y no pude cerciorarme de la especie. Este último nido contenía numerosos locústidos del género Scaphura, pero no de la mimética. Demuestra este género que es arriesgado el generalizar dema- siado la biología con lo poco que se conoce bien. 134 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Trachypus Romandi Sss. y T. magnificus Schr. De las especies de Puerto Bertoni, son estas dos las que observó más de cerca y su biología es la misma. Son igualmente cor- sarias de las abejas como los Philanthus europeos; varias veces los sorprendí cuando cazaban á la Melipona 4-fasciata y si el notable parecido que tienen con la Polybia nigra les es útil para algo, será seguramente para engañar á su presa. He notado que las caza de improviso, cayéndoles encima como un rayo y les ocasiona una muerte instantánea. El nido común á tres especies no difiere del de Augochlora nigro- marginata (Spin.) y comúnmente están inmediatos; todo el año hay algunos dentro. Si el uno es inquilino ó si se trata de imita- ción es difícil averiguarlo, lo cierto es que en Julio ambos tenían prole en sus respectivos nidos. Estos consisten en una galería que pe- netra en los barrancos escarpados; en la extremidad deposita la pro- le y en el trayecto hay bóvedas ó ensancliamientos donde descansan de uno á tres adultos. En uno de ellos había instalado un nido de hormiga del género Psetidomyrma y junto un Trachypus, en per- fecta armonía, se disponía á pasar los fríos. En los mismos sitios se hallan las galerías del Halictus httalichti Holmb. que van mucho más hondo y verticalmente. Trypoxylon. Son cazadores de arañas por excelencia; pero los hay que salen de la regla y juntan orugas (T. aurifrons), salvo que yo y mis anteceso- res hayamos sido engañados por los inquilinos. Crían, en el Para- guay, en todos los agujeros y nidos viejos, sin hacerlo propio sino en caso extremo. Yo solo he visto construirlo por las especies más grandes, especialmente el T. rostratum Tasch. ; estos son los conoci- dos tubos paralelos con estrías oblicuas en la superficie, ya descrip- tos por Azara (n.° 15). Es tanta la costumbre de criar en los nidos ajenos, que en Junio, habiendo sido rechazado por un SceUphron, ése construyó sus dos tubos pegados al de éste. Para mejor con- fusión, comprobé que los chicos aprovechan los nidos de los gran- des (T. ornatum). El T. punetatum Tasch. prefiere los agujeros de la madera y BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 135 ■caños de fusil. El T. aareosericeu m Schr. lo crié de nido de Sceli- phron. Las especies medianas buscan con preferencia los nidos viejos de Eumenes, etc. El T. ornatum Sm. lo crié de un nido viejo de los mayores, que consistía en 4 tubos paralelos, muy soldados entre sí que había en la parte inferior de una hoja (Col. Bertoni, n.° 580). El de la especie menor (n.° 1752) se parece al de Pseudagenia y lo pega bajo de una hoja con el aspecto de una Limaza (Limax); pero deshaciéndolo se nota que está compuesto de tubitos imbricados. Los insectos son negros y se alimentan de arañas. Otro pequeño (n.° 1751) es aún inseparable por los insectos; lo pega también debajo de las hojas y consiste en una masa desordenada de barro con la superficie parecida á la de una esponja. Los habitantes de estos últimos nidos, que aún no ha sido posible determinar, se hallan actualmente en la Col. Schrottky. APOIDEA. Ptiloglossa olivácea Friese. De esta esjDecie que solo se conocía de Río Grande el tipo, cacé 2 9 9 en Puerto Bertoni (xi. 06); la una en flores y la otra en pleno día entraba en su nido. Consisto éste en una galería vertical en el suelo, de 60 cm. de profundidad, muy parecida á la de Oxaea, con la diferencia de que estaba en la tierra limpia. El ejemplar del nido (actualmente en la Col. Schrottky) es un tanto más oscuro, casi como la Pt. virgili Friese, que tal vez deba entrar en la sinonimia. La Pt. matutina Schr. difiere en eligir para sus nidos (que he visto muchísimos) con preferencia los barrancos escarpados, penetrando oblicuamente. Las tres especies, con la Pt. obscura Schr. (que es también nueva), son las avejas más madrugadoras y que aprovechan más la luna de la noche. En Puerto Bertoni se las encuentra en las flores de Sinia y Manihot. Oxaea austera Gerst. Igualmente nuevo como el anterior es el nido de esta especie. Encontré muchísimos, pero ninguno de los que excavé estaba con- 136 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. cluído. Consiste en una galería que entra verticalmente en la tierra: el más profundo era de 1 metro. Algunos nidos penetran formando una curva; uno de éstos contenía dos habitantes, el uno en una ramificación que no pude descubrir. Hace los nidos en Diciembre y Enero entre las gramíneas espesas, en cuyo pie hace la entrada? amontonando alguna tierra pero sin verdadera boquilla. Observó que donde hay muchos nidos de Oxaea, revolotean siempre muchas Thálestria smaragdina y combinan en la época; esto me hizo sos- pechar que fuera su parásito. Después llegué á convencerme de ello cuando vi que una Thálestria perseguida penetró en el nido de Oxaea! Igual observación hizo mi hermano Walter Bertoni. Advierto aquí que remití al Sr. Friese estos datos biológicos con autorización de publicarlos si lo juzgara oportuno. Me refiero á Ptiloglossa, Oxaea y Thálestria. Augochlora nigromarginata Spin. Guaraní: Sanará. Llaman así á todo el género y á una Trígona, porque persiguen á los ojos de los animales y aun del hombre cuan- do están sudados. En el interior de las selvas cuando hace mucho calor son sumamente molestos. Muchos nidos he excavado de esta especie que concuerdan perfec- tamente con la descripción dada por el Sr. R. von Ihering (Eev. Mus. Paulista «Biología das Abelhas solitarias»). En las bóvedas del trayecto se encuentran de uno á tres ejemplares y al fin la larva que nace con los primeros calores. Pasa el invierno en esos ensan- chamientos de la galería. Halictus hualichu Holmb. Donde hay los nidos de la A. nigr ornar ginata, el suelo está mina- do de galerías de esta especie. Penetra mucho más profundamente y la tendencia es siempre la vertical. El diámetro del canal no pasa de un milímetro y medio; los habitantes se encuentran en invierno por el trayecto, solitarios y sin cavidad especial. En estos nidos no he podido encontrar la prole en invierno. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 137 Xylocopa viridisSM. El nielo ele esta especie lo encontré en un grueso tronco seco. No difería esencialmente del nido ele X. frontalis (01.), sino en lo más estrecho del barreno. Tenía dos ramales; en el uno estaba una 9 y en la extremidad la larva separada de la provisión de polen; en el otro, que era más viejo, había el capullo de un fosor inquilino (Ze- thus?). Otro nido más estrecho que se halla también en Puerto Ber- toni en los troncos delgados es el de la que creo sea X. pulchra Sm. Este es más parecido aún al de la X. frontalis. La X. virtáis difiere de sus congéneres en la velocidad del vuelo y en sus modales más propios de Hemisia lampes cuando revolotea sobre los caminos ó charcos de las picadas. Los guaraníes las cuentan en el género Mangangá, especialmente á las mayores. Detallada biología de la X. frontalis en el Paraguay puede verse en Bertoni & Schrottky: « Zur Nestl. der X. fronta- lis 01.» Thalestria smaragdina Sm. Véase Oxaea austera. Parásita. Osii'is pallidus Sm. (varj) De esta abeja parásita solo obtuve una 9 en Puerto Bertoni (xn. 08). Volaba bajo la espesura del bosque muy cerca del suelo á la manera de los parásitos de nidos subterráneos. Mi ejemplar difiere del tipo en tener los segmentos abdominales anchamente fajados de negro como el 0. marginatits Cress. Con las figuras que da Smith, que tal vez no son en este caso cuidadosas, ofrece algunas diferencias (Col. Bert.). En vista del tipo inconstante de mimicría de que forma parte, es de temer que alguno de estos Osiris amarillos deba entrar en la sinonimia. La figura que da Smith debe ser mala, pues ninguno le viene bien. Osiris exulans Holmberg. cf 9. Puerto Bertoni: 25. 111. 09. Cacé esta interesante abeja en flores de compuestas. Ofrece con el género varias diferencias 138 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. morfológicas como ya notó el autor de la especie. El c?, que no era conocido, difiere esencialmente de la § por carecer del prolonga- miento del último segmento ventral del abdomen. Cazado en flores de Pterocaulon virgatum D. C. Epicharis obscura Friese. El único ejemplar que he visto del Paraguay es una 9 ( ] ue saqué de su nido en Marzo. Estaba éste entre los nidos de una colonia de Tetrálonia y no difería de ellos sino en ser más ancha la galería, que entraba en la tierra unos 30 cm. oblicuamente. Al lado había el nido de una especie de las más grandes, que tenía solo el cocón envuelto en la camisablanda comoeldela Tetrálonia 6 Macroglossapis bifas- ciata (Sm.). Observo que la nidificación subterránea es muy general en las abejas antoforinas. Muchas veces he visto refugiarse á la Hemisia Imñpes enlos huecos de troncos, habitados á veces por Termítidos, pero no dudo que cría en la tierra como una especie grande del mismo género que observé cuando entraba en su nido; sale pues de la regla el Cenfris thoracicus Lep. que el Sr. Silvestri encontró en los nidos de Termítidos, en los árboles! ( Enfermes y Armitermes). ABEJAS SOCIALES. Constituyen estas abejas uno de los principales alimentos para los indios silvestres. De aquí vitne que las conocen tanto, que dis- tinguen más formas que los naturalistas mismos, hasta las varie- dades biológicas. Infelizmente el europeo ha trocado mucho los nombres guaraníes ocasionando mucha confusión en la nomencla- tura. El contacto continuo con los indios del Alto Monday, com- pletamente jmros y primitivos, me ha permitido familiarizarme con su modo de ver y rectificar muchos nombres zoológicos, tema que pienso proseguir confiando en la ayuda de los colegas ameri- canos; por este motivo se notará tal vez alguna divergencia con/ los nombres empleados por otros. Lo poco que Azara dice de nuestras abejas es muy confuso: evidentemente no disponía de sus apuntes de viaje y sólo se recor- daba bien de la T. amalthea 01. La biología detallada de ellas se BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 139 halla especialmente en los excelentes trabajos del Dr. H. von Ihe- ring y F. Silvestri, y tal como lie hecho con las avispas, me limito á hacer algunas observaciones suplementarias. Los melipónidos tienen en el Paraguay tres tipos de cera (puri- ficada). El primero, de color pardo y muy mezclada de materias leñosas: T. amalthea, T. tataira; el segundo de color ferrugíneo: diversas Melipona y T. capitata; y el tercero de color amarillo cla- ro y blanda: diversas Trigonn. Varios ensayos para domesticarlas que hemos efectuado en Ya- guarasapá (1890-94), dieron buen resultado con las Trígona; pero las MeUpona perecían siempre atacadas por un díptero que los indios llaman Neii. En el bosque son las colmenas muy persegui- das por las aves de la familia Picidae cuando la madera permite ser agujereada. Son de carácter muy belicoso; en cautividad, cuan- do se ponen dos especies inmediatas, hacen batallas de exterminio y la que sale siempre victoriosa es la T.jaty. La sistemática tropieza á menudo con dificultades para distin- guir las especies: pero, á pesar de la variabilidad, se llega con la práctica á conocerlas todas por el nido. Sin embargo, no siempre una descripción es suficiente y generalmente es preferible una buena fotografía del nido y de la entrada. Me ocuparé de pocas especies, pero no son muchas más las que existen en Misiones y Paraguay. La aparente contradicción bioló- gica con otros autores que puede notarse en estas líneas es debida á los cambios de nomenclatura modernos. Una serie de las especies que paso en revista aquí se hallan en poder del Sr. H. Friese de Berlín, á quien agradezco por la comprobación de las determina- ciones y el material comparativo que tuvo á bien proporcionarme. Es muy interesante examinar los nidos para informarse de la variabilidad según la edad, las razas y variedades. Así jjodrá esta- blecerse la sinonimia necesaria ya, pues temo que en América hay muchas menos especies de las que se han descripto y que muchas no pasan de razas. Bombus kohli Cocll. Guaraní: Mangangá-luí (= M. negro). Este nombre es común con las Xylocopa y no todos los guaraníes distinguen á los Bombus con el apellido ihmhgwih (subterráneo). Es común como las siguientes en todo el país. Solo una vez he 140 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. visto un enjambre cerca del suelo que parecía buscar un sitio con- veniente para el nido; pero muchas veces he visto hembras solita- rias recorriendo en Julio la maleza al parecer con el mismo objeto. Uno de los nidos que he visto estaba bajo una cepa de banano en el hueco de un nido de Afta abandonado. Síumlms (viycmicnsis F. Guaraní: Mangangá- saihyú (= M. amarillo ). En las selvas he visto nidos bajo las raíces de los árboles. Los indios para extraer su miel los destruyen poniendo fuego en la entrada. Defienden valientemente su nido y persignen lejos si se corre. En los mismos lugares y en todo parecido, vive el B. brasi- liensis Lep., difícil de separar en vista de la variabilidad de los colores de ambos. Un tf cazado en Julio era casi tan amarillo como el B. opifex. Melipona quadrifasciata Lep. Guaraní: Tumbihkihrasá. Los colonos originarios del Brasil de Misiones le llaman Mandasdi. Los nidos que he visto en el Alto Paraná siguen el estilo de la M. nigra, aún en el tamaño de las cantarillas y el color de la cera; pero se contentan con cualquier tronco delgado y la entrada está peor trabajada. La miel es siempre pura y dulce. Melipona sancthilarii Lep. Guaraní: TumbihTcihrasá-wihgimh (de ihvihgwih = subterráneo ). Nunca la hallé en los bosques del Alto Paraná; pero sí en la re- gión de campos de Asunción. Por este motivo la biología es tan diferente de su vecina la M. quinqué fasciata. Encontré un nido en pleno campo. La boquilla era un tubo de arena de un centímetro de alto; luego penetraba verticalmente en la sierra una galería de 60 cm. que comunicaba con una cavidad redondeada de 22 cm. de diámetro. Allí estaba el nido, notablemente parecido al de la M- quadrifasciata. Esta semejanza oculta no pasó desapercibida al ojo observador del guaraní, lo que motivó un nombre genérico común á las dos especies. La miel es del mismo perfume y sabor. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 141 Molipona nigra Lep. Guaraní: Eira-aviyú (ele aviyú, velludo). Otros le llaman Eirü) y los misioneros originarios del Brasil Guarupíi, de donde viene la corrupción Guaraipo. En los detalles del nido he llegado al mismo resultado que el Dr. H. von Ihering en Sao Paulo. Pero, siendo tan común en el Alto Paraná, nunca lie hallado ejemplares con la pubescencia fulva en el tórax. Observo además que la entrada no es siempre tan ar- tísticamente estriada en su circunferencia. Melipona margínala Lep. Guaraní: Mondori (Mondurí es corrupción europea). Es indudablemente la más común en los bosques del Alto Paraná. Los Guaraníes distinguen una variedad guasú (grande) y otra yurú- apatl en alusión á las estrías blanquecinas de la puerta; la ciencia solo distingue una var. obscura. Como se observa en la M. nigra, la puerta se perfecciona con los años. En el Paraguay la pubescencia del tórax varía del leonado al obscuro y las fajas del abdomen de- saparecen paulatinamente en una serie de ejemplares. Lestrimellita limao (Sm.) Guaraní: Eiratz, Kuañetí, de dónele viene la corrupción cual afín que dan en Corrientes (R. Argentina), Eiraclu (E. del Paraguay). El nido de maj^or puerta que he visto en el Alto Paraná, la tenía cónica, de 35 cm. de largo por 12 de ancho máximo. La puerta es variable en forma, largura y número de los tubos laterales. Es muy cierto que la miel causa á veces fuertes cólicos si se toma mucho: pero sucede pocas veces y no á todos: parece elebido á la presencia de cierta esencia en algunas cantarillas. El efecto es algo parecido al mareo, pero pasa pronto. De aquí vienen las numerosas patrañas que se cuentan de esta miel (V. Introducción). Ati es cuerno ó apófisis: creo pues, cjue el nombre guaraní se refiere á los apéndices de la entrada del nido, contra lo que dije en mi «Vocabulario». 142 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Trígona amalthea (Latr.) Del Paraguay solo conozco nidos de la var. rupcrus (Latr.) y de la var. fuscipennis Friese. Esta última es la única que llega hasta Puerto Bertoni. es intensamente negra; pero, en los ejemplares de nidos no viejos, el ápice del tarso es más ó menos ferrugíneo. Azara describe muy bien el nido de esta especie bajo el n° 7, que concuerda con la más antigua descripción de la variedad típica de Cayena. Las diferencias que ofrecen estos nidos, glubulares y ex- puestos al aire libre, con las otras especies, no son tantas como parece; la base espesa de tierra vegetal está representada en varias abejas por un disco cóncavo de la misma materia que se halla en la parte inferior del hueco. Le llaman los guaraníes Karavosd y Eira-apud, (apud, redondo). Trígona bípunetata Lep. Guaraní: Tapesnd; los de Misiones originarios del Brasil le lla- man Tubuna y Manda guaí (Y . mi Vocabulario zoológico guaraní»). Es común en todo el país y aún existe en los arrabales de Asun- ción. He visto nidos con dos puertas. Otro nido estaba en com- pañía de una gran colonia de Camponotus sericeiventris. La cera es blanda y amarilla. Trígona quadripunctata Lep. Guaraní: Eira-ihvihgwih (abeja ó miel subterránea). No es rara en Puerto Bertoni. El nido se halla en los bosques, no tiene boquilla, y está generalmente á 30-50 centímetros bajo tierra. Difiere de la subterránea Friese en tener las cantarillas ovales. Trígona subterránea Friese. No llega esta especie hasta Puerto Bertoni. El Sr. Silvestri en- contró el nido en pleno campo. Yo lo hallé en Yaguarasapá á 16 leguas dentro del bosque. La profundidad era de 80 cm. de la su- perficie de la tierra. BERTONI: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. Í4- ; S Trígona capitata Sm. (Friese determ). Guaraní: Eirnsú (E. grande). El nido de esta especie es de los que tienen en la parte inferior un disco en forma de plato de tierra vegetal como el de la T. amalthea Latr. Es una de las dos más productoras de miel; de un nido medí IB litros, es enorme y prefiere gruesos troncos. La en- trada tiene un pequeño agujero redondeado. He conseguido domesticar la T. mombuca con buen resultado; pero se diezmaban en continuas guerras si ponía cerca otras espe- cies belicosas. Este último nombre quizás debe usarse para la for- ma paraguaya. Trígona jaty Sm. Guaraní: Yate/; yataí es alteración brasileña, que en realidad pertenece á una palmera que no guarda relación con la abeja. La puerta es sumamente variable; á veces es corta y otras muy larga y con ramificaciones. Es la que se domestica más fácilmente y de miel más exquisita. En invierno se cristaliza, pero nunca se vuelve acida. Es muy belicosa y siempre vencen las batallas con las demás. Cría en toda clase de huecos, aún en los de las piedras y bajo las raíces, pero no en plena tierra. Trígona clavípes Fabr Guaraní: Vord. Es bastante mala, pero el ácido fórmico que larga no es de mu- cho poder cáustico. Es indudablemente la más productora de miel: pero ésta es siempre más ó menos acida. Todos los nidos que he visto estaban en árboles y generalmente muy altos. Silvestri en- contró uno subterráneo! Si esto puede suceder en la misma espe- cie, se vuelve difícil separar la Melipona sancthilarii de la quinque- fasciota Lep. La puerta es sin boquilla, grande y amoldada á las condiciones. No es la única que Silvestri observó con biología diversa; si se admite este hecho, se explicaría la contradicción frecuente que reina con respecto á la biología de los Melipónidos, de la que se suele hacer cargo en parte á los cleterminadorts de los ejemplares. 144 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Trígona tataira Sm. Guaraní: Eira-tatd (de tata = fuego). Habita en huecos de árboles. La entrada es sin boquilla, grande y amoldada á las circunstancias. Omitiendo los panales de la miel, muchos detalles de la colmena recuerdan á la T. amalthea; como también la cera impurificable y el sabor de su viscosa y espesa miel. Es muy mala y el efecto que produce en la piel el ácido fór- mico es comparable al del ácido fénico, lo que motivó el expresivo nombre guaraní. Una de las flores que más visita en Puerto Ber- toni es la del Banano (Musa, div. sp.). Trígona testaceicornis Lep. Encontró un nido en el interior del Territorio de Misiones, á diez leguas del río Paraná, por los 26° de latitud. Sin diferir esencial- mente del nido de T. droryana en la estructura, la colmena era ma- yor y su miel más perfumada y abundante. Estaba muy cerca del suelo en el hueco de un arbusto. Los ejemplares no difieren en nada de los que recibí de la cuenca amazónica y de San Pablo. La especie es nueva para la R- Argentina. Trígona tímida Silv. De esta interesante especie hallé un nido en Puerto Bertoni, en el hueco de una Tacuara {Guadua sp.); por lo demás el nido que tengo es tal como lo describe el Sr. Silvestri, pero aun no contiene cantarillas para la miel. No es escasa en el Alto Paraná, pero es nueva para el país. Solo se conocía del Brasil (Caixapó). Grupo Trígona mosquito Sm. Todas las especies menores de colores sombríos del Paraguay llevan los nombres genéricos Miri y Apihnguarei con nombres específicos que se refieren al color y tamaño. La T. emerina Fr., T. droryana Fr.,y T. emerinoides Silv. por la biología no son sepa- rables. En todas la boquilla es chica, con dos agujeros á veces, y según las circunstancias puede ser larga y con ramificaciones. Se BERTONi: AVISPAS Y ABEJAS DEL PARAGUAY. 145 halla el nido desde el suelo hasta lo más alto de los árboles. La cera es casi blanca y la miel es muy dulce, pero en invierno se' vuelve acida y á veces sufre la fermentación albuminosa. La T. molesta Puls, representa el nido de las anteriores en miniatura, por lo pequeño y por ponerlo en cualquiera joquena cavidad, sin arte. No conozco el nido de la T. Bticl-ei Fr. var. ; común en Puerto Bertoni. Apis mellifera Linn. La abeja europea introducida en Asunción, pasó al estado sil- vestre é invadió ya casi todos los bosques. En 1906 llegó hasta Puerto Bertoni, atravesando 60 leguas de bosque. Es curioso el hecho de que aquí sufre las faces de color que en San Paulo se observan en la Melipona nigra, al paso que esta última es riguro- samente constante en el Alto Paraná. APÉNDICE. COLEÓPTERA. Un pequeño Rhipiphoridae crié de varios nidos de Sceliphron fistulare Dahlb., el cual en libertad visita las flores de Richardso- nia. En Europa se conoce al Rhipiphorus como parásito de los nidos subterráneos de Yespa germánica. Sphecomorpha murina Ivlug. Este coleóptero, curiosamente transformado para imitar á una Polybia, visita las flores de una Amarantácea. En Agosto, que- riendo tapar la entrada de un nido de Polybia occidentalis, noté que se cayeron de él una porción de avispas más grandes. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando al cogerlos me apercibí que éste era coleóptero! El nido tenía en la superficie los conocidos tubos abiertos en la parte inferior ¿so habrían refugiado en ellos, ó se trata de un huésped que les roba la miel? Si hay relación entre estos coleópteros y las avispas, debiera observarse en los nidos de Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Marzo 2, 1911. 10 146 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. las especies que imita (P. nigra, P. sericea y P. minar um), y no repetirse el fastidioso caso de los Trigonálidos que van en los que menos se les parece. DÍPTERA. Moscas ]3arásitas de notable influencia son las Mi/oíbia que á veces son numerosísimas (en Marzo) en los nidos de Polybia fasti- diosuscula Sss. en Puerto Bertoni, y la Lucilia que se encuentra en los nidos de P&eudagenia, á veces varias especies en el mismo nido (Asunción). Aprovecho la oportunidad para comunicar á los interesados que la Ura que yo y el Sr. C. Fiebrig hemos criado de ratones indígenas debe, según el Sr. M. Bezzi, ser llamada Cuterebra analis Mq. Moscas del género Sarcophaga solo crié del coleóptero cerambí- cido Taeniotes scalaris (F.). Nacen hasta 3 ejemplares de cada coleóptero en Abril; éste vive hasta la víspera de la transformación de sus parásitos. La cantidad del alimento influye en el tamaño: de un cf pequeño salieron 3 ejemplares enanos y de 2 O grandes, 6 ejemplares robustos. Este género de moscas ataca también en Puerto Bertoni á la langosta voladora (Schistocerca paranensis (Burm.). Puerto Bertoni, Agosto de 1910. CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE I.AS DOBLES COLORACIONES DIFERENCIALES OBTENIDAS CON UN SOLO COLORANTE AUGUSTO C. SCALA Profesor de las Universidades Nacionales de Buenos Aires y La Plata. Hasta hoy, es general el uso de dos colorantes diferentes, cuando se trata de obtener lo que se llama en Fitohistología, la doble colo- ración diferencial; fundada en la propiedad que tienen ciertos colorantes, de fijarse en los tejidos lignificados, mientras otros lo hacen en los celulósicos exclusivamente. Entre las numerosas técnicas seguidas, recordaré la clásica, lla- mada al carmín- verde iodo 1 . Con ella, los tejidos celulósicos toman un tinte rojo - carmín, más ó menos intenso; los lignificados, toman el verde, con tintes que varían también del verde puro al verdoso - violáceo. En esta técnica, las coloraciones se hacen por separado, es decir, introduciendo los cortes que se desee colorear — ya tratados por el Hipoclorito sódico y lavados en agua — en una solución acuosa de verde de iodo, en proporción que varía del 0.25 á 1 gramo, por cien centímetros cúbicos de agua destilada, donde se les deja por espacio de un minuto, se lavan en agua y se pasan en seguida al carmín; éste, desaloja al verde de iodo en exceso que impregna superficialmente los tejidos celulósicos y se fija en ellos durable- mente; un lavaje en alcohol á 90° da mayor estabilidad al colorante, 1 Ven Augusto C. Scala: La Técnica de doble coloración diferencial en His- tología vegetal. Revista del Museo de La Plata, tomo XV (2. a Serie, tomo II), páginas 221 á 225. 148 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. y desde este momento, los cortes aparecen teñidos en verde y rojo, si el objeto estudiado posee las dos clases de tejidos; tan sólo en verde-violáceo, si sólo existen tejidos lignificados; y en rojo-carmín si el tejido es celulósico exclusivamente. El pasaje por ambos colo- rantes es obligatorio, pues si se tratara de un trozo de vegetal desconocido, se ignoraría su constitución, que será revelada al mi- croscopio, por la acción sucesiva de los dos colorantes, determi- nando la doble coloración diferencial. En otras técnicas, se ha llegado á simplificar, mejor dicho á abreviar el procedimiento, preparando líquidos colorantes en que van mezclados en determinadas proporciones los dos colorantes; por ejemplo carmín -|- verde iodo; fuchsina -|- azul de anilina (lla- mado violeta de doble coloración); ácido pícrico-f-nigrosina (Picro- nigrosina); ácido pícrico -|- azul de anilina (Picro-azul de anilina); safranina -\- azul de anilina; etc. ! . En este caso, después de la acción del Hipoclorito sódico y lavaje en agua, basta sumergir los cortes en uno cualquiera de los líquidos combinados, y al salir de él, se presentan al observador con la doble coloración hecha simul- táneamente. Como advertí en el párrafo anterior, estos procedimientos abre- vian la técnica, sin suprimir ninguno de los colorantes.— No es mi objeto criticarlos, atribuyéndoles lentitud, por el contrario, son todos buenos y recomendables y los utilizo personalmente según los casos — quiero hacer notar, tan sólo, que las técnicas de doble coloración, se fundan hasta ahora en la acción combinada de dos colorantes; usados, ya sea por separado, ó unidos, formando los llamados líquidos de doble coloración. Por tanto, la pregunta que me había hecho era de otro orden, científico si se quiere, y después de haber notado ciertos fenómenos curiosos al hacer uso déla safranina, colorante conocido, por todos los que se ocupan de esta clase de trabajos: ¿Será posible obtener la doble coloración diferencial en fitohistología, usando un solo colorante ? En caso de resultar afirmativa para la safranina, ¿sería posible hacerla extensiva á otros muchos colorantes? Como se verá con la lectura de las páginas siguientes, resultado de una larga y prolija serie de ensayos, ambas preguntas han tenido respuesta afirmativa, confirmando así las vistas teóricas formuladas. Ver: Augusto G. Seal a. -Manual de manipulaciones de Eotánica. scala: dobles coloraciones diferenciales. 149 II. Strasburger y Stevens tienen algunas observaciones al respecto, como detallaremos más adelante, pero puede afirmarse que no las aprovecharon eficazmente, por no haber usado los colorantes en las condiciones esjieciales que requieren para ser positivos. La observación fundamental mencionada es la siguiente: Cuando después de la acción del Hipoclorito sódico y lavaje en agua destilada, se someten cortes de porciones vegetales (raíces, tallos, pecíolos y limbos foliares, sépalos pétalos, filamentos de anteras y hojas carpelares) á la acción de una solución acuosa de safranina al 0,20 °/ , se dejan por espacio de 2 - 3 minutos en ella y se lavan en seguida rápidamente en agua, la observación de los cortes muestra que se han coloreado de una manera uniforme en rojo-vivo, no resaltando bien las características histológicas; pero, si esos mismos cortes se tratan poruña solución acuosa de carbo- nato sódico al 2 °/ 00 , y se montan en dos ó tres gotas de la misma solución, la observación al microscopio revela una doble coloración diferencial magnífica, que presenta los caracteres siguientes: Todos los elementos lignificados: células, fibras y vasos leñosos, muestran la coloración rojo-vivo, mientras que los no lignificados (celuló- sicos), se colorean en amarillo anaranjado, muy intenso en la cutícula y colénquima, más claro en el parénquima cortical, liber, cambium, medula y radios medulares. Este primer resultado demostró que la doble coloración diferen- cial debe ser obtenida, para la safranina, por la acción secundaria de un agente especial, en éste caso, el carbonato sódico. Da, en resumen, una técnica que puede abreviarse así: Hechos los cortes se pasarán sucesivamente: 1.° Solución acuosa de hipoclorito sódico 10 á 15 minutos 2.° Lavaje en agua destilada, abundante 1 minuto 3.° Inmersión en una solución acuosa de safranina al 0,20 °/ (15 gotas) 2 á 3 minutos 4.° Lavaje rápido en agua destilada 30 segundos 5.° Inmersión en una solución acuosa de carbo- nato sódico al 2 %o d° gotas) 2 minutos 6-° Montaje transitorio en 2 ó 3 gotas de solución acuosa de carbonato sódico al 2 ° ' 0o Hice extensivo el mismo procedimiento á otros colorantes, eli- giendo entre ellos, el verde de metilo, verde de iodo, eosina y azul de metileno; preparados en las proporciones siguientes: 150 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. VERDE METILO. Verde metilo . . . . 0,25 gramos. Agua destilada 100 c. c. VERDE DE IODO. Verde de iodo 0,50 gramos. Agua destilada 100 c. c. EOSINA. Eosina 0.50 gramos. Asrua destilada 100 c. c. AZUL DE METILENO. Azul de metileno 0,50 gramos. Agua destilada 100 c. c. La técnica, como ya dije, fué la misma que la usada para la safra- nina (ver página 149) reemplazando en 3°, ese colorante por uno cualquiera de los ensayados. En los resultados generales, se notará la falta de uniformidad en el modo de actuar de éstos cuatro colorantes: 1.° Verde metilo, ac. 0.26 °/ . — Tiñe solo el sistema lignificado: esclerificado ó cutinizado: fibras y vasos en verde; fibras y células esclerificadas en azul -celeste; cutícula, azul claro; incrustaciones orgánicas de la cutícula, en azul denso. 2.° Eosina, ac. 0,60 °/ . — Tiñe sólo el sistema lignificado, ó es- clerificado ; no el cutinizado: fibras y vasos lignificados en rosado claro; esclerénquima, rosado claro, no tiñe la cutícula ni sus incrus- taciones. 3.° Azul de metileno. ac. 0.60 ° . — Tiñe todo: fibras y vasos ligni- ficados en azul intenso; esclerénquima, azul-celeste; cutícula y sus incrustaciones, azul intenso; colénquima, celeste-azul; parénquima cortical, azul; cambium, liber, medula, azul. 4.° Verde de iodo, ac. 0.50°¡ . — Tiñe todo: fibras y vasos lignítica - dos; azul intenso ó verdoso, esclerénquima, violeta brillante; cutí- cula: violeta-azulado; incrustaciones de la cutícula: azul intenso; colénquima, parénquima cortical cambium, liber, medula: violeta claro. scala: dobles coloraciones diferenciales. 151 Como puede notarse, comparando los resultados generales, dos colorantes: el verde de iodo y el azul de metileno, tiñen por com- pleto los cortes, tomando con distinta intensidad y color, los tejidos lignificados, celulósicos, esclerificados y cutinizados; la eosina en los lignificados y esclerificados únicamente; el verde de metilo en los lignificados esclerificados y cutinizados; por tanto serán utilizables estos dos últimos (verde-metilo y eosina) cuando sólo se quiera hacer resaltar todas las caraterísticas de los tejidos impregnados de lignina ó entina, permaneciendo incoloros y por consiguiente casi invisibles, los diversos elementos celulósicos de un corte cual- quiera. El cuadro adjunto permitirá la fácil consulta en caso de quererse utilizar los colorantes á los fines que acabo de indicar: Colorante Tejidos lignificados Celulósicos Escle- rificados Cutinizados Azul de metileno . . . Toma » » » Toma No toma » » Toma » » Toma » » III. La misma falta de uniformidad en los resultados consignados ante- riormente, me indujo á utilizar las propiedades especiales que presentan muchos colorantes, cuando actúan en solución diluida, y conseguir así una acción y técnica uniformes en todos los casos. Hice la exj)eriencia con la misma solución acuosa de safranina al 0/20 %, pero preparando una solución diluida en la siguiente pro- porción: Solución acuosa de safranina al 0,20 °/o . . 2 gotas. Agua destilada 15 » En total contiene esta solución alrededor de unos 0,0015 gramos de safranina sólida. Los cortes, después de la acción del Hipoclorito sódico y lavaje en agua destilada; sometidos durante un minuto á su acción, y ob- servados en dos gotas de agua destilada, directamente, sin pasaje 152 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. previo por la solución de carbonato sódico, mostraron la doble coloración con los mismos caracteres más arriba indicados (ver página 149). Este segundo resultado hacía posible desde ya la eliminación de uno de los dos colorantes, usados ya sea por separado (por ejemplo, verde iodo - carmín), ya sea unidos formando un líquido único, capaz de dar doble coloración (por ejemplo : azul de metileno -f- safranina); y además, la supresión del carbonato sódico para el lavaje y diferenciación. La técnica queda así considerablemente simplificada y abrevia- da, en el número total de manipulaciones y tiempo empleados, como puede verse en el cuadro comparativo adjunto: Técnica I. Técnica II. 1.° Sumergir los cortes en sol. ac. de hipoclorito sódico .... 2° Lavaje en agua dest 3.° Inmersión en sol. ac. safra- nina al 0,20 o/o 5.° Inmersión en solución ac. de 10' 1' 2'-3' 0' 30" 2 í.° 2.° 3.° 4.° 5.° 6.° Sumergir los cortes en sol. Lavaje en agua dest. ...... Inmersión en sol. ac. diluida 10 1' 1' 0'30 6.° Montaje transitorio en sol. ac. carbonato sódico 2 o 00 . Montaje transitorio en agua Total Total 15' 30" 12' 30» Siguiendo la técnica II, y reemplazando en 3.° la solución dilui- da de safranina por los colorantes á que hice extensivo el proce- dimiento, dos dieron resultados negativos, es decir, los tejidos tomaron superficialmente la coloración y quedaron desteñidos por el inmediato lavaje en agua, son : 1.° Coralina: Solución ac. al 0,20 °Jo 2 gotas Agua destilada 15 ,, 2.° Orange O: Solución ac. al 1 °ío 2 ,, Agua destilada 15 „ Los siete siguientes, cuyas propiedades de doble coloración y resultados positivos paso á detallar fueron: scala: dobles coloraciones diferenciales. 153 1. AZUL DE METILENO. Solución acuosa de azul de metileno al 0,50 % 1 gota Agua destilada 15 o- tas 2. CRISTAL VIOLETA. Solución acuosa cristal violeta al 0,20 % 1 gota Agua destilada 15 gotas 3. VERDE DE IODO. Solución acuosa verde iodo al 0,50 °/ 1 gota Agua destilada 15 gotas 4. ROS ANILINA. Solución acuosa rosanilina al 0,20 "/,, 2 gotas Agua destilada 15 5. VERDE DE METILO. Solución acuosa verde metilo al 0,25 "/<> 2 gotas Agua destilada 15 6. VIOLETA DE GENCIANA. Solución acuosa violeta genciana al 0,20 °/ 2 gotas Agua destilada 15 ,, 7. PUCHSINA. Solución acuosa fuchsina al 0,20 % 2 gotas Agua destilada 10 ,, CARACTERÍSTICAS DE LAS DOBLES COLORACIONES OBTENIDAS x 1. AZUL DE METILENO. Haces leñosos Verde-azulado. JEsclere'nquima Celeste brillante. C'olénquima Azul intenso. Liher, cambium Azul. Medida, radios medulares, pa- rénquima cortical Azul. 1 Como se verá, casi podría hablarse de triple coloración puesto que los elemen- tos escarificados se tifien con tintes intermediarios que resaltan con nitidez entre los otros. 154 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 2. CRISTAL-VIOLETA. Haces leñosos Celeste-azulado. Esclerénguima Azul-violáceo. Colénquima Violeta. Liber, cambium Violeta. Medula, parénquima cortical . Azul. Cutícula Azul-violáceo. 3. VERDE DE IODO. Haces leñosos Celeste-verdoso. Esclerénquima Azul claro. Colénquima Azul . Liber, cambium Azul. Medula, parénquima cortical. Azul. Cutícula Azul. 4. ROSANILINA. Haces leñosos Violeta claro. Esclerénquima Violeta obscuro. Colénquima Rosado coral (más denso en los ángulos). Liber, cambium Rosado coral. Medula, parénquima cortical. Rosado coral. Culícida Violeta obscuro. 5. VERDE DE METILO. Haces leñosos Verde azulado. Esclerénquima . . Azul-verdoso. Colénquima Azul claro. Liber, cambium Violeta. Medula, parénquima cortical . Violeta. Cutícula Azul-verdoso. 6. VIOLETA DE GENCIANA. Haces leñosos Azul-celeste. Esclerénquima Azul-celeste (más intenso que el anterior). Colénquima Azul claro. Liber, cambium Violeta. Medula, parénquima cortical . Violeta. Cutícula Membrana: Violeta; incrustaciones azules. scala: dobles coloraciones diferenciales. 155 (. PUCHSINA. Haces leñosos Púrpura- violáceo. Esclerénquima Púrpura-violáceo (intenso). Colénquima Rojizo coral denso (ángulos rojizo-coral claro). Liber, cambium Rojizo-coral. Medula, parénquima cortical. Rojizo-coral. Cutícula Púrpura-violáceo. Para facilitar la consulta, doy en resumen las características que presentan los cortes según actúe el colorante en elementos incrustados ó no *: Coloración dada á los tejidos: Colorante Celulósicos Lignificados Esclerificados Cutinizados Azul de metileno. Azul Verde-azulado Celeste bri- llante Azul Cristal violeta .... Azul á violeta Celeste-azulado Azul-violáceo Azul-violáceo Verde de iodo .... Azul Celeste-verdoso Azul claro Azul Rosado-coral Violeta claro Violeta obscuro Violeta obscuro Azul claro á violeta Verde-azulado Azul-verdoso Azul-verdoso Violeta de gene. . . Azul claro Azul-celeste Azul-celeste Violeta (incrus- á violeta (intenso) taciones azules) Rojizo-coral Púrpura-vio- Púrpura-vio- Púrpura-vio- láceo láceo (intenso) láceo IV. Para comprobar la acción diferencial debida á la dilución del colorante, ensayé con la fuchsina acuoso-alcohólica de Stevens, cuya fórmula da en su libro Plants Anatomy, y es: i Se entiende que estos resultados se obtendrán siempre que el operador se ajuste á la técnica II (página 152) seguida é indicada en resumen; las variantes que se introduzcan son capaces de producir cambios ó falsear los resultados. Los preparados así obtenidos son transitorios, no he hecho extensivo el estudio á los definitivos. Los diferentes métodos de montaje usados, requieren manipula- ciones ulteriores, más largas; por otra parte, siendo colorantes de anilina y por tanto, de coloración fugaz, casi siempre; es necesario observar los preparados hechos, durante un tiempo, para poder asegurar si son ó no durables. Este hecho no quita interés al asunto mismo del tema, desde que se trata de la comprobación de una propiedad tan interesante como la estudiada. 156 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Fuchsina 0,50 gr. Agua destilada 50 c.c. Alcohol á 100° 50 c.c. El autor, Stevens, la utiliza sin diluir, para teñir cortes destina- dos á microfotografía, obteniendo, como lo he podido observar, una pseudo-doble coloración formada por rojos de distinto matiz, según lo dice ílt stains different tissues different tints of red); pero estos dos colores aparecen muy densos y por tanto confusos: en realidad, no se puede asegurar que exista una verdadera diferen- ciación. Ahora bien; preparando con el mismo colorante de Stevens, una solución diluida en las proporciones que indico más arriba (N.° 7 Fuchsina): Fuchsina Stevens 2 gotas Agua destilada 10 gotas y coloreando cortes, se obtiene una magnífica doble coloración rojizo-coral para los elementos celulósicos, y púrpura-violáceo intensa, para los lignificados. Como el colorante usado por Stevens, es además alcohólico, he preparado otra fuchsina simplemente acuosa al 0,20 ° , para po- nerla en las mismas condiciones que los otros colorantes ensaya- dos, y fué diluida luego, en las mismas proporciones, como ya indiqué: Solución acuosa de fuchsina al 0,20 °o 2 gotas Agua destilada 10 gotas El resultado obtenido fué idéntico, lo que viene á comprobar la observación de la propiedad que tienen los colorantes en general, de dar doble coloración diferencial, por sí solos, cuando se les usa en solución diluida. Justifica, además, mi observación hecha en el párrafo II (pá- gina 149) al decir que tanto Strasbnrger como Stevens, no pudieron aprovechar, y más aún, no pudieron notar esas dobles coloracio- nes, por no haber usado los colorantes sino concentrados. scala: dobles coloraciones diferenciales. 157 Y en resumen, que pueden incorporarse á los métodos usados en fitoliistología, una serie de colorantes capaces de dar por sí solos doble coloración diferencial 1 , simplificando, por tanto, con- siderablemente las técnicas corrientes. Augusto C. Scala. Buenos Aires, Enero 30. 1911. i He hecho extensivo el estudio á otra serie, compuesta de unos veinte colo- rantes, 3" cuyos resultados daré á conocer una vez terminados los ensayos y ob- servaciones emprendidas. CLASSIFICATION DES STIGMATES SOJIATIttOÍS DÉGÉNÉRESCENCE D'APRÉS LA PHILOGÉNIB RODOLFO SENET Professeur d'Anthropologie et de Psychologie anormale de l'TJniversité de La Plata. Dans mon travail antérieur «Les stigmates somatiques de dégé- nérescence et la Philogénie» 1 , j'aidifc que c'est presque general que, malgré la división des stigmates, quand ony fait allusion, on souléve souvent l'idée d'une infériorité bien accentuée et on les explique d'ordinaire au moyen de l'hérédité régressive ou de l'ata- visme. Les hommes de science savent bien que le mot stigmate n'indique point infériorité dans tous les cas, mais malgré cela, il est devenu despectif. Les explications scientifiques se sont presque bornees a l'atavisme et ne tenant compte que de ce facteur biologique, elles sont devenues impossibles pour la plupart des stigmates. Nous savons qu'au point de vue psychique nous pouvons grouper les degeneres dans les deux catégories, deja clas- siques: supérieurs et inférieurs, desequilibres et idiots. Si le so- matique doit avoir quelque relation avec le psychique — comme on l'a prétendu et le prétendent encoré plusieurs savants — il nous semble logique qu'aux degeneres supérieurs doivent correspondre des stigmates dont la signification biologique soit diamétrale- ment opposée á ceux des degeneres inférieurs. II est évident qu'il 1 «Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines», Buenos Aires, Octubre de 1906. 160 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. existe des caracteres grossiers qui ne peuvent passer inapercus a la premiére analyse et qui correspondent exclusivernent á une des catégories des degeneres, comme la microcéphalie qu'on ne constate jamáis — si l'on fait exception des cas de nanismo, pas d'achondroplasie — que chez les idiots. On ne constatera jamáis un cas de vraie microcéjDhalie dans un sujet de talent ou de génie ou méme intelligent. Mais quel critérium applique-t-on pour apprécier la valeur des stigmates nomines somatiques de dégónérescence? Si l'on fait exception de la classification monolatérale de Kurella en prima- toides et pithécoides, de celle plus ampie de Preyer en paléophy- létiques et néophylétiques, et des idees de Vogt, ou plutót de leur interprétation sur la microcéphalie, il régne aujourd'hui une véri- table anarcliie sur ce point, sans teñir compte encoré que ees clas- sifications ne nous disent rien quantitativement et qualitativement de la valeur relative de chaqué stigmate. L'Anthropologie crimi- nelle s'est oceupée spécialement de cette question, mais elle l'a visee sous un point de vue tres restreint: elle s'est bornee a l'étude du dólinquant et du criminel; on les a étudiés suivant la méthode anthropologique, et sans avoir au préalable pas méme des théories genérales. On a groupé des í'aits tres divers sous une rnéme déno- mination: stigmates de la criminalité. Cette étude comprend les caracteres typiques anatomiques et bio- logiques du délinquant — qu'on peut constater souvent chez des gens honnétes — et, tenant compte que le délit est un phénoméne d'ordre social, le dólinquant est étudié sous le double aspect bio- social;de la les deux divisions fondamentales: stigmates biologiques et stigmates sociologiques. Faisant abstraction des derniers, voyons un peu la regle suivie dans la classification des premiers : Lombroso et ses disciples expliquent le type criminel comme un type atavique, et en conséquence on devrait pouvoir expliquer tous les stigmates au moyen de l'hérédité atavique. Les parti- sans des stigmates biologiques ont assimilé le criminel á l'épi- leptique et au degeneré mental. Pour ceux qui soutiennent que le crime est un produit de la vie sociale, c'est Tinaclaptation sociale qui sert de base pour l'expliquer. Mais la división des stigmates, suivant le critérium biologique, nous indique d'abord la superficialitó qu'on a portee a leur étude: on divise les caracteres en différentes classes selon qu'ils se trou- vent: a) dans le squelette; &) dans les viscéres; c) dans les organes senet: dégénérescence d'aprés la. philogénie 161 des sens; d) dans les tégunients; e) dans les merabres; f) dans le poids; g) dans la taille. Voyons done quelques exemples a l'appui de cette critique: Dans la taille, sous la méme dénomination genérale de stigmates, on comprend le nanisme et le gigantisme. Suivant mon avis, on ne peut jamáis rapprocher ees deux caracteres parce qu'ils sont dianiétralement opposés. D'aprés le critérium philogénétique, ils représentent au contraire des termes extremes d'une méme serie. La valeur du stigmate ne dépend rjas de l'endroit oú il se trouve, sinon du stade du procés évolutif qu'il représente; dans ce cas, la valeur ne dépend pas de la taille méme, sinon de sa significa - tion par rapport a l'évolution philogénétique de la taille. Done, suivant la philogénie, l'interprótation de l'un et de l'autre est tout a fait opposée: le nanisme est un caractére atavique, tandis que le gigantisme est un caractére prophétique '. Dans ees deux stigmates il faut toujours teñir compte des variations actuelles de la taille dans l'espéce húmame, en un mot il ne faut pas perdre ele vue le facteur ethnique, c'est-á-dire la race a laquelle appartient le sujet -. Dans les membres: Pied plat, polydactylie, syndactylie, luxation habituelle, etc. Comment peut-on grouper tous ees caracteres sous une dénomi- nation genérale, leur origine étant si différente ? Au point de vue anatomique, il semble tres logique de grouper la polydactylie et la syndactylie dans la méme catégorie parce qu'elles se trouvent dans les pieds ou dans les mains; mais au point de vue philogéné- tique, c'est un grave erreur. Ces caracteres de dégénération des membres, ou plutót du nombre des doigts, doivent étre interpretes 1 Cette nouvelle dénomination appartient au savant Ameghino. 11 comprend avec ce nom les caracteres qui indiquent une évolution supérieure au moment actuel, qui représentent un stade ou des stades plus avances dans le procés évolutif des caracteres, qu'on peut distinguer tres aisément en appliquant ses lois de philogénie quand on connaít quelques termes de la serie, comme par exemple dans les dents, dans les extrémités, dans le cráne, dans le rachis. ■ Dans l'étude des stigmates il faut d'abord déterminer avec la plus grande pre- cisión possible la race du sujet, pour éviter des confusions lamentables: un Akka serait toujours un nain par rapport á un Patagón. Le nanisme aussi bien que le gigantisme sont des tailles excessivement petites ou grandes par raj port á la race, de maniere qu'un Akka géant sera celui qui surpassera de beaucoup la moj-enne de la race, de méme qu'un Patagón nain sera le sujet que manifestera une taille tres petite par rapport á sa race. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Marzo 29, 1911. 11 162 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. d'une facón antithétique: la polydactylie comme un stigmate contraire a la syndactylie puisqu'elles sont aussi des termes ex- tremes de la serie évolutive des formules digitales, d'autant plus lointains que ees caracteres sont plus accentués. Dans le cráne: On considere comme des stigmates de dégénérescence l'ultra- dolycbocépbalie, i'ultrabracbycépkalie, l'acrocépbalie, le front fuyant ; etc. Tous ees stigmates appartiennent á la méme catégorie, celle du cráne, suivant la classification anatomique. D'accord avec le critérium philogénéfcique, rultradolychocéplialie et l'ultrabra- chycóphalie nous apparaissent comme des óvolutions divergentes: la premiére, comme le résultat d'une détention dans le procés sans bestialisation l , la seconde, comme le produit d'une évolution trop avancée. L'ubication dans la classification doit done étre bien différente: l'ultradolychocépkalie doit se placer comme un caractére atavique, l'ultrabraclrycéphalie comme un caractére pro- pbétique, ou bien l'un comme un stigmate de bestialisation, l'autre comme un stigmate propliétique. Nous pourrions suivre avec de nonibreux exemples de stig- mates de dégénérescence dont la classification actuelle est dópour- vue de toute base scientifique sérieuse, comme on peut le constater pour ceux qui appartiennent aux dents, á l'oreille, etc., mais nous croyons que ceux que nous venons d'exposer sufiisent. Les classifications proposées jusqu'aujourd'bui ont nógligó la va- leur pbilogénétique et elles n'ont pas tácbé de connaitre par cette voie l'origine des divers stigmates. Dans l'état actuel de nos con- naissances, spécialement dans le systéme osseux, la pbilogénie peut jeter une intense lumiére au sujet de la valeur qu'on doit leur assigner. La classification que nous proposons d'aprés le critérium pbi- logénétique offre d'abord les avantages suivants qui sont fonda- mentaux a notre avis: 1 er ) Celui de pouvoir grouper les stigmates de dégénérescence selon leur origine, mieux encoré, selon le procés évolutif et quoique > La dénomination de «bestialisation» appartieat aussi á Ameghino. Ce savant a traite spécialement plusieurs caracteres qu'on considérait comme des caracteres ataviques, n'étant que des caracteres d'infériorité, non par atavisme mais par évolution bestiale. senet: dégénérescence d'apjrés la philogénie 163 plusieurs coíncident en leur ubication anatomique, ü perniet ele les séparer cl'accord avec leur évolution. 2 nd ) Celui de donner le valeur precise du stigniate x par rap- port aux autres stigmates, ce qui nous donne une regle pour leur appréciation, nous montrant leur intensité. Par exemple dans la polydactylie il y aura plusieurs degrés : a) Polydactylie oú se trouve le métatarsien ou le métacarjDÍen supplémentaire. b) Polydactylie oú ne se presente pas le métacarpien ou méta- tarsien supplémentaire. c) Polydactylie caractérisée par la présence d'une simple ex- croissance simulant un cloigt supplémentaire. On pourrait diviser la syndactylie d'une facón analogue. Cette classification permet de grouper les stigmates forman t des catégories selon nn critérium strictement scientifique reglé par les lois genérales de philogénie. Outre cet avantage, elle nous indique Tintensité clu stigmate ubiqué au préalable. C'est ainsi ; par exemple, qu'en présence d'un microcéphale nous pouvons le classifier comme un atavique qui reproduit tel ou tel stade de l'évolution du cerveau et du cráne du temps des Hominidés jusqu'au Tetr aprothomo, oubien de celui-ci au Diprothomo selon que sa capacité cránienne s'approcke de 500 á 1000 ctm 3 . Un se- mimicrocépliale suivant la capacité cránienne pourrait étre place entre les antécesseurs de l'bomme á partir du Diprothomo jusqu'au ProtJwmo ou Y Homo primigenius. La microcéplialie et la semimi- crocépbalie représenteraient done ainsi des stades différents de l'évolntion de l'encéphale. D'accord avec le critérium philogénétique nous divisons les stigmates de dégénérescence '■ en quatre granclsgroupements: a) Stigmates ou caracteres ataviques. b I » » » de bestialisation. c) » » » propliétiques. d) » » » tératologiques. a) Les stigmates de la premiére catégorie sont tous ceux qui tombent dans le domaine ele rhéróclité atavique et que la philo- 1 II existe des stigmates insignifiants comme il y a des stigmates profonds. 2 II faut prendre le mot dans son sens purement scientifique. 164 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. génie peut exj^liquer et nous en donner aussi la valeur relativo comme caractére atavique. Pour classifier les stigmates, il faut les soumettre aux lois de philogénie connues, qui nous montreront si le caractére en qnestion est ou non un caractére ancestral s'il correspond ou non á des stades antérieurs ál'actuel dans l'évo- lution de l'organe qui le posséde; en méme temps, l'application des lois de philogénie nous révélera l'antiquité du caractére que reproduít le stigrnate atavique, ce qui nous permettra de distin- guer l'intensité du phénoméne d'atavisme. b) Dans la deuxiéme catégorie prennent place tous les stigmates qu'Ameghino a nommés «caracteres de bestialisación» (caracteres de bestialisation) par opposition aux «caracteres d'humamsation» du méme auteur. On explique aussi ees caracteres au moyen de la pliilogénie et ils correspondent a des évolutions spóciales, déviées de la voie de l'huinanisation: ils appartiennent á des branches la- terales évoluant d'une facón divergente pour des causes biologi- ques tres diverses que nous ne pouvons pas analyser ici, mais qu'Amegliino a élucidées, particuliérement en ce qui concerne la présence des crétes dans le cráne (créte sagittale, id. corónale, id. lambdo'ide ); les lignes temj)orales accentuées. les arcades sourcilié- res élevées, etc., la longueur excessive des membres sujjérieurs chez les antliropomorplies, spécialement chez le Gibbon, l'adap- tation a la vie arboricole, quelques caracteres de la rnáchoire acquis á une époque récente, etc. c) Les stigmates prophétiques correspondent á des évolutions trop avancées. Aniegnino les appelle ainsi parce qu'ils indi- quent un degré plus kaut que l'actuel dans la serie successive du procés évolutif, sans que cela implique afnriner que l'espéce hú- mame ou la race évoluera dans le sens indiqué par le caractére en question. mais que le caractére indique un procés supérieur possible, d'accord avec les termes progressifs de la serie. Enfin, ees caracteres tendraient done vers une humanisation plus par- faite et ils seraient l'antithése des caracteres nommés de bestia- lisation. Par exernple: Ameghino estime comme des caracteres de bestia- lisation: l'ossification tres avancée du cráne des anthropomorphes, la présence des crétes élevées, les arcades sourciliéres tres pronon- cées, les lignes parietales prominentes. Mais, tous les anthro- pornorphes ne se sont pas bestialisés avec la méme intensité, et en ce qui concerne le cráne, le Gorille représente le máximum, tandis que le Gibbon représente le mínimum. SENET: DÉGÉNÉRESCENCE D'APRÉS LA PHILOGÉNIE 165 Parmi les stigniates ou caracteres propliétiques 1 nous pouvons placer: l'absence d'incisives. la calvicie précoce, l'oreille de Wil- dermuth, l'oreille de Morel. rultrabrachycéphalie, etc., etc., qui sont antithétiques avec les stigmates de bestialisation. Suivant le critérium philogénétique nous ne pouvons pas trouver des explications satisfaisantes toucliant les caracteres de bestiali- sation au moyen de l'atavisme, mais si nous avons recours a la Paléontologie nous aurons tout de suite l'explication de ees carac- teres et letir ubication, parce qu'ils sont dus a des acquisitions recentes clans le filum de l'espéce, a des modifications non origi- nairement primitives mais acquises a une époque relativement proehaine, de telle sorte que ees caracteres ne se trouveront que chez les antécesseurs les plus récents, tandis que les plus anciens auront des caracteres plus humains. On peut distinguer aisément les caracteres dus a un procés de bestialisation des caracteres dus a l'hórédité atavique, en les sou- mettant a l'évolution philogénétique. C'est ainsi que nous dirons qu'un ultradolychocéphale est un atavique d'autant plus avancé, suivant que 1'ultradolychocéplialie sera plus accentuée, puisque nous trouverons chez les antécesseurs de l'homme la dolychocé- pbalie comme un caractére normal s'accentuantversles époquesles plus reculées. Mais nous ne pouvons pas en diré de méme pour ce qui concerne le prognatisme dentaire, nos anciens antécesseurs (Prothomo, Diprothomo) ayant tous été des ortbognates (Ame- ghino ). Ce caractére est du a une acquisition récente, a une dévia- tion de la voie de la plus grande bumanisation: c'est un caractére d'infériorité. Les caracteres ataviques n'impliquent pas toujours infériorité, leur valeur relative dépend de la race du sujet qui les posséde. On peut facilement distinguer les caracteres propbétiques des caracteres ataviques par leur antiquité. On ne trouvera jamáis les premiers comme des caracteres spé- cifiques chez les antécesseurs; tandis que les caracteres ataviques sont congénitaux; les caracteres proj)hétiques apparaissent dans le cours de l'évolution ontogénique extra-utérine indiquant une acquisition tres récente et méme jjarticuliére au sujet. Le diag- nostic diíférentiel des caracteres prophétiques et des caracteres 1 Voyez la classification dans mon travail «Los estigmas somáticos, etc. «Ar- chivos de Psiquiatría». Octubre de 1906. 166 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. dus á la bestialisation se base sur la valeur qualitative du carac- tére: les premiers indiquent une évolution due a un procés versla supériorité ; vera la prééminence des caracteres humains; les autres signalent un procés vers l'infériorité (qui marche á l'extinction), une évolution déviée. Tant les uns que les autres peuvent étre complétement actuéis et leur intensité dépend du procés vers la fixité. Les deux caracteres ne se trouvent pas cliez nos ancétres et leur intensité souírre une rapide tombée vers les époques recu- lées. D'autre part les caracteres propliétiques et de bestialisation accentués sont exceptionnels dans leurs debuts, mais tendent a devenir des caracteres de race. d) Dans la derniére catégorie, c'est-á-dire dans les stigmates tératologiques nous mettons, pour le moment, tous les caracteres qui n'ont pas de place dans les trois catégories antérieures et oú la philogénie ne peut rien nous révéler dans l'état actuel de nos connaissances, toucliant leur origine. Nous devons avouer que plusieurs d' entre eux constituent pour la science des problémes tres obscurs en ce qui concerne Texplication du phénoméne, conime il arrive avec les pupilles ovales, les pupilles excentriques, etc. Mais si 1' origine de la plupart des stigmates tératologiques est aujourd'bui en pleine obscurité, il n'en est pas de méme avec ceux qui peuvent prendre place parmi les trois premieres catégories. Résumant : Les stigmates ou caracteres somatiques de dégénérescence, sui- vant le critérium philogénétique, peuvent étre groupés en: a) Caracteres qui indiquent un stationnement dans n'importe quel stade du procés évolutif de l'organe en question et qui correspondent á un antécesseur plus ou moins rapproché, ou plus ou moins éloigné de la serie philogénétique. L'intensité du stigmate dépend directement de l'antiquité du stade du jn*océs évolutif 011 le retard eut lieu (caracteres ataviques). o) Caracteres d'une infériorité accentuée qui indiquent une évo- lution divergente ou écartée du procés philogénétique récent et qu'on ne trouve point chez nos précurseurs plus ou moins éloi- gnés, ce qui rend plus évident encoré le procés vers la bestiali- sation, soit individuel (chez le sujet), soit collectif (chez les peu- plades, les diverses collectivités, chez les races) (caracteres de bestialisation d'Ameghino.) c) Caracteres de récente acquisition qui s'accentuent chez le sujet dans la période de l'adolescence ou de la puberté et qu'on ne trouve point chez nos anciens précurseurs (Prothomo, Di pro- senet: dégénérescence d'apeés la philogénie. 167 thomo, etc.) et qui mettent encoré en évidence des degrés plus accentués dans le procés évolutif de l'organe qui posséde le carac- tére. C'est un terme de plus dans la serie connue, un stade plus avancé dans une tendance aussi connue dans l'espéce; c'est un degré supérieur suivant les lois de philogénie (caracteres prophótiques d'Ameghino). d) Caracteres qui ne peuvent étre cornpris dans les trois caté- gories antérieures et qui ne sauraient s'expliquer que par des causes pathologiques. I/AGE DES FORMATIONS SEDIMENTARES TERTIAIRES DE L'ARGENTM EN RELATION AYEC L'ANTIÜUITÉ DE I/HOMME NOTE SUPPLEMEXTAIRE PAK FLORENTINO AMEGHINO. Aprés que l'impression de mon mémoire de critique géologique sus-inentionné l fut terminée, je me suis apercu qu'á cause de la háte avec laquelle je Tai redacté j'ai passé sous silence un des pa- ragraphes du Dr. Mochi, daus lequel ce savant présente plusieurs argurnents paléontologiques en faveur de sa thése d'aprés laquelle la formation pampéenne serait d'áge quaternaire. J'aurais bien voulu doubler la feuille pour ne plus revenir sur ce sujet, mais je crains que ceux qui se rendront compte de l'omis- sion puissent l'attribuer a un pro pos deliberé, c'est-á-dire que j'en aurais supprimé le commentaire pour cause d'arguments difficiles a réfuter. Peut-étre le Dr. Mochi pourrait-il croire de rnéme. Je n'ai pas l'liabitude de caclier les raisonnements défavorables a mes idees. Dans l'exposé géologique du Dr. Mochi je n'ai pas trouvé un seul argument en contre de mes théories et des faits par moi établis qui ne soit mal fondé, comme je l'ai suffisamment prouvé en les examinant un par un, moins ceux du paragraphe en question, du comme je viens de le diré a un oubli involontaire. Pour les raisons exposées je me vois done dans l'obligation d'analyser aussi ce paragraphe, que voici: «Un argomento puré paleontológico e paleogeografico induce a ringiovanire la formazione pampeana di A. Essa, su un totale di 1 Amrghiho Fl. V Age des formations sédimentaires tertiaires de VArgentine en relation avec Vantiquité de Vhomme. Dans ce rnéme volume des Anales, pag anipéenne, AMEGHINO: FORMATIONS SEDIMENTAIRES TERTIAIRES. 171 j'ignore si clans ce nombre s'y trouvent inclus les genres de Monte Hermoso, ou seulement ceux de la formation pampéenne classique. Je n'ai pas le temps de faire un relévement absolument exact, mais les chiffres que je vais donner peuvent étre consideres com- me tres rapprochés de la vérité. Les couches de Monte Hermoso et de Chapalmalan ont donné á peu prés 80 genres de mammiféres. La formation pampéenne classique en a donné une centaine, peut-étre quelques uns de plus mais certainement pas de moins. A peu prés 25 genres sont com- muns á Monte Hermoso-Chapalmalan et a la formation pampéenne. Les deux formations ont done un total d'environ 155 genres de mammiféres. Sur les 80 genres de Monte Hermoso, il n'y en a pas un seul qui soit d'origine nordaméricaine. Ce n'est que dans la formation pampéenne classique qu'apparait l'élément faunistique de l'Amérique du Nord, mais il est bien loin d'étre en proportion de presque une moitié comme le dit le Dr. Moclii. II n'arrive pas a un cinquiéme, et méme en y ajoutant les genres d'origine douteuse, cet élément nordaméricain ne consti- tuerait tout au plus qu'un quart du nombre total, formé presque exclusivement par les Artiodactyles, un tres petit nombre de Pe- rissodactyles et peut-étre quelques Carnivores. Parmi les Artiodactyles ceux qui certainement sont d'origine nordaméricaine ce sont les Lamas ou Camélidés et la plupart des Cervidés, mais quelques uns de ees derniers comme Mazarna, et certaines formes fossiles sont d'origine d'autant plus douteuse qu'on a trouvó a Monte Hermoso l'Artiodactyle selenodonte le plus petit et le plus primitif qu'on connaiss'e. Le Microtragnlus argentinas n'était pas plus grand qu'un petit rat et on ne peut le faire descendre d'aucune des formes qui ont habité l'Amérique du Nord. II est probable que ees formes primitives aient penetré dans l'Amérique du Sud par le pont guayano-senégaléen. Cette derniére voie émigratoire est certaine pour quelques Artio- dactyles du groupe des Suidos, comme le Listriodon (et le genre allié Catagonus) du miocéne d'Europe, et du miocéne et pliocéne de l'Argentine, et qui manque complétement dans l'Amérique du Nord. Comme d'un autre cóté les Suidés les plus rapprochés des Di- cotylinés de l'Amérique du Sud sont les genres fossiles Palaeochoe- rus et Hyotherium du miocéne d'Europe, il est probable que tout le groupe soit venu par la méme voie. 172 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Parmi les Perissodactyles, il est probable que les Tapirs vien- iient de l'Amérique du Nord, mais on ne peut plus continuer á croire qu'il en soit de méme des chevaux. Aprés la découverte des genres Paráhipparion, PlagioMppus, Stereohippus, etc., qui présen- tent un nombre considerable de caracteres dans un stacle de déve- loppement beaucoup plus primitif que les correspondants dans les Équidos fossiles de l'Amérique du Nord, il est certain que les premiers ne peuvent pas descendre de ees derniers. Les Equidés aussi comptent parmi les mammiféres qui sont venus de l'Ancien Continent par la voie guayano -senégaléenne, et aprés se sont bifurques se dirigeant, les uns vers le Nord et les autres vers le Sud. lis apparaissent dans les Etats Unis de l'Amérique du Nord et dans l'Argentine a peu prés vers la méme époque. En ce qui concerne les rongeurs de ]a formation pampéenne de l'Argentine qui d'aprés le Pr. Mochi, une moitié seraient d'origine nordaméricaine, j'affirme qu'il n'y en a pas un seul ayant cette origine. On n'y a pas encoré trouvé un seul représentant ni du groupe des Sciuromorpha, ni de celui des Lagomorpha, les seuls qui pourraient faire penser a une origine nordaméricaine. La totalité des rongeurs fossilts de la formation pampéenne de l'Argentine se clistribuent dans les deux grands groupes des Myomorpha et des Hystricomorplia. Les Myomorpha, dans la formation pampéenne et dans toute l'Amérique du Sud, aussi bien a l'époque actuelle que pendant l'époque quaternaire, ne sont representes que par une seule fami- lle, celle des Cricetidae, qui est répanclue sur presque toute la surface de la terre, mais c'est dans le continent sudaméricain oú elle a atteint son plus grand développement et le plus haut degré de spécialisation et cliversification. Cette famille n'est pas d'origine nordaméricaine; elle s'est cons- tituée sur l'Ancien Continent, et certainement en Europe, oú elle a des représentants á partir de l'éocéne. Les premiers Cricétidés n'ont penetró dans l'Amérique du Nord que pendant le miocéne, representes par deux genres, Eumys et Packulus, formes tres spécialisées qui n'ont aucun rapport avec les formes recentes et quaternaires de ce méme continent ni avec celles de l'Amérique du Sud. Un troisiéme genre, Peromyscus, appa- rait également dans le miocéne et a persiste jusqu'á l'époque actuelle, mais, quant á ses relations il se trouve dans le méme cas que les deux précédents; il est tres spécialisé dans une direc- tion divergente a celle des formes sudaméricaines, desquelles il AMEGHINO: FORMATIONS SÉDIMENTAIRES TERTIAIRES. 173 ne peut étre, ni l'ancétre, ni le clescendant. Oes genres doivent étre arrivés sur le continent nordaméricain par la méme voie que tant d'autres mam mif eres tertiaires de l'Ancien Monde, et les deux premiers se sont éteints sans laisser de descenclants, car clans les couches du miocéne supérieur et du pliocéne de ce méme continent on n'y trouve d'autres Criceticlés fossiles qui puissent en étre les descendants. A l'époque actuelle la faune de Cricetinae de l'Amé- rique du Nord est au contraire tres riche et tres variée, mais clans sa presque totalité elle n'a pas d'ancétres dans le tertiaire de ce méme continent. C'est une faune relativement tres récente, qui s'est constituée: par un petit nombre de formes descendantes d'un ancétre tertiaire (Peromysciis) de ce méme continent; par des for- mes venues de l'Ancien Continent par voie d'Asie les unes, et d'autres peut-étre par le N. W. de l'Europe a travers les terres qui pendant le commencement du quaternaire l'unissait au Canadá; les restantes qui constituent le plus grand nombre sont d'origine sud- américaine. Dans le quaternaire de l'Amérique du Nord les Cricótinés fossi- les sont excessivement rares et le petit nombre ele ceux que l'on connait rentrent dans les genres existants. Dans l'Amérique du Sud les faits se présentent sous un aspect complétement diftérent. Sur ce continent, les représentants de la sous-famille des Cricetinae ont fait leur apparition peut-étre au commencement clu miocéne. Leur plus ancien représentant jus- qu'aujourd'hui connu vient du miocéne de Monte Hermoso; ses dé- bris sont absolument inseparables de ceux dugenrefossiled'Europe connu sous le nom de Cricetodon, qui dans ce continent apparait dans l'éocéne et arrive jusqu'au miocéne supérieur. Ce genre n'a jamáis existe clans l'Amérique du Nord. II est done clair qu'il n'a pu penetré dans l'Amérique du Sud que par le pont guayano-sené- galéen. Ce genre constitue la souche de tous les Cricetinés vivants et fossiles de l'Amérique du Sud. Dans des couches un peu supé- rieures apparait le genre Proreithrodon suivi par le Necromys et ils deviennent graduellement plus abondants á travers toute la for- mation pampéenne jusqu'á 1'époque actuelle formant un groupe compact. II suffit ele rapjieler que dans l'Amérique du Sud il y a plus d'une trentaines d'espéces de Cricetinés fossiles tandis qu'on n'en connait que deux ou trois dans le quaternaire de l'Amérique du Nord pour comprendre que dans ce continent ils sont récents, tandis que dans l'Amérique du Sud ils cloivent étre excessivement anciens. 174 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Dans l'Amérique du Sud il y a 20 genres vivants de Cricetinae et de ceux-ci i] y en a 7 qui ont des représentants fossiles dans ce méme continent (Nectomys, Oryzomys, IJolochilus, Beitlirodon, Phyllotis, ATiodon et Oxymicterus). II y a en outre 6 genres com- plétement éteints (Cricetodon, Proreithrodon. Necromys,Bot]iriomys, Ptyssopliorns, Tretomijs), tous les six de l'Argentine, les trois premiers de la sonsfamille des Cricetinae et les trois derniers de la sous famille des Neotominae, cette derniére éteinte dans l'Amé- rique du Sud est encoré vivante dans celle du Nord. Dans le cjua- ternaire de l'Amérique du Nord on ne connait pas un seul genre éteint d'aucun de ees deux groupes. Ces Cricetinae et Neotominae sudaméricains ont envahi l'Amé- rique du Xord, conservant quelques uns leurs caracteres góné- riques, tandis que d'autrts ont donné origine á des genres nou- veaux. Parmi les premiers, il y a 5 genres vivants propres a l'Amérique du Sud qui ont aussi des représentants vivants dans la moitié méridionale de l'Amérique du Nord. Les genres Nectomys et Oryzomys, par exemple, ont des représen- tants vivants dans les deux Amériques, du Nord et du Sud, mais dans l'Amérique du Sud on compte de nombreuses esjDeces fossiles tandis qu'on n'en connait pas une seule dans l'Amérique du Nord. C'est une preuve evidente que dans ce dernier continent ces genres sont des immigrés rócents, comme le prouve aussi leur conformation qui les rajoproche de l'ensemble homogéne des Cricetinés sudaméricains. Parmi ceux qui se présentent dans les deux continents améri- cains sous la forme de genres distinets je ferai mention de Sigmo- don dé l'Amérique du Nord et Holochihts de l'Amérique du Sud, genres tres rajDprochés un de l'autre et qui par leur conformation on reconnait que le premier est une spécialisation du deuxiéme. Sigmodon n'a pas de représentants fossiles dans l'Amérique du Nord. Au contra iré. le genre sudamóricain Holochihis a des repré- sentants fossiles á partir des couches les plus superficielles (luja- néen) de la formation pampéenne. C'est a partir de cette époque qu'il a du émigrer á l'Amérique du Nord et se transformer en Sigmodon. La sousfamille de Cricétidés connue sous le nom de Neotominae est a ce sujet particuliérement intéressante 1 . A notre époque lea 1 Hart Merriam C. A new subfamily of murine rodents —the Neotominae, toith description of a new genus and species and a synopsis of the known forms, in Procee- dings of the Academy of Natural Sciences of Philadelphia, a. 1894, pp. 225-252. AMEGHINO: FORMATIONS SÉDIMENTAIRES TERTI AIRES. 175 Néotominés sont exclusifs de l'Amérique du Nord orí ils sont repre- sentes par les genres Neotoma, Hodomys et Xenomys, ariquéis dans ce continent on n'y trouve aucun genre prédécesseur á l'état fos- sile. Ses ancétres ont vecu dans l'Argentine pendant Tapeque de la formation pampéenne, oú ils sont representes par trois genres qui se sont succédés l'un á l'autre; Tretomys dans la partie inférieure de l'étage bonaéréen; Bothriomys dans la partie supérieure du méme étage; et PtyssopJiorvs, la forme plus grande et plus évolutionnée, dans l'étage lujanéen, le plus récent de ceux de la formation pampéenne. Le groupe s'est done eonstitué dans l'Argentine, c'est-á-clire dans la partie méridionale de l'Amérique du Sud. Son représentant plus récent et plus spécialisé, le Ptyssophorus des couches pampéennes les plus superficielles parait étre l'ancétre direct du genre Neotoma (Hart Merriam, 1. c). Ge genre dans l'Amérique du Nord fait son apparition dans le quaternaire supó- rieur des cavernes de Pensylvanie, avec Neotoma magister, la seule espéce fossile connue de ce genre et de tout le groupe dans ce continent. Cette seule donnée suffit pour démontrer rimmense antiquité de la formation pampéenne par rapport aux dépóts quaternaires de l'Amérique du Nord. Bref: dans l'Amérique du Sud il n'y a pas de Cricetklae d'origine nordaméricaine, mais la plus grande partie des Cricetinae et la totalité des A eotominae de l'Amérique du Nord sont d'origine sudaméricaine. Le restant des rongeurs de la formation pampéenne sont des Hystricomorpha dont l'origine sudaméricaine est universellement reconnu, et qui manquent complétement dans le tertiaire de l'Amé- rique du Nord, oü ils n'ont penetré qu'au commenoement du quaternaire ou á la fin du pliocéne. On peut done affirmer de la maniere la plus catégorique, que dans la formation pampéenne de l'Argentine il n'y a pas un seul genre de rongeurs d'origine nordaméricaine. Venons maintenant aux Carnivores de la formation pampéenne, qui d'aprés le Dr. Mochi seraient tous d'origine nordaméricaine. A ce sujet, les idees predominantes il a quelques années se sont profondement moclifiées. Le groupe dont l'origine nordaméricaine semblait la plus cór- tame est celui des Felidés. Aujourd'liui, l'examen attentif des faits prouve que la plupart des Felidés actuéis ainsi que tous ceux du quaternaire et du pliocéne supérieur de l'Amérique du Nord 176 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ont penetré dans ce continent en y allant de l'Amérique du Sud; la senle exception sont les représentants du genre Lynx qui sont venus d'Asie. Le genre Felis compte en Amérique 14 espéces vivantes. Toutes ees espéces liabitent l'Amérique du Sud, mais parmi elles il y en a 6 qui vivent aussi dans l'Amérique du Nord, tandis qu'il n'y en a pas une seule qui soit exclusive de ce continent. De ees 14 espéces suclainéricaines il y en a 8 qui sont exclusives de l'Amó- rique du Sud, et ce sont précisément les plus petites et les moins spócialisées. Cela suff'it pour démontrer que l'Amérique du Nord a recu ses espéces du genre Felis de l'Amérique du Sud. Cela est prouvé encoré par le fait qu'aucune ,de ees espéces qui liabitent l'Amérique du Nord a des représentants fossiles dans ce méme continent, tandis que deux de ees espéces, le Puma et le Jaguar, on les trouve fossiles dans les conches supérieures de la formation pampóenne de 1' Argentino . Ce genre Felis n'a pas d'antécesseur dans le tertiaire de l'Amé- rique du Nord, oü il n'apparait que tout á la fin du pliocéne et il est tres rare dans le quaternaire, oü il est representé par trois ou quatre espéces de grande taille et tres spécialisées, descendants modifiés des grands Félidos de la formation pampéenne. Dans 1' Argentino, le genre Felis apparait dans le chapalmaléen et on le trouve de plus en plus abondant dans toutes les couclies plus recentes jusqu'á l'époque actuelle. On ne peut pas faire des- cendre ees Felidés sudamericanas petits et peu spécialisés, tant actuéis que fossiles, de l'Amérique du Nord qui n'en possédait pas pendant le tertiaire. Le genre Felis a pris origine en Europe oü on le trouve déjá parfaitement constitué dans le miocéne moyen; de la, par la liai- son guayaiio-seiiégalóenne il passa á l'Amérique du Sud oü il a donné origine a la quantité d'espéces fossiles et vivantes qui liabi- tent ce continent. Ce qui le prouve encoré c'est que les espéces fossiles plus anciennes (Felis platensis, proplatensis, etc.) présen- tent une ressemblance extraordinaire avec quelques espéces fos- siles du pliocéne et du miocéne supérieur d'Europe. II en est de méme du petit groupe des Machairodinae, qui venant d'Europe par la méme voie penetra dans l'Amérique du Sud sous la forme de Machairochis (M. ensenadensis), se transforma en Smi- lodon et sous cette forme penetra dans l'Amérique du Nord jien- dant le quaternaire. Le genre Machairodus, ancétre de Smilodon, est inconnue dans l'Amérique du Nord. Les anciens genres du AMEGHINO: FORMATIONS SÉDIMEXTAIRES TERTJAIRES 177 miocéne ele ce méme coñtinent (Hoplophoneus, Nimravwt, Dinictis, Pogonod-on, Archaelurus) n'arrivent pas au pliocéne et n'ont aucu- ne relation ancestrale directe avec Machairodus, et naturellement encoré moins avec Smilodon. Si nous passons anx Canicies, sans faire un examen detaillé de ce groupe, nous trouvons dans la formation pampéenne de 1' Argen- tino, des formes a cráne court et á front bombé comme Dynocy- nops qui n'ont jamáis eu de représentants dans l'Amérique du Nord mais qui se rapprochent singuliérement de certaines formes de l'Ancien Coñtinent, comme par exemple le Lycaon d'Afrique. Dans ce cas aussi, comme dans celui des Amphicyon, Hyaenodon, Parahyaenodon, Hj/nenodops, etc., de Fentrerrien et de l'liermoséen, on a a faire a des émigrants venus de l'Ancien Coñtinent par la méme voie deja indiquée, et non de l'Amérique du Nord. Pour ce qui regarde aux Procyoniclés on a deja vu dans ce mó- moire (dans ce méme volume, pp. 59-60), que ees animaux sont d'origine sudaméricaine indiscutable, et qu'ils n'ont penetré dans l'Amérique du Nord que pendant le quaternaire, étant absolu- ment inconnus dans le tertiaire de ce méme coñtinent. II ne me reste cju'a diré quelques mots sur les Ours. C'est a pro- pos de ce groupe que le Dr. Mochifaitrobjection la plus grave, et que, si elle était fondee prouverait 1 'age relativement récent, non seulement de la formation pampéenne mais aussi des formations precedentes ¡jusqu'á eelles que j'attribue a l'oligocéne supérieur ou au miocéne inférieur. Cette enorme divergence suffit pour faire comprendre cine l'argument en question doit étre malfondé. Le pampeen inférieur (puelchéen), clit-il. contient Y Arctotherium, genre de l'Ancien Monde, qui penetra dans l'Amérique du Nord seulement dan le quaternaire. C'est vraiment regrettable qu'il ait procede avec tant de préci- pitation: s'il avait consulté avec un peu plus d'atention mon tra- vail sur Les formations sédimentaires du crétacé supérieur et du ter- tiaire de Patagonie, il aurait pu voir cju'aux pages 395 á 4' ••_> je m'occupe de ce groupe et je determine cl'une maniere precise l'ori- gine du genre en question. "Lt Arctotherium n'est pas un genre de l'Ancien Monde oñ il n'a pas méme de préclécesseurs fossiles. Ce n'est que dans le mio- céne de ce coñtinent qu'on trouve quelque cliose de semblable dans le genre Hyaenarctos, mais celui ci est plus spécialisé et apparait comme un descendant d' Arctotherium ou d'une forme collatérale, et non comme un ascendant. Anal. Mus. Nac. Bs. As , Skh. 3. a , t. xv. Anuir. 24-, 1911. 12 178 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Dans l'Amérique du Norcl les faits sont excessivement simples et tres clairs. Dans le tertiaire ele ce continent il n'y a pas d'Ours fossiles; ees animaux n'ont pené tré dans ce continent que pendant le quaternaire, venant de l'Ancien Monde, soit par la voie de l'Ouest, soit par celle du N. E. ou par les cleux pendant le com- mencement du quaternaire. une preuve de l'invasion récente des Ursidés dans l'Amérique du Xord c'est leur extreme rareté dans les couches quaternaires de ce continent, surtout en ne tenant pas compte du genre Arctotherium qui est le type d'une sousfamille spéciale, celle des Arctotherinae, propre ele l'Amérique Méridionale. En outre, tous les Ursidés de l'Amérique du Norcl, avec la seule exception de ce méme genre Arctothermm, appartiennent a la sousfamille des Ursina e ou vrais Onrs qui est propre de l'Ancien Continent oú l'on trouve ses débris fossiles a partir du miocéne. Dans l'Amérique Septentrionale le genre Arctotherium on le trouve fossile seulement dans le quaternaire des états méridionaux des Etats Unis, ainsi qu'au Mexique. N'ayant pas des prédéces- seurs dans ce continent, et ne pouvant pas étre venu de l'Ancien Continent oú il n'a jamáis vecu, il est clair qu'il ne peut avoir pene- tré dans l'Amérique du Kord qn'eny allant de l'Amérique du Sud. Jai deja dit que ce genre est le type d'une sousfamille, les Arc- totherinae, propre de l'Amérique du Sud, oú á notre époque n'est représentée que par le seul genre Tremarctos ( JJrsus ornatos: Ours des Cordilléres), mais elle a des nombreux représentants fossiles a jDartir de l'oligocéne supérieur ou du miocéne inférieur. Les genres fossiles connus sont: Proarctotherium, de l'entrerrien; Chapalmalania du chajjalmaléen; Arctotherium de l'ensénadéen et du bonaéréen; Pararctotherium du bonaeréen et du lujanéen. La grande ancienneté géologique de ce groupe et les rapports qu'il présente avec celui des Procyonidés demontrent qu'il est d'origine sudaméricaine, et que ses représentants les plus primitifs passant par la liaison guayano-sénégaléenne ont envahi TAneien Monde au commencement du miocéne, oú ils se sont transformes en vrais Ursidés. Le genre Arctotherium penetra dans l'Amérique du Nord tout á fait á la fin elu tertiaire ou au commencement du quaternaire faisant partie ele la grande émigration de la faune suclaméricaine qui j^eupla ce continent avec ele nombreux Edentés gravigrades ( Megatherium, Megalonyx, Megalocnus, Mylodon, Paramylodon, tous éteints); d'Edentés cuirassés du groupe des Glyptoclontes (Glyptodon, Glyptotheriwm, éteints) et ele celui des Armadillos AMEGHINO: FORMATIONS SÉDIMENTAIRES TERTIAIRES. 179 (Cklamydotherium, éteint, Cábassus vivant); de Paressenx (Brady- pus) et de Fourmiliers (Myrmecophaga); de Toxoclontes (Toxodon); de nombreux rongeurs Hystricomorphes (Hydrochoerus); Erethi- son, Coendn, Castoroides, Aguti, Amblyrhiza, etc.) et Myoinorplies (Nectomys, Oryzomys, Sigmodon, Reithrodontomys, Neotoma, etc., etc.); de Marsupiaux (Didélphys marsupialis, virginiana, etc.) de nombreux Carnivores (Procyon, Ñama, Cercóleptes, Smilodon, Fe- lis), de singes (Cebus, Aluata, Áteles, Chrysothrix, etc.) et d'hommes. La présence 6l Arctotherium dans les dépóts quaternaires de l'Amérique du Nord ; au contraire de ce que pense le Dr. Moclii, constitue done une nouvelle preuve de la grande antiqnité géo- logique de la f ormation pampéenne et des formations encoré plus anciennes qui dans l'Argentine contiennent des débris d'animaux de ce méme gronpe. OBSERVATIONS AU SÜJKT DES NOTES I)Ü Dit. MOCHI SUR LA PALÉOANTHROPOLGGIE ARGENTINE. FLORENTINO AMEOHIXO. Je me suis o c cupé de la note préliminaire da Dr. Mochi sur le Diprothomo* dans un premier mémoire 2 . et dans un deuxié- me 3 j'ai examiné en détail la partie géologique clu travail du méme auteur conté nant ses notes sur la paléoanthropologie de l'Argentine i . Dans ce travail je vais m'occuper de la partie anthro- pologique de ce méme mémoire. laquelle, j'ai háte de le diré, a infi- niment plus de valeur que la géologique. C'estune contribution sé- rieuse oú Ton voit que l'auteur a une maitrise complete de la ma- tiére qu'il traite et il aborde avec une grande sagesse plusieurs problémes importants. En ce qui concerne mes rechercLes il enfait une critique appro- fondie mettant en relief les erreurs ou je suis tombé et que je ne vais pas chercher ni a les eacher, ni á les défendre. J'ai comme principe fundamental de ma vie d'liomme de science, de clianger immédiatement d'opinion aussitót que je m'apercois de n'étre ¡jas dans le vrai. Je ne suis pas anthropologiste. Ce sont les découvertes sur 1' homme fossile et les relations de ees découvertes avec la paléon- 1 Xo/a preventiva sul Diprothomo platensis Ameghino, del Dnttore Aldobrandino Mochi, del Museo Nazionale d 1 Antropología di Firenze, in Revista del Museo de La Plata, t. xvn, pp. (39-70, Juillet 1910. a Ameghino Fl. Sur l'orientation de la calotte du Diprothomo, in Anal. Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3. a , t. xiii, pp. 319-327, Septembre 1910. a Ameghino Fl. VAge des formations sédimentaires tertiaires de l'Argentine en relation avec Vantiquité de Vhomme, in Anal. Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3. a , t. xv, pp. 45-75, Fevrier 1911. 4 Mochi Aldobrandino. Appunti sulla Paleoantropologia Argentina, in Archivio per l' Antropología et la Etnología, vol. xl. pp. 203-254, a. 1910. 182 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tologie qui m'ont portó á envahir un terrain qui n'est pas le mien, celui de l'anthropologie, et cela esplique que je me sois trompé sur plusieurs points. Dans cette revisión du mémoire da Dr. Mochi je serai bref. Je me propose: premiérement rectifier les erreurs oü je suis tombo; deuxiémement, rectifier aussiquelques unes des erreurs de M. Mo- chi, car, tout en ótant anthropologiste, lui aussi s'est trompó plus d'une fois, parce que errare humanum est. Je passerai outre sur les points oü il y a accord parfait, et les questions douteuses je les laisserai aussi de cote pour les traiter etles discute r en détail dans les monographies spéciales que je compte publier sur ees sujets. Je ne m'occuperai pas non plus des assertions de l'auteur sur l'áge géologique de chaqué découverte en particulier, puisque dans la premiére partie j'ai deja suffisamment demontre que dans les questions géoiogiques il a fait fausse route. Je n'ai ríen a diré des pages qu'il dódie a l'examen des cránes fossiles d'Arrecifes et de Chocorí, et je passe á la partie consacróe a l'ótude de Y Homo pampaetis. HOMO PAMPAEUS. CRÁNE DE MIRAMAR. Ce cráne qui se conserve au Musée de La Plata, fut figuró pour la premiére fois dans ma sinopsis géologique paléontologique da l'Argentine l , mais sans description et acompagnó seulement de quelques renseignements géoiogiques. II provient de la cote de l'Atlantique auSud de Miramar, d'un point placó a moitió chamin a peu prés des embouchures de deux ruisseaux qui portent les noms de Arroyo La Tigra et Arroyo Seco. Je l'ai fait connaitre sous le nom de «Cráneo de Miramar», qui était le nom de la 1 Ameghino Fl. Sinopsis geológico-paleontológica, in Sigunlo Cuno di la Repú- blica Argentina, t. i, 4.°, pp. 113-255, a. 1893. Le cráne est representé par la figure 15, á la page 118. Cette figure a été tres critiquée et avec raison: ce n'est presqu * qu'une tache, quoique le contour soit exact, mais je n'en suis pas responsable sinon ceux qui ont dirige l'impression dans laquelle je n'ai eu aucune interven - tion. J'avais donné á la Commission du recensement un dessin parfait et on m'en montra des épreuves également parfaites que je conserve encoré et qui sont á la disposition de qui voudrait les voir. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 183 circonscription administrativo (Partido) de laquelle faisait partie le lieu de la trouvaille, de sorte qu'il n'y avait aucun motif pour substituer ce nom par celui de La Tigra comme l'a fait M. le Dr. Lehmann - Nitsche. Le Dr. Mochi, procódant sagement lui conserve sa premiére déiiomination, tout en ajoutant qu'il a été trouvé prés du village maritime de Mar del Sur. A ce propos je dois observer que, tout en étant vrai que dans la región de la dócou- verte ilya une localité qui porte le norn de Mar del Sur, celle-ci n'est pas un village et rentre toujours dans la méme circonscrip- cion de Miramar. J'ai visité la localité de la trouvaille et j'ai pu m'assurer que la couche qui a f ourni le cráne fait bien partie de l'intérensénadéen. En 1906 j'ai donné de cette piéce un dessin bien soigné, sous le méme nom de «cráne de Miramar» et je l'ai pris comme le type d'une nouvelle espéce du genre Homo, que j'ai désignée avec le nom de Homo pampaeus, caractérisée surtout par le front excessi- vement fuyant, c'est-á-dire manquant du segment frontal, ce ca- ractére n'étant pas accompagné de bourrelets susorbitaires comme dans rhomme de Neanderthal 1 . Je dois ajouter encoré que jus- qu'á ce jour la je n'avais pas vu le cráne sinon simplement la figu- re dont je fis la reproduction. C'est seulement sur l'examen de cette figure que je dis que le surbaissement du front était naturel, mais qu'il était possible qu'il y eut une dépression occipitale pro- cluite pendant la premiére jeunesse, quoique non intentionnelle- ment. M. Mochi remarque que dans mon premier travail je ne fais pas mention de la déformation frontale ni de celle occipitale, et que je ne parle de la derniére que dans ma deuxiéme publication. C'est naturel que je n'en parle pas dans la premiére puisque je ne fais que donner la figure du cráne sans aucune description; je dis seu- lement que l'homme de cette époque était á front excessivement bas, ce qui indique que j'ai pris l'aplatissement frontal comme étant naturel. C'est M. le Dr. Lehmann-Nitsche qui aprés ma deuxiéme publi- cation crut reconnaitre sur ce cráne une déformation frontale et une autre occipitale 2 , opinión a laquelle se rallie le Dr. Mochi 1 Ameghino Fl. Les Formations sédinientaires du crétacé supérieur et du tertiaire de PArgentine, pp. 448-449, a. 1906. - Lehmann-Nitsche R. Nouvelles recherckes sur la formation pampéenne et l'homme fossile de la République Argentine, in Itev. Mus. La Plata, t. xiv, p. 338, a. 1907. 184 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. comme l'ont deja fait aussi d'autres anthropologistes. Pour moi, cette opinión n'a d'autre fondement que l'absence naturelle du front, caractére qui separe VHomo pampaeuft de tous les autres ty- pes lmmains connus. Aux anthropologistes, l'existence d'un type humain semblable leur parait inipossible, ce qui justifie nion pro- cede en séparant ce type comme une espéce distincte et éteinte du genre Homo. Je ne crois pas que l'bomme fossile de l'époque pampéeme ait pratiqué la déformation artificielle; dans le milieu qui l'entourait il avait sans doute d'autres préoccupations plus sérieuses qu£ celle de se déformer le cráne ! Aprés l'apparition de l'ouvrage de M. Lehmaiiii-Xitsche et grá- ce á sa courtoisie j'ai pu exaniintr le cráne avec attention, et je declare encoré une fois que pour moi l'aplatissement frontal ar- tificiel n 'existe |ias. Je n"ai observé sur la surface de Tos aucun des reliefs ou méplats si caraetéristiques de la déformation artifi- cielle: son aplatissement frontal est bien régulier. parfaitement symétrique et par conséquent naturel. La texture osseuse su- |ierficielle est aussi parfaitement nórmale, sans aucun vestige d'avoir subie la pression d'un corps étranger. La dépression artifi- cielle fronto-occipitale, quand cette derniére est limitóe á la partie supra-iniale, donne toujours pour résultat un relévement de la región pariétale qui s'étend derriére le bregma et d'un aspect caractéristique, relévement dont le cráne en questionne présente pas le moindre vestige. Ici, la pression occipitale n'ayant pas été influencée par une pression frontale en direction opposée. n'a produit qu'un petit relévement de la partie tout a fait postérieure de la región pa- riétale, laquelle, en relation d'un cráne normal du méme type est bien visible dans les courbes sagittales représentées sur la figure 9. En outre, comme maintenant nous coiinaissons plusieurs crá- nes fossiles du pampeen ancien qui se distinguent aussi par ce méme aplatissement frontal et également sans vestiges de défor- mation intentionnelle. il devient évident que dans le cráne de Mi- ramar l'aplatissement frontal est bien un caractére normal et non artificie 1. M. Mochi, pour appuyer son opinión d'aprés laquelle il y a eu déformation frontale artificielle, dit que le cráne est plagio cáptale, et que la ¡jlagiocéjibalie est fréquente dans les cránes deformes; mais elle est aussi assez fréquente dans les cránes non deformes de sorte qu'elle n'a pas d'importance dans la question. En plus, il AMEGHINO: SITE LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGE'NTINE. L85 me semble, qu'il ne s'agit pas d'un cas ele vóritable plagio cóplialie sinon d'une def ormation post mortem produite par la pression des conches au-dessous desquelles il ótait enseveli. Sur ce point, M. le Dr. Lehmann-Nitsche est du méme a vis. Pour terminer avec le cráne de Miramar, le Dr. Mochi le rap- proche de celui de Fontezuelas. Pour ma part je ne vois entre les deux aucune similitude. Méme en admefctant avec le Dr. Lemann- Nitsche, que le frontal du cráne de Miramar serait deformó arti- ficiellement, cette déformation aurait si peu alteró la courbe du frontal, que lui méme dit: «Dans la región frontale l'aplatisse- ment n'est pas tres important» (1. c. pag. 338). Le cráne de Miramar est bien sans front et ne peut pas étre comparó avec celui de Fontezuelas qui présente un front bien développé. Sans compter que d'autres caracteres, comme la forme de Voccipital, la forme du vértex, le contour horizontal du cráne, le contour de la vue postérieure, le retrécissement postorbitaire du frontal, la forme de la mandibule et plusieurs autres sont si difierents qu ; ils rendent absolument impossible méme de supcon- ner qu'il puisse y avoir entre les deux la moindre relation. Un peu plus loin j'aurai l'occasion de revenir sur ce |30Ínt. CKAXES DE NÉCOCHEA. Les cránes á 1 Homo pampaeus plus 011 moins imparfaits prove- nant de la cote de l'Atlantique en face de Nécochea sont au nombre de trois, designes par M. Mochi, sous les ñoras de numero 1, 2 et 3. Tous les trois vienent du méme horizon, le facies sous- aéréen ou éolo-marin de rintérensénacléen et se conservent au Musée National de Buenos Aires. Cráne de Nécochea N.° 1. — Calotte imparfaite, constituée par une partie du frontal et des pariótaux, accompagnóe de plusieurs os du squelette tres fragmentes. Cette piéce a oté découverte par le Dr. Rodolfo Faggioli qui en fit donnation au Musée au mois de Fevrier de 1909. Dans mon mémoire sur le Dii3rothomrne l , j'en 1 Ameghino Fl. Le Diprothomo platensis: Un précurseur de l'homme du pliocene inférieur de Buenos Aires, in Anal. Mus. Nac. de Buenos Aires, ser. 3. a , t. xn, p. 156, a. 1909. 186 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ai fait menticm sous le ñora de deuxiéme exernplaire di Homo pam- paeus, mais sans autres dótails. ■■£ <& <55 ."S «5 — > a; •0. ai U m O tí 1- c .5 O - M. Mochi profitant de la permission que je lui avais accordée a pu l'étudier et il en donne une courte description accompagnée AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 187 de la courbe sagittale que je reproduis ci-contre (fig. I, a); il ne don- ne pas le degré de réduction, mais comparée avec l'original elle resulte étre á peu prés d'un tiers. Cette courbe, quoique prise avec la lame de plomb est loin d'étre exacte. Elle apparait plus convexe qu'elle ne l'est en réalité et on ne distingue pas la dépression postglabellaire. II est possible que cela soit dú a la forte réduction de la figure, mais en tout cas elle n'est pas appropriée pour une comparaison exacte. Pour permettre la eomparaison je donne la méme courbe sagittale en grandeur natu- relle et absolument exacte, puisque ce n'est qu'un calque pris avec du plátre, qui étant inflexible ne se deforme pas (fig. 1, e). Sur la courbe que donne M. Mochi, on y trouve sígnale le bregma avec la lettre B que je n'ai pas indiqué sur la mienne. Je ne sais pas comment il a pu le déterminer. Quoiqu'il dit qu'on y voit par endroits des vestiges de suture je n'ai pu en voir le moindre vestige méme á l'aide d'une forte loupe, ainsi qu'aucune des personnes qui l'ont examiné. Cráne de Necochea N.° 2. C'est le cráne le plus complet que jai rapporté de mon voyage a Nécochea d'Avril 1909. J'en ai fait mention dans mon mémoire sur le Diprothomme (1. c. p. 156) sous le nom de « troisiéme exemplaire di Homo pampaeus» . II con- siste dans un cráne incomplet, avec le rostre presque entier, la mandibule incompléte et un bon nombre d'ossements du squelette tres fractures et qui ne sont pas encoré prepares. De ce cráne, quand il était encoré incomplétement preparé, j'en ai donné trois figures, den haut, de face et de profil (1. c. pp. 157, 165 et 171) comme un simple terme de comparaison avec le Di- prothomme, mais non comme une descri|)tion et illustration défi- nitive, puisque á la page 127 du méme travail j'annonce que la description detaillée des débris de Y Homo pampaeus paraitra dans un mémoire spécial. Pendant sa visite a Buenos Aires le Dr. Mochi en a fait un exa- men minutieux et ilen publie une description detaillée accompa- gnée de plusieurs figures. C'est dans cette partie de son travail qu'il fait une critique de- taillée des figures que j'en ai publié ainsi que de quelques una des renseignements qui les acompagnent et de plusieurs des caracteres que j'ai attribués a Y Homo pampaeus. La plupart de ees critiques sont justifiées; je vais les passer en revue une á une indiquant tous les points ou je lui trouve raisou. A la page 227, il commence par établir que Torientation que 188 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. dans la figure de cote j'ai donnée au cráne ne concorde avec aucun des plans d'orientation enusage; je l'aurais couché trop en arriére, ce qui donne au prognathisme facial un aspect plus exageré qu'il ne l'est en réalité. Au commencement du mémoire oü je m'occupe de ees piéces, j'ai dit que je n'étais pas anthropologiste et que par conséquent je n'allais pas entreprenclre l'étude de ees niatériaux avec le crité- riiun anthropologique, sinon au point de vue general et extensif du critérium paléontologique. Pour l'étude du cráne des mammiféres, les paléontologues ainsi que les zoologues et les anatomistes en genera!, n'emploient d'autre plan d'orientation que le naturel, qui est celui par lequel le bord inférieur des branehes mandibulaires re- pose sur la table, et comme paléontologue c'est celui que j'ai em- ployé. On me dit qu'avec cette orientation j'ai creé un progna- thisme plus accentué que le réel, niais ceci n'est vrai qu'en partie, c'est-á-dire en comparant ees figures avec celles orientées d'aprés les plans d'orientation anthropologiques, mais pas en les compa- rant avec les figures de cránes de singes inférieurs (Callithrix et autre?) orientes d'aprés le méme plan naturel. En ce que j'ai eu tort, c'est de faire des comparaisons entre ees figures orientées d'aprés le plan naturel et d'autres orientées d'aprés les plans usités en anthroj^ologie, car les resultáis ainsi obtenus il est évident qu'ils ne peuvent pas etre exaets. En tout cas, je m'empresse de reconnaitre, que le cráne de l'hom- me orienté d'aprés le plan naturel ne représente pas la position qu'il avait en vie, sinon qu'il apparait comme étant plus couché vers 1' arriére. Une autre critique aux figures, est qu'elles ont été reproduites de photographies exécutées avec le cráne trop rapproché de l'ob- jectif, ce qui a produit des images déformées par manque de pro- portion entre les parties antérieures et les postérieures: ainsi par exemple, les maxillaires et les malaires seraient dévenus trop gros en rapport du front qui apparait tres petit. Aprés l'examen des figures j'avoue que je ne vois pas cette dé- í'orniation, ou du moins je ne la trouve pas si considerable pour en teñir compte. D'ailleurs c'est un point secondaire sur lequel je ne veux pas insister. C'est a ceux qui examineront les figures données par Mochi et les rniennes, ainsi que les nouvelles que j'adjoins a ce travail. á juger de la valeur de sa critique et son fondement. Dans la monographie que je consacrerai a Homo ¡mmpaeus toutes les piéces seront figurées de grandeur naturelle AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 189 cTaprés des dessins au crayon faits d'aprés nature avec la plus grande exactitude possible. A la page 235 il confirme 1'exactitnde de ma description en ce qui regarde a la grande largeur du cráne entre les arcarles zigoma- tiques, le diamétre transverse du bord externe d'un are zigomati- que a l'autre dépassant de beaucoup le plus grand diamétre trans- verse de la boite cránienne. J'avais cru que ce caractére, commun cliez les singes, n'existait plus chez l'homme actuel. Le Dr. Moclii prouve le contraire, c'est-á-dire qu'on le trouve assez fréquem- ment a l'époque actuelle. A ce sujet il ne se contente pas de rele- ver mon erreur en citant un ou deux exemples, sinon cue sans aucune pitió á mon égard il fait une longue énumération de cránes de difíerents peuples chez lesquels ce caractére se présente d'une maniere plus ou moins accentuée. J'ai eu tort de généraliser tres hátivement les observations que j'avais faites sur un nombre de cránes tres limité. N'étant pas anthropologiste, j'ignorais l'exis- tence de ce caractére chez plusieurs races actuelles. mais je ne loublierai pas, et jóse espérer qu'avec des lecons semblables et malgré mon age avancé les anthropologistes feront encoré de moi un bon disciple. Malgré tout, laissant de cóté mon erreur, qui croyait que cette conforination ne se trouvait plus dans l'humanitó actuelle, sa sig- nification comme caractére primitif et essentiellement simien n'en reste pas moins vraie. Ala page 237, le Dr. Mochi clit. que le cráne quoique tres prog- nathe ne l'est pas au degré qui resulte avec l'orientation que je lui ai donnée; cela est sans doute indiscutable. Une autre caractére qui ne serait que le résultat de l'orien- tation que j'ai donnée au cráne est celui ele présenter la denti- tion tres en avant, une verticale tangente au point le plus posté- rieur du bord de l'orbite passant en arriére ele la derniére molaire. En changeant l'orientation du cráne de sorte qu'il soit plus penché vers l'avant. la clenture en relation des orbites vient se trouver naturellement plus en airiére. Comme l'orientation que j'ai donnée au cráne ne concorde pas avec les plans en usage il est clair que j'ai eu tort d'établir des comparaisons qui forcément clevaient clonner des résultats assez différents. Je retire clone tout ce cpie j'ai dit á ce sujet. Pourtant, je clois rappeler que je n'ai pas clonnó a ce caractére une valeur générique comme le dit l'auteur. En outre je persiste a croire que pour mesurer le degré cFavancement des molaires su- 190 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. périeures par rapport au borcl postérieur de l'orbite le procede que j'ai employé est á conserver, seulement qu'on doit s'en servir d'aprés un plan d'orientation uniforme. Maintenant que j'ai fait l'aveu de mes peches anthro]Dologiques, je vais passer á relever ceux que le Dr. Mochi, tout en étant an- thropologiste, a commis. Avant tout, je dois me plaindre de sa maniere de s'exprimer au sujet de l'état de ce cráne et de sa préparation. II dit: «Tutte le ossa craniensi e del rimanente scheletro sonó friabi- lissime. La loro superficie esterna é spugnosa, corrosa. Hanno un color paglierino molto chiaro, quasi biancastro. Quelle del cranio, della faccia e della mandibola vennero raccolte in frammenti, ma furono riconnesse, rafibrzate, e, col mastice se ne integrarono alcune parti mancanti. Questa ultima operazione fu eseguita (mi si perdoni la francbezza) in modo non troppo soddisfacente: quasi tutto il contorno orbitale sinistro, altre parti del mascellare supe- riore dello stesso lato, etc., furono malamente créate senza neppur curarse della simmetria con le corrispondenti regioni del lato opjmsto, per fortuna quasi integre; e i rami ascendenti della man- dibola vennero inventati senza nessun riguardo alia verosimi- glianza anatómica» (p. 226). Sur ce point le Dr. Mochi est bien injuste car il a pu voir que la préparation du cráne n'était qu'un travail préparatoire et provi- soire. Tout le matériel concernant l'homme fossile qu'on avait trouvé en 1909-1910, a l'époque des fétes et des différents congrés du centenaire était en voie de préparation (travail quin'estméme pas encoré terminé), circonstance qui m'aurait autorisé á le soustrairc a l'examen des visiteurs. Malgré cela, par un acte de courtoisie et de déférence, j'ai place le matériel en question dans l'état qu'il se trouvait a la disposition de tous les savants étrangers qiú ont voulu l'examiner, et il me semble que cette déférence de ma part na méritait pas l'acerbe critique du Dr. Mochi. Dans cette critique on y trouve en outre jdusieurs inexactitu- des dont je ne m'explique pas l'origine. Le cráne n'a pas été ramassé en fragments isolés. Je l'ai apporté au Musée dans un seul bloc de terre, avec la mandilnúe articulée au cráne et avec toutes les parties du cote droit en position, quoique fendillées en toutes directions; le cóté gauche avait deja été détruit «.ton n'a pu en recueillir que plusieurs morceaux isolés qui ont perdu leurs connexions. Au laboratoire du Musée on nettoya le AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 191 cráne de la terre ou il était enseveli et on en separa la mandibnle. Toutes les autres piéces on les laissa en place dans leurs connexions naturelles; sur k j s lignes de fractures on substitua graduellement le loess par du mástic. C'est ainsi qu'on a obtenu la conservation ilu cráne tel qu'il se trouvait dans le terrain. Si on en avait isolé les morceaux, dont quelques uns sont d'une friabilité incroyable on aurait jamáis pu le reconstituer. Ce n'est done pas á une recons- truction qu'on a á faire sinon a une préparation faite avec le plus grand soin, quoique sans jn'éter beaucoup d ? attention a la recons- truction des parties man- quantes qui n'a d'autre but que donner de la so- lidité a Fensemble, ees parties intégrées se dis- tingant toujours par leur couleur des parties naturelles. Ces prépara- teurs que M. Moclii traite si mal, ont pu sans le de- sarticule^ jílier le cráne jusqu'á lui faire prendre sa conformation symé- trique jjrimitive. corri- geant ainsi la déforma- tion postliume produite par la pression des con- ches mentionnée par l'auteur, et visible dans les premieres figures que j'aipubliées ainsi que sur celles données par M. Mochi. La nouvelle figure queje clonne du cráne vu de face (fig. 2) le montre tel qu'il est maintenant, les par- ties manquantes et intégrées artificiellement étant indiquées par des bachures. Cette figure est bien distincte de celle qu'en donne M. Mochi a la page '1'2J d'aprés une photographie qu'il fit exécu- ter au Musée par un des employés et sous sa direction. II a cru voir du mástic oú il n'y en a pas, et il a figuré le malaire du cóté gauche complétement isolé, tanclis qu'en réalité il est en parfaite connexion avec le maxillaire. et il constitue non seulement une partie considerable du bord inférieur de l'orbite, mais aussi \: bord gauche parfait de l'ouverture nasale. Fig 2. Homo pampaeus Am°h. Cráne de Xé- cochea numero 2, vu de face á la moitié de la 2,randeur naturelle. 192 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. M. Mochi dit que pour rétablir les véritables caracteres mor- phologiques de cette piéce il a été obligé d'en dormer de nouvelles figures orientées autrement et en y supprimant les parties inté- grées avec du mástic, — mais il resulte qu'il a supprimé non seule- ment les parties artificielles qui aident á mieux faire comprendre la morphologie genérale de la piéce, sinon qu'il en a supprimé aussi des parties en nature et essentielles comme celle que je viens de signaler. II nous dit aussi que pour arriver a plus d'exactitude il a fait le relévement de la courbe sagittale par le procede de la lame de plomb. Je transcris ce qu'il dit a ce sujet et je reproduis la figure qu'il donne de la courbe (pp. 228-229). «Nella norma laterale la curva sagittale assume ricostruendola un andamento ellissoidico, ció che risulta della nostra figura G (figure 3, ci contre) ma non dalla 7 perché tolta da una fotografía Fio;. 3. Cranio n. 2 di Nécochea. Curva sagittale. N, nasion, L, lambda. di Ameghino, eseguita, come si é detto, con l'apparecchio fotográ- fico tropo vicino al cranio ció che ingigantenclo le partí piú pro- minenti ha impedito la riproduzione del contorno sagittale me- diano. Ameghino fidandosi della fallace apparenza cli questa figura trova che il contorno superiore del cranio si innalza verso il dietro e sulla sua fecle il Sergi attribuisce anche a Xecochea n. 2 una figura laterale a triangolo.» La figure de la courbe sagittale donnée par Mochi est tellement réduite qu'elle ne permet presque aucune comparaison. Je ne trouve pas la moindre ressemblance entre cette courbe et celle réel- le du cráne bien visible sur la figure que j'en ai donnó. Je ne peux pas comprendre commentune photographie montrant le cráne vu dé cote ne doit pas donner le profil lateral exact. L'auteur trouve que la courbe sagittale comme il l'a reconstruite clans la figure 3 ne AMEG-HINO: SUR LA. PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 193 concorde pas avec le profil supérieur de la photographie que j'en ai publiée et qu'il reproduit dans la figure 7, en ce qu'il a raison: mais, la photographie donne la courbe exacte de l'original tandis que M. Mochi s'est laissó tromper par la lame de plomb. Le seul segment de la moitió antérieure du cráne dont on puisse relever exactement la courbe est celui du frontal dont la partie con- servée a 90 mm. de longueur. Je Tai calqué avec du plátre qui est absolument inflexible et me donne la courbe que je reproduis ci- contre (fig. 4) telle quelle. en grandeur naturelle. Elle est complé- tement distincte de celle de la figure 3 de Mochi mais elle con- Fig. 4. Courbe sagittale du frontal du cráne de Nécochea n. 2, en grandeur naturelle. g, glabelle; n, nasion. corde exactement avec celle qui donne le profil photographique -du cráne de sa figure 7. J'en ai reconstruit par intégration aussi exactement que possi- ble, la courbe sagittale presque complete et j'en donne sur la figure 5 la reproduction en grandeur naturelle; celle-ci anssi resulte bien clifférente de celle donnée par Mochi dans la figure 3. Un autre point relativement important et sur lequel il y a une certaine discordance est au sujet del'indice céphalique que j'avais donné comme étant crenvirons 60. L'auteur donne córame lon- gueur 186 mm. et comme largeur máximum 113 mm. ce qui donne un Índice céphalique de 63,4. J'ai pris plusieurs fois la largeur máximum intógrée par le calcul et j'ai obtenu comme terme moyen 112 mm. ? ce qui donne comme Índice céphalique, 60, le j>remier chiffre obtenu. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Abiul 25, 1911. 13 194 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 555 5 AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 195 Une déclaration tres importante que fait ici M. Mochi. c'est que le front est excessivement fuyant et que cette conformation est bien naturelle; on doit exclure, dit-il, toute origine artificielle. L'auteur d'aprés plusieurs caracteres qu'il ne cite pas considere le cráne comme masculin. Je le retiens au contraire pour celui d'une femme tel comme je l'avais determiné la premiére fois. Ensuite l'auteur entre dans une tres longue et savante disserta- tion sur le dóveloppement et la signification de la visiére, des bou- rrelets susorbitaires, des sinus frontanx et de la glabellc. Dans cette remarquable partie de son étude il arrive a la conclu- sión que la visiére n'est pas un caractére si primitif comme je le crois, et que méme d'accord avec mes conceptions phylogénétiques genérales on doit considérer comme type initial ou primitif celui oü il y a absence de visiére. Dans l'évolution des étres tout est relatif, de sorte qu'un carac- tére consideré comme primitif chez un mammifére, peut étre au contraire un caractére d'évolution avancée chez un autre. Jugeant d'aprés un point de vue general, il est clair que le cráne sans visiére a precede celui pourva de visiére, de sorte que les mammiféres qui en sont depourvus doivent étre plus primitifs. Mais, il pent se donner le cas d'un mammifére qui ayant acquis la visiére Taurait ensuite perdue: or,dans ce cas l'absence de visiére ne ser ai t pas un caractére primitif sinon un caractére d'évolution avancée. Pour juger de la signification de la visiére il faut done connaitre avant tout le procés de sa formation. et déterminer si cette formation est antérieure ou non a la constitution du groupe des Primates, ce groupe pris dans son accej^tion moderne qui en exclue les Lémuriens. La questionainsi posee, nous voyons que ce caractére est exclu- sif des Primates, et c'est chez eux qu'il s'est constitué pour la pre- miére fois puisqu'on ne le retrouve pas chez les autres mammifé- res. du moins sous la forme d'un toit ou lame dirigée vers l'avant. En passant des mammiféres communs anx Primates et par l'in- termédiaire des Lémuriens on peut suivre toas les stades de la formation de la visiére. Celle-ci est le résultat de la fusión de l'apophyse postorbitaire du frontal avec l'apophyse postorbitaire et ascendante du zygomatique. Chez les mammiféres communs les orbites sont laterales, c'est a diré qu'elles regardent de cóté et sont en partie protegées par une expansión laminiforme du frontal également latérale, et dont le point le plus saillant constitué l'apophyse postorbitaire. Cette 196 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. apophyse se fnsionne aprés avec l'apophyse clu zygomatique en- tourant l'oeil d'un cercle complet, qui se tourne partiellement vers l'avant, mais clont le fond reste ouvert de serte á communi- quer librement avec les fosses temporales: c'est la coiiformation caractéristique des Lémuriens. Ensuite le fond d¿s orbites se cloisonna avec une lame osseuse qui le separa des fosses temporales, les orbites se tournérent vers l'avant ainsi que le toit laminiforme qui les protégeaient, ce toit constituant alors la visiére sous la forme d'une lame osseuse minee et large, clirigée vers l'avant dans une direction presque horizontale ou peu oblique vers le bas. C'est la forme que nous trouvons chez les Arctopitliéques, qui sont les plus primitifs des Singes. On peut done afhrmer que ce caractére est apparu an moment méme de la constitution du groupe de Primates, de sorte que dans ce groupe la visiére est un caractére primitif, qui s'est conservé presque sans changement dans quelques lignes, qui s'est modifié chez d'autres, et qui a dispara dans plusieurs. Les principales transformations de cette visiére laminiforme primitive consistent: premiérement dans un fort épaississement general auquel suit la formation de bourrelets susorbitaires separes des borcls orbitaires par un sillón: aprés par la fusión des bour- relets susorbitaires avec les bords orbitaires le sillón disparait et finalement il y a fusión des bourrelets avec la glabelle. Les derniers stades de cette évolution constituent des caracteres de haute spécialisation qui rendent ees parties inadaptables et con- duisent fatalement a l'extinction des espéces qui les présentent. II est impossible que les fcypes qui ont atteint ees derniers stades puissent rétrograder perdant graduellement en direction inverse les parties osseuses acquises,et voilápourquoi je considere rhomme de Neanderthal comme une espéce éteinte. L'épaississement de la visiére sous différentes formes qu'on peut observer chez les Anthropomorphes et les Singes, aussi bien que chez plusieurs races humaines, n'est pas un Índice de relations phylogénétiques: c'est un caractére poliphylétique qui est apparu et s'est développé sous une forme absolument indépendante chez différents genres de Singes, et chez les différentes espéces et races d'hommes qui ont conservé des vestiges de la visiére. Chez les espéces et les races d'hommes plus élevées, la visiére, au lieu de s'épaissir s'est graduellement atrophiée jusqu'á disparaitre selon unprocés évolutif que j'ai expliqué dans mon mémoire sur le Diprothornme. Le méme phénoméne s'est aussi eífectué et sous AMEGHINO: SUK LA PALÉOAXTHROPOLOGIE ARGENTINE. 197 une forme égalenient inclépendante. diez plusieurs genres de Sin- ges, comme Áteles, Saimiris, plusieurs espéces de Cebus, etc. Chez tous ees étres, cette conformation ne représente done pas un caractére primitif sinon un stade d'évolution tres avaneée, acqnis inclépendamment par les races hnmaines les plus élevées et les genres de Singes susmentionnés. Ces Singes sans visiére (Áteles, Saimiris, etc.) ne représentent done pas la condition primitive comme le eroit le Dr. Mochi, sinon un degré d'évolution dans lequel ils ont laissé en arriére plusieurs espéces et races du genre Homo (Romo neanderthal ensis, Homo pampaeus, australiens néan- derthaloídes, etc.). h'Homo pampaeus qui conserve la visiére sous la forme primi- tive, sans épaississement de ses bords antérieurs et sans qu'il s'y soit développé des bourrelets susorbitaires, représente clone une espéce du genre Homo excessivement primitive, sous ce rapportla plus primitive que jusqu'á maintenant on ait trouvée. J'aurai probablement l'occasion de m'occuper de cette question plus longuement, et de faire alors ressortir l'importance et la signi- fication des nombreuses observations du Dr. Mocbi a ce sujet. L'auteur termine ses observations sur le cráne de Nécocliea n. 2 en faisant remarquer que la taille de 1.30 a 1.50 que j'attribue a l'Homme de Nécocliea (Homo pampaeus) lui parait trop basse. II mentionne comme source de ce renseignement mon mémoire, Geología, Paleogeografía, etc. * mais ce que je dis (p. 179 et 24 du tirage a part) est que la taille était d'environ 1.50. ce qui est une cbose bien clistincte. Une me reste qu'á diré quelques mots sur les figures. J ai deja fait remarquer plus haut que sur la figure ele face de la page 27 il a supprimé des parties importantes qui existent dans l'original et il en a fait ele méme dans la figure 9 sur la plan- che V. Dans la figure 3 je donne la vue de face d'aprés un dessin pris elu naturel oú sont soigneusement incliquées les parties inté- grées artificiellement. Dans la figure 7 il donne la vue de cóté d'aprés la méme photo- graphie dont je m'étais servi pour la figure que j'en avais publiée, mais il l'oriente autrement et il supprimé de la mandibule non seu- lement les parties artificielles mais aussi des naturelles. 1 Ameghino Fl. Geología, Paleogeografía, Paleontología, Antropología de la Pepít- blica Argentina, dans le numero extraordinaire de La Nación du 25 Mai de 1910, pp. 174-180, et tirage á part in 8° de 26 pages. 198 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. J'aicléja reconnuqae l'orientation que j'avais donnéeáce cráne n'est pas d'accord avec les rnéthodes usitées en antliropologie. M. Mochi l'oriente d'aprés le plan alvéolooondylien, mais comme toute la región des condyles manque, c'est clair que la position n'est qu'approximative. Dans ees circonstances j'ai vonluessayer les re- sultáis de l'orientation frontoglabellaire; j'ai -pl-a.ee le cráne dans le Fig 6. Homo pampaeus. Cráne de Nécochea n° 2, vu de cóté, á moitié de la grandeur natux-elle. craniorienteur et j'ai obtenu une orientation presque identique a celle que lui a donnée le Dr. Mochi: je la tiens done pour esacte l . Mais ce changement d'oríentation ne niodifie en rien la disposition du frontal ¡Dar rapport aux orbites; il reste toujours un cráne sans front. Je profite de l'occasion pour donner une nouvelle figure du cráne vu de cóté (fig. 6) dessiné d'aprés nature et avec l'indication precise despartios intégrées artificiellement. 1 Pour l'orientation. frontoglabellaire, voir, Ameghino Fl. La calotte du Dipro- thomo d'aprés l'orientation frontoglabellaire, in Anal. Mus. Nac. de Buenos- Aires, ser. 3. a , t. xv, pp. 1-9, avec 4 planches. Janvier 1911. AMEGRINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE AEGENTINE. 199 La figure 8 clu mémoire du Dr. Moclii qui représente le cráne vu d'en liaut a été photographiée avec une orientation bien distincte de celle donnée a la figure 7, de facón a ne laisser voir absolument rien de la face, que sur la figure de cote on voit se prolonger en avant de la glabelle. L'auteur dit l'avoir orientó d'aprés le diamé- tre antéro-postérieur, mais alors il devrait se présenter sous une \^ Fig. 7. Homo ¡jampaeus. Cráne de Xécochea numero 2, vue d'en haut á la nioitié de la erandeur naturelle. forme plus allongée. On est sans doute en prósence des rósultats d'un défaut dans l'orientation de l'objectif, qui au lieu de regarder le cráne d'en haut en direction absolument verticale, le regardait un peu obliquement d'avant en arriére ce qui a fait diminuer un peu la longueur en proportion de la largeur. Je donne une nouvelle figure du cráne vu d'en haut (fig. 7) des- sinée également d'aprés nature, avec le plus grand soin dans les proportions et placó en orientation frontoglabellaire. 200 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. Ce défaut dans l'orientation de l'objectif photograpliique se repéte d'nne maniere encoré plus accentuée dans la figure 11 du mémoire du me me auteur, figure qui représente le palais avec la denture. Le contour des arcades den taires se présente fortement alteré ainsi que les proportions, le palais résultant tres large en relation de son diamétre antéro-postérieur. La position des apo- physes zygomatiques par rapport auxjnolaires apparait aussi tout autre qu'elle n'est en nature. Le clair-obscur de la figure suffit pour découvrir la cause de cette déformation. L'objectif au lieu d'avoir Fig. 8. Homo pampaeus. Palais du cráne de Nécochea n° 2, vu de grandeur naturelle. été dirige directement au centre du palais, le foyer est tombé sur celui-ci en direction un peu oblique d'arriére vers l'avant, d'oú est resultó que le diamétre antéro-postérienr a été notablement diminué par rapport á la largeur. Dans la figure 8 je donne une vue du palais, des arcades dentaires AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 201 et des apophyses zygomatiques en grandeur naturelle, dessinée comme les precedentes d'aprés nature et avec le plus grand soin en ce qui regarde aux proportions; on a qu'á la comparer avec celle qu' en a donné M. Mochi pour que les grandes differences qui les séparent apparaissent immédiatement á la vue. CRANE DE NÉCOCHEA X.° 3. Ce cráne n'est representé que par des morceaux isolés. Voici ce que l'auteur en dita la page 244 de son rnémoire. «Framrnenti d'un cranio tróvate- col precedente.» «II fram mentó maggiore, Túnico interessante, consiste in una piccola parte della porzione mediana anteriore del frontale. Per communicazione órale dell, Ameghino so che adtsso egli dubita molto della somiglianza di questo pezzo con i corrispondenti di Necochea n.° 1 et 2, e che é proclive a vedervi un tipo umano a morfología piú recente. Infattinoto che ilframmento presenta un principio cli curva sagittale incliziante una fronte non tanto bassa e sfuggente e porta una massa glabellare assai sviluppata: forse aveva un certo infossamento della raclice nasale.» Je suis bien desoló que M. Mochi ait entendu presque tout le contraire de ce que verbalement je lui avais expliqué et que ses yeux aient vu le contraire de ce que ees morceaux montrent. Ce que j'ai lui avais dit, c'est que le morceau de frontal me parais- sait encoré plus aplati que les parties correspondantes des cránes de Necochea n° 1 et n° 2, et que ce plus grand aplatissement était peut-étre le résultat d'une déformation post-mortem produite par la pression des conches. C'est un doute qui m'était venu en présence du plus grand aplatissement que montrait cette región, mais jen'ai jamáis dit ni pensé que ce morceau pouvait provenir d'un type distinct ámorphologie plus récente. Jene peux pas non plus com- prendre comment il a pu voir sur cette piéce un commencement de courbe sagittale indiquant un front moins fuyant et avec une mas.se glabellaire plus développée, quand c'est précisément l'aspect opposé qui pour un moment m'avait porté a croire a l'existence d'un aplatissement produit par la pression de la terre. Derniérement on a pu ajouter a ce morceau un autre fragment et maintenant il laisse voir sur le cóté interne la créte métopique 202 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. parfaite formant une courbe symétrique sans le moindre vestige d'avoir oté déformée par pression, prouvant ainsi que sa conforma - tion est bien naturelle. Jai fait une comparaison soignée de ce morceau et jai pu m'assurer qu'il appartient a un cráne du méme type que les deux précédents mais plus rapproclié du numero 1 que du numero 2. La masse glabellaire est tres faible et sa direction demontre qu'il ne jDeut pas y avoir eu un enfoncement de la región du nasion ce qui concorde aussi parfaitement avec les deux précédents. En fin, Nécochea numero 3, ainsi que le numero 1, prouvent que chez 1' Homo pampaevs l'amétopisme ou surbaisse- ment de la voute frontale pouvait atteindre un degré encoré plus notable que celui que nous montre le cráne de Nécochea numero 2. SYSTÉMATIQUE ET RELATIOXS. Terminé; la description des trois cránes de Nécochea, l'auteur aux pages 245 et suivantes de son mémoire passe á étudier leurs relations anthropologiques et la position systéinatique du type qu'ils représentent. II commence par rappeler que j'ai fondé 1' Homo pampaeus sur le cráne de Miramar, incluant aprés dans la méme espéce les trois cránes de Nécochea. II dit qu' au commencement, j'étais daiis le cloute ele si cette espéce ne pourrait pas appartenir á un genre distinct ; le Prothomo, soit l'antécesseur immédiat de l'Homnie, mais que d'aprés mes derniéres jDublications le doute s'était trans- formé en róalité car j'inscris ce type sous le nom de Prothomo pampaeus. La difterence générique a été reconnue aussi par Sergi qu'il en a fait le genre Archeanthropus. Pour étre juste, je dois rappeler que c'est le professeur Senet 1 qui le premier a separó définitivement Homo pampaeus comme genre á part sous le nom de Prothomo. Aprés, le Dr. Mochi se pose la question de savoir si le cráne de Miramar et ceux de Nécochea ap]3artiennent á un méme t}^pe morphologique ou non. Plus haut j'ai déjá dit qu' en traitant du cráne de Miramar l'auteur luí trouve une ressemblance avec celui de Fontezuelas, et qu'en conséquence il le refere á la race de Lago- 1 Senet Rodolfo. Los ascendientes del hombre según Ameghino, in Boletín de la Instrucción Pública, t n, pp. 464-509, a. 1909, et tirage á part de 52 pages. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 203 Santa. Ici il insiste sur cette ressemblance, et il cherche a démon- trer que le cráiie de Miramar ne ressemble pas a ceux deNécochea: que ceux-ci sont d'untype morphologique distinct, et que c'est seu- lernent a ees derniers qu'on doit restreindre le nom de Homo pair- jmetis, — et méme pas a tous, puisque selon luí les fragments du n° 3 possédent des caracteres aberrants. Je viens de diré ce qui en est des fragments du numero 3 dont les parties conservées sont parfaitement identiques á celles corres- pondantes des números 1 et 2; le cráne du numero 3 était done du méme type mais avec le front encoré un peu plus fuyant. Plus haut, en examinant la partie qui traite du cráne de Mira- mar 7 j'ai aussi demontre l'impossibilité de le faire rentrer dans le méme type que celui de Fontezuelas. II ne me reste clone qu'á dómoñtrer qu'il est impossible de séparer le cráne de Miramar comme représentant un type morphologique distinct de ceux de Necochea. mais avant je dois présenter les arguments de M. Mochi qu'on trouve aux pages 245-246 de son mémoire. «Miramar, secondo la norma superiore é ovoide, secondo la late- rale trapezoide o meglio triangolare, ed ha il diámetro transverso massimo e il vértice situati molto indietro; mentre Necochea é elli- soide in ambedue le norme, col vértice non lontano dal bregma e i punti di massima larghezza in avanti: il primo é piuttosto grande, con discreta larghezza frontale, il secondo é piccolo, stenometopo. Circa a la faccia questo é leptoprosopo iperipsignato, leptorino, fortemente macroconco e ipsiconco, l'altro ha il trato nasio alveo- lare corto, Torbita cameconca e non grande, e sembra fosse meso- o platirino. Le mandibole hanno diversitá che son ben visibili nelle nostre figure 2 e 7.» Dans le cráne de Miramar ce qui reste de la partie faciale au-dessous des bords orbitaires supórieurs se réduit a si peu de chose qu'on ne peut en relé ver aucun caractére précis. L'auteur fait bien mention des caracteres spéciaux de la face de Necochea n.° 2 qui le distinguerait ele celui de Miramar, mais a une excep- tion prés il ne determine pas la valeur precise de ees mémes ca- racteres dans ce dernier. Je ne peux done prendre en considé- ration les arguments qu'il tire de la conformation du rostre, qui dans le cráne de Miramar manque presque en totalitó. Comme j'ai deja eu l'occasion de le répóter, le cráne de Miramar ne présente qu une seule dépression artificielle, placee sur l'occi- pital, mais non d'origine intentionnelle sinon produite par le décu- bitus dorsal pendant le premier age comme l'indiquent tres claire- 204 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ment sa positiou et sa forme. Cette pression produite pendant l'áge oú les os sont encoré j)lastiques, a eu pour résultat d'aplatir la re- gión postérienre constituée par la partie supérieure de l'occipitalet l'inférieure des pariétaux. donnant origine a une surface píate, irréguliérement circulaire et presque verticale. Cette pression vers l'avant produisit une altération genérale dans la eonformation de la partie postérieure clu cráne, diminuant un peu son diamétre antéro-postérieur et rendant j}lus large et aussi un pen plus haute la partie postérieure. Cela établi il est facile de constater que la presque totalité des caracteres qui d'aprés M. Mochi séparent le cráne de Miramar de ceux de Nécocbea pour le rapprocher de celui de Fontezuelas, sont dus a la cléformation en question: les restants constituent des diffé- rences peu importantes qui s'expliquent parla différence de sexe, celui de Miramar étant masculin et celui ele Nécocliea n.° 2. féminin; et aussi par la différence de grancleur, le premier d'accord avec le sexe étant un peu plus granel que le second. En regardant les cránes de cóté on apercoit clans leur moitié postérieure une lointaine ressemblance entre ceux de Miramar et Fontezuelas, consistant en un aplatissement cíela región pariéto- occipitale, mais cette ressemblance n'est qu'apparente et le résultat de causes bien clistinctes. Dans Fontezuelas, la región aplatie constitue une ligne forte- ment oblique qui va d'avant en arriére et d'en haut vers le bas. C'est l'aplatissement pariéto-occipitalqui apparait clans beaucoup de races et chez des individus de toute race, qu'on retro uve deja dans Neanderthal et qui n'est pas artificiel. Le professeur Sera qui vient de s"en oceuper assez longuement l'attribue á un procés pbysiopathologique 1 . Dans Miramar la ligne d'aplatissement au lieu d'étre oblique est a peu prés verticale d'accord encela avec l'origine de la défor- rnation produite par le décubitus dorsal, mais de 1'aplatissement parióto occipital pkysiopatliologique du cráne de Fontezuelas il n'y en a pas le moindre vestige. Yu d'en haut. le cráne de Miramar apparait de contour ovoide parce que la región postérieure a été aplatie en arriére et par conséquent raccourcie et clevenue plus large: sans cette déforma- 1 Sera. G. L. Sol significólo della platicefalia con speciale considerazione dtlla razza di Neanderthal, ¡n Archivio per V Antropología tt la Etnología, Yol. xl., 1910» et íi. 1911. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 205 tion ce cráne serait aussi ellipsoide que celui de Nécochea. Vu de cóté, celui de Miramar est sans doute un peu plus haut que celni de Nécochea: cela aussi est du á la méme dépressiou occipitale qui a un peu relevé la parfcie postérieure; á part cela je ne vois pas entre eux des différénces appréciables. Je trouve que dans celui de Nécochea le vértex devait tomber assez en arriére du bregma et á peu prés dans la niéme position que dans celui de Miramar: il s'agit d'ailleurs d'un caractére qui parait propre a toutes les races humaines les plus primitives. Le cráne de Miramar a son plus grand diamétre transverso appa- remment plus en arriere que celui de Nécochea, du aussi a la dépre- ssiou occipitale qui a raccourci la partie postérieure et élargi celle qui vient immédiatement en avant. C'est ce qua reconnu aussi le Dr. Mochi, qui plus haut, á la page 2*22;, en décrivant le cráne de Miramar, dit: «A parer mió l'azione deformante voluntaria ha agito fortemente sopra la fronte, schiacciandola, e sulla parte poste- riore del cranio appiattendola un poco e producendo quindi l'effe- tto di spostare indietro la larghezza massima la quale anche qui, come in molti crani deformati, cade sulle -gobbe parietali rimaste assai prominenti.» La preuve qu'il en est ainsi c'est que dans les deux cas le diamétre transverso máximum tombe au niveau des bosses parietales. La différence de grandeur entre les cránes de Miramar et Néco- chea n.° 2 est trop petite pour faire supposer une différence de race, et les variations individuelles ainsi que celles du sexe sont plus que suffisantes pour l'expliquer. L'auteur trouve aussi une différence dans le front qui serait assez large dans celui de Miramar et tres étroit dans celui de Nécochea. Je trouve au contraire qu'ils se rapprochent singulié- rement sous ce rapport. Celui de Nécochea avec un retrécissement postorbitaire mínimum de 86 muí. et celui de Miramar avec 91 mm. rentrent dans les chiffres les plus bas ou dumoins bien au-dessous de la moyenne. La petite différence s'explique facilement par la différence de grandeur et de sexe. La race de Lagoa Santa a une lar- geur frontale postorbitaire mínimum (Fontezuelas, 97 mm., Arre- cifes, 96 mm.) au-dessus de la moyenne humaine. Le cráne ele Miramar coincide aussi avec ceux de Nécochea, par le notable avancement des bords orbitaires inférieurs sur les supérieurs et dans fabsence ele la dépression de la región du na- sion, ce dernier caractére uni aux précédents étant d'une impor- tance decisive. Plus haut j'ai deja fait remarquer que la platy- 206 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 207 eephalie frontale du cráne de Miramar l'éloigne d'une maniere absolue du cráne de Fontezuelas. M. Mochi tro uve encoré des différences entre Miramar et Néco- chea dans la conformation de la mandibule sans diré pourtant en quoi elles consistent. Je les ai comparées et je les trouve presque absolument identiques dans leur conformation genérale, dans la forme du mentón, dans le grand épaisseur de la symphyse et des branclies horizontales, dans la conformation de la surface symphy- saire interne et aussi, dans la conformation des dents. Par contre, on ne peut trouver rien de plus dissemblable que le contour en U étroit et prolongé de la mandibule du cráne de Miramar et le contour élargi et énormément divergent en arriére des branches de la mandibule de Fontezuelas. II est pour moi absolument évident qu'il n'y a aucune relation entre le cráne de Miramar et ceux de la race de Lagoa Santa. Les rapports morphologiques entre le cráne de Miramar et ceux de Nécochea sont au contraire si étroits que je ne puis moins que les considérer comme appartenant á un méme type, V Homo pampaeus. La courbe sagittale de Miramar et Nécochea n. 2 est presque absolument la méme ; je les donne ici toutes les deux superposées et en grandeur naturelle, celle de Nécochea n. 2 intégrée, mais d'aprés les parties existantes le trajet restauré ne pouvait pas s'éloigner de la forme indiquée. Au-dessous j'y ai ajouté aussi la courbe sagittale du cráne de Nécochea n. 1 (fig. 9). II sufíit d'un simple conp d'oeil aux deux courbes sagittales, de Miramar et de Nécochea n° 2, pour reconnaitre immédiatement que la petite discordance entre les deux qu'on observe en arriére est le résultat de l'aplatissement de l'occipital du premier, qui a porté sa surface un peu plus en avant, et a relevé un peu vers le haut la región postéro-supérieure des pariétaux. Sans cette dófor- mation les deux courbes co'incideraient presque en absolu. Dans la figure 10, je donne la courbe sagittale de deux autres cráne s humains fossiles trouvés tout derniérement dans le pam- peen inférieur de l'intérieur de la Pampa, dans une petite lagune qui se trouve dans la proprieté de M. Carlos Guerrero prés de la ííare de Bandtraló a 500 km. a l'Ouest de la ville de Buenos Aires '. 1 Ces deux cránes trouvés avec des nombreux objets en pierre et en os, appar- tiennent au Musée de la Faculté de Philosophie et Lettres de l'Université de Buenos Aires. lis coi'ncident avec ceux d'Homo pampaeus par leur front excessi- vement fuyant et leur dolichocéphalie extreme, mais par d'autres caracteres ils 208 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ir K a) tí a O Fh (V Jl a> CQ tí Fh «8 O ü &E s AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINÉ. 209 Au-dessous ry ai ajouté celle du cráne de Homo caputinclinatus du pampeen supérieur de l'Arroyo Siasgo. Toutes les trois sont de grandeur naturelle. Tous ees cránes sont de conf ormation naturelle, c'est-á-dire sans vestiges de déformation frontale artifieielle et prouvent que les l^lus anciens représentants du genre Homo qui habitaient les plai- nes de l'Argentine pendant le pliocéne moyen étaient tous sans front ou á front excessivement fuyant, et que quelques unes de ees formes primitires ont subsiste jusqu'au pampeen sivpérieur. Le Dr. Mochi reconnait que Homo pampaeus tel qu'il est repré- sente par les cránes de Necochea présente une association de caracteres si particuliers qui ne peut rentrer dans aucun des types crániens humains connus. Mais, se demande-t-il, ce type constitue un genre, ou une simple varieté bumaine ? II ne se prononce pas á se sujet d'une maniere precise, mais il considere que ce type nommé Homo pampaeus, a, par rapport á Homo sapiens a peu prés la méme valeur que Homo neandertha- lensis. Pour ma part je le considere comme une genre distinct á : Homo et qui en serait le précurseur direct. Pour cette distinction géné- rique il me suffirait d'un seul caractére, l'absence du segment frontal (platycéphalie frontale), c'est-á- diré le front excessive- ment plat et fuyant et á un degré comme on ne le retrouve pas normalement ni dans Homo neanderthal ensis ni dans aucun autre représentant du genre Homo, du moins comme caractére normal. L'apparition sporadique de ce caractére chez quelques iñdividus, surtout dans les races inférieures, n'invalide pas cette conclusión, car, cette réapparition n'a pas plus de valeur que la réapparition, également sporadique ebez l'bomme, de plusieurs caracteres pro- pres des Singes. Pour juger de la grande valeur de ce caractére il suffit de rappe- ler que le front de Homo pampaeus est plus bas que celui de plu- sieurs Singes sud américains, par exemple Áteles, Saimiris, et méme quelques espéces du genre Cebas. Cette absence du segment frontal est un caractére réel, indé- pendant de l'orientation du cráne, qu'on observe dans n'importe quelle position qu'on place ce dernier. s'éloignent de tous les types connus. Si ma santé, actuellement bien précaire, me le permet, j'espére en donner en collaboration avec mun distingué collégue le Prof. Juan B. Ambrosetti une description détaillée avec les illustrations corres- pondantes. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Abril 28, 1911. 14 210 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. L'absence du segment frontal est une conclition par laquelle a clú nécessairement passer le cráne dans son chemin évolutif du type du Singe au type de l'Homme. L'apparition de ce segment est en relation avec le grand développement acquis en méme temps par les lobes frontaux et ce développment est en relation avec celui des facultes intellectuelles. L'Homme, ne mérite ce nom qu'á partir du moment oú son intelligence fit un saut qui le placa bien au-dessus de ses ]3récurseurs. A ce distinctif principal on peut ajouter: la présence d'une visiére sans bourrelets susorbitaires ni ópaississement de ses borcls antérieurs; l'absence de l'enfoncement de la región du nasion: les nasaux dans la méme direction ele la partie antéro-inférieure du frontal; la grandeur des orbites et sa hauteur plus considerable que la largeur, ainsi que la forme de leur contour. La reunión de tous ees caracteres ne se trouve chez aucun repré- sentant connu du genre Homo. En zoologie et en paléontologie on établit des genres sur des caracteres de bien moinclre importance que ceux que je viens de mentionner. Plusieurs genres de Singes presen tent dans leur cráne des différences de moinclre impor- tance que celles qui séparent le cráne d'Hotno pampaeus de celui á'Homo sapiens. A cet Homo pampaeus M. Mochi lui trouve des ressemblances avec les esquimaux, et en clebors des Hominiens il lui trouve plu- sieurs caracteres propres des Hapalidés (Arctopitliéques). A ce propos pour expliquer ees rapprochements il s'étend. longuement sur des hypothéses dont pour le moment je n'ai pas a m'occuper, mais je clois diré quelques mots au sujet du final de l'étucle qu'á la page 250 il dédie á Homo pampaeus. «Se Uarcaicitá é grande non lo stesso puó dirsi deH'antiehitá geológica di questo reperto, provenendo esso dal quaternario 7 probabilmente medio (cfr. qui al Cap. I). E ció ha molta impor- tanza perché in Europa si banno giá forme umane in tempi ante- rior! o, per lo meno, sincroni; e — non volendo ricorrere all'ipotesi di una strana sopravivenza — non si puó quindi accogliere l'opi- nione di A. ebe vedrebbe in pampaeus il cliretto progenitore di tutte queste forme. A ció si oppone anche la specializzazione che Nécochea presenta.» On le voit, — les déductions penvent étre bien diferentes selon l'antiquité qu'on attribue á cet ancien ty]3e américain. L'auteur reconnait que par ses caracteres il a un aspect tres archa'ique, mais comme il le suppose d'ópoque géologique relativement récente — AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENT1NE. 211 quaternaire moyen — il ne croit pas qui il puisse étre un ancétre des anciens hommes fossiles d'Europe, puisque ees derniers appa- raissent a peu prés vers la méme époque. En ce qui concerne l'antiquité géologique dans mon mómoire précédent on a deja vu ce qui en est. Homo pampaeus datant du pampeen moyen il est certainement d'époque pliocéne et par con- séquent bien plus ancien que tous les fossiles humains d'Europe, dont les plus anciens ne remontent pas au-delá du quaternaire iu- fórieur. Au point de vue de l'antiquité il a jjrécédé les anciennes races fossiles d' Europe et á ce point de vue il peut bien en consti- tuer la souche. Cette descenclance serait impossible seulement dans le cas que Homo pampaeus aurait efíectivement des caracteres de haute spécialisation, par lesquels, il aurait dépassé dans son óvolution les anciennes races fossiles d'Europe. M. Moclii dit que la spécialisation que présente Homo pampaeus s'oppose a cette clescendance, mais, malheureusement il ne nous dit pas en quoi consiste cette spécialisation. Je trouve que le vrai est précisément l'inverse de ce qn'afnrme M. Mochi, — que le cráne 6l Homo pampaeus au lieu d'étre spécialisé est tres généralisé. Dans la voúte du cráne, par exemple, la généralisation consiste dans le cráne a face supérieure plus ou moins píate de la généra- lités des mammiféres. La spécialisation consiste dans le cráne haut, a voute tres convexe, surtout dans la partie antérieure, ce dernier caractére étant propre des races humaines les plus ele- ves. Homo pampaeus, avec son cráne excessivement plat, presque sans front, est parmi les Hominiens une forme hautement généra- lisée. Nous avons déjá vu qu'il y a méme plusieurs Singes a front plus relevé. Dans le contour horizontal du cráne, la spécialisation va du cráne étroit et allongé de la généralité des mammiféres et des Pri- mates inférieurs aux cránes larges et courts des races humaines supérieures qui, sous ce rapport présentent le plus haut degré de spécialisation. Le cráne ele Nécochea, excessivement allongé et tres étroit, représente un stade généralisé commun á tous les Singes du Nouveau Monde et a beaucoup de ceux de 1' Ancien. Dans les bourrelets susorbitaires, la spécialisation commence par répaississement de la visiére suivi par la formation rudimen- taire des bourrelets á cote de la glabelle et par leur développe- ment graduel en hauteur, grosseur, largenr et longueur; c'est le procés vers la bestialisation. Chez THomme le plus haut degré de 212 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. spécialisation dans la voie de la bestialisation a été atteint par Homo neanderthálensis. C'est cette haute spécialisation qui prouve que c'est une forme disparue non par transformation sinon par extinction. Homo pampaeus qui tout en possédant une visiére ne présente méme pas le commencement des bourrelets, est sous ce rapport une forme généralisée. La visiére est apparue avec la constitution méme du groupe de Primates (voir plus liaut pag. 195-197); dans ce groupe c'est done un caractére généralisé. La spécialisation s'est produite en deux di- rections divergentes. L'une est celle qui aboutit á la formation des bourrelets susorbitaires dont je viens de tracer le chemin. L'autre, qui dans ce cas est -synonyme d'humanisation, de progression ou perfectionnement;, c'est la tendance á la disparition de la visiére produite par le développement des lo bes frontaux, disparition qui a été atteinte par les races humaines supérieures et aussi par plusieurs Singes sudaméricains a lobes frontaux assez développés (Saimiris, Áteles). Homo pampaeiis avec sa visiére bien develo p pee et qui ne sup porte pas de bourrelets susorbitaires, est a ce point de vue le type huniain le plus généralisé jusqu'aujourd'hui connu. Les orbites grandes, aussi hautes que larges ou plus liantes que larges, est la conformation propre aux Primates en general, est par conséquent le caractére généralisé. La spécialisation consiste dans la diminution de la grandeur des orbites, et surtout dans leur diminution en liauteur et dans leur élargissement transversal, du moins en relation au diamétre vertical, conformation acquise par l'Homme actuel: elle se présente aussi tres accentuée parmi les australiens et les tasmaniens, ainsi que cliez Homo neanierthalensis , et a peut-étre atteint son plus liaut degré dans le vieillard de Cro- Magnon. L'Homme de Nécocbea avec ses orbites tres grandes et plus hautes que larges est done un type tres généralisé. Dans la conformation des os nasaux la généralisation consiste dans les os du nez disposés sur un méme plan horizontal ou a peu prés avec les frontaux comme dans la plupart des mammiféres. La spécialisation consiste en une inclinaison graduelle des nasaux vers le bas en relation des frontaux, inclinaison dont la progression finit par incliner aussi vers le bas la partie antérieure interorbitaire du frontal qui devient graduellement plus perpendiculaire; aprés la partie la plus inférieure du frontal (projection glabellaire infé- rieure) commence a s'invertir graduellement en arriére donnant origine á l'enfoncement de la región da nasion, spécialisation qui atteint son plus haut degré chez les australiens et quelques AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 213 anciens patagons, et que plus ou moins accentuée 011 retrouve aussi dans les races bumaines élevées. Le méme baut degré de spé- cialisation a étó atteint indépenclanimeiit par plusieurs Singes de l'Ancieii Continent. L'Homme ele Nécocnea, avec ees nasaux sur mi méme plan oblique que la partie antérieure du frontal et sans en- foncemeiit ele la región du nasion esc le type humain le plus géné- ralisé connu. En vue de ce qui precede j'arrive á la conclusión que, par ses caracteres généralisés, Homo pampaetts est un type qui róunit toutes les conditions d'organisation nécessaires pour avoir pu donner origine non seulement aux diflérents peuples d'Amérique, mais aussi aux anciennes races fossiles d'Europe, avec la seule exception de Homo (Pulaeanihropiis heidelbergensis) ] qui repré- sente une branche latórale de l'humanité qui s'est séparée de tres bonne beure et qui s'est éteinte sans laisser de descendance. Le plus anciens Hommes fossiks d'Europe representes par les cránes de l'Olmo, Galley Hill et peut-étre Gibraltar, présentent des rapports plus ou moins accentués avec Homo pampaeus, surtout celui de Galley Hill ainsi que celui de Gibraltar par ses orbites. Tous ees cránes ne différent de ceux de Nécochea que par des caracteres d'une plus haute spécialisation, ce qui est parfaitement d'accord avec leur age plus récent et avec les conditions d'organi- sation qu'ils doivent présenter s'ils en sont les descendants. Les races fossiles plus recentes ainsi que celles de l'époque actuelle différent naturellement de cette souebe primitive encoré davan- tage, mais non par l'acqnisition de caracteres nouveaux sinon par un plus baut degré encoré de spécialisation des anciens. DEUX NOUVELLES ESPÉCES HUMAINES? Le dernier cbapitre du mémoire du Dr. Mocbi porte le titre de Deux nouvelles espéces humaines? et il est destiné a exposer quel- ques observations qu'il a faites sur trois cránes fossiles qui se con- servent au Musée National et qui furent trouvés peu de temps 1 Dans mon travail sur le Diprothomme (1. c. p. 195) je fais de cette espéce le type du nouveau genre Pseudhomo. Peu de temps avant M. Bonarelli avait re- connu aussi la différence générique et designa le genre avec le nom de Paleau- thropus qui a la priorité sur Pseudhomo; d'aprés les regles de la nomenclatui'e zoologique le dernier ne peut étre conservé et rentre dans la synonymie. 214 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES avant son arrivée á Buenos Aires. Les trois cránes étaient acconi- pagnés de leurs squelettes plus ou moins complets. Un venait de l' Arroyo Siasgo. dans le clistrict de Ranchos, et les deux autres de la cote de l'Atlantique, au nord de l'emboucliure duruisseau El Moro á une soixantaine de kilométres au nord de Nécoclun. Quoique ees cránes et squelettes étaient non seulement complé- tement inódits ruáis aussi en voie de préparation, j'en ai permis l'exarnen et l'étude á tous les savants étrangers qui se trouvaient a Buenos Aires a roccasion des diíFérents congrés scientifiques qui eurent lien dans cette ville en conimémoration du Centenaire. M. Moclii compte dans ce nombre. Précisément dans ees jours la apparaissait le numero extraor- dinaire de La Xacióx correspondant au 25 Mai de 1910, dans lequel se trouve mon article Geolo jía, Paleogeografía, Paleontología. Antropología, de la Republique Argentine, paru aprés dans une brochure a part. Dans cet article, qui est cité par M. Mochi, je dis quelquets mots sur ees découvertes, fondant sur le squelette du Siasgo l'espéce caputinclinatus et sur ceux de El Moro, l'espéce sinemento . Au mois de Juillet suivant je presentáis au Congrés Scientifique International Américain cleux breves Communications destinées á donner une courte description de ees deux espéces éteintes du genre Homo. Les deux brochures 1 contenant un abregé de ees Communications ne sont pas arrivées á temps á M. Mochi pour s'en servir dans son travail. De Y Homo caputinclinatus il s'en oceupe avec quelque détail; de 1' Homo sinemento iln'en dit que quelques mots. Je dois ajouter qu'aussi bien dans les deux Communications precedentes que dans Partióle paru avant dans La Nación, je suis tombé dans quelques erreurs á cause de l'état du matériel qui n'était pas encoré définitivement preparé. Je profiterai de cette occasion pour faire les corrections correspondantes. 1 A.MEGHUNO Fl. Descubrimiento de un esqueleto humano fósil en el pampeano supt rior del arroyo Siasgo. 8 o de ü pages. Juillet 19L0. — Descubrimiento di lelos //.'.■ pampeano inferior del Moro. -^ de »i pages. Juillet 1!»1". AMEGHINO: SÜE LA PALÉOAXTHROPOLOGIE AEGEXTIXE, 215 HOMO CAPUTINCLINATUS L'auteur cléclie á l'examen clu cráne de cette espéce prés de -1 jiages et en donne une figure le montrant vu de cóté, a une echelle tres réduite et qui n'est pas déterminée. II commence en reproduisant a l'italien les quelques ligues que j'avais dédiés a eette espéce dans monarticle paru dans La Nación. II ajoute ensuite que l'époque de ce cráne, pour moi pliocé ñique, correspond d'aprés luí au quaternaire supérieur. De ees questions d'áge géologique je m'en suis suñisamment oceupé dans mon mémoire antérieur et je n'ai pas pourquoi y revenir. M. Mochi donne coninie Índice céphalique de ce cráne 69.3, déduit de son plus granel dianiétre longitudinal qu'il fixe a 166 nim. et le transversal máximum á 115 mm. Dans mon article paru dans La Nación rédigé pendant que le cráne était encoré en partie enveloppé dans le terrain j'ai donné l'indice comme étant á peu prés de 66. que lui dans sa transcription a traduit par «Índice cefálico inferiore a 66» ce qui n'est pas la niérne chose l . Dans ma communication au Congrés Scientifique International Américain rédigée aprés le cráne complétement libre de sa gangue, j'ai donné comme dianiétre antéro-postérieur máximum 169 mm., comme dianiétre trans verse máximum 115 mm., et comme Índice céfalique qui en resulte, 68. Je répétte maintenant les mesures et j'arrive au méme résultat. C'est un cráne bien singulier. qui par ses caracteres il s'éloigne de toutes les formes existantes. Ces caracteres exceptionnels sont : le front excessivement fuyant et dirige cependant veis le bas: la rjartie postérieure du cráne tres haute; le vértex place tres en arriére: le frontal long, large et rectangulaire : les orbites excessi- vement superficielles ; le trou occipital place tres en arriére, plus en arriére que dans plusieurs Singes. Enprésence d'une conforniation si peu huinaine les anthropolo- 1 J'avais obtenu l'indice d'á peu prés 'íí parce que j'a vais pris le diamétre transverse máximum comme étant de 113 mm. mais aprés avoir bien nettoyé le cráne j ? ai vu que sur le cóté droit oú vient s'appuyer le bout du compás Pos est l'endu et s*est entonce á l'intériear apparemment d'un millimétre. C'est en tenant compte de cet enfoncement que j'ai adopté comme máximum le chiffre de 115, 1h méme que donne M. Mochi. 216 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. gistes ne trouvent pas d'autre explication que l'attribuer a une déformatiou artificielle. C'est le Dr. Moclii qui le dit et l'avoue avec toute franchise. «L'aspetto della fronte, quale si osserva sulla norma íaterale, é a parer mió dovuto a una deformazione artificíale fronto-occipitale [In Ten Kate, Anthropologie des anciens habitante déla Región Cal- chaquie (Anal, del Mus. de La Plata, I a ser. sez. Antropol. i, 1896). fig. 5 o della Tav. ni, é figurato un cranio simile a questo ma non idéntico: e lo stesso é del cranio della fig. 4, pl. vn, dell'opera di Verneau], che ha pero lasciato maggiori tracce nella fronte. L'apparato deformante deve aver agito impedendo lo sviluppo antero-posteriore e Íaterale del cranio comprimendone tutto il contorno all'incirca a quel livello clove in craniometria si suol misurare la cosi detta circonferenza orizzontale; e deve invece averne favorita la crescita in altezza provocando una dinámica compensatrice : cosi, e non in altro modo, riesco a intendere il per- ché di un diámetro antero-posteriore tanto piccolo associato a una spiccatissima dolicocefalia, ció che sarebbe inesplicabile in qual- siasi caso nórmale.» «L'Ameghino crede invece che sia da escludersi qualsiasi pro- cesso deformativo e che Tametopismo sia un carattere originario del tipo. Non esita pero a riconoscere la stretta somiglianza che esiste tra questo esemplare e alcuni crani americani recenti, sicu- ramente deformati: anzi egli stesso volle mostraran un cranio del Rio Negro, antico ma deirepoca geológica attuale (n° 29 della collez. del Mus. ISTac. di Buenos Aires) con chiarissima deforma- zione, che ha la stessa forma di Homo caputinclinatus. Ma a parer suo questa coincidenza é dovuta al fatto che a traverso l'usanza di una artificíale deformazione si é riprodotta e continuata fino di tempi nostri (forze conscientemente, con intenzione !) una forma naturale estinta, propia di una etá geológicamente lontana (Coniu- nicazione órale di Ameghino).» (pág. 251-252). Trois autres anthropologistes étrangers qui ont étudié ce cráne a peu prés á la méme apoque m'ont manifestó aussi leur opinión, d'aprés laquelle les caracteres anormaux qu'il présente devaient étre le résultat d'une déformatiou, parce qu'il n'y a pas de cráne s humains normaux d'une conformation semblable. L'un d'eux na reconnu qu'une déformatiou du frontal: l'autre y voyait une déformation annullaire au niveau des temporaux, limitée a la moitié postérieure et qui aurait obligé le cráne a croitre en hauteur dans la región des pariétaux; le troisiéme n'y voyait qu'une déformation fronto-occipitale. AMEGHINO: SUR LA PALÉOAXTHROPOLOGIE ARGENTINE. 217 La déformation qu'on dit si evidente chacun la voit sous une forme diílérente et dans une región distincte. En ajoutant qu'un d'eux, celni qui y voyait si clairement la déformation fronto-occi- pitale, trois jours aprés m'expliquait la forme du cráne eomme le résultat d'une déformation posthuine acquise pendant qu'aux premiers temps de Fenfouissement le cráne était devenu plas- tique! — c'est tout diré. Une déformation posthuine par pres- sion des terrains et donnant des formes absolument symétriques! Ces divergences d'appréciation sur une question si claire comme est celle de la forme de cu cráne, prouvent que toutes ces pré- somptions ne répondent qu'au préjugé de vouloir faire rentrer toutes les formes anciennes sudaméricaines dans les formes nor- males de l'époque actuelle. Si je procedáis de la méme maniere je pourrais considérer comme deformes artificiellement un bou nombre de cránes d'Honi- mes fossiles trouvés en Europe, et d'abord tous ceux d' Homo nean- derthálensis qui se distinguent précisément par des bosses, des dépressions et des méplats distribués sans aucune régularité a tel point qu'on a donné comme un de ses caracteres distinctifs, d'éfcre «a cráne bosselé.» L'Homme des époques géologiques passées, l'Homme fossile ne connaissait pas la déformation artificielle du cráne. Le milieu qui l'entourait, la hit te continuelle avec les fauves, les difficultés pour obtenir sa nourriture. n'étaient pas des conditions favorables pour s'amuser, obéissant a n'importe quel préjugé, a se déformer le cráne. Pour prouver le contraire il faudrait découvrir un cráne humain fossile dans lequel la déformation artificielle et intention- nelle serait evidente. Malgré le nombre relativement considera- ble de cránes humains fossiles qu'on a trouvé dans l'Argentine, il n'y en a pas un seul qu'on puisse affirmer qu'il soit deformé inten- tionellement. Pour soutenir sa thése M. Moclii compare le cráne de Siasgo á un cráne deformé de calchaquí figuré par le Dr. Ten Kate comme un exeniple de déformation frontale. Le front est aplati dans toute son étendue. On voit tres bien que dans ses deux tiers anté- rieurs le frontal est en ligue presque droite ce qui fait un contraste complet avec la ligue en courbe antéro-postérieure fort accentuée et absolument reguliére d' Homo caputinclinatiis. II le compare aussi avec un des cránes décrits et figures par Verneau. Dans ce cas. comme dans le precede nt, je ne vois entre les deux aucun rapport. Celui figuré par Verneau est un cas 218 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. typique de déformation fronto-occipitale. Le front comme dansle cas de celui de Catamarca constitue une ligue presque droite, absolument diíFérente de la ligne courbe du front du cráne de Siasgo. La región correspondante á la partie supérieure de Tocci- pital et á la postéro-inférieure des pariétaux, clans le cráne figuré par Verneau est rcpoussée en avant ele maniere á constituer une ligne qui s'approclie de la verticale: dans le cráne ele Siasgo la méme región clécrit une grande courbe ou voussure reguliére et parfaitement nórmale sans aucun vestige d'aplatissement arti- ficiel. Les cránes soumis á cette déformation deviennent plus courts et plus larges de sorte qu'ils sont toujours bracliycépbales comme en est le cas de celui figuré par Verneau, tandis que celui ele Siasgo est au contraire tres dolicliocéphale. Avec la déformation fronto- occipitale le bregma se déplace: il est reporté plus en arriére, de sorte qu'au lieu ele tornber en avant du basion comme est la regle genérale, il tombe en arriére; c'est le cas pour le cráne figuré par Verneau, tanclis que dans celui de Siasgo, il tombe en avant du basion. J'en conclus que les rapprocbements que fait le Dr. Mochi sont absolument injustifiés. II ne peut pas s'expliquer ees caracteres singuliers du cráne de Siasgo sans avoir recours á la déformation artificielle parce qu'il veut en faire un Homo sapiens, et les carac- teres normaux de ce dernier ne sont pas ceux des Hommes des espéces éteintes de l'Argentine. L'explication est pourtant facile : ees caracteres supposés anormaux, sont les caracteres normaux de Y Homo caputinclinatus. II est vrai que j'ai exposé verbalement au Dr. Moclri mon opinión ( non publiée ) sur l'origine de la déformation par aplatissement du frontal. Dans la vallée du Río Negro cette déformation apparait au commencement ele Tépoque actuelle, peut-étre méme á la fin des temps quaternaires, quand les représentants des anciennes espéces d'Hommes fossiles étaient déjá disparus ou sur le point de elisparaitre. Je suppose que quand le frontal commenca á accélerer d'une maniere tres accentuée le relévement de sa partie antérieure, quelques hommes qui par tradition ou par reminiscence plus ou moins inconsciente se rappelaient de la conformation primitive ele leure ancétres, c'est a diré de la platycéphalie frontale, cher- chérent a la conserver en aplatissant artificie lie ment le frontal. Xaturellement, la forme ainsi obtenue ne resemblait á la primitive qu'apparemment, les caracteres restant toujours ditrérents. Cela AMEGHINO: SUR LA PALEOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 2.19 sera vrai ou non, maia en attendant qu'il y en ait une autre plus logique, c'est une explication. Avec cet aplatissenient artificiel clu frontal la glabelle s'efface, la projection glabellaire inférieure se dévie vers l'avant et la partie supérieure des nasaux prend la méme direction, renfoncement du nasion disparait, les orbites deviennent moins j)rofondes et regar - dent vers le bas, caracteres qui sont tous norniaux chez les hommes fossiles a platycéphalie frontale naturelle. En exposant au Dr. Mochi cette explication de l'origine proba- ble de la platycéphalie frontale artificielle, je lui ai montré un cráne deformó artificiellement qui par la platycéphalie frontale et ;U Fig. 11. Cráne ancien du Río Negro, á déformation fronto-occipitale, vu de cóté á une moitié de la grandeur naturelle. a, e, w, limites des surfaces déprimées arti- ficiellement. par la direction du front vers le bas rappelait un peu celui d'Homo cuputinclinatus, mais il n'a pas la méme forme comme lui le prétend. Pour qu'on soit mieux renseigné á ce sujet je donne ci-contre (fig. 11) la vue latérale du cráne en question (n° 29 de la collection du Musée. On n'a qu'á la comparer avec celle du cráne d'Homo 220 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. caputinclinatus (fig. 12) pour qu'on s'apercoive de suite qu'on est en présence de deux types distincts qui ne présentent qu'une fausse ressemblance dans la conformation du front, ressemblance qui est le résultat de la déformation qu'a subie le cráne plus récent. Les surfaces de ce cráne aplaties artificiellement sont indiquées par les lettres a, e, u, et leurs contours sont bien visibles. La sur- face de pression antérieure a, est impaire, placee immédiatement au-dessus et en arriére de la glabelle et a un diamétre de 3 cm. La surface e est double, une de chaqué cote, chacune d'un peu plus de 4 cm. de diamétre antéro-postérieur. Ces deux surfaces sont sé])arées de celle impaire antérieure par une voussure transversale. Ces surfaces interrompent d'une facón tres accentuée larégularité de la courbe antéro-postérieure, courbe dont la regulante se con- serve parfaite dans le cráne de Siasgo. Dans la partie postérieure les différences sont encoré plus consi- derables. Le cráne plus récent présente la grande surface d'apla- tissement u de plus de 6 cm. de diamétre; la pression a poussée la región postérieure en avant et l'a aplatie de telle sorte que dans cette región le contoar du cráne forme une ligne presque verticale. La difTérence avec le cráne d'Homo caputinclinatus qui dans cette méme región présente un prolongement postérieur convexe d'une regulante parfaite ne peut pas étre plus grande. Ces rapprochements qui tendent a prouver que la forme du cráne de Siasgo est le résultat d'une déformation artificielle ne sont done pas fondés, car il n'en présente pas le moindre vestige. Le front présente dans toute son étendue une courbe d'une regulante parfaite aussi bien d'avant en arriére qu'en direction transversale, condition qui est incompatible avec une déformation quelconque. Les bosses frontales, qui sous la déformation artificielle s'effacent, sont ici parfaiteinent reconnaissables. Les bosses parietales qui sous la déformation artificielle s'effacent ou disparaissent, forment au contraire une saillie extraordinaire. La projection glabellaire inférieure qui sous l'innuence de la pression sur la región frontale se couche vers l'avant et perd l'inversion en arriére de sa partie inférieure, conserve sa forme nórmale. Nous avons vu qu'il en est absolument de méme de la región postérieure qui est convexe dans une forme tres réguliére et avec un contour identique a celui d'un cráne d'enfant. II y a encoré une autre observation á ajouter aux precedentes, dont la valeur pourra étre appreciée par tous ceux qui sont f amilia- risés avec rexamen de nombreuses series de cránes deformes. Les AMEGHINO: SUB LA PALÉOANTHROPOLOGIE AEGENTINE. 221 surfaces déformées par pression artificielle pendant le premier age de la vie de l'individu sont reconnaissables non seulernent a leur forme mais aussi á l'aspect que présente la texture osseuse super- ficielle. Par l'eftet de la pression la vascularisation de ees régions reste partialement atrophiée de sorte que l'os perdant en partie sa porosité superficielle est devenu plus compact, d'aspect éburné et plus lisse, parfois méme luisant. Sur le eráne de Siasgo on ne voit absolunient rien de cela: la texture déla surface de Tos est partout parfaitement nórmale et on peut affirmer que nulle part il y a eu la moindre pression artificielle. Le cráne étant reconnu absolument normal, il reste a détermi- ner la valeur des caracteres distinctifs que je lui ai attribué. De ceux-ci M. Mochi ne s'arréte que sur deux: I o la position tres en arriére du trou occipital: 2 o les orbites peu profondes, c'est-á- dire a cloison excessivement superficielle. D'aprés le Dr. Mochi ees deux caracteres ne sont qu'apparents et dépendent de la maniere d'orienter le cráne. II dit: «Ambedue questi caratteri provengono dal modo di orientare la calvaría. Con l'orientamento che le lio dato nella qui annessa (fig. 13) il foramen magnum assume una posizione che non ha milla di straordinario in un cranio a occipite un po'appiattito: e le volte orbitali si dispongono in modo assai diverso da quello che si ha con l'orientamento di A. Esse indiziano pero sempre delle orbite non molto profonde, nía ció é in rapporto con la deformazione che, quando é intensa, raggiunge Teftetto di limitare lo sviluppo antero - posteriore di tali cavitá come ho potuto constatare in alcuni Calchaqui ed in altri crani americani,» (p. 253). Les contradictions renfermées dans ce court paragraphe sont vraiment notables. Selon lui, la position du trou occipital d'aprés l'orientation qu'il donne au cráne. n'aurait rien d'extraordinaire dans un cráne a partie occipitale un peu aplatie. Mais, le cráne de Siasgo se distingue précisément par sa partie occipitale tres convexe ! II afnrme qu'avec l'orientation adoptée par lui les orbites prennent une forme assez distincte de celle qu'elles présentent avec l'orientation que je donne a la piéce, et si elles restent toujours peu profundes, cela est en rapport avec la déformation qui préci- sément empéche le croissement des cavités orbitaires dans la direction antéro-postérieure. Mais, comme je viens de démontrer que le cráne en question n'est pas deformé tout réchafaudage de M. Mochi tombe de lui méme. Dans tout ceci le plus curieux est 2'1'2 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. que l'auteur répéte plusieurs fois que l'orientation qu'il donne au cráne est distincte de celle que j'ai adoptée mais il ne dit pas en quoi consiste cette cliftérence. J"avoue que pour une personue libre de préjugés l'orientation exacte de ce cráne est un véritable casse-téte, un probléme auquel je n'ai donné une solution qu'aprés avoir trouvé l'orientation frontoglabellaire. Dans ma communication a la section des Sciences Anthropolo- giques du Congrés Scientifique International Américain j'ai exa- miné la question de l'orientation du cráne de Siasgo avec quelque détail. Je disais: «II n'y a pas de doute que le front est tres fuyant et deprime. En pareils cas, il y a des anthropologistes qui montrent une ten- dance a hausser le cráne par derriére et á incliner le front vers le bas, obtenant ainsi Tillusion, rien que l'illusion d'un front moins fuyant, puisque en réalité, son ólévation par rapport aux orbites et aubregma ne subit aucune moclification. Si on voulait appliquer au cráne en question ce procede de lever le frontal en arriére et le coucher vers le bas en avant, le front ferait l'illusion d'étre plus relevé, mais le trou occipital se trouverait transporté á la partie postérieure du cráne et regarderait méme un peu en arriére, caractére simien encoré plus notable que celui cl'avoir le front fuyant.» «Si au contraii'e nous haussons le cráne par clevant de maniere á faire tourner la partie postéro-inférieure jusqu'á donner au trou occipital une position rapprocnée de la nórmale, alors nous avons un frontal clont toute la surface regarderait en haut dans un plan presque horizontal: nous aurions un cráne tout a fait dépourvu de front. D'un autre cóté, le trou occipital au lieu de regarder direc- tement vers le bas, regarderait en partie vers l'avant. II est clair que cette position aussi est impossible.» «II resterait un troisiéme point de repére, la clirection du bord postérieur de l'aj^ophyse mastoidienue qui dans Inórame actuel s'incline constamment vers l'avant formant avec le ¡nan horizon- tal un angle aigu qui peut varier de 40 jusqu'á 70 degrés. Dans ce cas aussi nous aurions une orientation impossible car le frontal resterait encoré en position presque horizontale et le trou occipi- tal regarderait ¡jartiellement en avant.» 1 i Le texte espagnol dit «el agujero occipital estaría parcialmente dirigido hacia atrás»; c'est un lapsus calami qui m'a fait écrire «atrás» (arriére) pour «adelante.» (en avant i. Le sens du paragraphe indique d'ailleurs immédiatement l'erreur. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 223 «II y a encoré une autre conformation qui rend cette orienta- tion impossible, et c'est la position absolument superficielle des orbiteSj clans lesquelles le globe de l'oeil n'aurait pu trouver de place, pour plus petit qu'il eut étó.» «Pour obtenir une orientation qui s'approche de celle qu'il eut en vie, il ne reste d'autre moyen que se guider par les orbites en inclinant le frontal vers le bas jusqu'á ce que les cavités orbitaires prósentent une profondeur suffisante pour recevoir le globe ele l'oeil. Pans cette position, le front, quoique fuyant su couclie un peu vers le bas, les apophyses mastoidiennes prennent une position presque verticale, et le trou occipital tombe tres en arriere, méme Fig. 12. llovió caputinclinatus, Cráne, vue de cote, á la moitió de la arandeur naturelle. Orientation frontoglabellaire. plus en arriére que cliez un considerable nombre de Singes. En outre, la partie la plus baute du cráne, soit le vértex, que nous avons vu est placó tres en arriére, tombe au-dessus du trou occi- pital, ce qui confirme que c'est la position qu'il avait en vie.» 1 On le voit, je n'arrivais á l'orienter qu'á l'aide d'une espéce de tatonnement qui ne pouvait donner qu'une aproximation. Ce n'est 1 Ameghino Fl. Descubrimiento de un esqueleto humano fósil en el pampeano supe- rior del arroyo Siasgo, pp. 5-6. Juillet de 1910. 224 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. que peu de temps aprés que me vint l'idée de l'orientation fronto- glabellaire qui me permit d'orienter le cráne d'une maniere pre- cise. C'est selon cette orientation que j'en donne ici la vue laté- rale (Fig. 12). La position et direction du trou occipital sont indiquées par une serie de lignes verticales, dont la plus postórieure correspond á l'opistliion. La détermination precise de la position qu'avait le cráne envié, me permct de rectifier une erreur que j'ai commise dans mon article de La. Nación (pág. 24) et aussi dans ma communication au Congrés Scientifique International Amóricain (1. c. p. 4). Dans Fig;. 13. Homo caputinclinatus. Vue latérale du cráne d'aprés la photographie reproduite par le Dr. Mochi, montrant l'orientation qu'il croit étre la vraie. P, opisthion. cette derniére je dis que la partie inférieure de la región frontale intérorbitaire (projection glabellaire inférieure) ne présente pas d'inversion vers l'arriére et que par conséquent le nasion n'était pas place dans un enfoncement transversal. Avec l'orientation frontoglabellaire ce caractére non humain disparait; on constate une petite inversión en arriére de la partie inférieure intérorbitale du frontal et par conséquent il devait y avoir un commencement AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTINE. 225 d'enfoncement de la región du nasion quoique tres peu accentué. J'en viens maintenant á la vue latérale que de ce méme cráne en donne le prof. Mochi a la page 252 de son mémoire, et qu'á la page precedente il dit étre la reproduction d'une photographie obtenue au Musée et orientóe d'une maniere diflerente de celle que je retiens pour exacte. Ce que l'auteur a obtenu c'est une épreuve tiróe d'un de plu- sieurs clichés que j'avais fait executer quelque ternps avant, et précisément de celui fait en vue de démontrer que la position dans laquelle le cráne est vu n'est pas celle qu'il avait en vie. II l'a reproduite telle quelle, c'est-á-dire dans la méme position fausse, mais á une échelle tres réduite. Je l'a reproduis á mon tour a une échelle un peu plus grande, (fig. 13). C'est une des positions impossibles dont je fais mention dans ma communication au Congrés International Américain. Avec cette orientation les orbites sont si superficielles qu'elles n'attei- gnent pas un centimétre de profondeur, et il ne reste pas de place pour le globe de l'oeil, méme en admetant l'existence d'un grand jírognatliisme facial. Maintenant pour ce qui regarde le trou occipital, celui-ci tombe dans une position a peu prés nórmale en ce qui regarde sa jdosí- tion plus au moins antérieure, mais il prend une direction absolu- ment impossible. Je ne comprends pas comment ayant le Dr. Mochi determiné la position de l'opisthion ( p, fig. 13) il ne s'est pas apercu qu'á partir de ce point les bords du trou occipital se relévent vers le haut d'une maniere si accentuée que le trou au lien de regarder en bas, regarde obliquement en avant. Cette position du trou occipital correspond a un homme qui au lieu d'étre debout en position verticale serait conché en arriero sur un plan fortement incliné d'arriére en avant et de haut en bas. Sur la méme figure 13 j'ai indiqué par des ligues placees en avant de l'opisthion cette fausse direcction du trou occipital. Les figures 14 et 15, demontreront encoré mieux cette fausse position et le degré de déplacement de sa position naturelle. Ces figures montrent le segment postérieur clroit de la región occipi- tale du bord du trou occipital en regardant le cráne d'en bas. Sur la figure 14, il est vu dans sa position naturelle avec le trou regardant en bas; la ligue a, a, représente le plan horizontal; la ligue b, b, indique la direction verticale; les ligues o, o, indiquent le prolongement du trou occipital ou soit la direction de la colonne vertébrale. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Septiembre 13, 1911. 15 226 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. La figure 15 montre le trou dans la position qu'il se présente dans l'orientation adoptée par M. Moclii. Le plan horizontal réel a t ■ CL 4. - Fisr. 15. AMEGHINO: SUR LA PALÉOANTHROPOLOGIE ARGENTLNE. 227 est indiqué par l'horizontale e, e, et la verticale également réelle par la ligne i, i. On voit que le bord du segment occipital figuró s'est déplacé aiusi que l'horizontale a, a, et la verticale b, b, primi- tives ou réelles, de sorte que le prolongernent du trou ou de l'axe de la colonne vertébrale au lieu de constituer avec le plan horizon- tal réel un angle droit comme c'est en nature, constitue au con- traire un angle tres ouvert en avant a cause du bord du trou qui est fortement redressé vers l'arriére. Par conséquent, on peut diré que l'orientation adoptée par le Dr. Mochi est non seulement fausse mais aussi absolument impos- sible. RELATIONS D'HOMO CAPUTINCLINATUS Jusqu'aujourd'hui je n'ai encoré rien dit des relations probables de .ce type humain si singulier. Aprés ce que jai publié et la discussion récente dont il a donné origine il me parait que deux mots sur ce sujet ne seront pas mal a propos. Je ne vois rien de ressemblant parmi les cránes humains f ossiles trouvés ailleurs. II est done naturel de chercher ses rapports parmi les types fossiles de la región de son origine. De ceux-ci, mis de cóté les types excessivement anciens et aussi sans doute excessi- vement différents, du pampeen le plus inférieur (Diproihomo) et du miocéne de Monte Hermoso ( Tetra prothomo, etHomo neogaeus s'il en est distinct) il ne reste que: Homopampaeus, Homo sinemento et Homo sapiens de la race de Lagoa Santa. Par le contour horizontal du cráne, le haut relévement du front, la forme des orbites et beaucoup d'autres caracteres, les deux derniers sont absolument a écarter; ees sont des formes qui cer- tainement n'ont avec H. caputinclinatus aucune relation prochaine. II resterait Homo pampaeus. En comparant Homo caputincli- natus avec celui-ci on dócouvre plusieurs ressemblances qui font penser a une párente plus ou moins prochaine: ce sont la dolicho- céphalie tres prononcée et la vue latérale caracterisée par la grande hauteur de la región postérieure ou postbrégmatique et la grande platycéphalie de la región frontale. Pourtant, il ne faut pas se laisser tromper par ees caracteres qui paraissent étre propres de presque tous les Hommes fossiles les plus anciens de l'Argentine; ils corres pondent a un stade d'évolu- tion propre de tout un grand groupe de l'humanité primitive, 228 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. dans lequel on peut reconnaitre des groupes secondaires, dont quelques uns par les écarts morphologiqucs enormes de certaines de leurs parties conservent óvidemment une valeur d'ordre spóci- fique. C'est le cas cVH. pampaeus et á'H. caputindinatus . Ainsi, malgré cette ressemblance genérale apparente, H. caput- indinatus differe á'H. pampaeus par l'absence absolument complete de la visiére qui caractérise le cráne de ce dernier; par la glabelle fortement inflécliie vers le bas et avec l'extremitó inférieure un peu invertie en arriero, ce qui indique l'existence d'une dópression de la región du nasion qui manque totalement chez H. pampaeus; par une direction distincte des os nasaux; par l'absence com- plete de dépression ]30stglabellaire; par les orbites excessivement superficielles, et par le trou occipital place tres en arriére, tous ees caracteres ayant une valeur spécifique. II y a en outre entre les deux beaucoup d'autres différences de moindre importance et dont la valeur ne peut étre consideróe que comme de race. Par le plus grand nombre de ees caracteres differentiels, l'Hom- me de Siasgo apparait comme plus óvolutionné que celui de Nécockea, ce qui du reste serait d'accord avec son age considéra- blement plus rócent. Pourtant, á cote de ees caracteres d'une évo- lution plus avancée, l'Homme de Siasgo en posséde d'autres qui sont plus primitifs et qui indiquent une óvolution retardée; ce sont entre autres la position en arriére du trou occipital, les or- bites superficielles, la grande largeur du frontal en arriére des apophyses postorbitaires, ainsi que la taille plus réduite. Ces caracteres empéchent de considórer l'Homme de Siasgo comme un descendant de celui de Nécochea. Ce sont deux types sans aucun doute alliós et dont il faut chercher l'origine cliez un ancétre commun qui a dú vivre á une époque un peu antórieure á celle de l'apparition d ! Homo pampaeus. HOMO SINEMENTO M. Mochi termine son mómoire par quelques mots sur Y Homo sinemento qu'il doute soit une espéce distincte, et duquel il rappelle les caracteres plus saillants dont je fis mention dans mon article publié dans La Nación, le seul qui soit parvenú a sa connaissance á temps pour s'en servir. II ajoute aussi quelques observations qu'il a pu faire sur les originaux, mais trop á la háte. II dit : ameghinq: sur la PALEOANTHROPOLOGIE ARGENT1NE. 229 «Mi sembró che si trattasse d'un tipo oligocefalo, poco rozzo, prognato, a mentó sfugente, pero non vi vide davvero caratteri d'isolamento specifico. Ma per un giudizio definitivo morfológico e sistemático — come del resto per giudicare dell'antichitá di questi riperti e del precedente — occorre attendere l'illustrazione che YA. vorrá darcene ben presto.» Du reste de son exposition je ne tiens a rectifier seulement que ce qii'il dit au sujet des caracteres primitifs que d'aprés moi pré- Fig. 16. Homo sinemento. Crátie du squelette n" 2, vue de cote á une moitié de la grandeur naturelle. senterait cette espéce, «che avrebbe conservato alcuni caratteri primitivi, cioé simili a quelli attribuiti al Diprothomo platensis.» Je n'ai fait mention que d'un seul caractére qu'on trouve aussi chez Diprothomme, l'absence d'enfoncement déla región dunasion, quoique sous une forme beaucoup moins accentuée que dans ce dernier. Ce caractére on le trouve aussi dans Homo pampaeus et autres types humains fossiles de l'Argentine. Je m'empresse de 230 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. diré qu'il est bien difficile de trouver deux types d'Hominiens aussi difíerents que ne le sont Diprothomo platensis et Homo sinemento. En outre, je dois diré que l'espéce est fondee sur deux cránes avec leurs squelettes (quoique pas tout á fait complets), et non «su alcuni framrnenti di ossa lunghe» comnie il dit. En attendant le moment que je pourrai décrire ees matériaux plus longuement et en donner des illustrations, j'accompagne ici la vue latórale du cráne plus complet (fig. 16) appartenant au squelette n° 2. Je vais profiter de l'occasion pour corriger une faute d'impres- sion. Dans ma brochure Descubrimiento de dos esqueletos fósiles en el pampeano inferior del Moro, a la page 4, le cráne féminin du sque- lette n° 2, est donné come ayant un diamétre antéro - postérieur máximum de 186 mm.; c'est une erreur d'imprimerie, ce diamétre étant de 168 mm., comme d'ailleurs on s'en apercoit immédiate- ment par le diamétre transverse máximum de 121 mm. et l'indice céphalique donné comme étant d'á peu prés 72. Un peu plus bas, a la méme page, je dis que le cráne de ce type humain va d'en haut présente un contour un peu ovoide, mais avec son plus grand diamétre transverse place tres en arriére de maniere a reproduire jusqu'á un certain point la forme oyrsoide de la nomenclature de Sergi. Cette observation fut faite sur le cráne du squelette n° 1, le seul dont la préparation était alors ter- minée. Le cráne du squelette n° 1, est resultó de contour ovoide presque parfait. J'ai terminé l'examen du mémoire du Dr. Mochi dans les points oú nous sommes en discordance, mais je tiens a le remercier encoré une fois pour son travail sur le matóriel du Musée de Buenos Aires, travail dont je reconnais la haute importance, et dans lequel et a son temps je puiserai a pleines mains. UN NUEVO CONCEPTO DE LA CÉLULA (1> FRANCISCO D. OBARRIO, Doctor en ciencias médicas «Des qu'on a découvert un fait particulier, reposant sur quelque observations, quelques- fois sur une seule, on se háte de le publier aussitót, dans la crainte qu'un autre travai- lleur ne le trouve de son cóté. Si l'on se con- tentait de le faire connaítre, ce serait apporter une donnée nouvelle, destinée plus tard á édi- fier une loi genérale. Mais ce serait un role trop modeste; pour donner plus d'importance au fait constaté, on en tire des conclusions genérales, on le prend pour point de départ d'une théorie nouvelle, qui, tout au plus, ne devrait étre regardée que comme une simple hypothése.» Hennegüy (189G). La juiciosa é irónica reflexión de Henneguy, con que damos co- mienzo á este trabajo, y el concepto que hemos formado sobre la célula interpretando su estructura íntima y su emesis, han sido causas que han influido en nosotros para que meditáramos sobre la conveniencia de su publicación y j)ara que indagáramos, nue- vamente, con mayor atención y sin apresuramiento, lo que había- mos creído descubrir en detenidas observaciones anteriores. Al divulgarlo hoy, varios móviles nos inducen; uno, presentar un humilde homenaje á nuestra patria, cuyo primer centenario festejamos; otro, porque notamos que las nuevas interpretaciones vienen siguiendo la dirección de nuestra ruta, y otro, en fin, por- 1 Memoria presentada al Congreso Científico Internacional Americano, reuni- do en Buenos Aires del 10 al 25 de Julio de 1910. 232 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. que nuestro concepto señalaría dos incógnitas — que se deducen por especulaciones — donde deberían dirigirse la observación y la ex- periencia; incógnitas, que si se resolvieran positivamente, cuales- quiera de ellas significarían un valioso beneficio para la huma- nidad. De las diversas teorías existentes sobre la estructura del cito- plasma: homogénea, granular, filar, reticular, espiro-tubular, glo- bular y alveolar, hemos adoptado las dos últimas, porque al verificarlas en células vegetales y animales, nos han parecido ser las que se hallan en la verdad. Las organizaciones especiales intracelulares, como son los tubos excretores de Leydig, 50; de Nebeski, 80; de Gilson, 89; las termi- naciones nerviosas de Haycraft, 91, próximas al núcleo; las travé- culas perinu oleares ó aparato reticular interno de Golgi, 98; los trofospongios de Holmgren, 02; los tubos nutritivos y excretores de Cajal, 05; las terminaciones de las ramas traqueales, que pene- tran en el citoplasma haciéndose homogéneas, se dirigen al núcleo y, al encontrarlo, se encorvan y se deslizan sobre su superficie, para terminar libremente, sin penetrarlo, — como hemos tenido la oportunidad de observarlas en diversos artrópodos — son organi- zaciones de interés biológico; pero no las consideraremos en la presente memoria, por creerlas simples modalidades de las células asociadas y que influyen en la división de su trabajo. En células ideales, como son las embrionarias y en algunas espe- cializadas, sólo hemos podido hallar una sencilla organización, que la constituye una ampoUuela (ligamento filamentoso argastoplds- mico de Bouin, 05), que en su fondo dilatado encierra el núcleo, (fig. 1, A y B) y cuyo cuello largo y angosto, de espesor uniforme y de forma sinuosa ó en espiral, desemboca libremente en la mem- brana celular, como se percibe cuando el micropilo es excéntrico, ó se provoca una plasmolisis en células vegetales bien orientadas. Su génesis es también muy simple; se debe, á que el aumento de la tensión superficial en el ecuador de la célula en cinesis, durante la anafase, aglutina por presión, los filamentos conecti- vos 1 , en el eje del huso ó espectro de fuerza de Gallardo, 02, y 1 Creemos que la sustancia viscosa que considera van Beneden, como for- mando los filamentos conectivos, proviene de una especie de gelificación de la membrana de los discos cromáticos, que forman los cromosomas. OBARRIO: UN NUEVO CONCEPTO DE LA CÉLULA 233 éstos y el núcleo, hacen de molde, al sobrevenir á su contacto la coagulación citoplasmática, por causas que nos son ya conoci- das l . Sobre su posible rol fisiológico, no nos detendremos á reflexio- nar; sólo diremos que hemos sido impresionados al notar la seme- janza que presenta esta organización con el conducto espermático de determinados óvulos de insectos y peces. En el núcleo, consideramos una membrana cromática ó carió- gena de Auerbach, 91. La hoja acromática ó citógena del mismo biólogo correspondería al fondo de la ampolluela citoplasmática que hemos descripto. La forma de los núcleos, sabemos que es más ó menos esférica en las células jóvenes, y que en las adultas especializadas, su gran plas- masidad, le permite adquirir formas de adaptación como son la biconvexa, la cilindrica, etc. También es conocida su superficie con sus numerosísimas depresiones y elevaciones. En un examen, enfocando el ecuador'de un núcleo bien orien- tado, se percibe en una parte de su borde, una ligera depresión y un orificio que comunica con una amplia vesícula interna, por intermedio de un corto ó irregular canal (fig. 2). El contorno de la vesícula se ve netamente marcado en los núcleos y muestra algunas ramificaciones aparentemente tubulares, que recuerdan las lagunas vasculif ormes que se observan en las vacuolas contrác- tiles de los infusorios; pero un examen atento, permite reconocer que estas ramificaciones son simples pliegues de la pared que forma la vesícula. Cuando el orificio de comunicación se marca en el primer plano de enfoque del núcleo, se le ve de regular tamaño, de forma oval y con bordes irregulares; pero es más frecuente observar el blas- toporo cerrado, presentando un orificio en ambas extremidades de su comisura, pequeño uno, de mucho mayor tamaño el otro (fig. 3). Esta disposición nos parece interesante, porque su constancia, y el principio de trasmisión de las presiones, hacen colegir que el pequeño orificio de la comisura blastopórica es de succión y el de mayor tamaño es de excreción 2 . 1 Esta exteriorización celular, sería originada en los espermatocitos, según Bouin, por el crecimiento de una substancia especial, que denomina argastoplasma, que invade paulatinamente el núcleo y los residuos fusoriales, hasta envolverlos totalmente. 2 Analizando interesantes trabajos de ilustres citólogos, hemos podido for- marnos la opinión, de que la depresión ó infundíbulo nuclear, la comisura que 234 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Los dibujos de núcleos que hemos diseñado en nuestros ensa- yos de células de Oniscus asellns, de larvas de Múscidos, de Culí- cidos, de Apis mellifica y de diversas Liliáceas : Allium cepa, A. porrum, A. sativum, etc., creemos, nos habilitan para conocer su génesis. Lo explicamos de la manera siguiente: en la telofase, la forma reniforme de los núcleos, es característica, como dice Ran- vier, 89, y la adquieren, porque los cromosomas, al fin de la anafase, desde que determinan las coronas polares, descansan, por así de- cirlo, en una equipotencial, que por su proximidad al centrosoma tiene una forma ligeramente elipsoidal, y esférica, al dividirse las células gemelas. El crecimiento de la masa nuclear, pronuncia más la superficie cóncava, y la caída del potencial cinético del centro - soma, hace que el núcleo tome la forma esférica, plegando el borde que separa sus dos superficies, por simple efecto de la tensión su- perficial y de su plasrnasidad. En las divisiones amitóticas, las dos últimas causas, gastrulan el núcleo; pues, los trozos nucleares, se presentan con la superficie cóncava y convexa, como que no son sino fragmentaciones de un núcleo caliciforme. Esta sencilla organización nuclear, nos ha causado extrañezano haya sido descubierta por los observadores anteriores, y con espe- cialidad, por aquellos que han hecho investigaciones en núcleos semilunares ó anulares; pues, hasta Doyen, 08, en sus indagaciones experimentales, no ha detenido su atención, al apreciar la función digestiva, localizada en la superficie cóncava de los núcleos semi- lunares; pero en realidad quien es más sensible no lo haya inter- pretado, es Denys, 86, en su estudio sobre las células gigantes, en el que describe la cavidad gástrica, su contenido y el blastoporo con variedades de presentación, en los núcleos que él llama de cesto. Indudablemente que si Denys, al hacer su estudio, recuerda las ideas que han hecho célebre á Lamaeck, 30, ó el paralelismo de la filogenia y ontogenia de Müller, 64, ó la gástrea hipotética de Haeckel, 74, descifra, lo que pensaba sería un enigma por mucho tiempo, y hubiera divulgado hace veinticuatro años, este hallazgo de interés biológico por su importancia para la filogenia y fisio- logía. denominamos blastopórica y sus orificios, han sido observados por nuestros pre- decesores, pues, para nosotros no admite duda, de que las formas de núcleos: oval, reniforme, de incisiones, lobulados, de una ó doble escotadura, anulares, etc., son simples representaciones del núcleo — cuya forma generalizamos — en diversas orientaciones. OBARRIO: UN NUEVO CONCEPTO DE LA CÉLELA 235 Los núcleos semilunares, anulares y con hendiduras (fig. -i), for- mas que se observan con demasiada frecuencia, y que su génesis ha dado motivo á ingeniosas explicaciones de Arnold, 83, Denys, 86, G-oepper, 91, Kostanecki, 92, aleves, 93, Henneguy. 96, Xemilofe, 03, etc., deben considerarse, según nuestro concepto, como distin- tas fases de la gastrulación nuclear. Entraremos ahora, á interpretar la estructura del contenido del núcleo y los fenómenos que se manifiestan durante la emesis, parte ésta interesante y de mayor obscuridad para los citólogos, por cuya razón se han emitido numerosísimas suposiciones, á cual más dis- cordantes. La generalidad de los biólogos consideran como indu- bitables, fenómenos contraditorios, sólo admisibles si rigen leyes sobrenaturales; nuestro concepto, en cambio, da una explicación natural y filogénica, y, sin esfuerzo, despeja las incógnitas; pero antes de emitirlo, haremos algunas consideraciones. La reticulación cromática del núcleo, es aparente; se debe, como opinan Geegoiee y AYygaerts, 04, Berghs, 04, Kowalski, 04, y Havet, 06 ; á una irregular alveolización de los cromosomas, que se inicia cuando éstos entran en contacto, en la corona polar. Los nucléolos, son simples agrupaciones de granos ó esférulas cromáticas, como lo han observado van Bexedex, 8-1, Cabnoy, 85, Cajal, 05 y Lache, 06 (fig. 5). Su origen, Carnoy y Lebrun, 97, lo explican por haber podido observarlo en células especiales del Ascaris megalocephala: es una aglomeración de unos gruesos gra- nos que aparecen en una extremidad de cada cromosoma, duran- te la auafase, que se pediculizan y luego se desprenden. La pre- sencia de este grano terminal en los cromosomas, ha sido confir- mado por Gregoire, 99, en núcleos de los tubos polínicos de Lilium speciosum (fig. 6). La estriación ó segmentación transversal del filamento cromático, indicada por Baranetzki, 80, Balbiani,81, Carnoy, 84, Korschelt, 84, van G-ehuchten, 90 y Cajal, 93, está formada según nuestras in- vestigaciones en células de larvas de múscidos y culícidos, por una serie de discos, que denominamos cromocitos, uniformemente cro- máticos y de bordes redondeados. La alternidad de substancia tin- tórea, que presumen algunos de los biólogos que hemos citado, es un efecto de óptica; inducen á error, unas franjas sombrías que se presentan entre las líneas de separación de los discos, por refle- xión total de los rayos luminosos. Mencionaremos también, que en determinado trecho del fila- mento, se observa un disco un poco más voluminoso y no tan ávido 236 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. délas materias colorantes, por lo que le hemos dado el nombre de heterocromocito (fig. 7). Su presencia, como sus propiedades tintó- reas, ya han sido anteriormente demostradas por Balbiani. En la cinesis, la hendidura longitudinal del filamento cromático, que la generalidad de los citólogos consideran como una verdad adquirida, y como uno de los fenómenos fundamentales de la cariocinesis, es para nosotros un fenómeno que no existe. Soste- nemos, como opinan Dixon, 95, Strasburger y Mottier, 98, que esta hendidura, es una ilusión, originada por un filamento entre- lazado en determinada fase. Algunos observadores perciben los señales de una segunda inci- sión longitudinal perpendicular á la primera, y presumen que es por donde se efectuaría la hendidura del filamento en la cinesis subsiguiente; otros, la mayoría de los citólogos modernos, — tal vez, el deseo de explicar las leyes de Mendel, sobre la herencia, influya en ello — creen que es una incisión completa, y que por lo tanto, exterioriza la línea de separación de dos filamentos adheridos, por lo que deducen que los cromosomas se constituyen de trozos de cordones, reunidos dos á dos. Esta nueva incisión, según nuestras indagaciones, no es más que una delgadísima franja luminosa, que por efecto de refracción, se observa en el filamento en su parte mediana y en toda su longitud. Con el fin de demostrar lo que aseveramos, nos permitimos emi- tir las siguientes leyes: 1.° El filamento de los cromosomas de la profase, en la cinesis somática, es doble en longitud, al de los cromosomas de la anafase. 2.° En las divisiones de reducción, el filamento de los cromo- somas de la anafase de la primera cinesis, es igual en longitud, al de los cromosomas de la profase y de la anafase de la segunda ci- nesis. 3.° El espesor del filamento de los cromosomas, aumenta lenta y progresivamente, de la profase á la anafase. Por último, recordaremos la sinapsis, para hacer notar simple- mente el contraste de los filamentos, pues, al iniciarse esta fase y formar el grumo cromático, son delgadísimos flecos granulosos, y al finalizar, hacen emersión filamentos gruesos y estriados, sin que se puedan observar formas intermedias ó de transición; curioso fenómeno dado á conocer por Winiwarter, 01. Después de estas consideraciones, emitiremos nuestro concepto sobre el filamento cromático: es, por no faltarle ningún atributo, un rudimentario talo conjugado. OBARRIO: UN NUEVO CONCEPTO DE LA CÉLULA 237 A Allex. 04, Berghs, 04, Schreiner, 04, y Tretjakof, 04, les ha sugerido la idea de una conjugación de los filamentos, y Boyeri, 04, por determinadas propiedades de los cromosomas: contractilidad, división, etc.; por una analogía morfológica que hace con los Ri- zopodarios, y por la hipótesis de conjugación de los filamentos, dos á dos, infiere, que los cromosomas deben considerarse, como seres elementales é independientes. Explicaremos la ontogenia de los rudimentarios talos cromáti- cos, que se efectúa en una cinesis. Se inicia la sinapsis, con la seg- mentación del protoplasma de los cromocitos adultos, que tratan de aglutinarse, en el centro de gravedad del núcleo, por diferen- cia de densidades con el enquilema 1 . Estando este sitio ocupa- do por el nucléolo, las segmentaciones lo recubren y forman con- juntamente el grumo cromático (fiig. 8, A y B). Las cromocigos- poras ó granos, que constituyen el nucléolo, germinan á su vez, para producir cada una de ellas un talo cromático, como se le ob- serva al fin de la sinapsis haciendo emersión del grumo (fig, 8, B« y 9). Es esta la razón por la que no han podido encontrar los in- vestigadores, durante la sinapsis, formas de transición entre los cortos flecos granulosos del principio, — que representan las seg- mentaciones —y los gruesos y estriados del fin, que representan los jóvenes talos en rápido desarrollo. Cada cromoeigospora produce en la cinesis somática un talo de dos hormogonios, separados por un heterocromocito. La fig. 10, que jDertenece á Flemming y que corresponde á un diseño de célula testicular de la salamandra, muestra con gran claridad los talos con sus dos hormogonios y el heterocromocito. Los talos que producen las cromocigosporas en la segunda cine- sis de reducción y en las gametas, son de más limitado desarrollo. pues no engendran sino un solo hormogonio. El talo adulto, que por sus movimientos propios se encorva, en- laza sus brazos ú hormogonios, por mutua atracción, constituyen- l Bajo tres aspectos pueden presentarse las segmentaciones de los cromocitos: 1.° núcleos, en los que las segmentaciones sobrenadan en el enquilema y aparen- tan adherirse á la membrana nuclear. (Las observaciones de Martins Mano, lo, pertenecerían á este grupo); 2.° núcleos, en los que las segmentaciones se aglome- ran en su centro de gravedad, formando el grumo cromático (la generalidad de las células reductivas presentan este aspecto); y 3.° núcleos, en los que las seg- mentaciones quedan dispersas (esta disposición es la más común en las células, somáticas). Siendo la segunda fase la que los investigadores conocen por sinapsis, la hemos tomado como ejemplar para el desarrollo de nuestro concepto. 238 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. do en este estado un cromosoma de la profase (fig. 11, A). La profase, caracteriza, según nuestro concepto, una conjugación de hormogonios: gemelos, en la cinesis somática y homólogos, en la segunda cinesis de reducción. Al fin de la profase y en la metafase, los hormogonios conjuga- dos se libertan del heterocromocito que los unía, y, aunque adheri- dos, quedan con las extremidades libres (fig. 11, B). En la anafase, favorecidos por la fuerza atractiva de los centro- somas, los hormogonios conjugados se separan (fig. 11, C) y to- mando la forma natural de la mayoría de los hormogonios libres, — figura de orquilla — se dirigen por atracción, hacia los centroso- mas, en cuyas cercanías se detienen y determinan las coronas po- lares. Es en esta fase, que los cromocitos inician su irregular alveo- lizacióu; las cromocigosporas, que aparecen en los hormogonios. en la extremidad que antes se unía con el heterocromocito, alcanzan su completo desarrollo (fig. 6, a), luego se pediculizan, y se liber- tan después de la aparición de la membrana nuclear, quedando dispersas, ó aglutinándose en uno ó en varios grupos, ó nucléolos. Para dar más claridad á nuestra exposición, no hemos querido hablar antes del rol de las segmentaciones del protoplasma de los cromocitos, que como hemos dicho, inician la sinapsis; lo haremos ahora. A ellas, deben atribuirse esos numerosísimos granulos cro- máticos x que se observan diseminados en el espectro cinético, unos, adhiriéndose á las paredes de los cromosomas, lo que les da un aspecto erizado; otros, deslizándose por las cadenas de fuerza de Hartog, 04, forman esas pequeñas agrupaciones, que se perciben en el ecuador del huso, y cuyo conjunto se denomina placa celular y cuerpo intermediario; y otros, en fin, perdiéndose en pleno cito- plasma. Estas segmentaciones, que llamamos citosporoplasmas ó bioblastos de Altmann, 94, según nuestro concepto, se desarrollan, se multiplican por gemmación, se especializan y se adaptan á sus funciones, y las extranucleares determinarían, unas, los leucitos con sus variantes, los granos básales con sus flagelos ó pestañas vibrátiles, los bastoncillos de Strasburger, 76, generadores de la celulosa, etc., y otras, alveolizándose, integrarían el citoplasma. En cuanto á las figuras acromáticas que se observan en la cinesis, no nos detendremos á exponerlas. Nuestro sabio biólogo A. Ga- llardo, 09, al desarrollar su teoría, las ha explicado con la clari- 1 Otras opiniones referentes al origen de estos granulos cromáticos, han sido dadas por Mkves, 95, y Janssens, 01. OBAKRIO: UN NUEVO CONCEPTO DE LA CÉLULA 239 dad de la evidencia, demostrando que el huso es un espectro de fuerza, y ha dado la razón de ser de determinados movimientos, que coadyuvan á la realización de la cinesis. Respecto á los centrosomas, emitiremos nuestra opinión, aun cuando ella se funde en simples deducciones especulativas. El aumento de volumen del núcleo, que Cardipp, OG, consigna en la sinapsis, es la consecuencia de una disminución de la tensión superficial, producida por la energía calórica, que debe manifes- tarse al germinar las cromocigosporas; y si tenemos en cuenta que el núcleo tiene una cavidad gastral, y que los centrosomas aparecen después de la sinapsis, inferiremos, recordando que es la disminución de la tensión superficial, en la experiencia de Deiesch, 93, en larvas de equinodermos, la que le hace formar el exocelenterón, que se subdivide, y se desintegran luego lentamente, inferiremos, decíamos, que idénticos ó parecidos fenómenos deben de manifestarse en el núcleo, y que el potencial cinético de las subdivisiones del celenterón nuclear desinvaginado, — centrosomas — no es más que la energía adquirida por la acción de las diastasas sobre los albuminoideos, como lo pensaba el eminente biólogo de Louvain, el abate Carnoy, 85. En síntesis, la interpretación que hacemos de la morfología interna y de la cinesis de la célula, nos induce á formarnos el siguiente juicio sobre ella: 1.° Que el filamento cromático, es un rudimentario talo conju- gado, formado por cromocitos ó lepocitodos de Haeckel, Q6, é im- pregnados de una substancia especial: la cromatina. 2.° Que el núcleo puede considerarse, como una asociación orga- nizada de Protoplástidos l , de la más alta evolución; y 3.° Que la célula — Nucleus cellulw — se puede definir diciendo: que es un simplicísimo ser pluricitódico, desarrollándose en un limitado medio líquido, y viviendo en simbiosis con protoorganis- mos que él mismo originara. 1 Por Protoplástidos (gr. Protos=\o primero; plassein= formar) se comprendería el reino primordial de seres citódicos. El grupo intermediario de Haeckel, los Pro- tistas se reduciría á los organismos unicelulares indeterminados, verdadero esla- bón que uniría los tres reinos. 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B, enfoque ecuatorial del núcleo anterior; b, celenterón. Fig. 3. — Núcleos de células de larvas de múscidos, mostrando el blastoporo. Fig. 4. — Tres fases de la gastrulación nuclear; A, núcleo semilunar; B, núcleo anular; C, núcleo con hendidura. Fig. 5. — Núcleo de una célula nerviosa motriz de la medula espinal. — a, nucléolo formado por esférulas. — b, esferas cromáticas accesorias (según Cajal. 05, fig. 72). Fig. 6. — Nucléolos en la extremidad de los cromosomas (según Gregoh.e, 99, fig. 41, Pl. ii.) N. del A. — a, cromocigospora. Fig. 7. — Enfoque ecuatorial de un núcleo de célula de intestino medio, de larva de Musca domestica, disociada por el alcohol al tercio y examinada en una gota de sol. acuosa de verde de metilo acetificado, Obj. inm. 1/18, oc. comp. 12, Reich. a, encorvaduras del filamento cromático, en las que se perciben los ero- mocitos. — b, corte óptico transversal del celenterón que aparenta un grueso nucléolo. — c, heterocromocito. Fig. 8. — A. núcleo de microsporocito iniciando la sinapsis. — B, célula de Spiro- gyra ; cromosomas sobre el nucléolo, núcleo dilatado (según Bebghs, A. -05, fig: i; B.-06, Pl. i, fig: 12). N. del A. — B. a, jóvenes talos cromáticos haciendo emersión del grumo. Fig. 9. — Cuerpo nudoso y filamentos cromáticos en los que se aprecia su dupli- cidad (según Schreiner, 05, Pl. íx, fig. 72.) N. del A. — a, joven talo cromático en el que se observa la serie de ero- mocitos que lo forma y la delgada franja luminosa longitudinal que se interpreta como incisión. Fig. 10. —Figura doliforme de la metacinesis, según Flemming. (Diseño tomado de Hennegüy, fig. 200). N. del A. — a, b,c, talo cromático. — a y b, hormogonios — c, heterocromocito. Fig. 11. — A, cromosomas de la profase ó talo con sus hormogonios. B, cromosomas ú hormogonios en la metafase. C, cromosomas de la anafase ú hormogonios libres. LES CONCLUSIONS ANTHROPOGÉNÉTIQUES D'AMEGHINO ET LES SCIENCES AFFIXES RODOLFO SENET. Les découvertes de restes humains fossiles dans l'Amérique du Sud efc plus particuliérement dans la Re-publique Argentino, au cours des derniéres années, se sont multipliées au point de provo- quer dans le monde scientifique une révolution, parfaitement justifiée d'ailleurs. Les travaux d'AMEGHixo á ce sujet et sos conclusions particuliéres ont donnée lieu á des controverses sans nombre suscitées, tantot par le caractére unilateral des points de vue oíi se placent les partios adverses pour envisager la question, tantot par des préjugés, ou idees invétérées, tantot enfin par l'ignorance plus ou moins relative du matóriel en discussion. Mon intention n'est pas deles analyser ici, ni de teñir conrpte des diverses opinions émises au sujet de l'antiquité des restes dont il s'agit; je ne prétends pas non plus analyser minutieusement les lignes phylogénétiques, á mon avis, magistralement établies par le savant argentin. Je ne m'arréterai done pas aux caracteres difterentiels qni distinguent entr'eux le Tetraprothomo (Tetrapro- thomo argevtiiins Amegh.), le Diprothomo (Diprothomo platensis Amegh.), Y Homo pampaeus Amegh.) (Prothomo), Y Homo sitie mentó Amegh. ), Y Homo caputinclinatus Amegh.). Y Homo cubensis Amegh.). Ces caracteres ont oté déjá suffisamment étudiés par le dit auteur et sont tellement connus du monde scientifique á l'heure qu'il est, qui ce serait peine superflue pour moi d'y revenir. Je m'occuperai uniquement et en peu de mots, des bases qui permettent d'établir la généalogie de Fhomme américain, appu- yant, ou, pour mieux diré, affermissant la notion de son ubication actuelle et j'insisterai plus spécialement sur les corrólations inti- mes qui existent entre les conclusions d'AMEGHiNO et celles des 244 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. sciences affines, relations qui n'ont pas été mises en évidence jusqu'á ce jour et sont, cependant, d'une irnportance capitale, en raison de la base plus solide qu'elles offrent aux inductions obte- nues dans le dómame de l'histologie nerveuse, de la psychopatho- logie, de la psychologie infantile et comparée, de l'anatomie patliologique et de la clinique. C'est a diré qu'ungrand nombre de ees conclusions, jusqu'ici sans point d'appui phylogénétique, le trouvent aujourd'hui, gráce aux conclusions du méme savant. Oes conclusions, des plus suggestives, n'ont pas été mises en évidence, peut-étre parce que les spócialistes, quelque soit le camp dans lequel ils militent, n'ont jamáis envahi le domaine d'autrui, et ignorent peut-étre les argaments les plus solides sur lesquels ils pourraient appuyer leurs doctrines. Passons rapidement en revue ses lignes phylogénétiques. Tetraprothomo argentinus (Amegh.). Restes trouvés a Monte Hermoso (Prov. de Buenos- Aires, prés de la ville de Bahía Blanca). L'on en connait la vertebre atlas, dont les caracteres humains ont été discutes, et le fémur, ógalement mis en doute, et au sujet duquel on est alié jusqu'á diré qu'il pouvait appartenir a quelque carnassier placentaire 1 . En vertu des caracteres qu'il présente, de la taille déduite des piéces en question et d'accord avec la loi de croissance phylogéné- tique de la taille, tenant compte, en outre, de l'antiquité des restes, Ameghino en fait un prédécesseur de Homo. La vertebre atlas (H. neogaeus de Lehmann-Nitsche), si elle n'appartient pas au genre Homo dans l'acception precise du terme, ne peut appartenir qu'á un primate du groupe de l'homme ou des anthropomorphes; mais ses caracteres le rapprochent tellement de l'homme, qu'il doit provenir d'un étre tres semblable et qui fut son prédécesseur. Les restes de Tetraprothomo argentinus proviennent de Monte Hermoso; il vécut, en conséquence, a l'ópoque lointaine du miocéne supérieur. De l'ótude du fémur, l'on déduit inmédiatement que son atti- tude était la verticale, de méme que son mode de locomotion. . Des caracteres du méme fémur et de la vertebre atlas, il suit en outre que sa taille était relativement réduite, mais qu'il devait étre, en revanche, robusto et corpulent par rapport a sa taille. 1 Jusqu'á ce jour il n'a pas encoré été possible de lui opposer un fémur présen- tant les caracteres en question, qui n'appartient pas á quelque primate. senet: concltjsions anthropogénétiques. 245 Selon toute probabilité, le Tetraprothomo non seulement con- naissait, mais encoré ntilisait le feu, comme élément de lutte. II habitait les plaines et subvenait a son alimentation an nioyen de la chasse. Triprothomo. — Xous devons également á Ameghixo la déternii- nation de Triprothomo; elle est le résultat de rapplication de ses principes de Phylogénie. C'est un étre jusqu'á présent théorique, comme le furent Tetraprothomo, Diproíhomo et Prothomo, jusqivau jour oú Ton trouva leurs restes. Malgré tout, nous connaissons les vestiges laissés par ses industries naissantes, renseignement plus que suflQsant pour démontrer son existence. II est 1'anneau de la cliaine entre Tetraprothomo et Diprothomo, l'un et l'autre connus, et doit posséder les caracteres typiques de 1'intermédiaire. II accomplit son évolution aux époques les plus recentes du miocéne supérieur, laissant des traces incontestables de son exis- tence dans la formation araucanienne. aux liorizons connus sous les noms de puelchéen et cliapalmaléen. Sous le rapport de la détermination théorique, les caracteres de TrijDrotliomo se rapprochent, en ordre d'infériorité, de ceux de Tetraprothonio, et, en ordre d'évolution supérieure, de Dipro- thomo l . Diprothomo platensis (Amegh.). — Les restes de Diprothomo pla- tensis proviennent de la base de la formation pampéenne, de la partie complétement supérieure de Thorizon designé par Ameghino lui-méme sous le nom de «préensenadéen», dont la faune est inconnue. L'on n'en a que la calotte cránienne, laquelle. suivant l'auteur, «est, pour le moment, le plus ancien débris que l'on connaisse provenant du cráne d'un véritable hominien». Le reste en question fut trouvé pendant les derniers travaux de creusement du port de Buenos-Aires, dans une excavation creusée au fond d'un des bassins de carene, pour les manceiiYres du gouvernail. L'on distingue ala calotte cránienne, grosso modo, les caracteres suivants: 1 'Índice céphalique. la conformation genérale du cráne cerebral, la position relative du bregma, du métopion, de l'ophryon, i Les caracteres se trouvent enumeres dans l'ouvrage d'Ameghino intitulé «Filogenia». 246 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. du point glabellaire et du nasion; en outre, la position que devait occuper le nez, le front excessivement fuyant et constituant un des caracteres les plus typiques et les plus saillants, la longueur relative du frontal, la grandeur des orbites, et, d'un autre cote, leur peu de profondeur, ainsi que l'absence des caracteres qu'AMEGHiNO appelle de «bestialisation» . La courbe du frontal est complétement réguliére; elle n'a pas l'aspect de celle d'un frontal fuyant, mais bien d'une convexité tres peu prononcée; vu de face, il semble extrémement bas, relati- vement a celui de Homo sapiens. Le vértex ne tombe pas dans le voisinage du bregma, comme chez rhomme normal actuel, mais bien en plein os frontal. Si l'on voulait varier l'orientation de la calotte, comme on a prétendu le faire, dans le but de la rapprocher de celle de Homo sapiens, ilen résulterait le fait plus singulier encoré, que le vértex coinciderait presque avec le lambda. En consóquence, la tete s'inclinerait en avant et le trou occipital occuperait une position qui correspondrait chez nous á la región squameuse du méme os, et la station ne pourrait pas étre erecte, d'oú il résulterait un hominien tellement exceptionnel qu'il resterait en dehors des limites de ce que la fantaisie méme pourrait imaginer. Le métopion et l'ophryon, au lieu d'occuper une position en ligne verticale, ou presque verticale, comme dans le frontal de H. sapiens, le présentent en ligne oblique, presque horizontale. La glabelle coincide avec le nasion; c'est a diré que le nasion n'a d'autre caractére que celui d'étre le point medial de la suture naso-frontale, cette suture ne formant pas ici la fente si caractéris- tique dans l'espéce humaine et parfaitement visible méme chez les types negroide et australoide. D'autre part, la dite suture occupe une situation difíerente, puisqu'elle coincide avec la glabe- lle: elle est placee plus haut, au niveau des arcades sourciliéres. Par conséquent le nez devait avancer en ligne droite, suivant la direction du frontal. Les orbites sont relativement tres grandes, caractére commun d'ailleurs aux cránes tres anciens et dont participent les singes du Nouveau Continent; avec l'orientation qui correspond á la calotte, elles sont peu profondes. En conséquence les yeux seraient sitúes presque superficiellement, d'oú ilsuit qu'ils prósenteraient l'aspect d'yeux exophtalmiques, a fleur de tete; mais, comme il ne seraient pas suffisamment proteges, il est plus logique de supposer que le globe oculaire serait hypermótrope, comme rósultat de l'adaptation de la vue a de grandes distances. SENET: CONCLUSIONS ANTHROPOGÉNÉTIQUES. 247 Suivantla reconstruction (Í'Ameghino, outre la dolichocéphalie, d'ailleurs tres accentuée, il existerait une prédominanee tres mar- quée du cráne facial sur le cráne cerebral qui rapellerait l'aspect des niicrocéphales actuéis. Le prognathisme facial est tres prouoncé, sans que pour cela la denture présente le méme caractére. Si nous regardons le cráne d'en haut, le rayón visuel ernbrassera plus des deux tiers inférieurs des orbites. Le vértex tomberait alors dans le frontal et le bregrna se projetterait en arriére du basion. Sous le point de vue de son aspect, la forme genérale du cráne le rapprocherait plutót des singes du Nouveau Continent que des aiitlrropomorph.es. Prothomo. — Bien qu'AMEGHixo n'ait fait que le décrire théori- quemsnt, dans sa «Filogenia», lui-mém^ reconnaib que son Homo pampaeus repond a Prothomo, ou du moins s'en rapproclie beaucoup. Le cráne connu sous les divers noms de cráne de Necochea, de Miramar, de la Tigra a été étudié, décrit et interpreté spécialement par Ameghino. Ses restes proviennent de la formation pampéenne, horizon ensénadóen supérieur, que Fon peut comparer au pliocéne moyen d'Europe. Ce cráne est caractérisé grosso modo par une forte dolicocéphalie, prognatliisme facial moins accentué que chez Diprothomo; ortog- nathisme dentaire; mentón tourné en avant; capacité cránienne entre 1100 et 1200 centimétres cubes; vu de face, il présente l'aspect d'un microcéphale actuel, bien que sa capacité cránienne réponde á celle d'un semi-microcéphale; orbites grandes, quoique plus petites que chez Diprothomo platensis; nasion évident; posi- tions relativos du bregma et du basion plus rapprochóes d' Homo sapiens que de Diprothomo, c'est a diré intermédiaires entre Dipro- thomo et H. sapiens; il en est de méme du métopion, de l'ophryon et de la glabelle. Chez H. pampaetis le vértex tombe a peu prés dans le voisinage de l'obélion, caractére tres saillant qui a soulevé des opinions con- traires á celles d' Ameghino, au point de regarder ce caractére comme une déformation ethnique, ou, peut-étre, pathologique. De telles opinions ont été, a mon avis, réfutées avec succés par Ameghino. Elles avaient leur raison d'étre, au moins quant á la déformation pathologique, tant qu'il ne s'agissait que d'un seul exemplaire, mais aujourd'hui il s'en presenten quatre, et les quatre sont du méme type. 248 ¡JMUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Dans ce cráne, le plus grand développement correspond á la región larnbdoido-obéliaque; l'équivalent dans le cerveau serait O 1 , toute la zone calcarme et ses alentours vers P A. Dans les lignes phylogénétiques d'AMEGHnsro nous trouvons, en resume le Tetruprothomo, representé par T. argentinus; le Triprothomo, dont il n'existe que quelques vestiges industriéis; le Diprothomo, représente par D. platensis, et le Prothomo, representé par H. pampaeus; ce sont le quatriéme, le troisiéme, le second et le premier predécesseur de l'homme actuel, qui correspondent de tout point a un ordre chronologique, d'accord avec l'antiquité des terrains oú gisaient leurs restes. Sous le point de vue géologique, ees vues anthropogénétiques ne peuvent done donner lieu á la moindre contradiction, en ce qui a rapport a la serie successive. Je laisse de cote d'autres caracteres, pour m'occuper plus spécialement des interprétations d'AaiEGHiNO concernant le déve- loppement relatif , ou, pour mieux diré, la prédominance apparente de certaines régions du cráne tant facial que cerebral. De l'obser- vatíon des restes fossiles en question, nous inférons des lors, que la prédominance marquée de certaines régions du cráne, n'est en réalité qu'apparente; ce qui équivaut á diré que la saillie des dites régions n'est pas le résultat d'un excés de développement, mais bien de la faute de développement des régions adjacentes. Le cráne de Diprothomo platensis (Amegh.), vu de face, se pré- sente á nous extrémement plat; l'élévation du frontal est tres réduite relativement a ce qu'elle est chez Homo sapiens et le máxi- mum de développement correspond dans le cráne á la región occipitale; le rostre devait étre fortement prognathe. Prothomo (H. pampaeus) (Amegh.) ne présente le méme aspect que Diprothomo, ni vu de face, ni vu de profil, et, des le premier moment, nous observons que le plus grand développement du cráne correspond á la región de Tobélion ce qui lui donne un aspect des plus caractéristiques et le différencie notablement du cráne de l'homme actuel, chez lequel se sont élevées la región pariéto-frontale et plus spécialement la región frontale. De Dipro- tliomo á H. sapiens, le prognathisme facial a diminué peu a peu. Ameghino dit que la superposition des cránes explique facile- ment quelle a été la nature de l'évolution: si sur le cráne de Diprothomo, dans la región de l'obélion et ses environs, nous appliquons une calotte cránienne équivalant a la diíFérence entre Diprothomo et H. pampaeus, nous reproduisons exactement le cráne de ce dernier; si au cráne de H. pampaeus, nous ajoutons senet: conclusions anthropogénétiques. 249 dans la región frontale, l'excédent d'i7. sapiens sur H. pampaens, nous obtenons le cráne d'H. sapiens. Réciproquement, si dans le cráne de H. sapiens nous rabaissons la región frontale, nous repro- duisons le cráne de H. pampaens, et si nous ótons a celui-ci la partie élevée de l'obélion et ses environs, nous obtenons la forme exacte du cráne de Diprothomo. Nous nous trouvons ainsi en présence d'une des interprétations les plus simples et les plus convainquantes qui aient été lancees dans le monde scientifique, basées sur des documents d'une valeur indiscutable, et suivant lesquelles, dans la pbylogénie, le dévelop- pement progressif se serait effectué suivant le méme processus que l'on observe en abrégé dans l'ontogónie: inférieur a supérieur, postérieur a antérieur. Nous possédions déjá les donnóes de l'onto- génie; mais jusqu'á ce jour il nous manquait les preuves pbylogé- nétiques. Ces vues acquiérent une importance de plus en plus grande, si nous considérons que l'évolution du cráne est régie par l'encé- phale, et que cette conclusión de Broca loin de s'affaiblir avec le temps et les nouvelles acquisitions faites sur le terrain qui nous occupe, s'est fortifiée de plus en plus, jusqu'á en arriver a étre amplement démontrée par Giacomini, dans ses études sur la niicro- céphalie, dont l'origine, est toujours neurale, jamáis ostéale. Ameghino, dans son travail, nous dit que le cráne a évolutionné progressivement, de la región occipitale a la región frontale, depuis Diprothomo jusqu'á H. sapiens, H. pampaeus (Protnomo) étant un intermédiaire parfait. Levolution ontogénique du cráne, comme je l'ai deja dit a grands traits, concorde de toutpoint avec le principe d' Ameghino. L'ossification de l'os frontal est la plus tardive dans son debut (Rambaud et Renaud). Les parties supérieure et inférieure de l'occipital sont les seules qui se soudent dans le sein de la mere, á partir des trois mois. Les fontanelles commencent á se souder depuis la naissance jusqu'á l'áge de deux ans et demi, époque á laquelle elles finissent de se fermer, suivant un ordre en barmonie avec les vues pbylogénétiques d'ÁMEGHiNo: la premiére a s'oblité- rer est la fontanelle astérique; puis viennent les fontanelles ptéri- ques, l'une en avant, l'autre en arriero du ptérion; la fontanelle lambdoide se ferme dans le cours de la premiére année; enfin, cbez les sujets normaux, non racbitiques, la fontanelle bregmati- que se ferme de l'áge de deux ans a celui de deux ans et demi. C'est la derniére du processus. 250 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Si nous exceptons la suture métopique qui est la premiére á se souder, le reste du processus concorde avec les vues phylogénéti- ques d'AMEGHiNO. Nous savons qu'une fois fermées les fontanelles la boite crá- nienne n'est pas encoré hermótiquement cióse et que le dévelop- pement ultérieur s'efFectuera avec une lenteur extreme. Le cráne s'agrandit de bas en haut vers le sommet, en direction latérale vers les temporaux et les fosses zygomatiques, mais, surtout dans le sens du frontal (Topinard). La base du cráne reste imniobile, bien que le corps du sphéno'ide s'unisse au frontal entre 16 et 20 ans (Topinard). La derniére étape de la croissance se fait dans le sens du développement de la región antóro - supérieure du cráne (vértex-frontal et suivant les directions temporales indiquées), raison pour laquelle le dernier processus de synostose correspond aux sutures sagittale, corónale ( 40 ans ) et temporales dans la región squameuse (00 ans). Nous voyons done d'une facón genérale que l'ontogénie con- corde avec les vues phylogénétiques d'AMEGHiNO. En outre, á l'époque de la naissance, le prognatbisme facial est un fait evident; l'orthognathisme ne s'observe que plus tard, comme conséquense de Félévation du frontal. Chez l'enfant, prima facie, le frontal parait plus elevé que chez l'adulte; mais cela n'est qu'apparent et relatif , cette apparence étant due a l'absence de protubérance glabellaire. La glabelle s'éléve avec l'áge au dessus du plan qu'elle oceupait dans l'enfance, de sorte que, si nous enlevions a l'adulte la protubérance glabellaire, nous obtiendrions le f ront de l'enfant, et cela est tellement vrai que, chez le type caucasoide, dans l'évolution supérieure, le diamétre antéro-postérieur máximum, au cours de la seconde étape de la croissance du cráne, augmente en moyenne de 16 millimétres, tandis que le transverse máximum au cours de la méme période, n'augmente que de 10 mm. La plus grande croissance a done lieu dans le sens du frontal. Jusqu'ici je n'ai pris en considération que le contenant; voyons un peu ce qui se passe relativement aucontenu: Nous savons d'une facón genérale que, sous le point de vue phylogénétique, la prédo- minance du lobe frontal est la plus récente; sa formation s'est pro- duite aux dépens du rinencéphale qui a perdu sa préeminence (Soury). Sous le point de vue physiologique, les lobes frontaux seraient les lobes á fonctions éminemment psyebiques. Leur évolu- tion tardive explique l'ordre chronologiquederapparition des apti- SENET: CONCLUSIONS ANTHROPOGÉNÉTIQUES. 251 tudes intellectuelles de 1'individu: nous ne pouvons demander de criterium á l'enfant; nous ne pouvons lui exiger d'élaboration su- périeure, par la raison qu'il vit dans le monde sensoriel; consideró sous le point de vue de l'intelligence, il représente le diprotlioni o, l'étre aux lobes frontaux en voie d'évolution. Ce serait une tache trop longue de nous lancer a analyser les difíerentes opinions ayant trait aux fonctions des lobes frontaux et plus particuliérenient a étudier les recherch.es et les investigations réalisées dans le but de démontrer le role prépondérant des dits lobes dans les fonctions supérieures de l'esprit. Personne n'ignore que les lésions des lobes frontaux, sans altérations des autres régions corticales, sont caractérisées par des troubles psychiques. Flechsig, parlant de ees lobes, nous dit que c'est la préciséinent oü le nombre des associations est le plus grand, et, par conséquent, ce doit étre la que s'opérent les fonctions les plus complexes. Ge sont done des centres psychiques pour le nioins du méme ordre que le lobe parietal et le lobe de Vínsula. D'un autre cote, Thypothése de Hitzig relative aux fonctions purement psychiques da lebe frontal, est fondee sur les expérien- ces demonstratives réalisées par ce méme auteur. Mais les investi- gations n'en sont pas restées la : Munk, dans de nombreuses expé- riences faites sur des chiens et des singes, a constató que les troubles qui suivent l'ablation bilatérale de la región préfron- tale, consistent dans la paralysie des muscles des deux cotes du tronc. Meynert explique cette conclusión appliquée a l'homme, aumoyen de faits correspondant ál'évolution génétique, c'est a diré qu'il en cherche l'explication dans les changements qu'éprouve le cerveau au cours de l'évolution, les dits changements devant s'étre produits parallelement aux conditions nouvelles résultant de la station et de la locomotion chez l'homme et les anthropomorpb.es. L'opinion en vertu de laquelle le lobe frontal est l'organe essen- tiellement intellectuel, n'est en róalitó pas une opinión nouvelle; mais elle ne sortait pas alors de la catógorie d'une simple opinión. Aujourd'hui elle s'appuie sur des faits anatomo-pathologiques et cliniques qui lui donnent une forcé considerable. Gráce aux recherches et investigations réalisées sur ees diffó- rents terrains, on a pu démontrer que, dans la paralysie genérale progressive, le lobe frontal, le lobe parietal et Y instila sont ceux qui se présentent le plus atrophiés, et comme tout le monde le sait, la méningo-mielo-encójjhalite est l'affection caractórisóe par l'a- 252 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ffaiblissement intelletuel le plus prononcé. L'analyse histologique nous revele ladestructionduneurone, poussée jusqu'ál'autonomie neuronale, et les troubles concomitants affectent des le pre- mier moment la sphére intellectuelle. Dans la mélancolie, au contraire, le lobe frontal se trouve moins intéressé que les lobes pariétaux etle tem poro-occipital, tandis que, dans cette psychose, lesperturbations sont avant tout de nature hallucinatoire, la mé- lancolie étant caraetérisée par des hallucinations de la sensibilitó genérale et de la sensorialité visuelle et auditivo. Le poids du lobe préfrontal diminue dans la manie, et, envertu des connexions signalées par Flechsig et par Tigges, le pont de Varóle, le cervelet et le bulbe, se ressentiraient et recevraient le choc en retour de 1'afFection du lobe préfrontal. Si les conclusions de la clinique et de l'anatomie pathologique ne nous- trompent pas, il nous faut admettre les lobes parietal et frontal, comme lobes des opérations mentales. D'un autre cóté, les conclusions de l'anatomie comparée nous disent que le cerveau antérieur, gráce a la división du travail J)hy- siologique, est le siége ele l'apparition de centres fonctionnels avec localisation spéciale. «Si cette histoire du cerveau frontal et du cerveau parietal devenu le lobe pariéto-occipito-temporal dit Soury, est véritable, et il ne me parait pas possible d'ebranler la soliditó des preuves sur lesquelles elle est édifiée, ne semble-t-il pas que l'homine posséde désormais une connaissance a peu prés exacte, et surement vraie dans ses grandes lignes, de l'origine et du développement de son cerveau? 1 . Nous voyons done qu'en ce qui a trait aux derniers stades de l'óvolution, Ameghino apporte un contingente de la plus haute valeur, comme appui pkylogénétique aux conclusions de Broca, Meynert, et Eberstaller, en méme temps qu'il confirme l'interro- gation de Soury. Et Soury lui - méme ajoute les conclusions que je transcris ci-aprés et qui sont complétement d'accord avec les vues phylogé- nétiques d'AMEGHiNo: «La loi d'évolution que l'on surprend dans le développement de la surface du manteau des primates et de l'homme, loi d'accord avec la phylogénie de ees mammiféres, c'esfc que le lobe frontal a de plus en plus grandi au regard du lobe i Jui.es Soury «Le systéme Nerveux Central», pág. 017. SENET: CONCLUSIONS ANTHROPOGÉNÉTIQUES. 253 pariéto -occipital l . Le lobe frontal, au plus haut degré de dévelo- ppement relatif chez l'homnie, diminue de l'homme aux anthro- poides, des anthropoides au zébu et au macaque, pour atteindre chez le mangaby et le cercopithéque ses dimentions les plus étroi- tes. D'oú la loi énoncée des 1888 par Mingazzini: «Le développe- ment du lobe frontal, comparé a celui du lobe pariéto-occipital, distingue le cerveau de l'homme de celui des primates». 2 «Et puisque le développement supérieur du cerveau frontal dis- tingue, par rapport á celui du lobe pariéto-occipital, le cerveau de l'homme de celui des autres primates, «il est logique de conclure, ajoute Mingazzini, que ce fait doit étre posé comme une des carac- téristiques fundamentales de l'óvolution psychique des primates et de l'homme». Or, il est advenu que Cunningham a précisément été conduit, en se fondant sur des rósultats de mensurations pra- tiquóes par lui, a contester cette loi de Mingazzini; il afiirme que le lobe frontal, encoré qu'extrémement petit chez les singes infó- rieurs, serait relativement plus grand, dans sa portion supérieure, chez les anthropoides que chez l'homme. II argüe, pour soutenir ce paradoxe, que l'extremité supérieure du sillón de Rolando est située, chez le chimpanzé et chez l'orang, relativement plus en arriére que dans le cerveau humain adulte; ce n'est, remarque-t-il que dans les singes inférieurs du vieux monde que le sillón de Rolando se trouve plus en avant que chez l'homme. «La valeur de cette conclusión anatomique serait indiscutable, écrit Mingazzini, si Cunningham avait tenu compte aussi dans ses calculs de la dis- tance relative qui existe entre l'extremité inférieure du sillón de Rolando etle póle frontal, en d'autres termes, de l'indice inférieur fronto-rolandique, et s'il avait ensuite, en calculant la moyenne des deux Índices rolandiques, mesuré le développement relatif du lobe pariéto-occipital». Ce que n'a pas fait Cunningham, Mingazzini l'a fait, et c'est en entrant dans la voie méme oú Cunningham l'avait precede qu'il est parvenú, a l'aide de ce calcul, a un résultat 1 Le développement du cerveau frontal (Stirhirn), ou lobe frontal, dans la serie des mammiféres, est certainement un fait d'évolution supérieure. Méme chez les osmatiques, tels que le chien, Rüdingeu a constaté que dans des jumeaux de sexe différent, ce lobe reste plus longtemps simple et lisse chez le foetus femelle que chez le foetus mále. I. Ueber die Hirne verschiednne.r Hunderassen. II. Ueber die Hirne von Zuvillingen. Verhandl. d. Anat. Gesellsch. Strassb., 1894. Anat. Anz. 1894. Suppl. a Giovanni Mingazzini. «II cervello in relazione con i fenomeni psichici. Sf.udio sulla morfología degli emisferi cerebrali dell'uomo». Torino, 1895, 23. 254 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tout différent. La loi qu'il a posee et les conclusions logiques qui en sortent paraissent done au savant anatomiste de Eome plus assurées que jamáis.» x Nous savons qu'un certain nombre de caracteres ont été classés suivant un critérium phylogénótique ou au moyen d'approxima- tions généalogiques, comme les caracteres primatoides et pitlie- coides de Kurblla; les caracteres néophylétiques et paléophyléti- ques de Preyer. Lors qu'il soutenait que les microcéphales étaient la resurrection d'un anthropopithéque hypothétique et que le criminel n'était qu'un revenant des ages préhistoriques, Vogt n'était pas tres óloigné de la vérité, si nous tenons compte du fait que, la microcé- phalie étant d'origine neurale, le microcéphale peut étre compris comme un cas de stationnement dans la periodo de Tetra/prothomo, de Triprothomo ou de Diprothomo. En ce qui a trait a l'évolution du lobe parietal étudiée spéciale- ment par Budinger, Huschke, Wagner et autres, les conclusions de la physiologie experiméntale sont d'accord avec les vnes phy- logénétiques d'ÁMEGHiNo, ou, pour mieux diré, ne les contredisent en rien. Pour Wundt, dans le lobe frontal se trouve le centre de l'atten- tion active, ou de ce qu'il appelle «aperception». Chez les chiens operes des lobes frontaux, Boyer signale comme caractéristiques, les modifications du caractére, et, dans des cas de lésions étendues de ce méme lobe chez l'homme, Baraduc signale des symptómes de déficit. Allen, Starr, Mac Burney, Moeli, Macewen, Durante, Hebold, Raymond, Jastrovitz, Bruns, Hitzig, Thompson, Knapp, Oppenheim, dans les cas de tumeurs des lobes frontaux, ont constaté des alté- rations jjsychiques qui se manifestérent des le debut de la maladie. Le lobe frontal, qui a été l'objet de recherches cliniques et anatomo - patliologiques qu'il serait trop long d'analyser dans l'état actuel de nos connaissances, le lobe frontal semble étre le siége de l'intelligence, ou, pour le moins des fonctions psycliiques supérieures, gráce aux associations múltiples qui s'y efféctuent. D'un autre cote, son développement paralléle a l'apparition de certaines aptitudes supérieures a mesure que l'individu croit en age corrobore ees conclusions. 1 Jules Souky. Oeuvre cit. pp. 917 et 918. senet: conclusions antheopogénétiqües. 255 En resume: L'interprétation d' Ameghino au sujet des difíerences du cráne de Diprothomo, Homo pampaeus (Prothomo) et H. sapiens, est com- plétement d'accord avec la loi deFRiTZ Müller, avec les conclusions de l'anatomie comparée des lobes parietal et frontal, avec les conclusions de la physiologie experiméntale et de la clinique, avec les faits anatomo - pathologiques, avec les principes connus de l'évolution du systéme nerveux central et avec les conclusions de la psychologie résultant de l'étude de l'évolution psychologique individuelle. De tout ce qui precede, nous déduirons: Que les conclusions d' Ameghino sont les seules qui soient enhar- monie avec les conclusions de toutes les sciences afiínes, et que son interprétation de ees documents matériels constituent une démonstration irrefutable des vues ontogéniques qui n'avaient jusqu'á ce jour aucun appui phylogénétique sérieux. SOBRE ALGUNOS YACIMIENTOS PETROLÍFEROS EN EL AGÜABAY Y TARTAGAL (DEPARTAMENTO DE ORAN) PROVINCIA DE SALTA POR ENRIQUE DE CARLES Al N. E. de la República y N. de Oran, frente á la sierra de Río Seco, corre una línea de cerros que pasando por Tartagal y Agua- ray se internan en Bolivia, por Yacuiba, y siguen por Las Cuevas yendo hasta Santa Cruz de la Sierra. Esta línea montañosa forma las últimas elevaciones de alguna importancia, frente al Chaco. De largo tiempo se tenían noticias de aquellas regiones, así del Tartagal y Aguaray, como de las de los cerros que se internan en Bolivia, próximos á Yacuiba en Macherety, acerca de la existencia en ellos de yacimientos de petróleo; pero ningún trabajo científico se había publicado sobre la geología de aquellas regiones. El mismo Dr. Luis Brackebusch, que tanto ha estudiado las for- maciones petrolíferas de Salta, Jujuy y Mendoza, al hablar en su Memoria «Estudio sobre la formación petrolífera de Jujuy» («Bole- tín Academia Nac: Ciencias de Córdoba» pág. 252), dice: «La geología de las regiones del N. de Oran no ha sido estudiada por mí y el carácter geológico de ellas deducido por analogía con los parajes adyacentes». Es, pues, una región nueva, abierta al campo de la investigación. Hasta ahora, en las Provincias de Salta y Jujuy, los yaci- mientos de petróleo han dado un líquido viscoso, en gran parte transformado en asfalto en los afloramientos. A esta clase de petróleo corresponden los yacimientos trabajados á poca profun- didad en Laguna de la Brea, Garrapatal. Ya vi y en Barro Negro de Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Noviembre 21, 1911. 17 258 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Tejada, que visité, etc., etc., hallando allí también el petróleo de aspecto de alquitrán, ya asfalto en parte, profundamente alterado, no solamente el de la superficie, sino también el que fluye de nuevo, cuya alteración, creo que en parte, puede ser producida por el paso á través de las rocas calizas. En esta región de Barro Negro, el estrato petrolífero contiene fósiles de moluscos de agua dulce, del grupo 'de los melanidosy el sedimento presenta una notable inclinación de 45° al W., con direc- ción N. N. W. á S. S. E. formando la anticlinal de Cerro Blanco. A cierta profundidad estos estratos deben cruzarse con los sedi- mentos marinos de la formación más antigua, llegando hasta ellos el petróleo á través de grietas ó fallas que pongan en comunicación ambas formaciones. Todos los estratos del «Sistema de Salta» fundado por el 33r. Brackebusch, son aceptados casi umversalmente; con más ó menos reserva, como neocómicos (infracretáceos). Es este un horizonte que en la América del Sur corresponde á un avance general del Pacífico sobre el borde occidental del conti- nente. Esta transgresión marina mal se avendría con la formación y emersión de las dolomías, calizas oolíticas con fósiles de agua dulce y esquistos bituminosos ó carbonosos con vegetales é insec- tos. Del mismo modo, no se habría formado la facies litográfira descubierta por mí en «Esquina Blanca» é «Inca Cueva» (Tuna de Jujuy); tal facies nunca fué hallada en el neucómico en ninguna parte y su presencia justificaría al menos el piso porlandiano. Es precisamente en todas estas rocas, en donde se encuentran los nu- merosísimos fósiles de agua dulce del «Sistema de Salta» y la mayor parte de estos sedimentos, en especial las calizas oolíticas y lito- gráficas, provienen de la destrucción de las formaciones coralinas, formadas anteriormente en un mar de poco fondo, sobre cuyos detritus emergidos vivieran las faunas de agua dulce, melania, vivípara, planorbis, etc. Es, pues, natural, que las areniscas rojas y blancas subyacentes, en concordancia sean marinas y no perte- nezcan á los últimos tiempos jurásicos que fueron de emersión y regresión marina, lo mismo en Europa que en este continente meridional. Pero en cambio, los sitios donde se desarrollaron las formaciones coralinas jurásicas superiores, no podían ocupar el mismo lugar que los de las bahías marinas, en donde se acumularon los restos orgá- nicos que dieron origen al petróleo ni menos los estratos con fósiles de agua dulce, donde se observa el petróleo del «Sistema de Salta», pudieron ser los sedimentos de aquellas antiguas bahías CARLES: YACIMIENTOS PETROLÍFEROS. 259 marinas. Por consiguiente, como dije, hay que buscar la explica- ción de su presencia en este sistema, por el contacto con terrenos subyacentes discordantes, en los que los accidentes geológicos, como ser, grietas, fallas, etc., hayan puesto en contacto estos estratos con los sedimentos de otra formación más antigua. La sucesión de los estratos de la región del Aguaray y del Tarta- gal, manifiesta bien á las claras la superposición de ambas forma- ciones, poniendo en evidencia cuan distintos son estos estratos inferiores de los superiores y de todos los demás de las Provincias de Salta y Jujuy caracterizándolos la calidad del petróleo, analiza- do por el Dr. Kyle, como de clase muy superior, cuyo aspecto exte- rior es de un color verde y muy fluido, cual el de un producto no alterado y próximo ya al lugar de su formación. El complexo de las rocas que forman los estratos petrolíferos de las quebradas de Iquira y Tunean, Capiazuti y Galarce, está cons- tituido (véanse los cortes ilustrativos) por areniscas calizas poco consistentes (petrolíferas) cubiertas por pizarras, grauwackes, are- niscas calizas (más coherentes en Iquira y Tunean) y por conglo- merados de cemento calizo y margas en la quebrada de Galarce. En uno y otro lugar están superpuestas en la parte alta por las areniscas de cemento arcilloso caolinítico, ya amarillentas, gris- claras, rojas ó abigarradas, básales al «Sistema de Salta » super- puesto en Iquira, Tunean y Galarce á los estratos en que el petróleo que fluye, proviene de las bahías marinas en que se formó en épo- cas mucho más antiguas que el sistema referido. Si tratáramos de relacionar estos estratos petrolíferos del Agua- ray y Galarce, con alguna otra región conocida de la República, no por el producto, que, como dije, es indiscutiblemente mejor que todos los conocidos del país, sino por la constitución geológica de las respectivas localidades, los yacimientos de Cacheuta, estu- diados por el geólogo Rodolfo Zuber, petrográfica y estratigráfi- camente parecían coincidir más que otro alguno del país con los de esta nueva región, aunque la ausencia de fósiles impida fijar con certeza su ubicación estratigráfica absoluta. Si fuese cierta, como parece, dicha relación, sería muy lógico pensar que los depósitos que subyacen á los sedimentos del IST. E. de Oran, podrían corresponder á bahías ó caspianos desecados después de la regresión del mar Uraliense del carbonífero que seño- reó en Sud América, en el Perú, Bolivia, gran parte del Brasil y del Paraguay, y cuyo golfo, en su lado occidental, debió interesar á la región oriental de Salta y Jujuy. La formación de las lentejas 260 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. petrolíferas subyacentes debió corresponder simultáneamente á la época del gran incremento de la tierra de G-ondwana en el pér- mico, tal vez hasta el triásico, en tanto se elevara el suelo produ- ciéndose la desecación de trozos de mar. La distinta calidad del petróleo de Iquira y Galarce, comparado con el de Mendoza no sería de extrañar, pues es un hecho muy fre- cuente que petróleos muy distintos se presentan aún á corta dis- tancia en un mismo horizonte geológico y región petrolífera, así, que nada negaría, ni probaría esta circunstancia para la contem- poraneidad ó proximidad de época en ambas localidades, pero para buscar su mayor ó menor relación, dejemos la palabra al geólogo Rodolfo Zuber el que mejor ha explicado á mi ver el origen y formación del petróleo. Boletín A. C. N. C. C, pág. 459. Sistema triásico superior, formación petrolífera. La estratificación de estas tobas se hace más y más perfecta hacia arriba, convirtiéndose en un sistema de margas claras, inter- caladas por capas de areniscas y conglomerados. Las areniscas de un color gris claro, son poco unidas, calcáreas, cuyo grano mayormente cuarzoso varía de tamaño, desde la arena fina hasta pedacitos rodados de un centímetro de diámetro. En la parte oriental del terreno, encima de este sistema de mar- gas y areniscas, descansa un «grueso depósito de esquistos bitumi- « nosos oscuros, casi negros, que en otras partes del terreno se repi- « ten varias veces también entre las capas inferiores, demostrando « así, que tienen la misma edad geológica, y representan solamente « una variedad local de la misma formación». Las areniscas de cemento calizo poco unidas, coinciden con la descripción de Zuber, así como las margas y conglomerados; la disposición de los esquis- tos es de la misma manera y pertenecen evidentemente á la misma edad de las areniscas, son casi negros, quizás poco bituminosos, en partes se les halla descompuestos pasando por tránsitos á las arci- llas grises casi negras y petrolíferas. Intercalados á estos esquis- tos en su parte superior alternan con otra roca que afecta distinta estructura ya estratiforme, compacta, ó de estructura globular de capas concéntricas gris negruzca ó gris verdosa. Es una arenisca decalsificada con vacuidades y que pertenece al grupo de las Grauwache. Esta alternación de estratos de capas de arenisca más ó menos coherente con arcillas, margas ó pizarras es la característica de las formaciones petrolíferas de Estados Unidos, Galitzia, etc., etc. cables: yacimientos petrolíferos. 261 No faltan tampoco en la región del Aguaray y Tartagal, las manifestaciones de aguas más ú menos ferruginosas ó sulfurosas. También en Cacheuta están las formaciones del triásico superior sobrepuestas por un sistema de areniscas abigarradas, con margas y arcillas en su mayor parte rojas, alternando con capas de arenis- ca y conteniendo depósitos considerables de yeso blanco. «Hacia arriba, dice Zuber», pág. 465, B. A. N. C. C. tomo x., «predominan cada vez gruesos bancos de arenisca colorada alter- «nandocon raras capitas de arcilla.» La concordancia de esta forma- ción con la triásica superior, hace suponer que pertenece al sistema inmediatamente más moderno, ó sea al jurásico; relata asimismo Zuber, que el Dr. Brackebusch, vio las areniscas en cuestión y le aseguró que muestran exactamente el mismo aspecto las areniscas coloradas estudiadas por él en Jujuy y Salta, donde le fué posible á este distinguido naturalista, encontrar encima depósitos fosilífe- ros, pertenecientes al cretáceo inferior según su parecer. En el invierno de 1888, Zuber dice haber tenido ocasión de hacer en la Provincia ele Jujuy las mismas observaciones, añadiendo que: « Puesto que parecen idénticas las respectivas areniscas de « Jujuy y Mendoza, lo que es muy probable, quedarían ellas en « concordancia entre los sistemas Triásico y Cretáceo». El cre- táceo de Salta y Jujuy, creo, como antes dije, es porlandiano *. « De modo que es casi cierto que si no todas, la mayor parte de « estas areniscas enigmáticas pertenecen al sistema jurásico». El contacto de las dos formaciones es evidente en Salta, Jujuy, Bolivia, etc.; así como su propagación al E., á cuyo respecto el Dr. Brackebusch, que parece hubiera adivinado el porvenir de estas regiones, en la citada Memoria B. A. C. C. se expresa así: « Pero la propagación subterránea sería todavía más grande si « consideramos que las capas de la sierra Calilegua, Maíz Gordo, « Santa Bárbara y de Oran se inclinan al E. y desaparecen bajo « las formaciones aluviales del Chaco, añadiendo que es muy pro- « bable que en todo el Chaco, por sondajes, la formación petrolí- « fera se podría averiguar y el valor que estos terrenos tendrían en « este caso, queda fuera de tocio cálculo.» Después de considerar también como probables los vaticinios del Dr. Brackebusch, me concretaré al estudio de esta nueva región 1 En su piso de oolitas, dolomitas, calcáreos litografieos, etc., y probablemente ya inl'racretáceas las areniscas blancas y rojizas que les están superpuestas. 262 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. del Aguaray é inmediaciones del Tartagal, asiento de las minas «Argentina» y «Carmelo Santerbó», consignando en las lineas siguientes mis observaciones de aquella localidad. Así, pues : Desde el Tartagal á Carapari ó Itiyuro se eleva una línea de cerros, en una extensión aproximada de diez leguas, y cuyo punto más culminante es la cumbre de la quebrada de Iquira, coronada por areniscas rojas. Este es el sitio en que los estratos inferiores levantados, presentan más accidentes geológicos y en donde se ponen al descubierto los estratos más inferiores que he visto, ya próximos, muy probablemente á los que encierran los yacimientos de petróleo, que por filtración fluye á la superficie. La conformación orográfica actual, ha modificado considerablemente la que presentaba, tanto en la época en que se depositaron los sedi- mentos de transporte que rellenaron la antigua cuenca, como la que debió ofrecer después de emergir esta línea de cerros. La erosión fué destruyendo los estratos anticlinales más supe- riores que las areniscas del «Sistema de Salta», poniendo de mani- fiesto los de aquella otra formación más antigua en algunos pun- tos. Al pie de esta línea de cerros, debido á esta erosión, en todas partes donde se puede observar la inclinación de las capas, se ve que éstas buzan al \V. diseñando en las cumbres el principio de las líneas sinclinales del W., hay también vestigios de las del E., en rocas firmes (areniscas superiores) que afloran al borde de una lagunita, frente á la casa del señor Sala, en Aguaray. Según esto, la línea anticlinal de estos cerros correspondientes á los estratos de la formación petrolífera? antigua permotriásica, hay que buscarla en puntos bajos del E. más cercanos del sitio, en que los sedimentos de transporte pampeanos y post-pampeanos modernos han nivelado el actual valle. Por esta causa, indiqué al señor ingeniero Emilio Villanueva la conveniencia de ubicar la mina «Carmelo Santerbó» más al pie del cerro, porque creo que dentro de dicha ubicación subyazcan sedimentos que corresponden á las anticlinales petrolíferas que no hayan sido aún denudadas y rellenadas por los terrenos sedimen- tarios, terciarios, cuaternarios y aun actuales. Esta gran erosión debió ser como la que ocurrió en la Puna de Jujuy antes de su mayor elevación y es probable tuvo lugar en los últimos tiempos de la formación araucana (mioceno superior) 1 . i Había comprobado esto allí por la discordancia de los sedimentos araucanos, con fósiles característicos, en La Quebrada Seca, Negra Muerta, de la Puna de Jujuy con respecto á los aluviones tehuelches. CARLES: YACIMIENTOS PETROLÍFEROS. 263 El estudio geológico de estas regiones, como ya lo presumía, fué muy laborioso por la exuberante vegetación que que cubre todo el terreno. Solo en el fondo y borde de las quebradas y todavía á trechos, fué posible examinar la estructura geológica de la región; sin embargo, lo observado ha superado mis esperanzas. El conjunto de areniscas y pudingas calizas, arcillas gris negras, Grauwackes de estructura esferoidal, en capas concéntricas ó bien estratiformes, arcillas gris negruzcas petrolíferas, originadas pol- la descomposición de las pizarras así como las filtraciones de petróleo observadas, forman un conjunto que caracterizan á esta formación, distinguiéndola claramente de las areniscas de cemento arcilloso, amarillentas rojas ó abigarradas, básales del ó al «Siste- ma de Salta» que están sobrepuestas á las Grauwackes, etc., y las qi e en virtud de su misma estructura producen desmoronamientos verticales, quedando aún á simple vista, bien sejmradas de aquéllas y otras rocas más uniformes, cualquiera que sea su estructura. Es en los estratos más inferiores de arenisca de cemento calizo, que en Iquira y en Galarce cerca de Tartagal y Yacuiba fluye el petróleo. En estas de Iquira y en la de Tunean, el examen de los estratos petrolíferos inferiores revela fuertes ]3resiones laterales, que han producido pliegues imbricados y pliegues bruscos hasta el punto de estrangular las capas, así como varios otros accidentes. Debido á estas circunstancias pueden presumirse á cierta pro- fundidad pliegues horizontales que contengan buenos yacimientos de petróleo. Llama la atención en estos sedimentos la referida estructura esferoidal de capas concéntricas en algunos Grauwackes tal como se ve en los Basaltos, Doleritas, etc., la que es una estructura que se observa en algunos accidentes tectónicos de las mismas rocas de estas quebradas. Me pregunto si en este caso más que á la intem- perie produciendo zonas ele más ó menos descomposición no habría que referir este fenómeno á una acción ígnea producida al emergir aquella roca del seno de aquellos mares ó lagos paleozoicos, lo que no sería extraño, pues aquellos sedimentos su- frieron diversos cambios de nivel, atestiguados en las Grauwackes de Iquira y Tunean por rodados de las areniscas calizas subya- centes; el mismo fenómeno se produjo en la de Galarce, donde se hallan estos mismos rodados en las pudingas superpuestas á estas areniscas. 264 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Estas intercalaciones de rocas de un terreno anterior, siguieron produciéndose, hasta depositarse los conglomerados básales al «Sistema de Salta», que aun contienen rodados de Grauwackes. Entre algunos rodados recogidos en Iquira y Tunean, en las Grauwackes he hallado, cuarcitas, pizarra negra, granito, arenisca muy uniforme, caliza, y arenisca caliza petrolífera y entre las areniscas del «Sistema de Salta» superpuestas; además de las Grauwackes inferiores, cuarcitas y pórfidos. La inclinación general de los estratos, salvo los sitios en que los antiguos accidentes . tectónicos locales la modificaron, es de 30° al W. He dicho anteriormente, que la formación pampeana había rellenado la cuenca petrolífera del Aguaray, ello es bien visible en Capiazuti, Carnpi Duran, y en el Río Itiyuro, donde la erosión deja ver bien los estratos en los que se observa una inclinación al Sur. No creo que este accidente producido por movimientos sísmicos, que aun continúan en nuestros días, puede interesar á la forma- ción petrolífera produciendo fallas que puedan haberla sangrado. Por otra parte, estos estratos discordantes que rellenaron los valles, nada tienen que ver con los pliegues de aquel antiguo hori- zonte, sin que pueda referirse á ellos el petróleo que suponen se halla en pequeña cantidad en los pozos de pocos metros que escaban en la llanura, para obtener agua diciendo que ésta engor- da, y creo que ello será debido á las membranas irisantes propias de los lugares pantanosos. Aparte de eso, aunque fuera evidentemente el petróleo la causa, no tendría ninguna importancia, porque la filtración de las aguas que vienen de todas las quebradas, puede arrastrar esta substancia, pues pasan á través de capasarenosas permeables post-pampeanas corriendo sobre el suelo pampeano, impermeable subyacente. Sin embargo, á mayor profundidad probablemente se hallarán las capas petrolíferas in situ. Su propagación al N. E. parece que coincide con los movimientos sísmicos, tan frecuentes en aquella región. El Dr. Brackebusch atribuye una íntima relación á la descomposición de piritas, y formación de aguas sulfurosas y ferruginosas, y manantiales de petróleo con los referidos terre- motos; sea esta causa ó la volcánica la productora de tales fenómenos, la elevación de temperatura consiguiente ha debido originar el desarrollo de gases, que impeliendo en marcha ascen- dente al petróleo lo llevó á la cima de las anticlinales, de donde fluye y penetra por las fisuras de las rocas. Así, pues, sin buscar el origen de los hidrocarburos fuera de los terrenos de sedimentos que aprisionaron los detritus orgánicos de CARLES: YACIMIENTOS PETROLÍFEROS. 265 origen animal y vegetal, no deja de reconocerse la importancia ele la acción ígnea, que ha contribuido notablemente no sólo á la elevación á la cumbre de las anticlinales, sino también á los terre- nos sobrepuestos, cuya permeabilidad ó abertura de canales natu- rales subterráneos, lo haya permitido como debe suponer en los estratos del «Sistema de Salta». De todo lo expuesto creo poder llegar á las siguientes conclu- siones: Que los estratos que afloran en Iquira y Tunean, en el Aguaray, así como los de la quebrada de Galarce en el Tartagal, sitios donde fluye el petróleo á la superficie, corresponden muy de inme- diato al grupo de los estratos de las antiguas bahías marinas donde se formó este importante producto, conservándose allí sin alte- ración. Que á este terreno permo-triásico en donde subyace al «Sistema de Salta» debe atribuirse la causa productora del que se halla en varios puntos de dicha formación, bastante alterado. Que las quebradas de Iquira y Tunean son lugares donde existen grandes probabilidades de poder efectuar una lucrativa explota- ción, sin olvidarse por esto de los terrenos que forman los montes y valles más allá del camino al E. donde puede existir otras líneas de anticlinales petrolíferas, cubiertas por los terrenos sedimenta- rios más modernos. Que no creo sea necesario llegar á grandes profundidades, como en Comodoro Rivadavia, porque al pie de los cerros del Aguaray y Tartagal faltan los sedimentos del «Sistema de Salta» de gran es- pesor al W., de modo que no me parece muy aventurado conjeturar, que perforaciones á 200 metros ó menos, han de llegar á las capas productivas de las lentejas petrolíferas. Que la ubicación de la mina «Carmelo Santerbó» y «República Argentina», creo que corresponderá á estos propósitos, porque aunque está en una región de la República hasta ahora poco cono- cida como petrolífera, la considero como la zona más indicada para tales explotaciones y de posible éxito, siempre que un sistema de pequeñas perforaciones de reconocimiento geológico efectuado bajo una inteligente dirección, revele á los ojos del geólogo ó inge- niero de minas, el exacto conocimiento de la composición petro- gráfica y accidentes orográficos subterráneos cuyos trabajos preli- minares ayudarían grandemente á la ubicación de los pozos. Y por último, que es muy probable que la formación petrolífera que se halla en el supracretáceo de Comodoro Rivadavia, en el 266 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. ? jurásico del Neuquen, en el triásico superior del cerro de los Buitres y Alquitrán, en Mendoza, infracretáceo ó mejor supra- jurásico de Tejada Yavi, Garrapatal, Brea, etc., en Salta y Jujuy, y que en Galarce, Aguaray, Macherety, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia parecen ser permotriásicos, debería hacerse estensible esta última determinación como sitio de común origen á todas las localidades porque no tienen los sedimentos referidos relación con las facies correspondientes al lugar de formación del producto; si como es lo más probable, buscamos su origen en la desecación de los mares carboníferos, ubicados entonces en torno de muchas masas insulares, que ocupaban grandes extensiones en lo que es hoy continente. Corrobora aun más esta creencia que el terreno in situ petrolí- fero sea el permotriásico el hecho que sólo en el N. E. de la Repú- bllca esto es, Galarce, Aguaray, etc., que es en donde todo parece indicar aquel terreno, sea allí el sitio donde se presenta el petróleo sin alteración, en tanto que en los otros yacimientos ha dejado embebido en las rocas sus mejores principios; no sólo en las que afloran á la superficie sino también en las que pasan debajo de los estratos alcanzados por las más profundas perforaciones. 2 de Octubre de 1908. LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS ACULEATOS PROVINCIA DE MENDOZA P. JOftGENSEN Teniendo ahora determinados todos mis Himenópteros pertene- cientes á estos dos grupos ó subórdenes, creo oportuno dar una lista de cada familia con todas sus especies diferentes, acompañada de noticias sobre distribución, biología, visita de flores, etc. Como se verá, el conocimiento de los Crisídidos ó Tubulíferos y de los Himenópteros aculeatos, es decir: los himenópteros cuyas hembras están provistas de glándulas de veneno y por regla general también de aguijón para poder inocular el veneno en la presa, es ya bastante grande, y creo que se puede decir sin exageración que la fauna himenopterológica de Mendoza es por el momento mejor conocida que cualquiera otra de la Rejjública. En su «Enumération des Hyménoptéres connus jusqu'ici de la République Argentino, de l'Uruguay et du Paraguay» l , el señor C. Schrottky conoce de estos tres países sudamericanos en total 530 especies diferentes, pertenecientes á estos dos grupos de avispas. En el trabajo presente puedo anotar solamente de la Provincia de Mendoza casi el mismo número, á saber: 508 especies. Para comparación voy á dar una lista completa sobre las fami- lias correspondientes con sus especies diferentes de la obra de Schrottky, y adjunto con mis especies mendocinas: 'En «Anales déla Sociedad Científica Argentina», tomo lv. p. 80 y siguientes. Buenos Aires 1903. 268 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Schrottky conoció ele la Ar- Jorgensen conoce solamente gentina, del Uruguay y Para- de la Provincia de Mendoza en guay (en 1002) de: (1911): Especies. I. Familia: Chrysididae; 18 I. II. Fam.: Formicidae: 122 II. III. Fam.: Mutillidae: 56 III. IV. Fam.: Thynnidae: 5 IV. V. Fam.: Elididae: 4 V. VI. Fam.: Cosilidae: 1 VI. VII. Fam.: Seoliidae: 20 VII. VIII. Fam.: Tiphiidae: VIII. IX, Fam.: Sapygidae: 3 IX. X. Fam.: Pompilidae: 68 X. XI. Fam.: Sphecidae: , XI. XII. Fam.: Philanthidae: XII. XITI. Fain.: Bembicidae: j XIII. XIV. Fam.: Stizidae: • [ XIV. XV. Fam.: Larridae: 75 XV. XVI. Fam.: Nyssonidae: 1 XVI. XVII. Fam.: Palaridae: \ XVII. XVIII. Fair.: Trypoxylonidae: XVIII. XIX. Fam.: Crabronidae: XIX. XX. Fam.: Masaridae: XX. XXI. Fam.: Eumeneidae: 18 XXI. XXII. Fam.: Vespidae: 13 XXII. Fam.; Colletidae: \ XXIII. Audrenidae; ) XXIV. Panurgidae; XXV. Fam.; Sfcelididae; I XXVI. Fam.: Megachilidae; [ XXVII. Fam.: Oeratinidae: ) 127 XXVIII. XXIX. Fam.; Xylocopidae; l XXIX. XXX. Fam.: Nomadidae: \ XXX. XXXI. Fam.: Anthophoridae; XXXI. XXXII. Fam.; Bombidae; XXXII. XXXIII Fam.: Apidae: / XXXIII, XXIII XXIV. Fam XXV. Fam XXVI. XXVII XXVIII Especies. Familia: Chrysididae: 26 Fam.: Formicidae: 12 Fam.: Mutillidae: 36 Fam.: Thynnidae: 5 Fam : Elididae: 7 Fam.: Cosilidae: 1 Fam.: Seoliidae: 6 Fam.: Tiphiidae: 3 Fam.: Sapygidae: 2 Fain.: Pompilidae: 15 Fam.: Sphecidae: 17 Fam.: Philanthidae: 22 Fam.: Bembicidae: 12 Fam.: Stizidae: 1 Fam.: Larridae: 12 Fam.: Nyssonidae: 8 Fam.. Palaridae: 10 Fam.: Trypoxylonidae: 6 Fam.: Crabronidae: 6 , Fam.: Masaridae: 2 Fam.: Eumeneidae: 38 . Fam.: Vespidae: 1 Fam.: Colletidae : 41 Fam.: Audrenidae: 25 Fam.: Panurgidae: 9 Fam.: Stelididae: 30 Fam.: Megachilidae: !■"> Fam.: Oeratinidae: 1 Fain.: Xylocopidae: 2 Fam.: Nomadidae: 28 Fam.: Anthophoridae: 47 Fam.: Bombidae: 1 Fam.: Apidae: 1 Total 530 especies. Total 508 especies. En cuanto á las localidades mencionadas más á menudo en el presente trabajo, voy á comunicar que las estaciones ferroviarias Mendoza, la capital de la Provincia, (7<>7 m. sobre el nivel del mar) y ( 'huevas de Coria (93G m.) están situadas al pie de la Pre-Cordillera de Mendoza, como también Blanco Encalada (1038 m.) y Potreri- llos (13fí7 m.) se hallan en un gran valle de la segunda cadena: Cerro Negro. Las estaciones Pedregal (696 m.), unos pocos km. al jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 269 Este de Mendoza, y La Paz (504 m.) aun más al Este, están situadas en la llanura ó altiplanicie mendocina. Alto Pencoso (000 m.). en San Luis y Caucete '500 m.); en San Juan, se hallan en la misma lla- nura, llamada la «Región del Chañar». Con excepción de las abejas (Apinae), casi todos los himenópteros mendocinos de mis colecciones han sido determinados por mis colegas y amigos los señores Juan Bréthes, en Buenos Aires, y C. SchrottTcy, en Paraguay, cuya deferencia agradezco aquí sincera- mente. Las especies cazadas por mí van precedidas de un *. I. Familia: CHRYSIDIDAE O TUBULIFERA Siendo los Crisídidos parásitos en los nidos de otros insectos ó aun en los gusanos vivos de los mismos, especialmente de avispas (esfógidos, pompílidos, abejas, etc.), se encuentran por la mayoría volando cerca de lugares á donde hay colonias de éstos: á lo largo de murallas, paredes, postes de madera, troncos podridos ó sobre el suelo mismo, para buscar esos nidos, en los cuales pueden poner sus huevos. Claro es entonces que pueden criarse fácilmente de nidos de varios Himenópteros, y así he criado muchas especies en muchos ejemplares; pero ahora lamento mucho no haber conservado aquéllos, por separado, resultando que por el momento nada puedo decir con exactitud sobre huésped y parásito. También se encuentran sobre flores, especialmente de Composi- táceas, pero siendo imposible separar en las cacerías estas especies pequeñas que se parecen mucho unas con otras, no puedo decir qué especies de Crisídidos visitan sus plantas favoritas. Las flores predilectas son las siguientes: Clematis Hilarii Spreng. (Ranunculá- cea); Tamarix africana L. ( Tamaricácea ) ; Caesalpinia praecox R. P., Cassia aphylla Cav. ; Gourliaea decorticans Gilí., Prosopis alpatnco Ph., Prosopis campestris G-r., Prosopis strombuUf era Benth., Acacia furcata Gilí. ( Legurnináceas ) ; Larrea divaricata Cav. (Zigofilácea); Duvaua dependen* Kth. (Anacardiácea); Foeniculum piperitum D. C. (Umbelácea); Cuscuta racemosa Mart. (Convolvu- lácea); Grindelia pidchella Dan., Baccharis serrulata Pers., salid- folia Pers., pingraea var. angustissima, subulata D. Don., júncea Desí.,effusa Gr., Eupatorium patens Ph., Tes.saria absinthioidesl). C, Cynara cardunculus L. ; Cirsium lanceolatum Willd., Solida go lineari- folia D. D., Ximenedia microptera D. C, Bidens pilosa L., Pascalia 270 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. glauca Ort., Hyalis argéntea Don., Senecio pinnatus J?oir. , albicaulis Hook. et Arn., mendocinus Ph., Hysterionica jasionoides Willd. (Compositáceas). Siendo mal el tiempo: lluvioso, ventoso, etc., los disididos buscan abrigo en lugares protegidos, por ejemplo, en agujeros de paredes, postes, etc., ó en cápsulas secas de plantas, por ejemplo, de Datura, en las cuales se les puede encontrar á veces en cantida- des, especialmente en el sexo fuerte. La Provincia de Mendoza es en general muy rica en Crisídidos, no sólo en especies, sino también en ejemplares, la más rica que he frecuentado en la República. Las especies que se conocen actualmente de Mendoza, son las siguientes: * 1 . NotOZUS Gayi Spin. — Cazado en Uspallata(1680 metros de altura), Chacras de Coria (936 metros), Pedregal (696 metros), Santa Rosa; en Noviembre - Enero y en ambos sexos, pero no común. — Mendoza. * 2. Holophris iridescens Nort. —Chacras de Coria y Santa Rosa; en Noviembre-Enero, pero no común. — Desde Canadá hasta Mendoza. * 3. Holopyga Wagnerella Buyss.— Santa Rosa, Mendoza y Chacras de Coria en Noviembre-Febrero, no común. — Mendoza. * 4. Holopyga Inzuí i Dahlb. — 3 ejemplares Q en Potrerillos (1350 m.j y Chacras de Coria en Diciembre-Enero.— Buenos Aires, Mendoza, Brasil (Para). * 5. Holopyga Boutheryi Bréthes. — 2 ejemplares en Pedre- gal el 9 y el 12 de Noviembre. — Mendoza. * 6. Chrysis Taschenbergi Mocs. — No raro en Chacras de Coria y Mendoza en Octubre - Enero. — Mendoza. * 7. Chrysis ancilla Buyss. — Unos ejemplares en Chacras de Coria, Mendoza, Pedregal y Santa Rosa; en Octubre -Enero. — Mendoza, Santa Fe. * 8. Chrysis brnsilinnn Guér. — Muy raro en Mendoza: Cha- cras de Coria. — Argentina (Mendoza, Buenos Aires); Brasil. * 0. Chrysis carina Brullé — Común en Mendoza: Potreri- llos, Chacras de Coria y Mendoza en Diciembre-Marzo. — Mendoza, Tucumán, Jujuy, Buenos Aires, Misiones; Uruguay. * 10. Chrysis Ivlugi Dahlb. — Un ejemplar en Enero de Cha- cras de Coria. — Mendoza, Brasil (Para). jórgenSen: los crisídtdos y los himenópteros. 271 * II. Chrysis Ly nebí i Brétlies— 3 ejemplares en Potrerillos y Chacras de Coria en Octubre -Diciembre. — Mendoza, Buenos Aires. 1*2. Ghrysi*sFabrÍCÜ Mocs.— En Mendoza, raro (Bréthes).— Mendoza, Paraguay, Brasil (Para). * 13. Chrysis cjibba Brulló. — Muy común en Mendoza: Cha- cras de Coria, Mendoza, Pedregal, Puente del Inca (2710 m. ) en Octubre - Abril. — Mendoza. 14. Chrysis íntricans Spin. — Mendoza (Mocsary). — Men- doza, Buenos Aires. 15. Chrysis Jenseni Buyss.— Un tf en Mendoza (A. C. Jensen-Haarup). — Mendoza. * 16. Chrysis propinqua Mocs. -4 ejemplares en Chacras de Coria, Octubre-Enero. — Mendoza, Buenos Aires, Jujuy; Paraguay. * 17. Chrysis distinctissima Dahlb. — La especie más común en Mendoza: Chacras de Coria, Mendoza, Pedregal, San Ignacio, La Paz y San Luis: Alto Pencoso (660 m.), Octubre Mayo. — Men- doza, San Luis, San Juan, B^^enos Aires; Paraguay. * 18. Chysis excávala Brulló. — 4 ejemplares en Mendoza (Chacras de Coria) y San Luis (Alto Pencoso), Diciembre-Enero. — Mendoza, San Luis. * 19. Cbrysis Baeri Buyss. —No raro en Chacras de Coria y Mendoza, Octubre -Enero. — Mendoza. * 20. Cbrysis pmictalissima Spin. — Un ejemplar en Men- doza el 5 de Diciembre. — Mendoza. * 21. Cbrysis mucronata Brulló. — Un ejemplar en Chacras de Coria el 26 de Febrero. — Mendoza, Brasil (Para). * 2*2. Cbrysis Nisseri Dahlb. — Santa Rosa, tf Q , en Noviem- bre (Jensen-Haarup). — Mendoza. * 23. Cbrysis charruana Bréthes. — Un c? en Pedregal el 31 de Octubre. — Mendoza. * 24. Chrysis morosa Buyss. — Un ejemplar en Pedregal el 12 de Noviembre. — Mendoza. * 25. Cbrysis brasil ¡CUSÍS Brulló. — Criado en los nidos de Trypoxylon coriae Bréthes (Esfégido) en Chacras de Coria en Enero- Marzo. — Argentina (Mendoza); Brasil. 26. Chrysis obidensis Ducke. — En Chacras de Coria en Enero (Jensen-Haarup). — Mendoza; Brasil. 272 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. II. Fam.: FORMICIDAE No teniendo todavía determinadas mis especies de hormigas, me contento con darlas especies de la «Enumération» de Schrottky, agregando algunas otras: 27. (1). Eciton Strobeli Mayr. — Mendoza, San Luis, Buenos Aires; Uruguay. * 28. (2). Solenopsis parva Mayr. — Mendoza, Buenos Aires. 29. (3). Solenopsis gemínala (F). — Argentina fere tota; Uruguay; Paraguay. Estas 2 especies de Solenopsis son muy molestas en las casas. Comen casi todo: carne fresca, frutas, dulces, colecciones de insec- tos, etc. 30. (4). Atta labicornis ferruginea Em. — Argentina. Muy nociva como todos sus congéneres, en todas clases de plan- tíos. Devora, como los Camponotus, los Cóccidos tan abundantes en Mendoza. 31. (5). Pogonomyrmex rostratus Mayr. — Mendoza. 32. (6). Dorymyrmex flavescens (F.) — Mendoza, Pata- gonia. 33. (7). Dorymyrmex planidens Mayr. — Mendoza, San Luis. 34. (8). Dorymyrmex tener Mayr. — Mendoza (Uspallata). 35. (9). Camponotus tenuiscapus punetulatus Mayr. - Mendoza, San Luis, Buenos Aires. 30. (10). Camponotus chilensis (Spin.) forma ovaticeps (Spin.) — -Mendoza (Uspallata); Chile; Uruguay. 37. (11). Camponotus senex mus Eog. — Mendoza, Pata- gonia, Buenos Aires, Jujuy; Uruguay. * 38. (12). Forelius chalybaeus Em. — Muy común en todas partes, también en la Cordillera, con frecuencia se les ve en gran cantidad visitando flores. — Mendoza. III. Fam.: MUTILLIDAE Las hembras de esta familia son ápteras, es decir, sin alas. Se llaman «tarántulas» en Mendoza y provincias vecinas y son muy temidas por causa de sus picaduras venenosas. Se les ve corriendo sobre arena para buscar nidos de otros himenópteros, JÜRGENSEN: LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 278 esj)ecialmente de abejas silvestres, en los cuales viven como pará- sitos. Los machos que son muy diferentes de las hembras, visitan flores, y se pueden ver á veces en pequeñas compañías sobre hier- bas y arbustos bajos, por ejemplo: de Lycium gracile (Solanácea). Es probable que buscan allí la orina de alguno que otro animal, como hacen tan á menudo en Misiones y otros países subtropicales y tropicales, en compañía de otros insectos, especialmente Hime- nópteros y Lepidópteros. Los he visto durante varios días sobre la misma planta. íií). (1). Mutilla lineóla (F.) — Unos $ sobre Xanthium spino- surn L. (Compositácea) en Alto Pencoso (San Luis) el 20 de Enero. — San Luis, Córdoba. * 3Í). bis Mutilln bilineipiinctata Spin. — Elcf muy raro en La Paz en Diciembre. — Argentina (Mendoza): Chile. * 40. (2). Rhoplliromulilla bembicinaGrerst. cf. — Raro, en Alto Pencoso el 31 de Enero sobre: Xanthium spinosum. — Mendoza. 41. (3). Rhoplliromulilla auricups André ¿" . — Mendoza. * 42. (4). Tallíum catulus(Burm.) — Muy común en Mendoza (Chacras de Coria, Blanco Encalada, Cacheuta, Potrerillos (1367 metros), Mendoza, Pedregal, La Paz, et.) en Noviembre - Abril. — Mendoza. 43. (5). Tallium disjuiiCtum (G-erst.) tf . — Mendoza, Cór- doba, Santa Fe, Jujuy. * 44. (6). Tallium fratorculus (Burm.) 9. — Pocos ejempla- res en Chacras de Coria en Diciembre. — Mendoza. 45. (7). Tallium Ivouowi André 9. — Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán. 40. (8). Tallium mínimum (Burm.) 9. — Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe. 47. (9). Tallium pretiosum (G-erst.)— Argentina (Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe): Brasil. * 48. (10). Tallium sordidultim Sin. tf .— Muy común en Mendoza, Noviembre - Marzo, sobre: Dipsacus silvestris L. (Dipsá- cea); Gh'indélia pulcliella, Senecio pinnatus, albicaulis, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea var. subulata, júncea, Ettpatorium patena, saucechicoense Hier., Tessaria absintkioides, Cynara cardun- culus; Cirdum lanceolatum, Solidago linearifolia, Pascalia glauca, Xanthium spinosum, Hy al i s argéntea Don. (Compositáceas); Clea/a- tis Hílarii; Lippia lycioides (Verbenácea); Lycium gracile (Solaná- cea); Duvaua dependen.*, Larrea di caricato, Melilotas indica, Hoffmannseggia falcata, Prosopis campestres, alpataco, strombuli- fera (Legumináceas). — Mendoza. * 49. (11). Atillum infernal^ Burm. — Varios ejemplares en Mendoza (Chacras de Coria, Blanco Encalada, La Paz) y San Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Noviembre 22, 1911. 18 274 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Luis (Alto Pencoso) desde Noviembre hasta el 18 de Abril. — Men- doza, San Luis, Patagonia. * 50. (12). BradynobaenusGayivar.chubutinusBréthes.— Una 9 de esta especie sumamente interesante y curiosa cacó en Potrerillos el 23 de Febrero. Tal vez pertenece á otra familia. — Mendoza, Chubut. * 51. (13). Reedia Claraziana (Sss). — Muy común en ambos sexos en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria, etc.), y San Luis (Alto Pencoso) desde Octubre hasta el fin de Abril. La 9 visita los nidos de Epimelissodes dama Vach. (Apidae), que vive en grandes colonias. El macho visita: Grindelia pulchella, Baccharis serrulata, salicifolia, Duvaua dependens, Prosopis campestris. — Mendoza, Patagonia, Buenos Aires. 52. (14). Cephalomutilla argyrosticta (Burm.) — Mendoza, Córdoba. * 53. (15). Traumatomulilla bispiculata Andró. — Común en ambos sexos en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria, Mendo- za, etc.) y San Luis (Alto Pencoso), Noviembre-Febrero. El tf visita: Dipsacus silvestris; Grindelia pulchella, Baccharis salicifolia, subulata, júncea, Solidago linearifolia, Xanthium spinosum; Clematis Hilarii; Duvaua dependens; Larrea divaricata; Prosopis campestris, alpataco. — Mendoza, San Luis, Córdoba, Catamarca. * 54. (16). Trauma tomutilla eentralis (Burm.). — Muy co- mún en ambos sexos en Mendoza y San Luis desde el 3 de Octu- bre hasta Marzo. El tf visita las mismas flores que Tallium sordi- dulum. — Mendoza, San Luis, Patagonia, Córdoba, Tucumán. 55. (17). Traumatomulilla cristata (Gerst.) ¿. — Mendoza, Tucumán. 56. (18). Traumatomulilla cuyaoa (Burm.) CJ). — Mendoza, Catamarca. 57. (19). Traumatomutilla infernalis (Gerst.) g .—Men- doza. 58. (20). Traumatomutilla lasiogastra (Burm.) 9. — Men- doza, Córdoba. 59. (21). Traumatomutilla miníala (Gerst.) 9 .—Mendoza, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta. <>0. (22). Traumatomulilla protuberans (Gerst. ) rf .— Mendoza, Catamarca . 01. (23). Traumatomulilla tristis (Klug) 9. —Mendoza, Jujuy. jórgensen: los crisídidos y los himexúpteros. 275 * 62. (24). Traumatomutilla tetrastigma (Gerst.)9.— Una 9 en La Carlota (Córdoba) el 7 de Marzo. — Córdoba, Patagonia, Buenos Aires; Uruguay. * 63. (25). Traumatomutilla quadrum (Klug)9. — Muy raro en Mendoza. — Mendoza, Tucumán. * 64. (26). Traumatomutilla vulnerifera Andró <-? . — Un cf en Mendoza (Chacras de Coria) en Diciembre. — Mendoza. * 65. (27). Pholopsis aegrota (G-erst.) tf . — 2 c ?en Mendoza, uno en Chacras de Coria el 5 de Noviembre, el otro en Pedregal el 19 de Octubre. — Mendoza . 66. (28). Photopsis argentinensis Andró g .—Mendoza. 67. (29). Scaplodactyla gracilesccns Sm.^.— Mendoza. * 68. (30). Scaplodactyla hetcrogama Burm. 9 $ .—Muy común en Mendoza, Octubre-Febrero: el tf vuela de noche y bus- ca la luz. La 9 mucho másrara; 2 hembras sobre Atriplex lampa Gilí. (Quenopodiácea) el 28 de Septiembre. — Mendoza, Pampa, Patagonia. 69. (31). Scaplodactyla lynx Andró ^ .—Mendoza. 70. (32). Scaptodactyla pampeana Andró 9. — Mendoza. 71. (33). Mutilla errática Sm. 9 . — Mendoza. 72. (34). Mol ¡Ha incana Sm. $ . — Mendoza. 73. (35). Mutilla pertinax Sm. 9 . — Mendoza. 74. (36). Mutilla pubeseens Sm. tf —Mendoza, Las -1 últimas especies son inciertas. IV. Fam.: THYXXIDAE. También las hembras de esta familia son ájDteras, pero aún, en comparación de los machos, muy pequeñas y en el colorido com- pletamente insignificantes; por lo común j)ardas con pocos dibujos, mientras que los machos lucen lindos colores, especialmente de amarillo y blanco. Las hembras parecen también ser mucho más raras que los machos, los cuales se pueden ver á menudo en cente- nares sobre la misma planta. Se encuentra the fair scx en las mismas localidades y se les ve con frecuencia in copula. Espanta- da tal pareja, el macho vuela pronto á otra flor con la hembra col- gada debajo de la extremidad de su abdomen, parecida á algún apéndice de éste. Siendo tan grande la diferencia entre los dos sexos, solamente es posible unir aquellos cue se encuentran in copula. 276 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. De la biología de esos interesantes insectos se sabe hasta el momento muy poco; viven, según se dice, como parásitos en gusa- nos de mariposas. * 75. (í). Telephoromyia rufipos Guér. — Muy abundante en amitos sexos y muchos ejemplares in copula en Mendoza (Chacras de Coria, La Paz) y San Luis (Alto Pencoso) desde el 22 de Diciem- bre hasta Abril sobre: Baccharis salicifolia, Foeniculum piperitum D. C. (Umbeláceas) y Morrenia odorata Ldl. ( Asclepiadácea ). — Las patas del macho son, ya negras, ya coloradas. — Mendoza, Córdoba. * 7(j. (2). Elaphropleríi bilubereulata Turn. — Aun más común que la especie anterior en Pedregal, Mendoza, Chacras de Coria, Punta del Agua (Precordillera fie Mendoza) La Paz, etc., desde el 20 de Noviembre hasta Mayo sobre: Baccharis salicifolia, serrulata, Eupatoriwm patens, Só'idago linearifolia; Philibertia Gilliesii (Asclepiadácea): Lippia nodiflora; Foeniculum piperitum. — Mendoza, San Juan. * 77. (3). Elaphroptcra laota (Klug)9 tf .— Raro. Mendoza, San Juan, Catamarca. 78. (4). Parelaphroptcra Rollei Turn. 9 g . — Mendoza (La Paz) (A. C. Jc-nsen-Haarup). 79. (5). Anndontyra Haarupi Turn. 9 cf • — Mendoza (La Paz) (A. C. Jensen-Haarup). V. Fam.: ELIDIDAE. Las hembras de esta familia y las de las siguientes tienen alas. La diferencia entre los dos sexos no es en total tan grande como en las 2 familias anteriores. * 80. (1). Elis bonaérensis (Burm.) 9 tf . — Muy común en todas partes de la Provincia (Pedregal, Mendoza, Chacras de Coria, Potrerillos, San Ignacio, La Paz, etc.), en San Luis (Alto Pencoso) y San Juan í Caucete) desde fines de Octubre hasta fines de Mayo. En abundancia sobre: Baccharis salicifolia, serrulata, pingraea var., júncea, effusa, Eupatorium patens, saucechicoense, Tessaria absin- thioides, Cynara cardunculus, Cyrsiwm lanceolatum, Solidago lineari- folia, Ximenedia microptera, Bidens leucantha,, Hysterionica jasio- noides, llar cria contrayerba, Trixis papulosa, Pascalia glauca, Cyclólepis genistoides, Proustia iJicifolia, Heterothalamus spartioides, Xanthium spinosum, iñ/alis argéntea, Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, albicaulis, mendocimis (Compositáceas); Dipsacus silves- jorglnsen: los crisídidos y los himenópteros. 21 < tris; Lippia noctíflora, Verbena bonariensis (Verbenáceas); Lar na divaricata, nítida (Zigofildceas); Duvaua dependens (Anacardid- cea) ; Tamariz africana ( Tamaricdcea ) ; Sphaeralcea bonarien- sis, mendocina, collina (Malvdceas); Caesalpinia praecox, Cassia aphylla, Gourliaea decorticans Prosopis alpataco, campestris, strom- bulifera, Robinia pseudoacacia, ParTcinsonia aculeata, Acacia furcata, Psoralea higuerilla, Zucen ¡/ni a pn nefata, Melilotus indica (Legumi- ndceas); Clematis Hilarii ( Ranunculdcea). — Mendoza, San Juan, San Luis, Buenos Aires, Santa Fe. * 81. (2). Elis cuyana (Burm.)g $ • — Muy común y muy va- riable desde Noviembre hasta el 13 de Mayo en Pedregal, Mendoza, Chacras de Coria, La Paz, etc., sobre: Baccharis salicifolia, serru- lata.pingraea va,r.,j lincea, Eupatorium pateas, Tessaria absinthioides, Cynara cardunculus, Cirsium lanceolatum, Solidago linearifolia, Ximenedia microptera, Grindelia pulchella, Heterothalamus spartioi- des, Caesalpinia praecox, Prosopis alpataco, campestris, Acacia f // reata. -Mendoza. * 82. (3). Elis Amogliinoi BréthesJ 1 . — No raro, en Chacras de Coria en Enero y en La Carlota (Córdoba), en Mayo. — Mendoza, Córdoba. * 83. (4). Elis iintll iculala Schrottkyg. — Bastante común en Mendoza desde Noviembre hasta Abril sobre: Baccharis salici- folia. Cirsium lanceolatum, Cynara cardunculus, Solidago linearifo- lia, Ximenedia microptera Grindélia pulchella, Larrea dirá ricota, Prosopis alpataco, campestris. — Mendoza, Misiones. * Sí. (5). Elis Rriicllii Bréthesg.— No común en Pedregal en Diciembre sobre: Tessaria absinthioides, Baccharis salicifolia, Cirsium lanceolatum, Grindélia pulchella.— Mendoza,, Catamarca. * 85. (6). Elis robusta forma Jócrjciiseui Schrottky9 — Bastante común en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria, La Pazi en Diciembre-Marzo, especialmente sobre Compositáceas. — Men- doza; Uruguay (Forma principal). 8(5. (7). Elis albosiynata (Burm.) 9 tf .—Mendoza, Córdoba. VI. Fam.: COSILIDAE. * 87. (1). Anthoboscn nrythropyga 'Burm.)— Muy común en La Paz (Mendoza) y Alto Pencoso (San Luis) en Diciembre sobre: Pascdlia glauca y Heterothalamus spartioides.—Mendoza, í San Luis, Córdoba. 278 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. VII. Fam.: SCOLIIDAE. Las especies de esta familia viven como parásitas, según se conocen, de larvas de coleópteros, especialmente pertenecientes á la familia de Scarabéidos. He observado una vez en Chacras de Coria y durante unos días la Scolia (Dielis) mutanda Sauss. et Sich. 9 en gran abundancia cavar la tierra para buscar esas larvas que se bailaban muy comunes en aquella localidad ( pie de una parva de paja con la tierra bastante húmeda). Excavé una galería de esas larvas de Scarabéidos, pero sin encontrarla molestada por las avispas. Por causa de mi salida del lugar no pude continuar mis estudios sobre este asunto. * 87. (1). Plesiomorpha albinervisBreth.es. — Bastante raro en La Paz en Diciembre sobre: Heterothalamus spartioides. — Men- doza. * 89. (2). Scolia vitripennis Sm. — Común en Pedregal y Chacras de Coria desde el 20 de Octubre hasta fines de Diciem- bre sobre: Larrea divaricata; Gourliaea decorticans, Clematis Hilarii. — Mendoza. '* 90. (3). Scolia mutanda Sauss. & Sich.— Muy común en Chacras de Coria y Pedregal en ambos sexos que son muy dife- rentes, Diciembre-Enero, sobre: Larrea divaricata, Baccharis sali- cifoliít. — Mendoza, Uruguay. * 91. (4). Scolia lucióla Lep. (peregrina Lep.) — Bastante común en La Paz y Alto Pencoso, Enero • Febrero, sobre: Larrea divaricata, Heterothalamus spartioides. — Mendoza, Córdoba, San- tiago del Estero, Tucumán. * 92. (5). Scolia Spegazzinii Bréthes. — Raro en Chacras de Coria en Enero. — Mendoza. * 93. (6). Lacosi rufivenlris (F.)— Muy común y muy varia- ble, en Pedregal, Chacras de Coria, San Ignacio, La Paz, etc., y en San Luis (Alto Pencoso) desde Noviembre hasta Abril, sobre: Larrea divaricata; Baccharis salicifolia, serrulata, Eupatorium patens, Tessaria dbsinthioides, Cynara cardunculus, Cirsium lanceo- latum, Solidago linearifolia , Heterothalamus spartioides; Caesalpinia praecox. — Argentina (Mendoza, San Luis, Santa Fe, Tucumán, Misiones); Paraguay; Uruguay; Brasil. jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 279 VIII. Fam.: TLPHIIDAE. * 94. (1). Tiphia pa rállela Sm. — No común en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria) en Diciembre - Enero, sobre: Larrea divaricata y Grindelia pulcheUa. — Brasil: Argentina Norte, hacia el Sur hasta Mendoza, La Pampa y Bahía Blanca. * 95. (2). Tiphioides Jdrgenseni Bréthes. — Raro en Pedre- gal, Chacras de Coria y La Paz, en Noviembre-Enero. — Mendoza. * 96. (3). ProtiphialuridipennisBreth.es. — Earo en Pedre- gal, en Enero. IX. Fam.: SAPYGIDAE. Las especies viven en los nidos de abejas silvestres (Apidae). * 97. (1). Sapyna fallax Gerst. — He criado en Diciembre varios ejemplares, machos y hembras, de capullos encontrados en los nidos de Xylocopa brasilianorum L. y Xylocopa .splendidula Lep., que construyen en las cañas de los techos ( Arundo donax Lj ó en trozos más ó menos podridos, especialmente de Salix y Populus. El capullo es de un negro de pez, liso y luciente, elíptico, con 13 mm. de eje mayor y 7,5 mm. de eje menor. La avispa visita Clematis Hilarii y Baccharis salicifolia. — Mendoza. 98. (2). Sapvya Burmeistori Gerst.— Mendoza. X. Fam.: POMPILIDAE. Con pocas excepciones, por ejemplo, los Ceropales que son parásitos en los nidos de otras especies, los Pompílidos cazan arañas para su prole. Las Brethesia (Pep.ñs) gigantescas cazan las arañas pollitos (Mygale) y deben por esta causa considerarse como útiles, mientras las especies chicas y de tamaño mediano cazan las arañas chicas ó de tamaño mediano las cuales casi siem- pre son útiles, viviendo de bichos molestos y aun nocivos: mos- cas, mosquitas, etc. La fuerza muscular de los Pompílidos es fenomenal: se ve á menudo una avispa tirando una araña, muchas veces más grande que ella misma. Los capullos son ovales, bastante duros, por dentro lisos, afuera por lo común provistos de un tejido blando como hilo de seda. El color es, las más de las veces, ama- rillo, y se corta la tapa rectamente. 280 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 99. (1). Pseudagenia liirsutula (Spin.) — Mendoza; Chile. * 100. (2). Salius hirticeps (G-uér.) — Muy común en Chacras de Coria y San Ignacio, en Marzo-Abril sobre: Baccharis serrulata y Baccharis pingraea var. angustissima. — Mendoza; Chile. * 101. (3). SaIiusJorgeilSCiiiBreth.es. — Pocos ejemplares en Arias y La Carlota (Córdoba) en Mayo, sobre: Baccharis coridifolia, Vernonia flexuosa. — Córdoba. * 102. (4). Salius Autraiii Schrottky.— No raro junto á Salius hirticeps. — Mendoza, Chubut. * 103. (5). Salius pampeanusF. Lynch. — Unos ejemplares en Pedregal y Chacras de Coria. — Mendoza, Pampa Central. * 104. (6). Salius bouariensis (Lep.) — Muy común en Men- doza como en casi todas partes del país, desde el 18 de Noviembre hasta el fin de Mayo, sobre: Baccharis serrulata, salicifolia, pin- graea var., subulata, júncea, Eupatoriumpatens, Tessaria absinthioi- des, Heterothalamus spartioides; Lippia nodiflora; Lycium yracile, chítense, argentinum; Ligustrum japonicum; Caesalpinia praecox, Cassia aphylla, Prosopis alpataco, strombulifera, campestres, Acacia furcata; Clematis Hilarii; Tamarix africana. — Argentina (Mendoza, Ssn Luis, San Juan, Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Salta, Jujuy, Buenos Aires, Misiones); Chile; Uruguay. * 105. (7). Salius andinusBréthes. — Muy raro en Chacras de Coria, sobre: Grindelia pulchella, en Abril. -Mendoza. * 101*. (8). Salius COilstrictus Bréthes. — También raro en Chacras de Coria, en Abril. — Mendoza. * 107. (9). Chii'odamus kingii Hal. — En ambos sexos, pero en pocos ejemplares en la Cordillera de Mendoza cerca de Chacras de Coria, desde el 27 de Septiembre hasta el 27 de Noviembre, sobre arena y flores de Duvaua dependens y Larrea divaricata. — : Mendoza, Chubut. * 108. (10). Brclhcsia (PEPáis) liuihata (Ghiér.) — En gran abundancia desde el 20 de Noviembre hasta el mes de Mayo, tanto en la altiplanicie como en la Cordillera misma, sobre: Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea var., subulata, júncea, effusa, Eupato- rium patens, saacechicoense, Tessaria absinthioides, Solidago lineari- folia, Pascalia glauca, Cyclolepis genistoides, Proustia ilicifolia, Heterothalamus spartioides, Hyalis argéntea; Lippia nodiflora, lyci- oides; Ligustrum japonicum; Foeniculum piperitum; Larrea divari- cata, nítida; Prosopis alpataco, strombulifera, campestris, Caesalpi- nia praecox, Gourliaea decorticans, Robinia pseudoacacia, ParTcinso- nia aculeata, Acacia furcata, Psoralea higuerilla, Zacea guia punetata, jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 281 Patagonium Gilliesii; Tamarix africana; Trichornaria usillo; Alta- misquea emarginata; Clematis Hilarii.— Argentina (Mendoza, San Luis, San Juan, Catamarca, Buenos Aires); Uruguay; Chile. * 100. (11). Brotlwsia Reanmnri (Dahlb.) — Como la anterior en gran abundancia y á menudo en ejemplares gigantescos, al mismo tiempo y sobre las mismas flores. — Argentina (Mendoza, San Luis, San Juan, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán) Uruguay; Paraguay. * i !0. (12). Bretliesla nítida (Lep.). — Común también en Mendoza como las dos anteriores. — Mendoza, San Luis, Córdoba (La Carlota), Salta; Uruguay. * III. (13). Brethesía Caridei (Bréthes). — Común como la especie anterior á la que se parece mucho. — Mendoza. * 112. (14). Brelhesia Stand ingerí (Enderlein). — También común. — Mendoza. 1 13. (15).— Brelhesia nkjricornis (Lucas). — Mendoza. * 114. (lfi). Brothesia d eco rata (Perty). — Esta especie negra pertenece á la montaña: en la Cordillera misma (San Ignacio, Potrerillos, Punta de Agua) muy abundante, en Chacras de Coria y Mendoza al pie de la misma no raro, pero en Pedregal, á unos kilómetros de la montaña, muy escaso, en Enero-Abril, sobre: Bacharis serrulata, salid folia, pingraea var., snbulata, Eupatorium patena, Tessaria absinthioides, Pascalia glauca, Pronstia ilicifolia; Clematis Hilarii; Caesalp ini a praecox, Acacia furcata, Prosopis cam- pestris, alpataco. — Mendoza, Santa Fe. 115. (17). Ponipilns adnstus Tasch. — Mendoza. * 110. (18). Pornpilns caenilens Tasch. — Muy abundante en todas partes de la provincia desde el 13 de Octubre hasta me- diados de Mayo, sobre: Grindelia pnlcliella, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea var., Eupatorium patens, Gynara cardunculus, scolini'is, Oirsium lanceolatum, Solidago linearifolia, Ct/clolepis genistoides, Proustia ilicifolia; Lippia nodi/Jora; Lyciam gracile, argentinum; Rydrocotyle bonariensis, Foeniculum piperitum; Cae- salpinia praecox, Prosopis alpataco, campestris, strombul/fera, adesmioides, Tamarix africana, Clematis Hilarii. — En Córdoba (La Carlota) la cacé sobre: Baccharis coridifolia y axillaris. — Men- doza, Santa Fe. * 117. (19). Ponipiins nilidnlns Guér. — Como la especie ante- rior, pero mucho más rara; también en Córdoba (La Carlota). — Mendoza, Córdoba. 282 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 1 18, (20). Pompilus cuyanus Hlbg. — Muy común desde el 15 de Noviembre hasta el 15 de Mayo, sobre las mismas plantas que P. caeruleus. — Mendoza. * 1 19. (21). Pompilus funebris Tasen. — Común como el ante- rior. — Mendoza, Tucumán, Buenos Aires, Misiones (Autor). * 120. (22). Pompilus margiuicollis (Tasch.)— Abundante en todas partes y todo el verano como P. caeruleus. — Men- doza, Córdoba (Autor), Buenos Aires, Santa Fe, Salta (Autor), Jujuy (Autor), Misiones (Autor); Uruguay; Brasil. * 121. (23). Pompilus semicinctus (Dahlb.).— Bastante co- mún desde el 28 de Noviembre hasta Abril, sobre: Baccharis salicifolia, serrulata, pingraea var., Eupatorium patens, Proustia ilicifolia; Lycium gracile; Foeniculum piperitum; Caesalpinia praecox, Prosopis campestris; Clematis Hilarii; Cuscuta racemosa. — En Córdoba (La Carlota) sobre: Baccharis coridifolia y axillaris en Mayo. — Mendoza, Buenos Aires, Córdoba: Uruguay. * 122. (24). Pompilus gastricus Spin. — Muy común desde Octubre hasta el fin de Mayo, sobre: Grtndelia pidchella, Baccha- ris serrulata, salicifolia, pingraea var., subulata, Cirsium lanceóla- tum, Solidario Unearifolia, Cyclolepis genistoides, Proustia ilicifolia, Xanthium spinosum, Hyalis argéntea; Foeniculum piperitum, Petro- selinum sativum; Duvaua dependens; Prosopis al pataco, campestris, strombulifera, adesmioides, Acacia f arada. Melilotas indica; Alyssum maritimum, Clematis Hilarii. — Mendoza; San Luis (Alto Pencoso), Córdoba (La Carlota), Buenos Aires. * 123. (25). Pompilus sepa rat US Tasch.— En abundancia con el anterior al mismo tiempo y en las mismas localidades. — Mendoza, San Luis, Córdoba (La Carlota, sobre: Baccharis coridi- folia y axillaris). * 124. (26). Pompilus turcicus Fab. — Muy común en todas partes de la provincia desde Noviembre hasta Mayo, sobre: Baccharis salicifolia, subulata, Cynara cardunculus, Ximenedia micropfera, Taraxacum offcinale, Héterothalamus spartioides; íoe- niculum piperitum. Petroseliniim sativum; Prosopis alpataco, campestris, Acacia fu reata; Tamarix africana. — También en San Luis (Alto Pencoso) y Córdoba (La Carlota), sobre: Baccharis coridifolia y axillaris. — Mendoza, San Luis, Córdoba, Buenos Aires? Santa Fe, Misiones (Autor). * 125. (27). Pompilus V^espuccii D. T. (tricolor Tasch.)— No común en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria, La Paz) como la especie anterior. — Mendoza, Buenos Aires. JORGENSEN: LOS CR1SÍD1DOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 283 * 126. (28). Pompilus vespuccioidcs Bréthes. — Bastante raro en Chacras de Coria, en Octubre-Noviembre, sobre: Alyssum maritimum. — Mendoza. * 127. (29). Pompilus scalaris Tasch.— Muy común en Cór- doba (La Carlota, Los Cisnes, Arias) en Abril -Mayo, sobre: Baccharis corid ¡folia y axillaris. — Cóidoba, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos; Uruguay. 128. (30). Pompilus pampea ñus Holmb. — Raro junto á Pompilus erubescens Tasch., al cual se parece mucho. — Mendoza, Buenos Aires. * 129. (31). Pompilus erubescens Tasch. — En abundancia en Mendoza como en casi toda la República, desde el 12 de No- viembre hasta el fin de Mayo, sobre: Grindelia pulchella, Senecio mendocinus, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea var., subte- lata, effusa, Eupatorium patens, Cynara cardunculus, Solidago linea- rifolia, Ximenedia microptera, Proustia ilicifolia, Heteroihalamus spartioides, Xanthium spinosum; IHpsacus silvestris, Lippia nodi- flora; Lycium gracile, ar entinum; Cuscuta racemosa; Ligustrum japonicum; Foeniculum piperitum; Larrea divaricata; Caesalpinia praecox, Prosopis alpataco, campestris, strombulifera, adesmioides, Acacia furcata; Tamarix africana- Clematis Hilarii. — Mendoza, San Luis, San Juan, Córdoba, Tucumán, Salta, Jnjny, Misiones, Santa Fe, Buenos Aires, Patagonia; Uruguay. * 130. (32). Pompilus rubiyinosus Tasch. — Como la especie anterior, pero mucho más rara. — Mendoza; Uruguay. * 131. (33). PompiIusmesothoracicusBreth.es. — No común, pero en ambos sexos, en Chacras de Coria, Pedregal, La Paz y Potrerillos, en Diciembre-Enero. — Mendoza. * 132. (34). Pompilus serraticornis Tasch. — No común en Pedregal, Chacras de Coria y San Ignacio, en Diciembre-Mayo, sobre: Grindelia pulchella, Baccharis salici folia; Clematis Hilarii. — Mendoza. * 133.(35). Pompilus amoenissimus D. T. — Muy raro en San Ignacio, el 15 de Marzo, sobre: Baccharis serrulata . — Mendoza. * I 3í. (36). Pompilus Autrani Holmb. -En abundancia, desde el 31 de Octubre hasta Mayo. — Muy variable en los dibujos. Visita las flores de Grindelia pidchell a, Baccharis serrulata. júncea, effusa, Cirsium lanceolatum Ximenedia microptera, Bidensleucantha, Pas- calia glauca; Foeniculum piperitum, Petroselinu m sativum; Duvaua depenclens; Prosopis campiestris. — Mendoza, Chaco . 135. (37). Poecilipompilus Hermán ni (Holmb.) — Mendoza. 284 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 13 per itum; Larrea diva- ricata; Prosopis campes-tris, alpataco; Clematis Hilarii. —Mendoza. San Juan. 157. (14). Sphex nigrocaernleiis Tasch. — Mendoza, San- ta Fe. : 158. (15). Sphex striatilltis Bréthes. — Bastante común en Mendoza y en la Cordillera (Uspallata), 1750 m.) como Sphex Thomae F. — Mendoza, Buenos Aires. 159. (16). Sphex meiulozaiuis Bréthes. — 9 y ^ de Puente del Inca y de Cacheuta. — Mendoza. * 160. (17). Sphex Jorjensen i Bréthes. — Muy común en Pe- dregal, Chacras de Coria y La Paz, desde Diciembre hasta Abril, sobre: Baccharis serrulata, salicifolia, Eupatorium patens; Hetero- jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 287 thalamus spartioides; Foeniculum piperitum; Ligustrum japonicum; Clematis Hilarii. — Mendoza. XII. Fam.: PHILANTHIDAE. * 161. (18). Cereoris annuligera Tasch. — Común en todas partes (Pedregal, Chacras de Coria, Potrerillos, La Paz, etc.) en Noviembre-Abril, sobre: Baccharis serrulata, salici folia,' pingraea, subulata, júncea, effusa, Eupatorium patens, Solidago lineari folia, Proustia ilicifolia, Heterothalamus spartioides; Lippia lycioides; Ligustrum japonicum; Foeniculum piperitum; Duvaud dependens; Hoffmannseggia falcata, Acacia furcata, Prosopis campestris, Cae- salpinia praecox; Tamarix africana; Clematis Hilarii. — Mendoza, Pampa. * 162. (19). Cereoris n igra Bréthes. — Como la especie prece- dente, pero mucho más rara. — Mendoza. * 163. (20). Cereeris gaudebunda Holmb. — Muy común en todas partes y durante todo el verano. — Mendoza. * 164. (21). Cereeris Jorjenseni Bréthes. — Earo como C. antemissa, á la cual se parece mucho. — Mendoza. * 165. (22). Cereeris eisandina Bréthes.— También como C. annuligera, en La Paz y Chacras de Coria, pero bastante rara. — Mendoza. * 166. (23). Cereeris larvata Tasch. — Bastante común sobre las mismas flores que C. annuligera. — Mendoza. * 167. (24). Cereeris antemissa Bréthes. — Muy común en todas partes sobre: Grindelia pulchella, Baccharis serrulata, salid- folia, pingraea, effusa, Heterothalamus spartioides, Hyalis argéntea; Foeniculum piperitum; Prosopis alpataco, Caesalpinia praecox; Clematis Hilarii. — Mendoza, Tucumán, Jujuy. 168. (25). Cereeris deeorata Bréthes. —Mendoza. 169. (20). Cereeris tihialis Bréthes.— Mendoza, Paraná. * 170. (27). Cereeris sororeula Bréthes. — Bastante común en Pedregal, Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre-Marzo sobre: Baccharis serrulata, salicifolia, effusa, Heterothalamus spartioides, Ximenedia microptera , Tessaria absinthioides; Foeniculum piperita m; Prosopis alpataco, campestris. — Mendoza. * 171. (28). Cereeris Vigilii Bréthes. — Común como la especie anterior. — Mendoza. 288 .MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * I 72. (29). Cerceris mendozana Bréthes. — Bastante común en Chacras de Coria y San Ignacio en Febrero-Abril, sobre: Grin- delia pulchella, Baccharis salicifolia, serrulata, pingraea. * var. niclanopus Bréthes. — Más raro. — Mendoza. * 173. (30). Cerceris aililulipcs Bréthes. — Como C. mendo- zana Bréthes, pero más rara. — Mendoza. * 174. (31). Cerceris pauxilla Bréthes. — Común en Córdoba (Arias, La Carlota) en Abril-Mayo, sobre: Baccharis coridifolia, axillaris, Vernonia flexuosa.— Córdoba. * 175. (32). Cerceris probóse ¡dea Holmb. — También común en Córdoba al mismo tiempo y sobre las mismas plantas como C. pandilla. — Córdoba, Buenos Aires. * I 7G. (33). Cerceris rufiuiana Tasch. — Bastante común en Pedregal, Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre-Abril, sobre: Grindelia pulchella, Baccharis salicifolia, serrulata, Senecia pinna- tus, Cynara cardunculus, Pasadía ¡//auca, Heterothalamus spartioi- des; Larrea divaricata; Prosopis campestris. — Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe, Chaco. * 177. (34). Cerceris rugulosa Schrottky. — En gran abun- dancia en todas partes de la provincia, en Noviembre-Abril, sobre: Grindelia pulchella, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea, suba- lata, júncea, eff-usa, Eupatorium patens, Tessaria absinthioides, Cir- sium lanceolatum, Solidago linearifolia, Ximenedia microptera, Heterothalamus spartioides; Lippia lycioides; Foeniculum piperitum; Hoffmannseggia falcata, Prosopis campestris; Clematis Hilarii; Ta- marix africana. — Mendoza. * 178. (35). Cerceris ferrutj i nea Bréthes.— Bastante rara en Pedregal y Chacras de Coria, en Diciembre-Enero, sobre: Baccha- ris salicifolia y Foeniculum piperitum.- — Mendoza. * 179. (36). TrachypilS patagonensis Sauss. — Rara en Cha- cras de Coria, en Diciembre-Enero, sobre: Baccharis serrulata. — Mendoza, Pampa, Patagonia. * 180. (37). Traehypus mendozae D. T. — Con gran abun- dancia desde Noviembre hasta Abril, sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, Baccharis serrulata, salicifolia, Cynara carduncu- lus, Girsium lanceolatum, Tessaria absinthioides, Solidago lineari- folia, Bidens leucantha, Ximenedia microptera, Pascaha glauca, Parthenium hysterionoides, Hyalis argéntea; Sphaeralcea bonaeren- sis, mendocina; Caesalpinia praecox, Prosopis campestris, alpataco, Acacia furcata. — Mendoza. * forma fía VUS Bréthes.' — Bastante común como la forma prin- cipal. — Mendoza. jorgensen: los crisídidos y los himenópteros 289 * forma pubpiceps Brétlies. — Muy común como la forma prin- cipal.— Mendoza, Salta. 181. (38). Trachypus punctuosus Bréthes. — Mendoza, Salta. * 182. (39). Trachypus elegans Sm. — Muy común en todas partes como P. mendozae. — Mendoza, San Luis. XIII. Fam.: BEMBICIDAE. * i 83. (40). Stictia decorata (Tasch.) — En gran abundancia en todas partes, en Noviembre-Abril, sobre: Grindelia pulchella, Senecio mendocinus, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea, Eapatorium patens, Tessaria absinthioides, Cirsium Janceolatum, Proustia ilicifolia, Heterothalamus spartioides; Lippia lycioides, Larrea dwaricata; Hoff'mannseggia falcata, Acacia furcata, Prosopis campestris, alpataco, Caesalpinia praecox; Clematis Hilarii. — Men- doza, San Luis. * 184. (41). Stictia punctata (F.)— Tan común como la espe- cie precedente, al mismo tiempo y sobre las mismas plantas. — Men- doza, San Luis, Salta, Jujuy; Uruguay. * 185. (42). Stictia guttata (Tasen.) — Casi tan común como las dos especies precedentes, al mismo tiempo y sobre las mismas flores. — Mendoza, San Luis, Córdoba, La Rioja, Buenos Aires; Uruguay. * 186. (43). Stictia nótala (Burm.) — Común como las especies anteriores. — Argentina (Mendoza, Paraná); Uruguay. * 187. (44). Stictia singularis (Tasch.) — Muy rara en La Paz, sobre: Heterothalamus spartioides, en Diciembre. — Mendoza. * 188. (45). Stictia surinainensis (Geer). — En gran abun- dancia en Mendoza como en casi todas partes de la República, en Octubre-Mayo, sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, men- docinus, Baccharis semdata, salicifolia; pingraea, subulata, Eupa- tórium patens, Tessaria absinthioides, Cirsium lanceolatum, Solidago Ihiearifolia, Ximenedia microptera, Bidens leucantha, Rysterionica jasionoides, Pascalia glauca, Gochnatia glutinosa, Proustia ilicifolia, Heterothalamus spartioides, Hyalis argéntea; Lippia lycioides, Ver- bena bonariensis; Ligusirum japónica m; Foeniculwm piperitum; Duvaua dependens; Larrea divaricata, Hoffmannseggia falcata, Aca- cia furcata, Prosopis campestris, alpataco; Caesalpinia praecox; Anal. Mus. Nac. Bs. As., Sek. 3. a , t. xv. Diciembre 7, 1911. 19 29Ó Ml'SEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Tamarix africana: Clematis Hilarii. — Argentina: Uruguay; Para- guay. * 189. (46). Bembidula mendica Handl. — Como la especie siguiente, pero no tan abundante. — Mendoza, Buenos Aires. * 190 (47). Boinhidula discisa Tasch.— Tan común como 8. surinamensis, al mismo tiempo y sobre las mismas plantas. — Toda Argentina; Uruguay; Paraguay; Brasil. * 191. (48). Bembidula eingulata Burm. — 2 ejemplares en Alto Pencoso el 21 de Diciembre.— San Luis, Córdoba. * 192. (49). Bembex cilripes Tasch. —Muy común en todas partes, desde Octubre hasta Mayo, sobre: Grindelia pulchella, ¿se- necio mendocinus, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea, Eupa- torium pátens, Tessaria absinthioides, Heterothalamus spartioides; Hoffmannseggia falcata — Mendoza, Patagonia, Córdoba. * 193. (50). Bembex sulphurea Spin. — Tan común como la especie anterior, al mismo tiempo y sobre las mismas plantas.— Argentina (Mendoza, Córdoba); Chile; Paraguay; Uruguay. * 194. (51). Microbembex argentina Bréthes.— No raraen Pedregal y Chacras de Coria, en Noviembre-Febrero. — Mendoza. XIY. Fam.: STIZIDAE. * 195. (52). SpliociliS speclabilis Tasch. — Común en Pedre- gal, Chacras de Coria y La Paz. desde mediados de Diciembre hasta Febrero, sobre: Baccharis serrulata, salicifolia, Eupatorium patens, Heterothalamus spartioides; Caesalpinia praecox. * forma nobilis Bréthes. - Un J 1 en Chacras de Coria, en Enero. — Argtntina (Mendoza, Santiago del Estero); Paraguay. XV. Fam.: LARRIDAE. * 196. (53). Larra bioincla Tasch.— Muy común desde fines de Noviembre hasta Abril, sobre: Grindelia pulchella, speciosa, Si ni- do pinnatus, mendocinus, Baccharis serrulata, salicifolia, Tessaria ábsintJiioides, Cirsinm lanceolatum, Solidago linearifolia, Ximenedia microptera, Heterothalamus spartioides; Prosopis campestris, alpa- taco.— Mendoza. 197. (54). Larra Spegazzinii Bréthes.— Mendoza. jorgensen: los crisídidos y los himenópteros. 291 * IOS. (55). Larra campestris (Sm.) — Bastante común en Mendoza, desde Diciembre hasta el 30 de Mayo, sobre: Grindelia pulcliella, Baccharis salicifolia, Ximenedia microptera; Clematis Hilarii. — Mendoza. . * 109. (56). Larra princeps (Sm.) — No común en Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre-Enero, sobre: Grindelia pulchella. — Mendoza. * 200. (57). Lirosphex Jorgenseni Bréthes. — Muy rara en La Paz, en Diciembre-Enero, sobre: Heterothalamus spartioides. Mendoza. * 201. (58). Tachyspliex ruficaudis (Tasch.) — Rara en Cha- cras de Coria, Diciembre-Febrero, sobre: Grindelia pulchella. — Mendoza, Santa Fe. * 202. (59). Tachysphex scalaris (Tasch.) — Rara en La Paz, en Diciembre-Enero. — Mendoza. * 203. (00). Solierella plalensis Bréthes. — Muy rara en Cha- cras de Coria, en Diciembre -Enero, sobre: Grindelia pulchella, Solida go Unearifolia, Baccharis salid folia. — Mendoza. * 204. (61). Ileliocausus triílens Bréthes.— Rara en Noviem- bre. — Mendoza. * 205. (62). Heliocausus argén ti ñus Bréthes. — Común en Pedregal, Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre - Abril, sobre: Grindelia pulchella, Baccharis serrulata, Ximenedia microptera, Heterothalamus spartioides.- — -Mendoza. * 200. (63). Heliocausus mendozanus Bréthes. — Como la especie anterior, pero más rara. — Mendoza. 207. (64). Heliocausus fraternus Bréthes. — Muy rara en La Paz, en Diciembre, sobre: Lippia nodiflora. — Mendoza. XVI. Fam.: NYSSONIDAE. * 208. (65). Gorytes semipunctatus (Tasch.) — No rara en Mendoza, Diciembre - Febrero. —Mendoza. * 200. ((^Q). Gorytes unicinctus Bréthes. — Esta linda especie es muy rara en Chacras de Coria y La Paz. — Mendoza. * 210. (67). Gorytes mendozanus Bréthes. — Muy rara en Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre. — Mendoza. * 211. (68). Gorytes pygmaeus Bréthes. — Muy rara en La Paz, en Diciembre. — Mendoza. 292 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 212. (fi9). Gorytes velutinus (Spin.) — Eara en Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre-Enero, sobre: Baccharis salicifolia. --Argentina (Mendoza); Chile. * 213. (70). Gorytes Jorgenseni Bréthes. — Muy común en La Paz, en Diciembre, sobre: Heterothalamus spartioides. * 214. (71). Nysson argentinus Bréthes. — Común en todas partes, desde Noviembre hasta Abril, sobre: Grindélia pidchella, Baccharis serrulata, salicifolia, Soliclago Mnearifolia, Ximenedia microptera, Flaveria contrayerba; Clematis Hilarii. — Mendoza. * 215. (72). Nysson ehrysozonus Tasch. — Como la especie anterior, pero más rara. — Mendoza. XVII. Fam.: PALARIDAE. * 210. (73). Astata lugens Tasch. — Común en Mendoza, en Diciembre - Marzo, sobre: Grindélia pitlchella, Senecio pinnatus, mendocinus, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea, Solidago linearifolia, Heterothalamus spartioides. — Argentina (Mendoza); Uruguay. * 217. (74). Astata Spinolae Sauss. — No común, como la especie precedente. — Argentina (Mendoza, Santa Fe); Chile. * 218. (75). Astata chilensis Sauss .— Bastante rara en Men- doza como A. lugens. — Argentina (Mendoza); Chile. * 219. (76). Tachytes rhodoílactylus Tasch. — Muy rara en Chacras de Coria y La Paz, en Diciembre-Enero. — Mendoza. * 220. (77). Tachytes ful vipes (Sm.) — En gran abundancia en Noviembre-Abril en todas partes, sobre: Grindélia pulchella, Senecio pinnatus, Baccharis serrulata, salicifolia, pingraea, sululata, júncea, Eupatorium patens, Tessaria absinthioides, Cirsium lanceo- latum, Solidago linearifolia, Ximenedia microptera, Pascalia glauca, Proustia ilicifolia, Heterothalamus spartioides, Hyalis argéntea; Lippia lycioides; Ligustrum japonicum; Foeniculum piperitum: Hoffniannseggia falcata, Prosopis al pataco, campestris, Caesalpinia praecox; Larrea divaricata; Tamarix africana; Clematis Hilarii. — Mendoza, San Luis, Salta, Jujuy. * 221. (78). Tachytes coslalis Tasch. — Muy común como la especie anterior, al mismo tiempo y sobre las mismas plantas. — Mendoza, Santa Fe, San Luis. * 222. (79). Tachytes clypeatus Tasch. — Muy común como T. fulvipes.- Mendoza, Santa Fe, Salta, Jujuy, Misiones. JOUGENSEN: LOS CRISÍD1DOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 293 * 223. (SO). Tachytes Gay¡ (Spin.)— No común como la espe- cie anterior. — Argentina (Mendoza); Chile. * 224. (81). Tachytes chilensis (Spin.) — No común en Pedre- gal, Chacras de Coria, San Ignacio y La Paz, en Diciembre-Marzo. — Argentina (Mendoza); Chile. * 225. (82). Tachytes apiformis(Sm.)— Muy común en Men- doza. — Mendoza, Tucumán. XVIII. Fam.: TRYPOXYLONIDAE. * 220. (83). Trypoxylon aupeovestttum Tasch. — No común como las especies siguientes. — Argentina (Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Formosa); Uruguay; Paraguay. * 227. (84). Trypoxylon medianum Fox. — Muy común desde Octubre hasta Mayo, sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, mendocinus, Baccharis serrulata, salid folia, pingraea, ( 'ynara cardunculus, Cirsium lanceolatum, Solidago linearifolia, Ximenedia microptera, Flaveria contrat/erba; Cuscuta vacemosa; Foeniculum piperitum, Hydrocotyle bonariensis; Prosopis al pataco, campestris; Duvaua dependens; Clematis Hilarii. — Mendoza. 228. (85). Trypoxylon niutatum Kohl. — Mendoza. * 229. (86). Trypoxylon Jórgenseni Bréthes. — No común en Chacras de Coria como las otras especies .—Mendoza . * 230. (87). Trypoxylon argcntioum Bréthes. — Común como F. medianum, al mismo tiempo y sobre las mismas flores. — Men- doza . * 231. (88). Trypoxylon COriae Bréthes. — En abundancia en todas partes, como F. medianum. También criado muchas veces. Su parásito es Chryxis brasiliensis. — Mendoza. XIX. Fam.: CRABRONIDAE. * 232. (89). Crabro maculicornis Tasch. — Muy común du- rante el verano. Hace sus nidos en troncos podridos de Salix y Populus y caza moscas (Eristalis, Trypeta, etc.) — Mendoza, Salta, Jujuy. * 233. (90). Crabro flavipeniiisvar.fuinosiis Bréthes.— Muy común.— Mendoza. 29 4 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 23 5. (91). Oxybelus platensis Bréthes. —Común desde el 8 de Octubre hasta Mayo sobre: Grindelia jwlchella, Senecio pinnatus, Baccharis serrulata, sálicifoMa, Ximenedia microptera. — Mendoza, Buenos Aires. • * 235. (92). Oxybelus eatamarcensis Schrottky. — Común como la especie anterior. — Mendoza, Catamarca. * 23G. (93). Oxybelus pañi par um Bréthes. — No común como las otras especies. — Mendoza, Pampa. * 237. (94). Oxybelus Jorgenseni Bréthes. —Muy rara en La Paz, en Diciembre-Enero. — Mendoza. XX. Fam.: MASAPJDAE. Las especies de esta familia viven en los nidos de otros Hime- nópteros (Diploptera) y construyen, según se dice, nidos de barro ó cavan agujeros en el suelo, los cuales proveen con una materia parecida á la miel. * 238. (1). Triineria Buyssoni Bréthes. — Muy común en Di- ciembre-Febrero, en San Juan (Caucete), más rara en Mendoza (Pedregal, Chacras de Coria) sobre flores de Lippia nodiflora (Verbenácea). — Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, Cata- marca, Buenos Aires, Salta (Autor), Jujuy (Autor). * 239. (2). Triineria Jorgenseni Schrottky 9. — Común en La Paz, en Diciembre-Febrero. — Mendoza. XXL Fam.: EUMEXEÍDAE. Hacen sus nidos de barro que colocan libremente en murallas, paredes, troncos, debajo decielorrasos,etc.,ó cavan como la mayoría de las abejas solitarias agujeros en el suelo ó en paredes para ence- rrar en éstos su ¡n'esa la cual puede consistir en otros insectos, gusa- nos, arañas, etc., todos paralizados por el aguijón de la hembra. En sus nidos viven como parásitos muchos Crisídidos y los Masáridos. * 240. (1). Discoelius cuyanus Bréthes. — Común en Men- doza (Pedregal, Mendoza, Chacras de Coria, Potrerillos) desde el 1.° de Noviembre hasta Abril, sobre: Grindelia pulchella; Dipsacus silvestris; Larrea divaricata; Caesalpinia praecox, Prosopis al)>a- taco, campestris, Acacia furcata; Clematis Hilarii. — Mendoza, La Pampa. JÓRGENSEN: LOS CRISÍDIDOS Y LOS HLUENÓPTEROS. 295 * 241. (2). Discoclius Caridei Bréthes. — No común en Cha- oras de Coria, en Noviembre-Enero, sobre: Prosopis alpataco, cam- pestris, Senecio pinnatus. — Mendoza, La Pampa. * 242. (3). D¡SCOelÍUsH¡Iar¡anus(Sauss.) — No rara en Pedre- gal, Chacras de Coria y La Paz, en Noviembre-Enero, sobre: Baccharis salicifolia, Solidago linearifolia, Proustia ilicifolia, Hete- rothalamus spartioides; Prosopis campestris, alpataco; Clemaüs Hi- la rii. — -Mendoza, San Luis (Alto Pencoso), Paraguay. 243. (4). Gayella eumeno i des Spin. — Mendoza; Chile. * 244. (5). Paehymenes Jornonseni Schrottky. — Muy co- mún en Mendoza desde el 3 de Octubre hasta Mayo, sobre: Grinde- lia pulchella, Senecio pinnatus, mendocinus, Solidago linearifolia. Florería contrayerba; Foeniculum piperita m ; Prosopis campestris, alpataco. — Mendoza. * 245. (6). Etimen.es argeñtinus (Berg). — En gran abundan- cia sobre las mismas flores y al mismo tiempo que la anterior. — Mendoza y todo el país. * 246. (7). Eumenes canaliculatus (Oliv.) — En gran abun- dancia en Mendoza desde el 5 de Octubre hasta fines de Mayo, sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, albicaulis, mendocinus, B. (17). Stenancistrocerus mendozanus Bréthes. — Men- doza. * 257. (18). Stenancistrocerus algidus Schrottky. — Norara en Mendoza. — Mendoza. * 258. (19). Hypodynerus antuco Sauss.— Mendoza. JÓRGENSEN : LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 207 * 259. (20). Hypodynerus fuscipennis Bréthes. — No rara en Noviembre-Marzo, en Mendoza, sobre Coinpositáceas.— Mendoza. * 260. (21). Hypodynerus cuyanus Bréthes. — No común en Pedregal, Mendoza. Chacras de Coria y en la Cordillera, desde el 1.° de Noviembre hasta Marzo, sobre: Duvaua dependen*; Prosopis alpataco, campestris, Acacia furvata. — Mendoza. * 26 1 . (22). Hypodynerus Molinae Sanss. (labia tus Bréthes, nec Haliday). — Muy abundante en Pedregal, Chacras de Coria y La Paz, desde el 31 de Octubre hasta Mayo, en localidades húme- das ó zanjas, canales de irrigación, etc., también sobre flores de Lycium chilense; Gourliaea decorticans, Prosopis alpataco, campes- tris; Grindelia pulchella. — Mendoza. * 262. (23). Hypodynerus ruflcollis (Spin.) — También co- mún en Mendoza desde el 10 de Octubre hasta Abril, sobre: Grin- delia pulchella; Duvaua dependens; Prosopis alpataco, campestris, Acacia fur cata; Clemaüs llilarii.— Mendoza; Chile. * 263. (24). Hypodynerus Bréthesi n. n. (Jorcjenseni Bréthes, nec Schr.) — Muy parecida á la especie precedente pero más rara. — Mendoza, San Juan. * 264. (25). Hypodynerus Joro/enseni Schrottky (tuber- euliventris Bréthes, nec Spinola). — Muy común en la Precordillera de Mendoza, desde el 8 de Octubre hasta Marzo. Muchos ejemplares criados de los viejos cestos de MimaUo despectf<~Berg, (Psychidae), los que cuelgan de Duvaua dependens (Anacardiácea). — Mendoza. 265. (2fi). Hypodynerus ehiliotus Sauss. — Mendoza. 266. (27). Hypodynerus vespiformis Hal. — Mendoza. * 267. (28). Odynerus bonariensis Bréthes — Muy abun- dante en todas partes, desde el 21 de Noviembre hasta fines de Abril, sobre: Grindelia pulchella, Sol ida go linearifólia, Ximenedia microptera, Flaveria contrayerba, Bidens leucantha; Prosopis cam- pestris; Clematis Hilarii; Tamarix africana. — Mendoza. * 268. (29). Odynerus platensis Bréthes — Muy común desde el 1, campestris; Acacia furcata. — Desde Mendoza y Catamarca en la Argentina, hasta Para en el Brasil. * 324.(47). Pseudagaposlemon Jenseni (Fr.) — Común des- de el 25 de Septiembre hasta el 14 de Junio sobre: Senecio pinna- tns, Grindelia pulchella, Tanacetum mugare; Prosopis alpataco, campestris. Acacia furcata, Caesalpinia praecox, Patagonium (rillie- sii; Opuntia sulphurea; Lycium chilense, argentinum; Sphaerulcea JORGENSEN: LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 305 honariensis; Salvia Gilliesii, Marrubium melgare; Cucurbitella scaberrima . — Mendoza. * 325. (48). Pseudagapostemon Jorgenseni Fr.— Común desde el 3 de Octubre hasta el 12 de Junio con el Chloralictus Spinolae (Reed). — Mendoza, Neuquen. * 326. (49). Pseudagapostemon mendocinus Jorg. — Po- cos cf en Chacras de Coria y Arias (Córdoba) en Mayo y en San Ignacio en Enero sobre Ximenedia microptera. — Mendoza, Cór- doba. * 327. (50). Pseudagapostemon singularis Jorg. — Un tf en Chacras de Coria el 18 de Octubre sobre Prosopis al pataco. — Mendoza. * 328. (51). Pseudagapostemon babuanus Jorg. — Un tf en Chacras de Coria el 3 de Octubre. — Mendoza. * 329. (52). Augochloropsis argentina (Fr). — Muy común desde Octubre hasta el 3 dé Julio sobre: Baccharis serrulata, sali- cifolia; Sphaeralcea bonariensis; Acacia furcata, Prosopis alpata- co, campestris, strombulifera; Lycium argentinum, Solanum elaeag- nifolium; Cucúrbita Pepo, Lycium chítense; Larrea divaricata; Cassia aphylla, Gourliaea decorticans; Solanum atriplicifolium; Cyclolepis genistoides. — Mendoza. * 330. (53). Augochlora (Pseudaugochloropsis) Cleopatra Jorg. cf. — Común con la especie anterior. — Mendoza. * 331. (54). Augochlora (Pseudaugochloropsis) Thamyris Jorg. tf . — Común con el número 52. — Mendoza. * 332. (55). Paraugochlora Semiramis Jorg tf —Muy co- mún con el número 52. — Mendoza. * 333. (56). Tetrachlora obesa Schrottky 9 .— Muy común con el número 52. — Mendoza. * 334. (57). Chloralictus Spinolae Beed (= Halictus para- morio Fr. ) — Abundante desde el 2 de Septiembre hasta fines de Abril, sobre Larrea divaricata; Lycium chilense; Caesalpinia Gillie- sii, praecox, Cassia aphylla, Prosopis alpataco, campestris, strombu- lifera, Acacia furcata; Cucúrbita Pepo; Tamarix africana; Alyssum maritimum, Caléndula ofjlcinalis, Flaveria contrayerba, Grindelia pulchella, speciosa, Baccharis serrulata, salid folia, júncea, Tessaria ahsinthioides, Cynara cardunculus, Cirsium lanceolatum, Centaurea milletensis, SoUdago linearifolia, Ximenedia ■microptera, Taraxa- cum officinale, Erigeron bonariensis, Achyrophorus glaucus. — Argen- tina (Mendoza, Xeuquen); Chile. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Diciembre 23, 1911. 20 306 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 335. (58). Chloralictus vernalis Jorg.— Una 9 en Chacras de Coria el 2 de Septiembre, sobre: Phaseohis multiflonis (Legumi- nácea). * 336. (59). Halictus ( ? ) meridionalis Jorg.— 3 $ en Chacras- de Coria, en Diciembre y Abril. — Mendoza. * 337. (60). Halictomorpha (?) autumnal i sJórg. — Abun- dante desde fines de Mayo hasta el 5 de Julio, sobre: Baccharis salicifolia; Taraxacum officinale, Sólidago linearifolia; Alyssum maritimum; Sphaeralcea bonariensis. — Mendoza. * 338. (61). Protandrena meridionalis Schr. — Una pareja en Chacras de Coria el 13 y el 14 de Abril, en las flores de Sphae- ralcea bonariensis. — Desde Mendoza, Misiones y Paraguay hasta Norte América. * 339. (62). Psaenythia philanthoides Gerst.— Abundante desde el 28 de Octubre hasta el 8 de Abril sobre: Senecio pinnatus, albicaulis, Ximenedia microptera, Hyalis argéntea, Bidens leucantha, Tagetes rninutus, Taraxacum officinale; Lrodium cioitariumfGera- niácea); Cucurbitella scaberrima, Cucúrbita Pepo; Convólvulus arvensis; Verbena bonariensis, Lippia nodiflora; Physalis viscosa, Solanum elaeagnifolium, mendocinum, atriplicifolium; Hoffmann- seggia falcata, Prosopis alpataco, campestris, Acacia furcata; Phace- lia pinnatifida (Hidrofilácea). — Mendoza, San Luis. * 340. (63). Psaenythia pida Gerst. — También muy común desde el 10 de Noviembre hasta el 31 de Marzo, sobre: Senecio albicaulis; Lippia nodiflora; Erigeron bonaerense; Erodiuní; Convól- vulos arvensis; Medicago sativa; Solanum elaeagnifolium. — Desde Mendoza y Buenos Aires hasta Paraná y Paraguay. * 341. (64). Psaenythia laticeps Fr. g — Pocos ejemplares en Pedregal, Mendoza y Chacras de Coria desde el 20 de Noviem- bre hasta el 31 de Enero como la especie anterior.— Mendoza. * 342. (65). Psaenythia rubripes Fr. — No rara en Chacras de Coria, común en San Ignacio, de ambos sexos, desde el 22 de Octubre hasta fines de Noviembre, sobre: Senecio mendocinus; Solanum elaeagnifolium; Convolvulus arvensis; Hoffmannseggia fal- cata. — Mendoza, Tucumán, Neuquen. * 343. (66). Parapsaenythia argentina Fr. -2 9 en La Paz el 17 y 18 de Diciembre.— Argentina (Mendoza, Tucumán, Salta, Jujuy [Autor]); Brasil. joegensen: los crisídidos y los himenópteeos. 307 XXV. Fam.: PANURGIDAE. * 344. (67). GamptopoeuDí flaviventre Fr. — Muy común desde el 24 de Octubre hasta el 15 de Abril, sobre: Grindelia pid- chella. En Alto Pencoso lo cacé sobre Ximenedia microptera. — Mendoza, San Luis, Tucumán, Catamarca, Neuquen. * 345. (68). Caniptopoeum ochraceum Fr. — Muy abundan- te en flores de Cactáceas (Opuntia stdphurea, auracantha, calva, ovata, Cereus spachictnus, coertdescens, strigosus, Echinocactus gibbo- sus, Pterocactus Kungei, EcMnopsis leucantha; el tf además en: Ximenedia microptera, Caléndula officinalis, Grindelia pidchella; Phacelia pinnatifida. Vuela desde el 30 de Octubre basta fines de Febrero. — Mendoza, San Luis (Alto Pencoso), San Juan (Caucete) Catamarca. * 346. (69).Camptopoeumbifasciatum (Fr.). — Es muy común en las flores de Cactáceas como la especie anterior, desde fines de Octubre basta fines de Diciembre. Visita también Senecio pinnatus y Caléndula officinalis. El g es desconocido basta abora. — Mendoza- * 347.(70). Gamptopoeum opuntiarum Jorg. — 2 9 en Cha- cras de Coria el 15 de Noviembre y el 25 de Diciembre en flores de Opuntia sulphurea. — Mendoza. * 348. (71). Liopocum liirsutulum var. menclociniini Jorg. — Una 9 en Chacras de Coria, el 2-4 de Noviembre sobre Flaveria contrayerba. — Argentina (Mendoza: la variedad); Chile: la forma principal. * 349. (72). Spinoliella argentina Jorg. — Abundante en Chacras de Coria, Potrerillos y San Ignacio desde el 2 de Octubre hasta fines de Noviembre sobre: Baccharis salicifolia, Caléndula officinalis; Larrea divaricata; Gourliaea decorticans; Sphaeralcea officinalis. — Men doza. * 350.(73).Galliops¡s(Parafriesea) Prinii (Holmb.)— Como la especie siguiente, pero no tan común. — Desde Mendoza y Bue- nos Aires hasta Amazonas. * 351. (74). Calliopsis (Parafriesea) argentina (Fr.) — Abun- dante desde el 6 de Octubre hasta Abril sobre: Parthenium hysterio- noides, Flaveria contrayerba, Tagetes minutum, Grindelia ptdcliella, Baccharis semdata, salicifolia, subidata; Prosopis alpataco, campes- tris; Sphaeralcea bonariensis, mendocina, collina, Cristaria loasifo- lia, Abutilón mendocinum; Larrea divaricata ; Opuntia, sulphurea. — Argentina (Mendoza), Brasil. 308 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 352.(75). Calliopsis ?) Spegazzinii Jorg. — Un g en La Paz el 18 de Diciembre. — Mendoza. XXIV Fam.: STELIDIDAE. Mi estimado colega y amigo, el profesor E. L. Holmberg, ha te- nido la deferencia de determinar mis especies del género Coélioxys cazadas en Mendoza, y está actualmente publicando las descrip- ciones de las especies nuevas en la revista «Apuntes de Historia Na- tural». Por esta su amabilidad agradezco aquí sinceramente al ilustre zoólogo argentino. Siendo las especies de Coélioxys tan parecidas unas á otras, que es completamente imposible determinar en la caza, doy aquí una lista de las flores que más á menudo visitan estas abejas parásitas: Grindelia pulcTiella, Senecio pinnatus, mendocinus, Bidens leucantJia, Ximenedia microptera, Baccharis salieifolia. Cir- sium lanceolatum; Verbena bonariensis; Marrubium migare: Cle- matis Hilarii. Hoffmannseggia falcafa. Medicago sátira, Psoralea higuerilla. * 353. (76). Coélioxys pampeana Holmb. (Lynchü Holinb., Jenseni Fr.) — Común. —Mendoza. * 354. (77). Coélioxys bifida Fr. 9 . — (Santa-Rosae cT Jensen >. — Mendoza. * 355. (78). Coélioxys colobo pty che Holmb. — Muy común en Mendoza. 356. (79 . Coélioxys Jorgenseni Holmb. — Mendoza. 35". (80). Coélioxys cordillerana Holmb.— Mendoza. 358. (81). Coélioxys pruna Holmb. — Mendoza. 350. (82). Coélioxys missionuui Holmb. — Común en Men- doza. 360. (83). Coélioxys oceidentalis Holmb. — Mendoza. 361. (84). Coélioxys cuyana Holmb. — Mendoza. 362. (85). Coélioxys mutans Holmb. -Mendoza. 363. (86). Coélioxys diversidentata Holmb. — Mendoza. 364. (87). Coélioxys frieseana Holmb. — Mendoza. 365. (88). Coélioxys elata Holmb.— Mendoza. IJ66. (89). Coélioxys frigens Holmb. — Mendoza. 367. 90). Coélioxys pedregalensis Holmb. — Mendoza. 368. (91). Coélioxys epistene Holmb. — Mendoza. 369. (92). Coélioxys epaenete Holmb. — Mendoza. jórgensen: los crisídidos y los hbienóptkros. 309 * 370. (93). Coelioxys tarda Holmb.— Mendoza. * 371. (94). Coelioxys huarpum Holinb. — Mendoza. * 372. (95). Coelioxys jorgenseniana Holmb.— Mendoza. * 373. (96). Coelioxys bonaerensis Holmb. — No común en Mendoza. * 374. (97). Coelioxys correntioa Holmb. — Pocos ejempla- res. * 375. (98). Coelioxys triangulifera Fr. tf — Bastante común en Mendoza. * 370. (99). Coelioxys alacras Holmb.— Muy rara. * 377. (100). Coelioxys inconspicua Holmb.— Común enMen- doza; también criado en los nidos de Meg achile Jórgenseni, ar- gentina y catamarcensis. * 378. (101). Coelioxys corduvensis Holmb. 9 . — Común. * 379. (102). Coelioxys mendozina Holmb. 9 — Común. * 380. (103). Coelioxys chacoensis Holmb. cf. — Común. * 381. (104). Coelioxys rugolosa Fr. — Mendoza. * 382. (105). Coelioxys laudabilis Holmb. c?. — Unos ejem- plares en Chacras de Coria; 2 <$■ de nidos de Megachile leucographa y cylindrica. XXVII Fam.: MEGACHILIDAE. * 383. (106). Lithurgus laticeps Fr. — Bastante común en Noviembre-Diciembre en Pedregal y Chacras de Coria en flores de Cactáceas (Opuntia sulphurea, auracantha, calva, ovata, Cereus spa- chianus, coerulescens, strigosus, Echinocactus gíbbosus, etc.) — Men- doza, Tucumán. * 384. (107). Lithurgus albieeps Fr. — Muy rara en Chacras de Coria en Noviembre-Diciembre sobre: Hoffmannseggia fálcala; Clematis Hilar ii; Senecio pinnatus. Junto á Megachile albipunctata Jórg., que es muy semejante. — Mendoza. * 385.(103). Lithurgus rufi ven tris <$ Fr. (9 Megachile hoffmaniiseggiae Jorg.) — El <-? es bastante común en Pedregal y Chacras de Coria desde Noviembre hasta Enero sobre: Senecio pin- natus, mendocinus, Ximenedia microptera, Hyalis argéntea, Grinde- lia pulchdla, Pascalia glauca; Opuntia sulphurea, auracantha] Lippia lycioides, Verbena bonariensis; Convolvulus arvensis; Salvia Gillie- sii; Lycium gracile; Larrea divaricata; Caesalpinia praecox, Hoff- mannseggia falcata, Medicago sativa. — Argentina (Mendoza, San Luis, San Juan); Brasil. 310 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 386. (109). Lithurgus pygmaea Fr. 9. — Mendoza. * 38". (110). Megachile anthidioides Ead. — Mendoza (según Friese). — Argentina Norte, Paraguay, Brasil. * 388. (lll).MegachilecatamárcensisSchrottky(gomphre- nae Fr., nec Holmb.) — Abundante en Mendoza desde el 16 de Oc- tubre hasta Marzo sobre: Hyalis argéntea, [Senecio mendocinus, Cirsium lanceolatum; Sphaeralcea bonariensis; Cuscuta racemosa , Consolvulus arvensis; Psoralea higuerilla, Caesalpinia praecox, Acacia farcata, Prosopis alpataco, campestris, strombulifera, Hof- fmannseggia fálcala: Mamibium migare. — Mendoza, San Luis (Alto Pencoso), San Juan (Caucete), Oatamarca. * 389. (112). Megachile argentina Fr. — Común en Mendoza desde el principio de Noviembre basta mediados de Mayo sobre: Ximenedia microptera, Senecio mendocinus, Hyalis argéntea, Cir- sium lanceolatum, Caléndula officinalis, Senecio pinnatus, Grindelia pulchella, speciosa; Telesperma scabriosoides, Pase alia glauca, Ata- misquea emarginata, Anthemis catula,B aechar is salicifolia, Proustia ilicifolia; Hoffmannseggia fal cata , Zuccagnia punctata, Patagonium Gilliesii; Clematis Hilarii; Lycium gracile; Salvia Gilliesii; Cucurbi- tella scaberrima. Tiene por parásito el Coelioxys inconspicua Holmb. — Mendoza, Catamarca. * 390. (113). Megachile cylíndrica Fr. 9. — No rara desde el 26 de Octubre basta fines de Marzo. * forma bigibbosaFr. 9- — ^lás común que la forma princi- pal. Su parásito es Coelioxys Utoralis Holmb. — Mendoza, Catamar- ca, Salta, Tacumán. * 391. (114). Megachile Jorgenseni Fr. (J). — Común desde el 21 de Octubre basta el 18 de Junio sobre: Hyalis argéntea, Bac- cliaris salicifolia, Senecio pinnatus, mendocinus, Grindelia pidcliella, Ximenedia microptera, Taraxacum officinale; Marrubium migare; Cucurbitula scaberrima; Lippia lycioides, Verbena áspera, Ly- cium gracile: Clematis Hilarii. — Mendoza. * 392. (115). Megachile melancholica Jorg. — Una 9 en Pedregal sobre Hoffmannseggia falcata el 22 de Noviembre. — Men- doza. * 393. (116). Megachile albopunctata Jorg. 9 — Unos ejemplares en Chacras de Coria en Diciembre sobre: Senecio pin- natus, Hoffmannseggia falcara; Clematis Hilarii. — Mendoza. * 394. (117). Megachile Jenseni Fr. — Muy abundante des- de el 5 de Octubre hasta el 12 de Junio sobre Senecio pinnatus, mendocinus, Taraxacum officinale, Cynara cardunculus, Cirsium jorgensen: los crisídidos y los himenópteros. 311 Janceolatum, Lycium argentinum, Clematis Hilarii, Delphininm sp.; Hoffmannseggia falcata. — Mendoza. * 395. (118). Megachile obscurior Jorg. — Una 9 en Chacras de Coria el 11 de Diciembre. — Mendoza. * 390. (119). Megachile leucographa Fr. (Sleninbaehi c? Friese). — Muy abundante desde el 2 de Octubre hasta Mayo sobre: Grindelia pulchella, speciosa, Ximenedia microptera, Senecio pinna- tus, mendocinus, Solidago linearifolia, Bidens leucantha, Pascalia glauca, Hyalis argéntea, Proustia ilifolia; Marrubium migare, Men- tlia aquatica, Salvia Gilliesii; Poeniculum piperitum; Clematis Hi- larii; Lycium gracile, cliilen.se, argentinum; Verbena bonariensis; Spliaeralcea bonariensis; Larrea divaricata; Hoffmannseggia falcata, Prosopis alpataco, campestris, Caesalpinia praecox, Acacia fur cata, Medicago sativa. — Mendoza, Catamarca, Salta. * 397. (120). Megachile Hieronymi Fr. — Común desde el 2 de Octubre hasta mediados de Mayo sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, albicauUs, mendocinus, Baccharis serrulata, Hyalis argéntea, Ximenedia microptera, Bidens leucantha; Lycium chilense, argentinum, Marrubium vulgar 'e; Hoffmannseggia falcata, Psoralea higuerilla, Patagonium Gilliesii. — Mendoza, Catamarca. * 398. (121). Megachile ctenophora Holmb.— Pocos ejempla- res en Chacras de Coria y Potrerillos desde el 3 de Octubre has- ta Enero: 1 cf criado el 3 de Enero. Visita: Caléndula officinalis; Marrubium vulgar e; Gourliaea decorticans, Hoffmannseggia falca- ta. — Mendoza, Buenos Aires, Catamarca. * 399. (122). 3Iegachile mendozana Cockl. (rhinoceros Fr.) — Bastante común desde Noviembre hasta mediados de Marzo sobre: Hyalis argéntea, Bidens leucantha, Anthemis cauda, Senecio pinnatus, mendocinus, Hoffmannseggia falcata. — Mendoza, Cata- marca. * 400. (123). Megachile parsonsinae Schr. (simillima Fr.?) —No común desde el 2 de Octubre hasta Marzo sobre: Hoff- mannseggia falcata y Sphaeralcea bonariensis. — Mendoza, Misiones (Autor), Paraguay. * 401. (12-1). Megachile Holmbergi Jorg. — Muy parecido á M. gomphrenae Holmb., pero más menudo. No común en Cha- cras de Coria en Noviembre-Diciembre; una 9 criada. — Mendoza. * 402. (125 1. 3Iegachile Burmeisteri Fr. — Común, especial- mente el cf, desde el 19 de Octubre hasta el 30 de Mayo sobre: Ximenedia microptera, Grindelia pulchella; Atamisquea emarginata; 312 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Hoffmannseggia falcata, Psoralea higuerilla, Medicago sativa. — Mendoza, Buenos Aires. * 403. (126). Megachile tricincta Fr. — Pocos ejemplares en Chacras de Coria, en Noviembre-Diciembre. — Mendoza, Neuquen. * 404. (127). Megachile tetrazona Fr. tf — Abundante desde el 23 de Octubre hasta Mayo, sobre: ¡Senecio mendoeimis, Ximenedia microptera ; Hoffmannseggia falcata; Bulnesia retama, Larrea diva- ricata. — Mendoza. * 405. (128). Megachile Hoffmannseggiae Jórg. 9 — No rara en Pedregal y Chacras de Coria en Noviembre - Diciembre, sobre Hoffmannseggia falcata; ignara cardunculus; Opuntia sid- phurea. — Mendoza. * 400. (129). Megachile luteipes Fr. tf — Unos ejemplares en Pedregal y Chacras de Coria en Noviembre-Diciembre, sobre: Hoffma n nseggia falca ta . — Mendoza. Megachile orcina Vachal 9 — Mendoza. Megachile nigella Vachal 9 — Mendoza. .Megachile binota Vachal 9 — Mendoza. Megachile vagata Vachal. — Mendoza. Megachile marcida Vachal. — Mendoza. Megachile ínfima Vachal. — Mendoza. Megachile variplantis Vachal c? — Mendoza. Megachile dentipes Vachal g — Mendoza. Megachile trochantina Vachal c? —Mendoza. Anthidium flavomaculaluinFr. 9 cf — Común desde elo de Octubre hasta el 12 de Enero, sobre: Parthenium hysterionoides; Larrea divaricata; Hoffmannseggia falcata, Gour- liaea decorticans; Délphinium sp. — Mendoza, Tucumán. * 417. (140). Anthidium andinum Jórg. — g en la Cordi- llera frente de la estación Blanco Encalada (1100 m.) el 9 de Diciembre, sobre: ¿Salvia Gilliesii. — Mendoza. * 418. (141). Anthidium rubripes Fr. —Muy abundante desde el 12 de Octubre hasta Enero, sobre: Ximenedia microptera, Senecio albicaulis, pinnatus; Hoffmannseggia falcata, Caesalpinia praecox, Patagonium Gilliesii, Glycgrrhiza astragalina. Medicago sativa; Larrea divaricata. — Argentina (Mendoza, Neuquen, Tucu- mán, Salta): Chile. * 411). (142). Anthidium vigintipunctalum Fr. — Bastante rara en Pedregal y Chacras de Coria desde el 27 de Octubre hasta fines de Diciembre, sobre: Hoffmannseggia falcata, Caesalpinia praecox, Prosopis alpataco, campestris, Acacia furcata. — Mendoza. 407. (130). 408. (131;. 40í>. (132). 410. (133). 411. (134). 412. (135). 413. (136). 414. (137). 415. (138), 410. (139). jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 313 420. (143). Anthidium stiloides Spin. — Argentina (Men- doza); Chile. * 421. (144). Hypanthidium inerme ( Fr. ) — Abundante desde el 2(3 de Octubre hasta Enero, sobre: Hyalis argéntea, Xime- nedia microptera, Achyropkus glaucas; Larrea divaricata; Convol- vulus arvensis, Hermanniae; Atamisquea emarginata; Cucubitella scaberrima; Phy salís viscosa, Lycium aradle, longiflorum; Gochnatia glutinosa; Hoffmannseggia falcata, Medicago sativa, Caesalpinia praecox, Prosopis alpataco, campestris, Acacia furcata, Gourliaea decorticans, Zuceagnia punctata. — Mendoza. * 422. (145). Dianthidium sáltense (Fr.) — Una 9 en Chacras de Coria, el 30 de Noviembre, sobre: Hoffmannseggia falcata. — Argentina (Mendoza, Salta); Chile. * 423. (146). Dianthidium argentinum (Fr.)— No rara desde el 27 de Octubre hasta el 11 de Enero sobre: Bidens leucantha; Larrea divaricata; Hoffmannseggia falcata, Zuceagnia punctata, Prosopis campestris, alpataco, Acacia furcata. — Mendoza, Tucu- nián, Alto Paraná. * 424. (147). Dianthidium sanguineum (Fr.) — Común desde el 5 de Noviembre hasta mediados de Enero, sobre: Hoffmannseggia falcata, Prosopis alpataco, campestris, Acacia furcata, Caesalpinia praecox; Larrea divaricata. —Mendoza, Tucumán. * 425. (148). Dianthidium eonfusum (Sm.) (Jenseni Fr.)' — Abundante desde el 25 de Octubre hasta mediados de Enero, más tarde en Abril, sobre: Grindelia pulchella, B aechar is salicifolia, Hyülis argéntea, Ximenedia microptera; Larrea divari- cata; Hoffmannseggia falcata, Psoralea higuerilla, Zuceagnia pune- tata. — Mendoza. * 426. (149). Dianthidium Jórgensen i (Fr.) — Pocos ejem- plares en Pedregal, Mendoza y Chacras de Coria en Noviembre y Diciembre, sobre: Hoffmannseggia falcata. — Mendoza, Tucumán. * 427. (150). Dianthidium bicoloratum (Sm.) — Bastante común desde el 11 de Noviembre hasta Enero, sobre: Senecio p i n- natus; Hoffmannseggia falcata, Prosopis alpataco, campestris. — Mendoza, Catamarca, Tucumán, Salta, Misiones. NXYIII Fam.: CERATINIDAE. * 428. (151). Ceratina volitans Schr. — Xo común desde el 25 de Septiembre hasta Enero sobre: Grindelia pulchella, Senecio 314 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. albicaulis; Sphaeralcea bonaerenses; Prosopis campestres, alpataco. Argentina (Mendoza), Paraguay. XXVIIII Fam.: XYLOCOPIDAE. * 429. (152). Xylocopa brasilianorum L. — Muy abundante desde principio de Septiembre hasta fines de Abril sobre: Cynara cardunculus, Baccharis serrulata, salicifolia; Campánula sp.; Viola odorata; Delphinhim sp.; Solanum elaeagnifolium, Lycium gracile, argentinum, longiflorum, ¿hílense; Condalia lineata (Ramnácea); Priva laevis, Hoffmannseggia f al cata, Caesalpinia praecox , Psoralea higuerilla. Medicago sativa, Cassia aphylla, Gourliaea decorticans, Prosoj)is alpataco, campestris, Acacia furcata, Parkinsonia aculeata, Pata gonium gracile, Gilliesii; Cheiranthus cheiri; Bulnesia retama, /.arrea divaricata; Juglans regia; Salix bdbylonica. chilensis; Pynis malus, communis; Amygdalus communis, Pérsica vulgaris. — Su parásita es Sapygafallax Tascli. — Desde Mendoza y Buenos Aires basta México. * 430. (153). Xylocopa splendidula Lep. — Muy abundante desde el -1 de Octubre hasta mediados de Abril sobre: Senecio pin- natus, Baccharis serrulata, salicifolia, Cyclolepis genistoides; Jussie- ua peruviana: Priva laevis; Lippia lycioides; Solanum elaeagnifo- lium, Lycium ¿hílense; Hoffmannseggia falcata, Medicago sativa, Psoralea higuerilla, Robinia pseudacacia, Caesalpinia praecox, Cas- sia aphylla, Phaseolus multiflorus, Parkinsonia aculeata, Gourliaea decorticans; Larrea divaricata, Bulnesia retama; Clematis Hilarii. — Su parásito es Sapyga fallax Tasch. — Desde Xeuquen hasta el Sud del Brasil. XXX Fam.:NOMADIDAE. * 431. (154). Nómada pampicola Holmb. — Bastante raro en Chacras de Coria desde el 20 de Noviembre hasta fines de Enero sobre Grindelia pidchella, Bidens leacantha; Lippia nodiflora. — Mendoza, Buenos Aires. * 432. (155). Brachynomada bigibbosa (Fr.)— Pocos ejem- plares con la especie siguiente. — Argentina: Mendoza, Buenos Aires, Tucumán. * 433. (156). Brachynomada argentina Holmb. — Común en Diciembre-Enero sobre: Bidens leucantha, Centaurea niilletensis; Se- jorgensen: los crisídidos y los himenópteros. 315 necio albicaulis. Grindelia pulchélla; Lippia noctíflora, Convolvulus arvensis, Erodium cicutarium; Melilotus indica. — Mendoza, Chaco, Formosa, Misiones (Autor). * 434. (157). Epeolus bipunctatus Fr. — Común desde el 8 de Noviembre hasta mediados de Enero sobre: Lirsium lanceolatum, Proustia ilicifolia. Tessaria absinthioides, Grindelia pulchélla, Sene- cio pinnatus, álbicaulis, Cynara cardunculus, Ximenedia micropte- ra, Bidens leucantha, Anthemis calida; Erodium cicutarium; Hoff- mannseggia fálcala. — Mendoza, San Luis (Alto Pencoso), Salta. * 435. (158). Epeolus bizonatus var. crassicornis Fr. — Común desde el 11 de Noviembre hasta fines de Enero sobre las mismas plantas que la especie anterior, como también sobre: Clematis Hilarii; Larrea divaricata; Lycium argentinum. — Mendo ■ za, Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Salta, Catamarca. * 436. (159). Epeolus Peterseni Jorg. c?. — Pocos ejemplares en Alto Pencoso en Diciembre sobre: Ximenedia microptera. — San Luis. * 437. (160). Epeolus Jorgenseni Fr. — Bastante común des- de Noviembre hasta Febrero sobre: Tí aechar is serrulata, pingraea, Bidens leucantha, Grindelia pulchélla, Ximenedia microptwa; Ver- bena bonariensis; Erodium cicutarium. — Argentina (Mendoza, Tu- cumán, Salta): Brasil. * 438. (161). Epeolus speciosusFr. — Bastante común desde mediados de Febrero hasta fin de Abril sobre: Grindelia pulchélla. Baccharis serrulata, Ximenedia microptera; Lippia lycioides. — Men- doza. * 439. (162). Epeolus Baeri Vach. — No raro en Chacras de Co- ria en Noviembre-Diciembre sobre: Senecio pinnatus, álbicaulis; Clematis Hilarii, Lycium argentinum. Más tarde vuela junta á E. speciosus. — Mendoza, Tucumán. * 440. (163). Epeolus bifasciatus Jorg. — 2 9 en Po- trerillos el 27 de Diciembre, una de ellas sobre: Senecio pinnatus. — Mendoza. * 441. (164). Epeolus rufiventris Fr. — No común en Cha- cras de Coria, La Paz y Alto Pencoso desde el 6 de Diciembre hasta el 12 de Marzo sobre: Grindelia pulchélla, Ximenedia microp- tera. — Mendoza, San Luis, Tucumán, Salta. * 442. (165). Epeolus variolosus Holmb. (uuifasciatus Fr.) — Abundante desde Noviembre hasta mediados de Abril sobre: Bidens leucantha; Lippia nodiflora. — Argentina (Mendoza, San Luis, Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Misiones); Brasil. 316 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 443. (166.) Epeolus Burmeisteri Fr. — Parásito en los ni- dos de Epimelissodes dama (Vach). y común en las colonias de esas abejas en Enero-Marzo y también sobre: Grindelia pulcliella; Con- vólvulos arvensis. — Mendoza. 444. (167). Epeolus Buchwaldi Fr. — Mendoza, Ecuador. 445. (168). Isepeolus viperinus(Hohnb). — Argentina (Men- doza, Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Xeuquen (Tueumán): Chile; Paraguay. * 446. (169). Isepeolus aterrimus (Fr). — Eara en Chacras de Coria en Xoviembre-Diciembre, y muy común en Alto Pencoso, sobre: Senecio albicaidis, Ximenedia microptera, Lippia lycioides. — Mendoza, San Luis. * 447. (170). Isepeolus 8-punctatus Jorg. 9 — Rara en Pe- dregal y Chacras de Coria desde el 2 de Octubre hasta fines de Diciembre, sobre: Grindelia pidchella, Senecio cdbicaulis; Clematis Hilarii. * 448. (171). Isepeolus Vachali Jorg. 9 —Común en Mendo- za como las especies siguientes. — Mendoza. * 449. (172). Isepeolus Cockerelli Jorg. — Común desde el 21 de Octubre hasta Mayo, sobre: Ximenedia microptera, Baccharis salicifolia, serrulata, Senecio mendocinus, pinnatus, albicaidis, Grin- delia pulchella; Larrea divaricata; Hoffmannseggia falcata, Gour- liaea decorticans, Prosopis alpataco, campestris; Clematis Hilarii; Sphaercdcea bonariensis.— Mendoza. * 450. (173). Isepeolus Smithi Jorg. — Común como la espe- cie anterior al mismo tiempo y sobre las mismas plantas. — Men- doza. * 451. (174). Isepeolus Viecki Jorg. — También común como E. Cockerelli Mendoza. * 452. (175). Isepeolus Kiefferi Jorg. — Común como E- Cockerelli. — Mendoza. * 453. (176). Isepeolus bellus Jorg. 9 — Una 9 en Chacras de Coria el 5 de Diciembre, sobre: Hoffmannseggia falcata. — Men- doza. * 454. (177). Isepeolus analis Jorg. tf — Unos ejemplares en Chacras de Coria en Octubre. — Mendoza. * 455. (178). Isepeolus abnormis Jorg. 9 —Una 9 en La Paz, sobre: Ximenedia microptera, el 29 de Enero. — Mendoza. * 450. (179). Melissa Jenseni Fr. — Abundante desde el 14 de Octubre hasta el 6 de Marzo. Parásitos en los nidos de Ptilofhrio: tricolor (Fr.),y tal vez de Loncho]) ría laticeps (Fr.). Visita: Senecio JORGENSEN: LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS 317 pinnatus, mendocinus, stipellatus, Baccharis serrulata, pingraea, Hyalis argéntea, Proustia ilicifolia, Grindelia pulchella, Tessaria ábsintkioides, Cynara cardunculus, Girsium lanceolatum, Ximenedia microptera; Dipsacus silvestres; Opuntia sulphurea, calva, ovata, Cereus spachianus; Ximenia americana (Olacínea); Hoffmannseggia fálcala, Medica g o sativa, Caesalpinia praecox, Gourliaea decorticans, Prosopis alp ataco, campestris, strombitlifera; Lycium gracile; Gucur- bitella scaberrima. — Mendoza. * 457. (180). Melissa maeulata Fr. — Muy rara en Pedregal, Mendoza y Chacras de Coria, desde el o de Diciembre hasta el 15 de Marzo, sobre: Proustia ilicifolia; Hoffmannseggia falcata, Medi- cago sativa. — Argentina (Mendoza); Brasil. * 458. (181). Caenoprosopis crabrón i na Holmb. — Bastante rara en Chacras de Coria, desde el 12 de Noviembre hasta el 6 de de Marzo, sobre: Prosopis alpataco y campestris. — Mendoza, Buenos Aires, Misiones. XXI. Fam.: ANTHOPHOEIDAE. * 459. (182). Melissoptila tandilensis Holmb. (= Thyreo- thremma rhopalocera Holbg., Tetralonia crassipes Fr.) — Muy abundante desde principios de Diciembre hasta mediados de Abril, sobre: Baccharis salta 'folia, serrulata, pingraea, subulata, Tessaria absinthioides, Taraxaoim off cíñale, Cirsium lanceolatum, Tagetes minutas, filifolius, Tanacetum vulgare, Bidens leucantha, Caléndula offcincdis, Grindelia púlchella, Telesperma scabrio- soides, Ximenedia microptera, Proustia ilicifolia; Medicago sativa, Hoffmannseggia falcata; Lycium gracile, longiflorum, Cucurbi- tella scaberrima, Cucúrbita Pepo; Jussieua peruviana; Verbena bonariensis; Foeniculum piperitum; Sphaeralcea bonariensis, Al- thaea offícinalis; Phorbitis hispida (Convolvulácea); Erodium cicu- tarium. — Mendoza, Buenos Aires, Tucumán. * 460. (183). Melissoptila bonaerensis Holmb. (= Tetralo- nia tetrazona Fr.) — No común desde el 28 de Octubre hasta fines de Abril, sobre: Ximenedia microptera, Bidens leucantha. Abutilón ■mendocinum, Sphaeralcea bonariensis. — Mendoza, Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones. * 401. (184). Thygater Arechavaletai Bert. & Schr.— Bas- tante rara en Chacras de Coria, desde el 20 de Diciembre hasta el 8 de Abril, sobre: Cucurbitella scaberrima; Salvia Gilliesii, Priva laevis. — Argentina (Mendoza, Misiones); Uruguay. 318 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. * 402. (185). Thygater analis (Lep.)(= terminata Holmb., chrysophora Holmb., Macrocera buccosa Vach., 3Iacroglos- sapis Holmbergi Bréthes, Tetralonia bifasciata Sm.). — Ar- gentina (Mendoza, Buenos Aires, San Juan, La Rioja, Tucumán, Misiones); Paraguay; Brasil; Bolivia; Perú; México. * 403. (186). Melissodes fervens (Sm.) (= Ecplectiea eu- curbitae Holmb.; Macrocera argentina Schr., Tetralonia luteicornis Jorg., Tetralonia Jorgenseni Jensen Haarup). — Muy abundante desde Diciembre basta fines de Marzo en las flores de Cucúrbita Pepo. Toda Argentina (con excepción de Patagonia); Uruguay; Paraguay; Brasil. * 404. (187). Melissodes nigroaeneus (Sm.) ( = Ecplectiea tintinnans Holmb., M. menuacha Cr.) — Argentina (Mendoza, San Juan, La Sioja, Oatamarca, Tucumán, Salta, Jujuy, Buenos Aires, Misiones); Uruguay; Paraguay; Brasil; Bolivia; Perú; Amé- rica del Norte. * 405. (188). Epi melissodes dama (Vach).(=Tetralonia ni- griceps Fr.) — Muy abundante todo el verano junto á las espe- cies de Leptometria. Vive en grandes colonias, en las cuales se encuentra como parásito el Epeolus Burmeisteri Fr. — Argentina (Mendoza, Tucumán); Chile. * 400. (189) Tetralonia bombylans (Holmb.) ( = fla vitar- sis var. bicincta Fr.) — Muy abundante desde principios de Noviembre basta fines de Marzo sobre: Grindelia pulchella, Senecio pinnatus, Hyalis argéntea, Cynara cwdunculus, Zinnia sp., Proustia üicifolia, Gochnatia glutinosa; Hoffmannseggia falcata, Caesalpinia praecox; Solanum elaeagnifolium, Lycium chilense, gracile, Physális viscosa,: Atamisquea emarginata; Oxybaphus ovatus ( Nieta giná cea). — Mendoza, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Buenos Aires. * 407. (190). Tetralonia detecta (Holmb?).— Un $ en Cha- cras de Coria el 16 de Noviembre. — Mendoza, Buenos Aires. * 408. (191). Tetralonia Bauni Jorg.— Un tf en Chacras de Coria en Noviembre. — Mendoza. * 400. (192). Tetralonia zebra Fr.— Común desde el 2 de Noviembre hasta el 25 de Marzo sobre: Senecio pinnatus, Hyalis argéntea, Proustia üicifolia, Cynara cardunculus; Lycium chilense; Glycyrrhiza astragalina, Hoffmannseggia falcata, Prosopis alpata- co, campestris, Acacia furcata, Caesalpinia praecox, Psoralea higue- rilla; Clematis Hilarü: Cucurbitella scaberrima; Lippia lycioides; Larrea divaricata. * forma mendocina Jorg. 9 • — Bastante raro sobre: Larrea jórgensen: los crisídidos y los himenópteros. 319 divaricata; Hoffmannseggia falcata; Lycium argentinum. — Mendoza, La Rioja, Tucumán, Salta. * 470. (193). Tetralonia bipunctata Fr. — Común en Chacras de Coria desde el 11 de Marzo hasta el 11 de Mayo sobre: Loranthus tetrandrus (Lorantdcea.). — Mendoza. * 471. (19-1). Tetralonia Schrottkyi Jorg.— Común en Cha- cras de Coria y San Ignacio desde el 18 de Octubre hasta el 22 de Noviembre sobre: Larrea divaricata; Hoffmannseggia falcata, Gour- liaea decorticans, Prosopis alpataco, campestris. — Mendoza. * 472. (195). Tetralonia Bruchi Jorg. — Muy abundante jun- to á la especie anterior en Chacras de Coria y San Ignacio desde el 18 de Octubre hasta el 10 ele Noviembre sobre: Hoffmannseggia falcata, Gourliaea decorticans, Glycyrrliiza astrag aliña , Larrea diva- ricata. — Mendoza. * 473. (196) Tetralonia corvina Fr. — Bastante raro en Pe- dregal, Mendoza y Chacras de Coria desde el 19 de Octubre hasta el 5 de Enero sobre: Caesalpinia praecox, Hoffmannseggia falcata, Prosopis alpataco, campestris, Acacia fu reata. — Mendoza, Tucumán. * 474. (197). Tetralonia luteipes Fr. $ — Mendoza. * 475. (198). Tetralonia Bréthesi Jorg. — No común en Cha- cras de Coria desde el 3 de Octubre hasta el 13 de Noviembre so- bre Larrea divaricata; Gourliaea decorticans; Lycium chilense; Sphaeralcea bonariensis, Cristaria loasifolia. — Mendoza. * 470. (199). Tetralonia gilva Holmb. (= Macrocera ar- rlienica Vach., Tetra!. Jenseni Fr.) — Muy común desde el 1.° de Noviembre hasta fines de Marzo. Vive en grandes colonias y visita: Grindélia pulchella, Hyalis argéntea, Caléndula offícinalis, Cynara scolymus, Anthemis cotula, Proustia ilicifolia, Pascalia glauca, Tage- tes minutus, Bidens leucantha, Senecio pinnatus, Flaveria contrayerba, Ximenedia microptera; Hoffmannseggia falcata; Sphaeralcea bona- riensis, Cristaria loasifolia; Solanum elaeagnifolium, Lycium gracile; Mentha aquatica. — Neuquen, Mendoza, San Luis, Catamarca, Tu- cumán, Salta, Buenos Aires. * 477. (200). Tetralonia ílaviventris Fr. — Unas 9 desde el 15 ele Febrero hasta el 7 de Abril. — Mendoza. *. 478. (201). Tetralonia spini ven tris Fr. rf — Bastante raro en Chacras de Coria, desde Octubre hasta Marzo, con T. gilva Holmb. — Mendoza. * 170. (202). Tetralonia niveata Fr. — Un tf en Chacras de Coria el 21 de Diciembre, sobre: Sphaeralcea bonariensis; común en Caucete (San Juan) en Enero. — Mendoza, San Juan, Salta. 320 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. No conozco las 4 especies siguientes, recién descriptas por Juan Bréthes en sus «Himenópteros Argentinos» 1 . 480. (203). Melissoptila «argentina Bréthes. — Mendoza, Salta, Jujuy. Misiones. 481. (204). Svastra mimetica Bréthes 9. — Mendoza. 482. (205). Ptilothrix megasoma Bréthes erubescens Tasch 283 32. » rubiginosus Tasch. . . . 283 33. » niesothoracicus Bré- thes 283 34. » serraticornis Tasch... 283 35. » amoenissimus D. T... 283 36. » Autrani Holmb 283 37. P o ecil i pompilus Hermanni (Holmb) 283 38. Pompilus Jórgenseni Bréthes.. 284 39. » scapulatus Bréthes.. 284 40. Notocyphus unicinctus Bréthes 284 41. » Jórgenseni Bréthes. . 284 42. » rubriventris Bréthes. 284 43. Aporus apicipennis Bréthes.... 284 44. Ceropales Taschenbergi D.T.... 284 45. » tricolor F. Lynch 284 xi. Fam. SPHECIDAE. 1. Sceliphron figulus (Dahlb.) 284 2. Ammophila suavis Burm 285 3. » Friedrichi Schr 285 4. Chlorion cyaniventris Guér.... 285 5. » hemiprasinum (Sich.). 285 6. Sphex striatus Sm 285 7. » flavipes Iheringi Kohl. . . 285 326 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Pág. 8. Sphex neoxenus Kohl 286 9. » platensis Bréthes 286 10. » ThomaeF 286 11. » argentinus Tasch 286 12. » icbneumoneus L 286 13. » pumilio Tasch 286 14. » nigrocaeruleus Tasch... 286 15. » striatulus Bréthes 286 16. » mendozanus Bréthes 286 17. » Jórg-enseni Bréthes 286 Pág. 49. Bernbex citripes Tasch 293 50. » sulphurea Spin 290 51. Microbernbex argentina Bréthes 290 xiv. Fam. stizidae. 52. Sphecius spectabilis Tasch 290 xv. Fam. larridae. XII. Fam. PHILANTHIDAE . 18. Cerceris annuligera Tasch 287 19. » nigra Bréthes 287 20. Cerceris gaudebunda Holmb. . . . 287 21. » Jórgenseni Bréthes.... 287 22. » cisandina Bréthes 287 23. » larvata Tasch 287 24. » antemissa Bréthes 287 25. » decorata Bréthes 287 2rt. » tibialis Bréthes 287 27. » sororcula Bréthes 287 28. » Vigilii Bréthes 287 29. » mendozana Bréthes ... 288 30. » annulipes Bréthes 283 81. » pauxilla Bréthes 283 32. » proboscidea Holmb ... . 288 33. » ruf imana Tasch 283 84. » rugulosa Schrottky. . . . 288 35. » ferruginea Bréthes 288 3B. Trachypus patagonensis Sauss. 288 37. » mendozae D. T 288 38. » punctuosus Bréthes. 289 3í). » elegans Sm 289 xni. Fam. BEMBICIDAE. 40. Stictia decorata (Tasch.) 289 41. » punctata (F.) 289 42. » guttata (Tasch.) 289 43. » notata (Burm.).. . • 289 44. » singularis (Tasch.) 289 45 » surinamensis (de Geer).. 289 4<). Bembidula mendica Handl 290 47. » discisa Tasch 290 43. » cingulata Burm 290 53. Larra bicincta Tasch 290 54. » Spegazzinii Bréthes 290 55. » campestris (Sm) 291 56. » princeps Sm 291 57. Lirosphex Jórgenseni Bréthes. . 291 5S. Taclrysphex ruficaudis (Tasch). 291 59. » scalaris (Tasch.). . . 291 60. Solierella platensis Bréthes 291 61. Heliocausus tridens Bréthes.... 291 62. » argentinus Bréthes . . 291 63. » mendozanus Bréthes 291 64. » fraternus Bréthes. . . 291 xvi. Fam. nyssonidae. 65. Gorytes semipunctatus (Tasch.). 291 66. » unicinctus Bréthes 291 67. » mendozanus Bréthes. . . 291 68. » pygmaeus Bréthes 291 69. » velutinus (Spin.) 292 70. * Jórgenseni Bréthes 292 71. Nysson argentinus Bréthes 292 72. ■» chrysozonus Tasch 292 xvii. Fam. palaridae. 73. 74. 75. 76. 77. Astatus ' lugens Tasch 292 » Spinolae Sauss 292 » chilensis Sauss 292 Tachj'tes rhododactylus Tasch. 292 » fulvipes (Sm.) 292 » costalis Tasch 292 » cln'peatus Tasch 292 Gayi(Spin.) 293 chilensis (Spin.) 293 » apiformis Sm 293 i Por inadvertencia se ha escrito en la pág. 292 Astuta en lugar de Astatus. JOKGENSEN : LOS CRISÍDIDOS Y LOS HEUENÓPTEROS. 327 Pág XVIII. Faill. TRYPOXYLONIDAE. 83. Trypoxylon áureo vestitum Tasch 293 84. » medianum Fox 203 85. » mutatum Kohl 293 86. » Jórgenseni Bréthes. . 293 87. » argentinum Bréthes 293 8S. » Coriae Bréthes 293 xix. Fain. crabrontdae. 89. Crabro maculicornis Tasch 293 90. » flavipennis vai-. furno- sus Bréthes 293 91. Oxybelus platensis Bréthes 294 92. » catamarcensis Schr. . . 294 93. » pamparum Bréthes... 294 94. » Jórgenseni Bréthes... 294 XX. Faill. MASARIDAE. 1. Trimeria Buyssoni Bréthes. . . . 2. » Jórgenseni Schr 294 294 xxi. Fam. eumeneidae. l. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21 Discoelius cuyanus Bréthes.... 234 » Caridei Bréthes 295 » Hilarianus (Sauss.). . . 295 Gayella eurnenoides Spin 295 Pachymenes Jórgenseni Schr.. 295 Eumenus argentinus (Berg). . . . 295 » canaliculatus (Oliv.). 295 Monobia andina Bréthes 295 » Caridei Bréthes 295 » angulosa cingulata Bréthes 296 Montezumia ferruginea Sauss. . 296 » Bruchi Bréthes... 296 AncistrocerusClarazianus Sauss 296 » microsynoeca Schr. 296 Stenaucistrocerus Henrici Bréthes 296 » foveolatus Bréthes 296 » mendozanus Bré- thes 296 » algidus Schr 296 Hypodynerus antuco Sauss .... 296 » fuscipennis Bré- thes 297 » cuyanus Bréthes 297 PáCx. 22. Hypodynerus Molinae Sauss. . . 297 23. ruficollis (Spin.). 297 24. » Bréthesi Jórg.... 297 25. » Jórgenseni Schr.. 297 26. » chiliotus Sauss... 297 27. » vespiformis Hal. . '297 28. Odynerus bonariensis Bréthes. . 297 29. » platensis Bréthes 297 30. » gemellus Bréthes.... 297 31. » concavus Bréthes. .. . 298 32. » montevidensis Bré- thes 298 g3. Pachodynerus nasidens (Latr.). 298 34. » nigriculus Berg. 298 35. » argentinus andi- nus Bréthes . . 298 36. Stenodynerus mendicus Bréthes 298 37. Alastor argentinus Bréthes 298 38. » angulicollis (Spin) 293 xxii. Fam. tespidae. I. Polistes cavapy ta Sauss 298 XIII. Fam. COLLETIDAE. 1. Oediscelis inermis Fr 300 2. Colletes bicolor Sni 300 3. » clematidis Jórg 300 4. » Vachali Jórg 300 5. » Bréthesi Jórg 300 6. » glycyrrhinae Jórg 300 7. » furfuraceus Holmb 300 8. » similis Jórg 300 9. » lyeii Jórg 300 10. » apudcatulus Vach 301 II. » Schrottkyi Jórg 301 12. » clarus Jórg 301 13. » argentinus Fr 301 14. » enodis Vach 301 15. » pinnatus Vach 301 16. » plantaris Vach 301 17. a neoqueenensis Fr 301 18. » Jórgenseni Fr 301 19. Holmbergiana cristariae Jórg.. ROÍ 20. Pasiphaé neotropica (Fr.) 301 21. » longipes Jórg 301 22. » Friesei Jórg 302 23. » armata Jórg 302 24. » abdominalis Jórg.... 302 25. » rufiventris Spin 302 26. » moerens Vach 302 328 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Pág. 27. Lonchopria thoracica Fr 302 28. » laticeps (Fr.) 302 29. » armata (Fr.) 302 30. » rufiventris (Fr.)... 302 31. Jórgenseni (Fr.)... 303 32. » Jenseni (Fr.) 303 33. Caupolicana ruficollis Fr 303 34. . superna Sm 303 35. » lugubris Fr 303 36. » Friesei Jorg 303 37. » nigriventris men- docina CJórg.). 303 38. » bicolor Fr 303 39. Ptiloglossa ducalis Sm 304 40. » chalybaea Fr 304 41. Oxaea ferruginea Fr 304 xxit. Fam. andrenidae. 42. Sphecodes mutillaeformis Schr.. 304 43. » mendocinus Jorg. . . . 304 44. » cordillerensis Jorg.. . 304 45. » nigripennis Fr 304 46. Temnosoma metallicum Sm 304 47. Pseudagapostemon Jenseni (Fr.) 304 48. » Jórgenseni (Fr.) 305 49. » mendocinus (Jorg.). 305 50. » singularis Jorg 305 51. » babuanus Jorg 305 52. Augochloropsis argentina (Fr.). 305 53. Augochlora Cleopatra Jorg 305 54. » Thamyris Jorg 305 55. Paraugochlora Semiramis Jorg 305 56. Tetraehlora obesa Schr 31 6 57. Chloralictus Spinolae Reed.... 305 58. » vernalis Jorg 306 59. Halietus (?) meridionalis Jorg. 306 60. Halictomovpha (?) autumnalis Jorg 306 61. Protandrena meridionalis Schr 306 62. Psaenythia philanthoides Gerst 306 63. » picta Gerst 306 64. » laticeps Fr 306 65. » rubriceps Fr 306 66. Parapsaenythia argentina Fr. . 306 xxv. Fam. panurgidae. 67. Camptopoeum flaviventre Fr. . 307 68. » ochraceum Fr.... 307 69. » bifasciatum (Fr.) 307 70. » opuntiarum Jorg. 307 Pág. 71. Liopoeum hirsutulum mendoci- num Jorg . 307 72. Spinoliella argentina Jorg 307 73. Calliopsis (Parafriesea) Prini (Holmb) 307 74. Calliopsis ( Parafriesea ) argen- tina (Fr.) 307 75. Calliopsis (?) Spegazzinii Jórg.. 307 xxvi. Fam. stelididae. 76. Coelioxys pampeana Holmb.. . 308 77. . bifida Fr 308 78. » coloboptyche Holmb.. 308 79. » Jórgenseni Holmb. . . . 308 80. » cordillerana Holmb .. 308 81. » pruna Holmb 308 82. » missionum Holmb.... 308 83. » occidentalis Holmb . . . 308 84. » rayana Holmb 308 85. » mutans Holmb 308 86. » diversidentata Holmb. 308 87. » frieseana Holmb 308 88. » elata Holmb 308 89. » frigens Holmb 308 90. » pedregalensis Holmb. 308 91. epistene Holmb 308 92. » epaenete Holmb 308 93. » tarda Holmb 309 94. » huarpum Holmb 309 95. » Jórgenseniana Holmb. 309 96. » bonaérensis Holmb... 309 97. » correntina Holmb.... 309 98. » triangulifera Fr 309 99: » alacras Holmb 309 100. » inconspicua Holmb. . . 309 101. » corduvensis Holmb.. . 309 102. » mendozina Holmb.... 309 103. » chacoénsis Holmb. .. . 309 104. ;> rugol osa Fr 309 105. » laudabilis Holmb 309 xxvii. Fam. megachilidae. 106. Lithurgus laticeps Fr 309 107. » albiceps Fr 309 108. » rufiventris Fr 309 109. » pygmaea Fr 310 110. Megachile anthidioides Ead.. . 310 111. » catamarcensis Schr. 310 112. » argentina Fr 310 113. » cylindrica Fr 310 JORGENSEN : LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 329 114. Megachil 310 157. 115. » melancholiea Jórg.. 310 158. 116. » albopunetata Jórg.. 310 159. 117. » 310 160. 118. » 311 161. 119. » 311 162. 120. » Hieronymi Fr 311 163. 121. » ctenophora Holmb.. 311 164. 122. » mendozana Cockl. . 311 165. 123. 124. s parsonsinae Sehr. . . Holmbergi Jórg •. . . 311 311 166. 167. 125. » 311 168. 126. » tricincta Fr 312 169. 127. > tetrazona Fr 312 170. 128. » Ho f f m annseggiae 171. » 312 312 312 172. 173. 174. 129. 130. orcina Vach 131. 132. » ni sella Vach 312 312 175. 176. 133. 134. » 312 312 177. 178 135. » 312 179 136. 137. 138. » variplantis Vach. . . trochantina Vach... 312 312 312 180. 181. 139. Anthidium flavomaculatum Fr. 312 140. » 312 121. 142. 143. » vigitipunctatum Fr. 312 312 313 1 182. 144. 145. Hypanthidium inerme (Fr.).... 313 313 183. 184. 146. 147. 148. 149. 150. i i » y> argentinum (Fr.).. sanguineum (Fr.). . confusum (Sm.). . . Jórgenseni (Fr.). . bicoloratum (Sm.). 313 313 313 313 313 185. 186. 187. 188. xxyiii. Fam. ceratinidae. 151. Ceratina volitans Schr 313 xxix. Fam. xtlocopidae. 152. Xyloeopa brasilianorum L.... 314 153. » splendidula Lep 314 xxx. Fam. nomadipae. 154. Nómada pampicola Holmb. .. . 314 155. Brachynomada bigibbosa (Fr.). 314 156. » argentina Holmb. 314 Pág. Pág. Epeolus bipunctatus Fr 315 » bizonatus crassicornis 315 » Peterseni Jórg. ....... 315 » Jórgenseni Fr 315 speciosus Fr 315 j> Baeri Vach 315 » bifasciatus Jórg 315 » rufiventris Fr 315 > variolosus Holmb.... 315 » Burmeisteri Fr H16 Buchwaldi Fr 316 Isepeolus viperinus (Holmb. ), . . 316 » aterrimus (Fr.) r;i6 » 8-pnnctatus i Jórg.). . 316 VachaliJorg 316 » Cockerelli Jórg 316 » SmithiJórg 316 » Viecki Jórg 316 » Kiefferi Jórg 316 » bellus Jórg 316 » analis Jórg 316 » abnormis Jórg 316 Melissa Jenseni Fr 316 » maculata Fr 317 Caenoprosopis crabronina Holmb 317 xxxi. Fam. axthophoridae. Melissoptila tandilensis Holmb. 317 » bonaerenses Holmb. 317 Thygater Arechavaletai B. & Schr 317 » analis (Lep.) H18 Melissodes fervens (Sm.) 318 » nigroaeneus (Sm.) . 318 Epimelissodes dama (Vach.).. 318 189. Tetraloniabombj-lans (Holmb.) 318 190. • detecta (Holmb.).... 318 191. » Bauni Jórg 318 192. zebra Fr 318 193. » bipunctata Fr 319 194. » Schrottkyi Jórg 319 195. » Bruchi Jórg 319 196. » corvina Fr 319 197. » luteipes Fr 319 198. Bréthesi Jórg 319 199. » gilva Holmb 319 200. flaviventris Fr 319 201. » spiniventris Fr 319 202. » niveata 319 203. Melissoptila argentina Bréthes 320 330 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Pág. 204. Svastra mimetica Bréthes 320 205. Ptilothrix megasona Bréthes. . . 320 206. Leptometriamendozana Bréthes 320 207. Ptilothrix tricolor Fr 320 208. Leptometria rufipes Fr 320 200. » Pereyrae (Holmb).... 320 210. » distincta (Holmb).... 320 211. » baraderensis (Holmb) 321 212. » humilis Vach 321 213. » hirta Jórg 321 214. » nigra Fr 321 215. Ancyloscelis armata Sm 321 210. » turmalis Vach... 321 217. Anthophora paranensis Holmb. 321 218. » saltensis Holmb. 321 219. Exomalopsis Jenseni Fr 321 220. Tetrapedia sp 322 Pág. 221. Hernisia muralis (Burm.) 322 222. » nigerrina (Fr ) 322 223. » nigriventris (Burm..).. 322 224. » tricolor (Fr.) 322 225. » Bréthesi (Schr.) 322 226. » nigripes (Fr.) 322 227. » lampes F 322 228. Canephorula apiformis (Fr.).. . 323 xxxii. Fam. bombidae. 229. Bombus opif ex Sm 323 xxxiii. Fani. apidae. 230. Apis mellifica ligustica Spin. .. 323 ÍNDICE ALFABÉTICO Pág. abdominalis Jorg. (Pasiphaé) 302 abnormis Jorg. (Isepeolus) 316 adustus Tasch. (Pompilus) 281 aegrota (Gerst.) (Photopsis) 275 alacras Holrnb. (Ceolioxys) 309 Alastor 298 albiceps Fr. (Lithurgus) 309 albinervis Bréthes (Plesiomorpha). . 278 albopunctata Jorg. (Megachile) 310 albosignata (Burm.) (Elis) . , 277 algidus Schr. (Stenancistrocerus) . . 296 Ameghinoi Bréthes (Elis) 277 Ammophila 285 amoenissimus D. T. (Pompilus) 233 analis Jorg. (Isepeolus) 316 analis Lep. (Thygater) 318 ancilla Buyss. (Chrysis) 270 Ancistrocerus 296 Ancyloscelis 321 amlina Bréthes (Monobia) 295 andina (Jorg.) (Colletes) 300 andinum Jorg. (Anthidiura) 312 andinus Bréthes (Saltas) 280 Andrenidae 304 angulicollis (Spin.) (Alastor) 298 angulosa cingulata Bréthes (Mono- bia) 298 annuligera Tasch. (Cerceris) 287 annulipes (Bréthes) (Cerceris) 288 Anodontyra 276 antemissa Bréthes (Cerceris) 287 anthidioides B,ad. (Megachile) 310 Anthidium 312 Anthobosca 277 Anthophora 321 A.nthophoridae 317 antuco Sss. (Hy podynerus) 296 apicipennis Bréthes (Aporus) 2N4 Apidae 332 apiformis Sm. (Tachytes) 293 Pág. apiformis (Tr.) (Canephorula) 323 Apis 323 Aporus 284 apudcatulus Vach. (Colletes) 301 Arechavaletai B. & S. (Thygater). . 317 argentina Bréthes (Melissoptila). . . . 320 argentina Bréthes. (Microbembex).. 290 argentina (Fr). (Augochloropsis). . . 305 argentina (Fr.) íCalliopsis) 307 argentina Fr . (Megachile) 312 argentina Fr. (Parapsaenythia) . . . . 306 argentina Holbg. (Brachynomada) . 314 argentina (Jorg). (Oxaea) • 304 argentina Jorg. (Spinoliella) 307 argentina Schr. (Macrocera) 318 argentinensis André (Photopsis) 275 argentinum Bréthes (Trypoxylon. . 298 argentinum (Fr.) (Dianthidium) .... 313 argentinus Bréthes (Alastor) 298 argentinus (Berg) (Eumenes) 295 argentinus Bréthes (Heliocausus) . . . 291 argentinus Bréthes (Nysson) 291 argentinus Fr. (Colletes) 300 argentinus Tasch. (Sphex) 2S6 argentinus andinus Bréthes (Pacho- dynerus) 298 argyrosticta (Burm). (Cephalomu- tilla 274 armata Sm. (Ancyloscelis) 321 armata (Fr.) (Lonchopria) 302 armata Jorg. (Pasiphaé) 302 arrhenica Vach. (Macrocera) 319 Astatus 292 aterrimus (Fr.) (Isepeolus) 316 Atillum 273 Atta 272 Augochlora 305 Augochloropsis 305 aureovestitum Tasch. (Tr3 r poxylon). 293 auriceps André (Rhopthromutilla). . 273 Autrani Hlbg. (Pompilus) 283 Autrani Schr. (Salius) 280 autumnalis Jorg. (Halictomorpha). . 306 332 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Pag. babuanus Jórg.(Pseudagapostemon) 805 Baeri Buyss. (Chrysis) 271 Baeri Vach. (Epeolus) 315 baraderensis (Hlbg). (Leptometria). 821 Bauni Jórg (Tetralonia)... 318 bellus Jórg. (Isepeolus) 316 Bembex • 290 Bembicidae 289 bembicina Gerst. (Rhoptromutilla).. 273 Bembidula 290 bicincta Tasch. (Larra) 2^¡0 bicolor Sm. (Colletes) 300 bicolor Fr. (Caupolicana) 303 bicoloratum Sm. (Dianthidium) 313 bifasciata Sm. (Tetralonia) 318 bifasciatum Fr. (Camptopoeum). . . . 307 bif'asciatus Jój-g. (Epeolus) 315 bifida Fr. (Coelioxys) 308 bigibbosa Fr. (Brachynomada) 314 f. bigibbosa Fr. (Megachile) 310 Biglossa 300 bilineipunctata Spin. (Mutilla) 273 binota Vach. (Megachile) 312 bipunctata Fr. (Tetralonia) 319 bipunctatus Fr. (Epeolus) 315 bispiculata André (Traumatomutil- la) 279 bituberculata Turn. (Elaphroptera). 276 bizonatus crassicornis Fr. (Epeolus) 815 Bombidae 323 Bombus 323 bombylans (Hlbg). Tetralonia) 318 bonaérensis (Burm). (Elis) 276 bonaerensis Hlbg. (Melissoptila). . . 317 bonaérensis Hlbg (Coelioxys) 309 bonariensis Bréthes (Odynerus). . . . 297 bonariensis Lep. (Salius) 280 Bouthérj'i Bréthes (Holopyga) 270 Brachynomada 311 Bradynobaenus 274 brasiliana Guér. (Chrysis) 270 brasilianorum L. (Xylocopa) 314 brasilitnsis Brullé (Chrysis) 271 Brethesi Jórg. (Colletes) 300 Brethesi Jórg. (Hypodynerus) 297 Brethesi Jórg. (Tetralonia) 319 Brethesi Schr. (Hemisia) 322 Brethesia 280 Bruchi Bréthes (Elis) 277 Bruchi Bréthes (Montezumia) 296 Pag. Bruchi Jórg. (Tetrolonia) 319 buccosa Vach. (Macrocera) 318 Buchwaldi Fr. (Epeolus) 316 Burmeisteri Fr. (Megachile) 311 Burmeisteri Fr. (Epeolus) 316 Burmeisteri Gerst. (Sapyga) 279 Buyssoni Bréthes (Trimeria) 294 C. Caenoprosopis ■ 317 caeruleus Tasch. (Pompilus) 281 Calliopsis 307 campestris Sm. (Larra) 291 Caniponotus 272 Camptopoeum 307 canalicuJatus (OÍ.) (Eumenes) 295 Canephorula 323 Caridei Bréthes (Brethesia) 281 Caridei Bréthes (Discoelius) 295 Caridei Bréthes (Monobia) , . 295 carina Br. (Chrysis) 270 catamarcensis Schr. (Megachile). . .. 310 catamarcensis Schr. (Oxybelus). . . . 294 catulus (Burm.) (Tallium) 273 Caupolicana 803 cavapyta Sss. (Polistes) 298 centralis (Burm.) (Traumatomutilla) 274 Cephalomutilla 274 Ceratina 313 Ceratinidae 313 Cerceris 287 Ceropales 284 chacoénsis Hlbg. (Coelioxys) £09 chalybaea Fr. (Ptiloglossa) 304 chalybaeus Era. (Forelius) 272 charruana Bréthes (Chrysis) 271 chilensis (SjDin.) (Camponotus) 272 chilensis Sss. (Astatus) 292 chilensis (Spin.) (Tachytes) 293 chiliotus Sss. (Hypodynerus) 297 Chirodamus 280 Chloralictus 305 Chlorion 285 C'hrysididae 269 Chrysis 270 chrysozonus Tasch (Nj^sson") 292 chrysophora Hlbg. (Thygater) 318 chubutinus Bréthes(Bradynobaenus) 274 cingulata Burm. (Bembidula) 290 cisandina Bréthes (Cerceris) 287 ('¡tripes Tasch. (Bembex) 290 Claraziana Sss. (Reedia) 274 jorgensen: los crisididos y los himenopteros. 383 Pág. Clarazianus Sss. (Ancistrocerusi. . . . 296 clarus Jórg. (Colletes) 301 clematidis Jórg. (Colletes) 300 Cleopatra Jórg. (Augochlora) 305 clypearis Fr. (Leptometria) 320 clypeatus Tasch. (Tachytes) 292 Cockerelli Jórg. (Isepeolus) 316 Coelioxys 308 Colletes 300 Colletidae 299 f. collaris Jórg. (Cauponcana) 203 coloboptyche Hlbg. (Coelioxys). .. . 308 concavus Bréthes (Odynerus) 298 confusum (Fr.) (Dianthidium) 313 constrictus Bréthes (Salius) 280 Coriae Bréthes (Trypoxylon) 293 cordillerana Hlbg. (Coelioxys) 308 cordillerensis Jórg. (Sphecodes) 304 corduvensis Hlbg. (Coelioxys) 309 correntina Hlbg. (Coelioxys) 309 corvina Fr. (Tetralonia) 319 Cosilidae 277 costalis Tasch. (Tachytes) 292 Crabro 293 Crabronidae 293 crabrorüna Hlbg. (Caenoprosopis). 317 crassipes Tr. (Tetralonia) 317 cristariae Jórg. (Holmbergiana) .... 801 cristata Gerst. (Traumatomutilla.).. 274 ctenophora Hlbg. (Megachile) 311 cucurbitae Holb. (Ecplectica) 318 cuy ana Hlbg. (Coelioxys) 308 cuyana (Burm.j (Elis) 277 cuyanaíBurm.j (Traumatomutilla).. 274 cuyanus Bréthes (Discoelius) 294 cuyanus Bréthes (H3 T podynerus). . . . 297 cuyanus Hlbg. (Pompilus) 281 cyaniventris Guér. (Chlorion) 285 cylindrica Fr. (Megachile) 310 i». dama (Vach.) (Epimelissodes) 318 deccrata (Perty) (Brethesia) 281 decorata Bréthes (Cerceris) 287 decorata (Tasch.) (Stictia) 289 dentipes Vach. (Megachile) 312 detecta (Hlbg.) (Tetralonia) 318 Dianthidium 313 discisa Tasch. (Bembidula) 290 Discoelius 294 disjunctum (Guér.) (Tallium) 271 distincta (Hlbg.) (Leptometria). . . . 323 Pág. distinctissima Dahlb. (Chrysis) 27L diversidentata Hlbg. (Coelioxys)... 308 Dorymyrmex 272 ducalis Sm. (Ptiloglossa) 304 E. Eciton 272 Ecplectica 318 Elaphroptera 276 elata Hlbg. (Coelioxys) H08 elegans (Sm.) (Trachypus) 289 Elididae 270 Elis 276 enodis Vach. (Colletes) 301 epaenete Hlbg. (Coelioxys) 308 Epeolus 315 Epimelissodes :il8 epistene Hlbg. (Coelioxys) 308 errática Sm. (Mutilla) 275 erubescens Tasch. (Pompilus) 233 erythropyga (Burm.) (Anthobosca). 277 Eumeneidae 294 Eumenes 295 eumenoides Spin. (Gayella) 295 excavata Brullé (Chrysis) 271 Exorna! opsis 321 F Fabricii Mocs. (Chrysis) 271 facialis Fr. (Leptometria) 321 fallax Gerst. (Sap.yga) 279 ferruginea Sss. (Montezumia) 296 ferruginea Bréthes (Cerceris) 288 ferruginea Fr. (Oxaea) 304 V. ferruginea Em. (Atta) 272 fervens (Sm. i (Melissodes) 318 figulus (Dahlb.) (Sceliphron) 284 filitarsis Vach. (Leptometria) 321 flavescens (F.) (Dorymyrmex) 272 flavipennisfumosus Bréthes(Crabro i 293 flavipes Iheringi Kohl (Sphex) 285 flavitarsis bicincta Fr. (Tetralonia,). 318 flaviventre Fr. (Camptopoeum). . . . 307 flaviventris Fr. (Tetralonia) 319 flavomaculatum Fr. (Anthidium; . . . 312 f. flavus Bréthes (Trachypus) 288 Forelius 272 Formicidae 272 foveolatus Bréthes (Stenancistro- cerus) 296 fraterculus (Burm.) (Tallium) 273 334 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pág. fraterntis Bréthes (Heliocausus) 291 Friedrichi Schr. (Ammophila.) 285 frieseana Hlbg. (Coelioxys) 308 Friesei Jórg. fPasiphaé) 302 Friesei Jórg. (Caupolicana) 303 frigens Hlbg. (Coelioxys) 308 fulvipes(Sm.) (Tachytes) 292 funebris Tasch. (Pompilus 282 furfuraceus Hlbg. (Colletes) 300 fuscipennis Bi éthes (Hypodynerus). 297 G. gastricus Spin. (Pompilus) 282 gaudebunda Holmb. (Cerceris) 287 Gayella 295 Gayi Spin. (BradynobaenusO 274 Gayi Spin. (Notozus) 270 Gayi (Spin.) (Tachytes) 293 gemellus Bréthes (Odynerus) 297 geminata F. (Sol< nopsis) 272 gibba Brullé (Chrysis) 271 gilva Hlbg. (Tetralonia.) 319 Girardi Vach. (Ancyloscelis) 320 glycyrrhizae Jórg. (Colletes) 300 gomphrenae Holbg. (Megaehile). . . . 310 Gory tes 291 gracilescens Sm. (Scaptodactyla). . . 275 guttata (Tasch.) (Stictia) 289 H. Haarupi Turn. (Anodontyra) 276 HalictomorjDha 306 Halictus 306 Heliocausus , 291 hemiprasinmn (Sich.) (Chlorion). . . . 285 Hemisia 322 Henrici Bréthes (Stenancistrocerus 296 Hermanni (Hlbg.)(Poecilopompilus) 283 heterogama Burm. (Scaptodactyla). 275 Hieronymi Fr. (Megaehile) 311 ílilarianus (Sss.) (Discoelius) 295 hirpex Vach. (Anthophora) 321 hirsutula (Spin.) (Pseudagenia) 280 hirsutulum mendocinum Jorg. (Lio- poeum) 307 hirta Jorg. (Leptometria) 321 hirticeps (Guér.) (Salius) 280 hoffmannseggiae Jórg. íMegachi- le) 309, 312 Holmbergi Bréthes (Macroglossapis) 318 Holmbergi Jórg. (Megaehile) 311 Holmbergiana 301 Pág. Holophrys 270 Holopyga 270 huarpum Hlbg. (Coelioxys) 809 humilis Yach- (Leptometria) 321 Hypanthidium 313 Hypodynerus 296 I. ichneumoneus L. (Sphex) 286 immaculata Schr. (Elis) 277 incana Sm. (Mutilla) 275 inconspicua Hlbg. (Coelioxys) 3C9 inerme (Fr.) (Hypanthidium) 313 inermis Fr. (Oediscelis) 300 infernale Burm. (Atillum) 273 infernalis (Gerst.) (Traumatomuti- 11a) 274 Ínfima Vach. (Megaehile) 312 intricans Spin. (Chrysis) 271 iridescens Nort. (Holophrys) 270 Isepeolus 316 J. Jenseni Buyss. (Chrysis) 271 Jenseni Fr. (Coelioxys) 308 Jenseni (Fr.) (Dianthidium) 313 Jenseni (Fr.) (Lonchopria) 3(3 Jenseni Fr. (Megaehile) 310 Jenseni Fr. (Melissa) 316 Jenseni (Fr.) (Pseudagapostemon). . 304 Jenseni Fr. (Exorna! opsis) 321 Jenseni Fr. (Tetralonia) 319 Jórgenseni Bréthes (Cerceris) 287 Jórgenseni Fr. (Colletes) 301 Jórgenseni Hlbg. (Coelioxys) 308 Jórgenseni (Fr.) (Dianthidium) 313 Jórgenseni Fr. (Epeolus) 315 Jórgenseni Bréthes (Gorytes) 292 Jórgenseni Bréthes (Heliocausus).. . 291 Jórgenseni Bréthes (Hypodynerus). 297 Jórgenseni Schr. (Hypodynerus;... 297 Jórgenseni (Fr.) (Lonchopria) 303 Jórgenseni Schr. (Pachymenes) 295 Jórgenseni (Fr. ) ( Pseudagaposte- mon) 305 Jórgenseni Fr. (Megaehile) 310 Jórgenseni Schr. (Trimeria) 294 Jórgenseni Bréthes (Salius) 280 Jórgenseni Bréthes i Pompilus). .. . 284 Jórgenseni Bréthes Notocyphus). . . 284 Jórgenseni Bréthes (Sphex) 286 Jórgenseni Bréthes Tiphioides) 279 JORGENSEN : LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 335 Pág. Jórgenseni Bréthes (Oxybelus) 294 Jórgenseni Bréthes (Trypoxylon)... 293 Jórgenseni Bert. & Schr. (Tetralonia) 318 Jórgenseniana Hlbg. (Coelioxys). . . . 309 K. Kiefferi Jórg. (Isepeolus) 31fí Kingi Hal. (Chirodamus) 280 Klugi Dahlb. (Chrysis) 270 Konowi André (Tallium) 273 I,. labiatus Bréthes (Hypodynerus) .... 297 labicornis (Atta) 272 Lacosi 278 laeta (Klug) (Elaphroptera) 276 lanipes F. (Hemisia) 322 Larra 290 Larridae 290 larvata Tasch. (Cerceris) 287 lasiogastra (Burm.) (Traumatomu- tilla) 274 laticeps Fr. (Lonchopria) 302 laticeps Fr. (Lithurgus) 309 laticeps Fr. (Psaenythia) 306 laudabilis Hlbg. (Coelioxys) 309 lazulina Dahb. (Holopyga) 270 Leptometria 320 leucographa Fr. (Megachile) 311 limbata (Guér.) (Bréthesia) 280 lineóla F. (Mutilla) 2'3 Liopoeum 307 Lirosphex 291 Lithurgus 309 Lonchopria 302 longipes Jórg. (Pasiphaé) 301 lucida Lep. (Scolia) 278 lugens Tasch. (Astatus) 292 lugubris Fr. (Caupolicana) 803 luridipennis Bréthes (Protiphia). .. 279 luteicornis Jorg. (Tetralonia) 318 luteipes Fr. (Megachile) 312 luteipes Fr. (Tetralonia) 319 lycii Jorg. (Colletes) 300 Lynchi Bréthes (Chrysis) 271 Lynchi Hlbg. (Coelioxys) 308 lynx André (Scaptodactyla) 275 M. Macrocera 318 Macroglossapis 318 Pág. maculata Fr. (Melissa) maculicornis Tasch. (Crabro) marcida Vach. (Megachile) marginicollis Tasch. (Pompilus). . . . Masaridae medianum Fox (Trypoxylon) Megachile Megachilidae megasoma Bréthes (Ptilothrix) melancholica Jórg. (Megachile) v. melanopus Bréthes (Cerceris). . . . Melissa Melissodes Melissoptila mellifica ligustica Spin. (Apis) rnendica Handl. (Bembidula) mendicus Bréthes (Stenodynerus). .. f. mendocina Jorg. (Tetralonia).... mendocinus (Jórg) (Pseudagaposte- mon mendocinus Jórg. (Sphecodes) mendozae D. T. (Trachypus) rnendozana Bréthes (Cerceris) mendozana Bréthes (Leptometria). . rnendozana Cckl. (Megachile) mendozanus Bréthes (Gorytes) mendozanus Bréthes (Heliocausus). mendozanus Bréthes (Stenancistro- cerus mendozanus Bréthes (Sphex) mendozina Hlbg. (Coelioxys) menuacha Cr. (Melisodes) meridionalis Jórg. (Halictus) meridionalis Schr. (Protan drena). . mesothoracicus Bréthes (Pompilus) metallica Sm. (Temnosoma) v. metallic.um Tasch. (Chlorion) Microbembex microsynoeca Schr. (Ancistrocerus) mimetica Bréthes (Svastra) miniata (Gerst). (Traumatomutilla). minimum (Burm). (Tallium) minuta Fr. (Leptometria) missionum Hlbg. (Coelioxys) moerens Vach. (Pasiphaé) Molinae Sss. (Hypodynerus) Monobia montevidensis Br. (Odynerus) Montezumia morosa Buyss. (Chrysis) mucronata Brullé (Chrysis) muralis (Burm). (Hemisia) f. mus Rog. (Camponotus) 317 293 812 282 294 293 310 809 320 310 288 316 318 317 323 290 298 318 305 801 288 288 320 311 291 291 296 286 309 318 306 306 283 304 285 290 296 320 274 273 321 308 302 297 295 298 296 271 271 322 272 336 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pág. mutanda (Scolia) 278 mutans Hlbg. (Coelioxys) 308 mutatum Kohl (Trypoxylon) 293 Mutilla 273 mutillaeformis Schr. (Sphecodes). . . 304 Mutillidae 272 f. mystica Schr. (Caupolicana) 303 N. nasidens (Latr.) (Pachodynerus). . . . 298 neoqueenensis Fr. (Colletes) 301 neotropica (Fr). (Phasiphaé) 301 neoxenus melanogaster (Sphex) 286 nigella Vach. (Megachile) 312 nigerrima Fr. (Anoyloscelis) 320 nigerrima Fr. (Hemisia) 322 nigra Bréthes (Cerceris) 287 nigra Fr. (Leptometria) 321 nigriceps (Fr.) (Leptometria) 321 nigriceps Fr. (Tetralonia) 318 nigricornis (Luc). (Brethesia) 280 nigripeiinis Fr. (¡Sphecodes) 304 nigripes Fr. (Hemisia) 322 nigritulus (Berg) (Pachodynerus)... 298 nigriventris (Burm.) Hemisia 322 nigriventris mendocina Jorg. (Cau- policana) 303 nigroaeneus (Sm.) (Melissodes) 318 nigrocaeruleus Tasch. (Sphex) 286 Nisseri Dhlb. (Chrysis) 271 nitida (Lep.) (Brethesia) 281 nitidulus Guér. íPompilus) 281 niveata Fr. (Tetralonia) 319 v. nobilitatum (Tasch). (Chlorion). . 285 Nómada 314 Nomadidae 314 notata (Burm). (Stictia) 289 Notocyphus 284 Notozus 270 Nysson 292 Nyssonidae 291 O. obesa Schr. (Tetrachlora) 305 obidensis Ducke (Chrysis) 271 obscurior Jorg. (Megachile) 311. occidentalis Hlbg. (Coelioxys) 308 ochraceum Fr. (Camptopoeum). . . . 307 8-punctatus Jorg. (Isepeolus) 316 Ody nerus 297 Oediscelis 300 opil'ex Sm. (Bombus) 323 Pág. opuntiarum Jorg. (Camptopoeum). 307 orcina Vach. (Megachile) 312 f. ovaticeps (Spin). (Camponotus). . 272 Oxaea 304 Oxybelus 294 P. Pachodynerus 298 Pachymenes 295 Palaridae 292 pamparum Bréthes (Oxybelus) 294 pampeana André (Scaptodactyla). . 275 pampeana Hlbg. (Coelioxys) 308 pampean us F. Lynx (Salius) 280 pampeanus Hlbg. (Pompilus) 233 pampicola Holmb. (Nómada) 314 Panurgidae 307 Paraf riesea 307 parallela Sm. (Tiphia) 279 paranensis Hlbg. (Anthophora). . . . 321 Parapsaenythia 306 Paraugochlora 305 Parelaphroptera 276 parsonsinae Schr. (Megachile) 311 parva Mayr (Solenopsis) 272 Pasiphaé 301 patagonensis Sss. (Trachypus) 238 pauxilla Bréthes (Cerceris) 288 pedregalensis Hlbg. (Coelioxys) 308 Pepsis 280 peregrina (Lep.) (Scolia) 278 Pereyrae Hlbg. (Leptometria) 320 pertinax Sm. (Mutilla) 275 Peter&eni Jorg. (Epeolus) 315 Philanthidae 287 philanthoides Gerst. (Psaenythia). . 306 Photopsis 275 picta Gerst. (Psaenythia) 006 pinnatus Vach. (Colletes) 301 planidens Mayr (Dorymyrmex) 272 plantaris Vach. (Colletes) 301 platensis Bréthes (Odynerus) 297 platensis Bréthes (Oxybelus) 294 platensis Bréthes (Solierella) 291 platensis Bréthes (Sphex) 286 Plesiomorpha 278 Poecilopompilus 283 Pogonomyrmex 272 Polistes 298 Pompilidae 279 Pompilus 281 preciosum (Tasch.) (Chlorion) 285 JÓRGENSEN: LOS CRISÍDIDOS Y LOS HIMENÓPTEROS. 337 pretiosum (Gerst.) (Talliuin) princeps Sai. (Larra) Prinii Hlbg. (Calliopsis) proboscidae Hlbg. (Oerceris) propinqua Mocs. (Chrysis) Protandrena Protiphia protuberans Gerst. (Traumato mu- tilla) pruna Hlbg. (Coelioxys) Psaenythia, Pseuda^gapostemon Pseudagenia Pseudaugochloropsis Ptiloglossa Ptilothrix pubescens Lm. (Mutilla) pumilio Tasch. (Sphex) punctata (F.) (Stictia) puncratissima Spin. (Chrysis) v. punctulatus Mayr (Camponotus). punctuosus Bréthes (Trachypus). . . pygmaea Fr. (Lithurgus) . pygmaeus Bréthes (Gorytes) a. quadrum (Klug) (Traumato mutilla) 275 273 291 307 283 271 306 279 274 308 306 304 28.) 305 304 320 275 286 289 271 272 289 310 291 R. Reaumuri (Dhlb). (Brethesia) Reedia rhinoeeros Fr. (Megachile) rhododactylus Tasch. (Tachytes).. . rhopalocera Holmg. (Thyreothrem- ma) Rhoptromutilla robusta Jórcense ni Schr. (Elis) Rolle: Turn. (Parelaphroptera). . . . rostratus Mayr (Pogonomyrmex). . . rubisinosus Tasch. (Pompilus) f. rubriceps Bréthes (Trachypus). . . rubripes Fr. (Anthidium) rubripes Fr. (Psaenythia) rubriventris Bréthes (Notocyphus). ruficaudis Tasch. (Tac!:ysphexi ruficollia Fr. íCaupolicana) ruficollis Spín. (Hypodynerusi. . . . ruf imana Tatch. (Cerceris) rufipes i Fr.) (Leptometria) , rufipes Guér. (Telephoromyia) rufiventris Fr. (Epeolus) , Pi-o- Pág. rufiventris Fr. (Lithurgus) 309 rufiventris (F.) ( Lacosi) 278 rufiventris (Spin.) (Pasipliaé) 302 rufiventris ( Fr.) (Lonchopria) 302 rugulosa Fr. (Coelioxys) 309 rugulosa Schr. (Cerceris) 288 s. Salius 230 sáltense (Fr>. (Dianthidium) 313 saltensis Hlbg. (Anthophora) 321 sanguineum (Fr.) (Dianthidium). . . 3L3 santa-rosae Jensen (Coelioxys) 3)8 Sapyga 279 Sapygidae 279 scalaris Tasch. (Pompilus) 283 scalaris Tasch. (Tachysphex) 29L Scaptodactyla 275 scapulatus Bréthes (Pompilus) 284 Sceliphron 284 Schrottkyi Jórg. (Colletes) 301 Schrottkyi Jórg (Tetralonia) 319 Scülia 278 Seolidae 278 semicinctus Dahlb. (Pompilus) 282 semipunctatus (Tasch.) (Gorytes).. 291 Semiramis Jórg. (Paraugochlora). . 305 senex mus Rog. (Camponotus) 272 separatus Tasch. (Pompilus) 282 serraticornis Tasch. (Pompilus) ... 283 281 similis Jórg. (Colletes) 300 274 simillima Fr. (Megachileí 311 311 singularis Jór». (Pseudagapostemon) 305 292 singularis (Tasch.) (Stictia) 289 Smithii Jórg. (Isepeolus) 310 317 Solenopsis 272 273 Solierella 291 277 sordidulum Sm. (Tallium) 273 270 sororcula Bréthes (Cerceris) 287 272 speciosus Fr. (Epeolus) 3L5 233 spectabilis Tasch. (Sphecius) 290 289 Spegazzinii Bréthes (Larra; 200 312 Spegazzinii Bréthes (Scolia) 278 306 Spegazzinii Jórg. (Calliopsis) 308 284 Sphecidae 284 291 Sphecius 290 303 Sphecodes 304 297 Sphex 285 288 spiniventris Fr. (Tetralonia) 319 320 Spinolae (Reed) (Chloralictus) 305 276 Spinolae Sss. (Astatus) 292 315 Spinoliella 307 Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Enero 30, 1912. 22 338 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pao. splendidula Lep. (Xylocopa) 314 Staudingeri (End.) (Brethesia) 281 Steinbachi Fr. (Megachile) 311 Stelididae 308 Stenancistrocerus 296 Stenodynerus 298 Stictia 289 stiloides Spin. (Anthidium) 313 Stizidae 290 striatulus Br. (Sphex) 286 striatus Sm. (Sphex) 285 Strobeli Mayr (Eciton) 272 suavis Burm. (Ammophila) 285 sulphurea Spin. (Bembex) 290 v. sumptuoíus Costa (Sphex) 286 superba Sm. (Caupolicana) 3(3 surinamensis (Geer) (Stictia) 289 Svastra. . . 320 T. Tachysphex 291 Tachy tes 292 Tallium 273 tandilensis Hlbg. (Melissoptila) 317 ' tarda Hlbg. (Coelioxys) 309 Taschenbergi D. T. (Ceropales) 281 Taschenbergi Mocs. (Chrysis) 270 Telephoromyia 276 Temnosoma 303 tener Mayr (Dorymyrmex) 272 tenuiscapus (Camponotus) 272 terminata Hlbg. (Tbygater) 318 Tetrachlora 305 Tetralonia 317 Tetrapedia. • , 322 tetrastigma (Gerst.) (Traumatomu- tilla) 275 tetrazona Fr. (Megachile) 312 tetrazona Fr. (Tetralonia) 317 Thamyris Jórg. (Augoehlora) 305 Thomae Fab. (Sphex) 286 thoracica (Fr.) (Lonchopria) 302 Tbygater 317 Thynnidae 275 Tbj'reothremma 317 tibialis Bréthes (Cerceris) 287 tintinnans Hlbg. (Ecplectica) 318 Tiphia 279 Tiphiidae 279 Tiphioides 279 Trachypus 289 Traumatomutilla 274 Pág. triangulifera Fr. (Coelioxys) 309 tricincta Fr. (Megachile) 312 tricolor F. Lynch (Ceropales) 284 tricolor Fr. (Hemisia) 322 tricolor Fr. (Ptilothrix) 320 tricolor Tasch. (Pompilus) 282 Trimeria 294 tristis (Klug) (Traumatomutilla).. . . 274 trochantina Vach. (Megachile) 312 Trypoxylon 293 Trypoxylonidae 293- tuberculiventris Bréthes (Hypody- nerus) 297 turcicus F. (Pompilus) 282 turmalis Vach. (Ancyloscelis) 321 U. unicinctus Bréthes (Gorytes) 291 unicinctus Bréthes (Notocyphus). . . .• 284 unifasciatus Fr. (Epeolus) 315 V. Vachali Jórg. (Colletes) 300 Vachali Jórg. (Isepeolus) 316 vagata Vach. (Megachile) 312 variolosas Hlbg. (Epeolus) 315 variplantis Vach. (Megachile) 312 velutinus Spin. (Gorytes) 292 vernalis Jórg. (Chloralictus) 3U6 Vespidae 298 vespiformis Hal. (Hypodynerus). . . 297 Vespuccii D. T. (Pompilus) 282 vespuccioides Bréthes (Pompilus).. 283 Viecki Jorg. (Isepeolus) 316 Vigilii Bréthes (Cerceris) 287 vigintipunctatum Fr. (Anthidium). 312 viperinus Hlbg. (Isepeolus) 316 vitripennis Sm. (Scolia) 278 volitans Schr. (Ceratina) 313 vulnerifera André (Traumatomu- tilla) 275 YV. Wagnerella Buyss. (Holopyga) 270 X. Xylocopa 314 xylocopidae 314 Z. Zebra Fr. (Tetralonia) 318 LOS COCODRILOS FÓSILES EX LAS CAPAS DEL PARANÁ CAYETANO ROVERETO Augusto Bravard, benemérito cultor de la paleontología argen- tina, trágicamente fallecido bajo los escombros de Mendoza, cuando ti terremoto del ? ño 1861, recogió en los alrededores delParaná una serie bastante copiosa de fósiles, habiendo publicado muchas de sus denominaciones en una memoria aparecida en el Diario Oficial El Ñaciofiak Argentino del año 1858 1 . En ese trabajo se menciona por vez primera el nombre de un cocodrilo fósil de las capas del Paraná, el Crocodihis australes, denominación que el mismo autor repite en un catálogo litografiado que apareció en la ciudad del Paraná en 1860 2 . En 1884 tuvo Burmeister la idea feliz de reproducir en la primera serie de estos Anales 3 el estudio de Bravard, hacién- dolo seguir de un « Examen crítico de los Mamíferos y Reptiles fósiles ¿ allí citados, describiendo luego el Crocodilos austrdlis y agregando las descripción de una nueva especie, la BhampTiostoma neogaea, conservada en la colección del profesor Dr. Pedro Scalabrini, del Paraná. Este benemérito buscador de fósiles, en sus Cartas Científicas, editadas en 1887 4 , hace mención de varias especies de reptiles del 1 Bravakjj. — Monografía de los terrenos marinos terciarios m. premaxilar; m. maxilar. El maxilar carece de caracteres distintivos peculiares en su parte superior; tan sólo comparado con el Caimán latirostrü; resul- ta de dimensiones mayores especialmente en el sentido de la lar- gura: los surcos son relativamente más hondos, lo mismo que la ROVERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES. 351 hendidura marginal situada donde el maxilar se une al premaxi- lar, la que es más pronunciada, pero no al punto de parecerse á la de los Crocodilus ó del C. sclerops adulto. Fig. 6. a Fig. 7. a Fíg. 6. a -7. a Relaciones entre el nasal y los restantes huesos de la parte anterior del cráneo en el O. latirostris adulto (6. a ) y joven (7. a ): fn. orificio nasal; pm. premaxilar; m. maxilar: n. nasal; j. jugal; pr. preorbitario; l. lacrimal; pf. prefrontal; f. frontal; c. cresta preorbitaria; o. órbita. Inferiormente, vense muy bien conservados los orificios denta- les y las dos fosetas, tan características á los géneros Caimán y 352 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Alligator, destinadas á recibir el segundo y cuarto diente de la mandíbula. El número de dientes (18) y su distribución son igua- les á los del Caimán latirostris. (fig. 4. a ). En el A. lutescens Largo máximo del premaxilar » » » maxilar hasta el 15.° diente Ancho posterior del premaxilar » máximo del maxilar mm. 90 » 158 78 » 90 En el C. latirostris mm. tío » 105 » 49 70 La región del paladar presenta más acentuados la hinchazón mediana á lo largo de la sutura longitudinal, los orificios de los Fig. 8. a Maneras diferentes de terminación en el splenial del ^4. lutescens. nervios dentales, las hinchazones de los alvéolos y el dentellado de las suturas (fig. 4. a ) . BOYERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES 353 Otro premaxilar reproducido en la lám.xvi,fig.3, también dere- cho, presenta conservada la sínfisis posterior, dos dientes listados encorvados y cónicos como los del Alligator australisy el curioso prolongamiento á manera de punta de la parte posterior, destinada á penetrar entre los nasales y el maxilar. , Fig. 9. a Parte anterior de la rama derecha de la ma n di bula del A . lutencens: d. .7." diente tercero; d 4° diente mayor primero; *. sínfisis; es. canal de la sínfisis; spl. extremidad anterior de la impresión del splenial; r. radio de curvatura del arco mandibular. La mandíbula es representada por varios fragmentos, no del todo completos. Uno de los más conservados es la parte anterior de la rama derecha, empezando por las sínfisis hasta el décimo diente. No se diferencia de la del Caimán latirostHs sino en las dimensiones, como de costumbre algo mayores. El splenial se detiene antes de llegar á la sínfisis y á una distancia mucho mayor que la observada en el ejemplar viviente que sirve de punto de comparación, y puesto que el comportamiento de tal hueso varía Anal. Mus. Nao Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Enero 31, 1912. 23 354 MUSEO RACIONAL DE BUENOS AIRES. según los géneros, añadiré que sin embargo el largo del splenial varía mucho también en la misma especie, como pude compro- barlo confrontando varios cráneos de caimanes vivientes. La extremidad de tal hueso á veces alcanza á la sínfisis, mientras otras terminan á cierna distancia, sin, empero, llegar nunca á for- mar parte de ella. Por otra parte, he observado también en los ejemplares fósiles esta variabilidad, y con lo dicho, se comprende por qué no he llegado á considerarla como carácter específico (fig. 8. a ). El arco mandibular, fácil de reconstruir poseyendo casi total- mente la región sinfisaria, es algo más angosto que el del Calman latirostrix y más se parece en cambio al del Caimán schrops (fig. 9. a ), lo que concuerda con la observación hecha acerca de los huesos maxilares, esto es, que aquéllos no son, proporcionalmente, tan anchos como largos. Las diferencias que existen entre este hueso y el homólogo del Alligotor avstralis son bastante notables, especialmente en las dimensiones que difieren cerca de un tercio, sobre todo en el ancho de la mandíbula en su tercera parte anterior, en su espesor y en el radio del arco. Lo demuestran las siguientes medidas com- parativas: A. lutescens A. australis mm. 59.5 >» 30 mm > 37 21 Espesor máximo correspondiente á la, sínfisis » 38 » 24 » ■» » al 10° diente > 42 * 27.5 Largo de la serie dental desde el 4." al 7.° diente. . . » 65 » 60.5 Vértebras. — Teniendo presentes las dimensiones generales del cráneo, creo que pertenecen á la misma especie las siguientes vér- tebras existentes en la colección que he estudiado: una cervical, una dorsal-lumbar, la sacral primera, dos caudales anteriores, una caudal mediana. La cervical corresponde á la cuarta, y entre sus contiguas tiene de peculiar la pronunciada callosidad de las superficies superiores de la post-zigo-apófisis y la forma de la hypapófisis. Difiere de la ROVERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES. 355 correspondiente del Caimán latirostris, no solamente mayores, pero que ni son proporcionales, puesto que la altura del cuerpo se Fig. 10 a "Vértebra cervical del A. lufeseens comparada con la cuarta cervical del C. latirostris: sp. apófisis espinosa; t. tubérculum, cap. capitulum; cr. costillas rudimentales; pt. proceso transverso; hy. hypoapófisis; ca. superficie articular convexa anterior. presenta doble, mientras que las otras partes son mayores apenas de un tercio (fig. 10). Altura total Distancia entre las extremidades de las pre-zigo-apó fisis Distancia entre las extremidades de las post-zigo-apó fisis Largo del cuerpo Alto de la superficie articular anterior 4 a cervical del A. lutescens mm. — 44 49 40 C. latirostris mm. 75 40 38 3G 28 356 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. En cuanto á la dorsal-lumbar (lám. xvn, fig. , 2.»2 b ). Establezco esta nueva especie sobre la base de tres vértebras gigantescas, el lado derecho de un pre-maxilar y un fragmento de mandíbula también de dimensien es notables, los que no pueden pertenecer á la especie precedente. Una de las vértebras es dorsal posterior (fig. 13 a y 14 a lám. xvu T fig. 1. a y l b ), cuyo largo es dos veces y tercio más grande que el de la séptima dorsal del Caimán latirostris. Las otras partes son apenas el doble, y por lo tanto, suponiendo que el ejemplar viviente que sirve de punto de comparación midiera más ó menos 2.50 metros de largo, el fósil debió tener una longitud de casi 6 metros. Actualmente, el cocodrilo más grande viviente en Amé- rica es el Caimán niger que excede de poco los cuatro metros, suce- diéndole inmediatamente el Crocodilus americanas que llega á me- dir 3.50 metros y el C. intermedias de 4 metros. En su forma general la vértebra en cuestión tiene poco de pecu- liar: se diferencia de la séptima del Caimán latirostris sólo por el hecho de tener el cuerpo menos chato y ovalado, por presentar muy pronunciadas y divididas por una cremallera saliente las pequeñas fosas en la base de las pre-zigo-apófisis y por tener el orificio longitudinal de la cadena surcado muy hondo en la parte posterior. ROYERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES 361 l» > AT ,5^ -8 ■a f .2 s ó "S r-2 P< ._ .2 - rt ¿ cá 2 3 í a'i 362 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. \ \ w i i i\ t 1 \ \ 5 /' v / bC ROVERETO : LOS COCODRILOS FÓSILES. 363 7. a dorsal del Alligator Ameghinoi C latirostris Distancia entre las extremidades de las pre- mm. 111 » 82 mm. 50 » 35 Viene luego una vértebra dorsal, pero anterior (lám. xvn, fig. 2. a y 2 b ), que difiere en varios puntos de la cuarta dorsal del Caimán latirostris, á la cual más se asemeja. Las pre-zigo-apófisis presen- Fig. 15 a Vértebra caudal anterior del A. ? Ameghinoi n. sp. tan anteriormente y en la mitad de la base una fuerte prominen- cia, las parapófisis están situadas más hacia afuera y falta la depresión entre ellas y las pre-zigo-apófisis. De la hipapófisis arranca una sutura que se prolonga en todo el largo inferior del 364 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. cuerpo de la vértebra. La misma sutura existe á los costados déla base de las apófisis transversas ó diapófisis y llega basta el medio de la parapófisis, resultando por lo tanto que todo el conjunto de las apófisis superiores está soldado con el cuerpo de la vértebra, como se observa especialmente en el género Crocodilus. Diámetro vertical del cuerpo prescindiendo de la hipapófisis Largo del cuerpo » de la pre-zigo-apófisís izquierda. . .. Distancia entre las extremidades de las post zigo-apófisis 4. a dorsal del Alligator Ameghinoi 77 60 C. latirostris mm. 22 36 » 20 » 44 Hay después una vértebra caudal no muy bien conservada, que debió ser una de las últimas de las anteriores, (fig. 15 a ). Tiene todas las apófisis mutiladas y el surco de la cara inferior muy bien desarrollado. Las pequeñas fosas situadas á la base de las apófisis transversas son muy profundas y su largo es cuando menos el doble de las más largas de los caimanes que habitan actualmente los ríos argentinos. La imperfecta conservación del pre-maxilar poco amplía los conocimientos, especialmente genéricos, que tenemos sobre la especie. En la reconstrucción que presento en la fig. 16 a hago suponer que hubiera pertenecido á un caimán ó á un aligador, por haberme parecido que si fuese un resto de Crocodilus su parte pos- terior debería ser más replegada hacia dentro l . La verdad es que falta casi todo el margen sutural, siendo por lo mismo imposible saber si estaba ó no provisto de las pequeñas fosas características. Tan sólo en las paredes interiores se ven los surcos de cuatro alvéolos. Una pequeña parte de la sutura con el maxilar se ha 1 Hay que tener en cuenta que en el C. scle^is las fosetas posteriores son tan marginales que en muchos ejemplares adultos están sustituidas por una fuerte escotadura que recibe el cuarto diente inferior, como en los géneros Crocodilus y Osteolaemiis, y que las fosetas de adelante están siempre abiertas y se transforman en dos agujeros en la cara antero-superior del cráneo. ROVERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES. 365 conservado, lo cual corrobora la afirmación de que el hueso no debió ser muy ahondado en su ]oarfce posterior. La referencia genérica de esta especie quedará, por lo tanto, dudosa, hasta el día que se encuentre un pre-maxilar entero. Con todo, creo que ella también sea antepasada de los caimanes vivien- tes todavía en la misma zona. Fig. 16 a Reconstrucción del pre-maxilar del A. ? Ameghinoi n. sp.: fu. foramen nasal; n. huesos nasales; d. 2.°—d. o." situación de los dientes desde el segundo hasta el quinto; sm. sutura con el maxilar. El fragmento de mandíbula corresponde más ó menos á la terce- ra parte anterior, pero está muy mal conservado, teniendo rastros de haber sido arrastrado por las aguas. Sin embargo, queda neta- mente caracterizado por sus dimensiones. Presenta una serie de 366 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. alvéolos, que empieza en el segundo y termina en el séptimo, con- tando con el primer diente mayor, de forma algo elíptica y con un diámetro mayor longitudinal de 26 mm. Este es perfectamente redondo en el A. ¡utescens y su diámetro es demm. 22.5. La rama maxilar es muy amplia desde la sínfisis hacia abajo, y no se estre- / .' ^r Fig. 17 a Parte anterior de ]a mandíbula del A. ? Ameghinoi n. sp. cha bruscamente como el del A.lutescens, de manera que si en este líltimo, para la correspondencia con el sexto diente, la mandíbula es larga 40 mm., en el AUigator Ameghinoi excede en algo los 55 mm. En cuanto á los otros caracteres, nada hay notablemente diferente de los demás aligátores (fig. 17 a ). ROYERETO: LOS COCODRILOS FÓSILES. 367 Gen. GARIALIS Geoffr. emend. Gavialis Geoffr., Boulenger, Catalog. Ckel. Bhynchoc. a. Crocodiles, pág. 275, 1889. Garialis emend., Lydekker, Catalog. Foss. Bepfilia, pág. (55, 1888. Gavialis, Bibl. a. Catalog. o f the fossil Vertébrala of North America, pág. 145, 1892. Garialis neogaeus, Burm. sp. (Lám. xviii, fig. 17-19). 1885. — Bamphostoma neogaea, Burmeister en los Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, vol. ni, cuad. xiv, pág. 151. 1887 .—Bamphostoma neogaea, Burm., Ambrosetti, obra citada, pág. 414. 1895. — Gavialis neogaeus, Burm.. Ameghino en el Segundo Censo Nacional, vol. i, pág. 240. Relaciono con esta interesante especie, perfectamente clescripta por Burmeister, un fragmento de la mandíbula superior de un rostro que fué puntiagudo, chato y estrecho. Este fragmento se compone exclusivamente de los huesos maxilares, cuya su- es tura se apercibe en su medio, bien definida y derecha, tanto en su parte superior como en la inferior. En cada uno de los márgenes laterales, sobresale una serie de alvéolos distancia- dos y equidistantes, separados por depresiones (fig. 18 a ) muy pronunciadas, cuyos bordes se asoman sobre los costados del rostro. Ahora, como el fragmento, aunque ofrezca un largo de 10 cm. tiene los márgenes casi paralelos, es fácil suponer que el rostro del animal debió alcanzar y exceder el largo del de los cocodrilos longirostrina vivientes, á los que pertenecen los géneros Garialis y Tomistoma . Tengo otro ejemplar de la misma especie, pero reducido por rotura al maxilar de un solo lado, que si bien tiene márgenes paralelos, mide un largo de 193 mm. y un ancho de 48, presentan- do siete alvéolos equidistantes. Por lo que atañe á las referencias genéricas, no queda más que Fig. 18 a Sección trasversal del rostro del Garialis neogaeus Burm.— es. cara de arriba; ci. cara de abajo; s. sutura me- diana; a. alvéolos. 368 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. afirmar lo dicho por Burmeister: es una peculiaridad del Garialis el hecho de un rostro del que no forman parte los huesos nasales, pues éstos se detienen en su base y se insinúan á manera de cuña por breve trecho entre los maxilares. En cambio en los Tomistoma los nasales se prolongan éntrelos dos maxilares hasta alcanzarlos pre-maxilares. Queda excluida la suposición de que una sutura entre nasales y maxilares se haya obturado, pues los ejemplares descriptos están muy bien conservados, y es evidente que se com- ponen exclusivamente de los maxilares. Otros dos Garialis fósiles de la América son conocidos, los que habitaron las regiones septentrionales, á saber: el G. fraterculus Cope del cretáceo, y el G. minor Marsh del eoceno 1 . i Bibl. a. Catalog. of the fossil Vertebrata of North America.— Bull. U. S. Geolog Surv. n. 179, Washington, 1902. EXPLICACIÓN DE LAS LAMINAS. LAMINA XVI. Fig. la Alliyator awdrális Brav., tipo. Maxilar izquierdo visto del exterior. » Ib » » » » » » » » interior. » 2a » hdescens n. sp. Maxilar y premaxilar izquierdos vistos desde el exterior. » 2 b Id. id. id. vistos desde el interior. » 3 Alliyator hdescens n. sp. Fragmento del premaxilar derecho. » 4 » » » » Huesos de la cara superior del cráneo. > ñ » » » » Vértebra caudal mediana vista de costado. •> 6 » » » » » » anterior » » » » 7 » australis Brav. sp. Fragmento de la parte posterior de la rama derecha de la mandíbula. LAMÍ XA XVII Fig. la Alliyator ? Ameyhinoi n. sp. Vértebra dorsal posterior vista anteriorm. » 1 b » » » * » » » » posteriorm. » 2a » » » » » » anterior » » » 2b » » » » » » » » anteriorm. » 3 Alligator lutescens n. sp. » caudal anterior. » 4 a » » » » * dorsal-lumbar » posteriorm. » 41» » » » » » » » » anteriorm. LAMINA XVIII. Fig. 1-3 Alliyator lutescens n. sp. Placas dorsales medianas » 4-7 » » » » laterales. » 8 » » » » » cervicales. » 9-10 » » » » ■ » aisladas de las caderas. » 11-12 » » » » » caudales medianas. » 13-1(> » » » » » » laterales. » 17 Garicdis neogaeus Burm. sp. Fragmento del rostro visto inferiorm. » 18 » » « » » » » » » superiorm. 19 » » » » » Otro fragmento del rostro. ma. margen anterior; m¡>. margen posterior; mi. margen intermedio: me. mar- gen externo. Anal. Mus. Nac. Bs. A.S., Ser. 3. a , i. xv. Marzo 4. 1912. 24 ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EX EL PLATA ANÍBAL CARDOSO. CAPITULO I. Antecedentes históricos. La existencia del caballo en el Plata, al llegar la expedición de Mendoza en 153H, lia sido negada sin estudio ni discusión por to- dos los historiadores que no figuraron en dicha empresa. El mismo Ruy Díaz de Guzmán, que escribió mucho después (1612), dice, con cierta vaguedad y sin afirmar nada, «que este puerto fué poblado antiguamente por los Conquistadores, y por causas forzo- sas que se ofrecieron vinieron á despoblarle, donde parece que de- jaron cinco yeguas y siete caballos, los cuales al dia de hoy han venido á tanto multiplico, en menos de 60 años, que no se puede numerar, poique son tantos los caballos y yeguas que parecen grandes montañas, y tienen ocupados desde el Cabo Blanco hasta el Fuerte Gaboto, que son mas de SO leguas, y llegan adentro has- ta la Cordillera» 1 . La despoblación á que se refiere Ruy Díaz, tuvo lugar el 10 de Mayo de 1541, día señalado por el Gobernador Irala para la par- tida de los habitantes de Buenos Aires en marcha hacia la Asun- ción. «E luego despoblaron el puerto, estando tan reforzados de bastimentos é ganados é bien fortalecido, é para ello quemaron la nao que estaba en tierra por fortaleza é la iglesia é casas de made- ra, sin embargo del clamor de querellas de los pobladores» 2 . La Argentina, por Ruy Diaz de Guzmán. Edición de M. A. Pelliza. 1881. Mera, de P. Hernández, párr. 15. 372 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Al año siguiente, á mediados de 1542, llegaron á la abandonada 2)1 aya los buques del nuevo Adelantado Cabeza de Vaca, y luego el capitán Gonzalo de Mendoza, que bajaba de la Asunción en busca de ellos, á donde marcharon todos juntos. Esta fué la últi- ma vez que estuvo poblada Buenos Aires, basta 1580, en que la reedificó don Juan de Garay. ¿En cuál de estas despoblaciones es que «parece dejaron cinco yeguas y siete caballos?» Es sabido que Mendoza trajo de España «72 caballos y j^eguas», de los cuales algunos murieron y otros mataron los Querandíes en los combates con los españoles; el resto fué comido por los con- quistadores durante el sitio de Buenos Aires, y Scbmidel dice á este respecto: «Llegó al fin el hambre á tal punto, que los caballos no lo remediaban» í . Después de estos sucesos, los distintos rela- tos, cartas y documentos de la época, no hablan más de caballos hasta la venida del Adelantado Cabeza de Vaca; caballos que no pisaron en Buenos Aires, pues el nuevo Gobernador desembarcó en la costa del Brasil, haciendo el viaje por tierra hasta la Asun- ción. En el párrafo 15 de la «Memoria de Pero Hernández», antes citado, se habla de «ganados», pero éstos debieron ser algunos cer- dos traídos de Santa Catalina (Brasil) por los hombres que vinie- ron de allí con Gonzalo de Mendoza y con el Veedor Cabrera á bordo de la «Marañona» en 1538; ganados que no fueron dejados por Irala al despoblar Buenos Aires, pues éste incendió la ciudad y arrasó con todo para que no lo aprovecharan los Querandíes. Suponer que dejaron 12 caballos y yeguas, artículo de guerra de gran importancia para los españoles, es suponer lo imposible: pues ni los había, ni los hubieran dejado; y caso que esto hubiera suce- dido, Irala se habría apresurado á dejar constancia de ello en el documento que dejó en las ruinas de Buenos Aires, con instruc- ciones para los que de España viniesen, en que indicaba con toda prolijidad las zonas peligrosas, de indios y de tigres, los parajes favorables para siembras y maderas de construcción, los sitios en que había recursos, señalando en la isla de San Gabriel un depó- sito de «maiz é frijoles» y terminando sus instrucciones con esta advertencia previsora: «quedan en una ysla de las de sant gabriel 1 M. S. de la edición de Mondschein. Debo una vez más á la atención del Dr. Lafone Quevedo el haber tomado nuevos datos de este precioso manuscrito que ha hecho traducir. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 373 Tí t3 cfl t3 ^ S 1 l! 0< £> TJ es fj 00 ctf ¿3 y; t>i 01 Ti ni a cd cd 3 í> f3 03 Ti ni ai U d m -c6 cS -i es | ¡h •o 00 BQ iC ^H H O ¿3 aj ¡> ES ce 5 O "3 ¿5 ce o SJ 2 £2 h t- 374 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. un puerco y una puerca para casta, no Lis m\ten y si ovieren m i- chos tomen los q. o vieren menester y dexen siempre, para casta y asymesmo de camyno hechen en la ysla de martin garcía un puerco y una puerca y en las demás q. les paresciere para q. hagan casta». Quien no olvidaba un casal de cerdos que recomendaba con tanta previsión, no hubiera olvidado seguramente siete caballos y cin- co yeguas, elemento importante de ñiovilidad y de guerra. Al año siguiente de estos sucesos (en 1542) llegaron al puerto de Buenos Aires los barcos de Cabeza de Vaca, quien embarcó en España 30 caballos de los que desembarcó 26 en el Brasil, con los cuales ya hemos dicho llegó á la Asunción. Los cuatro restantes morirían por el camino. ¿De dónde salen las «cinco yeguas y siet.- caballos • que «parece dejaron los conquistadores», según Ruy Díaz? Creo que tal suposición no es más que una de las tantas ficciones de este historiador, lanzada ingenuamente y sin intención de men- tir, por haberla oído á alguno que no vio caballos salvajes durante la primera fundación de Buenos Aires y viéndolos en inmensas tro- pillas después de la segunda, quiso explicar aquello que él mismo no se explicaba. El fenómeno, sin embargo, es fácil de comprender. Los Querandíes cazaban los caballos para alimentarse con ellos, y éstos huían la vecindad de los Querandíes buscando en las lla- nuras de la Pampa alejarse de sus enemigos que habitaban las ori- llas del Plata y del Riachuelo, así como de los montes de la costa en que abundaban, al decir de Irala y otros conquistadores, los ti- gres y los pumas. Más tarde, cuando la segunda fundación en 1530, los españoles rechazaron los Querandíes hacia el interior y pudieron internarse en el territorio, quedando asombrados de ver tantos caballos, pues, aunque ya entonces tenían conocimiento de su existencia, no suponían fuera en número tan considerable. Ruy Díaz, que escribía en la Asunción asuntos de Buenos Ai- res que por referencias conocía, pues no tuvo la oportunidad de leer el Viaje de Schmidel publicado en Alemania en 1567 l , no le dio importancia al asunto ni se tomó tampoco la molestia de cal- cular lo que podían producir cinco yeguas en el espacio de sesenta años, tiempo calculado por él, y en las circunstancias desfavora- bles en que según supone, fueron abandonadas. 1 Y en 1597 y 99, pero todos ellos en alemán y latín, idiomas que no se aprendían en la Asunción. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 375 El P. Juan de Rivadeneyra l , con más previsión, decía en 1531: «quedaron alli, desde el tiempo de D. Pedro de Mendoza, que lia cuarenta y cinco años, cuarenta y cuatro caballos y yeguas, que han multiplicado cosa extraña, y en todo este tiempo no los han visto los españoles, mas de la fama que dan los indios, que dicen que cubren las llanuras, que es cosa de admiración». El párrafo precedente indica que hasta los más sesudos con- quistadores, ignoraban el número de los caballos y yeguas que su- ponían habían quedado en B ríenos Aires, en una fecha en que tam - poco están de acuerdo, pues si Rivadeneyra se refiere á 1535, Ruy Díaz señala 1541. En cambio, la cita que he transcripto, nos da el conocimiento de que los españoles supieron que había caballos en la pampa por noticia que les dieron los indios. D. Hernando de Montalvo, tesorero del Río de la Plata, en carta á S. M. en 12 de Octubre 1535, informa que «pasaban de 80.000 los animales procedentes de las yeguas y caballos que habían dejado los conquistadores en Buenos Aires», los que eran de la casta de Córdoba y Jerez de la Frontera». Esta cita como la de Rivadeneyra, disiente con la de Ruy Díaz, pero demuestra que en aquella época había verdadero empeño en hacer creer (aún al rey) que los caballos salvajes de la Pampa eran descendientes de los que trajo la expedición de Mendoza. Ya he demostrado auteriormente que no quedaron en Buenos Aires caballos abandonados, pues los comieron los conquistadores aco- sados por el hambre horrible que padecieron durante el sitio 2 ; he dicho también que tanto el historiador Sckmidel, como los testigos Villalta, Bartolomé García, Gonzalo de Mendoza y tantos otros que fueron actores en aquellos sucesos y han dejado docu- mentos historiando aquellos días, no hacen mención de caballos desde el sitio de Buenos Aires hasta la venida del Adelantado, Cabeza de Vaca, en 1542; y finalmente, que el Gobernador Irala no los menciona en ninguna forma en el documento que dejó al abau- donar á Buenos Aires en 1541, á pesar de que tanto el como su antecesor, Ruíz Galán, andaban á pie desde hacía cinco años. Voy ahora á explicar el motivo que tenían los nuevos fundadores 1 «Relación de las provincias del Río de la Plata», 1581. 2 El 15 de Junio de 1531 «un español comió su propio hermano que había muerto». Tampoco hubieran despreciado los caballos de Mendoza, los 23.000 indios sitiadores. 376 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. de Buenos Aires en declarar alzados ó cimarrones y descendientes de los que trajo Mendoza, á los caballos salvajes de la Pampa. Dice Azara l , refiriéndose á Buenos Aires: «D. Juan de Garay fundó segunda vez dicha ciudad el año 1580 con 60 paraguayos, que encontraron ya bastantes Caballos silvestres, hijos de aquellas yeguas, y comenzaron á domar los que podian coger. Se opusieron á esto los Ministros de la Real Hacienda, pretendiendo que eran del Rey; y habían formalizado autos, he leído en el archivo de la Asunción del Paraguay, la sentencia dada en 1596, que falla injusta la pretensión de dichos ministros y declara dueños délos Caballos silvestres á los conquistadores que los pillasen». La causa de aquel conflicto es la siguiente: Fundada la ciudad de Buenos Aires, los nuevos pobladores, crio- llos en su gran may oiía, se dedicaron á cazar caballos que se ven- dían á buen precio. Súpolo el Adelantado Torres de Vera y quiso acapararse los caballos protestando que pertenecían al real patri- monio, pero en realidad como un pingüe negocio para su bolsillo; mandó rematar el derecho á toda la hacienda cimarrona que com- pró en 30.000 pesos, los que no pagó diciendo" que la corona le debía mayor suma '-'. Los pobladores alegaron que en Buenos Aires no había minas ni otra riqueza que aquella hacienda, única compensación que tenían; que esos caballos se los había concedido su general (Garay) desde la Asunción y que si se los quitaban abandonarían Buenos Aires, adonde habían venido «ásu costa y mincion» sin que gastara un maravedí el Tesoro 3 . 1 Apuntamientos para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata, tomo ir, pág. 202. - Provisión real para que el licenciado Torres de Vera, no haga novedad en tomar los caballos cimarrones. 30 de Septiembre de 1591; incorporada á otra de 11 de Agosto de 1587, sobre el mismo asunto. ;l Por una capitulación entre el rey Felipe II y Ortiz de Zarate, un hijo de éste heredaba el titulo de Adelantado. Muerto Ortiz de Zarate y designada por testa- mento su hija doña Juana, heredera de aquel título, Garay favoreció su matri- monio con Torres de Vera y Aragón quien obtuvo de este modo el título de Ade- lantado del Pío de la Plata y, agradecido á los servicios de Garay, le nombró Teniente Gobernador y Capitán General de la misma Gobernación, ^autorizándolo para yantar por su ¡tienta lo que fuera menester en población y mejoras de estas provincias». Por consiguiente, no faltaron á Garay y sus compañeros recursos para la expedición, ni hubo entonces disputa por caballos ti otros productos de la tierra. En carta al rey, de 20 de Abril de 1582, Garay declara: «También me dio el licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, poder para que gastase de su ha- CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 377 De pocos años antes, nace posiblemente la leyenda de los caba- llos abandonados por Mendoza; leyenda que permitía á Garay y sus compañeros eludir el quinto y el diezmo, cosa á que estaban acostumbrados aquellos conquistadores que elegían su gobierno propio, aprisionaban un Adelantado y con las «barbas peladas» lo remitían al rey, tratando de potencia á potencia. De ahí nace, tam- bién, la diferencia entre cuarenta y cuatro yeguas y caballos que cita el P. Rivadeneyra en el período álgido de la cuestión y las 5 yeguas y 7 caballos señalados con más indiferencia por Ruy Díaz, que juzgó muy enorme la patraña á través de treinta años. Las pretensiones de Torre de Vera crearon un conflicto. Los pobladores resistieron protestando; y como para pleitear no faltan argucias, recurrieron al Cabildo (hechura de ellos mismos) para que sirviera de intermediario con el rey. En extracto, la presentación se hizo del modo siguiente: El 22 de Febrero de 1590, D. Francisco Godoy, procurador de Buenos Aires, por ante escribano dijo: Que Garay mandó prego- nar en la Asunción, en nombre del rey y en el suyo como Capitán General y Justicia Mayor, «que hacía é hizo merced á los pobla- dores, conquistadores y vecinos de ella del ganado silvestre y yeguas que quedó eñ tiempo de D. Pedro de Mendoza, que habia y al presente hay en términos y jurisdicción de la dicha ciudad de la Trinidad, para ellos y sus sucesores y descendientes». Unos cuantos vecinos de Buenos Aires, declaran, que Garay hizo donación por bando en la Asunción, de las yeguas y caballos; que ellos vinieron bajo esa condición y viajaron á su costa; que nece- sitan de los potros para poderse sustentar; que se cazan pocos, y éstos para cumplir con el servicio de S. M. y atender á la guerra con los indios, etc., etc. \ Aceptado el recurso por el Cabildo, éste comisionó á D. Beltrán Hurtado, Procurador General de la Ciudad de la Trinidad de Buenos Aires, para que se presentara con las siguientes instruc- ciones: cienda lo que fuera menester para el sustento de la tierra y ansí é gastado en Vergantines»,- etc.; lo que comprueba 'iue se usó de la autorización y recursos ofrecidos por el Adelantado. 1 Tan de acuerdo fué esta reclamación, entre jueces y parte, que la presen- tación al escribano, poderes, declaraciones de varios testigos, presentación al Cabildo, legalización de firmas y terminación del expediente fué asunto de algu- nas horas. Todo lleva la fecha del 22 de Febrero de 1590. ¡Admirable justicia colonia], que ese día no durmió la siesta!! 378 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. «Ha de pedir á S. M. y á los señores del dicho su Real Consejo, nos haga merced del ganado silvestre de yeguas que hay en térmi- nos y jurisdicion de esta ciudad de la manera que el dicho funda- dor de ella la tiene hecha en su real nombre.» «Ha de pedir provisión en el Real Consejo de Indias, para que no se nos pidan diezmos de ninguna cosa silvestre, particular- mente de los potros que se toman en las yeguas cimarronas, infor- mando el mucho trabajo (que) cuesta y se pasa (en) enlazarlos.» Esta petición fué presentada al Real Consejo de Indias, quien despachó en Madrid á 20 de Septiembre de 1591, concediendo: «se les haga merced del ganado silvestre de yeguas que hay en el ter- mino y jurisdicion de Buenos Aires y que en cuanto á la exención del diezmo, se le concede por diez años» l . Como puede verse, el Cabild j no declara directamente que los caballos aquellos eran descendencia de los que trajo Mendoza; y el Consejo de Indias, por su parte, no reconoce esa pretensión de los pobladores, hace merced del ganado silvestre de yeguas y concede la exención del diezmo solo por «diez años»: el tiempo necesario para que los pobladores de Buenos Aires, que ya tienen otros diez de arraigo, pierdan las ganas de volver á la Asunción. El Consejo de Indias quiso evitar una despoblación, pues no carecía de elementos para hacer una «Información» dejando la verdad establecida. Tenía á su favor la reclamación de los Oficiales Reales del Río de la Plata, la de los religiosos de la Merced y las cartas de G-aray de Junio del 81 y Abril del 82. En efecto; en la carta mencionada de 15S2, dice Garay. que en Noviembre anterior salió al Sur de Buenos Aires' costeando el mar unas sesenta leguas hasta unas serranías de grandes peñascos, y agrega: «con la caravela avisé á V. A. (en 18 de Junio ele 1581) como habia sabido que habia cierta cantidad de ganado caballuno cerca del asiento de Buenos Ayres, procedidos de unas yeguas que quedaron allí en el tiempo de Don Pedro; cuando esto escribí no las habíamos visto, y en efecto, hay buen golpe de ellas, también suplico á V. A. hiciese merced á la ciudad de la Trinidad y á esta de Santa Fé de todo aquel ganado para que lo puedan tener por de- hesa de común, estos dos pueblos. Pues por haberse dispuesto á los trabajos y gastos los pobladores se podrá venir á gozar de ello i La Orden de la Merced se presentó en 1589, manifestando su pretensión a los caballos que declaró «bienes mostrencos». Esta petición fué rechazada por el Cabildo el 16 de Octubre del mismo año. CARDOSO : ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 379 2>oo 3 oj- ito 31 f 32o 2& %S Fig. 2. Fragmento de la «Tabla del gran río», dibujado por Caboto en 1533 (?) con la faum salvaje y el fuerte de Sancti Spiritus, única población en el Plata hasta esa época. Nota: Los nombres de los ríos Paraná y Paraguay no se hallan á lo largo de ellos como es de práctica, sino atravesados donde comienza d curso de sus aguas. No existe el trazado del Alto Paraná, pues Caboto no navegó en él sino unas 12 leguas. 380 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES . aunque hasta agora por ser la tierra tan rasa y llana no hemos po- dido tomar ninguna, ni hemos tenido posibilidad ni espacio para hacer corrales que son menester hacerse grandes en las aguadas», y termina el párrafo rejaitiendo: «torno á suplicar á V. A. se nos conceda la merced de este ganado». Se ve, pues, que Garay no había hecho anteriormente donación de aquella hacienda á nombre del rey, ni aun de la que le dijeron había, procedente de anas yeguas que quedaron del tiempo de Men- doza y que no vieron hasta después de Junio del 81. No era muy fácil, por lo tanto, ver esa hacienda salvaje que huía al sentir la aproximación del hombre, y menos todavía el tomar vivo alguno en aquella «tierra tan rasa y llana», siendo necesario hacer gran- eles corrales en las aguadas para cazarlos cuando fueran á beber. El Adelantado Torres de Vera, debía muchos servicios á Garay para cuestionarle un puñado de caballos que había abrededor de Buenos Aires, los que tal vez, con entera buena fe, supuso descen- dían de las yeguas de Mendoza, pero, cuando más tarde, después de muerto Garay, se vio las inmensas tropillas de caballos que po- blaban la pampa, intervino apoyado por los Oficiales de la Real Hacienda, reclamando ser aquello de propiedad real como producto de la tierra. Algunos años antes con fecha 12 de Marzo de 1580, los Oficiales Reales, Eizaguirre y Olavarrieta, habían comunicado al rey desde la Asunción la partida de Garay, diciendo: « apercibió luego gente para fundar y hacer un pueblo en Buenos Aires y ha embiaclo mu- cha cantidad de caballos y vacas por tierra para la fundación de él, y el vá por el río con dos bergantines grandes y ciertas barcas y balsas con todo el bastimento posible y buena cantidad de gente, armas y municiones». Esto demuestra una vez más, la ayuda ele la Real Hacienda; lo poco que sabían ele los caballos cimarrones, j la inexistencia del famoso bando por el que Garay ciaba á nombre del Rey, en 1580, lo que recién solicita de este dos años después. Creo, sinceramente, que el tal bando no fué otra cosa que una excusa para recurrir ante el rey, alegando que Garay (ya falleci- do) había donado esos caballos á los pobladores; y que si había traído «muchos caballos» de la Asunción y Torres de Vera no re- clamó en el acto de saber se habían cazado los primeros potros, es porque ni Garay ni Torres de Vera supusieron nunca que existieran en tal abundancia á pesar de las noticias de los indios. De todo lo expuesto, sacamos en conclusión: 1.° Que los escritores que señalan los caballos salvajes como CAR DOSO : ANTJ G C EDA D DEL CA HA LLO EN EL PLATA . 38 1 descendientes de los que trajo Mendoza, no vinieron en esa expe- dición y escriben medio siglo más tarde, después de la segunda fundación. 2. u Que escriben por referencias, sin seguridad alguna y hasta con cierta duda, como lo hace Ruy Díaz. 3.° Que no están conformes en el número de caballos y yeguas que suponen dejó Mendoza, y disienten también en la fecha de este suceso. 4.° Que los conquistadores supieron que había caballos en las pampas de Buenos Aires, por noticia que les dieron los indios. 5.° Que la caza de estos caballos fué prohibida por la autoridad colonial, declarándose une dicha hacienda, pertenecía al real patri- monio. 6.° Que de esta época data la invención de los caballos alzados descendientes de los de raza andaluza traidos por Mendoza, aun- que el parecido de éstos con sus pretendidos descendientes fuera bien ingrato. 7." Que de esta leyenda, forjada por parte interesada, nace la creencia de que el caballo criollono es de origen puramente ame- ricano. Veamos ahora lo que dicen los historiadores y escritores, capi- tanes y soldados que fueron actores en la conquista y han dejado libros, cartas y documentos en que citan los hechos de que fueron testigos presenciales. Reproducir las citas de todos los autores que han negado la exis- tencia del caballo salvaje en nuestro país y apoyándose en la va- cilante indicación de Ruy Díaz, lo hacen descender de los potros andaluces de Mendoza, sería tarea bien extensa. Me concretaré por lo tanto á mencionar rápidamente el importante libro delSr. 0. A. Piétrement \ obra voluminosa en que cóu prolijo empeño y nutri- dos datos se hace la historia de los orígenes del caballo en los dis- tintos países del globo, su distribución geográfica y época de su probable diseminación, basada en documentos de la India, la Chi- na, los pueblos de Israel, del Egipto y de la Grecia, hasta los tiempos modernos. Al llegar al descubrimiento de América. Piétrement reúne 1 «Les Chevaux dans les temps prehistoriques et historiques». 382 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. copiosísimos datos y citas que ocupan una buena parte de su libro, para negar la existencia del caballo precolornbiano en el Nuevo Continente. Discutir la opinión de Piétrement, es contestar á todos. Principia por el Norte en las Antillas, el Canadá, la Florida, México, Centro América, y pasa á nuestro continente mencionando citas de los historiadores del Perú, Chile, Venezuela, etc., de las cuales saca siempre en conclusión que los indios huían de los caballos porque minea los habían visto, deduciendo que los triunfos obtenidos por los conquistadores no eran debidos ala superioridad de sus armas, la solidez de sus armaduras y la sorpresa y espanto que causaban su artillería y arcabuces que tronaban y herían como el rayo,, sino á la presencia de los caballos. Ya veremos cómo este escritor apasionado de su obra y tan prolijo en sus citas cuando conducen al objeto que desea demostrar (la inexistencia del caballo en América) olvida ó adultera las citas de Schmidel, Villalta y Ruy Díaz, relatando las batallas con los Querandíes, y el poema de Ercilla contando la resistencia de los Araucanos, los dos pueblos que habitaban las Pampas y que no tuvieron miedo á los caballos, porque estaban acostumbrados á verlos en los campos, cazarlos con boleadora y asarlos en sus fogones 1 . La cita de Piétrement (pág. 674), tomada del viaje de Schmidel, se reduce á lo siguiente: «La colonia tuvo, casi inmediatamente, que soportar el hambre, durante el cual tres españoles habiendo robado un caballo, lo comieron en secreto; este robo fué descubierto; se les dio tormento y como ellos se confesaron autores, fueron condenados á la horca y ejecutados (Schmidel o. c. pág. 44). Al mismo tiempo los indígenas incendiaron los cuatro navios más grandes (Error), matan uno de los capitanes, Diego de Mendoza, en uno de los combates; de suerte que el 24 de Junio de 1535 2 los Españoles no eran ya más que 560 soldados. Pedro de Mendoza se embarca para España á fin de traer refuerzos y muere durante la travesía. El ha dejado el mando de la colonia á Juan de Ayolas, quien hizo construir chalupas para buscar una mejor fortuna en el interior del país. 1 Si parece lógica Ja deducción de Piétrement, «que los indios huían espantados de los caballos porque nunca los habían visto», creo igualmente lógico pensar lo contrario ante la valerosa actitud de Querandis y Araucanos. 2 153»;. CAEDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 383 «Es entonces que los Españoles abandonaron 7 caballos y 5 yeguas, que serían los antecesores de todos los caballos salvajes de las pampas, al decir de Azara; pero muchos otros caballos traídos por los Europeos han debido recobrar su libertad en estos parajes» '. La cita tomada del libro de Schmidel es inexacta y desfigurada. En las distintas ediciones de esa obra, se cita con infaltable segu- ridad, que el alcalde Pavón y dos soldados fueron enviados á inti- mar á los indios la entrega, de víveres y que los Querandíes, sin respeto á la investidura del personaje y sin temor á las armas ni dios caballos, les dieron de golpes haciéndoles huir «bien escar- mentados». En la edición de Pelliza 2 , al relatar la batalla con los Queran- díes, dice Schmidel: «Tienen unas bolas de piedra, atadas á un cordel largo, como las nuestras de artillería; échanlas á los pies de los caballos ó de los ciervos cuando cazan), hasta hacerlos caer; y con estas bolas mataron á nuestro capitán y á los hidalgos refe- ridos; y á los de á pié, con sus dardos, lo cual vi yo». En la edición de Levino Hulsio, Nuremberg, 1599, publicada por la Junta de Historia y Numismática de Buenos Aires, el párrafo que se ocupa de esa batalla, dice: «Estos Carendies usan para la pelea arcos, y unos dardes especie de media lanza con punta de pedernal en forma de trisulco. También emplean unas bolas de piedra aseguradas á un cordel largo; son del tamaño de las balas de plomo que usamos en Alemania. Con éstas bolas enredan las patas del caballo ó del venado cuando lo corren y lo hacen caer». En la edición Mondschein, del manuscrito de Schmidel, el párrafo dice: «Tienen también una larga cuerda con una bola de piedra asegu- rada á cada punta, como en Alemania hacen con una bala de plomo. Arrojan esas mismas bolas alrededor de las patas de un caballo ó de un venado, de manera que tiene que caer.» 1 Piétrement reproduce la cita de Azara, que la tomó de Ruy Díaz, pero, más -versado en el asunto y comprendiendo que de cinco yeguas cuya gestación es de 11 meses, criando el potrillo durante un año, no es posible obtener nuevos productos sino cada tres años, necesitando esta misma edad las nuevas yeguas para producir á su vez, agrega: «.muchos otros caballos (y yeguas) (raidos por los Europeos*, á fin de que en el espacio de 50 años puedan cubrir las pampas argentinas desde el Estrecho hasta la frontera de Córdoba á pesar de los tigres, los pumas y los indios, que les hacían cruda guerra. « «Historia y Descubrimiento del Río de la Plata y Paraguay, por üldérico Schmidel». Buenos Aires, 1881. 384 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Otro testigo importante de aquellos sucesos, narra la batalla del modo siguiente: «Topado con ellos D. Diego de ¡Mendoza, ovo cierta diferencia entre los Cristianos y los Quirándies sobre los hacer volber, en tal m in^ra que obieron da venir á las manos, y como los Cristianos estubiesen flacos, i los Indios fuesen pláticos en su tierra, diéronse tan vuena maña que mataron á D. Diego de Mendoza i á Pedro de Venabides, su sobrino i á otros bien Quantos, y los demás fueron hiriendo aunque eran de Acaballo, i sino fuera por la infantería que atrás benia que los socorrió, todos quedaran en el Campo, por ser como heran los Indios tan lijeros i tan diestros en atar los caba- llos con bolas que traían* 1 . ¿Cómo habían adquirido esta destreza los indios Querandíes? Cazando guanacos y avestruces, piensan algunos; pero los hombres de nuestro país que conozcan bien las costumbres de la pampa, saben muy bien que la boleadora empleada para estos animales, es pequeña, liviana, y no fabricada con piedras gruesas y pesadas como las usadas por los Querandíes. destinadas á cazar caballos ó animales corpulentos; saben además que el indio salvaje no bolea sin previo aprendizaje un animal de especie desconocida, y menos llevando encima un ginete vestido de armadura, cosa nunca vista por ellos -. El éxito obtenido en la batalla de Matanzas, no es el resultado de un ensayo del momento, impropio de gente supersticiosa y de escasísimos conocimientos, sino la aplicación de un sistema per- fectamente conocido y llevado á la práctica con el mayor éxito; y tan es así, que los mismos escritores españoles que menciono, al ponderar la habilidad de los indios, no demuestran sorpresa por el suceso, porque más tarde al escribir estas noticias ya tenían co- nocimiento de las costumbres de los Querandíes, y de que la bolea- dora como arma para cazar caballos, no era una improvisación del momento. Y si bien es cierto que no hablan de la existencia del caballo americano, tampoco lo niegan, siendo más bien sus decla- 1 «Carta de Francisco Villalta», párr. 5. - El guanaco y el avestruz se bolean arrojándole la boleadora al cuello, y mientras el animal baja la cabeza y da vueltas buscando libertarse de aquel collar inesperado, el indio llega y lo remata. Si los Querandíes lio hubieran estado acostumbrados á bolear caballos, no habrían arrojado á las patas de éstos un arma <[ue sólo empleaban para el cuello de los otros. El guanaco no puede bolearse de las patas, y el caballo no puede bolearse del cuello: he ahí la dife- rencia. CAEDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 385 raciones una presunción positiva de lo primero. Por otra parte, su silencio no es de extrañar: los que no han tenido una palabra para los peludos, mulitas y carpinchos de Buenos Aires, cuya extra- ña fauna veían por la primera vez, no tenían por qué ocuparse del caballo, cuya existencia en el interior de la pampa recién cono- cieron cuando ya habían recibido caballos de España y del Perú después de 1550. Anteriormente he dicho, que desde el asalto á la ciudad de Bue- nos Aires el 24 de Junio de 1536, los escritos de Schmidel, Villalta, Hernández, G. de Mendoza, Euiz Galán, Irala y varios otros que han dejado documentos de la época, no vuelven á mencionar caba- llos hasta la venida de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542, quien embarcó 30 en España y llegó á la Asunción por tierra des- de Santa Catalina con 26. Los demás quedaron á bordo ó murie- ron en el camino. Irala, en su carta al Consejo de Indias, fechada en la Asunción á 24 de Julio de 1555, al dar cuenta de sus preparativos de expe- dición al Perú, dice: «Después de lo cual, en Julio de 47, con mi voluntad y todos conformes, se acordó de entrar por este camino de los Mayas con dozcientos y cinquenta españoles y entre ellos vei/nte é siete de can alio, que al presente avia, y dos mil yndios amigos». Más adelante dice: «en diez ó ocho de henero de cinquenta ó tres sali de este puerto con ciento é treynta ombres de á cauallo y dos mil yndios». No me explico este aumento prodigioso en los caballos de Irala: y como en el mismo documento se habla más adelante por repetidas veces de «treynta de á cauallo», podría pensarse que es un error del documento y diga: «ciento é. . . . on- bres ó treynta de á cauallo». En caso de ser exacta la cita del do- cumento, tal vez halláramos la explicación de algo muy ambiguo que hay en la «Carta de Bartolomé García al Consejo de Indias», en 1556 l , en uno de cuyos párrafos, dice, reproduciendo una queja dirigida á Irala: «Nunca me é hallado sin armas dobladas y de respeto, para mi y para otros que las abian menester, por que las abian quebrado, desbaratado, para contratar con los yndios, yndias para su servi- cio; pues yo nunca las quebró, ni desbaraté, ni contraté, ni con el 1 En el Schmidel de la edición de Pelliza. 1881. Anal. Mus. Nac. Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Marzo 5, 1912. 25 386 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. contrato de los yndios merqué yeguas ni caballos, como otros han hecho.» 1 Los indios eran tan abundantes en el Paraguay, como escasos los caballos. Los primeros no valían nada y se les cambiaba por cualquier cosa, siendo á veces los mismos indios los que rescataban por este medio sus hijos y mujeres. Los caballos, en cambio, eran rarísimos y tenían alto precio; Irala compró en 1551, uno morci- llo por el que pagó 4.000 pesos oro. Los pocos que había han esta- do por consiguiente en poder de los Capitanes, quienes no iban seguramente á cambiarlos por indios que podían obtener sin des- hacerse de la prenda de guerra más importante y lujosa de la época. Queda entonces una solución más clara: que los indios obtuvieran por intermedio de las tribus del Sur de Santa Fe, algunos potros y yeguas que cambiaban á los españoles por pedazos de hierro ó rescate de sus hijos y mujeres. Tal vez fué, por este medio, que los españoles tuvieron conocimiento de la existencia de esos caba- llos y se resolvieron á fundar á Santa Fe, y más tarde á Buenos Aires. En los documentos posteriores á 1590 no encuentro sino la re- petición interesada de los colonos de Buenos Aires referente á que los caballos eran hacienda alzada, Ruy Díaz escribe su «Historia del descubrimiento y conquista del Rio de la Plata» bajo la misma impresión, pero, refiere la batalla de la Matanza (1536) con tales detalles de la habilidad de los indios en elegir el terreno, pantanoso y desfavorable á los caballos, y su destreza en bolearlos, que no deja lugar á dudas de que los Querandíes conocían los hábitos de estos animales y estaban acostumbrados á cazarlos. Igual destreza y habilidad encontramos en los indios Araucanos que nos menciona Ercilla en su poema 2 , siendo de notar que las 1 Bartolomé García era habilísimo ballestero y prestó grandes servicios ¿Men- doza y Euiz Galán, en 1536. La yoz desbaratar, empleada en su carta, es análoga á deshacer ó desarmar, é indica que algunos quebraban ó deshacían sus armas para con los fragmentos con- tratar (comerciar) con los indios. Estos fragmentos eran muy codiciados por éstos. siendo imitiles á los cristianos; el comercio, por lo tanto, era con aquéllos, ya fuera por indios de otras tribus en guerra con ellos, ó por «yeguas y caballos». La carta de García es de 1556, pero la cita corresponde á una petición dirigida anteriormente á Irala, y los hechos que denuncian son más antiguos aún. Por lo tanto, se trata del año 1550, por lo menos. 2 «La Araucana», por D. Alonso de Ercilla y Zúñiga. Narra la guerra con los Araucanos, que dominados en 1551 por Valdivia, se sublevan en 1554, matan á éste y recobran su libertad. En 1557, D. García, hijo del virrey Hurtado de Men- doza, baja del Perú con un ejército á dominar las tribus araucanas y otras de la Pampa occidental á que están aliados. En esta expedición va Ercilla. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 38 7 observaciones de Piétrement á propósito de este libro son bien ex- trañas, pues si los indios vivieron en buena amistad durante más de tres años con los españoles, no tenían por qué espantarse á la vista de los caballos que ya conocían, fueran salvajes ó domesti- cados. Ercilla, por su parte, indica claramente que si los indios buscaban el abrigo de pantanos y despeñaderos, era para tener ventajas sobre los españoles mucho mejor armados y defendidos; y si no usaban los caballos como cabalgaduras, conocían sus cos- tumbres y los servicios que podían prestar, utilizando en esa gue- rra algunos ya domesticados y enseñados que tomaron á los espa- ñoles. Ercilla, en el Canto i, octava 25, dice : « De pantanos procuran guarnecerse — por el daño y temor de los caballos — donde suelen á veces acogerse— si viene á suceder desbaratallos:— allí pueden seguros rehacerse, — ofender sin que puedan enojallos; — que el falso sitio y gran inconveniente — im- pide la llegada á nuestra gente. »— En el Canto ni, oct. 80, se con- firma esto, cuando Lautaro menciona los mil abrigos y reparos de sierras y pantanos donde pueden pelear con mas ventaja. Al final del Canto iv, se confirma esta indicación, pues los araucanos eligen para combatir la áspera cuesta de Andalicán, donde son derrota- dos los españoles con tres mil indios amigos, perdiendo seis ca- ñones. Otro ardid de guerra es el que señala en el Canto ix, oct: 56, cuando dice: «Detúvose Lautaro con intento — de esperar al ca- liente medio día, — porque de la mañana el fresco viento — ■ los ca- ballos y gente alentaría» ; y, conocedor del efecto que el ardiente sol produce, inició el ataque « Cuando el sol en el medio cielo es- taba — no declinando á parte un solo punto — y la aguda chicharra se entonaba — con un desapacible contrapunto». En el Canto x, octs: 8 y 9, se relata la fiereza de las mujeres arau- canas, que después de perseguir á los derrotados españoles, se vuelven para tomar parte en el saqueo é incendio de Concepción: Así á los nuestros, otra vez siguieron — hasta donde el alcance ha- bía cesado, — y desde allí la vuelta al pueblo dieron, — ya de los enemigos saqueado:— que cuando hacer mas daño no pudieron, — sabiendo en los caballos que en el prado — sueltos sin orden y go- bierno andaban — á sus dueños por juego remedaban». « Quien hace que combate, y quien huía, — y quien tras el que huye vá corriendo; — quien finge que está muerto y se tendía, — quien correr procuraba no pudiendo: — la alegre gente así se en- 388 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tretenía, — el trabajo importuno despidiendo,— hasta que el sol rayaba los collados, — que el general llegó y los mas soldados. » Estas dos importantes octavas que demuestran el ningún temor que los indios tenían á los caballos, no las cita Piétrement. Cita en cambio los pasajes del Canto xxxiv, oct: 57 y xxxvi, oct : 16, en que los indios muestran su estrañeza al ver hombres barbudos cubiertos de armadura, que hablan un idioma desconocido y mon- tan en caballos corregidos l , cosa que les llena de admiración, pero no les espanta, como sucede con el estruendo de los cañones. Tam- bién es de advertir que Ercilla se refiere en este caso á los indios isleños del archipiélago, que ven los españoles por primera vez; dice así: «Quedábanse suspensos y admirados — de ver hombres así, no conocidos, — blancos, rubios, espesos y barbados, — de lenguas di- ferentes y vestidos; — miraban los caballos alentados, — en medio de la furia correjidos, — y mas los espantaba el fiero estruendo — del tiro de la pólvora estupendo.» Sin ir tan lejos pudo encontrar, Piétrement, algo parecido en el Canto i, oct. 64, cuando Ercilla, al referirse á la primera dominación de los Araucanos, dice: «Ayudó mucho el ignorante engaño — de ver animales corre- jidos, — hombres que por milagro y caso extraño — de la región celeste eran venidos: — y del súbito estruendo y grave daño — de los tiros de pólvora sentidos; — como á inmortales dioses los tenían, — que con ardientes rayos combatían.» Resulta, pues, que al principio, el espanto era producido por la artillería; la admiración: por los cristianos; la curiosidad: por los caballos adiestrados. Mas tarde, el espanto se tradujo en desprecio; la admiración en odio; la curiosidad en enseñanza; y el Araucano (como el Querandí), utilizó el caballo como cabalgadura. Así lo demuestra el Canto x, oct: 19, en que un hermoso caballo sirve de premio al indio más diestro en el manejo del bastón, y el Canto xn, oct. 14 y 15, en que Lautaro pide para suspeder las hostili- dades, treinta doncellas españolas, doce caballos magníficos enjae- zados y seis lebreles diestros en la caza; declara al mismo tiempo que ha resuelto tener también caballos y que aprendan sus hom- 1 La repetición de esta palabra, muchas veces repetida, indica que la admiración del indio no era causada por el caballo, sino por ver á éste domado, enseñado y dirigido por el ginete; cosa que al indígena no se le había ocurrido. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 389 bres á gobernarlos; y para afirmar sus palabras, hace desfilar seis indios montados en caballos tomados á los españoles l . Este rápido examen de la «Araucana» nos revela que Piótre- ment ha interpretado mal el |3ensamiento de Ercilla; y la supresión de las estrofas que no convenían á su intento, así como la supre- sión y adulteración de pasajes en el Viaje de Schmiclel, dejan un claro muy visible en su libro, produciendo una falla lamentable en una obra de alto mérito. En cuanto al conjunto de las citas producidas debo considerar- lo muy satisfactoiio para poder llegar á las conclusiones siguien- tes: 1.° Que se niega la existencia del caballo precolombiano, te- niendo por base fundamental el asombro demostrado por los in- dios de algunas regiones de América, al ver los ginetes españoles- 2.° Que este asombro no ha existido entre los indios de las lla- nuras del Sur y sus vecinos más inmediatos. 3.° Que los Charrúas, Querandís y Araucanos combatieron á la caballería española, eligiéndola de preferencia para blanco de sus armas. 4.° Que para conseguir su objeto, los Querandíes boleaban los caballos con la sangre fría y destreza de hombres acostumbrados á hacerlo. 5.° Que los indios de la Cordillera, parece no empleaban la bo- leadora, pero sí la empleaban los Puelches, sus aliados de la lla- nura. 6.° Que para evitar el choque violento de los caballos, los indios empleaban la táctica de situarse tras de pantanos, despeñaderos, etcétera. 7.° Que desde 1530 hasta 1542, los conquistadores no tuvieron caballos. En esta última fecha llegó Alvar Núñez con 20, y en Julio de 1547, había 27, según declaración de Irala. 8.° Que en 1553 declara éste poseer 130, y como Bartolomé Gar- cía habla en su carta ele «mercar yeguas y caballos con el comer- cio de los indios», es muy posible que éstos proveyeran á los es- pañoles de esos animales. ' «Que, para que no andéis tal al seguro, acuerdo de tener también caballos, y de imponer mis subditos procuro á saberlos tratar y gobernallos.» 390 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 9.° Que los Araucanos en 1554. demuestran conocer perfecta- mente las cualidades de los caballos y resolvieron adoptarlos para la guerra imitando á los cristianos: propósito que no pudieron cum- plir, pero que llevaron á cabo los Puelches de la pampa. CAPITULO II. Antecedentes geológicos y paleontológicos. El caballo sudamericano es geológica y paleontológicamente el más antiguo: zoológica y anatómicamente el más evolucionado y por consiguiente el más moderno. Trataré de establecer breve- mente las razones que me hacen enunciar esta teoría. Estudios modernos suficientemente comprobados, demuestran la existencia de antiguas conexiones continentales, hoy modifica- das ó interrumpí' Ins. Según esos estudios, durante la época cretácea el istmo de Pana- má no existía y ambas Américas estaban separadas por el mar. La parte más meridional de la América del Sur unida al casquetepolar se prolongaba hasta Australia y Nueva Zelandia donde terminaba por ese lado. Por el Este «la América del Sur y el África estaban unidas por una tierra continua llamada Arquelenis por el señor Ihering, durante toda la época del cretáceo superior. Esta unión, aunque más restringida, existía aún durante una parte del eoceno y disminuyendo gradualmente jDersistió bajo la forma de una cadena de islas hasta el mioceno medio. No fué sino después que ese puente comenzó á interrumpirse, que las formas características del Atlántico Meridional invadieron el Atlántico Septentrional y vice versa l . Hoy sólo queda del Arquelenis hundido en el Océano los picos volcánicos más altos de sus montañas: islas de Santa Helena, Trinidad y la Ascención» -. Comenzado este quebrantamiento durante el eoceno, la Austra- lia se separa de América: grandes superficies de tierra desaparecen bajo las aguas con buena parte del Arquelenis y los mares de la 1 F. Ameghino. Las Formaciones sedimentarias. * Ibidem. Geología. Paleog.. Paleont., Antrop., pág. II CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 391 región Septentrional se transportan al sur para dar lugar á otras tierras que surgen allí. «El hemisferio septentrional se transformó en continental y el hemisferio austral, en insular y peninsular». «El África austral, al perder en parte su antes perfecta conexión con Sud América, se unió con Asia que ya formaba una tierra continua con Europa, pero el Atlántico central, que se extendía por el Sahara hasta el Mar Rojo, oponía una barrera al pasaje directo de las faunas del África austral á Europa y vice versa. En cambio, con la transformación continental del hemisferio norte, surgieron tierras que pusieron en comunicación directa la mitad septentrional de Europa con la América del Norte al través del Atlántico septentrional.» Dislocado el Arquelenis durante el eoceno superior, una nueva conexión se forma entre África y Sud América estableciendo un puente á través del Atlántico por los puntos más jjróximos entre ambos continentes. Esta conexión, llamada «guayano-senegalense» persiste hasta el fin del mioceno y jDor ella pasan de África ala América meridional las especies de la época y entre ellas los ante- pasados del caballo, descendientes de los Notohqndeos que fueron de aquí. Al final del mioceno, grandes movimientos tectónicos produje- ron un levantamiento general de las cadenas de montañas que de Sur á Norte recorren el Nuevo Mundo, seguido de una gran regresión de las aguas del Océano. «La masa continental adquirió una mayor extensión y las dos Américas se pusieron en comunicación por el surgimiento de una vastísima superficie de tierra en lo que hoy es el golfo de Panamá y el mar Caribe. Las islas Galápagos por un lado y las Antillas por el otro, quedaron englobadas en esa tierra nueva- mente emergida, y América, bajo la forma de una gran masa con- tinental rectangular, se extendía entonces desde uno al otro polo.» 1 Teniendo en cueDta estos antecedentes geológicos de la unión de los continentes desde fines del secundario hasta la mitad del terciario, que nos indican el camino que han seguido las especies Hipoideas en su emigración á través de las tierras hasta termi- nar su evolución en el caballo, pasemos á examinar muy rápida- mente los antecesores de éste desde su tronco de origen. 1 F. Ameghino, Geología, Paleog. Paleont., Antr., pág. 17. 392 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. Los Hiracoideos del cretáceo superior de Patagonia, habitaron en la América del Sur, África y Eurasia. No se conocen restos fósiles de estos animales en Norte América. Los Hipoideos descienden directamente de los Hiracoideos. En este caso, también, la transformación de un grupo en otro se ha efectuado en la América del Sur, puesto que en el cretáceo supe- rior ele Patagonia la transición de uno al otro es tan perfecta que la distinción es á veces difícil. La familia más antigua del grupo, es la de los Ácelodideos, uno de cuyos géneros, Acoelodus, consti- tuye el tronco de los Notohipídeos que ajjarecen en Patagonia en el cretáceo superior representados por formas enanas y de transi- ción como el Patriar chippus ' y toman un gran desenvolvimiento en el terciario antiguo. De estos Notohipídeos primitivos, una rama de la que forma parte el AncMlopus del eoceno medio y superior de Europa (Fran- cia, Suiza) conduce á los Equídeos de los tiempos neogenos, pero los tipos eogenos que les han precedido quedan todavía descono- cidos en su mayor parte. Establecidas las conexiones entre Sud América y África, más tarde entre ésta y Eurasia y finalmente entre Europa y la Amé- rica del Norte, que finaliza por la unión de las dos Amóricas, queda fijado el camino que siguieron las especies en sus emigra- ciones. Veamos ahora cómo se verificaron esas corrientes emigra- torias, según el Dr. Ameghino 2 . «Existe una gran diferencia entre las emigraciones que tuvie- ron lugar al fin del cretáceo y comienzo del terciario, y aquellas que se efectuaron durante el terciario medio. En la época cretácea, el movimiento emigratorio era exclusivamente de la América del Sur al Antiguo Mundo; en el terciario medio y tal vez á partir del eoceno superior, el movimiento emigratorio ha sido doble, de la América del Sur al Antiguo Mundo y de éste á la América del Surt «En la corriente emigratoria del Nuevo al Antiguo Mundo, no se encuentra sino grupos que faltan en el cretáceo superior de la América del Sur á donde ellos aparecen en el eoceno y que no hacen su aparición en el Viejo Mundo sino un poco más tarde. 1 Después, Morphippus, Rhynchippus, etc.; todos con dentadura en serie conti- nua; prosiguen su desenvolvimiento en el terciario: Argyrohippus, Pseudhippus, Nolohippus, último representante del género que se extingue en la base del Santa- cruceño. - -F. A meghino. Las Formaciones sedimentarias del cretáceo superior y del terciario de la Patagonia. An. del AI. N., T. vin. p. 385. CARDOSO : ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 393 En las emigraciones en sentido contrario, se trata de grupos que, habiéndose constituido en el eoceno superior ó en el oligo- ceno del Viejo Mundo, no aparecen en la América del Sur sino en una época un poco más reciente.» Esto demuestra que mientras subsistió una conexión, las faunas de África y de la América del Sur estuvieron en constante comu- nicación cruzándose las emigraciones del uno al otro continente hasta la ruptura y sumersión del puente guayano-senegalense «en el último tercio de la época miocena en que desaparece». Por ese tiempo se produce el levantamiento que unió las dos Américas y de este modo las comunicaciones interrumpidas por el hundi- miento de aquel puente quedan restablecidas entre África y nues- tro territorio por un nuevo camino: Asia, Europa y Norte América. Recién entonces pudieron pasar las especies Equídeas de una América á la otra, pero antes que el caballo norteamericano llegara á nuestro continente, ya habían llegado de África por camino más corto y favorable los antecesores del nuestro más evolucionados y por consecuencia más perfectos que el norteame- ricano. Este fenómeno es fácil de comprender. Aunque los caballos de una y otra América tengan un tronco común, primero en Patago- nia y luego en Asia, su desprendimiento en dos ramas que han venido por distinto camino y por distinto clima, ha bastado para modificar la especie. El caballo de Norte América ha cruzado una región más extensa y montañosa para pasar de Asia á Europa y de ésta, por el helado puente de la Groenlandia y el Labrador, hasta las accidentadas tierras de la América Central; mientras que el caballo sudamericano ha venido por el sendero de emigración de sus antepasados, más corto y más favorable por su clima que cruza la zona cálida sufriendo la influencia de ese ambiente que nos trae sin dificultades á la siguiente conclusión: En los países fríos, la vida es más larga, la unión sexual más tar- día, la evolución más lenta. Luego, pues, nuestro caballo, cru- zando la zona cálida, ha sido de vida más corta, de unión sexual más temprana y de evolución más rápida, siendo más perfecto en este sentido que el caballo europeo. Más adelante nos ocuparemos de este perfeccionamiento anató- mico, pero, mientras tanto, permítaseme observar aunque sea de paso, que no veo la razón para suponer que las especies de caba- llos que ¡moblaban la pampa argentina á fines del terciario y en el cuaternario, han venido á extinguirse totalmente cuando todo les 394 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. era más propicio, en las llanuras fértilísimas que fueron cuna de sus mayores, con un clima favorable y con elementos de vida su- periores á las de otras regiones. Creo asimismo que el caballo en la época cuaternaria moderna, ha huido de las zonas frías y tropicales, desajjareciendo de los bosques y montañas para buscar en climas templados las llanuras extensas, ricas en pastos y en aguadas, donde pudieran correr li- bremente y divisar á la distancia la aproximación de la fiera que caía como el rayo sobre las yeguas y potrillos, ó del indígena que lo perseguía para alimentarse con sus despojos. Por esto consi- dero inhabitable para el caballo la formación montañosa y bos- cosa de los tiempos modernos, situada en climas desfavorables pa- ra él, pero -no asilas llanuras, estepas y pampas de los climas tem- plados. Suponer que el caballo se ha extinguido porque también se ex- tinguieron por esa época el Mastodon, el Megaterio, el Glipto- dony la Macrauquenia, es teoría inadmisible. Esos animales de gran tamaño necesitaban otro clima y otro territorio que se adapta- ra á su desarrollo y al nuevo género de vida que la última evo- lución les exigía. En el Viejo Continente, los elefantes y tapires se retiraron á las selvas de las regiones cálidas y los camélidos á las serranías áridas y escasas de arroyos y manantiales. En el Xue- vo Mundo sucede otro tanto; el tapir se refugia en los bosques de la zona cálida; el Mastodon desaparece con el Paleolama; pero éste es reemplazado por especies más pequeñas: la llama y el guanaco, que habitan las serranías del Perú á Tierra del Fuego, al mismo tiempo que el Megaterio y el Gliptodon dejan sus representantes, el primero en los bosques tropicales y el segundo desde el ecuador al estrecho de Magallanes, siendo de notar en estos edentados al- go que es sugestivo: las especies de la cálida zona del norte, son de gran tamaño y van decreciendo á medida que se aproximan al sur. Suponer que una invasión de las aguas ha destruido aquellas es- pecies, sería tarea inútil. La pampa, por muy llana que sea, es de estratificación ondulada y discontinua, siendo más elevada hacia el Oeste; si ha tenido lagos de agua dulce y salada, también ha te- nido lomas y mesetas de importancia, sin contar las altas serranías que la cruzan al sur en una vasta extensión. Los lagos dulces y salados están bien marcados por las capas de moluscos que les ca- racterizan; sobre las lomas no existen los Unió, Hydróbia, y Am- pullaria de las aguas dulces, ni las Venus, Ostrea y Littorina, de las invasiones marinas. Descartados el calor y la inundación como CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 395 causa destructora, queda sólo el frío como elemento inadecuado para la existencia del Mastodon, el Megaterio, el G-liptodon, etc.; pero, si el clima frío era inadecuado para la vida de esas especies siéndoles favorables el calor, en cambio para el caballo la modifi- cación producida en el clima de la pampa era un beneficio, pues este animal resiste temperaturas muy bajas y vive bien en la Tie- rra del Fuego, aun en el estado salvaje con muchos grados bajo cero, mientras muere fácilmente en el Paraguay, Chaco y regiones del Norte, atacado por el mal de cadera, Ja puna y otras enferme- dades que con el tábano, murciélago y demás sabandijas lo des- truyen brevemente. En presencia de estos hechos debemos preguntarnos: ¿Por qué extinguirse el caballo donde ha continuado viviendo el ciervo y el guanaco? ¿Por qué desaparecer el caballo donde ha persistido el hombre? 1 El descubrimiento de restos de caballos fósiles en terrenos modernos de América, acompañados á veces de otros de animales domésticos y restos humanos aborígenes, ha sorprendido á más de un naturalista, causando profunda cavilosidad en otros. No es de extrañar la sorpresa ni de admirar tanta meditación; después de aceptar por varios siglos como una tradición digna de fe que el caballo americano es importado, encontrar de pronto una prueba contraria que descalifique esa tradición, es como para sorprender y dejar pensativo al historiador y al paleontólogo. Hechos de esta naturaleza se han producido en ambas Américas y los sabios paleontólogos que en ellos han intervenido no han vacilado en declarar valientemente su pensamiento, aun cuando sus escritos sean el reflejo de indecisas convicciones. A mediados del siglo pasado se descubrieron en la Carolina del Sur restos de caballos y otros animales domésticos mezcla- dos á fósiles del postplioceno. Pocos años antes el naturalista Lund había encontrado algo análogo en una caverna del Brasil. Ambos hallazgos causaron sensasión y dieron tema á diversas conjeturas y largas discusiones: era la lucha que comenzaba entre la tradición y la realidad. El Dr. Burmeister, escribiendo en 1875, cuando nuestros cono- 1 En las excavaciones practicadas por el Dr. Ameghino en paraderos indios an- tiquísimos del terreno pampeano, ha encontrado huesos de caballo fósil junto con otros de GRyptodon, Paleolama, Cervus, etc., y restos de alfarería y fogones de los aborígenes de esas regiones. 396 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. cimientos paleontológicos á propósito del caballo americano esta- ban en su infancia, decía: «Entre los objetos fósiles de nuestro país, tan rico en ellos como casi ninguna otra parte de la superficie de la tierra, sorprenden al observador, más que otros, los restos de caballos, ó á lo menos de animales muy parecidos á ellos, que no son actualmente indígenos de América, sino introducidos por los europeos después del descu- brimiento del Nuevo Mundo». En una nota agrega: Un sabio de Norte América, D. Feancis S. Holmes, quiso probar en un folleto titulado: Remains of domestica} animáis, discovered among post-pliocene fossils in South Carolina (Charleston, 1858), que los caballos domésticos han vivido en sociedad de ganados y ovejas en la época diluviana de Norte América, contem- poráneos con los aborígenes americanos del mismo tiempo.» Estas pocas pocas líneas nos demuestran que el Dr. Burmeister se sorprendió de bailar en nuestro país restos de caballos aun cuando sólo eran parecidos al caballo actual. ¿Qué pensaría boy el ilustre sabio en presencia de todo lo que se ha descubierto después, en pisos más recientes y con cierta analogía al caso que menciona el naturalista Holmes? Lo curioso del caso es que cuando Burmeister, aceptador pasivo de la tradición del caballo importado por los conquistadores, refutaba la opinión de Holmes, que le era opuesta, como lo indica el título de su libro: Restos de animales domésticos descubiertos entre fósiles del post-plioceno de la Carolina del Sur, ya se babía produ- cido el hallazgo análogo de Lund en una caverna del Brasil, y Anieghino estaba en vísperas de descubrir algo más positivo en las barrancas de «Cañada de Rocha», en Lujan. Lund, en su descubrimiento del Equus aff. caballus, cuyos restos se bailaban asociados á los del hombre, observa que «puede haber sido usado por los habitantes de esos tiempos como un animal doméstico. Puede ser, agrega, fácilmente resuelto este punto por un simple examen de los restos del animal, pero en todo caso requiere una cantidad de especímenes para compararlos, ya que uno de los resultados de la domesticidad es aumentar los límites de los caracteres por el juego de la variación individual. De las pocas muestras que yo be tenido para examinar, que sólo han sido tres, naturalmente que ninguna conclusión á este respecto he podido fundar, pero no debo olvidar que en uno de esos espe- címenes encontré un fenómeno patológico, esto es, una deformidad en la construcción de uno délos dientes (molar); les tres especí- CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 397 menes eran más bien animales jóvenes, excediendo en tamaño á la raza ele los caballos introducidos por los Portugueses». Owen, discurriendo sobre estos asuntos, hace diversas conjeturas sobre la causa de la extinción del caballo americano, y negando que ésta se haya producido por la persecución del hombre, dice: «No es verosímil, vista la avidez con que los indios de la Pam- pa agarraron y sometieron los descarriados descendientes de los caballos europeos introducidos por los descubridores y conquista- dores de la América del Sur, y el buen uso que esos nativos erran- tes sacan hoy día de la numerosa progenie de los caballos espa- ñoles, que ese dócil Equino haya sido muerto ó destruido por los antepasados de esos aborígenes. Las circunstancias del descubri- miento y los hechos de la extinción de una especie de caballos en la América del Sur, hace pensar en otra causa que aquella de la hostilidad del hombre á un animal tan útil, y nosotros podríamos entonces de igual modo, aplicar el beneficio de tal duda á la ex- tinción por los medios humanos de los contemporáneos del Equus curvidens, v. g., Megatherium. Toxodon, Macrauchenia, Glypto- don, etc.» 1 Colocados los paleontólogos entre la tradición y hallazgos tan extraños, han vivido medio siglo de incertidumbres buscando la solución según sus convicciones, siendo pocos los que han que- brado una lanza en la arena pública en defensa de sus ideales. Es innegable que el descubrimiento de restos de caballos fósiles en terrenos tan modernos, en las condiciones apuntadas, y en dis- tintos puntos tan lejanos unos de otros, ataca la tradición de un modo formidable. No es posible creer en la extinción del caballo algunos años antes de la conquista, cuando no hay causa aparente que la indique y, si esta causa no se encuentra, la tradición se derrumba, surgiendo como verdad única la existencia del caballo antecolombiano en América. Para restablecer el dominio de la tradición, es necesario que ese caballo desaparezca antes de la conquista, y para esto es pre- ciso encontrar la causa de su extinción. A tan ingrata pesquisa han dedicado su tiempo reputados hombres de ciencia, cuando les hubiera resultado más fácil encontrar en los archivos los medios de aclarar el asunto con el auxilio de la prueba histórica. En la revista francesa «L'Anthropologie» a , al hacer un juicio 1 Owex. «On fossil remains oí* Equines from Central and South America». Phil. Trans. 1SG9. - Tomo 22, Núms. 4 y 5. 1911. 398 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. crítico de la obra de Mr. H. F. Osborn, «The Age of Mamrnals in Europa, Asia andNorth America. 1910», se estudia los razonamien- tos del autor á propósito de las causas que, según él, han podido hacer desaparecer los caballos en el continente americano durante el período pleistoceno. Mr. Osborn opina por la completa extinción del caballo en Norte América y encuentra la causa en los extensos glaciares de esa región que modificando el clima en sentido desfavorable á la vida de aquellos animales, concluyó por extinguirlos. Lanzado en esta corriente de ideas pasa á Sud América — aunque su trabajo, Como lo indica el título, excluye el hemisferio austral — y en éste encuentra que los fríos no pueden haber sido causa suficiente para destruir la especie caballar. «La desaparición total de los caba- llos, dice el autor, es particularmente difícil de comprender, porque los Equídeos pueden, más fácilmente que otros animales, adaptarse á los cambios de medio ambiente». Debe excluirse el frío, por lo tanto, como causa de extinción; y Mr. Osborn piensa que es preciso invocar como principio destructor, grandes epide- mias producidas por «moscas picantes, favorecidas por un íégi- men de humedad excepcional». «Las lluvias persistentes que ocasionan estos cambios, modifi- can la vegetación haciendo desaparecer los pastos, aumentando las plantas venenosas á los caballos, mientras favorecen el desarrollo de las selvas facilitando la dispersión de los carnívoros. «Todas estas causas han podido concurrir á la desaparición total de los caballos pleistocenos americanos.» Sin desconocer la importancia de la opinión del erudito Mr. Osborn, pienso que las causas apuntadas no son suficientes para la destrucción de la especie caballar en un continente tan vasto como el nuestro, con tres climas, altas montañas, terrenos acci- dentados y llanuras inmensas. Además, lo que pudo destruir al caballo, hubiera destruido al ciervo, al guanaco y otros herbívoros Enfrente de tanta anarquía de ideas, queda un hecho real y po- sitivo: los restos fósiles del caballo americano ocupan todos los pisos, sin excepción, desde el plioceno hasta los aluviones modernos, donde se mezclan con los del caballo que se dice importado. Podrá hacerse cuantas objeciones se quiera, pero ante una prueba tan conclu- ye nte de que el caballo vivía en nuestro continente antes de la conquista, sólo nos queda afirmar que su existencia es la realidad; su extinción, la hipótesis. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 399 CAPITULO III. Testimonios zoológicos y anatómicos La forma de evolución y perfeccionamiento del caballo, pode- mos interpretarla de dos modos: 1.° Producida en África por los Notohipídeos que fueron de aquí, los que regresaron en forma más adelantada. 2.° Verificada mí Fig. 3. Evolución del caballo, según Owen. 1 Paleotherium. 2 Hipparium. 3 Caballo. aquí y allá al mismo tiempo por dos grupos distintos nacidos de un mismo tronco; lo que daría por resultado que aquellos caballos descienden del Hipparion (de tres dedos) y los nuestros del Hippi- dion (un solo dedo), mucho más perfecto. Esta solución (en dos grupos que evolucionan independientemente llegando á igual resultado) no es imposible, y el doctor Ameghino la aplicó al 400 MUSEO NACIONAL DE B CEÑOS AIRES. hombre en 1900, cuando decía: «Habiendo vivido los precursores del hombre sobre los dos continentes desde el comienzo del mioceno, es igualmente posible que el hombre haya tomado origen independientemente sobre los dos continentes, por la evolución y transformación de dos ó más precursores» 1 . Hallazgos posteriores, que enlazaron unas especies con otras, demuestran que estaba en lo cierto. Cualquiera de las dos formas que aceptemos, nos traerá á la conclusión de que el caballo criollo es el más evolucionado en el sentido del perfeccionamiento de sus miembros de locomoción, al mismo tiempo que conserva mejor los caracteres de una raza primitiva. Un rapidísimo examen del esqueleto lo demostrará 2 . El Hipparion, que es el Equídeo más antiguo del Viejo Mundo, tenía en cada uno de los cuatro miembros tres dedos completos, de los cuales el mediano era el único que apoyaba en tierra cuando el animal pisaba en terreno firme. Owen hace descender al Hipparion del Paleotheriitm, que sería el tronco del grupo que termina en el caballo del Antiguo Mundp y más tarde de Norte América, pero hoy, se desecha al Hipparion como una rama sin descendencia y se indica para antecesor del caballo al Protohippus, que también tenía tres dedos, de modo que uno ú otro nos resulta igual para el estudio que venimos haciendo del pie del caballo. En la América del Sur el más antiguo de los Equídeos propia- mente dichos, es el Hippidion del pampeano inferior y superior; animal mucho más perfecto que el Hipparion del Viejo Mundo por presentar un solo dedo en cada extremidad, teniendo ya atrofiados los otros dos laterales que aparecen independientes aunque más cortos en aquél, mientras en el Hippidion son ya rudimentarios presentando una forma de punzón (huesos estiloides). Este animal ha tenido toda la apariencia del caballo, aunque su cabeza demasiado voluminosa, el desarrollo excesivo del hueso nasal y su cuello relativamente corto, le hayan dado el aspecto del asno ó de la cebra. Los miembros anteriores parecen ser más cortos que en el caballo, y esta posición ligeramente inclinada hacia ade- 1 Forms. sediment., pág. 450. '-' Debo en esta parte al señor Carlos Ameghino muchas indicaciones preciosas que son de gran valía, pues además de ser un experimentado paleontólogo, se ha especializado en el estudio del caballo fósil. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 401 lante, da al animal un aspecto menos elegantey ligero que el de aquel, pero, la robustez de las patas y de la región lumbar, que resulta más alta, denota que si el Hippidion no era un esbelto corre- dor, era en cambio un animal fuerte y resistente á la fatiga, carác- ter que han heredado sus descendientes 1 . Zittel dice que Hipp idion tiene «los metápodos recogidos, más cortos que en el caballo) estiletes huesosos laterales pasando la mi- tad del metápodo y ofrece aún, en su dentición y en la estructura de su esqueleto, caracteres arcaicos». El StereoMppus, cuyos restos fósiles se han hallado en Tarija, presenta en su cráneo ciertas analogías con el Hippidion. Perte- nece probablemente, al piso puelchense. El Onohippidion, encontrado en una caverna en Última Espe- ranza, al estremo austral de Sud América, presenta asimismo algunas analogías pero difiere en otras por caracteres rarísimos; especialmente llama la atención las dos enormes cavidades que presenta á los costados de las fosas nasales, carácter que no se encuentra tan desarrollado en ningún otro hipídeo. Con este animal se hallaron restos de la piel revestida de un pelaje largo y tupido, huesos con cartílagos y músculos, falanges de los dedos principales provistos de la uña ó casco, siendo ele notar la pequenez y dureza de éstos, semejantes á los de la muía y destinados á marchar por los senderos duros de la montaña. El estado de conservación de estos restos y de otros de distin- tos animales que los acompañaban, con cenizas de fogones, hue- sos quemados y partidos y señales de cortaduras de cuchillos en pieles y articulaciones, denota que el Onohippidion ha vivido en 1 El Dr. Burmeister era de opinión que el gran desarrollo de las fosas nasales, ha permitido al Hippidion aspirar una gran masa de aire, haciéndole resistir con mayor facilidad la fatiga en las grandes correrías de su vida errante. Según Ameghino el Hippidion es el antecesor inmediato del Caballo y en 1904 decía sobre este asunto: «Un punto importante que jjarece claramente establecido es que el género Equus está limitado al pampeano superior (Bonaerense) y (Lujanense) y también al postpampeano antiguo (Platense), pero falta completamente en el pampeano inferior (Ensenadense). Hippidion se encuentra desde el pampeano superior hasta el inferior, estando acompañado en este último horizonte por Onohippidion é Hippliaplus, tipos de una conformación muy primitiva. La transición entre los géneros Onohippidion, Hippidion y Equus es perfecta, y una de las especies de este último género, el Equus rectidens, se acerca tanto del Equus caballas, que según todas las probabilidades es su verdadero antecesor». «Nuevas especies de Mamíferos del Cretáceo y Terciario de la Argentina», 'por Florentino Ameghino, en Anales de la Soc. Científica Argentina. Tomo lvii. 1904. Anal. Mus. Nac Bs. As., Ser. 3. a , t. xv. Marzo 6, 1912. 26 [•» se ü ¿¡ .a E 404 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. tiempos relativamente modernos y en lugares habitados por el hombre. Antes de este hallazgo, el Dr. Ameghino había encontrado en los «paraderos» indios de «Cañada de Rocha» en Lujan, restos del Eqnns rectidens con señales inequívocas de que los Querandíes- se alimentaban de estos animales, y D. Carlos Ameghino, que diri- gió parte de dichos trabajos, recuerda el hallazgo de un pie de uno de estos equídeos, provisto de su casco en perfecto estado de fosili- zación. Un cráneo del Equus rectidens conservado en este Museo tiene un rasgo típico que lo asemeja á los otros lapídeos extinguidos: el desarrollo de la cresta occipital, en una forma tan saliente que so- brepuja las del Hippidionj Onihippidion ya bastante notables. Es- ta prolongación occipital no es tan visible en las cabezas de caba- llos modernos. Comparada la cabeza del Equus rectidens con la del caballo criollo que posee el Museo, se nota la semejanza del perfil y el abovedado de la frente que existe entre ambas. Este carácter, llamado «cabeza acarnerada», es un lazo de unión entre las dos especies, demostrando una vez más el abolengo neta- mente americano del caballo criollo pues el caballo europeo tiene el perfil recto, la frente plana y la cabeza poco voluminosa. La semejanza que existe entre la cabeza del Equus rectidens y la del caballo criollo es tan evidente, que ella sola denota la existen- cia del caballo antecolombiano en América, y si á esto se agrega que los restos fósiles del primero se encuentran en terrenos suma- mente modernos confundidos con los del segundo y acompañados de objetos déla industria indígena, fácilmente se llega á la evi- dencia de que existía el caballo cuando vinieron los conquistado- res. La evolución en los miembros motores del caballo por la atro- fia y desaparición de los dedos laterales, nos da un nuevo dato muy interesante. El profesor Sr. Van de Pas, que se ha ocupado detenidamente de este punto 1 , hace al respecto las siguientes observaciones: «Aunque el caballo primitivo con cinco dedos completos, no ha sido encontrado (si no se quiere considerar como tal el Phenaco- 1 «Un paso hacia adelante en el camino de la evolución del caballo», por Luis Van de Pas, Profesor en el Instituto superior de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. Aa. del M. X t. x, p. 1 18. CARDOSO: ANTIGÜEDAD DEL CABALLO EN EL PLATA. 405 dus primaevus hallado en el eoceno antiguo de la América del Nor- te), se puede seguirla filiación desde el Hyracotherium (Eoliippus) pasando por OroMjppus, Mesohippus, Protohippus, hasta Equus, y se se ve que desaparece: 1.° La falange del dedo interno, siguiendo después el metacar- piano ó metatarsiano interno (Me. I ó Mt. I). 2.° Continúa la atrofia del lado externo con el dedo V y su Me. V ó Mt. V. 3.° Que la atrofia en el Mt. se efectuó más ligero que en el Me. (OroMppus en la mano tiene cuatro dedos, en el pie tres. Mesohi- ppus tiene tres dedos en la mano y en el pie, pero la mano mues- tra un vestigio del Me. V, mientras que Mt. V ya desapareció. (El Me. V permanece aún por mucho tiempo, como rudimentario, aun en el Hipparion ó Hippidion) . Finalmente desaparecen las falanges del 2.° y L° dedo como tam- bién el resto del Me. V.» Se ve, pues, que el perfeccionamiento en esta evolución, tiende á la desaparición completa de los dedos laterales, dejando única- mente el dedo III ó medio; evolución que viene siguiendo el caba- llo desde los primitivos équidos. Siguiendo este principio, el Sr. Van de Pas, ha hecho estudios especiales bobre caballos criollos y comparándolos con las de otras regiones, encuentra no sólo más atrofiados los dedos II, y IV 1 J si- no también que en algunos casos «los metatarsos principales son muy comprimidos lateralmente, por lo que se asemejan algo al Hippidion-». Llega por fin, á las siguientes conclusiones: «a. Que en la Eepública Argentina se encuentran caballos que demuestran una atrofia muy adelantada en los estiloideos de las extremidades anterior y posterior. b. Que en estos caballos, el estiloideo externo, es siempre el más atrofiado. c. Que el interno tiende también á acortarse, no alcanzando en general el largo ene actualmente se admite por normal. d. Que es el caballo del país, no mestizado ó poco, el que muestra e stos caracteres.» Más adelante agrega: «Puesto que los antepasados del caballo, y el Equus fósil no fue- ron más evolucionados que los caballos actuales de los cuales pro- 1 Hueso s estiloides. Los dedos I y V. ya han desaparecido, siendo muy raro encontrar vestigios de ellos. < a i < a vi O 408 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AJRES. ceden las preparaciones descritas, creo encontrarme en presencia de un progreso en la evolución. «Para admitir un simple fenómeno pasajero, los ejemplos son demasiado frecuentes: además, me ha sido posible averiguar que la procedencia de los caballos examinados es demasiado diferente para suponer que fueran de una sola familia que presentara este fenómeno. Fig. 8. «La evolución del Caballo». — Láminas 1 y 4 del trabajo del Sr. Van de Pas, demostrando el atronamiento de los dedos II y IV (huesos estiloides). Las cifras indican el largo en cents. «La afirmación que descendientes del caballo fósil viven proba- blemente todavía en lejanas partes del país (en las cordilleras de Santa Cruz, según Mercerat), es sin duela de importancia para una expl